Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maximiliano Pascual Gómez Rodríguez, Profesor asociado de Diseño, Universidad de Murcia
Lo encontramos encima de la tecla del número 6, en un gran número de logotipos –desde firmas de abogados hasta marcas de ropa– y lo garabateamos en muchas ocasiones sin pensar –y como podemos– cuando tomamos notas.
El símbolo & nos resulta tan familiar que casi nunca nos preguntamos qué es exactamente. Pero no es un signo arbitrario ni una invención moderna, sino una ligadura tipográfica con casi dos mil años de historia documentada. En su forma actual todavía guarda los trazos de las dos letras latinas que le dieron origen.
Cuando la velocidad crea un símbolo
Para entender el origen del ampersand hay que situarse en la Roma del siglo I y recordar un dato básico de latín: que la conjunción “y” se escribía et. Los escribas romanos, y más tarde los copistas medievales, trabajaban con materiales costosos y lentos. El pergamino requería un proceso laborioso de preparación y el trabajo manuscrito consumía horas. Para ganar tiempo y espacio, desarrollaron las ligaduras, es decir, la fusión gráfica de dos o más letras en un solo trazo.
Cuando se escribía et con rapidez, la curva inferior de la “e” tendía a conectarse de forma natural con el trazo vertical de la “t”. El resultado era un signo nuevo que representaba las dos letras juntas. El ejemplo más antiguo conocido de esta ligadura procede de Pompeya y es anterior al año 79, fecha en que la erupción del Vesubio sepultó la ciudad. Si se observa una tipografía clásica como Garamond o Baskerville en su versión cursiva, la “e” y la “t” todavía son reconocibles a simple vista dentro del símbolo.

Wikimedia Commons, CC BY-SA
Jan Tschichold, uno de los tipógrafos más influyentes del siglo XX, documentó en su obra The Ampersand: its origin and development (1957) la evolución del símbolo a lo largo de los siglos, desde esa primera forma pompeyana hasta las variantes en uso a finales del XIX. Su catálogo muestra que, aunque la ligadura básica se mantuvo reconocible, cada período histórico y cada tradición caligráfica produjo versiones propias, algunas muy alejadas formalmente de las dos letras originales.
Del abecedario a la lengua cotidiana
Si el símbolo tiene origen latino, ¿por qué su nombre es tan marcadamente anglosajón? La respuesta está en las aulas británicas del siglo XIX.
Hasta mediados de ese siglo, el símbolo & se consideraba la letra número 27 del alfabeto inglés y se recitaba al final del abecedario junto a la “z”. El problema era que nombrar el símbolo resultaba confuso, porque decir “and” para referirse al signo significaba pronunciar “and and”, que sonaba redundante y cacofónico.
Para aclarar que se hablaba del símbolo en sí mismo y no de la conjunción, se recurría a la fórmula latina per se, que significa “por sí mismo”. La recitación completa sonaba así: “X, Y, Z, and per se and”. Pronunciada con rapidez y de corrido, esa cadena de sílabas fue contrayéndose por el uso hasta producir una nueva palabra: ampersand.
De la escritura carolingia a la pantalla
A lo largo de los siglos, el diseño del ampersand fue cambiando al ritmo de las transformaciones en los sistemas de escritura. En el período carolingio adoptó formas más redondeadas, acordes con la caligrafía minúscula que se estandarizaba en los scriptoriums de la época. Durante el Renacimiento, los maestros tipógrafos lo refinaron hasta las versiones que hoy asociamos con las fuentes clásicas. Cada período dejó su impronta en el símbolo sin borrar del todo la anterior.
La transición al entorno digital no fue del todo sencilla para el ampersand. Los lenguajes de programación web asignaron al carácter “&” una función técnica dentro de su propia sintaxis, lo que durante años provocó que el símbolo apareciera mal representado en páginas web cuando los programadores no lo trataban de forma especial. Resultaba curioso que un signo nacido para agilizar la escritura se convirtiera, en determinados contextos informáticos, en una fuente de errores.
Con el tiempo, las herramientas de edición digital aprendieron a gestionarlo de forma automática y el problema desapareció para la mayoría de los usuarios.
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Por qué el ampersand nunca ha quedado obsoleto
El ampersand pertenece a una categoría escasa de signos que los lingüistas llaman logogramas, símbolos que representan directamente una palabra o concepto en lugar de un sonido. En ese sentido se comporta de forma distinta a las letras del alfabeto, pues no se pronuncia deletreando, sino que se lee directamente como “y” en español, “and” en inglés o “et” en francés o italiano, según el idioma del texto al que aparezca.
Lo que hace singular al ampersand no es solo su antigüedad, sino su continuidad. A diferencia de otros signos medievales que cayeron en desuso, nunca dejó de emplearse. Sobrevivió a la imprenta de tipos móviles, a la máquina de escribir y a los primeros teclados digitales. Hoy aparece en nombres de empresa, en titulares de prensa o en el código de programación. En ese recorrido de dos mil años hay algo que va más allá de la utilidad, y es la capacidad de un trazo sencillo para condensar, en cada época, una forma de entender la escritura como gesto vivo.
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Maximiliano Pascual Gómez Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Ampersand: dos mil años de historia en un solo trazo – https://theconversation.com/ampersand-dos-mil-anos-de-historia-en-un-solo-trazo-277700

