Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio César Moreno Cantano, Doctor en Historia Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid
El 12 de marzo de 2026, la Asamblea Nacional Popular de China aprobó la Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnico, una normativa que consolida y legaliza la política asimilacionista del presidente Xi Jinping hacia las 55 minorías étnicas del país.
La ley, descrita como “fundamental y comprehensiva en el ámbito del trabajo étnico”, representa un giro radical respecto a las garantías de autonomía cultural que China prometió durante décadas.
La homogeneización forzada
La nueva legislación establece el mandarín como lengua principal de enseñanza en todos los centros educativos, reemplazando progresivamente la educación de lenguas maternas como el uigur, el mongol o el tibetano. Como señala Yalkun Uluyol, investigador de Human Rights Watch, esta ley constituye un “cambio radical” respecto a la política de la era de Deng Xiaoping, cuando se garantizaba a las minorías el derecho a utilizar sus propias lenguas.
El Artículo 15 de la ley establece que los centros educativos deberán utilizar el mandarín como principal medio de instrucción, mientras que las lenguas maternas solo podrán estudiarse como una asignatura independiente. La ley acelerará la represión sistemática contra las minorías étnicas, particularmente en el Tíbet y la región noroccidental de Xinjiang.
Durante sus recientes visitas al Tíbet, Xi Jinping elogió los esfuerzos de las autoridades locales para contener el “separatismo” y participó en ceremonias en escuelas residenciales que promueven la educación en mandarín.
Esta normativa proporcionará una justificación legal de facto para los esfuerzos de reubicación forzada en Xinjiang. Las autoridades chinas ya han traslado coercitivamente a miles de uigures hacia el interior del país como fuente de trabajo forzado o como método para diluir su influencia política. Estas prácticas se suman a la represión previa en Xinjiang, que incluye prisión masiva, esterilización forzada y programas de “reeducación” destinados a destruir las prácticas culturales y religiosas centenarias.
El profesor Allen Carlson, experto en política china de la Universidad de Cornell (EE. UU.), advierte que “la ley Promoción de la Unidad Étnica y el Progreso afianzará aún más esta tendencia al hacer mayor hincapié en la asimilación”. “La ley deja más claro que nunca que en la República Popular China del presidente Xi Jinping los pueblos deben esforzarse más por integrarse con la mayoría Han y, sobre todo, ser leales a Beijing”, añade.
La criminalización de la identidad étnica
Más allá de las restricciones lingüísticas, se introducen disposiciones que criminalizan actividades consideradas separatistas o de extremismo religioso. La normativa permite procesar a los padres que transmitan a sus hijos opiniones “perjudiciales para la unidad y el progreso étnico”. Se prohíbe a las familias minoritarias impedir matrimonios basados en la identidad étnica, una táctica destinada a disolver las comunidades étnicas en la mayoría Han.
Este género de medidas demuestran que la evolución de la política étnica en China ha experimentado un giro radical, pasando de la autocrítica histórica a una asimilación coercitiva justificada por la seguridad nacional.
En 1981, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, el Partido Comunista de China emitió una resolución histórica que admitía explícitamente haber cometido un “grave error” al no mostrar el debido respeto por el derecho a la autonomía de las minorías, especialmente durante la violencia de la Revolución Cultural. Sin embargo, la dirección actual bajo Xi Jinping ha abandonado este remordimiento en favor de un control a toda costa, motivado por el temor a que la diversidad étnica política provoque un colapso estatal similar al de la Unión Soviética, que el PCCh atribuye a la pérdida de control sobre los territorios periféricos.
Este cambio de paradigma se apoya en una nueva arquitectura ideológica donde el concepto de “mezclado” (jiaorong) ha pasado de ser un tema de debate a un dogma central. Intelectuales influyentes, como el historiador Xu Jilin, han reforzado esta postura al citar el modelo de Estados Unidos.
Xu argumenta que el poder del sistema estadounidense no emana de su diversidad, sino de una cohesión social mantenida históricamente por el dominio de la cultura anglosajona. Según esta interpretación, las políticas de identidad contemporáneas y el énfasis en la raza son amenazas directas a la estabilidad nacional, una lección que Beijing ha interiorizado para justificar la supresión de identidades competitivas en regiones como Xinjiang, Tíbet y Mongolia Interior.
Desmantelando antiguos compromisos
En consecuencia, el Estado ya no busca movilizar a las minorías para la revolución, sino controlar a la población mediante la homogeneización lingüística y cultural, desmantelando las promesas de autonomía de las constituciones de 1954 y 1982 para asegurar una lealtad absoluta al poder central.
Lo que desde Occidente se identifica como una fase de asimilación forzada, el marco de gobernanza chino lo define como un proceso de experimentación institucional bajo el paraguas del Partido, orientado a fortalecer la resiliencia nacional frente a las tensiones geopolíticas y asegurar la sostenibilidad de un modelo que prioriza la unidad de mando sobre cualquier fragmentación de identidad periférica.
La ley de “unidad étnica” china constituye, en definitiva, un salto cualitativo en la política de asimilación forzada, transformando políticas dispersas en un marco legal único que amenaza la supervivencia misma de las culturas minoritarias en el país.
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Antonio César Moreno Cantano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. El fin de la diversidad prometida: la nueva arquitectura étnica del régimen chino – https://theconversation.com/el-fin-de-la-diversidad-prometida-la-nueva-arquitectura-etnica-del-regimen-chino-278476

