Por qué cuando usamos otro idioma los hablantes nativos nos parecen bordes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Irini Mavrou, Associate professor, Universidad Nebrija; UCL

La grosería, ya sea real o percibida, puede afectar profundamente a la cooperación, la confianza y la cultura en el lugar de trabajo. Sin embargo, los juicios sobre lo que consideramos borde no se limitan a palabras o frases concretas que denotan falta de respeto, sino que están determinados por el procesamiento emocional del oyente, su atención a las señales no verbales y su postura moral subyacente.

En entornos multilingües, esta complejidad se agrava, ya que los malentendidos no surgen únicamente de las lagunas de vocabulario o los errores gramaticales. De hecho, a menudo tienen más que ver con nosotros mismos –nuestros propios juicios emocionales y morales sobre lo que otros dicen y hacen– que con las palabras que se pronuncian.

Si se comunica con frecuencia en su segunda lengua, se habrá encontrado con esto a menudo. Es posible que alguien le hable con calma, claridad y sin ningún atisbo de mala voluntad, pero aun así le deje con una sensación incómoda: “No ha dicho nada malo… pero me ha parecido borde”.

Nuestra investigación arroja luz sobre este fenómeno al analizar la intersección entre la pragmática (cómo se utiliza el lenguaje en contexto), la investigación sobre las emociones, el bilingüismo y la psicología moral.

En un estudio reciente, publicado en Lingua, examinamos cómo las personas que utilizan su primera y segunda lengua valoran la falta de educación en las interacciones laborales. Nuestros hallazgos revelan que los juicios sobre la grosería no son puramente lingüísticos, ni siquiera exclusivamente culturales; están profundamente ligados a las emociones y a las intuiciones morales.

Valoración de la descortesía en el lugar de trabajo

Reclutamos a 55 hablantes nativos (L1) de inglés y a 45 hablantes de español cuya segunda lengua (L2) era el inglés. Los participantes vieron una serie de vídeos que mostraban interacciones en el lugar de trabajo con peticiones, interrupciones, desacuerdos y órdenes. Tras ver cada clip, se les pidió que:

  • Valoraran lo descortés que les parecía la interacción.

  • Describieran las emociones que experimentaron.

  • Completaran un cuestionario para medir sus valores morales.

El uso de vídeos en lugar de diálogos escritos permitió a los participantes responder al tono de voz, la expresión facial y los gestos; es decir, las mismas señales en las que nos basamos en los lugares de trabajo reales. Esto es crucial, ya que investigaciones anteriores muestran que los usuarios de una L2 tienden a basarse en mayor medida en la información visual, como el lenguaje corporal, al procesar interacciones en una lengua extranjera.




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Percepciones de falta de educación

Nuestro estudio reveló dos patrones principales.

En primer lugar, los hablantes de una segunda lengua son más sensibles a la falta de educación. Los hispanohablantes que utilizaban el inglés como segunda lengua tendían a calificar las mismas interacciones como más descorteses que los hablantes nativos de inglés. Es importante destacar que esto no significa que malinterpretaran el lenguaje.

Una explicación es que los hablantes de un segundo idioma pueden sobreestimar lo ofensivo, un patrón observado anteriormente con lenguaje tabú o cargado de emotividad en contextos de L2. Algunos fragmentos también incluían palabrotas o intercambios tensos, lo que suponía una posible “señal de alarma” para los receptores de la L2 en situaciones que los hablantes nativos eran capaces de interpretar con más matices.

Otra explicación radica en la atención: dado que procesar el habla en una L2 implica un mayor esfuerzo cognitivo, es posible que los participantes se basaran más en las expresiones faciales y los gestos. Interpretar estas señales como indicios de tensión o conflicto pudo haber dado lugar a valoraciones más altas de descortesía.

También es posible que los hablantes de una segunda lengua sean más sensibles a las señales que interpretan como descorteses y estén más atentos a posibles faltas de respeto, tal vez debido a una incertidumbre subyacente sobre las normas culturales o pragmáticas.

El segundo hallazgo fue que las reacciones emocionales son sorprendentemente similares entre los grupos. A pesar de las diferencias en la percepción de la descortesía, ambos grupos informaron de respuestas emocionales similares ante comportamientos que consideraban maleducados.

Esto es importante porque cuestiona la idea de que las personas sienten menos emociones cuando utilizan una segunda lengua. De hecho, las emociones fueron tan intensas en la L2 como en la L1. Muchas de estas emociones reflejaban la moralidad e incluían la empatía, la ira ante comportamientos dañinos y preocupaciones sobre la justicia y el respeto.

Las acciones que violaban los fundamentos morales del daño y el cuidado (por ejemplo, situaciones en las que se trataba a alguien de forma irrespetuosa o se ignoraba el bienestar de alguien) desencadenaban reacciones emocionales especialmente intensas. La ira se reveló como una de las emociones dominantes, especialmente en los vídeos en los que los participantes percibían acoso, sexismo u opresión.




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Nuestros hallazgos tienen una serie de implicaciones tanto científicas como prácticas.

En primer lugar, revelaron un marco moral compartido entre diferentes culturas. Las reacciones emocionales ante la falta de educación parecen tener su origen en valores morales similares en todos los grupos lingüísticos. Esto proporciona una base común sobre la que los empleadores y los formadores interculturales pueden trabajar para fomentar una mejor comunicación.

Nuestro estudio también hace hincapié en la necesidad de ir más allá de la competencia lingüística a la hora de aprender y enseñar. Comprender la grosería no consiste solo en conocer el vocabulario, sino también en interpretar las señales sociales y emocionales en su contexto.

Por lo tanto, los educadores deben formar a las personas para la comunicación real. Los estudiantes de una segunda lengua pueden beneficiarse de un debate explícito sobre cómo los gestos, el lenguaje tabú y el tono emocional pueden malinterpretarse cuando la atención se centra solo en una parte de la interacción.

Este tipo de formación también debe adaptarse a los diferentes contextos. Las culturas orientales, por ejemplo, tienden a ser de “alto contexto”, lo que significa que los hablantes pueden preferir un lenguaje indirecto y cauto, o lo que los lingüistas llaman “atenuación”. Sin embargo, las personas de culturas de “bajo contexto”, como Rusia, pueden considerar que el lenguaje explícito y directo es más honesto y, por lo tanto, más educado.

Tener una mayor conciencia de las reglas lingüísticas culturales y personales que siguen nuestros colegas nos permite evitar ofender sin querer. Sería imposible aprender las normas lingüísticas de todas y cada una de las sociedades, pero podemos derribar barreras siendo más conscientes de estas diferencias, tanto al hablar como al ser interpelados en un segundo idioma.

La moral importa

Es tentador pensar que los juicios sobre la educación son puramente culturales o lingüísticos. Pero nuestro estudio muestra que las emociones morales –los sentimientos instintivos que nos dicen que algo está bien o mal– son fundamentales en la percepción del comportamiento grosero, incluso cuando hablan en una segunda lengua.

Cabe destacar que los participantes en nuestro estudio hicieron comentarios morales frecuentes y espontáneos sobre lo que veían, describiendo comportamientos como misóginos, de acoso o injustos. Esto demuestra que nuestras evaluaciones de la falta de cortesía suelen girar en torno a cuestiones más profundas de orden moral, incluso cuando solo somos observadores de una interacción.

A medida que los lugares de trabajo se globalizan cada vez más, será vital comprender no solo el lenguaje, sino también las perspectivas emocionales y morales que las personas aportan a la comunicación. Los malentendidos no son solo errores de pronunciación: pueden derivarse de cómo interpretamos los gestos, procesamos las emociones y aplicamos nuestro juicio moral a lo que vemos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué cuando usamos otro idioma los hablantes nativos nos parecen bordes – https://theconversation.com/por-que-cuando-usamos-otro-idioma-los-hablantes-nativos-nos-parecen-bordes-279150