Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosa Marcela Ramos Hidalgo, Vicedecana de Relaciones Internacionales y Profesora de Relaciones Internacionales, Universidad de Murcia
Las narrativas estratégicas son procesos comunicativos que se emplean para persuadir a la opinión pública y que permiten moldear y gestionar las percepciones de la ciudadanía. En los conflictos contemporáneos, estas narrativas no solo explican las decisiones políticas, sino que también buscan legitimar la acción militar. Cada actor implicado construye su propio relato para justificar sus objetivos.
La guerra en Irán no es una excepción: Estados Unidos, Israel, Irán y sus respectivos líderes políticos compiten por imponer interpretaciones que presenten sus decisiones como necesarias, legítimas o inevitables.
Si bien el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado continuamente señales confusas sobre el fin o la duración de la intervención en Irán –la operación Furia Épica–, también ha presentado la contienda como un imperativo de la seguridad global y de la restauración de un orden regional estable.
Trump decidió atacar a Irán y lo anunció desde su red social Truth. Días más tarde, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, lo confirmó. Declaró que la guerra tiene como objetivo defender al pueblo estadounidense eliminando amenazas inminentes del régimen iraní, así como derrocar a los ayatolás. Todo ello sin la búsqueda de consenso previo ante la opinión pública y sin el permiso del Congreso estadounidense.
A su vez, Israel sostiene que estas operaciones, realizadas de manera conjunta y planificada con EE. UU., son consideradas preventivas y representan un acto de defensa proactiva contra el terrorismo de Estado. El presidente de Israel, Benjamin Netanyahu, anunció en televisión la operación bautizada como León Rugiente, haciendo alusión a un imaginario histórico y épico de guerra.
Trump informa a través de su red social
Bajo esta visión, ambos gobiernos coinciden en que el uso de la fuerza es necesario para garantizar las rutas comerciales y atacar a un actor que consideran irracional y desestabilizador. Cuesta entender que Donald Trump considere a Irán ahora un actor peligroso cuando él mismo reconoció en su red social –Truth Social– en junio de 2025 el éxito de las operaciones que Estados Unidos llevó a cabo sobre el país y que tuvieron como resultado la aniquilación total de las instalaciones nucleares iraníes.
Analizando las palabras usadas por los gobiernos de ambos países en entrevistas, comunicados y redes sociales a favor de la maquinaria de esta confrontación se observa el despliegue de una gestión comunicativa que usa a las grandes tecnológicas –en su mayoría de capital estadounidense– y que logra que sus mensajes tengan repercusión en agencias de noticias y medios internacionales.
Sin embargo, el Gobierno iraní no cuenta con la misma tecnología, pero parece compensarlo con tener mayor control sobre los medios informativos nacionales. Se trata de un régimen que no permite libertad de prensa y las agencias de noticias están totalmente alineadas al mensaje del gobierno.
Mensajes al mundo en farsi, iglés, árabe y español
A su vez, recurre al uso de canales occidentales populares (X, Facebook, YouTube o TikTok) para enviar mensajes claros no solo a sus ciudadanos en farsi, sino también al resto del mundo usando los los idiomas más hablados: inglés, árabe y español.
Las declaraciones de las autoridades emplean una narrativa cuidadosa y coherente de resistencia existencial que apela a aspectos morales. Ponen énfasis en que los ataques recibidos, calificados reiteradamente como ilegales y contrarios al derecho internacional, van dirigidos al “pueblo iraní”, lo que diluye la idea de que van en contra del régimen.
Irán reafirma el derecho del control de su territorio y usa canales como Facebook a través de los cuales el ministro de Exteriores, Seyed Abbas Araghchi, responsabiliza –en inglés– a Estados Unidos de las consecuencias de la guerra y reclama su derecho a la defensa conforme a los principios de la carta de las Naciones Unidas.
Irán justifica constantemente sus agresiones a terceros países como herramientas legítimas de disuasión ante su soberanía fuertemente agredida, a décadas de sanciones económicas y sabotajes externos por parte del imperialismo estadounidense y al expansionismo sionista.
Así, los tres países llevan una gestión estratégica desde el ámbito comunicativo muy centrada en redes sociales y medios digitales, compartiendo datos de inteligencia e imágenes del daño causado al enemigo como prueba de éxitos obtenidos que refuerzan la moral de sus propias tropas.
De igual modo, minimizan la destrucción de instalaciones propias y los daños colaterales para que parezcan acciones quirúrgicas y bien planificadas en contra de objetivos justificados.
Neutralizar el relato del enemigo
Al observar los mensajes y sus contextos se puede percibir que hay una clara intención de instrumentalizar lo que se ve en los medios como sinónimo de victoria. Los tres países buscan influir en la percepción de la opinión pública mundial, así como generar mayor confianza en las propias fuerzas militares. Esto, a su vez, permite desanimar al adversario ante lo inevitable de su derrota. Autoridades de Washington, Teherán y Tel Aviv presentan narrativas que buscan neutralizar el relato del enemigo calificándolo de propaganda o desinformación.
En definitiva, en paralelo a los ataques militares en Oriente Medio se lleva a cabo una guerra de información y propaganda que genera una lucha por el relato sobre lo que sucede casi tan importante como los hechos mismos.
Esta narrativa se disemina a través de vídeos, declaraciones y redes sociales en un ecosistema donde también conviven las opiniones y vídeos no oficiales subidos a las redes por parte de la población que padece estas agresiones en los demás países del golfo Pérsico.
Son acciones de censura y propaganda en una era donde hay un exceso de fuentes informativas y múltiples canales para informarse e interpretar lo que está sucediendo en esa zona con costes o ventajas políticas para los involucrados.
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Rosa Marcela Ramos Hidalgo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Así libran EE. UU., Israel e Irán la batalla por ofrecer el relato más impactante – https://theconversation.com/asi-libran-ee-uu-israel-e-iran-la-batalla-por-ofrecer-el-relato-mas-impactante-278283
