Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Abellán Hernández, Profesora de Comunicación, Universidad de Murcia

Por si no teníamos suficiente con los deepfakes y el shitposting –contenido absurdo o incoherente–, ahora llega el slop content, es decir, contenido basura generado con inteligencia artificial. Con la irrupción de la IA como motor creativo y productivo, se ha pasado de un modelo de desinformación artesanal a una producción masiva. Esto asfixia los canales y reduce la respuesta cognitiva de las audiencias.
El contenido slop es creado rápidamente con inteligencia artificial. Tiene poco valor estético y, a veces, poco valor ético. Si lo unimos al término “propaganda”, tenemos la slopaganda, que no intenta convencer con hechos reales sino saturar los medios de contenido. Esta estrategia limita la respuesta crítica de los consumidores de contenido, es decir, de los usuarios de internet y las redes sociales.
Al mismo tiempo, la sobrecarga visual y textual, aunque sea incoherente y extraña, activa más a la audiencia que los hechos contrastados.
Historia de la zombificación de internet
La economía del slop se sustenta en una monetización pasiva dentro de la economía de la atención. Los creadores de contenido, utilizando herramientas de inteligencia artificial generativa, producen flujos interminables de basura visual. Con el objetivo de capturar clics y generar ingresos publicitarios, se llega a una zombificación de internet.
En este entorno, una parte sustancial de la actividad en línea es realizada por máquinas interactuando con contenido generado por otras máquinas. Al final, el ecosistema digital se corrompe y erosiona la conexión social en favor de un simulacro de interacción empobrecida.
Esta zombificación se sustenta sobre un suelo fértil: la pasividad cognitiva con la que los internautas interactúan con el espacio digital. En 2024, un estudio de Nature señalaba que el 75 % de las personas que consumen información online no verifica las noticias. La mayoría las comparte sin tan siquiera haber abierto los enlaces.
En este contexto, el proceso de “slopificación” ha permeado la arena política: los ciudadanos son alimentados con una dieta informativa de poco valor nutricional.
Trump y el triunfo de la memética política
El impacto del contenido slop en la democracia es directo y corrosivo. Expuestas a narrativas incoherentes, pero emocionalmente cargadas, las audiencias se vuelven más extremistas. Además, este tipo de mensajes o posts genera unos niveles mayores de interacción que el contenido de calidad.
Buen ejemplo de ello es cómo la segunda administración de Donald Trump utiliza la IA: su gabinete de comunicación ha sido el primero en adoptar la inteligencia artificial como generadora de contenido oficial. Así, el perfil de la Casa Blanca en X se llena de imágenes meméticas, que muchas veces se suman a tendencias aparentemente inocuas –como las imágenes de “estilo Ghibli” donde se presenta una deportación–, pero cuyo tono es abiertamente beligerante contra sus detractores.
No es solo el contenido, es la forma
El diseño de las redes sociales influye en el mensaje. Las plataformas de contenido hacen que la información tenga menos matices y profundidad. Los mensajes son cortos y directos: son simples en contenido y forma.
Esta simplicidad hace que la información pierda valor ético y humano. No es raro ver vídeos con efectos visuales de baja calidad que se usan para mensajes oficiales.
Ante este panorama, la deshumanización del contenido revela una falta de interés global que debe examinarse. La indiferencia con la que cada vez se consumen más contenidos generados por IA, fuera del entretenimiento, debilita la base democrática de la información. Así, la slopaganda no es solo un error técnico o una moda pasajera: se trata de un cambio en cómo se ejerce el poder y se crea la realidad en el siglo XXI.
Por ejemplo, es común ver intentos de controlar la narrativa sobre la intervención en Irán por parte de Estados Unidos e Israel, usando memes que muestran ataques y bombardeos, junto con videojuegos y escenas de películas, como si fuera una broma o algo sin importancia.
Al final, el resultado es que se frivolizan los eventos políticos y se deshumanizan los conflictos armados. Mientras que las personas en redes sociales y plataformas digitales comparten, comentan e interactúan, ejércitos de bots impulsan los mensajes para llegar a más gente.
El papel de la educación
Para contrarrestar estos fenómenos es clave trabajar desde la educación. Un aumento en inversión en formación y salud digital en las escuelas, así como en estrategias y campañas públicas de concienciación, pueden frenar la propagación de estos contenidos.
La buena gobernanza en comunicación institucional pasa po
r impulsar la conciencia de un humanismo digital y por establecer normativas que regulen el tipo de comunicación oficial que se establece en los nuevos canales de información.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. ‘Slopaganda’: cuando el contenido basura anula nuestra capacidad crítica – https://theconversation.com/slopaganda-cuando-el-contenido-basura-anula-nuestra-capacidad-critica-278508
