Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation
Nos gusta que nos cuenten historias, lo llevamos en los genes. Son adaptativas, porque gracias a ellas el ser humano podía aprender en pescuezo ajeno a prevenir riesgos, a aspirar a éxitos, a soñar. Por eso, cuando ciencia y narrativa se dan la mano, nuestra imaginación alza el vuelo y conectamos con el corazón de esos investigadores, exploradores, aventureros que saben llevarnos bajo el ala.
Por eso, nos entusiasman relatos con tintes míticos como el del Paleodyction, un misterioso organismo que dibuja patrones en el mar profundo desde hace millones de años y del que, por el momento, solo tenemos sus huellas y sus fósiles. Leyendo sobre esta misteriosa criatura que persiguen los biólogos casi podemos sentir que vamos en esa expedición a la zona Clarion Clippertone, perdida en medio del océano Pacífico, de la que volvían los autores de este artículo justo cuando este se publicaba.
Lo mismo nos pasa cuando nos hablan de las posibilidades de encontrar vida extraterrestre: durante los minutos que dura la lectura, podemos fantasear con que atravesamos la zona habitable de la galaxia Andrómeda siguiendo señales enviadas a la Tierra por una civilización desconocida. O quizá nos guste más imaginar que trabajamos con esos grandes telescopios que ven cómo el Sol engulle un cometa viajero cuya órbita se originó en la Nube de Oort –que existe, aunque parezca un nombre de ciencia ficción–, descubren la posible primera luna fuera del sistema solar o sorprenden in fraganti una estrella masiva que desaparece de golpe.
Como hay gustos para todo, otros querrán intuir la sensación de triunfo que experimentó ese científico consagrado a su laboratorio con olor a plátano fermentado cuando por primera vez dio con una mosca mutante, gracias a la cual se lograron explicar las bases de la herencia genética ligada al sexo.
De los mutantes podemos pasar a un drama psicológico, sumergirnos en el océano profundo de las redes sociales y ver con una lupa cómo la biometría de la conducta nos delata solo con un puñado de “me gusta”. O, por qué no, meternos en una película de intriga y espías, aprendiendo las raíces profundas del conflicto entre Anthropic y el Pentágono de EE. UU. y visualizando cómo Elon Musk planea convertir el espacio cercano en una red de computación satelital gigante.
Así somos. Nos encanta que nos cuenten buenas historias. Lo necesitamos casi tanto como aprender, respirar, vivir.
![]()
– ref. La selección: la ciencia con buenas historias entra – https://theconversation.com/la-seleccion-la-ciencia-con-buenas-historias-entra-278854

