Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sonia Villapol, Associate professor, Houston Methodist Research Institute
En el libro Brain on Fire (que tiene adaptación cinematográfica), la joven periodista neoyorquina Susannah Cahalan contaba su odisea en busca de diagnóstico para sus aterradores y cada vez más intensos síntomas, como cambios de conducta, confusión, alteraciones del pensamiento y alucinaciones. Finalmente, Susannah supo que sufría encefalitis autoinmune –un grupo de patologías que cursan con inflamación del cerebro– y empezó el camino de recuperación.
Durante años se separó el ámbito psiquiátrico del inmunológico, pero la práctica clínica y las investigaciones hoy cuestionan esa división: en ciertos pacientes, los síntomas propios de un cuadro psicótico no nacen de un trastorno primario como esquizofrenia o trastorno bipolar, sino que surgen por un ataque del sistema inmune al sistema nervioso. Es el caso de la encefalitis autoinmune.
Receptor clave para la comunicación entre neuronas
Susannah sufría específicamente encefalitis por anticuerpos contra el receptor NMDA, una de las formas más frecuentes de la enfermedad. Dicho receptor ayuda a coordinar la señal entre neuronas, y cuando no funciona con normalidad, las redes neuronales pierden sincronía (dejan de coordinarse) y plasticidad en sus conexiones sinápticas.
En concreto, el ataque del sistema inmune daña una subunidad del receptor llamada NR1 presente en las neuronas. Al reducirse el número de receptores activos, disminuye la señal del glutamato, el principal neurotransmisor excitador del cerebro, esencial para la comunicación entre neuronas, el aprendizaje y la memoria. Esta alteración se parece a la que se observa en la psicosis.
Esta rara enfermedad autoinmune fue descrita por primera vez en 2007 por el equipo del neurólogo catalán Josep Dalmau. En aquellos casos iniciales, los pacientes eran mujeres con teratomas de ovario que presentaban síntomas psiquiátricos y neurológicos combinados.
Hoy sabemos que hasta el 77 % de las personas con anticuerpos anti-NMDAR fueron evaluadas primero en unidades de psiquiatría, lo cual retrasa el diagnóstico en una enfermedad tratable. Aquí existe una causa biológica y reconocer pronto ese origen inmune es clave para obtener mejores resultados clínicos.
Una evolución por etapas que confunde
La encefalitis por anticuerpos contra el receptor NMDA afecta normalmente a personas menores de 45 años y con mayor frecuencia a mujeres que hombres (4:1). Muchos casos siguen un patrón reconocible. Al inicio aparece un cuadro parecido a una infección común, con fiebre, dolor de cabeza y malestar general, aunque a veces también se suman síntomas respiratorios o digestivos. Esa primera fase rara vez dispara la alerta, porque todo parece transitorio y banal. Después llega la parte más desconcertante.
Como indican los análisis de “señales de alarma”, la conducta cambia bruscamente, a veces en horas. Pueden aparecer delirios, alucinaciones, agitación, paranoia, irritabilidad extrema, desorganización o un deterioro rápido del lenguaje y la memoria.
Días después se presentan señales más neurológicas: convulsiones, somnolencia profunda o catatonia; en los casos graves, el cuerpo pierde su regulación automática. También destacan movimientos involuntarios en la cara y la boca. Estos signos sugieren inflamación del cerebro y encajan mejor con una encefalitis que con un trastorno psiquiátrico primario. Puede haber sudoración intensa y problemas respiratorios y algunas personas necesitan cuidados intensivos.
El paciente puede entrar en el circuito de salud mental y ser etiquetado erróneamente como “psiquiátrico”, quedando la causa real oculta. Por eso, conviene ampliar el estudio clínico para dilucidar qué proceso orgánico está detrás.
Diagnóstico más allá de la resonancia
No toda psicosis tiene origen autoinmune, y detectar cambios en el sistema inmune no significa automáticamente que ahí esté el origen del problema. Por eso conviene seleccionar bien a quién estudiar. Además, la resonancia magnética, que puede ayudar a detectar signos de inflamación o de afectación cerebral, a veces no muestra anomalías, sobre todo al inicio de la enfermedad, por lo que un resultado normal no debería descartar el diagnóstico.
Algunos pacientes reciben el diagnóstico de “primer episodio psicótico”. La duda surge cuando el cuadro cambia rápido, cuando aparecen convulsiones y episodios de rigidez intensa. Las personas afectadas también pueden experimentar movimientos involuntarios llamativos o alternancia entre confusión y ausencia de respuesta, un patrón que apunta más a inflamación cerebral.
Ante estos síntomas, la prueba más útil suele ser el análisis del líquido cefalorraquídeo mediante punción lumbar, porque permite detectar mejor los anticuerpos anti-NMDAR y los signos de inflamación del sistema nervioso central. En ese líquido puede observarse un aumento de células defensivas, alteraciones en las proteínas y, en algunos casos, bandas de anticuerpos. El diagnóstico se confirma al detectar inmunoglobulina G (IgG), un tipo de anticuerpo que se une a la subunidad GluN1 del receptor NMDA, considerada la diana específica de esta enfermedad.
Si solo se analiza sangre, hay riesgo de obtener resultados falsos, por exceso o por defecto. Por eso se recomienda incluir el líquido cuando hay sospecha clara.
Reconocer las señales de alarma
La pregunta es sencilla y urgente: ¿cuántas personas con diagnóstico psiquiátrico tienen una causa inmune tratable? Esa cifra puede no ser grande, pero sí importante. A escala mundial, se estima que la esquizofrenia afecta a unos 23 millones de personas (1 de cada 345 personas) y el trastorno bipolar a unos 37 millones (1 de cada 200 personas). Aunque la encefalitis anti-NMDA sea poco frecuente, incluso un porcentaje pequeño dentro de grupos tan numerosos representa un número clínicamente relevante: puede significar muchas vidas con un diagnóstico distinto, un tratamiento que llega a tiempo y un desenlace mejor.
La encefalitis por anticuerpos contra el receptor NMDA deja un mensaje claro. Si una psicosis aparece de forma brusca, conviene valorar una inflamación del cerebro, sobre todo si hay convulsiones, fiebre, cambios de conciencia, movimientos anormales o catatonia. También importa si el pulso o la tensión se alteran sin causa clara.
No se trata de medicalizar cualquier crisis emocional, sino de reconocer señales de alarma en una enfermedad tratable.
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Sonia Villapol no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Cuando el sistema inmune ataca por error al cerebro y siembra el caos en la mente – https://theconversation.com/cuando-el-sistema-inmune-ataca-por-error-al-cerebro-y-siembra-el-caos-en-la-mente-274262

