Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jessica Ortega Barón, Profesora del Departamento de Psicología Social, Universitat de València
La rápida incorporación de la inteligencia artificial en el contexto universitario ha generado tanto entusiasmo como preocupación. Por un lado, para los docentes promete mayor capacidad de personalización de la enseñanza al perfil de cada estudiante, permitiendo así una educación más inclusiva.
Por otro lado, preocupa el impacto que su uso indiscriminado puede tener en los estudiantes, no solo en su aprendizaje sino incluso en su desarrollo cognitivo.
En un estudio reciente se evaluó la actividad cerebral mediante electroencefalogramas en alumnado universitario durante la realización de una tarea en tres condiciones: sin ayuda, con motores de búsqueda en internet y con herramientas de IA. Los resultados mostraron una menor activación y conectividad neuronal en el grupo que utilizó estas herramientas, lo que plantea interrogantes sobre su impacto en los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje.
¿Qué opinan los estudiantes?
En nuestra investigación reciente, hemos comprobado que un 61.4 % utilizan chatbots en sus estudios universitarios (36.3 % raramente, 62.1 % ocasionalmente y un 0.7 % siempre).
La percepción del alumnado respecto a su uso es ambivalente: aunque consideran que mejora su comprensión de los conceptos, también les preocupa la dificultad para distinguir si la información es fiable, la posible dependencia en la realización de tareas académicas y el deterioro de sus habilidades de expresión escrita.
¿Qué pueden hacer los docentes? La clave no es evitar la IA sino hablar de su uso en el aula, y establecer unas pautas para utilizarla de forma responsable. En esta línea, y a partir de nuestro estudio sobre la percepción del alumnado, ofrecemos una serie de recomendaciones prácticas para integrarla en la docencia universitaria sin comprometer la adquisición de competencias y habilidades.
1. Límites claros y espacios libres de inteligencia artificial
El alumnado valora positivamente que el profesorado establezca directrices claras desde el inicio de la asignatura sobre el uso de la IA, con el fin de evitar confusiones y malentendidos.
El docente debe especificar si permite su uso, en qué tareas está autorizado y en cuáles no, ofreciendo orientaciones claras. Por ejemplo, puede permitirse usar la IA puede para obtener una visión general de la temática, pero no para resolver las preguntas de la actividad planteada. Asimismo, resulta importante establecer las consecuencias de un uso inadecuado, como la repetición de la tarea.
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Ante la preocupación del alumnado por una posible dependencia excesiva de la IA o por la pérdida de habilidades, como la expresión escrita, resulta recomendable combinar actividades con y sin el uso de esta herramienta.
Algunas tareas en las que es preferible no utilizar la IA ni ningún dispositivo electrónico son los debates en el aula, la resolución de casos o la exposición oral de trabajos, ya que fomentan la reflexión, el pensamiento crítico y las competencias comunicativas.
Por el contrario, la IA puede ser especialmente útil en tareas más automatizadas, como la búsqueda de artículos sobre una temática concreta o la elaboración de listados de recursos relevantes, como vídeos o lecturas.
2. Declaración responsable de uso
Más que intentar detectar de forma infalible si un trabajo se ha hecho con IA, algo que hoy por hoy ninguna herramienta puede garantizar al cien por cien, resulta más efectivo adoptar un enfoque preventivo y pedagógico.
Una medida útil es solicitar al alumnado que acompañe sus trabajos con una declaración responsable en la que indiquen si han utilizado la IA, expliquen cómo la han empleado y confirmen que se han ajustado a las directrices establecidas al inicio por el profesorado.
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También conviene diseñar actividades personalizadas, vinculadas a experiencias de aula, procesos de trabajo o reflexiones propias, e incorporar explicaciones orales de los trabajos entregados.
3. Trabajar en clase la elaboración de comandos
El alumnado reconoce que le gustaría recibir formación para saber usar mejor la IA por parte de la universidad. Por tanto, además de realizar cursos específicos, es conveniente que el profesorado enseñe a elaborar comandos adecuados con ejemplos relacionados con la asignatura.
Los expertos señalan cinco pautas para elaborar adecuadas instrucciones a la IA: contextualizar la instrucción; utilizar un lenguaje claro y conciso; ser específico; concretar el tipo de respuesta que se desea; y refinar el resultado obtenido con nuevas indicaciones.
4. Trabajar las respuestas de la IA en el aula
El alumnado reconoce que la IA no siempre ofrece información verídica. Sin embargo, un 23 % copia literalmente o realiza cambios menores en el contenido generado para sus tareas académicas.
Plantear actividades que incorporen el uso de la IA y que permitan al profesorado guiar al alumnado, ayudándole a discernir si la información generada es adecuada, verídica y pertinente para el propósito de la tarea, es una manera de potenciar la reflexión crítica.
5. Tutorías intermedias, borradores y defensas orales
El alumnado también señala que el uso de la IA puede facilitar la realización automática de tareas sin garantizar una comprensión real de los contenidos. Por tanto, es conveniente diseñar actividades de evaluación centradas en el proceso y no solo en el producto final.
Estas pueden ser tutorías intermedias, la entrega de borradores o la defensa oral del trabajo, actividades obligan al alumnado a explicar, argumentar y responder sobre el contenido de sus tareas y el procedimiento seguido para elaborarlas, permitiendo al profesorado comprobar su nivel de comprensión y reduciendo el riesgo de que deleguen el proceso de aprendizaje en la IA.
6. Unificar criterios entre la facultad
Como el alumnado percibe discrepancias entre las demandas de cada docente respecto al uso de la IA, también resulta conveniente que, si la universidad ha establecido guías de buenas prácticas o directrices específicas, tanto el profesorado como el alumnado las conozcan y las apliquen de forma coherente. Eso sí, siempre en consonancia con los objetivos pedagógicos de la asignatura.
Estos seis pasos pueden ayudar enormemente a un uso más abierto y controlado de esta tecnología con enorme capacidad para optimizar el ámbito educativo. Si los estudiantes entienden que lo que se busca es proteger su capacidad de aprendizaje y su propio desarrollo cognitivo, se sentirán más seguros a la hora de decidir cómo usar la IA para que complemente, y no sustituya, su desarrollo.
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Jessica Ortega Barón recibe fondos de Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).
Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).
Maria Dolores Gil Llario recibe fondos de Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636
Olga Fernández García recibe fondos de Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la
Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).
Verónica Estruch García recibe fondos de Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).
Vicente Morell-Mengual recibe fondos del Vicerectorat de Formació Permanent, Transformació Docent i Ocupació de la Universitat de València (PIEE-2734305 y PIEE-3328636).
– ref. Seis pasos para integrar la IA en el aula universitaria – https://theconversation.com/seis-pasos-para-integrar-la-ia-en-el-aula-universitaria-274452

