Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergi Basco, Profesor Agregado de Economia, Universitat de Barcelona

Después de que Estados Unidos e Israel iniciaran sus ataques militares contra Irán el 28 de febrero pasado, los mercados del petróleo y el gas se sumieron en el caos y los precios de la energía se dispararon. Los precios del petróleo crudo Brent son un 20 % más altos que a finales de febrero. Pasaron de rondar los 70 dólares por barril a finales de febrero a superar rápidamente los 100 dólares, antes de caer a alrededor de 90 dólares el 10 de marzo. La principal razón de la caída fue el anuncio del presidente Trump, para calmar los mercados, de que la guerra terminará “muy pronto”.
La caída de los precios del petróleo recuerda a los acontecimientos que siguieron a los aranceles del “Día de la Liberación” de abril de 2025. Tras el anuncio, los mercados bursátiles se desplomaron, pero cuando Trump suspendió los aranceles –apenas unos días después– el mercado bursátil respondió con una nueva subida, al igual que los precios del petróleo han caído en respuesta a sus garantías sobre el fin de la guerra.
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Si la guerra realmente está llegando a su fin, los mercados pueden tener razón al empezar a bajar los precios, pero hay una salvedad a este optimismo. La guerra no es lo mismo que los aranceles: la Administración estadounidense puede imponer y suspender los aranceles, pero si Irán rechaza las posibles condiciones para poner fin al conflicto, este continuará.
A pesar del anuncio de Trump, sigue sin estar claro cuándo volverá a la normalidad la producción de Oriente Medio y la vital ruta marítima del estrecho de Ormuz, por la que pasa el 20 % del petróleo mundial, volverá a la normalidad. Por lo tanto, es extremadamente difícil predecir cuándo bajarán los precios a niveles similares a los de febrero. Esto es motivo de gran preocupación en Europa, que depende en gran medida de las fuentes de energía importadas.
Cómo afectan las crisis petroleras a Europa
El aumento de los precios del petróleo es diferente de otras crisis económicas porque tiene un efecto directo e inmediato. Para los consumidores, significa un aumento instantáneo de los precios de la gasolina y la energía. Para los productores, significa un aumento inmediato del coste de fabricación y entrega de los productos.
Para comprender el daño potencial para la economía de la UE, podemos echar un vistazo a los patrones de consumo y producción de petróleo del bloque.
La UE importa la mayor parte de su petróleo y gas, lo que significa que, además del aumento de los precios, el acceso y el suministro también pueden verse limitados por la guerra en Oriente Medio.
Sin embargo, en el lado positivo, Europa ha experimentado una disminución constante del consumo total de energía y un aumento de la producción de energías renovables. Con la generalización de los coches eléctricos e híbridos, muchos consumidores se verán protegidos de impactos inmediatos como la subida de los precios en las gasolineras.
La diversidad de fuentes de energía y unas tecnologías más eficientes significan que está mejor protegida que durante, por ejemplo, la crisis del petróleo de los años setenta. No obstante, algunos países e industrias se verán más afectados que otros.
Los principales consumidores de energía de la UE son sus mayores economías: Alemania, Francia, Italia y España. Estos países serán los más interesados en controlar el aumento de los precios minoristas del combustible. El transporte por carretera representa la mayor parte del consumo de petróleo (alrededor de la mitad). Otras industrias de alto consumo energético del continente son la química, la papelera y la siderúrgica.
¿Qué puede hacer Europa?
Tras una crisis del petróleo, tanto la inflación como el desempleo tienden a aumentar, lo que plantea un dilema para cualquier banco central. Puede reducir la inflación aumentando los tipos de interés, pero esto también genera más desempleo: el aumento de los costes de los préstamos ralentiza el crecimiento y la actividad empresarial, lo que da lugar a despidos.
Por tanto, el Banco Central Europeo (BCE) debe elegir qué es más importante, si cumplir su objetivo de mantener la inflación bajo control (alrededor del 2 %) o proteger el empleo.
En febrero de 2022, la invasión de Ucrania por parte de Rusia interrumpió el suministro de gas del continente, lo que provocó un aumento de los precios de la electricidad. Para comprender lo que está sobre la mesa hoy vale la pena analizar lo que hicieron entonces el BCE y la Comisión Europea para ayudar a los ciudadanos de la UE.
En julio de 2022, el BCE optó por subir los tipos de interés (que entonces estaban en el -0,5 %) y siguió subiéndolos hasta alcanzar el 4 % en septiembre de 2023. Pero la situación entonces era muy diferente, ya que la economía aún se estaba recuperando del gran aumento de la inflación (9 % en junio de 2022) causado por la pandemia de covid-19.
Ahora, los tipos de interés se sitúan en el 2 % y el BCE tendrá que decidir qué riesgo es mayor: un aumento de la inflación (que fue del 1,9 % en febrero, por debajo del objetivo de 2 %) o un aumento del desempleo.
Más allá de la política monetaria
La Comisión Europea y los gobiernos nacionales disponen de formas más directas y eficaces de hacer frente a la crisis del petróleo. Durante la crisis energética de 2022-2023, la Comisión puso en marcha varias iniciativas para estabilizar los precios de la energía, entre ellas recomendaciones para minimizar el consumo energético de los consumidores.
Quizás lo más importante fue que también se establecieron límites máximos de precios y medidas que permitieron a los gobiernos nacionales ayudar directamente a sus ciudadanos, como las compras conjuntas de gas en todo el continente.
A nivel nacional, los gobiernos tienen la opción de pedir préstamos para financiar las subvenciones, como hicieron muchos en 2022. Sin embargo, esta opción es menos viable que en ese año pues los tipos de interés son ahora más altos. Los inversores se mostrarán cautelosos ante el hecho de que muchos países de la UE, entre ellos Francia, Italia y España, tengan una deuda pública superior al 100 % de su PIB. Estos gobiernos fueron algunos de los más activos durante la última crisis energética y también los más expuestos a la actual crisis del petróleo.
La UE se enfrenta ahora a un riesgo real de recesión. Si hay algún aspecto positivo, es que puede dar al continente un impulso muy necesario hacia el desarrollo de las energías renovables, pero incluso esto dependerá de cómo aborden la crisis los gobiernos de los países europeos.
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Sergi Basco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Crisis petrolera: la UE tiene pocas opciones para limitar el impacto económico de la guerra en Irán y evitar una recesión – https://theconversation.com/crisis-petrolera-la-ue-tiene-pocas-opciones-para-limitar-el-impacto-economico-de-la-guerra-en-iran-y-evitar-una-recesion-278106
