Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Saralegui-Díez, Assistant researcher, Universidad Pablo de Olavide
En España hablamos de “comer más pescados y mariscos” casi como un mantra: menos productos cárnicos, más productos de origen marino. La recomendación tiene una base de salud pública, pero también climática.
En términos globales, los sistemas alimentarios contribuyen de forma relevante a la generación de emisiones de gases de efecto invernadero, y la ganadería es una fuente importante de estas. En este marco, las proteínas de origen marino se presentan a menudo como una alternativa con un menor impacto ambiental –consumo de energía y agua, emisiones o huella de carbono, contaminación, pérdida de biodiversidad…– por kilogramo de proteína.
El problema es que “producto acuático” no es una categoría homogénea. No tiene el mismo impacto un alimento fresco de proximidad que uno sometido a varias etapas de procesado hasta ser comercializado. Cuando analizamos toda la cadena de valor que lleva el alimento del mar al plato, vemos que el impacto ambiental de la transformación es mayor. Y esto vale incluso para el mejillón, un icono de la acuicultura.
El cultivo del mejillón se considera una forma de acuicultura de bajo impacto ambiental, ya que se alimenta de fitoplancton –diminutos organismos fotosintéticos– y no requiere de alimentación artificial. Además, aporta proteínas y micronutrientes a las dietas, y genera empleo en las zonas costeras.
Aun así, el impacto climático del mejillón no depende únicamente de su cultivo. Depende también del procesado industrial, del tipo de presentación comercial, de los flujos de transporte y de la lógica del comercio, incluida la exportación e importación del producto en sus distintas formas.
La huella de carbono de toda la cadena del mejillón
Un equipo multidisciplinar hemos cuantificado la huella de carbono de la cadena alimentaria del mejillón en España, desde la fase de producción hasta el consumo, distinguiendo las principales presentaciones comerciales: fresco, congelado y en conserva. Nuestra investigación está disponible en acceso abierto en Resources, Conservation and Recycling.
La novedad es que hemos calculado por primera vez la huella de la cadena completa, integrando producción, depuración, transformación industrial, comercio y transporte a distintas escalas (internacional, nacional e intraprovincial).
El mejillón tiene asociada una baja huella de carbono en su producción, pero cuando se incorpora la realidad de la industria, el comercio y la logística, ésta cambia lo suficiente como para que el formato de presentación y la cadena de suministro sean las protagonistas de sus impactos.
Una producción concentrada y un consumo distribuido
La producción nacional de mejillón en sus tres presentaciones se concentra casi por completo en Galicia, con una serie de implicaciones ambientales y económicas. Por un lado, permite economías de escala y especialización productiva. Por otro lado, obliga a mover grandes volúmenes para abastecer el consumo en el resto de España. Todo ello, con flujos de exportación e importación que varían dependiendo de la presentación.
Aquí aparece la clave que a menudo se pierde en el debate público: la geografía de la producción no coincide con la geografía del consumo. El resultado es una cadena conectada, con múltiples trayectos, entradas y salidas, donde el producto puede cambiar de forma varias veces antes de llegar al consumidor.
El destino del mejillón fresco español ilustra esa dinámica. Solo el 25% de la producción de mejillón fresco se dirige al consumo doméstico. El resto se orienta a procesamiento industrial o se exporta. Y una fracción significativa del mejillón ya procesado también se exporta. Este comportamiento, que es habitual en otras cadenas alimentarias, tiene una consecuencia climática: una parte del impacto se desplaza hacia actividades industriales y logísticas.
Leer más:
¿De dónde vienen los pulpos, calamares y sepias que comemos?
Impacto ambiental de la cadena del mejillón en España
Según nuestras estimaciones, la cadena alimentaria del mejillón en España genera alrededor de 288 000 toneladas de CO₂ equivalente al año (una medida del conjunto de gases de efecto invernadero equiparándolos al CO₂). Pero lo más interesante no es solo el total, sino cómo se reparte.
Aproximadamente el 45 % se asocia a la producción acuícola, incluyendo la depuración. Cerca del 43 % corresponde al procesamiento industrial y en torno al 12 % proviene del transporte. Dicho de otra forma: más de la mitad de las emisiones se relacionan con transformación industrial y logística, no con la fase de cultivo.
Este patrón tiene implicaciones claras para la política climática del sector. Si una estrategia se concentra exclusivamente en mejorar la producción acuícola, dejará fuera una parte importante del margen de reducción. En cambio, una estrategia que actúe sobre energía, eficiencia industrial, refrigeración, materiales y planificación logística puede recortar emisiones sin comprometer el papel del mejillón como alimento saludable.
La presentación cambia las emisiones por kilogramo
La comparación por kilogramo consumido muestra diferencias relevantes entre presentaciones, situándose las conservas en valores más altos que el producto fresco y el congelado. Así, las conservas oscilan entre 8,5 kg de CO₂eq por kg en escabeche y 6,7 kg de CO₂eq por kg en salmuera. El mejillón fresco ronda 4,1 kg de CO₂eq por kilogramo, mientras que el congelado supone en torno a 3,6 kg de CO₂eq por kilogramo.
En el caso del congelado, influye un factor logístico: el mejillón congelado se transporta sin concha, reduciendo la masa que se mueve por la cadena. Si se transporta sin esa parte no comestible, el impacto del transporte por kilogramo consumido baja. Esto no convierte al congelado en una solución universal, pero explica por qué puede tener un perfil climático competitivo cuando la logística está bien organizada.
Para poner estas cifras de emisiones en contexto, conviene recordar la huella de otros alimentos habituales. La carne de vacuno se sitúa muy por encima, con valores del orden de decenas de kg de CO₂eq por kg. El cerdo se acerca a rangos intermedios, alrededor de 7 kg de CO₂eq por kg. Y algunos pescados, como la merluza, pueden estar cerca de 4,4 kg de CO₂eq por kg. En esa comparación, el mejillón destaca como proteína marina de emisiones moderadas, pero con sensibilidad fuerte al nivel de industrialización y de flujos comerciales.
Consumo, exportación e importación: una cadena global
El balance de emisiones no se explica únicamente por el consumo interno. El estudio estima que la parte asociada al consumo ronda 190 000 toneladas de CO₂eq, mientras que la exportación suma unas 98 000 mil toneladas de CO₂eq. Además, alrededor del 21 % de las emisiones totales procede de productos importados en distintas presentaciones, en especial procesados desde países como Chile o Nueva Zelanda.
Este punto es relevante porque rompe una idea habitual: que el mejillón “es local” por definición. Puede serlo en su fase de cultivo en España, pero la cadena de valor funciona como una red global. En algunos formatos, como conservas, la materia prima importada puede tener un peso apreciable. El resultado es que el impacto climático del consumo depende no solo de la especie o del método de producción, sino de la ruta, el procesado, el origen y la logística asociada.
¿Qué significa todo esto para la transición alimentaria?
El mensaje final es sencillo: el mejillón es una buena opción en dietas con menor impacto climático, pero su potencial real depende de cómo se organice la cadena.
Para el sector, el margen de mejora está en reducir el grado de transformación y en optimizar la logística. Esto incluye eficiencia en calor y electricidad, mejora de materiales de envasado, organización de cargas, planificación de rutas y, cuando sea posible, reducir movimientos redundantes entre lugares de cultivo, plantas de procesado y centros de distribución.
Para el consumo, la recomendación no es “abandonar” las conservas. Tienen ventajas reales: vida útil, precio, disponibilidad. El consejo es entender que el formato importa y que, cuando se busca minimizar huella ambiental, el consumo de mejillón fresco o congelado puede ser una opción más favorable si procede de cadenas eficientes. En paralelo, es importante un etiquetado que haga visibles origen y rutas.
Los resultados ponen el foco en la importancia de las políticas públicas industriales y logísticas. Es necesaria una aproximación integral que permita relocalizar las cadenas, priorizar el abastecimiento doméstico y centrarse en premiar la eficiencia industrial y logística para alinear salud, economía costera y clima.
La huella ambiental del mejillón no se decide solo en la batea. Se decide también en la fábrica, en la cadena de frío y en la forma concreta en la que el producto viaja y llega a nuestros hogares.
![]()
Pablo Saralegui-Díez es miembro de Alimentta. Think Tank para la transición alimentaria.
Andrés Ospina-Álvarez es beneficiario de un contrato Ramón y Cajal financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (RyC2023–043454-I). Este trabajo es una contribución del “Centro de Excelencia” IMEDEA, María de Maetzu (CEX2021-001198). Andrés es miembro de Alimentta, think tank para la transición alimentaria.
Joan Moranta Mesquida recibe fondos de la Fundación Daniel y Nina Carasso y del proyecto de I+D+i PID2022-137648OB-C21 financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y “FEDER, UE”. Es miembro de Alimentta Think Tank para la transición alimentaria..
Sebastian recibe fondos de la Fundación Daniel y Nina Carasso y es miembro de Alimentta, Think Tank para la Transición Allimentaria; y de la Red CIGUS de la Xunta de Galicia.
Montserrat Ramón Herrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Cómo cambia el impacto ambiental de los mejillones si los consumimos frescos, congelados o en lata – https://theconversation.com/como-cambia-el-impacto-ambiental-de-los-mejillones-si-los-consumimos-frescos-congelados-o-en-lata-276132

