De Irán a Europa: el feminismo utilizado como coartada geopolítica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María López Belloso, Profesora e Investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de deusto, Universidad de Deusto

Mujeres en el metro de Teherán. Grigvovan/Shutterstock

La reciente escalada entre Irán, Estados Unidos e Israel ha reactivado un argumento recurrente: la situación de las mujeres bajo el régimen de los ayatolás como justificación del ataque y de la vulneración del derecho internacional.

La represión no es nueva. Desde 1979, los derechos de las mujeres se han visto gravemente restringidos, y en los últimos años la presión se ha intensificado con campañas como el Plan Noor y con la pena de muerte para sofocar el movimiento “Mujer, Vida, Libertad”“, activo desde 2022.

En diciembre de 2025, tras nuevas protestas por un cambio de régimen, la represión dejó entre 3 428 y 12 000 víctimas, según distintas fuentes.

Pero ¿es realmente esa la razón del ataque conjunto? La defensa de los derechos de las mujeres ha ocupado un lugar central en la justificación pública de la ofensiva. Benjamin Netanyahu invocó el lema “Mujer, Vida, Libertad” y afirmó que la operación buscaba abrir camino a la libertad del pueblo iraní; Donald Trump habló en términos similares, afirmando perseguir la liberación del pueblo iraní.

Las contradicciones sobre el sufrimiento femenino

Sin embargo, los bombardeos alcanzaron infraestructuras civiles, incluidas escuelas de niñas en Hormozgan. La contradicción es evidente: mientras se apela al sufrimiento femenino para legitimar la intervención, la guerra incrementa su vulnerabilidad y refuerza la represión interna bajo el argumento de la seguridad.

Esta incoherencia no es exclusiva de Estados Unidos ni del caso iraní. Afganistán ofrece un ejemplo igualmente revelador. Desde el regreso del régimen talibán en 2021, se han aprobado más de un centenar de edictos que prohíben a las mujeres la educación secundaria y universitaria, el trabajo en ONG y su presencia en espacios públicos, llegando incluso a impedir que su voz sea escuchada en la calle.

La ONU ha calificado esta situación como “apartheid de género”. Sin embargo, la respuesta de las potencias occidentales ha sido claramente desigual: abundan los comunicados de “profunda preocupación”, pero no se han aplicado medidas de presión comparables a las dirigidas contra Irán.

Esta inacción sugiere que, una vez que Afganistán dejó de ser prioridad estratégica, los derechos de sus mujeres dejaron de ocupar un lugar central en la agenda internacional.

Salvadores blancos

La recurrente retórica de “liberación” que hemos visto desde Afganistán hasta la reciente ofensiva contra Irán en 2026 encuentra su explicación más lúcida en la obra de la antropóloga Lila Abu-Lughod, Do Muslim Women Need Saving?. Abu-Lughod denuncia que la narrativa occidental de la mujer musulmana como una víctima pasiva e indefensa no es un acto de empatía, sino una herramienta de paternalismo colonial que despoja a estas mujeres de su propia esencia para convertirlas en el pretexto de intervenciones militares.

Este “complejo de salvadora blanca” permite a líderes como Donald Trump o la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, ejercer una falsa superioridad moral, simplificando realidades complejas para presentar a la cultura del “otro” como intrínsecamente opresora.

Bajo este marco, la salvación de la mujer no blanca se transforma en un activo geopolítico: se utiliza su rostro para justificar bombardeos y sanciones, pero se ignora su voz y su contexto local. Al final, como sostiene Abu-Lughod, estas políticas no buscan transformar las estructuras de opresión, sino utilizar la vulnerabilidad de las mujeres para validar agendas de control que, irónicamente, suelen terminar agravando su precariedad bajo el fuego de la guerra o el aislamiento económico.

El escenario bélico actual es quizá el ejemplo más evidente de cómo opera este principio de “salvadores blancos”, pero no es el único. En los discursos de los partidos de ultraderecha hemos visto cómo se usa este mismo argumentario para perseguir a los migrantes magrebíes, acusados de maltratar a sus mujeres y agredir a las mujeres locales.

Ultraderecha e inseguridad de la mujer

Este fenómeno de instrumentalización encuentra su base teórica en el concepto de “femonacionalismo”, acuñado por la socióloga Sara Farris en su obra En nombre de los derechos de las mujeres (2021). Farris expone cómo la extrema derecha europea ha “secuestrado” la retórica feminista para convertir la igualdad de género en una herramienta de exclusión y estigmatización contra la población migrante, especialmente la magrebí.

En España, el partido Vox ejemplifica esta deriva al vincular sistemáticamente la inmigración con el aumento de la inseguridad femenina. Esta narrativa, que también ha explotado Marine Le Pen en Francia al calificar la migración como “el fin de los derechos de las mujeres”, revela una profunda inconsistencia: mientras estos partidos utilizan la figura del “agresor externo” para alimentar la islamofobia de género, suelen negar simultáneamente la existencia de la violencia machista estructural en sus propios países.

La inconsistencia de este feminismo “de conveniencia” se hace insostenible al observar la gestión doméstica de estos partidos, donde la supuesta defensa de las mujeres desaparece para dar paso a un desmantelamiento sistemático de sus derechos.

En las administraciones donde la ultraderecha ha ganado influencia, hemos asistido a recortes drásticos en las partidas destinadas a políticas de igualdad y a la eliminación de concejalías y programas de atención a víctimas de violencia de género, bajo el pretexto de combatir el “gasto ideológico”.

Esta hostilidad institucional se traduce, además, en una violencia política y mediática dirigida contra figuras que encarnan la lucha feminista. Lejos de proteger a las mujeres, este discurso ejerce una violencia disciplinaria contra aquellas que no encajan en su ideal tradicionalista, demostrando que su preocupación por la seguridad femenina es meramente reactiva: solo les importa la violencia contra las mujeres cuando el agresor es el “otro” extranjero, pero la ejercen y la legitiman cuando la víctima es una mujer política o feminista que desafía su hegemonía.

El escudo moral para justificar guerras

En última instancia, el análisis de estos escenarios –desde los bombardeos sobre Irán hasta los recortes de igualdad en nuestras propias instituciones– revela una verdad incómoda: los derechos de las mujeres no son el fin de estas políticas, sino su coartada geopolítica. Se nos utiliza como escudo moral para justificar guerras y como argumento de exclusión para criminalizar al migrante, mientras en la práctica se desmantelan los recursos que garantizan nuestra seguridad real.

Hoy, más que nunca, cobran vigencia las palabras de Simone de Beauvoir:

No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos; debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida.

The Conversation

María López Belloso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De Irán a Europa: el feminismo utilizado como coartada geopolítica – https://theconversation.com/de-iran-a-europa-el-feminismo-utilizado-como-coartada-geopolitica-277670