Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Juan Rivero Pérez, Profesor universitario: Intervención psicología de la salud, habilidades del terapeuta en psicología de la salud, experto en psicología positiva, Universidad Europea

¿Se puede abordar un problema psicológico en sesenta segundos? Si nos atenemos a algunos vídeos de Instagram y TikTok, podría parecer que sí. Es la trampa de la llamada “psicología de snack” en redes sociales y puede legar a pervertir la terapia real. Sobre todo porque lanza una idea peligrosa: la de que un malestar que lleva años echando raíces en nosotros puede desactivarse con un vídeo de un minuto.
Bajo la bandera de la democratización del bienestar, las redes sociales suelen vender poco más que un espejismo de alivio superficial. Pero la realidad, si miramos las evidencias científicas, no es tan simple. La mente no es una máquina que se repara con un par de instrucciones: es un sistema vivo que necesita tiempo, silencio y, por encima de todo, una mirada humana que nos mantenga vivos.
El fenómeno de la “psicología de snack”
Lo que hoy abunda en Instagram y TikTok es lo que podríamos denominar “comida basura emocional”. Hay profesionales, y lo que es más inquietante, simples creadores de contenido, que lanzan términos como “gaslighting”, “apego ansioso” o “responsabilidad afectiva” al espacio digital sin ningún filtro. Al despojarlas del contexto clínico y de la historia de vida de cada persona, estas palabras se quedan vacías.
Todo ello a carrera problemas nuestro cerebro, que en su intento de ahorrar energía cae rendido ante titulares del tipo: “Tres tips que te mostrarán que tienes un trauma no resuelto”. Lo que sucede es que, al vernos reflejados, liberamos un pico de dopamina. Y creemos que por fin hemos encontrado el nombre de nuestro problema.
Pero es un alivio con trampa. Sin un acompañamiento real, intentamos aplicar recetas genéricas a problemas y heridas muy específicas. El resultado es casi siempre el mismo: un aumento de la insatisfacción y síntomas de ansiedad derivados de un autodiagnóstico digital erróneo.
La trampa de la validación algorítmica
A diferencia de un terapeuta, al algoritmo no le importa la profundidad humana: solo intenta retenernos. Esto pervierte el mensaje: para ser viral hay que ser polarizante y excesivamente simple. Al final, toda la complejidad humana se reduce a una dicotomía infantil. O eres sano, o eres “tóxico”.
Muchos creadores usan este lenguaje para validar nuestras propias resistencias. Los sesgos algorítmicos a menudo refuerzan este tipo de pensamientos que nos impiden confrontar la propia realidad. Si un vídeo nos dice “no le debes nada a nadie” no nos está ayudando a crecer: está apelando a nuestro deseo de huir del conflicto.
En ocasiones, en una consulta real un terapeuta nos puede confrontar con lo que no quieres oír. En TikTok solo vemos lo que nos hace sentir bien a corto plazo para que no dejemos de deslizar el dedo.
Neuroplasticidad vs. ‘reels’
La transformación psíquica real requiere de algo que un reel no puede ofrecer: seguridad biológica y emocional. El cerebro no se reconfigura por leer una frase inspiradora con un fondo bonito. Lo hace a través de la experiencia repetida dentro de un contexto, donde las relaciones entre las personas son fundamentales. La influencia de la digitalización en la neuroplasticidad sugiere que el consumo rápido fragmenta nuestra atención y dificulta los procesos de cambio profundo.
La ciencia es clara: la alianza terapéutica, es decir, ese vínculo entre terapeuta y paciente, es el predictor más fiable del éxito. Es un proceso donde el profesional actúa como un espejo regulador. Así, permite que el paciente integre sus vivencias a través de flujos emocionales imposibles de replicar en una pantalla. En redes la comunicación es unidireccional: el influencer es un emisor que no puede recoger tu angustia, ni entender tus silencios.
Una funcion de psicoeducación primaria
No planteo que haya que borrar nuestras cuentas de redes sociales y volver a las cavernas analógicas. Las redes tienen una función de psicoeducación primaria muy válida y pueden ser la puerta de entrada para buscar ayuda. El error fatal es confundir el mapa (el contenido en redes), con el territorio (la terapia).
La verdadera innovación en salud mental nunca va a ser una nueva app con inteligencia artificial, sino la reivindicación de la pausa. De la posibilidad que genera la terapia en nuestra vida como un proceso vivo, frente al capitalismo digital que secciona esa posibilidad y asegura una rapidez engañosa.
El proceso terapéutico se adapta a nuestra velocidad y en ocasiones es lento, costoso emocionalmente y hasta lo podemos percibir como doloroso. No tiene música de fondo, ni transiciones rápidas. Pero ahí reside su valor: frente a la talla única de esos consejos que nos da Instagram, la terapia ofrece un traje a medida tejido con los hilos de las propias vivencias.
Si alguna vez se ha sentido más vacío tras consumir consejos de autoayuda no es porque usted sea un caso perdido. Es porque estaba intentando saciar una sed profunda con imágenes de agua. Su vida no pide ser clasificada o etiquetada: pide a gritos ser escuchada.
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Jose Juan Rivero Pérez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. La salud mental no cabe en un vídeo de 60 segundos – https://theconversation.com/la-salud-mental-no-cabe-en-un-video-de-60-segundos-276029
