Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Seoane Parra, Profesor Pleno de Ecología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
Cada día, miles de barcos atraviesan los océanos cargados de mercancías, llevando contenedores, petróleo o cereales de un lugar a otro del mundo. Aunque transportan algo más que eso. En el agua de lastre de los barcos, necesaria para mantener la estabilidad durante la navegación, viajan como polizones millones de microorganismos.
Anualmente, los barcos desplazan unos 10 000 millones de toneladas de agua de lastre en sus viajes. Tengamos en cuenta que el comercio marítimo mueve más del 80 % de las mercancías que se transportan en el planeta. Ese trasiego equivale a mover alrededor de 7 000 especies distintas cada hora y provocar una invasión biológica cada nueve semanas, según estimaciones de la Organización Marítima Internacional (OMI).
Pasajeros indeseados
Recientemente, en una investigación conjunta entre las Universidades del País Vasco, Cádiz y la Politécnica de Valencia, hemos abordado esta problemática. Para ello, hemos realizado una serie de trabajos en tres de los principales puertos de España: Algeciras, Valencia y Bilbao. El estudio, que forma parte del proyecto ECOTRANSEAS, destapa algunos puntos débiles de la normativa actual.
Desde septiembre de 2024, la OMI obliga a los buques a instalar sistemas de tratamiento para reducir el número de organismos vivos que descargan en los puertos. Sin embargo, el estándar conocido como ‘D-2’ solo contempla dos categorías de tamaño: organismos mayores de 50 micras y los que están entre 10 y 50 micras. Todo lo que queda por debajo, como el picoplancton y nanoplancton, se ignora, a excepción de tres bacterias indicadoras de contaminación fecal.
Los más pequeños evaden los filtros
Sin embargo, hemos observado que la mayoría del fitoplancton presente en el agua de esos puertos es menor de lo contemplado en esta normativa. El dato es contundente: en Algeciras, esos organismos menores de 10 micras representan de media el 86 % de la biomasa fitoplanctónica total; en Bilbao, el 78 %; y en Valencia, el 96 %.
La paradoja es que, a pesar de su dominio absoluto y de su potencial impacto, ese grupo no está regulado por la normativa internacional que controla las descargas de agua de lastre. La razón podría ser la dificultad de estudio de organismos de tan pequeño tamaño, pero esto no debería ser óbice para su inclusión en la regulación.
Ciencia al servicio de la bioseguridad marina
Nuestra investigación revela que, entre los organismos menores de 10 micras, se encuentran especies capaces de producir toxinas, formar proliferaciones nocivas o sobrevivir en condiciones extremas dentro de los tanques de los barcos. Una vez liberadas en nuevos ecosistemas, pueden expandirse rápidamente y generar impactos devastadores sobre la biodiversidad, la pesca y la salud humana.
Para llevar a cabo este estudio, combinamos tres metodologías: microscopía óptica, análisis de pigmentos por HPLC y secuenciación genética mediante eDNA metabarcoding. Esa estrategia multimétodo permitió detectar tanto la abundancia como la diversidad de especies presentes, incluidas muchas que pasarían desapercibidas con técnicas convencionales.
Así, hemos detectado, además, la presencia persistente de 55 especies de microalgas nocivas en los tres puertos, que pueden provocar desde mortandades masivas de peces hasta intoxicaciones en mariscos: afectan directamente a la salud pública y al sector pesquero. De ellas, 36 son productoras de toxinas y 19 tienen capacidad de generar grandes proliferaciones que alteran los ecosistemas. Algunas, como las pertenecientes a los géneros Alexandrium o Pseudo-nitzschia, son viejas conocidas de quienes vigilan las mareas rojas en diferentes partes del mundo.
Urgen controles más rigurosos
El estudio propone la revisión de la normativa, con la inclusión de una categoría regulatoria específica para organismos menores de 10 micras.
Por otro lado, reclamamos límites concretos para especies de algas nocivas, independientemente de su tamaño, del mismo modo que ya se hace con bacterias como Escherichia coli o Vibrio cholerae. Dar una mayor importancia a las especies que ya generan problemas en las regiones en las que se encuentran es un aspecto que debería ser tenido en cuenta.
Asimismo, otra debilidad del sistema actual son las pruebas de certificación de los equipos de tratamiento de agua de lastre, que se realizan en condiciones de laboratorio que distan de la realidad. En la mayoría de los puertos, las concentraciones de fitoplancton son muy inferiores a las que se usan en los ensayos, lo que genera una falsa sensación de seguridad sobre la eficacia de los sistemas.
En un contexto de cambio climático y aumento del comercio marítimo, el riesgo de dispersión de especies invasoras y algas nocivas a través del agua de lastre no hará más que crecer. Por eso, es necesario adaptar la normativa internacional a la realidad científica actual y desarrollar herramientas de detección rápida que permitan actuar a tiempo.
Adaptación de un artículo publicado en la revista Campusa de la Universidad del País Vasco (EHU).
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Sergio Seoane Parra recibe fondos del Ministerio de Ciencia, innovación y universidades, y del Gobierno Vasco.
Jone Bilbao Antolin recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Investigación y Universidades y del Gobierno Vasco.
– ref. Agua de lastre: los peligrosos polizones que viajan en los barcos – https://theconversation.com/agua-de-lastre-los-peligrosos-polizones-que-viajan-en-los-barcos-276081
