Los argumentos económicos de Donald Trump no son nuevos y no justifican la eliminación de las políticas climáticas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Linares, Profesor de Organización Industrial de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería ICAI, Universidad Pontificia Comillas

Robert V Schwemmer/Shutterstock

Donald Trump sigue empeñado en desmontar las políticas climáticas de sus predecesores en la presidencia de Estados Unidos. Se basa en argumentos que también se escuchan cada vez más en Europa: costes, competitividad, seguridad energética… ¿Tienen peso esos argumentos? Y, sobre todo, ¿justifican abandonar la lucha contra el cambio climático?

Sí, las políticas climáticas tienen un coste

La respuesta a la primera pregunta es que, a veces, sí, las políticas climáticas aumentan los costes a corto plazo para los consumidores. No en todos los casos, por supuesto: las energías renovables como la solar fotovoltaica o la eólica terrestre ya son más baratas que las basadas en fósiles a la hora de producir electricidad. Eso explica de hecho que ya en muchos países (como España, China o también en EE. UU.) ya dominen las nuevas inversiones o supongan una cuota elevada de la producción eléctrica.

Pero cuando queremos reducir las emisiones en sectores como el transporte o la industria, o incluso los edificios, las tecnologías que permiten descarbonizar (como los vehículos eléctricos, las bombas de calor o tecnologías aún más complejas para la industria) no son necesariamente más baratas que las actuales en términos puramente monetarios, o no tenemos acceso a la financiación necesaria para adquirirlas.

En estas ocasiones, para lograr que las tecnologías bajas en carbono ganen cuota de mercado, hace falta incorporar a las tecnologías fósiles un cargo que refleje el coste social de las emisiones de CO₂.

También podríamos subvencionar las tecnologías descarbonizadas, o el ahorro energético, pero eso no cambia su coste real para la sociedad. Y eso supone que el consumidor pague más que antes, bien directamente o bien mediante impuestos para pagar las subvenciones. Y también supone que, a la hora de competir en un mercado internacional en el que otros países no aplican este cargo por las emisiones, los productos vendidos puedan ser más caros, y por tanto perder cuota de mercado.

Pero mitigar el cambio climático supone beneficios

Ahora bien, esto no debería ser un argumento suficiente para cargarse las políticas climáticas. Porque esto es algo que conocemos desde el principio y que de hecho explica la dificultad de llegar a acuerdos internacionales que sean efectivos en materia de clima.




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Solucionar el cambio climático, algo que ofrece más beneficios que costes, requiere incurrir en costes ahora (con el fin de desincentivar emisiones o desarrollar nuevas tecnologías descarbonizadas) para lograr beneficios futuros en forma de un clima menos extremo o de unas tecnologías más eficientes y respetuosas con el medio ambiente. Unos beneficios que no conocemos con certidumbre –y eso es parte del problema–, y que además disfrutarán las futuras generaciones, pero no las que pagan ahora la factura.

Una factura, además, mal distribuida: pagarán más generalmente los sectores más vulnerables de la sociedad, los que menos capacidad tienen de invertir en las nuevas tecnologías descarbonizadas.




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Gráfico que muestra que los hogares con más renta tienen más vehículos eléctricos e híbridos
Hogares con vehículos híbridos o eléctricos según nivel de renta en España.
Jorge Galindo, Álvaro Fernández, Esade EcPol/Datos del INE, CC BY-SA

La dificultad de valorar las ventajas futuras

Pero esto no es nuevo. Y tenemos una respuesta racional para ello, basada en que, como he dicho antes, sabemos que los beneficios de actuar contra el cambio climático superan sus costes, aunque cueste a veces ver estos beneficios o sean inciertos.

En esa línea, igual que estamos dispuestos a comprar un seguro para nuestro coche o nuestra vivienda, deberíamos estar dispuestos a pagar algo más ahora para asegurarnos de reducir los daños que podamos sufrir en el futuro (o ya estamos sufriendo).

Además, los que nos hemos beneficiado de los combustibles fósiles para desarrollar nuestras economías deberíamos ayudar a los países potencialmente más afectados por el cambio climático (que además son generalmente los más pobres) para adaptarse y minimizar los daños que puedan sufrir. Y, si realmente queremos avanzar en la transición climática sin dejar a nadie atrás (y, por tanto, sin generar rechazo social), debemos disponer de mecanismos de solidaridad.

Alguien sostiene una pancarta que dice:
Pancarta en una manifestación por la justicia climática en Londres.
Valentino Bosa/Shutterstock

Los beneficios a corto plazo son más populares

El problema es que, en el contexto político actual, plagado de populismo, jugar la baza del corto plazo –o de los perdedores de la transición o del nacionalismo– en lugar de preocuparse por las generaciones futuras o por aquellos países a los que hemos creado un problema, tiene mucho rédito en término de votos.

Esto se observa en las distintas encuestas de opinión, tanto en EE. UU. como en España: los ciudadanos siguen apoyando la lucha contra el cambio climático, pero, al darse cuenta del coste de las políticas climáticas, el apoyo social se reduce.

De hecho, la narrativa buenista que nos decía que luchar contra el cambio climático no costaba dinero, sino que iba a traer beneficios inmediatos, también puede haber contribuido a esa desafección social y a ese rechazo actual a las políticas climáticas cuando esos beneficios no se materializan. Como decía hace poco un político español, “el populismo surge de los decepcionados. Por eso hay que combatir al populismo con resultados, con acción política y democracia. Y eso requiere pactos y acuerdos”.




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Medidas políticas necesarias

Entonces, desde el punto de vista político, ¿qué acción, qué pactos, qué acuerdos necesitamos? Estos son algunos de ellos:

  • Primero, debemos proporcionar información sin endulzar: la verdad por delante en cuanto a los costes (y no sólo a los beneficios) de las políticas climáticas. Eso evidentemente requiere consenso para que la información veraz no se utilice como arma arrojadiza.

  • Segundo, también necesitamos consenso político sobre las actuaciones fundamentales: políticas de innovación y competitividad para hacer realidad los beneficios de la transición en términos de renta y empleo y una política fiscal justa que incentive la descarbonización, pero también proteja a los perdedores o a los más vulnerables.

  • Tercero, debemos utilizar la diplomacia y política comercial climática para lograr un terreno de juego internacional equilibrado, tanto dentro como fuera de Europa.

Una respuesta populista, es decir, destruir las políticas climáticas, la terminaremos pagando con creces, y más pronto que tarde, como ya estamos viendo con los desastres naturales recientes.

The Conversation

Aunque gran parte de mi investigación está financiada por empresas, ONGs e instituciones públicas relacionadas con el sector energético y medioambiental, declaro que los resultados, conclusiones y opiniones de mis publicaciones no representan ni han sido influidas por estas entidades

ref. Los argumentos económicos de Donald Trump no son nuevos y no justifican la eliminación de las políticas climáticas – https://theconversation.com/los-argumentos-economicos-de-donald-trump-no-son-nuevos-y-no-justifican-la-eliminacion-de-las-politicas-climaticas-276129