Diabetes y gasto sanitario: prevenir es más barato que tratar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Andrade-Gómez, Profesora del Grado en Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de La Rioja, Universidad de La Rioja

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La diabetes, una de las enfermedades crónicas más prevalentes a nivel mundial, es también una de las más costosas. Y no hablamos solo de salud: hablamos de economía, productividad y sostenibilidad de los sistemas sanitarios.

Un estudio macroeconómico publicado recientemente estima que, entre 2020 y 2050, la diabetes generará costes acumulados de 10,2 billones de dólares (8,6 billones de euros) a nivel mundial. En términos anuales, esto equivale aproximadamente al 0,22 % del PIB mundial. Si se incorporan los costes del cuidado informal –familiares que reducen su jornada laboral o abandonan el empleo para atender a un ser querido–, la cifra alcanza los 78 billones de dólares (65,7 billones de euros).

Son cifras difíciles de imaginar, pero detrás de ellas hay una realidad concreta: consultas médicas recurrentes, hospitalizaciones, tratamientos farmacológicos o complicaciones que requieren atención especializada.

Cuando la enfermedad avanza, el coste se multiplica

Si el diagnóstico se retrasa o el control metabólico no es adecuado, el riesgo de padecer complicaciones graves aumenta. Y cuando estas se presentan, el impacto sanitario y económico se dispara.

Problemas como los trastornos cardiovasculares, la insuficiencia renal, la neuropatía, la retinopatía o las amputaciones deterioran gravemente la calidad de vida e implican ingresos hospitalarios, intervenciones complejas, tratamientos crónicos y seguimiento multidisciplinar, lo que se traduce en un incremento significativo del consumo de recursos sanitarios.

Pero el impacto no termina aquí.

El coste invisible: productividad y cuidado informal

La diabetes también tiene un coste menos visible, pero igual de relevante: el económico indirecto, es decir, el que la enfermedad ocasiona en el ámbito laboral.

El absentismo, el presentismo (acudir al trabajo sin estar en buenas condiciones), la incapacidad temporal o la jubilación anticipada afectan a la productividad. A ello se suma el cuidado informal o no remunerado, que a menudo recae en familiares. Cuando un familiar reduce su jornada o abandona su empleo para cuidar a un ser querido, también disminuye la productividad, lo que incrementa la carga económica de la enfermedad.

A diferencia de estudios previos, el estudio macroeconómico considera también la pérdida de productividad y el efecto sobre el crecimiento económico. La diabetes, en este sentido, no es solo una cuestión clínica: plantea un desafío estructural.

La paradoja: una enfermedad en gran parte prevenible

Lo más llamativo es que buena parte de esta carga podría evitarse.

Se estima que hasta el 90 % de los casos de diabetes tipo 2 podrían evitarse mediante la adopción de hábitos de vida saludables, como aumentar la actividad física regular, reducir el sedentarismo, seguir una alimentación equilibrada y evitar el tabaquismo. Es decir, no hablamos de una condición inevitable, sino de una enfermedad fuertemente influida por el estilo de vida y el entorno.




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Además, la detección precoz y el control adecuado en personas ya diagnosticadas permiten intervenir antes de que aparezcan complicaciones irreversibles. Prevenir no significa únicamente evitar nuevos casos: también implica frenar la progresión de la enfermedad, retrasar complicaciones y mejorar la calidad de vida de quienes ya conviven con diabetes.

Invertir antes o pagar después

Desde una perspectiva estrictamente económica, la pregunta es sencilla: ¿es más eficiente invertir en prevención o asumir el coste creciente de las complicaciones?

La prevención requiere recursos: programas de promoción de actividad física, acceso a alimentación saludable, educación sanitaria, cribado poblacional y seguimiento clínico temprano. Dado que las complicaciones avanzadas concentran una parte sustancial del gasto sanitario, intervenir de forma temprana se perfila como una estrategia potencialmente más eficiente.

Además, la innovación farmacológica está aportando herramientas prometedoras. Nuevos tratamientos, como los agonistas del receptor GLP-1, no solo han demostrado mejorar el control glucémico, sino también reducir eventos cardiovasculares. Utilizados de forma adecuada, con supervisión médica y garantizando un acceso equitativo, podrían ayudar a disminuir complicaciones futuras y, con ello, parte del gasto.

No obstante, ningún medicamento puede sustituir a la prevención estructural. Sin entornos que faciliten elecciones saludables –ciudades caminables, acceso a alimentos frescos, políticas que reduzcan el sedentarismo…–, la tendencia difícilmente cambiará.

Más allá de los números

Las cifras macroeconómicas impresionan, pero no deben eclipsar lo esencial: detrás de cada dato hay personas que viven con una enfermedad crónica que condiciona su día a día.

El impacto no es solo sanitario ni laboral, también es social. Franz Martín Bermudo, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad Pablo de Olavide y vicepresidente segundo de la Sociedad Española de Diabetes, explica que el coste social de esta enfermedad –entendido como el efecto en la esfera emocional, personal y familiar, incluyendo posibles estigmas o situaciones de discriminación– es 2,2 veces mayor que el de una persona que no padece la enfermedad, y hasta 5 veces mayor cuando aparecen complicaciones.

Invertir en prevención no es solo una estrategia para equilibrar presupuestos sanitarios, sino también una inversión en calidad de vida, en años de vida saludable y en sostenibilidad social.

La lección resulta clara: evitar complicaciones supone menos sufrimiento y menos gasto, el diagnóstico precoz ofrece oportunidades de intervención y las políticas públicas orientadas a la prevención generan un retorno tangible.

Quizá la pregunta más relevante no sea cuánto cuesta la diabetes, sino cuánto estamos dispuestos a invertir hoy para que no cueste aún más mañana. El reloj corre: ¿actuaremos a tiempo?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Diabetes y gasto sanitario: prevenir es más barato que tratar – https://theconversation.com/diabetes-y-gasto-sanitario-prevenir-es-mas-barato-que-tratar-275342