La selección: esperando un eclipse me quedaré

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

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“Esperando un eclipse me quedaré, persiguiendo un enigma al compás de las olas…”. Eran los años 80, la Movida madrileña. Radio Futura cantaba en “La estatua del Jardín Botánico” algo que no llegaba nunca.

La península ibérica no ha experimentado un eclipse total de Sol desde principios del siglo XX. Pero ahora sí, se aproxima a nuestro cielo el primero de una tríada que dará a la oscuridad total poco más de un minuto de gloria. El próximo 12 de agosto un eclipse total de Sol cruzará el Ártico, Groenlandia, Islandia y atravesará la península ibérica de oeste a este al atardecer.

No es algo nuevo en el mundo. Los apagones cósmicos se suceden desde que un protoplaneta colosal del tamaño de Marte, Theia, chocó con una Tierra primitiva, blandita de magma, y se desprendió un pedazo que formó la Luna, hace al menos 4 460 millones de años… Millones de eclipses que se producen por una feliz coincidencia geométrica: el Sol es aproximadamente 400 veces más grande en diámetro que la Luna, pero también se encuentra unas 400 veces más lejos de nosotros.

Si viviéramos en Trisolaris, el planeta de la serie El problema de los tres cuerpos, serían impredecibles. En un mundo con tres soles determinar el movimiento de tres cuerpos sometidos a gravedad mutua resulta de una complejidad matemática aún hoy sin solución.

La historia asume, con sus dudas, que fue Tales de Mileto quien predijo un eclipse por primera vez, el del 28 de mayo del 585 a. e. c. Así fue como la ciencia arrebató a mitos y dioses el poder de sembrar las sombras.

Predecirlos no es lo único que vincula ciencia y eclipses. En el de 1868, desde la India, el astrónomo francés Pierre Janssen descubrió el helio, ese gas que nos pone voz de pitufos si lo inhalamos y es nutriente de las estrellas. Y los eclipses aún hoy permiten estudiar la corona del Sol cuando escapa por los bordes como el aro de fuego que saltaban los leones de los circos.

Pero hay un eclipse que aún se cuenta como el más significativo de la historia de la ciencia. Me refiero al que tuvo lugar en mayo de 1919. Dos astrofísicos decidieron entonces demostrar que la curvatura de la luz que Albert Einstein describía era algo más que una ecuación matemática. El británico Arthur Eddington viajó a la isla del Príncipe, en la costa de Turquía, y Andrew Crommelin a Sobral, en Brasil. El objetivo era fotografiar las estrellas del cúmulo de las Híades, visibles cerca del Sol en el momento del eclipse. Y así es: su posición aparente se desplaza afectada por el campo gravitatorio solar, el peso del Sol en el tejido del espacio-tiempo.

Dicen que aquel eclipse hizo mundialmente famoso a Einstein. También, que los resultados no fueron tan precisos como exige la ciencia contemporánea. Pero a Eddington le interesaba comprobar la teoría de un científico alemán y judío justo después de la I Guerra Mundial, un gesto que reconciliase al Reino Unido con Alemania. Geopolítica de principios de siglo.

Así, al fin se aproxima un eclipse total de Sol a la península ibérica. Elijan su jardín para la oscuridad.

The Conversation

ref. La selección: esperando un eclipse me quedaré – https://theconversation.com/la-seleccion-esperando-un-eclipse-me-quedare-276411