Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Pérez García, Profesor Titular de Universidad – Área de Dibujo, Universidad de Málaga

Tras un breve prólogo, la película Civil War (2024) se abre con la canción “Lovefingers” (1968), del dúo neoyorquino pionero del rock electrónico Silver Apples.
Su ritmo preciso, “matemático”, contrasta con el caos de violencia urbana de la escena. La elección de la canción establece un hilo invisible que parece unir esas imágenes distópicas del futuro cercano de Estados Unidos con la contracultura de los sesenta, la cuna ideológica de la New Age y de líderes emprendedores que se harían ricos y famosos durante la era neoliberal. Como ha argumentado Stuart Jeffries, sin el elemento vital de esa contracultura el capitalismo no gozaría de tan buena salud.
Con unos 50 millones de dólares de presupuesto, es una de las películas más caras de la productora independiente A24. Civil War es paradójica, ambigua y perturbadora, un thriller bélico que alegoriza con precisión el zeitgeist de “fin de los tiempos” en los Estados Unidos de la era Trump, o el declive de un país-imperio en crisis.
Estas semanas se han comentado mucho las “coincidencias” entre su argumento y la realidad reciente de clima prebélico en Estados Unidos: enfrentamientos verbales entre agentes federales del ICE (siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y la policía local de ciudades como Minneapolis, oposición ciudadana contra las detenciones del ICE, el asesinato de dos civiles, etc.
El británico Alex Garland, director y guionista del filme y responsable de películas como Ex Machina (2014) o Men (2022), comenzó a escribir el guion de Civil War en 2018, durante la primera presidencia de Trump. Lo retomó en 2020, cuando percibió que el clima de polarización había empeorado. Había contraído el covid-19 y, tras recuperarse, se encontró con una verdadera agitación, un mundo en el que se habían multiplicado las fracturas y la polarización social. Trump no consiguió su reelección en las presidenciales de 2020, lo que desembocó en disturbios que él mismo alentó de manera más o menos directa y que teminaron con el asalto al Capitolio estadounidense en enero de 2021 por parte de sus partidarios.
Civil War se estrenó en abril de 2024, poco antes de las elecciones presidenciales de noviembre de ese mismo año. Y, esta vez, Trump sí las ganó en las urnas.
Parecidos razonables
En el futuro cercano de Civil War, los parecidos con una realidad verosímil en Estados Unidos son ciertamente inquietantes.
La película comienza in medias res y no explica nunca las causas de la guerra civil que asola el país. Hay un presidente encarnado por Nick Offerman, sin parecido físico con Trump, que, no obstante, está ocupando un “tercer mandato”. Esto en realidad está prohibido, tras la limitación a dos mandatos presidenciales que se hizo en una enmienda a la Constitución estadounidense ratificada en 1951. En octubre de 2025, Trump reconoció que no puede presentarse otra vez… pero su entorno cercano no ha dejado de aludir a esa posibilidad.

A24
En la ficción de Civil War se sugiere que las actuaciones autoritarias del presidente han provocado varias secesiones. Mientras, diversas milicias actúan sin control por el país y el ejército de unas denominadas “Western Forces”, alianza de California y Texas, avanza hacia Washington D. C. para acabar por la fuerza con el gobierno federal del presidente del tercer mandato.
El papel de la prensa
El punto de vista de la película se sitúa en un grupo de corresponsales de guerra que intenta llegar a la capital para entrevistar al presidente antes de la entrada de las Western Forces.
Kirsten Dunst interpreta a una fotógrafa llamada Lee, un guiño a la legendaria Lee Miller, fotoperiodista real durante la Segunda Guerra Mundial. Este personaje es quien pone rostro a la amargura por la desintegración del país. La acompañan los periodistas Joel (Wagner Moura) y el veterano Sammy (Stephen McKinley Henderson), y la joven y ambiciosa Jessie (Cailee Spaeny), también fotoperiodista. Por el camino se les unirán dos reporteros asiáticos que han viajado a cubrir la guerra civil. Juntos afrontarán un peligroso trayecto en el que serán testigos de diversos episodios violentos.

Murray Close/A24
La idea de colocar a periodistas en el centro de su historia tiene que ver con el hecho de que el padre de Alex Garland fue durante mucho tiempo caricaturista de prensa, y gracias a ello pudo conocer en Londres a corresponsales extranjeros a los que llegó a admirar. El cineasta considera que el periodismo serio necesita protegerse hoy día porque está siendo atacado.
Polarización racista
El enfrentamiento crucial tiene lugar cuando los reporteros se topan con una milicia armada que está enterrando a un grupo de civiles en una fosa común. El líder (un aterrador Jesse Plemons, cuyo físico le asocia al supremacismo blanco) confronta al grupo a punta de rifle y pronto revela su ideología xenófoba cuando les interroga por su procedencia y nacionalidad. La escena es pavorosa pero ofrece un reflejo de la polarización racista que asola los Estados Unidos de la era Trump, un tema que también ha aflorado en dos películas de 2025, aunque rodadas antes del acceso de Trump a su segundo mandato: Eddington y Una batalla tras otra.
Aunque el grupo de blancos no hispanos sigue superando aún el 50 % de la población, el país es cada vez más multicultural, con proyecciones que calculaban hace unos años que hacia 2050 las minorías combinadas podrían constituir la mayoría de los ciudadanos estadounidenses. Esto puede explicar tanto el endurecimiento reciente de las políticas de deportación como su tratamiento en la ficción de las películas mencionadas. Una batalla tras otra, de hecho, se inicia con el ataque de un grupo revolucionario de extrema izquierda a un centro de detención de inmigrantes.

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Por otro lado, la tasa de crecimiento de la población estadounidense se ha reducido a 0,5 % entre 2024 y 2025, según estimaciones de la Oficina del Censo del país, uno los registros más bajos desde comienzos del siglo XX. Hay dos razones principales para ello: menos llegada de inmigrantes y más deportaciones.
¿Equidistancia o polarización?
Volviendo a Civil War, la película no explicita la ideología detrás del enfrentamiento entre las “Western Forces” y el gobierno federal, algo que provocó críticas que acusaban a Garland de “equidistante”. El autor lo negó, pero reconoció que esto podría ser una interpretación errónea de una película que plantea la “polarización” como causa –y no como síntoma– de nuestro malestar actual. Por eso aporta escasos datos de los bandos enfrentados. Su intención es dejar abierta la conversación pública, y eso implica abrir asimismo las posibles lecturas de la película.
“Necesito una declaración”, grita Joel (Wagner Moura) en la impactante escena final, alejada de los convencionalismos de Hollywood y que entronca con una peculiar tradición de violencia “presidencial” en Estados Unidos. Tras el último plano, suena en los créditos una nana perversa: “Dream Baby Dream” (1979). Del dúo electro-punk Suicide, en efecto.
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Juan Carlos Pérez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. La distopía de ‘Civil War’ frente a Estados Unidos hoy: una historia de violencia – https://theconversation.com/la-distopia-de-civil-war-frente-a-estados-unidos-hoy-una-historia-de-violencia-275370
