Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea
Reconocer un rostro es una de las habilidades más automáticas y socialmente relevantes del ser humano. Lo hacemos sin esfuerzo consciente: identificamos a familiares, amistades y colegas incluso cuando cambian la iluminación, la edad o la expresión emocional. Sin embargo, para algunas personas este proceso falla de forma sistemática. Ven perfectamente una cara, distinguen ojos, nariz y boca, pero no saben a quién pertenece. Este trastorno se conoce como “prosopagnosia”.
La prosopagnosia (“incapacidad para reconocer rostros”) es un tipo específico de agnosia visual en la que el problema no está en la visión ni en la memoria general, sino en el reconocimiento facial. Las personas que la presentan no han olvidado a quienes les rodean ni tienen dificultades intelectuales. Lo que falla es el acceso automático a la identidad a partir del rostro.
Esta disociación ha convertido a la prosopagnosia en un modelo clave para estudiar cómo el cerebro construye el reconocimiento social.
Ver una cara no es reconocer a una persona
Desde la neurociencia cognitiva sabemos que el reconocimiento facial no es una extensión del reconocimiento de objetos. Existen sistemas cerebrales especializados en procesar rostros, distintos de los que se activan al identificar otros estímulos visuales.
Uno de los hallazgos más influyentes en este campo fue la identificación en el cerebro, a finales de los años 90 del siglo pasado, de la llamada “área fusiforme de las caras”. Se trata de una región que responde de forma selectiva a los rostros humanos.
Investigaciones posteriores demostraron que el reconocimiento de caras no depende de un único centro, sino de una red distribuida que integra información perceptiva, emocional y biográfica. Este modelo explica por qué una lesión en puntos concretos de esa red puede afectar de manera muy específica al reconocimiento facial sin alterar otras capacidades visuales.
En la prosopagnosia el rostro se percibe correctamente, pero no activa la sensación de familiaridad ni la identidad personal. La cara está ahí, pero la persona no aparece.
¿Adquirida tras una lesión o presente desde el nacimiento?
Desde el punto de vista clínico se distinguen dos grandes formas de prosopagnosia.
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La modalidad adquirida aparece tras una lesión cerebral, como un ictus, un traumatismo craneoencefálico o una infección del sistema nervioso central. En estos casos, la persona pierde una habilidad previamente intacta. Los estudios clínicos sobre este tipo de prosopagnosia muestran que las lesiones en regiones occipitotemporales, especialmente del hemisferio derecho, son críticas para este déficit.
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La prosopagnosia del desarrollo, en cambio, está presente desde la infancia y no se asocia a una lesión cerebral identificable. Se ha descrito este trastorno como un déficit específico y estable del procesamiento facial, que puede aparecer en personas con inteligencia normal y visión intacta. Las estimaciones muestran que se trata de un trastorno bastante raro. Estudios sobre la prevalencia de la prosopagnosia hereditaria no sindrómica han sugerido que alrededor del 2 % de la población podría presentar formas del trastorno, pero que muchas personas viven con esta dificultad sin un diagnóstico formal.
Consecuencias sociales y emocionales
El impacto de la prosopagnosia va más allá de la percepción visual. El reconocimiento facial cumple una función central en la interacción social. Su alteración puede generar malentendidos y ansiedad social hasta el punto de evitar situaciones interpersonales.
Estudios centrados en la experiencia subjetiva de las personas con prosopagnosia documentan consecuencias emocionales y sociales significativas. Estas no se explican por problemas de personalidad ni por falta de habilidades sociales, sino por la imposibilidad de reconocer a los demás de forma automática.
Para adaptarse, muchas personas desarrollan estrategias compensatorias. Por ejemplo, apoyarse en la voz, el contexto, la ropa y la forma de moverse.
Estas estrategias han sido analizadas en estudios sobre cómo se vive cotidianamente con prosopagnosia. Gracias a ellas es posible funcionar socialmente, aunque con un coste cognitivo y emocional añadido.
Lecciones sobre el cerebro
Desde un punto de vista teórico, la prosopagnosia ha sido fundamental para comprender cómo el cerebro organiza el reconocimiento de las caras.
Este trastorno demuestra que reconocer a una persona no es una función unitaria, sino el resultado de la interacción entre sistemas perceptivos especializados y mecanismos de acceso al significado.
Esa idea se enmarca en el conocimiento más amplio sobre las agnosias visuales, que muestra cómo el cerebro puede perder el acceso al significado sin que la percepción básica esté dañada.
La prosopagnosia es uno de los ejemplos más claros y mejor documentados de esta disociación.
Comprender para no juzgar
No existe un tratamiento curativo específico para la prosopagnosia, pero la psicoeducación y el reconocimiento del trastorno reducen significativamente su impacto. Comprender qué es evita interpretaciones erróneas, como atribuir el problema al desinterés o a la falta de atención. Además, favorece entornos más comprensivos en el ámbito educativo, laboral y social.
En última instancia, la prosopagnosia nos recuerda algo esencial: ver no es reconocer. Reconocer a los demás depende de una compleja arquitectura cerebral que solemos dar por sentada. Cuando falla, no desaparecen las personas, pero sí el acceso inmediato a quienes son. Entenderlo nos ayuda a comprender mejor no solo este trastorno, sino cómo el cerebro construye la vida social.
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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Vivir rodeado de caras desconocidas: qué es la prosopagnosia – https://theconversation.com/vivir-rodeado-de-caras-desconocidas-que-es-la-prosopagnosia-275183

