Todo el universo habla, según las enseñanzas del maestro sufí Ibn Arabi de Murcia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Aladro Vico, Catedrática de Teoría de la Información, Universidad Complutense de Madrid

Manuscrito de Konya de las _Revelaciones de La Meca_ de Ibn Arabi, escrito a mano por el gran maestro sufí. Wikimedia Commons

El sufismo es una corriente espiritual y mística de enorme valor e importancia en el islam. Recientemente se ha colado en nuestra cultura de masas ya que Rosalía cita, en su último álbum Lux, a una gran maestra sufí: Rabia al Adawiyya.

España ha sido cuna del sufismo más profundo a través de Ibn Arabi de Murcia, nacido en Al Ándalus en 1165. Poeta, místico, filósofo, psicólogo y teólogo andalusí del siglo XII-XIII, Ibn Arabi escribió 400 obras y tratados y es considerado en el mundo árabe islámico el más grande de los maestros (en árabe الشيخ الأكبر, Sheij al-Akbar).

La modernidad, apertura y amplitud del pensamiento sufí es única en el mundo. Ibn Arabi fue un vivificador de la religión (محيي الدين,) y un polímata, que difundió conocimientos en múltiples saberes. Actualmente en España, la Sociedad Ibn Arabi Latina MIAS, que realiza espléndidas revistas, congresos y publicaciones, traduce, interpreta y difunde la obra del murciano.

Un hombre interesado en todo

Ibn Arabi y Al Ándalus son elementos esenciales en la historia de la cultura y ciencia europeas. Y lo son porque los árabes no fueron simples transmisores de ciencia y cultura clásicas, sino verdaderos desarrolladores de las mismas que mejoraron los conocimientos recibidos.

Listado medieval de las obras de Ibn Arabi.
Listado medieval de las obras de Ibn Arabi.
Wikimedia Commons

Ibn Arabi avanzó sobre la filosofía platónica con su concepto del mundo imaginal, es decir, la dimensión cognitiva y sagrada de la imaginación creadora. También desarrolló los principios del pitagorismo explorando la armonía y geometría sagradas y ofreció visiones místico-poéticas que inspiraron a Dante Alighieri, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

La mística religiosa de Ibn Arabí y del sufismo es, además de profundamente islámica, continuadora del gnosticismo (una filosofía intuitiva profunda que desarrollaron los griegos sobre la idea de una divinidad inalcanzable y una creación separada de ella); del simbolismo alfabético egipcio (el conocimiento de las formas de vida, la muerte y su interdependencia, que los egipcios dejaron en su escritura jeroglífica, y que además de en sentido abstracto habla en forma de imágenes); y del cristianismo originario (que se centraba en el mensaje de amor, paz, libertad y armonía cristianos). A su vez, los sufíes apelan al mundo moderno porque su visión es animalista, feminista, cosmopolita, panteísta y pacifista.

El universo habla

Como expresan dos intérpretes de la obra del Gran Maestro murciano en España, Fernando Mora y Pablo Beneito, el universo según Ibn Arabi es esencialmente un cosmos dotado de inteligencia y lenguaje. Entiende que todos los seres tienen una esfera específica de conocimiento, y la palabra no pertenece solamente a los humanos.

Estamos en un universo que habla. En el mundo de Ibn Arabi, el lenguaje y la comunicación no solo sirven al pensamiento y a la relación: para los sufíes, no existe la fe, sino el conocimiento presente en los signos.

Para comprender su idea de cosmos, tenemos que repasar los tres tipos de signos que existen en semiótica (el estudio de los símbolos y signos): los iconos (que se parecen al objeto que representan, como las imágenes), los índices (que nos conducen a lo que representan, como las huellas y los rastros) y los símbolos (que contienen múltiples sentidos, y son refractarios al concepto, como una cruz de madera).

Imagen de un escriba.
El escriba.
Wikimedia Commons

El murciano profesa gran atención a lo icónico, ya que lo considera una emanación divina, en cuyas formas podemos ver al creador: las imágenes son potentes misterios que nos hablan con racionalidad, imaginación y armonía. Un ejemplo de esto es la geometría sagrada del arte andalusí que contiene la expresión de la Unidad del mundo.

Los signos índices también son poderosísimos para el gran maestro. En su mundo, el saber es un sabor. Rastros, residuos y huellas forman una semiótica sensorial que domina el conocimiento porque desde las referencias nos lleva de vuelta a lo físico. Así, es posible aprender un modo de adoración espiritual prestando la debida atención a un tubo de cañería y entender el sentido de la existencia atendiendo a la comunicación de las abejas o de un caballo.

Los símbolos son, a su vez, el lenguaje de la existencia en el mundo sufí: describen acertadamente la realidad y amplían nuestra comprensión, absorbiendo los contextos y trascendiendo el tiempo. Por ejemplo, el símbolo del corazón sufí representa no solamente el amor, sino el cambio constante, lo multifacético, el centro o la gracia. Las derivaciones de los símbolos permiten unir realidades y objetos opuestos o contradictorios.

En la teoría de Ibn Arabi las letras son, igualmente, seres vivos. Esto se entiende de forma especial en la lengua árabe, muy derivativa, lo que hace que sus palabras sean muy ricas en asociaciones mentales, como lo fueron los ideogramas egipcios en su día. Los mismos seres vivos, afirma Ibn Arabi, son letras de un gran escrito: podemos imaginarlos así para comprenderlos mejor. El lenguaje y los nombres son puertas que nos conducen directamente a ver la acción del espíritu divino dentro y fuera de nosotros.

Trascendencia en los signos

En lingüística, una deixis es un proceso por el que un signo índice rellena su significado con el aquí y ahora. Así, el significado de pronombres personales como “yo”, “tú”, demostrativos como “esto” o “esta” y adverbios como “aquí” o “ahora” cambia según el presente espacio-temporal, según las realidades a las que se refieran.

Dibujo de seis maestros sufíes.
Seis maestros sufíes.
Wikimedia Commons

En el sufismo tiene lugar lo que llamaríamos una deíxis trascendental: los signos muestran una presencia viva. Por ello, para los sufíes actuales, Ibn Arabi está vivo: su verdad, su expresión y su sabiduría se incorporan hoy en día a través de sus palabras. El fenómeno deíctico significa que la comunicación crea vida.

El último de los metafísicos occidentales, René Guénon, recordaba que, según Ibn Arabi, el mundo es la escritura que una “ciencia de las letras” o “Sîmîa” debe estudiar. Guenon pedía que existiese, como después pasó, un estudio del mundo desde la semiótica, que él comenzó con profundos estudios del simbolismo.

El sufismo está efectivamente vivo en nuestros días, y continuará estándolo en el futuro gracias a su inmenso poder comunicativo.


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The Conversation

Eva Aladro Vico no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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