Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gustavo Porporato Daher, Profesor de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad Autónoma de Madrid
Tradicionalmente, las familias han optado por depósitos a plazo fijo y la compra de vivienda como métodos principales de ahorro. Sin embargo, la combinación de bajos intereses y los elevados precios de la vivienda dificulta hoy día la creación de patrimonio, especialmente para los jóvenes profesionales, quienes deben reconsiderar sus planes financieros. Este artículo brinda una guía práctica para comprender los conceptos clave sobre inversión y comportamiento financiero, establecer estrategias de ahorro sostenibles y elegir alternativas accesibles para invertir con montos reducidos.
Ahorro frente a inversión y el ciclo vital
Para un joven profesional la primera decisión no es qué activo comprar, sino para qué y cuándo va a necesitar el dinero ahorrado. El ahorro busca estabilidad y disponibilidad del dinero, mientras que la inversión pretende alcanzar crecimiento, lo cual implica asumir riesgos y soportar volatilidades. Definir el horizonte temporal (corto, medio o largo plazo) y la tolerancia al riesgo reducen las decisiones impulsivas y los errores típicos de principiante.
La teoría del ciclo vital, enunciada en 1963 por los economistas italianos Albert Ando y Franco Modigliani, sostiene que las personas tienden a distribuir consumo y ahorro a lo largo de su vida: se ahorra más cuando aumenta la renta laboral y se consume en etapas posteriores.
El pensamiento práctico que los jóvenes pueden aplicar es que, siempre que la liquidez de corto plazo esté cubierta, un horizonte largo permite asumir más riesgo diversificado. Así, podrán beneficiarse del crecimiento acumulado de las inversiones realizadas, teniendo en cuenta el concepto de interés compuesto.
Un error común es creer que invertir equivale a encontrar la oportunidad que nadie más ve. La evidencia académica sobre la eficiencia de los mercados sugiere que, incluso para los profesionales, es difícil ganarle consistentemente al mercado. Por ello, la estrategia del inversor joven debe centrarse sobre todo en los costes.
Estrategias de ahorro: primero estabilidad, luego rentabilidad
El ahorro de las familias y de los jóvenes presentan rasgos de fragilidad financiera: una parte relevante de los hogares no puede cubrir un shock o una crisis moderada de liquidez a corto plazo. Para los jóvenes, esto se traduce en una regla operativa: antes de invertir agresivamente es recomendable construir un colchón de liquidez que reduzca la probabilidad de endeudamiento con altos costes o la venta forzada de activos durante las caídas de mercado.
La decisión de ahorrar está definida por los objetivos establecidos y está sujeta a la fuerza de voluntad de los jóvenes. Las prácticas de ahorro suelen fallar por sesgos de conducta (presente frente a futuro, procrastinación, exceso de confianza…). Los enfoques conductuales proponen mecanismos de compromiso que aumentan las tasas de ahorro sin demandar una motivación constante. Por ejemplo, aumentar la cantidad ahorrada cuando sube el salario o se reciben ingresos extras, o automatizar las aportaciones mensuales.
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Más allá de la automatización, existen otras herramientas que ayudan a cumplir los objetivos de ahorro autoimpuestos: tener cuentas diferenciadas, fijar penalizaciones personales, hacer públicos los objetivos de ahorro, etc. La idea para los jóvenes es diseñar un sistema que reduzca la tentación de no ahorrar cada mes en lugar de diseñar un sistema perfecto.
Invertir sin adivinar
Muchos jóvenes suelen optar por gestionar personalmente sus inversiones para intentar identificar las alternativas más rentables, a pesar de su limitada capacidad financiera para asumir errores. Además, la gestión activa tiene su coste: los inversores afrontan elevados gastos en comisiones y transacciones al intentar superar el rendimiento del mercado. Por ello, la gestión pasiva, mediante el uso de productos de inversión indexados de bajo coste, que replican el comportamiento de un índice bursátil determinado, es una alternativa adecuada para quienes se inician en el ámbito de la inversión.
En cualquier caso, se debe invertir de forma disciplinada y diversificada, más como una carrera de fondo que como un sprint, evitando la rotación constante de los valores en cartera.
Para concluir
En resumen, es factible iniciar inversiones con un capital limitado si se otorga prioridad a la liquidez, la disciplina, la diversificación y la gestión eficiente de los costes. Para los jóvenes, el enfoque debe centrarse en la construcción de un sistema sólido que les permita:
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Comprender conceptos clave como horizonte temporal, gestión del riesgo y establecimiento de expectativas.
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Garantizar la estabilidad financiera a través del ahorro constante y la constitución de un fondo de emergencia.
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Invertir sistemáticamente en alternativas diversificadas y de bajo coste, evitando cambios impulsivos en la cartera.
Con recursos iniciales reducidos, los principales factores diferenciadores son el aprovechamiento del tiempo, la optimización de los costes y la adecuada gestión del comportamiento financiero.
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Gustavo Porporato Daher no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Guía práctica de ahorro e inversión para jóvenes profesionales – https://theconversation.com/guia-practica-de-ahorro-e-inversion-para-jovenes-profesionales-274232

