Cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura: qué dicen las evidencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jesús Rodríguez de Guzmán, Profesor Psicología del desarrollo y de la educación, Universidad de Cantabria

RafCopy/Shutterstock

Aroa, tres años y medio, tiene sobre la mesa un cuento ilustrado, un lapicero y un folio:

¿Sabes leer?

No, no sabo

¿Y escribir?

Sí, eso sí, mira:

Imagen.

Y ¿qué pone ahí?

¿…? No sé, ya te dije que no sabo leer

Esta situación invita a ponernos en el lugar del aprendiz y a plantearnos cómo percibe el acceso al lenguaje escrito.

Adquirimos las destrezas orales de la lengua materna espontáneamente, por exposición. No necesitamos un aprendizaje formal: basta con tener un modelo a imitar y que nuestros intentos comunicativos sean reforzados cuando se aproximan a palabras del idioma con significado y función; como, por ejemplo, cuando un bebé dice “bá-bá” y recibe la respuesta emocionada de sus progenitores.

El lenguaje escrito, por el contrario, exige un proceso de enseñanza y aprendizaje explícito y formal. Pocas personas asocian significantes (palabras escritas) a significados de manera espontánea, aprovechando el ambiente alfabetizador en que vivimos, y aprenden a leer sin ser enseñados. Aunque las hay que llegan al colegio con un amplio repertorio de palabras que pueden leer en el desarrollo de su etapa logográfica.

Leer y escribir son dos procesos que requieren una intervención educativa guiada por la reflexión profesional, y evidencias didácticas que la acompañen. Destaquemos que se trata de destrezas instrumentales, claves para el resto de aprendizajes, y que pueden generar satisfacción al aprendiz, pero también frustración si no se abordan teniendo en cuenta los aspectos básicos del desarrollo evolutivo.

Nos ocuparemos de cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura y lo que indican las evidencias recientes más sólidas.

1. ¿Cuándo: infantil o primaria?

El lenguaje oral acompaña a la especie humana en su evolución desde un momento indeterminado de los últimos 200 000 años. Las áreas de Broca y Wernicke, y los órganos bucofonatores, no dejan registro fósil que nos permita ser más precisos, y los hallazgos del hueso hioides, necesario para la fonación, no permiten fechar la aparición del lenguaje oral con más exactitud.

El lenguaje escrito es mucho más reciente, de hace unos 5 000 años. No obstante, la alfabetización generalizada de nos ha llegado mucho más tarde: de hecho es, todavía, un proceso inacabado en determinados contextos.




Leer más:
Cómo reforzar el aprendizaje de la lectura en casa y en el aula


Parece razonable que esta diferencia en la evolución de la especie humana sea tenida en cuenta para justificar el desfase cronológico entre ambos aprendizajes en cada individuo.

Por esta razón el currículo de la educación infantil, que en nuestro sistema abarca los seis primeros años de vida, divididos en dos ciclos, se centra en las destrezas orales de la competencia comunicativa.

A partir de los 6 años se aprende a leer de manera mucho más rápida y eficiente, cuando ya se han practicado las destrezas orales. Por esta razón, las aulas de primaria son las que garantizan un aprendizaje gratificante que facilita el desarrollo del hábito lector como fuente de placer.

2. ¿Métodos ascendentes o descendentes?

¿Es necesario conocer el abecedario, grafía y sonido, para captar el significado de palabras escritas? A esto lo llamamos un “método ascendente”, que parte de conocer las partes más pequeñas (grafemas y fonemas) y, a partir de ahí, lograr la capacidad de entender lo que significan juntos en una palabra, frase y párrafo.

Los métodos descendentes, en cambio, priorizan la comprensión de significados, antes que la descomposición en sílabas y letras, reconociendo palabras, globalmente, familiares por forma y su extensión y por el contexto en que aparecen: identifico y diferencio con facilidad los nombres de mis compañeros, Sol y Rigoberto, y la marca de mis cereales favoritos.




Leer más:
Enseñanza explícita: la comprensión lectora, paso a paso


Si fuera necesario el conocimiento de las letras, su asociación a los sonidos del idioma y el desarrollo de la conciencia fonológica, nos deberíamos plantear cómo acceden a la lectura las personas con sordera. Aunque estas no oyen ni pronuncian los sonidos del idioma que aprenden a leer, desarrollan la habilidad sin grandes dificultades, demostrando con la lectura silenciosa que transformar significantes en significados no requiere la asociación previa de letras a sonidos.

Así se explica el acceso a la lectura en idiomas cuya ortografía no es transparente, aquéllos en los que cada grafema no equivale unívocamente a un sonido o fonema, como ocurre por ejemplo con el inglés.

El debate está abierto, pero las evidencias apuntan a que conocer la forma y sonido de cada grafema no garantiza ni es requisito para acceder al lenguaje escrito. Autores clásicos, y actuales, entienden la lectura como un proceso cognitivo superior, que no se limita a descifrar letras. Además, hay que dar sentido funcional y emocional a lo que se ve, y los métodos descendentes promueven, desde el inicio, la comprensión en contextos reales, con textos significativos.

En las primeras etapas del desarrollo cognitivo tendemos a percibir la información del entorno de forma integral: primero captamos el sentido global, después los detalles.

Tendemos a leer globalidades: el significado del color verde o del rojo, las señales que observamos en la calle, los emoticonos… y las palabras en su contexto. No es imprescindible reconocer cada letra para obtener significado. Hagan la prueba:

UN D14 D3 V3R4N0 3574B4 3N L4 PL4Y4 0853RV4ND0 A D05 CH1C45 8R1NC4ND0 3N 14 4R3N4, 357484N 7R484J484ND0 MUCH0 C0N57RUY3ND0 UN C4571LL0 D3 4R3N4 C0N 70RR35, P454D1Z05 0CUL705 Y PU3N735.

Y, una vez adquirida la destreza, nunca volveremos a ver manchas de tinta donde haya palabras escritas, y no podremos evitar leer globalmente, sea cual sea el tipo de letra utilizada.

3. ¿Aprendizaje simultáneo de lectura y escritura?

Leer requiere de la maduración de procesos perceptivos, sobre todo visuales, pero también táctiles (personas con ceguera), cognitivos (atención, memoria) y lingüísticos (significados, funcionalidad, pragmática). La escritura añade a los anteriores los procesos motrices, que no maduran necesariamente a la vez que los relacionados con la lectura.

Si queremos acompañar el proceso evolutivo del niño, no deben abordarse de forma simultánea. El desarrollo neuromotor se ajusta a las leyes “céfalo–caudal” y “próximo–distal”, según las cuales lo próximo a la cabeza y al eje longitudinal del cuerpo madura antes que lo más lejano: vemos y oímos correctamente antes de alcanzar la motricidad fina necesaria para dominar la pinza y el movimiento coordinado de manos y dedos, coordinamos antes el movimiento de hombros y codos que el de los dedos.

Es decir, los niños de infantil y primer ciclo de primara, de 0 a 7 años, son capaces de leer mucho más que lo que son capaces de escribir. Se puede fomentar la aproximación a la lectura, pero no podemos exigir el mismo ritmo para una tarea que exige una coordinación neuromotora a la que todavía habrá que esperar.

En todo caso, de la misma manera que no solo hay que enseñar a leer, sino a amar la lectura, habría que fomentar la escritura como una tarea gratificante que, más allá de dibujar, copiar y reproducir mensajes, nos conduzca a la tarea creativa de transformar ideas en palabras escritas.

4. ¿Mayúsculas antes que minúsculas?

En algunas escuelas se opta por enseñar a escribir primero las mayúsculas porque, suponen, resultan más fáciles de trazar. Pero la decisión no está basada en la evidencia: las leyes madurativas citadas predicen que se coordinan antes los movimientos amplios del hombro que los de la muñeca, mano y dedos, permitiendo trazos amplios más similares a los bucles de las grafías minúsculas que a los trazos rectos, más rígidos, de las mayúsculas.

Por otra parte, la mayoría de publicaciones infantiles están escritas en minúscula, lo cual implica que el niño percibe y reconoce antes las minúsculas. Por lo tanto, tiene más sentido que practiquen aquello a lo que están más expuestos, lo que antes conecta con la lectura real y con lo que más pueden experimentar de forma natural y fluida.

En definitiva, sigamos buscando evidencias que guíen la práctica docente mientras posponemos el aprendizaje formal del lenguaje escrito hasta los 6 años, aprovechamos las ventajas de los métodos globales, no nos apresuramos con la corrección caligráfica y practicamos con modelos ortográficamente correctos, desde el principio.

The Conversation

Jesús Rodríguez de Guzmán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura: qué dicen las evidencias – https://theconversation.com/cuatro-decisiones-fundamentales-sobre-el-aprendizaje-de-la-lectura-y-la-escritura-que-dicen-las-evidencias-272644