¿A qué llamamos evidencia científica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Felipe Reyes, Profesor de muy alto prestigio en Enfermedades Infecciosas, Universidad de La Sabana

Roman Samborskyi/Shutterstock

En tiempos de desinformación viral y certezas instantáneas, pocas expresiones se usan con tanta autoridad y, a menudo, con tan poca precisión, como “evidencia científica”. Se invoca en debates políticos, campañas de salud pública, discusiones familiares y hasta anuncios comerciales, como si fuera un sello de verdad absoluta. Pero ¿qué significa realmente este concepto que parece tan evidente y, al mismo tiempo, tan escurridizo?

A simple vista, podríamos decir que la evidencia científica es aquello que “demuestra” algo con base en la ciencia. Sin embargo, basta examinarla para descubrir que no es un objeto estable, sino un proceso complejo, lleno de matices, incertidumbres y revisiones constantes.

Lejos de ser un bloque monolítico, la evidencia científica se construye, se cuestiona y, a veces, se contradice. Comprender su naturaleza es fundamental para navegar debates sobre temas tan diversos como vacunas, inteligencia artificial, cambio climático o nutrición.

¿Quién puede generar evidencia científica?

Existe la creencia de que la ciencia es un territorio exclusivo de profesionales en laboratorios. Pero, en esencia, la ciencia no es un título; es un método. Si una persona formula una pregunta clara, plantea una hipótesis, recoge datos con rigor, controla sesgos y expone sus conclusiones al escrutinio público, está utilizando el método científico, y por ende, está haciendo ciencia.

Lo que determina la validez de un resultado no es quién lo produce, sino cómo se generan y evalúan los datos. Aun así, la ciencia moderna se ha vuelto tan técnica que algunos experimentos requieren equipamiento, financiación o conocimientos especializados. Esta barrera es práctica, no filosófica.

¿Cuánta evidencia es suficiente? La evidencia como gradiente

Una de las ideas más importantes y más difíciles de comunicar es que no toda evidencia pesa igual. Ningún estudio aislado, por sólido que sea, puede cargar por sí solo con el peso de la verdad. La evidencia se acumula y se evalúa como un gradiente.

La jerarquía clásica de evidencia científica –ensayos clínicos aleatorizados, estudios observacionales, series de casos– es una guía útil, pero imperfecta. En la vida real, la “mejor evidencia disponible” depende de la pregunta, del contexto y de la factibilidad de los estudios.

Por ejemplo, no sería ético aleatorizar a personas a fumar o no fumar para estudiar el cáncer de pulmón; por eso, los estudios observacionales cuidadosamente diseñados se convierten en la forma más robusta de evidencia posible para ese tipo de problemas.

Además, la reproducibilidad es clave. Un resultado aislado puede ser interesante; un resultado reproducido por distintos equipos, en distintos lugares y con distintos métodos se vuelve convincente.

Cuando las evidencias se contradicen

Las contradicciones entre estudios pueden parecer desconcertantes para el público, pero son una parte esencial del progreso científico. Diferentes grupos pueden estudiar poblaciones distintas, usar métodos con niveles de precisión variables o analizar los datos con supuestos estadísticos divergentes.

En ocasiones, lo que parece contradicción es simplemente evidencia incompleta. Si cinco estudios pequeños sugieren un efecto y un gran ensayo clínico lo contradice, el peso de la evidencia recae en el estudio más riguroso, no en la suma aritmética de publicaciones.

¿Existe un protocolo único para producir evidencia científica?

Aunque solemos hablar del “método científico” como si fuera una receta única, la realidad es mucho más diversa. La biología, la física, la sociología, la medicina o la astronomía utilizan aproximaciones metodológicas distintas, adaptadas a sus objetos de estudio.

En medicina, los ensayos clínicos aleatorizados son la herramienta más robusta para evaluar intervenciones. En cambio, el estudio del clima depende de modelos matemáticos de enorme complejidad. En ciencias sociales, los métodos cualitativos (entrevistas, etnografías, análisis de discurso) generan evidencia distinta, pero complementaria a la cuantitativa.

Lo que todas estas aproximaciones comparten es la transparencia: describir qué se hizo, cómo se hizo, con qué datos, bajo qué supuestos y con qué limitaciones. La evidencia científica se legitima, en buena medida, por su capacidad de ser revisada y puesta a prueba.

La evidencia científica: provisional por diseño

Sin embargo, quizá la característica más fascinante de la evidencia científica es su carácter provisional. Una afirmación científica es fuerte no porque sea eterna, sino porque está sujeta a revisión, cuando aparezcan datos o métodos mejores. Esta flexibilidad, a veces percibida como debilidad, es, en realidad, uno de los pilares de la ciencia moderna.

Aceptar la incertidumbre no significa renunciar a la acción. Significa actuar con la mejor evidencia disponible, mientras se sigue investigando.

En salud pública, durante pandemias o ante avances tecnológicos disruptivos, la evidencia es necesariamente imperfecta y evoluciona rápidamente. Entender esto ayuda a evitar frustraciones, conspiraciones y falsas dicotomías.

La clave: evidencia como punto de partida

Por tanto, la evidencia científica no es un veredicto final, sino un proceso continuo, colectivo y perfectible. Su fuerza radica en su capacidad de autocorregirse, reconocer sus limitaciones y mejorar con el tiempo.

En un mundo saturado de datos, opiniones y pseudocertezas, comprender su naturaleza dinámica resulta esencial. La evidencia científica no cierra debates: los abre. Es, más que una respuesta, una invitación permanente a seguir preguntando.

The Conversation

Luis Felipe Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿A qué llamamos evidencia científica? – https://theconversation.com/a-que-llamamos-evidencia-cientifica-269831