Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisenda Jové Llopis, Profesora investigadora en el Departamento de Gestión de Empresas, Universitat Rovira i Virgili
La economía circular es clave para afrontar los retos ambientales y económicos de hoy. Reutilizar materiales, reducir residuos o diseñar productos duraderos son pasos esenciales. Sin embargo, su implementación avanza a distintos ritmos en Europa.
Mientras algunas regiones ya avanzan hacia modelos más circulares, otras se quedan atrás. Lo que plantea una pregunta clave: ¿por qué la transición no progresa al mismo ritmo en todos los territorios?
En un estudio reciente, con datos de pequeñas y medianas empresas en más de 200 regiones europeas, hemos analizado qué factores impulsan o frenan la aplicación de prácticas circulares.
Los resultados del trabajo dejan algo claro: la iniciativa empresarial no basta por sí sola. El entorno regional en el que operan las empresas influye de forma decisiva en su capacidad para avanzar hacia la economía circular.
Más allá de reciclar
Cuando se habla de economía circular, muchos piensan solo en reciclar. Pero el concepto va mucho más allá. Incluye reducir el uso de materiales y energía, reutilizar residuos, rediseñar productos para que duren más o se puedan reparar y repensar los procesos desde el inicio.
Aunque el reciclaje está bastante extendido en muchas regiones europeas, estrategias más ambiciosas como el rediseño de productos siguen en segundo plano. El estudio muestra que no todas las acciones circulares avanzan igual. Reducir y reciclar siguen patrones parecidos, pero rediseñar exige otros motores y un apoyo mucho más específico.
¿Qué impulsa realmente la economía circular?
La economía circular no depende de un solo factor. Es el resultado de varias condiciones que cambian según el lugar y la estrategia. Aun así, hay elementos clave que se repiten.
En primer lugar, la inversión en investigación y desarrollo, tanto pública como privada, desempeña un papel importante. Las regiones que apuestan por este tipo de inversión adoptan más prácticas circulares. Este efecto es especialmente visible en estrategias orientadas a la reducción del uso de materiales y al reciclaje.
Las habilidades digitales de la población también cuentan, pero no influyen igual en todos los casos. Ayudan sobre todo a hacer los procesos más eficientes, aunque son menos clave cuando se busca transformar productos o modelos desde cero.
Otro factor clave es la colaboración entre empresas. La existencia de redes de cooperación favorece el intercambio de conocimiento y recursos, lo que puede facilitar la adopción de prácticas circulares.
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Las barreras de la economía circular
Tan importante como identificar los impulsores es entender qué frena la transición circular. El estudio señala obstáculos que no siempre son visibles.
Una paradoja llama la atención. Las regiones con más innovación en procesos no siempre lideran la economía circular. A veces, estas mejoras solo hacen más eficiente el modelo tradicional: producir, usar y tirar. Esto puede generar un bloqueo que retrasa los cambios profundos que necesita la circularidad.
El capital humano también supone un reto. Tener muchos sectores tecnológicos no garantiza liderar la economía circular. Actividades como reparar, reciclar o mantener dependen más del saber hacer técnico que de títulos avanzados. Si faltan estas habilidades, la circularidad se frena, incluso en regiones innovadoras.
Mapa de una transición asíncrona: múltiples velocidades hacia un fin común
No todas las regiones de Europa avanzan al mismo ritmo. El análisis de la especialización regional muestra que algunas regiones están más adelantadas que otras. Otras todavía tienen camino por recorrer.
En el grupo de los líderes, España destaca con fuerza. La mayoría de sus regiones, junto con Suecia y algunas zonas del Benelux –Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo–, aplican más modelos circulares.
En España, los buenos resultados reflejan los cambios recientes en las políticas públicas. Tras la aprobación de la Estrategia Española de Economía Circular en 2020, varias medidas han ayudado a mejorar la implantación de prácticas circulares, especialmente entre las pequeñas y medianas empresas.
Además de establecer objetivos claros y señalar sectores prioritarios, esta estrategia ofrece apoyo financiero, se alinea con las políticas europeas y proporciona una visión a largo plazo. Todo esto hace que la transición hacia una economía circular sea más efectiva, visible y medible.
En el otro extremo, se observan diferencias notables que muestran una Europa a dos velocidades. Países como Portugal e Irlanda, así como algunas regiones de Francia, se quedan atrás. Todavía tienen poca actividad en economía circular.
Estas diferencias no solo responden a un ritmo desigual: también reflejan enfoques distintos. En el núcleo occidental de Europa –los países de la UE-15–, los líderes apuestan fuerte por recuperar materiales y usar energías limpias. En cambio, en la Europa del Este, la estrategia principal es la eficiencia: gastar menos agua, consumir menos energía y generar menos residuos. Aunque el este europeo aún no aprovecha todo el potencial de la reutilización, ambos caminos son piezas clave del mismo rompecabezas: la economía circular.
Implicaciones y retos de futuro
La lección es clara: la economía circular no avanza con recetas únicas. Cada región necesita su propia estrategia según sus capacidades, límites y actividades económicas.
Si Europa quiere cumplir sus objetivos climáticos y de sostenibilidad, en sus políticas deberá tener en cuenta la dimensión regional de la economía circular y fortalecer las instituciones y ecosistemas de sus regiones.
Lo más prioritario es entender qué ayuda y qué frena esta transición en cada territorio. Solo así se pueden crear políticas más eficaces, justas y duraderas.
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Este trabajo ha recibido financiación de la Cátedra de Sostenibilidad Energética (IEB, Universitat de Barcelona)
Josep-Maria Arauzo-Carod recibe fondos de la Generalitat de Catalunya (SGR2021-00729), el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España, y Next Generation EU (TED2021-131840B-I00), y la Universitat Rovira i Virgili (PFR2023).
Eva Coll-Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿Por qué la economía circular no avanza igual en todas las regiones europeas? – https://theconversation.com/por-que-la-economia-circular-no-avanza-igual-en-todas-las-regiones-europeas-274097

