¿Es posible para los jóvenes profesionales ahorrar o invertir?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Dolores Lagoa Varela, Profesora del departamento de Empresa (Área: Economía Financiera) , Universidade da Coruña

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La pregunta resuena en cafeterías, cenas familiares y grupos de WhatsApp de recién graduados. ¿Es realista hablar de ahorro en un contexto inflacionario donde apenas llegamos a fin de mes? Según el INE, los menores de 25 años percibieron en 2024 un salario medio de 1 373 euros brutos mensuales, un 45 % menos que la media nacional.

La generación que entra ahora al mercado laboral enfrenta un panorama financiero radicalmente distinto al de sus padres y la aspiración de comprar vivienda antes de los treinta se ha convertido en inalcanzable para la mayoría. Según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, solo el 15,2 % de los jóvenes españoles logró emanciparse en 2024, el peor dato desde que existen registros. Pero renunciar por completo a la planificación financiera tampoco es una opción viable a largo plazo.

Entonces, ¿qué pueden hacer los jóvenes profesionales para construir un futuro económico? La respuesta exige abandonar la nostalgia del modelo de generaciones anteriores y pensar en una nueva estrategia: la transición de una economía de activos fijos a una de activos líquidos y capital humano.

El coste de oportunidad: reevaluando la liquidez

El pesimismo actual nace a menudo de medir la riqueza exclusivamente en metros cuadrados en propiedad. Es cierto que la barrera de entrada hipotecaria es alta. Según el Consejo de la Juventud, el precio medio de compraventa (197 210 euros) equivale a 14 años de salario juvenil, pero la obsesión por comprar vivienda a edades tempranas conlleva un coste de oportunidad considerable que raramente se evalúa.

Inmovilizar el grueso del capital disponible en una entrada para un activo con baja liquidez y apalancado en una sola ubicación geográfica constituye, desde la óptica de gestión de carteras institucionales, una estrategia de alta concentración de riesgo. Concentrar toda la riqueza en un único activo, en una única ciudad, denominado en una única divisa, violenta el principio más básico de la gestión prudente: la diversificación.

El joven profesional puede reevaluar el alquiler no como un gasto a fondo perdido, sino como el coste de la opcionalidad. En una economía global, la movilidad laboral es un activo estratégico. La capacidad de trasladarse a Barcelona, Berlín o Boston para multiplicar el salario no tiene precio. Adquirir una vivienda en una localización concreta ofrece estabilidad, pero puede limitar la agilidad para aprovechar oportunidades profesionales en otras ubicaciones, actuando como un ancla en momentos donde se requiere movilidad.

La arquitectura del riesgo: entendiendo el espectro

Si aceptamos que la vivienda no tiene por qué ser el primer paso obligatorio, ¿dónde se asigna eficientemente el excedente de capital? Aquí es donde el joven inversor debe pensar más como un gestor institucional y menos como un ahorrador tradicional.

Según los datos históricos del profesor Aswath Damodaran, aunque la renta variable diversificada (índices como S&P 500, IBEX35, CAC40, etc.) presenta mayor volatilidad a corto plazo, ofrece, sistemáticamente, retornos superiores en horizontes largos: aproximadamente un 9,8 % de beneficio anualizado (lo que ganaría cualquier inversión si el tiempo que se mantuviese fuese de un año) frente al 3,7 % aproximado de la vivienda física.

El dato más revelador es el del inversor promedio que, según los estudios de JPMorgan Asset Management, obtuvo solo un 3,1 % anual. ¿Por qué un inversor gana menos que el mercado? Según el inversor estadounidense Howard Marks, por los sesgos cognitivos: la euforia que invita a comprar en máximos y el miedo que provoca vender en mínimos. La estrategia ganadora exige no solo elegir el activo correcto (renta variable), sino eliminar el factor humano mediante la automatización.

El interés compuesto: cuando el tiempo trabaja para uno

Si el capital financiero es escaso al inicio de la carrera, el horizonte temporal es abundante. Aquí entra en juego la fuerza más poderosa de las finanzas: el interés compuesto (a grosso modo los intereses generados se suman al capital inicial y el nuevo monto genera nuevos intereses).

Un ejemplo sencillo ilustra este poder: 100 euros mensuales invertidos con rentabilidad del 7 % anual durante 30 años generan más de 120.000 euros, habiendo aportado solo 36 000. Los otros 84 000 euros provienen exclusivamente del interés compuesto, el rendimiento generando rendimiento.

Un joven de 23 años que invierte sistemáticamente cantidades modestas cuenta con una ventaja aritmética imposible de replicar por alguien de 45 años que invierte el triple: el factor exponencial del tiempo. Los mercados globales recompensan la paciencia del inversor de una manera que el ahorro tradicional no puede replicar.

El capital humano: una fuente de valor

La riqueza total de un joven no es solo lo que tiene en el banco hoy. Es eso más el valor presente de todos los salarios que generará durante su vida profesional. Un profesional que gane 30 000 euros anuales y trabaje 40 años generará 1,2 millones de euros en ingresos brutos, sin contar aumentos salariales. Según la Encuesta de Estructura Salarial del INE, los universitarios ganan de media 2 983 euros brutos mensuales frente a los 1 595 euros de quienes tienen estudios básicos; una diferencia del 87 %.

Si el capital humano es un activo conservador y estable, la cartera de inversión financiera debería actuar como contrapeso, asumiendo mayor exposición a activos de crecimiento. Además, la inversión con mayor retorno a los 25 años frecuentemente no está en los mercados financieros, sino en aumentar el valor del capital humano: formación especializada, certificaciones profesionales, desarrollo de habilidades técnicas. Un máster que incremente el salario un 20 % permanentemente tiene un retorno superior a cualquier fondo indexado.

Conclusión: optimismo estratégico

¿Es posible construir riqueza en el contexto actual? Absolutamente, pero requiere un cambio de paradigma mental. El éxito financiero del siglo XXI no pasa por replicar el modelo de los padres, sino por convertirse en un inversor global, flexible y disciplinado. Las herramientas actuales (fondos indexados de bajo coste, plataformas digitales y mercados globales accesibles), democratizan estrategias como la renta variable diversificada, que antes eran exclusivas de grandes patrimonios.

La vivienda no desaparece de la ecuación, simplemente deja de ser el primer paso obligatorio. Quizá llegue, cuando la situación profesional esté consolidada y se tenga claro dónde se quiere anclar la vida. El objetivo es que, para entonces, se haya podido acumular capital en los mercados globales y, esta parte es crucial, se haya maximizado el valor del capital humano.

No se necesita poseer una vivienda a los 25 para tener un futuro financiero sólido. Se necesita comprender tres principios:

  1. Diversificación (no concentrar todo la riqueza en un activo único).

  2. Tiempo (es la ventaja competitiva más poderosa que tienen los jóvenes).

  3. Capital humano (la capacidad de generar ingresos es el activo más valioso).

Ante la dificultad de acceso al mercado inmobiliario tradicional, la respuesta no pueden ser parálisis ni pesimismo, sino optimización estratégica. Esto no es resignación, es una adaptación inteligente a un mundo que ha cambiado.

Y la adaptación inteligente, históricamente, siempre ha sido la estrategia ganadora.

The Conversation

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ref. ¿Es posible para los jóvenes profesionales ahorrar o invertir? – https://theconversation.com/es-posible-para-los-jovenes-profesionales-ahorrar-o-invertir-275245