Vulvodinia: cuando el dolor íntimo no se ve y lo invade todo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marina Gómez de Quero Córdoba, Profesora Lectora en Grado en Enfermería, Universitat Rovira i Virgili

¿Qué ocurre cuando un dolor constante aparece en una de las zonas más íntimas del cuerpo y nadie sabe decirnos por qué? ¿Qué pasa cuando la causa de ese dolor no aparece en las pruebas, pero condiciona las decisiones del día a día?

Esto es lo que viven miles de mujeres con vulvodinia, un trastorno todavía poco conocido, infradiagnosticado y, con frecuencia, minimizado.

Un problema frecuente e invisible

Aunque durante años se ha considerado una enfermedad rara, hoy sabemos que afecta a entre un 10 % y un 28 % de las mujeres en edad fértil, especialmente a mujeres jóvenes. Aun así, sigue siendo un problema de salud invisible.

La vulvodinia se define como un dolor vulvar crónico, que se prolonga más de tres meses, y sin una causa orgánica claramente identificable. Puede manifestarse como ardor, escozor, pinchazos o una hipersensibilidad extrema al tacto. En muchos casos, aparece o se intensifica durante las relaciones sexuales, convirtiendo algo cotidiano en una fuente constante de miedo y sufrimiento.

En realidad, no tiene un único desencadenante. En su aparición influyen factores musculares (como la hipertonía del suelo pélvico), neuropáticos (debido a una lesión en el sistema nervioso), inflamatorios, hormonales, genéticos y psicológicos. Por ello, ningún tratamiento aislado suele ser suficiente.

Los mejores resultados se obtienen con un abordaje interdisciplinar que combine educación sanitaria, fisioterapia del suelo pélvico, tratamiento farmacológico individualizada, estrategias de autocuidado y apoyo psicológico. Dicho enfoque mejora de forma clara la funcionalidad, el bienestar emocional y la calidad de vida.

Cuando el diagnóstico llega tarde… o no llega

Sin embargo, los beneficios de esa estrategia acostumbran a llegar tarde, si es que llegan. Uno de los mayores problemas de la vulvodinia es que no existe una prueba específica que la confirme: el diagnóstico se realiza descartando otras patologías. Esto provoca que muchas mujeres pasen años entrando y saliendo de consultas sin una respuesta clara.

Durante ese tiempo, las pacientes reciben reiteradamente tratamientos para candidiasis, infecciones urinarias o vaginismo, sin que el dolor desaparezca. Cada intento fallido refuerza una idea peligrosa: “no hay nada”, “todo está bien”, “quizá sea psicológico”.

Pero además, dichos tratamientos incluso pueden aumentar los síntomas: el ciclo de dolor se identifica con la acción de medicamentos como antifúngicos, administrados por vía oral y vía tópica, que repercuten en la flora y sensibilidad de la vagina.

Cuanto más tiempo pasa sin una explicación, más se alarga el dolor y mayor es el impacto emocional. Además, puede existir sesgo de género: el dolor femenino tiende a banalizarse o atribuirse a causas menstruales o emocionales, lo que contribuye a agravar el problema.

Una de las recomendaciones más clásicas es usar lubricante antes o durante las relaciones sexuales, lo cual asocia el dolor a la sequedad o a las propias relaciones.

Un dolor que condiciona la vida cotidiana

La evidencia científica es clara: la vulvodinia reduce de forma significativa la calidad de vida. Una revisión reciente realizada por nuestro equipo de investigación y publicada en Journal of Clinical Medicine mostró que las mujeres con vulvodinia presentan perores resultados a nivel físico, psicológico y social.

En el plano físico, el dolor constante interfiere con actividades tan básicas como sentarse durante mucho tiempo, caminar, hacer ejercicio o vestir ropa ajustada. Muchas afectadas modifican su postura o evitan determinadas situaciones por miedo a que el dolor empeore. Vivir en “modo alerta” acaba agotando el cuerpo.

A esto se suma la dispareunia (el dolor durante las relaciones sexuales), uno de los síntomas más frecuentes y que lleva a que muchas mujeres eviten practicar el sexo. No se trata solo del dolor en sí, sino de la anticipación: el miedo a que vuelva a aparecer condiciona la intimidad y la relación con el propio cuerpo. Esto puede generar incomprensión, distancia emocional y conflictos en la pareja.

También es interesante comprobar que otras mujeres –tras años (una media de cuatro) sin un diagnóstico claro– llegan a normalizarlo y siguen manteniendo relaciones sexuales a pesar de las molestias.

Ansiedad, frustración y una autoestima que se resiente

En general, el impacto psicológico de la vulvodinia es profundo. Los estudios muestran altas tasas de ansiedad, depresión y estrés crónico. El dolor persistente desgasta, agota y genera una sensación constante de pérdida de control sobre el propio cuerpo.

Muchas mujeres describen sentimientos de culpa, vergüenza o frustración. La falta de respuestas claras y de tratamientos eficaces favorece la aparición de ansiedad anticipatoria: el miedo al dolor puede crear un círculo difícil de romper. Es importante tener este sufrimiento emocional en cuenta, pues sería una consecuencia directa del infradiagnóstico y de la falta de reconocimiento del problema.

Por otro lado, quienes no han cumplido su deseo de tener hijos muestran un estado de ansiedad y frustración todavía más alto. Llegan a dejar de lado lo que supone el placer de las relaciones con su pareja, poniendo el foco en cómo lograr un embarazo. Sería interesante conocer qué porcentaje de mujeres recurren a técnicas de reproducción asistida por imposibilidad de concebir una relación sexual placentera. Y todo ello como consecuencia de un diagnóstico tardío.

Hacer visible lo que durante años se ha silenciado

La vulvodinia existe y duele. Condiciona la vida de miles de mujeres. Reconocerla es el primer paso para reducir un sufrimiento innecesario y prolongado. Formar a los profesionales sanitarios, escuchar a las pacientes y dejar de normalizar el dolor femenino no es opcional: es una responsabilidad colectiva por parte de los equipos sanitarios.

Visibilizar la vulvodinia no solo mejoraría el diagnóstico: también ayudaría a las mujeres a legitimar su dolor y afrontar la posibilidad real de recuperar su bienestar físico, emocional y afectivo.

The Conversation

Marina Gómez de Quero Córdoba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vulvodinia: cuando el dolor íntimo no se ve y lo invade todo – https://theconversation.com/vulvodinia-cuando-el-dolor-intimo-no-se-ve-y-lo-invade-todo-273035