A las marismas de Doñana podrían quedarles 60 años de vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emilio Ramírez Juidías, Tenured Lecturer at University of Seville (Spain). Founding member of the knowledge-based company RS3 Remote Sensing S.L.., Universidad de Sevilla

Caballos pastando en las marismas de Doñana. Right Perspective Images/Shutterstock

Las marismas de Doñana constituyen uno de los ecosistemas más valiosos de Europa. Situadas en el suroeste de la península ibérica, actúan como refugio para cientos de especies de aves migratorias, regulan el ciclo natural del agua y desempeñan un papel clave en el equilibrio ecológico del territorio. Sin embargo, este paisaje emblemático se encuentra hoy en una situación crítica.

Un humedal único que se está secando

Los datos científicos más recientes indican que Doñana está perdiendo agua a un ritmo constante y preocupante. Si esta tendencia continúa, las marismas podrían desaparecer en torno a 60 años, transformándose en un territorio seco e incapaz de cumplir las funciones ecológicas que lo han caracterizado durante siglos. Esta previsión no es alarmismo: es el resultado de un análisis riguroso basado en observaciones satelitales y modelos científicos.

Imágenes del proyecto Aplicación del tratamiento digital de imágenes para el monitoreo de recursos hídricos en línea con la Agenda 2030.
Emilio Ramírez.

Lo que los satélites nos dicen

Durante décadas, el seguimiento de los humedales se ha basado principalmente en observaciones de campo. Hoy, la tecnología permite ir mucho más allá. Gracias a los satélites del programa europeo Copernicus, en particular Sentinel-2, es posible observar con gran detalle la presencia de agua superficial y su evolución en el tiempo.

A partir de estas imágenes, se ha desarrollado un índice espectral específico (WIMI, Water Inference Moisture Index o Índice de Humedad de Inferencia de Agua) que permite detectar con precisión las zonas inundadas y medir cómo varía el agua en la marisma año tras año.

Zona de marismas en el Parque Natural de Doñana, en 1999.
Wikimedia Commons., CC BY-NC-SA

El análisis de largas series temporales revela una tendencia clara: la superficie inundada disminuye progresivamente, incluso en años que no pueden considerarse excepcionalmente secos.

Este enfoque, apoyado además en técnicas de aprendizaje automático, permite identificar patrones que antes pasaban desapercibidos. La conclusión es inequívoca: Doñana se está secando de forma estructural, no puntual.

Las causas: menos lluvia y más presión humana

El deterioro de las marismas de Doñana responde a una combinación de factores naturales y humanos. El primero es el cambio climático. En el sur de la península ibérica, las precipitaciones han disminuido en las últimas décadas y, cuando llueve, lo hace de forma más irregular. Esto reduce la recarga natural tanto de las marismas como de los acuíferos que las alimentan.

A este problema se suma la sobreexplotación de las aguas subterráneas. El crecimiento de la agricultura intensiva en el entorno de Doñana ha incrementado la extracción de agua, muchas veces por encima de la capacidad de recuperación del sistema.

Aunque no siempre visible, esta pérdida de agua subterránea tiene un efecto directo sobre la marisma, que depende del equilibrio entre agua superficial y freática.

Imágenes Sentinel-2 L2A del índice WIMI (valores en mm/h): (a) 10 de marzo de 2016, (b) 24 de enero de 2017, (c) 17 de abril de 2018, (d) 15 de febrero de 2019, (e) 24 de mayo de 2020, (f) 3 de enero de 2021, (g) 15 de febrero de 2022, (h) 19 de diciembre de 2023 y (i) 9 de abril de 2024. La línea azul representa las marismas de Doñana.
Emilio Ramírez, a partir del VI Informe de Expertos en Cambio Climático (2021)

Por último, el aumento de las temperaturas incrementa la evaporación, lo que acelera la pérdida de agua y agravando aún más el desequilibrio hídrico.

Consecuencias ecológicas de un humedal herido

La pérdida progresiva de agua en las marismas de Doñana tiene consecuencias ecológicas profundas, acumulativas y, en muchos casos, irreversibles. Las lagunas temporales, que constituyen uno de los elementos clave del sistema marismeño, dependen de ciclos naturales de inundación y desecación para mantener su biodiversidad. Cuando estos ciclos se acortan o se interrumpen, muchas especies no logran completar sus fases reproductivas.

Anfibios, macroinvertebrados acuáticos y plantas hidrófilas ven reducido su hábitat disponible, lo que provoca una simplificación progresiva del ecosistema.

Las aves acuáticas y migratorias se encuentran entre los grupos más afectados. Doñana ha funcionado históricamente como un enclave estratégico en las rutas migratorias entre Europa y África, ofreciendo alimento y descanso en momentos críticos del año.

La reducción de la superficie inundada disminuye la disponibilidad de recursos tróficos y de refugio, lo que obliga a muchas especies a modificar sus rutas, concentrarse en zonas cada vez más limitadas o abandonar el humedal. Estas alteraciones no solo afectan a Doñana, sino que tienen repercusiones a escala continental.

Un regulador natural de sequías

Además, la desaparición de la marisma implica la pérdida de un regulador natural frente a eventos extremos. Un humedal sano amortigua inundaciones, almacena carbono y contribuye a la estabilidad climática local.

Por el contrario, la degradación del sistema reduce su capacidad para retener agua durante episodios de lluvias intensas y para liberarla de forma gradual en periodos secos, aumentando así la vulnerabilidad del territorio frente a sequías prolongadas y fenómenos meteorológicos extremos.

A estas consecuencias, se suma la degradación progresiva del suelo y de los procesos biogeoquímicos asociados al humedal. La pérdida de humedad favorece la oxidación de los sedimentos, altera la disponibilidad de nutrientes y puede incrementar la salinización del terreno, dificultando la regeneración natural del ecosistema, incluso, en escenarios futuros de recuperación hídrica. Este deterioro del sustrato compromete la resiliencia del sistema y reduce su capacidad de respuesta ante medidas de restauración.

En términos ecológicos, Doñana no se estaría “transformando”, sino colapsando como sistema funcional.

Aún estamos a tiempo de evitarlo

El horizonte de 60 años no es una fecha escrita en piedra. Es una advertencia basada en datos actuales que puede cambiar, si se toman decisiones valientes y urgentes. La misma tecnología que permite detectar el problema ofrece también una herramienta poderosa para evaluar soluciones y medir su eficacia en tiempo real.

Reducir la extracción de agua subterránea, restaurar el funcionamiento natural del acuífero, apostar por una agricultura verdaderamente sostenible y reforzar las políticas de adaptación al cambio climático son medidas imprescindibles. Pero también lo es asumir que Doñana no puede seguir soportando la presión actual.

Salvar sus marismas no es solo conservar un espacio natural emblemático: es decidir qué modelo de gestión del agua y del territorio queremos para el futuro. Los datos científicos ya han hablado.

Ahora, la respuesta debe ser política y social.

The Conversation

Emilio Ramírez Juidías no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. A las marismas de Doñana podrían quedarles 60 años de vida – https://theconversation.com/a-las-marismas-de-donana-podrian-quedarles-60-anos-de-vida-272461