Source: The Conversation – (in Spanish) – By Noah Eliot Vanderhoeven, PhD Candidate, Political Science, Western University
Los Juegos Olímpicos de este invierno no serán un evento deportivo internacional normal. Una nube de tensión geopolítica se cierne sobre las competiciones en Milán-Cortina, así como sobre la próxima Copa Mundial de Fútbol Masculino de la FIFA.
La tensión se intensificó tras el discurso del primer ministro Mark Carney en Davos, donde expuso su visión de un nuevo orden mundial para las potencias medias. Esto contrastó claramente con el discurso del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien siguió expresando su interés en adquirir Groenlandia.
Como resultado, es probable que los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 perturben de manera singular el objetivo declarado por el Comité Olímpico Internacional de que el deporte una al mundo bajo una misma bandera. En lugar de silenciar el conflicto político, los Juegos podrían amplificarlo.
La política detrás de los anfitriones
La misión unificadora de los Juegos Olímpicos se sitúa en una posición incómoda, sobre todo si se tienen en cuenta debates pasados sobre la moralidad de celebrarlos en Estados represivos. Durante décadas, los críticos han argumentado que esos regímenes utilizan los Juegos para mejorar su imagen global y promover sus objetivos políticos y económicos.
Los eventos deportivos internacionales proporcionan una amplia cobertura mediática y exposición de marca. Esa atención es especialmente atractiva para quienes buscan legitimidad en la escena mundial. El acceso a una audiencia occidental brinda a estos Estados la oportunidad de “lavar su imagen” a través de una percepción cuidadosamente construida.
Los regímenes represivos han recurrido cada vez más a esta estrategia. Las investigaciones muestran que la proporción de eventos deportivos internacionales organizados por autocracias se redujo del 36 % en 1945-1988 al 15 % en 1989-2012, pero ha repuntado hasta el 37 % desde 2012.
El lavado deportivo y el acuerdo olímpico
El sportswashing, o lavado deportivo, consiste en utilizar el deporte para desviar la atención del público de conductas poco éticas. En el caso de los eventos internacionales, el objetivo suele ser mejorar la reputación del país anfitrión utilizando la inmensa popularidad del deporte para “evitar” el escrutinio relacionado con los abusos de los derechos humanos o el retroceso democrático.
El lavado deportivo también puede servir para establecer una mayor aceptación global de los regímenes represivos, especialmente cuando las instituciones occidentales aceptan su riqueza y consienten sus objetivos.
Las organizaciones deportivas internacionales también se benefician de este acuerdo. Los anfitriones autoritarios son más propensos a aceptar la construcción de costosas instalaciones deportivas de un solo uso, ya que no se enfrentan a las repercusiones que puede tener en una democracia el utilizar fondos públicos para un evento que reporta pocos beneficios a los ciudadanos.
En algunos casos, estos regímenes incluso han estado dispuestos a sobornar a funcionarios con el objetivo de obtener los votos necesarios para ganar las licitaciones para albergar estos eventos deportivos.
Del lavado deportivo al nacionalismo
A menudo existe una relación simbiótica entre los regímenes represivos y las organizaciones deportivas internacionales. Sin embargo, es poco probable que el evento de Milán-Cortina sirva para el lavado deportivo que hemos visto recientemente. En cambio, es posible que los relatos políticos de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 sean más explícitamente nacionalistas.
El deporte es un poderoso vehículo para la retórica nacional. Puede reforzar la identidad social de una persona o la forma en que se percibe a sí misma en relación con los demás. Así, anima a la gente a verse como miembros de un equipo o de un país, celebrando la victoria como un éxito colectivo o interpretando la derrota como una pérdida simbólica.
El deporte también posee un fuerte simbolismo que puede ser explotado para construir una identidad de país. Por ello, esta identidad conecta con formas primitivas de ideología nacional.
Tensiones políticas de cara a Milán-Cortina
En el período previo a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026, una serie de conflictos geopolíticos ha intensificado las tensiones en torno al evento. Entre ellos se incluyen la invasión estadounidense de Venezuela, el deseo de Trump de anexionar tanto Groenlandia como Canadá a Estados Unidos y sus continuas disputas comerciales con quienes eran aliados tradicionales.
Ya sea por la tensión entre la Unión Europea y Estados Unidos o entre estos y Canadá, hay muchas historias que pueden reactivar la retórica nacionalista.
El campeonato de hockey sobre hielo 4-Nations Face-Off, que Canadá ganó hace un año, demostró lo rápido que se puede movilizar el nacionalismo canadiense en medio de tensas negociaciones comerciales con Estados Unidos. Cualquier partido olímpico de hockey sobre hielo entre ambos alimentará la imaginación nacional de los dos países y de sus líderes políticos.
Dinamarca y Estados Unidos también están en el mismo grupo en el torneo masculino de hockey sobre hielo, lo que significa que tendrán que enfrentarse entre sí en la fase de liguilla.
El torneo masculino de hockey sobre hielo de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1980 en Lake Placid, Nueva York, supuso un momento crucial en la Guerra Fría. Cuando Estados Unidos, el equipo que nadie creía que podría ganar, venció a los favoritos, el Ejército Rojo de la Unión Soviética, se consideró un “milagro sobre el hielo”.
Dadas las amenazas de Trump contra Groenlandia, un territorio danés, el enfrentamiento olímpico entre los dos equipos podría servir como el propio “milagro sobre el hielo” de Dinamarca.
Un medallero propicio para la manipulación política
Más allá del hockey sobre hielo, todo apunta a que estos Juegos Olímpicos de Invierno serán fructíferos para Estados Unidos, ya que los equipos de Noruega y Rusia, que suelen ser los favoritos, están inmersos en diferentes problemas.
Noruega, líder histórico en medallas de los Juegos Olímpicos de Invierno, y tradicionalmente una potencia en los deportes nórdicos y las pruebas de esquí, se enfrenta a un enorme escándalo por haber hecho trampas en el salto de esquí. Por su parte, los atletas rusos siguen sin poder competir bajo su bandera nacional debido a la guerra en Ucrania y solo se les permite participar como atletas individuales neutrales previamente seleccionados.
Es probable que Trump le dé mucha importancia a cualquier buen resultado de Estados Unidos, comparando cualquier éxito con los de la UE y Canadá.
Durante su segundo mandato, Trump ha recibido a numerosos atletas en la Casa Blanca y ha vinculado públicamente el éxito deportivo con la fortaleza nacional. Celebró la participación estadounidense en la Ryder Cup de golf y el 4-Nations Face-Off, incluso cuando Estados Unidos fue derrotado en ambas.
Por lo tanto, el éxito de los Juegos Olímpicos de Invierno podría proporcionar capital político en un momento delicado. En medio de su ataque a Venezuela y su objetivo declarado de adquirir Groenlandia, los principales países futbolísticos y los poderosos de la UE –entre ellos Francia y Alemania– han hecho tentativas de reconsiderar su participación en la Copa Mundial Masculina de 2026, organizada en gran parte por Estados Unidos.
Pero primero, los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 ofrecerán una serie de enfrentamientos que servirán a los objetivos nacionalistas de Trump, Carney y los líderes de la Unión Europea.
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Noah Eliot Vanderhoeven no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. La geopolítica que se oculta tras los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 – https://theconversation.com/la-geopolitica-que-se-oculta-tras-los-juegos-olimpicos-de-invierno-de-milan-cortina-2026-275161
