Estimulación del nervio vago para reducir el estrés: ¿de verdad funciona?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Hilmar Petur Sigurdsson, Postdoctoral research associate in neuroimaging and neurodegeneration, Universidad Miguel Hernández

La respiración profunda podría ser una manera indirecta de estimular el reino vago. DexonDee/Shutterstock

¿Alguna vez se ha rascado el interior de la oreja y de repente ha sentido la necesidad de toser? Eso es que le ha dado a su nervio vago, el más largo de los nervios craneales, un pequeño empujón involuntario. En los últimos tiempos, los investigadores han estado explorando formas de estimularlo para influir en el sistema nervioso central. No es un interés infundado, ya que interviene en una amplia gama de funciones cerebrales y corporales.

Al mismo tiempo, se ha convertido en una estrella de las redes sociales, donde abundan los consejos para mejorar su función mediante métodos como el yoga, la atención plena o mindfulness, la exposición al agua fría y la técnica del humming (emitir una especie de zumbido al exhalar el aire), que supuestamente alivian el estrés y la ansiedad.

Pero para comprender lo que la estimulación del nervio vago puede y no puede hacer, primero debemos entender de qué estamos hablando.

Un maravilloso vagabundo

El nervio vago recorre ambos lados del cuerpo desde el tronco cerebral hasta el tórax y el abdomen, donde se ramifica como un viejo roble hacia las vías respiratorias (de ahí la posible necesidad de toser cuando es estimulado), el corazón, los pulmones y el estómago. Su nombre proviene del latín vagus, que significa “errante”, porque, de forma literal, vaga por el cuerpo.

Representación anatómica del nervio vago
Representación del nervio vago, que parte del cerebro y se ramifica por distintos órganos del cuerpo.
Axel_Kock/Shutterstock

Como parte importante del sistema nervioso parasimpático, ayuda a calmar el cuerpo después de una situación de estrés: cuando se activa, ralentiza el ritmo cardíaco, reduce la presión arterial y señala que es seguro dejar de pisar el acelerador (respuesta de “lucha o huida”) y pasar a una velocidad de crucero más tranquila (descanso y digestión).

Aunque parte de la información circula a través del nervio vago desde el cerebro al cuerpo, la mayoría del tráfico se dirige hacia arriba, transmitiendo al cerebro datos sobre la inflamación, la digestión y el estrés persistente. Esta comunicación bidireccional es importante y sirve principalmente para mantener la homeostasis, el proceso de autorregulación que mantiene la estabilidad en el interior de nuestro organismo.

Pero si el nervio vago es en su mayor parte automático y trabaja intensamente entre bastidores, ¿por qué necesitaríamos “estimularlo” para corregir el estrés u otras dolencias psicológicas?

¿Cómo se puede estimular el nervio vago?

Mucho antes de que el nervio vago se convirtiera en objeto candente de estudio y suscitara debates online, los investigadores ya estaban explorando formas de estimularlo.

Uno de los primeros intentos documentados se remonta a la década de 1880. En aquella época, se creía que la epilepsia se debía a un flujo sanguíneo excesivo al cerebro. Guiado por esta creencia, el neurólogo estadounidense Leornard J. Corning intentó reducir la actividad convulsiva mediante la estimulación eléctrica del nervio vago. Corning pretendía ralentizar el corazón y limitar el flujo sanguíneo cerebral aplicando breves pulsos en el cuello del paciente con una horquilla en forma de Y.

Hoy en día, el nervio vago se puede estimular de dos maneras. La más directa es usar un dispositivo implantado, similar a un marcapasos, que se coloca bajo la piel con pequeños cables envueltos alrededor del nervio. Dado que requiere cirugía, suele reservarse para casos de epilepsia grave o depresión clínica que no han respondido a los tratamientos convencionales.

La mayoría de las investigaciones en curso se centran, en cambio, en técnicas no invasivas mediante dispositivos externos. Indoloras y fáciles de usar, estas herramientas han despertado un gran interés en el ámbito de la salud mental y otros trastornos neurológicos. Incluso se ha aprobado en Europa un tratamiento basado en ellas para tratar la cefalea en racimos y la migraña.

Los resultados iniciales son prometedores, pero dispares: algunos metaanálisis informan de beneficios, como la reducción de la intensidad de la migraña, mientras que otros encuentran efectos más limitados o inconsistentes.

Es importante destacar que, aunque se sigue trabajando para comprender quiénes pueden beneficiarse de dicha estimulación, las investigaciones han demostrado que los dispositivos externos tienen un alto perfil de seguridad, una de las razones por las que se han convertido en un área de investigación tan activa.

En busca del equilibrio

Además de sus aplicaciones consolidadas en epilepsia y depresión resistente, la estimulación del nervio vago se está investigando como una herramienta complementaria para tratar síntomas relacionados con el estrés y la regulación del sistema nervioso autónomo.

El estrés es una parte inevitable de la vida cotidiana, pero cuando se vuelve crónico acarrea costes fisiológicos. Su activación prolongada puede contribuir a una amplia gama de problemas de salud mental y física, como la ansiedad, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, el debilitamiento del sistema inmunitario y un deterioro general del bienestar mental.

Esta es una de las razones por las que el nervio vago ha atraído tanta atención tanto en la medicina como en la cultura del bienestar: desempeña un papel fundamental en el restablecimiento del equilibrio autonómo. Al ralentizar el corazón y atenuar la respuesta de lucha o huida, ayuda a que el cuerpo vuelva a un estado más tranquilo y regulado.

El interés está doblemente justificado. En primer lugar, la estimulación de nuestro protagonista afecta a la actividad de las regiones del cerebro fundamentales para la regulación emocional, como la corteza prefrontal y las estructuras límbicas. En segundo lugar, puede influir en la liberación de sustancias químicas como la noradrenalina, la serotonina y la acetilcolina, esenciales para el estado de ánimo, la atención, la estabilidad emocional y el control muscular.

Aunque las pruebas de la reducción directa del estrés parecen positivas, hay que tener en cuenta que el estrés en sí mismo es difícil de cuantificar de forma fiable.

Estimulación del nervio vago y función cardiovascular

Otro aspecto a tener en cuenta es que el nervio vago actúa como el freno principal del corazón, contrarrestando la excitación simpática después del estrés.

Los investigadores suelen utilizar la variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC) –la fluctuación natural en el tiempo entre los latidos del corazón– para indexar esta capacidad reguladora. Una VFC más alta suele reflejar un sistema autónomo más resistente y adaptable. Dado que el nervio vago contribuye a esta variación, la VFC se toma a veces como un indicador del “tono vagal”.

Sin embargo, este parámetro está determinado por muchos factores, como el patrón respiratorio, la edad, la forma física y el estado emocional, por lo que su interpretación requiere precaución. Aun así, algunos hallazgos son prometedores. Un estudio reciente informó de que la estimulación del nervio vago mejoraba la regulación cardiovascular en personas con trastorno de estrés postraumático, aunque muchos otros ensayos solo muestran efectos modestos o incluso nulos.

Estimulación en casa, ¿funciona?

En cuanto a las prácticas citadas al principio del artículo, muchas no estimulan directa ni específicamente el nervio vago, pero sí activan de forma más general el sistema nervioso parasimpático. Por ello suelen describirse como formas de “reiniciar” el nervio vago y promover estados de calma.

Este creciente interés público ha sido destacado en artículos recientes que explican cómo esos comportamientos pueden influir indirectamente en la actividad vagal, sin constituir una estimulación dirigida del nervio. Sin embargo, aún se desconoce si los efectos son equivalentes a los de la estimulación clínica del nervio vago.

Dicho esto, prácticas cotidianas como la respiración lenta y profunda, el yoga y las técnicas de relajación son indudablemente eficaces para ayudar al cuerpo a desconectar, promover estados de calma y ofrecer un respiro frente a las exigencias constantes de la vida diaria.

Un director de orquesta

En definitiva, el nervio vago desempeña un papel central en el mantenimiento del equilibrio del cuerpo, vinculando el bienestar físico y emocional. Al igual que un director que guía una orquesta, ayuda a que los diferentes sistemas trabajen juntos en un ritmo compartido.

La estimulación del nervio vago puede ser beneficiosa en determinados contextos clínicos. Al mismo tiempo, actividades cotidianas como la respiración controlada, la atención plena, el yoga y el sueño constante suelen tener una gran influencia en la regulación del estrés, ya que favorecen estas mismas vías de relajación.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Estimulación del nervio vago para reducir el estrés: ¿de verdad funciona? – https://theconversation.com/estimulacion-del-nervio-vago-para-reducir-el-estres-de-verdad-funciona-270587