Hablar para ser escuchado: ¿por qué el discurso de Mark Carney se ha convertido ya en un ejemplo de comunicación creativa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Caballé May, Profesor de creatividad, storytelling y comunicación política creativa, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Mark Carney, presidente de Canadá, durante su intervención en el Foro Económico Mundial el pasado 20 de enero. World Economic Forum/Ciaran McCrickard

Cada año, el Foro Económico Mundial de Davos se convierte en un escenario privilegiado para fijar agendas globales. Pero también en un espacio profundamente saturado de discursos, informes y grandes palabras. Un lugar donde la atención no está garantizada: se disputa.

Por eso resulta especialmente relevante el discurso que el pasado día 20 de enero pronunció el primer ministro de Canadá, Mark Carney. No solo por su contenido político y económico, sino por cómo está construido para merecer atención en un contexto donde la escucha no se presupone, se gana.

Antes de seguir leyendo, conviene escuchar el discurso completo. Solo así puede apreciarse hasta qué punto su eficacia no reside únicamente en lo que dice, sino en cómo está pensado para ser escuchado y recordado.

Fuente: Grupo REFORMA.

Poner la creatividad en el centro

Lejos de improvisar o limitarse a una exposición técnica, Carney ofrece un discurso cuidadosamente trabajado desde el punto de vista narrativo. Aplica recursos propios del storytelling, el copywriting y la escritura de guion para convertir mensajes complejos en relatos comprensibles, memorables y capaces de conectar con el público.

No se trata de adornar el contenido ni de buscar el aplauso fácil. Es una muestra de que la comunicación creativa, cuando se usa con responsabilidad, puede ser una herramienta poderosa para mejorar el debate público. Especialmente cuando el contexto invita más al ruido que a la reflexión.

¿Por qué competir por la atención cuando puedes merecerla?

Ante la saturación informativa, muchos discursos optan por gritar más fuerte, simplificar en exceso o provocar artificialmente para destacar. El discurso de Carney sigue una lógica distinta.

No acelera, no dramatiza ni busca el titular inmediato. Su estrategia es otra: renunciar a competir por la atención para construir relevancia. Asume que la audiencia de Davos es exigente, diversa y saturada, y que solo escuchará aquello que perciba como claro, coherente y respetuoso.

Esta elección no es ingenua. Implica aceptar que no todo mensaje será escuchado, pero también confiar en la capacidad del público para seguir un razonamiento complejo si se presenta de forma comprensible y cautivadora.

En lugar de gritar, Carney quiere interesar.

Un discurso, una idea

Una de las reglas básicas de cualquier buen discurso es tener claro qué se quiere comunicar. No acumular mensajes, sino articular una idea central capaz de sostener todo el relato. La idea madre puede cobijar otras ideas subsidiarias, pero el mensaje debe ser claro y reconocible.

Carney inicia su intervención con una idea directa y poderosa que vertebra todo el discurso: “Nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición”. No cambia de tema, no abre nuevos debates, no dice nada que no refuerce la idea.

Esta coherencia no solo aporta claridad, también genera credibilidad. El oyente percibe que hay una dirección clara y que cada argumento cumple una función dentro del conjunto.

Hablar de tú a tú

Otro de los rasgos más llamativos del discurso es su tono. Carney habla desde una posición de autoridad institucional, pero evita el registro distante o grandilocuente.

Utiliza frases directas, un lenguaje accesible y un “nosotros” inclusivo que implica a la audiencia en el diagnóstico y en la responsabilidad compartida.

En comunicación pública, la autoridad no se impone solo por el cargo: se construye a través de la confianza. Y la confianza nace, en buena medida, de la sensación de estar ante alguien que habla al que escucha y no se pone por encima de él.

Algunos gestos refuerzan esa cercanía. Iniciar el discurso en francés antes de pasar al inglés funciona como un gesto simbólico de un país con dos lenguas oficiales y en un contexto global. Expresiones como “todos en esta sala sabemos que…” construyen un marco compartido que refuerza la complicidad y la credibilidad del orador.

Storytelling y metáforas para hacer comprensible lo complejo

Carney aborda cuestiones abstractas y de gran escala: el orden internacional, el poder, la democracia, la economía global. Podría hacerlo desde un lenguaje técnico o normativo, pero opta por convertir lo abstracto en experiencia compartida mediante historias, analogías y referencias culturales.

Las metáforas no simplifican el contenido, lo hacen imaginable. Ayudan a organizar el pensamiento de la audiencia y a dotar de sentido ideas complejas. No recordamos datos aislados, recordamos historias. Podemos olvidar un discurso, pero no cómo nos hizo sentir.

Un ejemplo claro es la referencia a Václav Havel, que da respuesta a la pregunta: ¿cómo se mantenía el sistema comunista? Es la historia del tendero que coloca el cartel de “¡Proletarios de todos los países, uníos!” en su escaparate sin creer en él.

Esa historia sirve para explicar una idea compleja: que el poder de un sistema no reside en su verdad, sino en la voluntad colectiva de actuar como si lo fuera. Y que su fragilidad comienza cuando alguien deja de fingir.

Carney la recupera más tarde (se llama callback narrativo) cuando afirma que “entendemos que esta ruptura exige algo más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal y como es. Estamos quitando el cartel de la ventana”, usando la metáfora para anclar la idea de forma coherente y profunda.

Otra metáfora poderosa como “las potencias medias deben actuar juntas. Si no estás en la mesa, estás en el menú” condensa en una frase comprensible una lógica geopolítica compleja.

Recursos creativos, oratoria y retórica

Desde el punto de vista formal, el discurso está cuidadosamente construido. Aparecen recursos habituales de la escritura creativa que cumplen una función cognitiva: ordenar la información, jerarquizar ideas y facilitar la memoria.

Carney utiliza anáforas para dar ritmo (“nos unimos…”, “nos elogiamos…”, “nos beneficiamos…”), contrastes para dirigir la atención (“una ruptura, no una transición”) y quiasmos que refuerzan el mensaje (“no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza”).

El uso de tríadas, paralelismos y repeticiones aporta claridad y facilita la escucha. Estas técnicas no buscan lucimiento estilístico. Cuando están bien aplicadas, pasan desapercibidas. El oyente no piensa que el discurso está bien escrito, piensa que lo entiende.

Emoción sin populismo

El uso de emoción en discursos políticos suele generar recelos. Sin embargo, no existe comunicación significativa sin un mínimo de conexión emocional. Emoción y manipulación no son lo mismo.

Carney activa emociones como la preocupación compartida, la responsabilidad colectiva o una esperanza prudente. Evita deliberadamente otras más polarizadoras, como el miedo o la ira.

La emoción no sustituye al argumento, lo acompaña y lo hace accesible. Como recordaba Eduard Punset, “las palabras generan imágenes, consolidan marcos y son la antesala de las emociones. Las emociones son la comprensión”.

Lo que queda cuando termina el discurso

Más allá del aplauso inmediato o del impacto mediático, la pregunta clave es otra: ¿qué queda cuando el discurso termina?

Comunicar no es solo transmitir información, sino contribuir a construir marcos de interpretación compartidos. Las palabras no solo describen el mundo, también lo configuran.

Carney no ofrece soluciones cerradas ni promesas grandilocuentes. Ofrece un marco desde el que pensar los desafíos globales y la responsabilidad de quienes los afrontan.

El discurso del primer ministro canadiense en Davos demuestra que la creatividad no es patrimonio de la publicidad ni un adorno estético. Es una herramienta democrática cuando se pone al servicio de la comprensión, la responsabilidad y el respeto por la ciudadanía.

Es la herramienta que puede convertir un buen discurso en un gran discurso.

En un tiempo en el que muchos buscan solo ocupar espacio, algunos todavía aspiran a ayudar a comprender, ordenar ideas y activar emociones responsables.

En comunicación institucional, comunicar bien no es solo una cuestión de estilo: es una forma de liderar. Y la creatividad, su mejor aliada para conectar de forma genuina con la ciudadanía.

The Conversation

Jordi Caballé May no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Hablar para ser escuchado: ¿por qué el discurso de Mark Carney se ha convertido ya en un ejemplo de comunicación creativa? – https://theconversation.com/hablar-para-ser-escuchado-por-que-el-discurso-de-mark-carney-se-ha-convertido-ya-en-un-ejemplo-de-comunicacion-creativa-274231