Aristóteles abrió un mejillón hace 2 000 años… y vio algo que seguimos estudiando hoy

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Aristóteles y Alejandro Magno. Charles Laplante.

En el siglo IV a.C., Aristóteles realizó las primeras observaciones científicas detalladas sobre mejillones mediterráneos en su Historia Animalium (Historia de los animales).

El filósofo griego los denominó μύες (myes) y describió con una precisión sorprendente una estructura que milenios después la ciencia identificaría como proteica: el biso, un conjunto de filamentos proteicos que segregan ciertos moluscos bivalvos para adherirse al sustrato y que históricamente se obtuvo de la nacra (Pinna nobilis) para producir tejidos conocidos como seda marina. En el pasaje IV, 5, 528b, escribió: «οἱ δὲ μύες προσπέφυκασι ταῖς πέτραις καὶ ἐκ τῶν μορίων ἔξω τινα ἔχουσιν, ἐξ ὧν ἀφίενται τὸν ἰσχὺν ὅσον προσκεῖσθαι ταῖς πέτραις». Es decir: «Los mejillones están adheridos a las rocas y poseen una parte del cuerpo que sobresale, de la cual producen un hilo con el que se aferran firmemente a ellas».

Historia animalium de Aristóteles, edición de 1619.
Wikimedia Commons., CC BY

La precisión de Aristóteles al describir el biso, confirmada dos mil años después por investigaciones contemporáneas sobre proteínas adhesivas, demuestra que la observación rigurosa puede trascender las limitaciones tecnológicas de su época.

En la misma obra, también identificó correctamente que los mejillones se alimentan filtrando el agua, una observación que anticipa el concepto moderno de organismos filtradores marinos.

Bivalvos en la literatura clásica

Muchas de las categorías establecidas por Aristóteles coinciden notablemente con las clasificaciones actuales. Los μύες (myes) eran mejillones, que en el Mediterráneo son de la especie Mytilus galloprovincialis y forman densos bancos en áreas rocosas intermareales.

Roca cubierta de mejillones mediterráneos en la costa de Portugal.
Wikimedia Commons., CC BY

Las ὄστρεα (ostreae) eran las ostras, incluida Ostrea edulis, especie nativa europea consumida tanto por griegos como por romanos. Aunque Aristóteles las situó principalmente “en el fondo”, esta especie se adhiere con frecuencia a sustratos duros, formando arrecifes.

Las πίνναι (pinnai) correspondían a la imponente Pinna nobilis o nacra, el bivalvo más grande del Mediterráneo, capaz de alcanzar hasta 120 cm. Muy apreciada en la antigüedad, esta especie se encuentra hoy en peligro de extinción debido al parásito protozoo Haplosporidium pinnae, que desde 2016 ha devastado sus poblaciones.

Fan mussel Pinna nobilis_ en una pradera de posidonias.
Arnaud Abadie / Wikimedia Commons., CC BY

Las τελλίναι (tellinai) incluían almejas y berberechos como Ruditapes decussatus, un bivalvo infaunal que vive enterrado en sedimentos arenosos. Las κτείς (kteis) eran las vieiras, entre ellas Pecten jacobaeus. Precisamente, Aristófanes (ca. 446-386 a. C.) menciona este tipo de productos del mar en su comedia Los Caballeros, donde aparecen como manjares vendidos en el ágora ateniense.

Busto deAristophanes en la Galería Uffizi, Florencia, Italia.
Alexander Matayatsky / Wikimedia Commons., CC BY

Plinio el Viejo describió en su Naturalis Historia (s. I) la capacidad natatoria de las vieiras, un comportamiento confirmado por estudios modernos que han demostrado que los pectínidos nadan expulsando agua al cerrar rápidamente sus valvas.

Las καρδία (kardia) eran berberechos del género Acanthocardia, llamados así por su forma de corazón, y aparecen indirectamente en fragmentos de comedias griegas. Las σωλήν (solen) correspondían a las navajas como Solen marginatus, cuyo comportamiento excavador Aristóteles describió correctamente en su Historia Animalium.

Finalmente, las φωλάδες (pholades) eran dátiles de mar (Lithophaga lithophaga), moluscos perforadores de roca caliza. Su explotación fue tal que hoy están protegidos en el Mediterráneo por la Directiva de Hábitats.

Primera página de la obra Historia Natural, de Plinio el Viejo.
Wikimedia Commons., CC BY

Ecología marina a la griega

Los textos antiguos contienen observaciones sorprendentes sobre la ecología marina, desde referencias a la necesidad de aguas limpias hasta la importancia de la oxigenación del agua.

Estas intuiciones coinciden con el conocimiento moderno: los mejillones del género Mytilus reducen su tasa metabólica cuando las concentraciones de oxígeno disuelto caen por debajo de 5-6 mg/L de oxígeno disuelto para mantener su metabolismo normal, y la agitación del agua garantiza tanto esa oxigenación como el aporte de fitoplancton, su principal alimento. Actualmente, los mejillones son bioindicadores reconocidos de la contaminación y se utilizan en programas internacionales de biomonitoreo, como el Mussel Watch Program.

Moluscos en la mesa

La gastronomía también desempeñó un papel central. Ateneo de Náucratis (s. II) recogió en su obra Deipnosophistae las tradiciones culinarias de toda Grecia, incluyendo referencias a la estacionalidad de los mariscos.

Los textos antiguos señalan que los mejillones eran de mejor calidad antes del verano, lo cual coincide con el ciclo reproductivo de Mytilus galloprovincialis, que presenta dos períodos de desove principales: primavera (marzo-mayo) y otoño (septiembre-octubre). Antes del desove primaveral, los mejillones acumulan reservas de glucógeno que aportan dulzor y firmeza, mientras que, tras el desove, la carne se vuelve más acuosa y menos sabrosa.

Los mejillones ya eran un plato muy apreciado en la antigua Grecia.
Wikimedia Commons., CC BY

Por su parte, Arquéstrato de Gela (s. IV a. C.), el primer gastrónomo occidental, estableció en su obra Hedypatheia jerarquías geográficas de calidad para distintos mariscos, recomendando mejillones de Abdera y Mitilene y ostras del Helesponto –hoy Dardanelos–. Estas diferencias culinarias reflejan gradientes reales de salinidad, temperatura y productividad.

Los bivalvos formaban parte de la dieta cotidiana en la Grecia clásica. Ostras y almejas se consumían crudas con vinagre, aceite y hierbas aromáticas, mientras que los mejillones se cocinaban con frecuencia y podían acompañarse de garum, la popular salsa de pescado fermentado griega.

Vieiras y ostras también se asaban directamente sobre las brasas. A estos mariscos se les atribuían propiedades afrodisíacas, vinculadas a Afrodita y a la fertilidad marina.

A la lonja en ánforas

El comercio de bivalvos está documentado arqueológicamente. Ánforas con sellos comerciales y restos de mercados de pescado en Atenas y otras ciudades costeras evidencian un consumo amplio. Depósitos domésticos de conchas, incluso en viviendas no aristocráticas, confirman su presencia generalizada. En la época romana, las ostras podían conservarse en salmuera para facilitar su transporte, como documentaron Plinio y Columela.

Los romanos llevaron la relación con los bivalvos más lejos mediante el desarrollo de técnicas de ostricultura en el siglo I a.C. Plinio atribuye a Sergius Orata (s. I a. C.) la innovación de los primeros criaderos de ostras en el lago Lucrino, en la Campania, alrededor del 95 a.C. Estas técnicas son las precursoras de los métodos modernos de cultivo suspendido. No existe evidencia directa de acuicultura en Grecia.

Conchas de Bolinus brandaris, de donde se sacaba el tinte púrpura de Tiro.
Luis Fernández García / Wikimedia Commons., CC BY

Aunque no pertenecen a los bivalvos, los múrices merecen mención por su papel en la economía antigua. Estos gasterópodos eran la fuente de la púrpura de Tiro, el tinte más valioso del Mediterráneo. Se necesitaban entre 10 000 y 12 000 individuos para obtener apenas un gramo de pigmento, lo que convirtió la púrpura en un símbolo de poder imperial. La industria está documentada en Creta desde el II milenio a. C., lo que sugiere posibles orígenes minoicos.

Usos simbólicos y curativos

El simbolismo religioso también otorgó un papel destacado a los bivalvos. Los Himnos homéricos describen el nacimiento de Afrodita de la espuma marina y la tradición posterior la asoció con conchas, como muestran depósitos votivos con restos de ejemplares de Pecten, Ostrea y Glycymeris.

La concha representaba el nacimiento y la renovación, la belleza oculta y la fertilidad, un simbolismo que se mantuvo durante siglos.

El nacimiento de Venus (1482-1485), óleo sobre lienzo.
Sandro Botticelli.

Además, los bivalvos también tuvieron usos medicinales. Galeno (129-216) prescribía remedios que incluían polvo de concha de ostra y Dioscórides (40-90) menciona preparaciones similares en su obra De Materia Medica. Estas prácticas tenían una base empírica: las conchas están compuestas mayoritariamente por carbonato cálcico, una fuente eficaz de calcio.

… hasta nuestros días

Hoy, los bivalvos siguen siendo objeto de investigación y constituyen recursos económicos importantes. La producción mundial de mejillones supera los 2,2 millones de toneladas anuales, con China como principal productor y España como líder europeo, gracias a las Rías Gallegas.

Este patrimonio biológico se ve amenazado por muchas actividades humanas. Pinna nobilis está al borde de la extinción y Ostrea edulis ha sufrido declives superiores al 85 % desde el siglo XIX debido a la sobreexplotación, las enfermedades y la degradación del hábitat. El cambio climático y la acidificación oceánica afectan la calcificación de sus conchas, al reducir la disponibilidad de iones carbonato.

Las observaciones antiguas sobre la importancia de las aguas limpias adquieren hoy nueva relevancia en un Mediterráneo amenazado por la contaminación, la eutrofización y la sobrepesca. La herencia intelectual de los naturalistas griegos sigue vigente: comprender el mar con rigor, cuestionar con humildad y reconocer que hasta los habitantes más humildes del océano merecen estudio, respeto y protección.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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