Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Baraibar Diez, Profesora de Organización de Empresas, Universidad de Cantabria

Empieza a hacer frío en Londres y Ronald planea dedicar el fin de semana al cambio de armario. Aprovechará para sacar lo que ya no usa y pensará en qué necesita para la nueva temporada. ¿A que se reconoce en esta situación? Seguro que puede visualizar varias prendas que ya no le valen, ya no le gustan o que simplemente quiere retirar.
Marion, la mujer de Ronald, le recomienda descargarse una app de compra-venta de segunda mano. Un rato después, Ronald ya tiene una cuenta y está subiendo una foto y las características de un abrigo que ya no le vale. Enseguida recibe mensajes y responde a posibles compradores sobre el largo del abrigo y de las mangas, sobre el estado de la prenda. Al día siguiente encuentra a un comprador, negocia el precio, concreta un envío, imprime la etiqueta y envuelve el abrigo cuidadosamente. ¡Ha conseguido su primera venta!
Londres, 1931
Viajemos ahora en el tiempo. En 1931, los habitantes de Londres no se planteaban hacer un cambio de armario (si acaso, recuperar y cepillar el abrigo del año anterior), no tenían impresora y no existían las plataformas digitales. Ronald, de apellido Coase, era profesor de la London School of Economics y estaba sentando las bases de la teoría que, en 1991, le serviría para ser galardonado con el Premio Nobel de Economía “por su descubrimiento y aclaración de la importancia de los costes de transacción y los derechos de propiedad para la estructura institucional y el funcionamiento de la economía”.
Coase, uno de los economistas más influyentes del siglo XX, provocó una pequeña revolución al preguntarse por la existencia de las empresas. Esta pregunta la materializó en su obra The Nature of the Firm (1937), donde explicaba que una empresa se crea cuando consigue reducir los costes de funcionamiento que existen en el mercado. ¿Y qué tiene que ver todo esto con vender un abrigo a través de una app?
Segunda mano: sostenibilidad y segundas oportunidades
Según establecía Coase en otro libro posterior, The Problem of Social Cost (1960):
“Para llevar a cabo una transacción de mercado es necesario descubrir con quiénes se desea negociar, informar a las personas de que se desea negociar (y en qué condiciones), llevar a cabo negociaciones que conduzcan a un acuerdo, redactar el contrato, realizar la inspección necesaria para asegurarse de que se cumplen las condiciones del contrato, etcétera”.
No hay que tener muchos abrigos vendibles en el armario para intuir lo tremendamente complicado (o poco rentable) que resultaba vender una sola de esas prendas (en el mercado) antes de la existencia de plataformas de compra-venta de ropa de segunda mano.
Si antes uno se planteaba: ¿dónde podría encontrar a alguien que quiera justo el modelo, la talla, el estilo y el color de mi prenda? Ahora, estas apps reducen el coste de búsqueda de información con filtros como talla, marca, precio, e incluso estilo o ubicación. Gracias a la tecnología, los potenciales compradores han llegado al abrigo en un par de clics.
Negociar con conocimiento
Casi por arte de magia, también se ha reducido otro problema clásico en la economía: el de la información asimétrica (el comprador o el vendedor cuenta con más información que el otro al momento de negociar). Esa diferencia informativa ahora es bastante menor.
Al tener que subir fotografías desde varios ángulos y tener que realizar descripciones de todas las prendas, marcando también cuál es su estado actual, la información existente se acerca al equilibrio. Además, las valoraciones previas de compradores y vendedores (las estrellas que aparecen junto al perfil), así como los comentarios y reseñas en el historial, también ayudan a conocer cómo son los usuarios en la aplicación.
Aunque en la app hay grandes perfiles negociadores (y regateadores), los costes de negociación también se ven reducidos con las opciones de realizar ofertas automáticas al comprar varias prendas, dar precios cerrados y aceptar o rechazar directamente una nueva oferta. Negociar es mucho más rápido y eficiente. Finalmente, la transacción se materializa en unos clics aunque el comprador esté a kilómetros de distancia.
Antes, vender una prenda a una persona desconocida podría ser arriesgado por una cuestión de confianza. Aunque en las plataformas de compra-venta puede haber transacciones que acaban en estafa, es la empresa la que absorbe esos costes relacionados con el contrato y el cumplimiento al integrar los pagos, gestionar el envío y tener la posibilidad de reclamar ante cualquier eventualidad.
Así, un armario se convierte en una microempresa y, a través de estas plataformas, se concretan muchas transacciones que antes eran demasiado costosas de realizar para un particular.
La prenda perfecta para el aula
Para estudiantes de economía, de empresas o de relaciones laborales, aplicaciones como Vinted no solo son magníficos paradigmas emprendedores sino también ejemplos perfectos para hablar de los costes de transacción.
Solo hay que preguntar: ¿por qué usáis una aplicación para vender lo que no queréis y no vais a un mercadillo o ponéis mensajes en el tablón de la facultad, o en los postes de la ciudad? La respuesta suele tener que ver con la comodidad, la facilidad, la rapidez. Es decir, con reducir los costes de transacción. Y entonces, sin darse cuenta, están comprendiendo a Coase.
Cuando suba su siguiente prenda o busque una bufanda de un determinado color o unas zapatillas de una determinada marca, o negocie el precio de un bolso o deje una valoración a su comprador o vendedor, recuerde que no está solo haciendo hueco en sus armarios: está siendo el protagonista de una lección de economía.
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Elisa Baraibar Diez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Ronald se abre una cuenta en Vinted y hace de su armario una microempresa – https://theconversation.com/ronald-se-abre-una-cuenta-en-vinted-y-hace-de-su-armario-una-microempresa-273285
