Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

La verdad es que la coincidencia estuvo, cuando menos, simpática. Hace un mes edité para The Conversation una entrevista con la historiadora del arte Estrella de Diego en la que ella consideraba que, de un tiempo a esta parte, se habían superado muchos de los prejuicios del público general hacia el arte abstracto. Y decía, textualmente: “Ahora ya sabemos que no, que su niño no puede pintar un Miró. Ojalá”.
No quiero yo estar tirando de la entrevista con esta sabia mujer todos los suplementos, pero fue inevitable no pensar en ella cuando días más tarde, hablando en un entorno totalmente ajeno a esta publicación, una persona expresó su enfado por la vez que había ido a una exposición de Miró y al ver lo que estaba colgado pensó: “Eso lo podría haber hecho mi hijo”. No sé qué tendrá Miró para ser receptor de tanta ira, pero imagino que el arte contemporáneo todavía tiene un salto que dar a la hora de acercarse a parte del público y explicarle su razón de ser.
Centrándose en una expresión parecida a esa de los niños, Juan Olvido Perea García y Larissa M. Straffon plantearon un estudio para determinar si a la hora de observar cuadros abstractos, los seres humanos sabemos distinguir si su autoría corresponde a una persona o a un animal. Pueden leer en su artículo las conclusiones de su investigación y asumir que no, un mono no puede pintar como un ser humano ni un niño (a no ser que sea un genio precoz) como un artista consolidado, incluso si este se aleja de lo figurativo.
Amenazas de paz
Aunque en el resto del mundo la mayor parte de las fiestas navideñas acaban con el inicio de año, en España estábamos todavía en plenas celebraciones cuando el presidente de Estados Unidos decidió secuestrar al mandatario de Venezuela y causar una conmoción internacional. Las implicaciones sociales, geopolíticas y económicas de esa actuación son muy complejas y en The Conversation hemos ido desgranando todos sus matices.
Pero además, casi dos semanas antes de la incursión habíamos publicado un artículo de Enrique García Riaza, historiador de la Antigüedad, en el que comparaba la paz que Donald Trump preconiza (y cree que merece un Nobel) con la de Augusto, que se pavoneó sin disimulo de sus éxitos como pacificador. Pero, ay, si uno consigue que sus adversarios dejen de pelear a fuerza de amenazarles con su extinción, ¿se sigue considerando eso paz?
Haríamos mucho mejor en echar la vista un poco más atrás, a la antigua Grecia, y rescatar dos conceptos: la isegoria, el derecho a hablar desde la responsabilidad y el compromiso, y la parresía, la libertad de expresarse desde la valentía ética.
Keep Drawing Palestine
Hablando de decir la verdad, incluso cuando esta provoca incomodidad, prestemos nuevamente atención a Gaza. Más de 400 personas han sido asesinadas en la Franja a manos de Israel desde que se anunció el alto el fuego, y 21 niños (incluyendo bebés) han muerto de frío desde el inicio de la ofensiva en 2023, los últimos en estas semanas. Siguen las injusticias en el territorio palestino, pero otras noticias ocupan ya las portadas de los medios.
Por eso Elena Pérez Elena y Francisco Saez de Adana aprovechan su análisis de las viñetas que han informado y denunciado este genocidio en medios y redes sociales para mandar un mensaje: que los ilustradores e historietistas sigan dibujando lo que sucede en Gaza.
Un idioma para unirlos a todos
No parece ser una sorpresa para nadie, después de ver cómo arrasan los artistas latinoamericanos en la península ibérica, pero ahora los datos confirman el éxito de la música de ambos lados del Atlántico. Desde el Observatorio Nebrija del Español, Lourdes Moreno Cazalla ha podido constatar lo que muchos percibimos al poner la radio o abrir las listas de Spotify: cada vez se escucha más música en español, pero esta ya no proviene, mayoritariamente, de España.
El vuelco se explica por múltiples razones y todas ellas tienen un vínculo común: los nacionalismos han dado paso a un sentimiento de identidad compartida basado en el idioma. Y eso, creo, nos enriquece a todos.
Las mujeres que leen y las mujeres que escriben
Yo misma lo anuncié hace quince días. 2026 va a ser el año de la Odisea y Homero. Pero estaríamos equivocados si considerásemos que el padre de la tradición literaria occidental es el primer autor conocido. Porque mucho antes, hace más de 4 000 años, una mujer, Enheduanna, firmó su obra con su propio nombre.
Una osada, si me preguntan. Porque aunque ahora parezca que las mujeres copan las librerías, es una percepción errónea. En 2024 en España, un 39,7 % de los libros con un solo autor estaban escritos por mujeres, frente a un 60,1 % de hombres. Y eso sabiendo que nosotras somos la mayoría del público lector.
Sin embargo, a dos autoras de éxito me remito. Por un lado, la visionaria Margaret Atwood lanzó sus memorias hace un par de meses, una perspectiva de la vida narrada por una señora ya entrada en años. La vejez es, precisamente, un tema recurrente en su obra, y de eso se ocupa el análisis de Daniel Nisa Cáceres, en un momento en el que se oyen voces que enfrentan a unas generaciones con otras. Atwood sabe mucho, porque ha visto mucho, y nunca está de más prestarle atención.
Otra escritora que triunfa entre público y crítica es la argentina Mariana Enriquez, quien ha colocado la literatura de género en un lugar de prestigio hasta ahora poco transitado. ¿Cuál es entonces el secreto de su éxito? Tal vez que utiliza un marco insospechado para hablar de la esencia de los seres, estén vivos o muertos.
Me despido no sin antes recomendar una de las películas más gozosas que se han estrenado en los últimos tiempos: Nouvelle Vague. Estamos en temporada alta para los cinéfilos, así que les deseo una buena visita a las salas.
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– ref. Suplemento cultural: no todos los seres vivos tenemos arte para el arte – https://theconversation.com/suplemento-cultural-no-todos-los-seres-vivos-tenemos-arte-para-el-arte-273650
