Por qué el auge de un nuevo partido de extrema derecha en Cataluña supone un peligro para el Gobierno español

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Asbel Bohigues, Profesor de Ciencia Política, Universitat de València

An Aliança Catalana rally in Fossar de les Moreres square, Barcelona, on September 10, 2025. Aniol/Wikimedia Commons

La política catalana parece estar ahora muy lejos del infame y no autorizado referéndum de independencia de 2017. Este fue reprimido violentamente por las fuerzas policiales nacionales, provocó disturbios generalizados, desencadenó una crisis constitucional en España y llevó a líderes como Carles Puigdemont a huir del país.

Las elecciones regionales de 2024 supusieron un marcado contraste. Durante más de una década, Cataluña había estado gobernada por partidos independentistas –ya fuera el derechista Junts de Puigdemont o ERC, de izquierda–, pero fue el PSC (la rama catalana del Partido Socialista de Pedro Sánchez) el que emergió como la fuerza más votada. Consiguieron formar un gobierno en minoría con el apoyo de ERC y los Comuns, también de izquierdas.

El procés, como se conoció el impulso a la independencia catalana, parecía haber llegado a su fin.

Pero en medio de este gran cambio, un nuevo partido, Aliança Catalana (AC), entró por primera vez en el Parlamento catalán. A pesar de haber obtenido solo dos de los 135 escaños de la región en 2024, esta nueva fuerza ejerce ahora una enorme influencia en el panorama político de Cataluña y, por extensión, de España.

La política tras el procés

Aliança Catalana es un partido de extrema derecha, independentista y explícitamente antiinmigración. Está liderado por Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll, una localidad de poco más de 10 000 habitantes.

Con solo un 1,5 % de representación parlamentaria, AC podría parecer marginal, pero no lo es. Su aparición señala una reconfiguración de la política catalana tras el procés y está transformando la derecha nacionalista, un espacio político tradicionalmente dominado por Junts.

Durante años, la política parlamentaria catalana se centró prácticamente en un único tema. La independencia eclipsó casi todo lo demás, incluida la distinción entre izquierda y derecha, lo que significó que partidos como Junts y ERC compitieran principalmente por el liderazgo dentro del mismo bloque independentista.

A medida que el procés ha perdido impulso, sin que se haya conseguido ni la independencia unilateral ni un referéndum negociado, han surgido nuevos temas en la agenda. La inmigración, la seguridad y la identidad dictan ahora la política catalana, al igual que en España y otras partes de Europa.




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En este nuevo panorama, AC se presenta como una opción nacionalista “más pura”: inequívocamente independentista, intransigente con el Estado español y abiertamente hostil a la inmigración, especialmente la musulmana. Ha propuesto una prohibición oficial de cubrirse el rostro, y, supuestamente, impidió el acceso de los inmigrantes a los servicios públicos en Ripoll.

Las últimas encuestas muestran lo popular que ha sido el mensaje de AC. La última encuesta del Centro de Estudios de Opinión de Cataluña sitúa a AC empatada con Junts en escaños. Independientemente de si estas cifras se materializan o no en las próximas elecciones, el mensaje es claro: AC ya no es un actor marginal.

Puesto de Alianza Catalana
Alianza Catalana haciendo campaña en la plaza Molina, Barcelona.
Pere López Brosa/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El problema de Junts: reputación y competencia

Todos los partidos políticos compiten por los votos dentro de un espacio ideológico, que suele definirse como una posición en el eje izquierda-derecha. Su fuerza electoral depende principalmente de su reputación y credibilidad entre los votantes de su espacio, y no de propuestas políticas específicas.

Cuando un nuevo partido ofrece un mensaje más claro o convincente, puede desplazar a un partido establecido de su espacio. Esto es lo que le está sucediendo a Junts y a otros muchos partidos políticos mayoritarios.

Tras más de una década gobernando Cataluña y liderando el procés, Junts se encuentra ahora en la oposición en Barcelona y Madrid. En muchos sentidos ha fracasado: no se logró la independencia y en 2023 apoyó la reelección de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno a cambio de la amnistía política.

AC saca partido directamente de la frustración posterior al procés. Se presenta como una nueva fuerza que se opone a los partidos nacionalistas tradicionales como ERC y Junts, pero que tampoco está dispuesta a negociar con Madrid.

La reciente estrategia de Junts sugiere que está sintiendo la presión. En octubre de 2025, “rompió” relaciones con el PSOE de Pedro Sánchez, pero su apoyo llevaba tiempo vacilando. Por lo tanto, parece que la medida de Junts no fue un cambio repentino de política, sino un intento de frenar el avance de AC mostrándose más duro, más conflictivo y más escéptico con respecto a la negociación con Madrid.

Sin embargo, al desplazarse hacia la derecha, especialmente en materia de inmigración, Junts podría legitimar la agenda del partido que amenaza con sustituirlo.

El auge de AC encaja en la tendencia internacional más amplia de consolidación de las fuerzas autoritarias y radicales de derecha. Algo similar está ocurriendo en la política nacional española, donde el partido de extrema derecha Vox ha reconfigurado la competencia y sigue empujando al Partido Popular hacia la derecha. En Cataluña, AC está desempeñando un papel similar al de Vox: está desafiando la hegemonía de un partido tradicional y consolidado de derecha.

AC no es idéntico a Vox. Es menos conservador en algunas cuestiones y tiene sus raíces en una tradición nacionalista distinta, pero ideológicamente pertenece a la derecha radical: excluyente, nativista y hostil al pluralismo.

La inmigración desempeña un papel central en este cambio: a medida que cobra mayor relevancia, los partidos de derecha se sienten cada vez más cómodos marcando los términos del debate, mientras que la izquierda lucha por responder sin tensiones internas. Cataluña no es una excepción.

El problema de Junts es el problema del Gobierno español

El actual Gobierno español se sustenta en un frágil equilibrio parlamentario. El PSOE gobierna con Sumar, una fuerza de izquierdas que, a pesar de su éxito electoral en 2023 (3 millones de votos y 31 escaños), es estructuralmente débil. Se trata de una coalición electoral formada apresuradamente por más de una docena de partidos, con raíces territoriales limitadas y que obtuvo malos resultados en las elecciones regionales y europeas de 2024.

El propio PSOE también se encuentra bajo presión, enfrentándose a múltiples escándalos que afectan al presidente y a su círculo más cercano.

Sin un nuevo presupuesto aprobado desde 2022, el Gobierno sobrevive en gran medida porque no hay una alternativa parlamentaria viable. Además, cuenta con el apoyo de partidos regionalistas e independentistas, entre ellos Junts, que se verían perjudicados por la alternativa más probable: una coalición entre el PP y Vox que consolidaría el poder en Madrid.

El apoyo de Junts al Gobierno de Sánchez lo convierte en un partido decisivo, ya que tendría que aprobar cualquier moción de censura o voto de no confianza.

La presión de AC reaviva el dilema de Junts de 2023. Apoyar a un gobierno del PSOE y Sumar refuerza su imagen de colaborador con Madrid, pero alinearse con el PP y Vox sería igual o peor. En ambos casos, AC se beneficia de presentarse como la única opción nacionalista coherente de la derecha.

Una nueva fase

A medida que se desvanece el apoyo al procés, el ámbito de competencia política de Junts está cambiando. Ya no compite por liderar el movimiento independentista, sino por representar a la derecha nacionalista catalana. Esto explica su giro hacia una retórica más dura en materia de inmigración e identidad, que corre el riesgo de normalizar la extrema derecha y remodelar la política catalana para siempre.

Por ahora, las instituciones se mantienen estables. La izquierda tiene una estrecha mayoría en el Parlamento catalán, y es importante recordar que las encuestas de opinión no son resultados electorales. Pero el terreno está cambiando.

El debut parlamentario de AC señala el posible inicio de una nueva fase. Si bien el procés definió a Cataluña durante una década, sus secuelas pueden estar marcadas por un desafío completamente diferente: el auge de una extrema derecha nacionalista, que podría trastocar la política española.

The Conversation

Asbel Bohigues no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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