Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Mancera Rueda, Profesora Titular de Lengua Española (Facultad de Filología), Universidad de Sevilla
En El discurso del rey, el monarca inglés Jorge VI tiene que aprender a controlar su voz para ser capaz de dirigirse a la nación en un momento de crisis. La película no solo trata de cómo afrontar un problema de dicción, sino de algo mucho más profundo: cómo el lenguaje y la manera de utilizarlo construyen autoridad, confianza y vínculo con la ciudadanía.
Salvando las distancias históricas y personales, algunos discursos institucionales actuales siguen cumpliendo esa misma función: articular una determinada idea de comunidad política. El mensaje de Navidad del rey Felipe VI es un buen ejemplo de ello.
En los días posteriores al discurso, gran parte de la atención mediática se ha centrado en la puesta en escena: el hecho de que el rey lo pronunciara de pie, el tono sereno del mensaje o su éxito de audiencia. Estos aspectos son relevantes, sin duda. Pero, más allá de cómo se dijo y de cuánta gente lo vio, resulta interesante analizar qué imagen de país se dibuja a través de sus palabras.
Convivencia y confianza
Una primera pista la ofrecen los términos que más se repiten a lo largo del texto. Si dejamos a un lado las preposiciones, conjunciones y artículos más habituales (como de, y, la, etc.), destacan algunas palabras clave que no aparecen por casualidad: nuestra, convivencia, confianza, España, todos o futuro. Se trata, en su mayoría, de sustantivos y adjetivos vinculados a la idea de comunidad y de proyecto compartido, lo que apunta ya a un discurso construido desde el “nosotros” y orientado a fortalecer los lazos colectivos.
Ese “nosotros” se refuerza, además, por la abundancia de posesivos en primera persona del plural. Por ejemplo, el uso de nuestra no es meramente gramatical: acompaña a conceptos clave como convivencia, democracia o capacidad de trabajo. De esta forma contribuye a presentar tales valores como principios comunes, que conciernen al conjunto de la ciudadanía, y cuya preservación es responsabilidad de todos. El propio rey no se sitúa por encima de los ciudadanos, sino dentro de ese “nosotros”, lo que atenúa la distancia institucional y subraya la idea de la convivencia democrática como una responsabilidad compartida.
Precisamente, entre esas palabras recurrentes, convivencia ocupa un lugar central. No aparece sola: a su alrededor se repiten verbos como preservar, fortalecer o construir. De este modo, la convivencia no se muestra como un ideal abstracto, ni como una fórmula retórica, sino como una realidad frágil, que exige cuidado y atención. Algo parecido ocurre con confianza. No se presenta como una promesa grandilocuente, sino como algo delicado, que puede romperse si no se cuida. De ahí la insistencia en el respeto, la escucha y el diálogo: pequeñas prácticas que, sumadas, sostienen la convivencia diaria.
Ese cuidado de la convivencia y de la confianza se apoya también en el uso reiterado de expresiones temporales. Las referencias a la firma del tratado de adhesión a las Comunidades Europeas “hace 40 años”, o al hecho de que “se han cumplido 50 años” del inicio de la Transición no funcionan como evocaciones nostálgicas, sino como marcos desde los que leer el presente. El pasado se dibuja así como una experiencia compartida, como un camino recorrido que ayuda a entender mejor dónde estamos y por qué merece la pena seguir avanzando juntos.
‘Avanzar’ y ‘futuro’
Desde esa perspectiva, el discurso insiste en que ese camino solo puede recorrerse entre todos. Palabras como futuro o avanzar aparecen ligadas a una idea sencilla: lo que viene no se construye en solitario ni a corto plazo, sino como un proyecto compartido. Avanzar, en este marco, no significa imponerse ni ir más rápido que los demás, sino hacerlo juntos, con acuerdos y renuncias, manteniendo el cuidado de la convivencia como horizonte común.
En la película El discurso del rey, el momento clave no es aquel en el que el monarca logra pronunciar su mensaje sin titubeos, sino aquel en el que su voz consigue convertirse en un punto de referencia compartido, justo en un momento de incertidumbre marcado por la Segunda Guerra Mundial. Salvando las distancias, el discurso de Navidad de Felipe VI cumple una función similar: no busca deslumbrar, sino ofrecer un marco común desde el que pensarnos como sociedad.
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Ana Mancera Rueda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. La gramática de la convivencia en el discurso de Navidad del rey – https://theconversation.com/la-gramatica-de-la-convivencia-en-el-discurso-de-navidad-del-rey-272621
