Suplemento cultural: 100 años con Carmiña

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation


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Decía la historiadora del arte Estrella de Diego en una entrevista que los 80 en Nueva York fueron la “época divertida de la ciudad”. Y esa diversión, esa excitación, esa sobreabundancia de estímulos que le presumimos a la Gran Manzana, también brotan de la obra de Carmen Martín Gaite Visión de Nueva York. Resulta fascinante abrir cualquier página de ese álbum que la autora creó a partir de su estancia norteamericana y sentir en la tripa exactamente lo que ella quería transmitir.

Hay cientos de Carmiñas, porque Carmen Martín Gaite no se acaba nunca. Está la ensayista, la que analizaba el amor, las narraciones y el efecto que tenían en nosotros. Está la reflexiva, la que escribía desde la memoria y relataba de forma individual o coral todo lo que observaba desde su cuarto. Está la expansiva, la que necesitaba imágenes además de palabras para iluminar lo que la hacía sentir el mundo que la rodeaba. Y está, en definitiva, la que desarrolló una forma de ver la realidad desde los ojos de una mujer.

Dicen muchas creadoras hoy en día, desde Siri Hustvedt a Meryl Streep, que las mujeres siempre han estado ahí para recibir las obras hechas por hombres, pero que ellos no nos han extendido la misma cortesía, relegándonos a una sección paralela “para chicas”.

Martín Gaite fue una autora respaldada por la crítica (desde el Premio Café Gijón al Príncipe de Asturias pasando por el Nadal), por el público y por las generaciones que la siguieron y vieron en su insaciable curiosidad, su reflexión constante y su experimentación narrativa una inspiración. Pero al ver quiénes hablan, estudian y escriben mayoritariamente sobre su centenario solo deseo que cada vez más semejante fenómeno literario trascienda géneros y barreras y sea leída por todo el mundo.

El mal no puede ser banal

Me abruma el mal puro. Es un hecho que tengo que combatir todas las mañanas cuando abro el periódico, porque hay gente (no mucha, pero sí muy ruidosa) que encarna el mal en su esencia y que, lamentablemente, está en puestos de responsabilidad.

Sin embargo, la mayor parte de las personas no tiene dentro ese instinto destructivo. El problema suele ser otro: la connivencia, la cobardía, las circunstancias, la mediocridad de pensamiento…

Hannah Arendt, en su obra Einchmann en Jerusalén, analizó los actos de un hombre, un oficial nazi, que no era malo como tal pero que había hecho cosas horribles y a partir de ahí acuñó el concepto de la “banalidad del mal”. Se cumplen 50 años de la muerte de Arendt y lo mejor que podemos hacer para recordarla es considerar en qué situaciones contemporáneas sigue vigente esa banalidad.

¿Resignificar o no resignificar?

El futuro del Valle de Cuelgamuros (antes conocido como el Valle de los Caídos) en la Comunidad de Madrid es un tema que trae cola desde hace años. Porque… ¿qué podemos hacer con un mausoleo creado a mayor gloria de un dictador en el que trabajaron, oprimidos, miles de presos tras la guerra civil española? ¿Qué significado le damos a semejante mamotreto? Y, en consecuencia, ¿cómo planteamos qué hacer con los vestigios monumentales de lugares que nos recuerdan épocas penosas?

Daniel Palacios González no da respuestas exactas, sino que a través de estudios e investigaciones, presenta cuestiones que no podemos olvidar a la hora de valorar la “resignificación” de determinadas localizaciones que no siempre, por su significado primigenio, pueden establecer el diálogo con la actualidad que nos gustaría que mantuvieran.

Una mirada atrás

En estas últimas semanas hemos revisado mucho el pasado y eso siempre ayuda a entender el presente. Empezamos, en un mes centrado en el tema de la dictadura, recordando la relación de amor-odio que Francisco Franco tuvo con las ciudades españolas: no las soportaba porque muchas de ellas se habían declarado republicanas y resistentes al invasor, pero una vez conquistadas las necesitaba para estabilizar su régimen.

Una de esas ciudades oprimidas y después explotadas fue Barcelona, una villa que, en este caso, sí que mantuvo un romance eterno con el Mediterráneo. Serrat le puso poesía a esa pareja pero nosotros repasamos los datos históricos que definieron la identidad marítima de la Ciudad Condal.

Y si algo tampoco se acaba nunca eso es la Escuela de Salamanca, que cumple 500 años en 2026 y que ha dejado un legado imposible de abarcar. El legado de Francisco Suárez, uno de sus grandísimos herederos, tampoco se acaba. Como desglosa Ángel Poncela-González en su texto, Suárez “defendió que la ley no nace de la fuerza, sino de la razón; que la soberanía pertenece al pueblo y que la libertad humana es el fundamento de la justicia”. Hablamos del siglo XVI pero también hablamos de 2025.

Tras este batiburrillo de artículos sobre la importancia de conocer la historia, merece la pena detenerse en este último texto sobre la Antártida, un continente que estamos protegiendo con ahínco y al que, tal vez sin quererlo, puede que le estemos robando su memoria.

The Conversation

ref. Suplemento cultural: 100 años con Carmiña – https://theconversation.com/suplemento-cultural-100-anos-con-carmina-271355