Sudar como un pollo es propio de humanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rick Visser, Profesor de Fisiología Animal, Universidad de Málaga

Ann Tarazevich Pexels, CC BY-SA

El sudor tiene un serio problema de imagen pública. Nadie presume de él y todos tratamos de combatirlo o, al menos, disimularlo. Sin embargo, sin sudor nuestros antepasados no habrían cazado, nuestros atletas no batirían marcas y los exámenes serían mucho menos emocionantes.

Los pollos no sudan

Es común usar expresiones tales como “sudar como un pollo” o “como un cerdo”. Curiosamente, ni los pollos vivos sudan –la expresión hace referencia a la gran cantidad de agua y grasa que desprenden al ser asados–, ni los cerdos lo hacen profusamente.

Asociar el sudor con los cerdos simplemente refleja la connotación negativa que tiene esta secreción, injustamente relacionada con la suciedad. Aunque muchos mamíferos tienen una cierta capacidad de sudar, son muy pocos los que emplean este mecanismo para controlar su temperatura corporal en situaciones de calor o ejercicio intenso. Y, de este grupo selecto, los humanos nos coronamos como los más sudorosos.

Los animales que controlamos fisiológicamente nuestra temperatura corporal –animales homeotermos o termorreguladores– somos, fundamentalmente, las aves y los mamíferos. Cuando nos encontramos a una temperatura ambiente superior a cierto valor, denominado temperatura ideal (en torno a 29 ºC para un humano desnudo, en reposo y sin fuentes de radiación), debemos poner en marcha mecanismos para perder el exceso de calor. La forma más eficiente de hacerlo es evaporar agua sobre la superficie corporal. Si estamos a 30 ºC, un gramo de agua requiere unas 0,58 Kcal para evaporarse. Es decir, evaporar un litro de agua consume la cantidad de energía presente en un almuerzo estándar.

Una manera muy eficiente de conseguirlo es expulsar esa secreción acuosa que nos incomoda, el sudor, por toda la superficie de la piel. Un mecanismo posible gracias a la existencia de glándulas especializadas.

Sin embargo, muy pocos animales han recurrido evolutivamente a esta estrategia, y la mayoría basan su enfriamiento principalmente en otros mecanismos, como el jadeo, que tan familiar nos resulta en los perros.

Solo unos pocos mamíferos, como los equinos y los humanos, hemos desarrollado la capacidad de sudar copiosamente.




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No todo el sudor es igual

Los humanos contamos con, al menos, dos tipos de glándulas sudoríparas. Las principales, llamadas glándulas ecrinas, se encuentran distribuidas por toda la superficie corporal y son funcionales prácticamente desde el nacimiento.

Estas son las responsables de la termorregulación, y se activan gracias al neurotransmisor acetilcolina, que induce el trasvase de agua, iones y ciertos desechos metabólicos desde el plasma sanguíneo hasta el conducto de la glándula. En el camino hacia el exterior, se reabsorben parte de los iones, dando lugar a una secreción incolora, inodora y ligeramente salada, compuesta en un 99 % por agua.

Cuando el mecanismo de estimulación nerviosa de estas glándulas no funciona correctamente, pueden aparecer ciertas patologías. Una es la hiperhidrosis, que consiste en la sudoración excesiva e injustificada, que puede causar trastornos psicológicos, rechazo social y/o episodios de deshidratación. Otra, más grave, es la anhidrosis, caracterizada por la ausencia parcial o total de sudoración que, en casos extremos, puede llegar a resultar letal por la incapacidad de termorregular eficazmente.

La llegada de la pubertad

El segundo tipo de glándulas sudoríparas son las apocrinas. Estas se concentran en axilas, ingles, y otras regiones provistas naturalmente de pelo, y no comienzan a ser funcionales hasta la pubertad.

La secreción del sudor apocrino, cuya composición es diferente a la del ecrino, no interviene en la termorregulación y es estimulada principalmente por el neurotransmisor noradrenalina en respuesta a situaciones de estrés o excitación emocional.

A pesar de que la secreción en sí es también inodora en origen, la transformación química de algunos de sus compuestos por microorganismos presentes en nuestra piel da lugar al característico olor que muchos de nosotros tratamos de evitar mediante antitranspirantes y desodorantes. En los pacientes de una condición médica conocida como bromhidrosis, ya sea por una composición anómala de su sudor apocrino o por las particularidades de la microbiota de su piel, el olor a sudor es particularmente intenso y persistente.

La función del sudor apocrino en los humanos no está aún del todo clara. Una de las principales hipótesis relaciona esta secreción con el envío de señales químicas, como las feromonas, ya sea para transmitir mensajes de alarma en situaciones estresantes, o de excitación sexual, entre otros.

Esta idea es la base de mitos como el de la famosa frase atribuida a Napoleón Bonaparte, quien, supuestamente, encomendó a su esposa Josefina no lavarse en varios días en previsión de su vuelta al hogar tras una campaña militar. No obstante, a pesar de innumerables esfuerzos, aún no se ha conseguido demostrar la existencia de este tipo de señales químicas en humanos.




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Sudar para correr

El haber desarrollado en torno a 2 millones de glándulas sudoríparas distribuidas por todo nuestro cuerpo, junto con la pérdida de buena parte de nuestro pelaje corporal, posiblemente haya dotado a la especie humana de una importante ventaja evolutiva. A pesar de no ser buenos en los esprints, comparados con muchos cuadrúpedos, la posibilidad de gestionar eficazmente el calor corporal mediante el sudor habría contribuido a nuestra capacidad de correr largas distancias seguidas, proporcionando a nuestros antepasados ventajas en la caza. De hecho, un corredor de maratón puede pasar entre dos y cuatro horas corriendo, mientras pierde más de dos litros de sudor por hora.

El hecho de poder correr largas distancias sin sufrir un sobrecalentamiento peligroso lo compartimos con los equinos, aunque no estemos estrechamente emparentados. Se trata, probablemente, de un caso de convergencia evolutiva, que es como se denomina cuando dos grupos de animales desarrollan características parecidas ante necesidades evolutivas similares. A los caballos les permitió escapar más eficazmente de sus depredadores, mientras que a nosotros nos posibilitó cazar presas cuyos cuerpos se sobrecalentaban más fácilmente que los nuestros durante la persecución.

Nuestra capacidad de sudar es excepcional y, en parte, a ella debemos la historia natural de nuestra especie. Así que mantenga a raya a los microorganismos que generan el mal olor, pero no se avergüence de sudar la gota gorda. Al contrario, ¡enorgullézcase de poder hacerlo!

The Conversation

Rick Visser no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sudar como un pollo es propio de humanos – https://theconversation.com/sudar-como-un-pollo-es-propio-de-humanos-285383

¿Para qué se usan los datos personales que recogen los videojuegos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Beltrán, Jefa del Área Científica de la Agencia Española de Protección de Datos; profesora titular de Universidad en excedencia, Universidad Rey Juan Carlos

Los videojuegos tratan multitud de datos personales y no siempre somos conscientes de cuales se tratan ni para qué. Florian Olivo / Unsplash, CC BY-SA

Los videojuegos dejaron de ser hace tiempo un simple pasatiempo para convertirse en una industria cultural muy poderosa, en la que millones de jugadores interactúan, compiten y comparten experiencias. Pero, detrás de cada partida, cada logro desbloqueado o cada compra dentro del juego, hay algo más: nuestros datos personales.

Desde el nombre de usuario hasta el comportamiento en el juego, pasando por la ubicación o los hábitos de consumo, la industria del videojuego recoge, analiza y, en ocasiones, comparte con terceros información que puede ser muy sensible.

Un ecosistema con muchos actores y responsabilidades

El tratamiento de datos personales en los videojuegos afecta a un ecosistema amplio y diverso: cada actor tiene un papel distinto, desde los proveedores de hardware (fabricantes de consolas, de tarjetas gráficas o de periféricos específicos para el juego) o de tecnología para el desarrollo (bibliotecas, middlewaresoftware intermediario para la gestión de datos–, kits de desarrollo de software, interfaces de programación de aplicaciones o API, paquetes de código, motores) hasta los editores que financian, comercializan, distribuyen y, en ocasiones, “producen” los juegos.

También se incluyen aquí los storefronts, plataformas online de distribución donde los jugadores compran o descargan juegos. Actúan como intermediarias entre editores, plataformas de hardware y consumidores finales.

Cada uno de estos actores tiene la obligación de cumplir con la normativa de protección de datos, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en el caso de la Unión Europea. Sin embargo, la complejidad del sector y de las relaciones entre los diferentes actores participantes, más la globalización de los servicios, hacen que no siempre sea fácil garantizar que todos los eslabones de la cadena actúen con la debida responsabilidad.

¿Qué se hace con los datos personales?

No todos los juegos tratan los mismos datos personales con la misma finalidad o de la misma manera. No es lo mismo un juego offline y de un solo jugador, como un clásico de rol para consola, que un Massively Multiplayer Online (MMO) o un juego online gratuito –free to play–. En el primer caso, es posible que el único dato que se almacene sea el progreso en la partida y que, además, se guarde localmente en el dispositivo. Sin embargo, en los juegos en línea, especialmente aquellos con modelos de negocio basados en microtransacciones o publicidad, el volumen y la variedad de datos personales que se recogen aumentan exponencialmente.

Su tratamiento abarca numerosas actividades, pero hay tres fundamentales que se repiten en casi todos los casos. La primera es la creación y mantenimiento de cuentas. Para acceder a la mayoría de los juegos en línea, es necesario crear una cuenta, lo que implica proporcionar datos como el correo electrónico, el nombre de usuario o, en algunos casos, información de pago. Estos datos se utilizan para identificar al usuario, gestionar su perfil y permitirle acceder a sus progresos desde diferentes dispositivos.

Lo malo es que no todos los juegos son transparentes sobre qué datos recogen durante el registro y con qué finalidad. Algunos solicitan permisos excesivos, como el acceso a la lista de contactos del teléfono o a la ubicación en segundo plano.

Objetivo: monitorizar al jugador

Otra actividad común es la telemetría, es decir, la recolección de datos en tiempo real sobre el uso del juego. Esto incluye desde monitorización técnica (como el rendimiento del dispositivo o los errores del software) hasta datos de comportamiento (como las acciones del jugador, el tiempo de juego o las interacciones sociales).

Esta monitorización puede tener diferentes finalidades: equilibrar la dificultad, diseñar niveles más atractivos, ofrecer recompensas y misiones adaptadas a las preferencias de cada jugador, etc.

El problema surge cuando el tratamiento de datos va más allá de lo necesario o proporcionado, o cuando no se informa claramente al usuario sobre ello. Por ejemplo, algunos juegos recogen datos biométricos (como el ritmo cardíaco o neurodatos a través de wearables) sin que el usuario sea consciente de las implicaciones de compartir esta información.

En la misma línea, en los modelos free-to-play, la telemetría puede ayudar a identificar a los jugadores con mayor probabilidad de realizar compras dentro del juego (se les conoce como “ballenas” o “whales”). Esto permite dirigirles ofertas específicas e, incluso, explotar sus vulnerabilidades o sesgos.

Información que se deduce mientras jugamos

Los datos de los jugadores también se registran para hacer inferencias de comportamiento. Mediante técnicas de análisis predictivo, muchas veces basadas en inteligencia artificial, diferentes actores del ecosistema pueden extraer conclusiones sobre los jugadores, que van más allá de los datos explícitos que estos han proporcionado.

Por ejemplo, un juego puede clasificar a los usuarios en función de su habilidad, personalidad o su estado emocional, y utilizar esos perfiles para personalizar la experiencia o mejorar los emparejamientos. Pero también para venderlos a terceros.

Para hacernos una idea, se puede inferir que un usuario es menor de edad basándose en su patrón de juego o en las compras que realiza, incluso si este ha proporcionado una fecha de nacimiento falsa.

O se puede detectar que alguien tiene tendencias adictivas y, en lugar de alertarle, utilizar esta información para mantenerle enganchado con recompensas variables (un mecanismo similar al de las máquinas tragaperras).

Las amenazas: lo que puede salir mal

Como se puede observar, el tratamiento de datos personales en este contexto no está exento de riesgos. Para empezar, los juegos en línea son un objetivo frecuente de ciberataques. Si un adversario logra acceder a las bases de datos de una plataforma, puede robar información sensible, como contraseñas, direcciones de correo electrónico, datos de pago o datos biométricos.

Pero existen otras muchas amenazas que, probablemente, no sean tan obvias. Una de ellas es la vinculación. Aunque muchos juegos evitan la utilización de identificadores explícitos o directos, existen datos como la dirección IP o el comportamiento en el juego (por ejemplo, un patrón único de juego, como un estilo de movimiento o un ritmo de disparos) que pueden ser suficiente, por ellos mismos o mediante combinación de patrones, para asociar diferentes sesiones de juego, cuentas o transacciones a una misma persona.

Esto es especialmente preocupante porque se puede obtener un perfil para cada jugador. Este puede usarse a modo de huella digital única e intransferible, para rastrearle o vigilarle en el juego o en otros entornos digitales.

La vinculación también puede facilitar la identificación, de manera que se llegue a conocer la identidad real de un jugador. Así, el doxing (divulgación pública de información privada) es un riesgo real en comunidades de jugadores. Datos como nombres de usuario, direcciones IP o conversaciones en chats pueden filtrarse o usarse para acosar, extorsionar o discriminar a una persona. Así, en juegos multijugador, donde la interacción social es clave, la exposición de datos personales puede tener consecuencias graves, como el robo de identidad o el riesgo para la integridad física.

Datos erróneos y patrones de diseño adictivos

Por otro lado, los datos recogidos en los juegos y las inferencias realizadas a partir de ellos no siempre son exactos o correctos. Por ejemplo, un juego puede clasificar erróneamente a un usuario como “con tendencias adictivas”,
basándose en patrones de juego atípicos (como sesiones largas durante un fin de semana, por ejemplo). O como “tramposo”, tras la recogida de información de ciertos eventos. Estos errores no solo afectan a la experiencia del usuario, sino que pueden tener consecuencias legales si se toman decisiones automatizadas (como la exclusión de un jugador), basadas en datos o inferencias incorrectos, tanto dentro como fuera del juego.

Asimismo, hay que tener en cuenta el engaño o manipulación a través del uso de ciertos patrones de diseño en los interfaces o de mecánicas de juego específicas, como los sistemas cosméticos –para modificar la apariencia del personaje–, skins –aspecto visual alternativo– o personalización de avatares. Estas amenazas pueden llevar a los jugadores a tomar decisiones que de otro modo evitarían, mediante la explotación de sus vulnerabilidades psicológicas y sesgos cognitivos.

De igual manera, muchos juegos están diseñados para maximizar el tiempo de juego, la obtención de datos personales o el gasto (por ejemplo, a través de las cajas de botín o los pases de batalla). Esto puede tener un impacto mayor en los más jóvenes, al conducirles a realizar compras no autorizadas o a desarrollar conductas adictivas.

¿Qué se puede hacer?

Aunque la obligación recae en los responsables de los diferentes tratamientos de datos personales, las personas que juegan también pueden tomar medidas para proteger sus derechos:

  • Leer las políticas de privacidad y la información que se proporciona. Aunque, a veces, puedan ser largas y complejas, es importante entender qué datos personales se tratan y para qué. Si algo no nos convence, consideremos no utilizar ese servicio. Seamos críticos: ¿de verdad tenemos que conectar el juego con nuestras redes sociales? ¿O activar ese chat de voz?

  • Ajustar la configuración de privacidad. Muchos juegos y plataformas permiten limitar la recolección de datos o desactivar ciertas funciones de telemetría e inferencia. Revisemos estas opciones al empezar a jugar y elijamos las que mejor se adapten a nuestras preferencias.

  • Usar contraseñas seguras y autenticación en dos pasos. Esto reducirá el riesgo de que nuestra cuenta sea “secuestrada” y de que suplanten nuestra identidad.

  • Tener cautela con los datos que compartimos. Es mejor no proporcionar información sensible (como dirección física, datos de pago, biometría), a menos que sea absolutamente necesario. De nuevo, cuestionemos la información que se nos ofrece y no demos a “Aceptar” ciegamente.

  • Educación y concienciación. Podemos hablar con otros jugadores, especialmente con los más jóvenes, sobre la importancia de la privacidad y los riesgos asociados al uso de videojuegos. También es útil leer las recomendaciones de las autoridades de protección de datos personales o de otras instituciones de confianza (educativas, del sector de la salud, comunidades profesionales de juego, etc.).

Jugadores conscientes de sus derechos

Los videojuegos son una forma de entretenimiento, arte y socialización que ha transformado la cultura moderna. Pero, como en cualquier otro ámbito digital, el uso de datos personales conlleva riesgos que no deben subestimarse. La industria tiene la responsabilidad proactiva de garantizar que estos datos se traten de manera ética, transparente y, obviamente, conforme a la ley.

Los jugadores, por su parte, deben ser conscientes de sus derechos y tomar medidas para proteger su privacidad. El objetivo no es demonizar el tratamiento de datos personales, sino asegurar que se haga de manera que el sector pueda desarrollar su actividad económica e innovar, mientras se proporciona a los jugadores una excelente experiencia de juego sin comprometer sus derechos fundamentales. Y usted, ¿ha revisado alguna vez qué datos recoge su juego favorito?

The Conversation

Marta Beltrán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Para qué se usan los datos personales que recogen los videojuegos? – https://theconversation.com/para-que-se-usan-los-datos-personales-que-recogen-los-videojuegos-286381

Aumenta el riesgo de golpes de calor en las carreras por montaña o ‘trail running’: ¿estamos preparados?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Xabier González Santamaría, Profesor Doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en la Facultad de Educación y Deporte, Universidad de Deusto

Bajo condiciones de estrés térmico, el cuerpo tiene que hacer un esfuerzo extra para mantener el organismo a una temperatura adecuada. Koldo Larrea/Flickr, CC BY-NC-SA

El cambio climático también está modificando las condiciones en las que practicamos deporte. Las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y tempranas. Ante el aumento global de las temperaturas, diversas investigaciones alertan de que el estrés térmico afecta directamente en la organización de las competiciones deportivas.

Los incidentes ocurridos durante una carrera por montaña en Zierbena (Bizkaia), la Galipa Mendi Bira, reflejan esta incómoda cuestión. En este evento celebrado en junio de 2026, varias personas requirieron atención médica por las altas temperaturas. Se produjeron numerosas retiradas y un helicóptero evacuó a un corredor tras sufrir un golpe de calor.

Una semana después, la Kosta Trail de Sopela (Bizkaia) fue suspendida por seguridad. La decisión se tomó ante la previsión de temperaturas elevadas. El Gobierno Vasco había emitido avisos por fenómenos meteorológicos adversos.

En la zona costera se preveían máximas cercanas a los 36 ºC. A esto se sumaba el riesgo de incendio forestal por el calor y el viento sur. Ambos episodios anticipan un problema cada vez más frecuente.

Ante este panorama, ¿estamos preparados para competir en un escenario tan extremo? ¿Lo están las organizaciones?

Correr con calor: una exigencia fisiológica invisible

Muchos deportistas asocian correr con calor a una simple pérdida de rendimiento. Otros lo ven como una mayor sensación de esfuerzo. Sin embargo, sus efectos fisiológicos son mucho más profundos.

Cuando el termómetro sube, los corredores no solo compiten contra el cronómetro. El verdadero desafío ocurre bajo la piel. Nuestro organismo inicia una carrera paralela para evitar que la temperatura corporal alcance niveles peligrosos.

Para lograrlo, el cuerpo redistribuye el flujo sanguíneo, eleva las pulsaciones y activa la sudoración. El único objetivo es disipar el calor y mantener la temperatura corporal en márgenes seguros.




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Mantener el ritmo bajo el sol implica una carga interna mucho mayor. Diversas investigaciones constatan que el estrés térmico altera nuestro metabolismo. El organismo acelera el consumo de carbohidratos y agota de forma mucho más rápida sus reservas de energía. A ello se suma un incremento en la liberación de hormonas relacionadas con el estrés fisiológico, como el cortisol.

Esta respuesta metabólica y la deshidratación pueden favorecer los mareos o síncopes. Además, aceleran la fatiga neuromuscular. Como consecuencia, perdemos fuerza, coordinación y precisión al tomar decisiones.

Así, cuando el termómetro se dispara, el corredor no solo siente más calor o más fatiga. Su organismo está siendo sometido a una exigencia límite.

El golpe de calor por esfuerzo, un riesgo mortal

La comunidad científica lleva décadas dando la voz de alarma. El Comité Olímpico Internacional sitúa el estrés térmico en primera línea de sus preocupaciones. De hecho, lo califica como uno de los mayores desafíos para el deporte moderno.

Es una seria advertencia que comparte el American College of Sports Medicine. Sus guías oficiales detallan los protocolos para evitar que la actividad física bajo el sol sea una trampa para la salud.

En situaciones extremas, el peligro es real si el cuerpo no logra refrigerarse. Cuando la temperatura interna rebasa la barrera crítica de los 40 ºC, puede desencadenarse un golpe de calor por esfuerzo.

No hablamos de un simple desmayo. Hablamos de una emergencia médica potencialmente mortal. Este cuadro requiere atención sanitaria inmediata.




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Protocolos preventivos frente al calor

Resulta interesante observar lo que ocurre en otros deportes como el canicross, que consiste en correr tirado por un perro. En esta modalidad, los reglamentos incorporan medidas preventivas específicas basadas en la temperatura y la humedad.

Según las condiciones registradas, las organizaciones modifican los eventos. Pueden adelantar horarios, reducir distancias, cambiar recorridos o suspender la competición. La finalidad es actuar antes de que aparezcan situaciones de riesgo para el perro y el corredor.

Evidentemente, los seres humanos y los perros no responden al calor igual. No se trata de trasladar estos protocolos directamente al trail running o carreras de montaña. Sin embargo, el canicross demuestra que se pueden tomar decisiones con criterios objetivos y previos.

Protocolos frente al calor de la Asociación Australiana de Perros de Trineo según la temperatura
Protocolos frente al calor de la Asociación Australiana de Perros de Trineo. A partir de cierta temperatura (en rojo) se recomienda no correr.
ASSA

Las carreras por montaña presentan factores que aumentan la exposición al calor. Destacan los esfuerzos prolongados, los grandes desniveles y las zonas con escasa sombra. También influyen el acceso limitado al agua y las dificultades de evacuación.

Actualmente, la gestión de este riesgo en el trail running suele ser reactiva. Las organizaciones dependen casi siempre de las alertas meteorológicas generales de las autoridades. Sin embargo, el peligro real depende de muchas más variables combinadas.

Por ello, la comunidad científica recomienda utilizar el índice compuesto temperatura de globo y bulbo húmedo o WBGT, por sus siglas en inglés (de wet-bulb globe temperature). Este indicador integra la temperatura, la humedad, la radiación solar y el viento. Así se valora con precisión el estrés térmico que soporta el organismo.

Esquema que explica el índice compuesto temperatura de globo y bulbo húmedo
Explicación del índice compuesto temperatura de globo y bulbo húmedo.
Xabier González Santamaría

Quizá el debate no deba centrarse solo en la existencia de una alerta oficial. Deberíamos evaluar cómo interactúan el clima, el esfuerzo y el recorrido en la salud de los participantes. Este enfoque técnico ofrece un excelente punto de partida para el futuro.

Un nuevo contexto climático

Las carreras por montaña nacieron en un contexto climático diferente al actual. Hoy las temperaturas extremas son mucho más frecuentes y todo indica que seguirán aumentando durante las próximas décadas.

Por ello, la gran pregunta ya no es si el calor afectará al trail running sino cómo queremos gestionar ese riesgo. Organizadores, federaciones y corredores comparten la responsabilidad de adaptarse a esta realidad. Porque cuando hablamos de golpes de calor, el rendimiento deportivo pasa a un segundo plano. Estamos hablando de la salud de los participantes.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Aumenta el riesgo de golpes de calor en las carreras por montaña o ‘trail running’: ¿estamos preparados? – https://theconversation.com/aumenta-el-riesgo-de-golpes-de-calor-en-las-carreras-por-montana-o-trail-running-estamos-preparados-285856

¿De verdad se han hecho muchas películas sobre la guerra civil española?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ruth Gutiérrez Delgado, Profesora titular de Guion, Epistemología y Poética audiovisual, Universidad de Navarra

Mario Casas y Alberto San Juan en un fotograma de la película _La cena_, situada en el final de la guerra civil española. RTVE

La guerra civil española ha marcado la historia de la España contemporánea y, por tanto, ha dejado también su huella en el cine español. No sólo el género bélico ha reflejado el trauma, la amarga experiencia y la frustración propias del conflicto fratricida. Toda la industria audiovisual ha crecido confrontando la herida de la guerra y generando a sus héroes y heroínas en ese caldero roto.

Conviene matizar que preguntarse si se han rodado, o no, muchas películas sobre esta contienda tiene trampa. La guerra no fueron solo sus batallas ni la vida en la retaguardia, sino también los meses previos de república que condujeron a la guerra y la posguerra durante la dictadura. Así, guerra y posguerra en España componen un mismo universo cinematográfico.

Durante el conflicto

A lo largo del tiempo, la producción sobre este tema ha sido desigual. La guerra filmada pasó por diversas etapas que explican también cambios de mentalidad en la sociedad. Durante la propia contienda, aunque ambos bandos promovieron principalmente el rodaje de películas de carácter documental con fines propagandísticos, también se estrenaron unos pocos largometrajes de ficción.

Cartel que anuncia la proyección de _Sin novedad en el Alcázar_ en Madrid.
Cartel publicitario que anuncia la proyección de Sin novedad en el Alcázar en Madrid.
Filmaffinity

Así, con el apoyo de la industria italiana, el bando sublevado filmó Frente de Madrid y Sin novedad en el Alcázar, que recreaba el asedio al Alcázar de Toledo en los primeros meses de 1936, elogiando a los defensores. Con el sello de Hollywood, se estrenaron The Last Train from Madrid, Love Under Fire y, para apoyar la causa republicana, Bloqueo.

En el exilio surgió un cine en rescate de los perdedores: el cineasta y escritor francés André Malraux dirigió Sierra de Teruel y Luis Buñuel contribuyó a la causa republicana con el guión de España 1936, un documental propagandístico.

La versión ganadora

Finalizada la guerra, empezó a gestarse la visión oficial. La industria nacional estrenó entre 1941 y 1942 una decena de títulos que exaltaban los valores patrióticos y castrenses, narrando las gestas heroicas del bando nacional durante la guerra. Fue el llamado cine de cruzada, “a medio camino entre la tradición de cine bélico y los tonos del cine de propaganda política o de la reconstrucción histórica, aunque en la inmediatez del pasado presente”. Entre ellas se encontraban Porque te vi llorar, ¡Harka!, Raza o Rojo y negro.

Raza –con un guion escrito por Franco, bajo seudónimo, en el que proyectó sus ideas políticas– narra los diferentes caminos que toman los miembros de la aristocrática familia Churruca al estallar la guerra, un “trasunto ennoblecido de los Franco”. En cuanto a Rojo y negro, destacó por su innovadora estética, enmarcada en una corriente netamente falangista, y por humanizar y ofrecer una visión matizada de los vencidos en la guerra.

Una visión desde la dictadura

Durante la posguerra se estrenaron títulos de carácter histórico-biográfico como El santuario no se rinde, acerca de la resistencia del capitán Cortés en el santuario de Santa María de la Cabeza, y Cerca del cielo, en torno al martirio del obispo de Teruel, Anselmo Polanco.

También en los años cuarenta se filmaron en Estados Unidos películas sobre el tema, como Arise, My Love, The Fallen Sparrow, ¿Por quién doblan las campanas?, basada en la novela Ernest Hemingway, y Confidential Agent, adaptación de una obra de espías de Graham Greene. Todas ellas, rodadas durante la Segunda Guerra Mundial, presentaban de una u otra manera a miembros de las Brigadas Internacionales o a soldados republicanos en lucha contra el fascismo.

Un hombre abraza a una mujer mientras miran al cielo.
Ingrid Bergman y Gary Cooper en la adaptación de ¿Por quién doblan las campanas?.
Paramount Pictures

Con el paso de los años disminuyó el número de largometrajes en torno a la guerra. A los títulos bélicos se sumaron melodramas o cintas románticas con el conflicto como telón de fondo.

Poco a poco, se fueron realizando una serie de películas que suponían una reflexión más o menos velada acerca de la contienda, especialmente en una época en la que resultaba un tabú disentir del relato oficial acerca de sus causas y, sobre todo, sus consecuencias. Así sucedió con la hollywoodense Behold a Pale Horse, prohibida en España hasta 1979. Aunque se ambientaba en los años cincuenta, tenía como protagonista a un antiguo maquis exiliado en Francia que decidía regresar a su país de origen.

Más favorable resultó el llamado cine de reconciliación, coincidiendo con la “política del olvido” que preparó a España para su transición. Tierra de todos abordó el conflicto de manera reconciliadora, así como Posición avanzada, en la que los soldados de ambos bandos pactan una tregua para pescar truchas e intercambiar cigarrillos. Otras obras, aun desarrollando su argumento en la contemporaneidad, tenían la guerra como tema de fondo. Fue el caso de España otra vez o La caza y La prima Angélica, ambas de Carlos Saura, en las que recuerdos, fantasmas y rencores del pasado impactaban en el presente.

Escena de La caza, de Carlos Saura.

Mientras tanto, continuaban estrenándose títulos menores de escasa repercusión que insertaban el discurso oficialista en relatos bélicos, como Golpe de mano (Explosión), La orilla y La montaña rebelde.

Llega la democracia también al cine

Finalizada la dictadura, los años de la Transición dieron lugar a sucesivos estrenos que abordaron críticamente la guerra civil. Estos incidían en la perspectiva republicana pero también reflexionaban sobre la tragedia que había supuesto para toda la sociedad española. Algunos incluso adoptaron tono de sátira con toques de destape.

Entre los más destacados, Las largas vacaciones del 36 recreó el ambiente de la burguesía catalana durante el inicio del conflicto; Retrato de familia adaptó Mi idolatrado hijo Sisi, de Miguel Delibes, acerca de cómo la guerra impacta en una familia en descomposición; Soldados hizo lo propio con una novela de Maux Aub sobre el camino hacia el exilio de unos soldados republicanos; Los días del pasado se aproximó a la figura del maquis y Companys, proceso a Cataluña recreó el juicio y fusilamiento de Lluis Companys, presidente de la Generalitat.

Los títulos en clave crítica, costumbrista y cómica fueron relegando la política del olvido. En esa línea, De camisa vieja a chaqueta nueva retrató el oportunismo ideológico como adaptación a los tiempos; Las bicicletas son para el verano incidió en una desprevenida clase media durante el estallido de la guerra y La vaquilla se convirtió en la comedia negra española más relevante del momento.

Imagen de unos soldados hablando desde una trinchera.
Fotograma de La Vaquilla.
Santiago Castillo París & MuVIM. Foto: Rafael de Luis

Posteriormente, la tendencia a la comedia ligera se hizo notar en ejemplos como ¡Ay, Carmela!, La niña de tus ojos (situada en Alemania en los años de la guerra civil) y La hora de los valientes, donde la farándula, la música y el arte sirven como macguffin para presentar el contexto del conflicto. Este mismo motivo se vio en Pájaros de papel o en el éxito de 2025 La cena.

Entrar en el siglo XXI

También fue notable el protagonismo de la infancia y su mirada inocente y catalizadora de los demonios de la guerra. Así sucede en La lengua de las mariposas, El viaje de Carol, El espinazo del diablo y El laberinto del fauno, las dos últimas de Guillermo del Toro. Todas ellas, de algún modo, son herederas de El espíritu de la colmena, de 1973.

Con una trayectoria histórica de ajuste a las diversas leyes y políticas de financiación en España, con el movimiento de recuperación y las leyes de Memoria Histórica, el cine sobre la guerra civil continuó su producción a lo largo del siglo XXI. Ha primado desde entonces la percepción individual frente a la gran Historia, privilegiándose también las visiones regionalistas.

Vienen a la memoria, entre muchos otros, títulos como Soldados de Salamina, La luz prodigiosa, La buena nueva, La voz dormida, Pa negre e Incierta gloria –ambas de Agustí Villaronga–. También las más recientes La trinchera infinita, Mientras dure la guerra, El maestro que prometió el mar y San Simón.

Todas ellas pondrán el acento en una memoria recrudecida y amarga sobre la represión, el odio y aquellas historias mínimas, normalmente biográficas, que pasaron desapercibidas y que hoy perfilan otro recuerdo del conflicto.

Una de las escenas más icónicas de Soldados de Salamina.

La guerra civil española, siempre difícil y costosa de filmar, ha encontrado relatos a través de los cuales mostrar su crudeza. Batallas como las de Madrid, Brunete, el Ebro y Teruel, o las marítimas de los cabos de Palos y Machichaco carecen de representación fílmica. El frente quedó al margen y, también, los datos históricos.

Sin embargo, casi un siglo después, y sin apenas testigos, emergen reflexiones que apuntan no sólo a avivar la represalia sino a reconciliar los sentimientos, contando historias de perdón y reencuentro como un cierre de aquel conflicto.


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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿De verdad se han hecho muchas películas sobre la guerra civil española? – https://theconversation.com/de-verdad-se-han-hecho-muchas-peliculas-sobre-la-guerra-civil-espanola-283638

STING y el sutil arte de inflamar: por qué controlar la respuesta inmune es tan importante como activarla

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Estanislao Nistal Villán, Virólogo y profesor de Microbiología de la Facultad de Farmacia, Universidad CEU San Pablo

Entender la inflamación y, sobre todo, cómo modularla es uno de los grandes retos médicos de nuestra época. Su papel como primera línea de defensa es clave: la presencia de agentes infecciosos desencadena una respuesta inflamatoria que, además de entorpecer la entrada de virus y bacterias, funciona como llamada de socorro, atrayendo a otros componentes de nuestro sistema de alerta inmunitario.

Entonces, ¿cuál es el problema con la inflamación? Pues el problema se produce cuando nuestro organismo se pasa de frenada y produce una inflamación tan sobredimensionada que se convierte en perjudicial. De hecho, su regulación deficiente tiene un papel central en varios procesos patológicos.

Un ejemplo reciente de su relevancia la encontramos en la pandemia de covid-19, donde la enfermedad se agrava, no tanto por el virus como tal, sino por nuestra respuesta inflamatoria frente a él. Los tratamientos eficaces aplicados a estos enfermos más graves incluían inhibidores que controlan la sobreinflamación asociada a la infección.

El control adecuado de la inflamación resulta esencial no solamente en la lucha frente a las infecciones, sino también en inmunoterapia, en la batalla contra el cáncer o en los tratamientos frente a enfermedades autoinmunes. Además, un mal control de la inflamación puede relacionarse también con enfermedades coronarias, inmunosenescencia –envejecimiento celular– o la neurodegeneración asociada al alzhéimer y al párkinson.

STING, la proteína que puede acelerar o poner freno a la inflamación

Una de las piezas del control adecuado de la inflamación es la proteína STING. Se localiza en el retículo endoplasmático de nuestras células, y puede ser regulada de múltiples formas.

La activación de STING tiene un carácter dual. En oncología, su pronóstico varía según el tipo de cáncer. En procesos infecciosos, puede ofrecer protección o desencadenar una respuesta exacerbada, según el virus y el estado previo del paciente. Algunas mutaciones en STING son también las responsables de interferonopatías, un tipo de enfermedades inflamatorias crónicas raras especialmente relevantes en niños.

Entender qué factores activan (inductores) o reprimen (inhibidores) la activación de STING resulta esencial para poder prevenir la inflamación o controlarla en el contexto de una enfermedad.

¡Alarma! Material genético fuera de lugar

La función más estudiada de STING es su papel como activador de la inflamación al detectar ADN fuera de su sitio. El ADN contiene las instrucciones esenciales para que nuestras células funcionen correctamente, por lo que se guarda con celo en el núcleo de la célula. Es como si ese núcleo fuera una biblioteca histórica que custodia libros de gran valor. Cuando la célula necesita usar esa información, hace cuidadosamente una copia del original —en forma de ARN— y solo esa “fotocopia” tiene permiso para salir. Así se protege el valiosísimo texto original.

Por eso, si aparece un libro de ADN fuera de la biblioteca, indica que algo va muy mal. O bien las instalaciones han sufrido un daño grave, o bien un virus o una bacteria está intentando “colar” sus propios libros para provocarnos una enfermedad. Y ahí es donde STING da la voz de alarma para avisar del peligro.

Cuando el calcio en las células se desequilibra, puede indicar peligro

Sin embargo, en un reciente estudio comprobamos que hay otras formas de activar STING. Concretamente, un aumento en el calcio en el citoplasma celular, unido a la estimulación del estrés en el retículo endoplásmico, puede activar una respuesta antiviral e inflamatoria a través de STING sin que sea necesaria la detección de ADN.

Este mecanismo de activación no canónica de STING muestra que, aparte de ser un especialista como equipo de seguridad que detecta el ADN fuera de sitio, puede actuar también como una plataforma inflamatoria compleja y diversa. Es capaz de detectar más estados de estrés celular y actuar en consecuencia.

El desequilibrio del calcio intracelular y la producción del estrés en retículo endoplásmico ocurre en múltiples procesos biológicos y enfermedades, desde la activación del sistema inmune durante el cáncer hasta las infecciones. Si pensamos en la célula como un restaurante de alta cocina, el calcio jugaría el papel de una especia potentísima, como la pimienta de cayena. Una pizca minúscula añadida en el momento justo realza el plato, pero si nos pasamos de especia, podemos arruinarlo.

Cuando en la cocina hay un accidente o una crisis y la pimienta se vuelca por completo sobre la comida, sobrecondimentar de calcio hace que el plato sea tan sumamente tóxico que el chef se ve obligado a tirarlo a la basura. Del mismo modo, una sobrerreacción del estrés celular inducido por el calcio puede conducir a las células a la muerte.

Para hacer que la respuesta inmune funcione mejor se necesita esa “pizca de gracia” que aporta una activación controlada de la inflamación. La activación de STING mediada por calcio puede estar detrás de una mejor protección frente a infecciones o procesos inflamatorios autoinmunes.

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The Conversation

Estanislao Nistal Villán recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación a través del proyecto PID2023-150116OB-I00.

Sergio Rius Rocabert recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación a través del proyecto PID2023-150116OB-I00.

ref. STING y el sutil arte de inflamar: por qué controlar la respuesta inmune es tan importante como activarla – https://theconversation.com/sting-y-el-sutil-arte-de-inflamar-por-que-controlar-la-respuesta-inmune-es-tan-importante-como-activarla-283497

La sécurité des drones militaires, ou comment protéger ce qui compte (et ce n’est pas toujours le drone lui-même)

Source: The Conversation – in French – By Serge Chaumette, Professeur des Universités en Informatique, chercheur au LaBRI (Laboratoire Bordelais de Recherche en Informatique) et responsable des activités drones de ce laboratoire, Université de Bordeaux

Sur les théâtres d’opération militaire, les drones évoluent dans un environnement hostile où ils doivent avant tout protéger les troupes qu’ils accompagnent. Pour mener à bien cette mission, ils déploient des stratégies qui leur offrent une certaine résilience, le but n’étant finalement pas de les protéger pour eux-mêmes, mais de leur permettre d’accomplir leur tâche coûte que coûte. Leur propre protection n’est qu’un enjeu secondaire : on les dit sacrifiables.

Face aux vulnérabilités de ces nouveaux acteurs des conflits militaires, on se trouve devant un jeu du gendarme et du voleur où le gendarme court après de nouvelles solutions pour se protéger du voleur alors que le voleur cherche de nouvelles failles lui permettant de mettre à mal les stratégies développées par le gendarme.


La guerre en Ukraine a suscité un regain d’intérêt des forces armées pour les drones, en particulier de taille petite et moyenne, qu’ils soient unitaires ou en essaim. On le constate quotidiennement, ils sont partout sur le champ de bataille et constituent un atout majeur pour les forces : ils portent le feu pour elles vers les lignes ennemies, mais surtout ils les renseignent, leur évitent une exposition inutile, les protègent.

Mais comment assurer leur propre protection afin de garantir leur disponibilité face aux attaques de l’ennemi et à la « guerre électronique », qui sert parfois de prélude aux opérations cyber (opérations visant à mettre à mal, voire à pirater, leurs composants matériels ou logiciels) ? Des technologies et des stratégies existent, qui se construisent dans les laboratoires de recherche académiques, dans les start-up et les entreprises spécialisées et, pour certaines, au jour le jour sur le front (ukrainien, en particulier).

Mais tout d’abord, précisons qu’un drone est rarement isolé. Les drones sont la plupart du temps pilotés par un opérateur distant, généralement au sol. Le pilote et les équipements informatiques nécessaires à l’analyse des données collectées et au suivi de la mission sont hébergés, selon la terminologie militaire, dans un C2 (Command and Control), souvent un camion ou un bâtiment où se trouvent les équipements et les personnels nécessaires.

Pour en assurer la sécurité, il faut donc envisager les drones comme des systèmes à plusieurs composantes, au-delà de l’aéronef lui-même.

La résilience, un enjeu civil et militaire

Quand on parle de protection du drone, on parle avant tout de sa résilience, c’est-à-dire de la capacité du système à conserver un fonctionnement aussi nominal que possible face à un environnement ou à des événements hostiles. Cette hostilité peut être le fait de l’action volontaire d’un ennemi, qui va tout faire pour perturber leur fonctionnement en intervention ; mais elle peut également être liée à la nature même de certaines missions, par exemple la surveillance de zones forestières pour la lutte contre les incendies de forêt, qui peuvent conduire le drone à s’approcher ou à survoler des « zones interdites de fréquences » (terrains militaires, aéroports, centrales nucléaires, etc.). Dans ces zones, il est impossible ou interdit de communiquer en utilisant des ondes radio. Il faut être capable de s’adapter à cette contrainte, d’être résilient face à elle.

Il est toutefois plus ou moins critique qu’un système de drone soit résilient, selon les cas : un appareil suffisamment petit, peu coûteux, et que l’on sait produire en masse, peut être perdu sans grande conséquence.

Le premier objectif de la résilience est d’assurer à un drone la capacité à mener à bien sa mission. Certains drones, par exemple, jouent le rôle d’éclaireurs : le succès de leur mission conditionne le bon déroulement des opérations qui s’ensuivent. C’est le cas également dans un cadre civil, par exemple pour le transport de matières biologiques ou d’organes nécessaires à des greffes.

Il faut parfois également respecter certaines contraintes, par exemple conserver la confidentialité des données transportées, qu’elles soient collectées pendant la mission ou nécessaires à la mission elle-même. Par exemple, le plan de vol (c’est-à-dire les différents points GPS que le drone doit atteindre successivement) peut être une information sensible, dont il est nécessaire d’assurer la confidentialité, la disponibilité et/ou le retour en fin de mission, même en cas de perte ou de dégradation de certains composants matériels ou logiciels du système.

Comme nous l’avons vu, les drones et leur environnement constituent un système complexe et donc fragile par définition. Ces fragilités se situent à tous les niveaux : interne, externe et au niveau des interconnexions entre les éléments du système (drone, opérateur, C2, etc.).

Les fragilités internes

Les fragilités internes concernent aussi bien l’électronique que le logiciel embarqué. Par exemple, l’électronique peut être victime d’attaques par des « fusils électromagnétiques », qui utilisent des micro-ondes pour détruire certains circuits. Des approches à base de laser se développent aussi. Ces attaques peuvent conduire à la perte totale d’un appareil et peuvent aussi provoquer des failles propices à une attaque cyber (qui peut être effectuée en vol, mais plus aisément au sol après capture de l’appareil) : modifier des données en mémoire grâce à un rayonnement peut aider à faire apparaître une faille logicielle qui sera exploitée par la suite.

Les drones, comme tout autre système, ne sont pas exempts de bugs logiciels ou de sécurités défaillantes par construction. Une conséquence qui peut s’avérer fatale est, par exemple, la survenue d’un flyaway : le drone part vers une destination non prévue. Ce type de bug peut aussi avoir une composante matérielle. De manière plus globale, la perte de contrôle d’un appareil représente 36 % des accidents, toutes causes confondues.

Les attaques externes, un enjeu majeur

Les attaques externes consistent pour un ennemi à cibler les interactions entre le système et le monde extérieur, par exemple le système de navigation par satellite (souvent dénommé abusivement GPS – Global
Positioning System, qui est le système américain – au lieu de GNSS pour Global Navigation Satellite System) ou la radio (que le drone utilise pour communiquer avec une station au sol).

Le GPS peut être brouillé – auquel cas le signal reçu n’est plus exploitable : le drone n’est alors plus en mesure de connaître sa position effective. Il devient inutilisable : on parle d’environnement « GNSS denied », c’est-à-dire d’environnement dans lequel le GNSS ne peut pas être utilisé. Cela peut par exemple conduire à sa capture : les forces armées iraniennes, en 2011, ont capturé un drone américain RQ-170 Sentinel de cette façon. En Ukraine, nombreuses sont les zones dans lesquelles le signal GPS est soit inexistant, soit brouillé et devient donc inutilisable pour naviguer.

Ce phénomène a également été observé sur des événements de type show lumineux, à Shanghai par exemple, où des dizaines de drones sont allés se poser de manière inopinée sur des bateaux situés à proximité.

Les attaques d’interconnexion

Les attaques d’interconnexion portent sur l’interface du drone avec les autres éléments du système, typiquement sur ses échanges avec la station sol, et donc sur le lien radio.

Elles peuvent par exemple consister à envoyer des ordres contrefaits ou à transmettre des données erronées vers la station au sol. Le composant cible croit échanger avec un autre composant légitime alors qu’il échange avec un attaquant. Il devient ainsi possible d’exploiter les captations vidéo d’un drone pour déterminer la localisation de sa base de lancement, puis de la prendre pour cible.

Les solutions : un puzzle de stratégies

Tout d’abord, pour ce qui concerne les problématiques clés, il existe de nombreux travaux de recherche fondamentale.

Aujourd’hui, les spécialistes travaillent en particulier sur la capacité à poursuivre la navigation en environnement GNSS denied et sur la sécurisation des liens de communication drone sol-sol drone. En effet il est indispensable que les appareils disposent de solutions de repli en environnement GNSS denied. Des approches algorithmiques reposant sur une analyse fine et un filtrage des signaux reçus, des antennes spécifiques et même des approches de type IA permettent de traiter certaines attaques.

En cas d’échec de ces stratégies de remédiation, l’utilisation d’amers (terme de navigation faisant référence à des points de repère fixes) permet de se repérer en s’accrochant visuellement à des points au sol. C’est souvent une combinaison de plusieurs de ces techniques qui permet en cas de perte de la disponibilité de l’une d’entre elles d’assurer la résilience du système.

Pour ce qui est de la radio, qui en plus d’être inutilisable (neutralisée ou interdite), peut être exploitée pour localiser un C2, des stratégies sont étudiées ou déjà mises en œuvre. Par exemple, des fibres optiques reliant un télépilote à son appareil pour communiquer en lieu et place de la radio ont été expérimentées en Ukraine. À plus long terme, des approches quantiques permettront de sécuriser ces communications de manière efficace.

Pour d’autres problématiques, des stratégies existent déjà, et peuvent être exploitées. Leur coût en revanche peut ne pas être négligeable. Un compromis coût/capacité de résilience est donc à trouver.

De manière plus méthodologique, il existe des processus de certification permettant de valider la conformité à la réglementation en vigueur, laquelle intègre par nature une notion de résilience. Les enjeux sont différents dans le domaine militaire : ceux-ci n’échappent évidemment pas à toute réglementation, mais la résilience est plus focalisée sur le succès de la mission que sur la sécurité de l’environnement dans lequel elle se déroule, comme discuté dans cet article.

Il s’agit dans ce cas de développer des solutions au plus vite, de les tester, de les valider et de les déployer.

La première étape consiste à valider chaque sous-système et à mesurer son TRL (Technology Readiness Level – niveau de maturité de la technologie). On évalue ensuite la capacité de chaque sous-système à s’intégrer avec d’autres, son IRL (Intégration Readiness Level – niveau de maturité d’intégration) ; puis on intègre le système et on évalue son SRL (System Readiness Level – niveau de maturité du système global). Ces mesures sont loin d’apporter des garanties universelles, mais elles permettent déjà d’assurer une qualité significative du produit final.

Rappelons, enfin, que les drones de petite et moyenne taille, objets technologiques pourtant anciens, n’ont révélé tout leur potentiel militaire que récemment. Il faut donc garder en tête qu’il ne faudra pas ralentir les efforts de recherche et les expérimentations quand les conflits actuels seront derrière nous.

Il en va de la capacité de ces systèmes à réaliser leurs missions, qui visent, redisons-le, à nous protéger lors d’éventuels futurs conflits.

The Conversation

Serge Chaumette a reçu des financements de l’ANR, de BPI, de l’AID, de l’EDA, des ARL (Army Research Labs), de l’ORNL (Office of Naval Research). Il est Professeur et Chercheur à l’Université de Bordeaux et conseille et détient des parts dans la société IcarusSwamrs.ai dont il est Directeur Scientifique. Il est membre du Comité Stratégique Drones et Nouveaux Usages du Pôle de Compétitivité Mondial Aerospace Valley et co-animateur du groupe Drones et Systèmes Autonomes du GIS Albatros (Groupement d’Intérêt Scientifique entre Thales et l’Université de Bordeaux). Enfin, il collabore ou pilote de nombreux projets avec des partenaires académiques, industriels et institutionnels dans le monde du drone.

Damien Sauveron a reçu des financements de l’ANR (notamment pour le projet PANDRONE dédié à la sécurité des flottes de drones), du CNRS (PEPS TRUSTED), de la Région Nouvelle-Aquitaine et de la fédération de recherche MIRES. Dans le cadre de ses collaborations industrielles passées, ses travaux sur les flottes de drones ont également été soutenus par Thales (projet NetCod). Il est Professeur des Universités en Informatique à l’Université de Limoges et chercheur au laboratoire XLIM (UMR CNRS 7252), dont il est Doyen Honoraire de la Faculté des Sciences et Techniques. Ses recherches portent sur la cybersécurité, les systèmes embarqués et la souveraineté des architectures autonomes. Enfin, il intervient comme expert auprès de la Commission Européenne.

ref. La sécurité des drones militaires, ou comment protéger ce qui compte (et ce n’est pas toujours le drone lui-même) – https://theconversation.com/la-securite-des-drones-militaires-ou-comment-proteger-ce-qui-compte-et-ce-nest-pas-toujours-le-drone-lui-meme-286221

Influenceur sur TikTok, président sur Facebook : la nouvelle stratégie de Jordan Bardella

Source: The Conversation – in French – By Alma-Pierre Bonnet, Senior Lecturer in British Studies, Université Jean Moulin Lyon 3

Si Jordan Bardella est très actif sur les réseaux sociaux préférés de la génération Z, tels que TikTok, YouTube et Instagram, il investit aussi désormais beaucoup de temps sur Facebook. De janvier à mars 2026, les publications du président du Rassemblement national sur ce réseau social ont augmenté de 90 % par rapport à la même période en 2025. Sa stratégie y diffère sensiblement de ce qu’il déploie sur les autres plateformes.


Le président du Rassemblement national (RN) Jordan Bardella est aujourd’hui la personnalité politique la plus suivie sur TikTok, après Emmanuel Macron, grâce à une stratégie de communication fondée sur la personnalisation, la viralité et une apparente dépolitisation du contenu. Ses vidéos montrent des scènes de la vie quotidienne : il mange des bonbons, met de la mayonnaise sur un hot-dog, joue à des jeux vidéo, prend un verre, caresse un lapin, etc. Ces clips peuvent générer des millions de vues en quelques heures et s’inscrivent dans une logique de relations parasociales afin de répondre à la demande croissante de lien plus personnel avec les dirigeants politiques.

L’objectif principal sur TikTok semble être générationnel : les jeunes électeurs potentiels ont l’impression de « connaître » Bardella, indépendamment de son programme politique, lui garantissant un « capital politique » personnel, partiellement détaché des controverses historiques du parti. En somme, il adopte les codes de l’industrie des influenceurs pour construire et entretenir une communauté fidèle grâce à une stratégie en quatre volets : image d’authenticité, de proximité, d’accessibilité et de responsabilité (au sens « rendre des comptes » à ses followers).

Sur Facebook, nos recherches montrent que celui qui est aussi député européen du RN se détache de cette image d’influenceur pour tenter d’acquérir une stature présidentielle.

Influenceur sur TikTok, président sur Facebook ?

Facebook touche un public plus large (40 millions d’utilisateurs français sur Facebook en 2026 contre 25 millions pour TikTok), généralement plus âgé et socialement plus diversifié que TikTok.

L’architecture numérique de Facebook, construite autour de fonctionnalités, telles que les « amis » et les « j’aime », ainsi que le « filtrage algorithmique », qui hiérarchise la sélection, la séquence et la visibilité des publications, permettent de mettre en avant la personnalité de ses utilisateurs.

Cela rend Facebook particulièrement attrayant pour les partis d’extrême droite, qui sont généralement organisés selon des structures verticales et hiérarchiques, enclines à favoriser des organisations partisanes centrées autour d’un leader charismatique.

Notre analyse de 452 publications de Jordan Bardella sur Facebook depuis début 2026 révèle que cette plateforme lui permet de se façonner une stature présidentielle d’inspiration gaullienne.

La mise en scène de sa popularité

Une des caractéristiques principales de la communication de Jordan Bardella sur Facebook est le recours à une multitude de publications pour couvrir un seul et même événement (interviews télévisées, séances de dédicaces ou réunions politiques). Ces publications sont mises en ligne en temps réel, ou peu après, ce qui crée une longue succession de messages. Le découpage des extraits en courtes vidéos thématiques donne l’impression que Bardella est prêt à répondre à toutes les questions sur tous les sujets. Il se présente ainsi comme une figure avisée et proactive, contrairement, selon lui, à la classe politique actuelle qu’il accuse d’apathie et de manque d’intérêt pour les gens ordinaires.

Sur le plan terminologique, cette dynamique s’exprime à travers la récurrence du mot « alternance » (52 occurrences), qui suggère que ce changement politique est réalisable dans un cadre démocratique, par opposition à l’idée de « révolution » (aucune occurence), plus facilement associée à l’idée de violence.

S’inscrivant dans le processus de « dédiabolisation », l’image « rassurante » de Bardella s’exprime également dans les nombreuses vidéos de discours prononcés au Parlement européen. Il montre ainsi qu’il peut apporter le changement tout en restant dans un cadre démocratique, s’éloignant à la fois de la stratégie frontiste originelle, consistant à quitter purement et simplement l’Union européenne (UE), et de la rhétorique agressive d’autres leaders populistes, comme le Britannique Nigel Farage.

Ces vidéos de « bains de foule » cherchent à créer l’image d’une lame de fond populaire et d’une cohésion sociale autour de sa personne. Lors de telles occasions (notamment les séances de dédicaces), il s’habille de manière décontractée, ce qui établit un lien avec les gens ordinaires et renforce le fil conducteur de son storytelling : il est issu du peuple et bénéficie d’un soutien populaire important.

Facebook comme arène de la bataille culturelle contre la gauche

Dans 16 % des publications de Bardella sur Facebook (73 posts), la gauche est la cible d’attaques dans ce qui s’apparente à une croisade culturelle où la défense de la civilisation française et de ses valeurs serait en jeu. Le courroux de Bardella vise plus particulièrement l’extrême gauche. La France insoumise (LFI) est, en effet, décrite comme une menace existentielle pour la survie de l’« âme française », trope typique des dirigeants populistes.

Bardella s’érige contre la menace de « bordélisation » de l’extrême gauche -- 23 janvier 2026

Jordan Bardella/Facebook, Fourni par l’auteur

Au-delà de l’opposition idéologique traditionnelle, Bardella accuse le parti de Jean-Luc Mélenchon d’encourager la « bordélisation » de la politique française, un néologisme emprunté à Gérald Darmanin, alors ministre de l’intérieur, qui n’est pas sans rappeler la « chienlit » gaullienne, afin de se poser en défenseur du droit et de l’ordre.

Une attention forte portée aux relations internationales

Particulièrement actif sur les questions internationales, qui occupent 27 % de ses publications, Bardella se montre notamment très critique à l’égard de ce qu’il qualifie d’ingérence américaine et réclame une souveraineté totale de la France en matière de dépenses militaires et d’interventions à l’étranger.

Le 29 janvier 2026, par exemple, un extrait d’interview montre Jordan Bardella interrogé sur le revirement de la ligne de son parti concernant Donald Trump. Le président du RN y affirme qu’il n’a de « fascination pour personne » et que si le second mandat de Trump est une bonne nouvelle pour les États-Unis, c’est une « très mauvaise nouvelle » pour la France, car il renforce le processus de « vassalisation » amorcé par le gouvernement Macron.

Le terme « vassalisation » évoque le refus de Charles de Gaulle de devenir un « vassal » des États-Unis après la Seconde Guerre mondiale. Cette référence intertextuelle permet à Bardella de s’éloigner des controverses du parti, dans une stratégie plus ouvertement présidentielle.

Bardella parle de la « vassalisation » du gouvernement français actuel -- 29 janvier 2026
Bardella évoquant la « vassalisation » de la France à l’égard des États-Unis, voulue selon lui par le gouvernement français – 29 janvier 2026.
Jordan Bardella/Facebook, Fourni par l’auteur

Une absence de Marine Le Pen qui en dit long

Enfin, dans l’ensemble des publications analysées, Marine Le Pen n’est évoquée qu’à 26 reprises (5,7 %) dont 20 fois au Salon de l’agriculture où elle partage la photo avec Jordan Bardella. En contraste, les publications assurant la promotion personnelle de Bardella (séances de dédicace, sondage de popularité) comptent pour près de 15 % des posts.

De même, 19 % des publications (86) expriment son soutien aux candidats RN, ce qui lui donne une stature d’autorité suprême au sein du parti lepéniste.

Le jeu du contre-récit

Le storytelling de Bardella sur Facebook met en scène un homme issu du peuple, un outsider politique providentiel, qui a identifié les différentes menaces pesant sur la nation française (perte de souveraineté, immigration, extrême gauche, etc.) et qui est prêt à y faire face, dans un cadre démocratique, consolidant ainsi la normalisation de son parti.

Cet imaginaire entre en contradiction avec le discours officiel du parti d’extrême droite, qui fait de Jordan Bardella un simple numéro deux du RN, alors que Marine Le Pen ignore, à ce stade, si la Cour d’appel de Paris l’autorisera à être candidate à l’élection présidentielle en 2027.

2027, un tournant décisif pour la France… et pour Bardella (sans Marine Le Pen ?) -- 26 janvier 2026
« 2027, un tournant décisif pour la France… » ou pour Jordan Bardella, sans Marine Le Pen ? – 25 janvier 2026.
Jordan Bardella/Facebook, Fourni par l’auteur

The Conversation

Alma-Pierre Bonnet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Influenceur sur TikTok, président sur Facebook : la nouvelle stratégie de Jordan Bardella – https://theconversation.com/influenceur-sur-tiktok-president-sur-facebook-la-nouvelle-strategie-de-jordan-bardella-282575

Pourquoi l’Iran ne parviendra pas à instaurer un péage dans le détroit d’Ormuz

Source: The Conversation – in French – By Jennifer Parker, Adjunct Professor, Defence and Security Institute, The University of Western Australia; UNSW Sydney

Téhéran envisage d’instaurer un péage dans le détroit d’Ormuz pour y asseoir son contrôle stratégique, mais son ambition se heurte à un écueil juridique et pratique : le droit international garantit le libre passage dans ces eaux, et cette voie large de près de 40 kilomètres n’a rien d’un canal de Suez étroit et verrouillé.


Au Moyen-Orient, la tension est récemment remontée d’un cran. Les États-Unis et l’Iran ont échangé de nouvelles frappes aux abords du détroit d’Ormuz, après qu’un drone iranien a visé un navire de fret en transit. Chaque camp dénonce une violation de l’accord de paix provisoire qui a été conclu pour soixante jours.

Depuis l’attaque conjointe menée par Washington et Tel-Aviv sur son territoire, la République islamique multiplie les déclarations sur son intention d’exercer un contrôle permanent sur le détroit. Ces déclarations ont suscité la crainte de voir Téhéran, une fois le conflit terminé, imposer des taxes de passage systématiques aux quelque 130 navires qui transitent quotidiennement par cette voie. Reste que les autres pays de la région ne l’accepteraient pas et, surtout, l’Iran ne pourrait sans doute pas y parvenir : le détroit d’Ormuz n’est pas un canal.

Aucune voie légale

Le monde a raison de s’inquiéter. Depuis le début des hostilités, l’Iran cherche à dissuader les navires de transiter par le détroit d’Ormuz, attaquant plus de 40 navires marchands neutres et tuant plusieurs marins civils. À cela s’ajoutent des attaques à la roquette et au drone ainsi que la pose de mines marines dans le détroit. Conséquence : le trafic maritime commercial est pratiquement au point mort depuis plus de trois mois, ce qui a des conséquences économiques considérables.

Les inquiétudes ont été encore attisées par la formulation du récent accord provisoire en 14 points, qui stipule que l’Iran fera « tout son possible » pour garantir le passage en toute sécurité des navires commerciaux « sans frais, pendant 60 jours seulement ».

Le plan prévoit que l’Iran discutera des dispositions futures avec Oman et d’autres États du Golfe, « conformément au droit international applicable et aux droits souverains des États côtiers du détroit d’Ormuz ».

En vertu de la Convention des Nations unies sur le droit de la mer, le détroit d’Ormuz est un détroit international où tous les navires jouissent d’un droit de passage en transit que les États côtiers ne peuvent suspendre.

Bien que certaines parties du détroit traversent les eaux territoriales iraniennes, le principal système de séparation du trafic se situe dans les eaux omanaises. Les systèmes de séparation du trafic sont des routes établies par l’Organisation maritime internationale pour gérer en toute sécurité le trafic dans les goulets d’étranglement très fréquentés. On peut les considérer comme des voies de circulation recommandées. Juridiquement, instaurer un péage serait irrecevable.

Mais il n’y a pas non plus de moyen pratique

La véritable question est toutefois de savoir si l’Iran pourrait, dans la pratique, imposer un péage, d’autant plus qu’il a effectivement bloqué la majeure partie du trafic maritime commercial dans le détroit d’Ormuz pendant plus de trois mois.

À première vue, il existe des précédents évidents. Les navires paient pour transiter par des canaux tels que ceux de Suez et de Panama. Mais ces voies navigables diffèrent fondamentalement du détroit d’Ormuz. Elles se trouvent sur le territoire d’un seul État et constituent des voies de transit étroites et contrôlées. Le chenal navigable du canal de Suez, par exemple, mesure sur toute sa longueur environ 200 mètres de large.

Le détroit d’Ormuz est un cas à part. À son point le plus étroit, il mesure environ 39 kilomètres de large, et comprend des zones relevant à la fois des eaux territoriales omanaises et iraniennes. L’étendue de cette voie navigable rend beaucoup plus difficile l’interception, l’inspection et le contrôle des navires qui refusent de s’acquitter d’un péage. Proclamer l’existence d’un péage est une chose ; le faire respecter auprès de navires récalcitrants en est une autre.

Les navires traversant le canal de Suez y pénètrent par Port-Saïd au nord ou par Suez au sud ; ensuite, des pilotes de l’Autorité du canal de Suez montent à bord des navires et ceux-ci rejoignent un système de convoi strictement contrôlé pour la traversée.

Du fait de la nature confinée et hautement réglementée du canal, il est pratiquement impossible pour un navire de transiter par celui-ci sans se conformer aux exigences de ses autorités et sans s’acquitter des droits de passage requis.

En ce qui concerne le détroit d’Ormuz, au-delà du droit international, il est peu probable que les compagnies maritimes et les États acceptent volontairement un péage permanent pour le transit à travers un détroit international. La question ne se résume pas simplement au coût, mais au précédent que cela créerait en matière de liberté de navigation et de gouvernance des détroits à travers le monde.

Levier de pression ou contrôle à long terme ?

L’Iran ne ferait pas payer les navires pour un service, comme c’est le cas dans les canaux de Suez ou de Panama. Il ferait payer les navires pour l’exercice d’un droit de transit préexistant à travers un détroit international. Oman et d’autres États du Golfe ont averti que la mise en place d’un système de péage porterait atteinte à la liberté de passage et créerait un dangereux précédent.

Il faudrait donc contraindre les entreprises à payer. Mais contrairement aux canaux de Suez ou de Panama, le détroit d’Ormuz est bien plus vaste et plus difficile à surveiller, ce qui rendrait l’application de ces mesures particulièrement difficile.

Au cours du conflit actuel, l’Iran, nous l’avons dit, a dissuadé la navigation par la force, tuant des marins innocents et en perturbant le commerce mondial.

Bien que la réaction internationale à ces agissements ait été relativement modérée, de telles actions ne constituent pas un moyen viable d’imposer un péage permanent en temps de paix. À moins que l’Iran ne soit disposé à continuer d’attaquer des navires marchands innocents après la fin du conflit – une approche qui susciterait une pression diplomatique considérable, des sanctions et des critiques, y compris de la part de pays tels que la Chine –, il est peu probable qu’il dispose de la motivation ou du mécanisme d’application nécessaires pour contraindre les navires à payer un péage contraire au droit international.

L’Iran utilise le fait qu’il parvient à perturber le trafic maritime dans le détroit d’Ormuz comme un moyen de pression dans les négociations. Mais exercer une pression et exercer un contrôle à long terme ne sont pas la même chose. Même si l’Iran est capable de perturber le trafic maritime, il est peu probable qu’il parvienne à bloquer définitivement le détroit d’Ormuz.

The Conversation

Jennifer Parker ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourquoi l’Iran ne parviendra pas à instaurer un péage dans le détroit d’Ormuz – https://theconversation.com/pourquoi-liran-ne-parviendra-pas-a-instaurer-un-peage-dans-le-detroit-dormuz-286573

Qu’est-ce que « l’affichage parental d’images de mineurs » ?

Source: The Conversation – in French – By Caroline Rouen-Mallet, Enseignant-chercheur en marketing, Université de Rouen Normandie

Les enfants ont aussi une vie privée. Partager des photos d’eux sans leur consentement sur les réseaux sociaux va à l’encontre de leurs droits. Le nouveau terme d’« affichage parental d’images de mineurs » invite à interroger cette pratique de plus en plus courante dans un monde numérique.


Poster la photo du premier jour d’école de son enfant sur Instagram, ou la vidéo de ses premiers pas dans le groupe WhatsApp de la famille, c’est devenu un réflexe pour de nombreux parents. Cette pratique porte désormais un nom en français : « affichage parental d’images de mineurs ».

Dans une liste de termes publiée au Journal officiel, c’est en effet l’expression que la Commission d’enrichissement de la langue française a retenue pour traduire l’anglicisme « sharenting » : le fait, pour des parents, de publier en ligne, notamment sur les réseaux sociaux, des photos, des vidéos ou d’autres informations relatives à leurs enfants.

D’où vient ce mot ?

Sharenting est apparu vers 2010 dans la presse anglo-saxonne, sous la plume de journalistes qui observaient la multiplication des publications de parents sur les réseaux sociaux naissants. Le mot est une contraction de « share » (partager) et « parenting » (parentalité), suggérant un geste de partage entre proches, presque privé.

La traduction française fait un autre choix : « affichage » déplace le sens vers l’idée d’une exposition, d’un geste tourné vers un public plus large que le seul cercle familial. Ce choix de traduction n’est pas neutre : une fois en ligne, ces publications échappent largement au contrôle de celles et ceux qui les postent.

Un geste façonné par le design des plateformes

Les réseaux sociaux ne se contentent pas d’héberger les publications des parents : par leur conception même, à travers les « likes », commentaires, algorithmes de recommandation, ils transforment chaque photo en signal de validation sociale et chaque publication en donnée exploitable.

Documenter la vie d’un enfant devient alors une pratique qui répond aussi à une logique d’engagement : on choisit l’angle, le moment, le filtre qui généreront le plus de réactions. À l’instar d’un influenceur qui cherche à augmenter son audience, le parent rentre, sans forcément en être conscient, dans la logique d’un créateur de contenu. La fierté et le besoin de reconnaissance qui motivent ces publications sont exactement les ressorts psychologiques que ces plateformes savent activer.

L’enfant, qui ne peut pas encore consentir, devient malgré lui le sujet principal de ce contenu – mais il en est aussi le témoin : comme pour d’autres pratiques numériques, l’apprentissage se fait aussi par observation des habitudes parentales.

Ce que dit la loi

Le droit s’est saisi du phénomène avant que le terme français ne se stabilise. Depuis la loi du 19 février 2024, les parents doivent associer l’enfant, selon son âge et sa maturité, aux décisions concernant la diffusion de son image, ce droit s’exerçant conjointement par les deux titulaires de l’autorité parentale.

Selon l’Observatoire de la parentalité et de l’éducation numérique, plus d’un parent français sur deux a déjà partagé du contenu concernant son enfant sur les réseaux sociaux.

Nommer pour mieux comprendre les enjeux

Loin d’être un exercice purement linguistique, le fait de disposer d’un mot français pour désigner cette pratique permet de la rendre visible et discutable, plutôt que de la laisser filer comme une évidence technologique.

L’expression « affichage parental d’images de mineurs » invite chaque parent à se demander, avant de publier, s’il partage ou s’il expose. Il n’y a pas de bonne réponse universelle. Mais l’enfant, même très jeune, n’est pas seulement le sujet d’une image : il en est, ou en deviendra, le premier concerné.


La série « L’envers des mots » est réalisée avec le soutien de la délégation générale à la langue française et aux langues de France du ministère de la culture.

The Conversation

Caroline Rouen-Mallet a reçu des financements de l’Agence Nationale de Recherche – projet ALIMNUM : Alimentation et Numérique.

ref. Qu’est-ce que « l’affichage parental d’images de mineurs » ? – https://theconversation.com/quest-ce-que-laffichage-parental-dimages-de-mineurs-286722

Le changement climatique menace (aussi) notre patrimoine culturel

Source: The Conversation – in French – By Anthony Schrapffer, PhD, EDHEC Climate Institute Scientific Director, EDHEC Business School

Les épicéas utilisés pour fabriquer les violons de Stradivarius sont aujourd’hui menacés par la hausse des températures et la prolifération de parasites. Josep Molina Secall/Unsplash, CC BY

Lorsque l’on parle du changement climatique, les débats portent le plus souvent sur l’énergie, la biodiversité, les émissions de carbone ou encore les coûts économiques de la transition. Mais une autre dimension du problème reste encore largement sous-estimée : l’impact du dérèglement climatique sur notre patrimoine culturel.


En appliquant les méthodologies de quantification du risque climatique développée au sein de l’EDHEC Climate Institute aux actifs physiques compatibles provenant la base de données spatiales de l’Unesco permet de réaliser que 43 % des sites du patrimoine mondial de l’Unesco en Europe sont aujourd’hui fortement exposés aux risques climatiques extrême, inondations, et montée des eaux.

Cette vulnérabilité ne concerne pas uniquement quelques sites emblématiques, comme Venise, ou certains centres historiques méditerranéens. Elle touche l’ensemble des infrastructures culturelles européennes, y compris des œuvres moins visibles, souvent dispersées dans des églises, bibliothèques, collections locales ou petits musées.

Les risques sont déjà très concrets. Les œuvres d’art et les collections muséales sont directement exposées aux inondations, aux variations d’humidité, aux pics de chaleur et aux pannes affectant les systèmes de conservation. Une enquête menée auprès des musées d’art américains révèle que 35 % des directeurs déclarent avoir déjà subi des dommages liés au climat, tandis que 50 % indiquent avoir engagé une planification spécifique face à ces risques. En France, le musée du Louvre a d’ailleurs engagé le transfert d’environ 250 000 œuvres vers son Centre de conservation de Liévin, dans le Pas-de-Calais, afin de protéger les collections nationales contre le risque de crue.

Les principales menaces sont multiples :

  • augmentation de l’humidité et développement des moisissures pour les peintures et fresques ;
  • fragilisation des matériaux sous l’effet des variations thermiques ;
  • intensification des pluies acides ;
  • multiplication des incendies, submersions et glissements de terrain.

Même la musique est concernée

Le patrimoine musical lui-même n’échappe pas à cette fragilité climatique.

La fabrication des instruments dépend de ressources naturelles particulièrement sensibles au réchauffement climatique. Les épicéas de résonance du Val di Fiemme, dans les Dolomites (Italie), utilisés historiquement pour les violons de Stradivarius, sont aujourd’hui menacés par la hausse des températures et la prolifération de parasites.

Les bois utilisés pour les archets ou les instruments à cordes deviennent également plus rares sous l’effet du stress hydrique et de la déforestation.

Les salles de concert et opéras sont elles aussi directement exposés. À Venise, les projections climatiques suggèrent qu’à horizon 2100, la multiplication des épisodes d’« acqua alta » pourrait rendre impossible le maintien d’une activité normale à l’opéra de La Fenice.

D’autres infrastructures culturelles majeures situées en zones côtières pourraient être confrontées à des difficultés similaires : Royal Festival Hall (Londres, Royaume-Uni), Harpa (Reykjavik, Islande), Sydney Opera House (Sydney, Australia), la Philharmonie de l’Elbe (Hambourg, Allemagne), Muziekgebouw aan’t IJ (Amsterdam, Pays-Bas).

Un choc économique majeur

À cette fragilité culturelle s’ajoute une autre difficulté : la capacité économique à financer la protection de ces patrimoines.

Nos projections macroéconomiques montrent que certaines grandes régions culturelles européennes pourraient connaître des pertes économiques significatives d’ici la fin du siècle sous l’effet des risques physiques liés au climat. Les impacts sur le produit régional brut (équivalent du PIB local) local sont particulièrement marqués dans les villes méditerranéennes. À l’horizon 2100, les pertes pourraient atteindre 32 % à Madrid et jusqu’à 41 % à Rome, soit un niveau nettement supérieur à celui estimé à l’échelle nationale, où la baisse du PIB de l’Italie est évaluée à 19 %. D’autres grandes capitales européennes sont également fortement touchées, avec des pertes estimées à 13 % à Vienne et 18 % à Berlin.

Ce paradoxe est central : c’est précisément au moment où les besoins d’investissement pour protéger le patrimoine deviendront les plus importants que les capacités financières pourraient se trouver les plus contraintes.

Le climat comme enjeu culturel

Longtemps, le changement climatique a été pensé comme un problème de ressources naturelles ou d’équilibres énergétiques. Il apparaît désormais aussi comme une question culturelle et civilisationnelle.

Il interroge notre rapport à la transmission culturelle, à la mémoire collective et à la préservation de biens qui ne peuvent être ni reproduits ni remplacés.

La difficulté est qu’il ne s’agit pas seulement de protéger des objets ou des bâtiments, mais de préserver les conditions matérielles qui rendent possible la continuité d’une histoire, d’un héritage et d’une création artistique.

Des biens culturels non substituables

L’économie classique et néoclassique repose historiquement sur l’hypothèse de substituabilité des facteurs de production (voir David Ricardo, Jean-Baptiste Say et Robert Solow) : les ressources naturelles détruites, épuisées ou raréfiées pourraient être compensées par une accumulation accrue de capital, par l’investissement productif ou par le progrès technique. Bien que très critiquée, cette hypothèse de substituabilité constitue encore aujourd’hui l’un des fondements centraux d’une large partie des modèles macroéconomiques contemporains.

Cette approche rencontre une limite évidente lorsqu’il s’agit du patrimoine culturel. Une fresque détruite par l’humidité ne peut pas être remplacée. Une mosaïque antique dégradée par des stress thermiques ou des pluies acides ne peut pas être recréée à l’identique. Un site archéologique submergé est perdu de manière irréversible. C’est précisément cette notion d’irréversibilité qui distingue le patrimoine culturel d’autres catégories de biens économiques.

Cette contradiction entre expansion économique et limites environnementales ne conduit pas nécessairement à une impasse historique. L’approche économique possibiliste (héritée notamment de Paul Vidal de La Blache) rappelle que les sociétés humaines ne se développent jamais indépendamment de leur milieu. La nature fixe un ensemble de contraintes et de possibilités avec lesquelles les organisations économiques doivent composer. Cette perspective rompt avec l’idée d’une croissance potentiellement illimitée et réintroduit la matérialité des conditions écologiques dans l’analyse économique.

Dans une perspective plus dialectique, proche de la pensée hégélienne, les crises écologiques et énergétiques peuvent aussi être interprétées comme le moment d’une transformation profonde des sociétés industrielles. Les tensions actuelles ouvrent la possibilité d’un dépassement : réorientation des systèmes productifs, intégration des contraintes écologiques dans la rationalité économique, redéfinition des critères de prospérité et renouvellement des formes de progrès technique. Préserver notre héritage collectif est encore possible, mais la fenêtre d’action se referme.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Le changement climatique menace (aussi) notre patrimoine culturel – https://theconversation.com/le-changement-climatique-menace-aussi-notre-patrimoine-culturel-285080