Suplemento cultural: del cine al Mundial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Imagen de la última adaptación de la _Odisea_, dirigida por Christopher Nolan. Universal Pictures

Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Hace tres años (¡tres años ya!) el fenómeno conocido como Barbenheimer le dio esperanza y alegría a las taquillas cinematográficas, después de una larga temporada de sequía desde la pandemia. Que se estrenasen el mismo fin de semana dos superproducciones como Barbie, de Greta Gerwig, y Oppenheimer, de Christopher Nolan, tan diferentes en sus planteamientos pero con una clara voluntad generalista, no jugó en contra de ninguna de ellas. Al contrario. La audiencia decidió combinar ambas (y eso que combinar algo con las tres horas de Oppenheimer era complicado) y consiguió que, al acabar su ciclo en salas, entre las dos la recaudación ascendiese a más de dos mil millones de dólares.

Hablamos de dinero y no de calidad porque, aunque aquel año Oppenheimer finalmente le dio a Nolan los premios Óscar tanto tiempo ansiados por él y sus seguidores, con el estreno de La Odisea los analistas no han prestado atención (al menos de momento) a la recepción crítica sino al efecto recaudatorio del filme. Nolan siempre ha sido la gran esperanza para las salas y este fin de semana ha firmado su mejor estreno en la taquilla internacional de la historia.

En este caso, no solo nos hemos encomendado a un cineasta británico que ha conseguido aunar sus obsesiones (muchas de ellas relacionadas con el espacio y el tiempo) con el interés popular. También acudimos a quien, hace tres mil años, relató las aventuras de Ulises. La narración de Homero ha estado con nuestra especie milenios y todos, habiéndola leído o no, nos vemos influidos por ella. No solo la vida del héroe del poema es épica, también nuestra existencia en este mundo responde al patrón de la Odisea.

90 años

Si el viernes fue el día de la épica, el sábado se conmemoraron en España los 90 años del inicio de la guerra civil española, un conflicto que ha marcado profundamente la historia del país.

Recibimos la fecha con el tráiler de La bola negra, la última obra de Javier Ambrossi y Javier Calvo, “los Javis”, y premiada en Cannes. Una película sobre la guerra civil. ¿Otra más? Pero… ¿de verdad se han hecho tantas como dicen algunos? ¿Se han hecho suficientes? ¿Comparamos con otros eventos del siglo XX?

Todavía nos queda mucho por explorar del conflicto, como escribe Jaume Claret. Y no solo historiográficamente. Necesitamos saber más sobre la gente de a pie, por ejemplo sobre todos aquellos exiliados. El Archivo Nacional está haciendo una gran labor de recopilación de cartas y documentos de algunos de los grandes personajes de esa emigración, como cuenta Elena Lázaro.

Sin embargo, hay voces que todavía no han llegado tan lejos como deberían. Entre ellas, las de los niños exiliados, una generación en medio de ninguna parte, criada en el extranjero pero con añoranza de la madre patria. Conocer sus obras, su visión del mundo y sus experiencias probablemente ayudaría a muchos otros chavales que hoy en día se ven obligados a huir de su patria sin que nadie les haya preguntado si quieren hacerlo.

España y Argentina

Y el domingo, el verdadero rival de Christopher Nolan en la taquilla fue la final del Mundial de fútbol masculino.

Cuando escuché, el martes 14 de julio, al comentarista del partido decir “y aquí llega la sinfonía de España” en un momento en el que los jugadores españoles se acercaban a la portería francesa, me dio la risa. Justo el día anterior habíamos publicado este tema de Rubén Conde Rubio en el que proponía, precisamente, dejar de utilizar metáforas bélicas en las narraciones del fútbol y cambiarlas a metáforas musicales. ¿Se leyeron en TVE el artículo de The Conversation antes de que empezase el encuentro?

Tal vez leyesen también el nuevo artículo de Conde Rubio y Paula Albitre Lamata, en el que diseccionan, aprovechando que el Hudson pasa por allí, las diferencias en el trato de confianza entre el español de Argentina y el de España. Es decir, ¿por qué yo digo “tú” y mis amigas argentinas me dicen “vos”? Es un recorrido lingüístico apasionante que desemboca en lo de siempre: las diferencias están llenas de curiosidades que nos enriquecen.

En los palcos de encuentros anteriores hemos visto cómo las cámaras apuntaban a grandes futbolistas, actores y actrices, cantantes, banqueros y empresarios, y todos ellos disfrutan del privilegio que el común de los mortales no tiene. Pero esto tampoco lo ha inventado el siglo XX. Ya los antiguos romanos intentaron hacerlo y… digamos que los ciudadanos tuvieron algo que decir.

Con un pie en la arena…

El Suplemento todavía no se va de vacaciones, aunque poco le queda. Antes de eso, dejamos un texto que repasa la historia del veraneo en España, desde aquel momento en el que solo se podían permitir las vacaciones unos pocos (por tiempo y dinero) hasta los logros sociales que hicieron posible descansar del trabajo y, tal vez, hacerlo lejos de casa (aunque fuese en el pueblo).

Y si están buscando libro para llevarse a la playa o a la montaña, las obras de la arqueóloga Marga Sánchez Romero siempre son una lectura apasionante. Mi compañera Lorena Sánchez la entrevistó para analizar esa manía que tenemos de basar el estudio de la historia en los acontecimientos violentos en vez de las resoluciones de conflictos pacíficas que, aviso, han sido muchas más.

The Conversation

– ref. Suplemento cultural: del cine al Mundial – https://theconversation.com/suplemento-cultural-del-cine-al-mundial-287788

Pourquoi des candidats disparaissent-ils en plein recrutement ? Ce que révèle vraiment le « ghosting »

Source: The Conversation – France (in French) – By Delphine Minchella, Enseignant-chercheur en Management stratégique – Laboratoire Métis EM Normandie, EM Normandie

L’ESSENTIELCliquez pour lire les trois points à retenir
Le ghosting (soit le fait pour un candidat de disparaître pendant un processus de recrutement) traduit une dégradation des relations entre le recruteur et les recrutés.
La recherche montre qu’il existe trois types de motivation à ce comportement.
Les entreprises peuvent agir en améliorant « l’expérience-candidat »
Replier


Dans la plupart des relations professionnelles, disparaître sans explication – ghoster – représente un risque. Les mondes professionnels sont petits, les recruteurs changent d’entreprise et une (mauvaise) réputation peut précéder un candidat durant plusieurs années. Pourquoi, alors, prendre ce risque plutôt que d’envoyer un simple message indiquant que l’on ne souhaite plus poursuivre le processus de recrutement ?

La réponse tient moins à un manque de politesse qu’à la nature de la relation construite au cours du recrutement, voire de la vie professionnelle.

En effet, nos données montrent que le ghosting n’est généralement pas une simple façon d’éviter une conversation inconfortable. Il traduit surtout une volonté de rompre définitivement le lien avec une entreprise (ou son représentant) jugée irrespectueuse, décevante ou toxique. Autrement dit, derrière le silence se cache souvent une forme de rejet.




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Quand la courtoisie disparaît

Le paradoxe est frappant : nombre de candidats que nous avons interrogés disent eux-mêmes avoir souffert d’avoir été ghostés par des recruteurs auparavant. Des semaines sans réponse après un entretien, des processus qui s’interrompent sans explication, des promesses de rappel jamais tenues : ces expériences laissent des traces. Elles alimentent progressivement l’idée que les règles de courtoisie ne s’appliquent plus dans le recrutement.

Le ghosting du candidat apparaît alors comme une forme de réciprocité. Il ne s’agit pas nécessairement de se venger, mais de considérer que l’entreprise a elle-même rompu les règles de la relation. Lorsqu’un recruteur disparaît sans explication, pourquoi le candidat devrait-il continuer à faire preuve d’exemplarité ?

Trois profils

Nos résultats permettent d’identifier trois profils de candidats ghosteurs. Le premier est le « ghosteur régulier » : après avoir accumulé les mauvaises expériences de recrutement, il finit par disparaître presque systématiquement des processus qu’il ne souhaite plus poursuivre. Le ghosting devient alors un mécanisme de protection.

Le deuxième est le « ghosteur occasionnel » : il ne disparaît qu’en réaction à un comportement précis de l’entreprise : manque de respect, pression excessive, promesses non tenues, absence de transparence ou communication défaillante. Ici, ghoster est une réponse à une relation jugée injuste.

Enfin, le « ghosteur accidentel » qui, lui, n’avait pas l’intention de disparaître. Souvent engagé dans de nombreuses candidatures simultanées, il se retrouve dépassé par les sollicitations. Par peur d’annoncer son désistement ou de décevoir un recruteur, il repousse le moment de répondre… jusqu’à ne plus répondre du tout. Ces trois profils rappellent que tous les ghosting ne relèvent pas des mêmes mécanismes psychologiques.

L’impact d’une relation de qualité

Un résultat ressort particulièrement de notre recherche : les candidats disent éprouver beaucoup de difficultés à ghoster un recruteur qu’ils perçoivent comme humain, transparent et honnête. Autrement dit, la qualité de la relation protège contre le ghosting.

BFM Business 2023.

Les entreprises disposent donc de plusieurs leviers d’action. Le premier est le respect des délais de réponse. Même lorsqu’une candidature n’est pas retenue, un retour rapide vaut mieux qu’un long silence. Le deuxième est la transparence. Communiquer dès le début du processus sur la rémunération, les étapes de sélection ou les attentes du poste évite de nourrir des attentes qui seront ensuite déçues. Le troisième consiste à limiter les coûts imposés aux candidats : multiplication des entretiens, batteries de tests peu pertinentes, déplacements inutiles ou procédures interminables peuvent rapidement transformer une expérience positive en expérience frustrante.

Dans bien des cas, le ghosting révèle moins une évolution des comportements individuels qu’une dégradation de la qualité des relations de recrutement. Le silence du candidat devient alors un indicateur de l’expérience qu’il vient de vivre. Autrement dit, si les entreprises veulent réduire le ghosting, elles gagneraient à se demander non pas seulement pourquoi les candidats ghostent, mais ce qui, dans leurs propres pratiques de recrutement, les pousse à le faire.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Pourquoi des candidats disparaissent-ils en plein recrutement ? Ce que révèle vraiment le « ghosting » – https://theconversation.com/pourquoi-des-candidats-disparaissent-ils-en-plein-recrutement-ce-que-revele-vraiment-le-ghosting-277748

Ce que les retraits du Burkina Faso, du Mali et du Niger de la Cour pénale internationale révèlent de la diffusion autoritaire

Source: The Conversation – in French – By Alène Ngarura Kaneza, doctorante, Université Libre de Bruxelles (ULB)

Le 24 juin, le Burkina Faso, le Mali et le Niger ont officiellement notifié au secrétaire général des Nations unies leur retrait du traité fondateur de la Cour pénale internationale (CPI). Le geste n’est pas sans précédent. Il rappelle celui du Burundi, premier État à avoir quitté la CPI en 2017, dans un contexte de vives tensions avec la communauté internationale, surtout avec l’annonce du procureur de la CPI d’ouvrir une enquête sur les crimes perpétrés entre 2015 et 2017.

Une double interrogation s’impose. Le retrait de la CPI n’apparaît-il pas comme une pratique qui circule entre régimes autoritaires ? Et lorsque les institutions internationales sont perçues comme appliquant le droit à géométrie variable selon les États, ne fragilisent-elles pas leur propre crédibilité — nourrissant, ce faisant, les discours qui contestent leur légitimité ?

Mes recherches doctorales portent sur les sanctions internationales imposées par l’Union européenne et des organisations régionales et la résilience autoritaire dans les États fragiles, à travers une étude comparative du cas du Burundi. J’y consacre un chapitre à d’autres pays ayant fait l’objet de sanctions.

J’analyse comment le retrait du Burundi de la CPI a créé un précédent susceptible d’avoir inspiré la décision similaire du Burkina Faso, du Mali et du Niger. J’interroge les effets de ces retraits sur la crédibilité de la justice pénale internationale.

Le précédent burundais

Ces questions me sont revenues à l’esprit lors d’un entretien avec un haut fonctionnaire du gouvernement actuel du Burundi, mené dans le cadre de mes recherches sur les sanctions internationales imposées au Burundi entre 2015 et 2022. Interrogé, il m’a confié :

Les sanctions de l’Union européenne ont permis au Burundi de se prendre en charge et de ne pas trop compter sur l’extérieur. Il s’agit là d’un point positif. Je pense que c’est cette même dynamique que nous voyons au Sahel.

La formule est provocatrice — elle n’est pas pour autant dénuée de sens. Le Burundi, souvent classé parmi les États les plus « fragiles » au monde, a pourtant été le premier à quitter la Cour pénale internationale, en pleine crise diplomatique avec l’Occident, alors que le régime de Pierre Nkurunziza était accusé de graves violations des droits humains— accusations qui avaient justifié l’adoption de sanctions de l’UE et des Etats-Unis.

Diffusion autoritaire

Le précédent burundais n’est pas resté isolé. Dans les années qui ont suivi, plusieurs États ont à leur tour remis en cause leur appartenance à la Cour pénale internationale. En 2016, l’Afrique du Sud et la Gambie annoncent leur intention de se retirer, avant de faire marche arrière à la faveur d’évolutions politiques internes. Les Philippines, en revanche, iront jusqu’au bout du processus en se retirant officiellement de la Cour en 2019, après avoir notifié leur décision l’année précédente. Ce retrait est dû à l’ouverture d’une enquête, en février 2018, contre le président Rodrigo Roa Duterte qui aurait ordonné des homicides extrajudiciaires.

Similitudes frappantes

Le rapprochement avec les pays de l’Alliance des États du Sahel (AES) doit toutefois être manié avec prudence. Rien ne permet d’affirmer que le Mali, le Burkina Faso ou le Niger se soient directement inspirés du précédent burundais lorsqu’ils ont annoncé leur retrait de la CPI. En revanche, les contextes présentent des similitudes frappantes.

Dans ces pays, la décision intervient au moment où les relations avec les partenaires occidentaux sont profondément dégradées. L’expérience burundaise a pu apparaître comme la démonstration qu’il est possible de s’affranchir de certaines institutions internationales, tout en assurant sa pérennité politique — singulièrement en contexte de tension diplomatique.

C’est surtout la proximité des justifications avancées par ces régimes qui retient l’attention. Le Burundi et les États de l’Alliance des États du Sahel mobilisent un registre discursif comparable pour légitimer leur retrait de la Cour pénale internationale.

Au moment du retrait burundais, la ministre de la Justice, Aimée Laurentine Kanyana, dénonçait une Cour, devenue selon elle « un instrument de pression politique sur les pays pauvres et un moyen de les déstabiliser ». Le choix du Burundi a été motivé par la conviction que la Cour était à la solde des grandes puissances, remettant en cause l’indépendance de la Cour elle-même.

Dans sa notification de retrait, l’AES reproche à cette instance onusienne basée à la Haye aux Pays-Bas de manquer d’impartialité et de politiser la question des droits humains.

La défiance africaine envers la CPI trouve son origine en 2005, lorsque le Conseil de sécurité des Nations unies saisit la Cour au sujet du Darfour, mais elle se cristallise véritablement avec l’émission des mandats d’arrêt contre le président soudanais Omar el-Béchir entre 2009 et 2010. Elle est ensuite ravivée par l’affaire Laurent Gbagbo, arrêté et transféré à La Haye en 2011 — lui et son épouse Simone étant accusés d’avoir commis des crimes contre l’humanité en Côte d’Ivoire — puis par le transfert de Charles Blé Goudé à la CPI le 22 mars 2014, qui relance la polémique.

La CPI face aux critiques

C’est dans ce contexte de défiance croissante à l’égard de la CPI que le Burundi s’est progressivement inscrit.

Cette lecture invite à prendre au sérieux un phénomène souvent négligé où les régimes autoritaires n’apprennent pas seulement de leur propre expérience. Ce qui circule n’est pas tant une doctrine qu’un répertoire de pratiques et de stratégies des régimes autoritaires face aux pressions internationales.

À mesure que ces précédents se multiplient, ils rendent certaines options politiques plus concevables, plus légitimes et, potentiellement, moins coûteuses. C’est précisément ce type de mécanisme de diffusion qui permet d’articuler le cas du Burundi avec ceux du Mali, du Burkina Faso, du Niger — et d’autres, à venir.

Un instrument contesté

Le retrait de la CPI traduit ainsi une volonté partagée de contester des institutions internationales perçues comme des instruments de l’ordre occidental, voire comme l’expression d’un néocolonialisme contemporain.

Ce discours trouve d’autant plus d’écho que l’actualité internationale comme la guerre à Gaza alimente les accusations de « deux poids, deux mesures » dans l’application du droit international. Alors qu’un mandat d’arrêt de la Cour est émis contre le Premier ministre israélien, Benyamin Nétanyahou, et son ancien ministre de la Défense, c’est au tour du procureur de la CPI d’essuyer des sanctions des États-Unis de Donald Trump.

D’ailleurs, le Royaume-Uni et les États-Unis n’ont jamais eu à répondre devant la Cour des actes de torture allégués en Irak et en Afghanistan.

Les violations des droits humains ne suscitent pas toujours les mêmes réactions selon qu’elles sont imputées à des États du Sud global ou à des puissances occidentales et à leurs alliés. Que ces perceptions soient fondées ou non, elles renforcent la crédibilité des discours souverainistes portés par les régimes autoritaires et facilitent la contestation de la légitimité des mécanismes de justice internationale.

Le précédent burundais rappelle une vérité inconfortable où les institutions internationales ne s’effondrent pas dans le fracas des grandes ruptures, mais s’érodent par petites soustractions successives, chacune rendue un peu plus banale par celle qui l’a précédée. Les annonces de retrait du Mali, du Burkina Faso et du Niger s’inscrivent dans cette dynamique — la démonstration qu’on peut claquer la porte de la justice internationale sans que le plafond ne s’écroule.

Tant que ce constat ne sera pas démenti par les faits, chaque retrait isolé continuera d’alimenter le suivant, et la CPI risque de se retrouver, non pas rejetée frontalement, mais vidée patiemment de sa capacité à incarner une justice universelle.

The Conversation

Alène Ngarura Kaneza does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

– ref. Ce que les retraits du Burkina Faso, du Mali et du Niger de la Cour pénale internationale révèlent de la diffusion autoritaire – https://theconversation.com/ce-que-les-retraits-du-burkina-faso-du-mali-et-du-niger-de-la-cour-penale-internationale-revelent-de-la-diffusion-autoritaire-287459

Ces algues qui ne sont pas des plantes… Six faits surprenants sur la flore aquatique

Source: The Conversation – France in French (2) – By Alexander Bowles, Glasstone Research Fellow, Plant Science, University of Oxford

L’utriculaire est une plante carnivore aquatique rare.
Maximillian cabinet/Shutterstock

Des plantes sans racines, d’autres carnivores, certaines capables de fleurir sous l’eau… Les plantes aquatiques ont développé des adaptations spectaculaires qui défient notre vision du monde végétal.


À l’abri des regards, sous la surface des eaux, se déploie un monde végétal d’une étonnante inventivité et parmi les plus importants sur le plan écologique.

Comme je le souligne dans une publication récente, les plantes aquatiques ont développé une extraordinaire diversité d’adaptations pour vivre sous l’eau. Certaines fleurissent sous la surface, d’autres capturent des animaux grâce à d’ingénieux pièges. Voici sept faits qui montrent à quel point ces organismes remarquables bousculent nos idées reçues sur ce qu’est une plante et sur les stratégies qu’elle déploie pour survivre.

1. Les plantes n’en finissent pas de retourner à l’eau

Quand on pense aux plantes, on imagine spontanément les forêts, les prairies ou les champs. Pourtant, au cours de leur histoire évolutive, les plantes sont retournées à de nombreuses reprises dans le milieu aquatique, là même où elles sont apparues. Il y a environ 500 millions d’années, elles ont conquis les terres émergées. Depuis, nombre d’entre elles ont fait le chemin inverse. Les scientifiques estiment que le mode de vie aquatique est apparu indépendamment plus de 100 fois au sein de différents groupes de plantes.

Les nénuphars font flotter leurs feuilles à la surface, les lentilles d’eau dérivent librement et les herbiers marins vivent entièrement immergés dans l’océan. Certains de ces groupes sont retournés à l’eau il y a plus de 100 millions d’années. Cette réapparition répétée des plantes aquatiques constitue l’un des exemples les plus spectaculaires de l’évolution convergente dans la nature.

2. Les plantes qui n’en sont pas

Parmi les organismes les plus visibles sous la surface de l’eau figurent les algues. Elles réalisent la photosynthèse et ressemblent souvent à des plantes sous-marines. Pourtant, malgré les apparences, certaines algues ne sont pas de véritables plantes.

Des algues
Les algues ne sont pas des plantes.
divedog/Shutterstock

Les algues marines appartiennent en réalité à plusieurs lignées d’algues distinctes dans l’arbre du vivant. Les laminaires géantes, qui forment de véritables forêts sous-marines, sont des algues brunes. Le nori et la dulse sont des algues rouges, tandis que la laitue de mer appartient aux algues vertes.

Contrairement aux plantes, elles ne possèdent ni véritables racines, ni tiges, ni feuilles, et ne produisent ni fleurs ni graines. Leur ressemblance avec les plantes rappelle toutefois que l’évolution peut conduire à des formes très similaires chez des organismes pourtant très éloignés, lorsqu’ils sont confrontés aux mêmes contraintes environnementales.

3. Des plantes qui vivent dans les profondeurs

Les plantes ont besoin de lumière pour réaliser la photosynthèse, ce qui les cantonne généralement aux milieux terrestres ou aux eaux peu profondes. Pourtant, certaines mousses aquatiques survivent à des profondeurs étonnantes. La faucillette courbée (Drepanocladus aduncus) a ainsi été observée à 140 mètres sous la surface dans les eaux exceptionnellement limpides de Crater Lake, dans l’État américain de l’Oregon. Il s’agit de la plante aquatique connue poussant aussi sur terre qui vit à la plus grande profondeur, environ la hauteur de la cathédrale de Strasbourg.

Des mousses de grande profondeur ont également été recensées dans des lacs de Nouvelle-Zélande, d’Antarctique et d’autres régions. Elles prospèrent dans des environnements si profonds qu’ils sont presque totalement privés de lumière et où très peu d’animaux peuvent survivre.

4. Des plantes sans racines

Les racines sont l’une des caractéristiques emblématiques des plantes. Elles les ancrent dans le sol et y puisent l’eau ainsi que les nutriments. Pourtant, de nombreuses plantes aquatiques ont considérablement réduit leur système racinaire, et certaines semblent même avoir complètement perdu leurs racines.

La Wolffia est aussi surnommée le « caviar vert » en raison de ses qualités nutritionnelles.
Suphap Donwun/Shutterstock

La vie sous l’eau change les règles du jeu. L’eau et les nutriments dissous entourent directement la plante, rendant les vastes systèmes racinaires beaucoup moins utiles que sur terre. De nombreuses espèces aquatiques absorbent ainsi les nutriments directement par leurs feuilles et leurs tiges.

Les lentilles d’eau en offrent l’un des exemples les plus extrêmes. Certaines espèces ne possèdent qu’une seule racine, contrairement à des parentes comme la grande lentille d’eau, qui en développe plusieurs. Quant aux espèces du genre Wolffia – les plus petites plantes à fleurs du monde –, elles n’ont plus aucune racine et flottent librement à la surface de l’eau. Un individu mesure à peine un millimètre de long et ses fleurs ne dépassent pas 0,3 millimètre.

5. Des plantes carnivores sous l’eau

Toutes les plantes aquatiques ne se contentent pas de la lumière du Soleil et des nutriments dissous dans l’eau. Certaines complètent leur alimentation en capturant et en digérant de petits animaux.

Les exemples les plus spectaculaires sont les utriculaires (Utricularia), un groupe de plantes aquatiques dépourvues de racines que l’on trouve dans les eaux douces du monde entier. Leurs feuilles se sont transformées en minuscules pièges en forme de vessie qui créent un vide en expulsant l’eau contenue dans leur cavité.

Les utriculaires sont un véritable cauchemar pour les minuscules animaux.
JIANG TIANMU/Shutterstock

Lorsqu’un minuscule animal effleure les poils sensitifs situés à l’entrée du piège, une trappe s’ouvre brusquement et la proie est aspirée en moins d’une milliseconde. Les pièges des utriculaires figurent ainsi parmi les mouvements les plus rapides du règne végétal. S’ils capturent le plus souvent de petits invertébrés aquatiques, il leur arrive aussi de piéger des larves de poissons et des têtards.

Ce mode de vie carnivore permet aux utriculaires de prospérer dans des eaux pauvres en nutriments, où la plupart des autres plantes peinent à survivre.

6. Une pollinisation portée par les courants

Quand on pense à la pollinisation des plantes, on imagine volontiers des abeilles butinant de fleur en fleur par une belle journée ensoleillée. Mais sous l’eau, la pollinisation devient beaucoup plus compliquée. Au lieu de compter sur les insectes ou le vent, de nombreuses plantes aquatiques, comme les herbiers marins, utilisent directement les courants pour transporter leur pollen jusqu’à sa destination.

Sur terre, les plantes attirent leurs pollinisateurs en diffusant des parfums dans l’air. Sous l’eau, en revanche, ces signaux volatils sont inefficaces. Cette contrainte a conduit à un changement évolutif : les plantes entièrement aquatiques, comme les herbiers marins, ont perdu les gènes responsables de la production de ces composés odorants. Ne procurant plus d’avantage, ils ont progressivement disparu au cours de l’évolution.

7. Les herbiers marins et les mangroves, de puissants puits de carbone

Les herbiers marins et les mangroves capturent et stockent le carbone dans leurs tissus ainsi que dans les sédiments qui les entourent, ce qui les classe parmi les puits de carbone naturels les plus efficaces de la planète. Ensemble, ils emmagasinent ce que les scientifiques appellent le « carbone bleu » : le carbone piégé dans les écosystèmes côtiers, où il peut rester stocké pendant des siècles, voire des millénaires.

Les mangroves stockent des quantités de carbone insoupçonnées.
Ethan Daniels/Shutterstock

À l’échelle mondiale, ces écosystèmes – herbiers marins et mangroves – stockent 11,5 milliards de tonnes de carbone. Les mangroves représentent à elles seules le plus grand réservoir de carbone bleu, avec 6,5 milliards de tonnes.

Qu’elles capturent leurs proies en quelques fractions de milliseconde, poussent dans une quasi-obscurité ou stockent du carbone pendant des siècles, les plantes aquatiques témoignent de l’extraordinaire capacité du vivant à s’adapter.

The Conversation

Alexander Bowles a reçu une bourse « Glasstone Fellowship » à l’Université d’Oxford.

– ref. Ces algues qui ne sont pas des plantes… Six faits surprenants sur la flore aquatique – https://theconversation.com/ces-algues-qui-ne-sont-pas-des-plantes-six-faits-surprenants-sur-la-flore-aquatique-286882

¿Las personas inteligentes tienen más éxito en la vida?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier José Pérez Flores, Profesor del área de Psicobiología de la Universidad de La Laguna, Universidad de La Laguna

Andrii Iemelianenko/Shutterstock

Solemos valorar la inteligencia porque la asociamos con la expectativa de que quien es muy inteligente podrá aprender mejor, tomar buenas decisiones y obtener mayores logros.

Pero ¿hasta qué punto está justificada esa creencia?

Qué es la inteligencia y cómo se mide

La inteligencia no es fácil de definir. En general, se refiere a la capacidad para aprender, razonar, resolver problemas, comprender relaciones y adaptarse a situaciones nuevas.

Las pruebas de inteligencia intentan medir una parte de esas capacidades. Una de ellas es el razonamiento verbal, que se refiere a entender palabras, explicar conceptos y usar el lenguaje para pensar. En la vida diaria, esta capacidad se usa al comprender una noticia, explicar una idea o interpretar bien una instrucción.

Otra es el razonamiento perceptivo o visual. Se refiere a la capacidad para detectar patrones, organizar información visual y resolver problemas sin depender tanto del lenguaje. La usamos, por ejemplo, al montar un mueble siguiendo un esquema, orientarnos en un plano o encontrar la lógica de una imagen.

También se evalúa la memoria de trabajo. Esta permite mantener información en la mente y manipularla. La usamos al calcular mentalmente, recordar una dirección mientras caminamos hacia ella o seguir varios pasos de una receta sin mirar continuamente el papel.

Otra capacidad habitual es la velocidad de procesamiento. Se refiere a la rapidez con la que una persona puede percibir información sencilla, compararla y responder con precisión. En la vida cotidiana interviene al buscar un dato en una tabla, revisar documentos o realizar tareas repetitivas con rapidez y pocos errores.

¿Qué predice la inteligencia?

Sabemos que las puntuaciones en estas pruebas se relacionan directamente con el rendimiento académico, el nivel educativo alcanzado, el tipo de trabajo, el rendimiento laboral y los ingresos.

La relación con la escuela es fácil de entender. Muchas tareas académicas exigen comprender textos, resolver problemas y manejar información compleja. Son habilidades cercanas a las que evalúan muchas pruebas de inteligencia.

Por ejemplo, una estudiante con facilidad para entender instrucciones, relacionar ideas y resolver problemas abstractos parte con ventaja en varias asignaturas. Esa ventaja puede ayudarle a aprender más rápido y a rendir mejor en los exámenes.

No es una ventaja para toda la vida

Sin embargo, para que la inteligencia se convierta en buenos resultados también importan otras cosas, como ser constante, organizarse bien, confiar en las propias posibilidades, tener motivación, cuidar la salud mental, saber relacionarse con otras personas y contar con oportunidades reales.

Dos alumnos con capacidades parecidas pueden tener trayectorias muy distintas. Uno puede contar con apoyo familiar, expectativas altas, buenos hábitos y una escuela que detecta sus necesidades. Otro puede vivir inestabilidad, dificultades económicas, baja motivación o problemas emocionales.




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En ambos casos, la capacidad intelectual puede ser similar. Lo que cambia es el contexto en el que esa capacidad se desarrolla.

Los estudios longitudinales muestran bien esta complejidad. En los llamados estudios de Varsovia, la inteligencia medida en la infancia y la adolescencia predijo años después algunos logros objetivos, como el nivel educativo alcanzado, la ocupación y el bienestar material. Sin embargo, no explicó igual de bien el éxito entendido de forma subjetiva. Además, no se pudo separar completamente el efecto de la inteligencia del efecto del entorno de los participantes.

¿Cuanto más listos, más nivel de estudios?

La idea de que la inteligencia siempre “se abre camino” tampoco se sostiene bien cuando miramos la vida adulta.

Un estudio longitudinal realizado en Suecia evaluó a adolescentes con una alta inteligencia hasta la adultez. Los resultados fueron interesantes y contundentes. Por ejemplo, obtener al menos un máster era casi diez veces más frecuente en el grupo de alta inteligencia que en el grupo de inteligencia media. Sin embargo, la proporción de personas con un coeficiente intelectual elevado que consiguieron este título no era alta: el 13 % de las chicas y el 34 % de los chicos.

¿Qué pasaba con el resto de los adolescentes con una inteligencia alta, los que no estudiaron un máster? ¿Y por qué un 20 % no terminó la educación secundaria superior?

Qué ocurre en la vida adulta

En el mundo laboral, la inteligencia se relaciona con algunos indicadores profesionales, pero su efecto no es igual en todas las personas ni en todos los contextos. En general, las capacidades cognitivas predicen mejor el rendimiento en el puesto, el éxito en procesos de formación y, de forma más indirecta, el nivel de ingresos. Sin embargo, su relación con otros aspectos de la trayectoria profesional, como la satisfacción laboral, la permanencia en una empresa, la promoción interna o la calidad de las relaciones en el trabajo, es más débil.

También es necesario preguntarse qué llamamos “éxito”, y si tener cargos directivos o sueldos elevados es la única manera de medirlo. Sobre todo porque el éxito profesional no siempre se traduce en felicidad. Una persona puede tener éxito profesional y sentirse insatisfecha. Otra puede no destacar académicamente y construir una vida estable, útil y valiosa.




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Los modelos de bienestar subjetivo en la vida adulta señalan factores como la salud física y mental (la autonomía, las relaciones, la salud, el propósito y la participación en la comunidad) como mucho más determinantes de una vida exitosa.

La inteligencia no garantiza nada

La conclusión no debería ser que la inteligencia no importa. Tampoco que lo explica todo.

Una trayectoria vital no depende solo de una capacidad. Depende también del contexto, de las oportunidades, de la educación, de la salud, de la personalidad, de las expectativas y de lo que cada sociedad decide premiar.

Ser inteligente puede abrir puertas, pero no decide cuántas puertas hay, quién puede cruzarlas ni qué apoyos recibe para hacerlo. La inteligencia es una ventaja, no un destino.

The Conversation

Javier José Pérez Flores no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Las personas inteligentes tienen más éxito en la vida? – https://theconversation.com/las-personas-inteligentes-tienen-mas-exito-en-la-vida-284399

Si cambiamos nuestro modelo de consumo, no necesitaremos tantos materiales para la transición energética

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emmanuel Aramendia, Research and Teaching Fellow | Climate Change Mitigation and Ecological Economics, University of Leeds

Más de 40 veces: ese es el aumento de la demanda global de litio anual que prevé la Agencia Internacional de la Energía entre 2020 y 2040 para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París de limitar el calentamiento del planeta. Es una de las dificultades claves de la transición energética: las tecnologías de bajas emisiones requieren muchos más materiales (tanto a nivel de diversidad como de cantidades) que los sistemas energéticos a base de combustibles fósiles.

Algunos ejemplos incluyen níquel y cromo para el acero inoxidable de los aerogeneradores; cobalto, litio y níquel para las baterías de los vehículos eléctricos y el cobre para reforzar la red eléctrica y conectar plantas de generación renovables. Por lo tanto, la descarbonización de la economía supondrá en cierta medida un aumento de la demanda de algunos materiales críticos, pero también de materiales de construcción como arena y grava.

La Comisión Europea adoptó en 2023 la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales, que plantea diversificar proveedores de materias primas, incrementar la demanda de materiales cubierta por reciclado y aumentar la extracción y transformación de materiales en suelo europeo. Tal incremento de la demanda y extracción de materiales tendrá impactos ambientales y sociales en las zonas de extracción, hoy en día mayoritariamente deslocalizadas.

Si nos centramos en España, ¿se puede realizar una transición energética compatible con los objetivos climáticos y a su vez reducir la demanda de materiales? Esa es la pregunta que investigamos en un reciente estudio publicado en Progress in Energy.

El caso de España

España es un país relativamente avanzado en el despliegue de tecnologías de bajas emisiones en el sector eléctrico, con un 55 % de la generación eléctrica cubierta por fuentes de energía renovable en 2025. Sin embargo, el consumo de combustibles fósiles en otros sectores (por ejemplo, gas en los sectores residencial e industrial, diésel y gasolina en el transporte y en la industria) aún sigue siendo muy elevado.

La Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo (EDLP), conjuntamente con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), prioriza el despliegue de tecnologías de bajas emisiones y la eficiencia energética, sin modificaciones sustanciales en la esfera socioeconómica.

Sin embargo, creciente evidencia científica indica que el crecimiento económico constante, especialmente en países de alta renta per cápita, podría ser precisamente parte del problema. En otras palabras, además de cómo, el qué, el cuánto y el para qué se produce y consume son parte central del problema.

En nuestra investigación, cuantificamos y analizamos, mediante un modelo de simulación, los requerimientos materiales de la EDLP así como de un escenario alternativo de “suficiencia” en el que se aplican políticas de gestión de la demanda. En este último supuesto, la demanda de bienes y servicios se reduce, aunque manteniendo un nivel de consumo compatible con altos niveles de bienestar.




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La necesidad de una política industrial a largo plazo

Mejorar las tasas de reciclado será clave para reducir la extracción de materiales. En particular, las tecnologías de bajas emisiones (como baterías, aerogeneradores o paneles solares) en final de su vida útil generarán un yacimiento de materiales creciente. Por ejemplo, en el caso del níquel, el reciclado de tecnologías de bajas emisiones podría satisfacer hasta un 60 % de la demanda en 2050 (con tasas de reciclado ideales).

Sin embargo, desplegar capacidades de reciclado para tecnologías tan complejas no es trivial. Requerirá una política industrial a largo plazo que apoye el desarrollo de la reutilización y el reciclado, y que fomente normas de ecodiseño y estandarización que faciliten estos procesos.




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La importancia de apostar por estrategias de suficiencia

La gráfica que sigue a este párrafo muestra un aumento muy significativo de los requerimientos de materiales en la EDLP hasta 2050 (la línea discontinua muestra los requerimientos en 2025), sobre todo para aquellos materiales cuya demanda domina el despliegue de tecnologías de bajas emisiones.

Entre 2025 y 2050, la demanda de cobalto se multiplicaría por 14, la de grafito por 11, la de litio por 6 y la de níquel por 2. Para otros materiales, como el aluminio o el cobre, la demanda aumenta, aunque las tecnologías de bajas emisiones representen una parte minoritaria de la demanda total.

Requerimientos materiales en 2050 comparados al año base 2025 en la estrategia de descarbonización (EDLP) y en el escenario de suficiencia (Suf.).
Requerimientos materiales en 2050 comparados al año base 2025 en la estrategia de descarbonización (EDLP) y en el escenario de suficiencia (Suf.).
Los autores, adaptado del estudio en Progress in Energy, CC BY

El escenario de suficiencia reduce significativamente la demanda de materiales comparado con la EDLP. Esa tendencia se explica por una menor demanda de materiales y energía para la producción de bienes y servicios, y por lo tanto un menor despliegue de tecnologías de bajas emisiones.

La siguiente gráfica muestra la evolución de la huella de materiales, que representa el volumen total de materiales extraídos del medio ambiente, y es un indicador del impacto de la extracción de recursos naturales. En el escenario de suficiencia, se logra reducir en un 55 % la huella de materiales de la economía española respecto a 2025, mientras que aumenta en un 51 % en la EDLP.

Huella de materiales en 2050 comparada con 2025 para la estrategia de descarbonización (EDLP) y el escenario de suficiencia (Suf.).
Huella de materiales en 2050 comparada con 2025 para la estrategia de descarbonización (EDLP) y el escenario de suficiencia (Suf.).
Los autores | Adaptado del estudio en Progress in Energy, CC BY-SA

Así pues, nuestro trabajo sugiere que reducir el consumo de bienes y servicios menos esenciales permitiría conciliar un despliegue de tecnologías de bajas emisiones consistente con los objetivos climáticos y reducir la huella de materiales de la economía española, manteniendo a la vez altos niveles de bienestar.

The Conversation

Emmanuel Aramendia ha recibido financiación de la fundación Leverhulme Trust (RPG-2024-357), y del Research and Innovation Programme de la Unión European a través del proyecto LOCOMOTION (Grant Agreement No. 691287).

Iñigo Capellán-Pérez ha recibido financiación de una ayuda Juan de la Cierva-Incorporación del Ministerio de Economía y Competitividad de España (n.º IJC2020046215-I).

Jaime Nieto Vega ha recibido financiación del Ministerio de Economía y Competitividad a través del proyecto MODESLOW (ECO2017-85110-R).

Óscar Carpintero ha recibido financiación del Ministerio de Economía y Competitividad a través del proyecto MODESLOW (ECO2017-85110-R)

– ref. Si cambiamos nuestro modelo de consumo, no necesitaremos tantos materiales para la transición energética – https://theconversation.com/si-cambiamos-nuestro-modelo-de-consumo-no-necesitaremos-tantos-materiales-para-la-transicion-energetica-283708

Humanos y elefantes en el yacimiento paleolítico de Torralba, en Soria: juntos pero no revueltos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Sánchez Romero, Investigadora postdoctoral. Especialista en arqueología espacial y formación de yacimientos, Universidad de Sevilla

Huesos de elefante en el yacimiento paleolítico de Torralba. 1963. F. Clark Howell

En 1888, Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, escuchó a unos trabajadores ferroviaros comentar que, al abrir una zanja para instalar una tubería de agua en la estación de Torralba (Soria), habían encontrado huesos del cráneo de un gran animal. Decidido a desvelar el misterio, organizó las primeras excavaciones en el lugar, entre 1909 y 1913.

Desde entonces, Torralba ha sido un yacimiento clave para la paleoantropología del Pleistoceno Medio –hace aproximadamente entre 781 000 y 126 000 años–. El descubrimiento de numerosos huesos de elefantes y herramientas líticas llevó a su primera interpretación como un sitio de caza.

Sin embargo, nuestro estudio reciente, que analiza la documentación sobre el lugar reunida por el paleoantropólogo estadounidense F. Clark Howell, ha permitido darle la vuelta a esas suposiciones iniciales. Hoy, todo apunta a que el papel de los humanos en Torralba habría sido más oportunista que protagonista.

Documentación exhaustiva

Entre 1961 y 1963, F. Clark Howell (en ese momento en el Departamento de Antropología de la Universidad de Chicago), con el apoyo de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF), lideró la excavación de unos 1026 m², dentro del área estimada de 5 000 m² que ocupa Torralba. Los trabajos recuperaron cientos de huesos de elefantes, bóvidos y otros animales, así como herramientas paleolíticas.

Además, reunió una gran cantidad de documentación, incluyendo mapas, fotografías, secciones estratigráficas, diarios, dibujos y notas.

Vista general de las excavaciones de Torralba, 1963.
F. Clark Howell/HERC/CENIEH

¿Yacimientos gemelos?

El yacimiento de Torralba se encuentra situado en lo que se conoce como Polje de Conquezuela, aproximadamente a 2,5 km de distancia del yacimiento de Ambrona, que también guarda restos de elefantes y herramientas en piedra. Debido a la cercanía de ambos, F. Clark Howell y su equipo pensaron que podían estar relacionados.

Esta idea de “yacimientos gemelos” fue una gran losa a la hora de comprender la génesis de Torralba, ya que por mucho que se intentaran relacionar las estratigrafías de los dos yacimientos, no se conseguía entender por qué no cuadraban. Años más tarde, un equipo español estudió su geología y determinó que pertenecían a dos formaciones diferentes: Torralba era ligeramente más joven que Ambrona.

Carrera por descubrir el inicio de la caza

A pesar de la riqueza del material arqueopaleontológico, Torralba tiene una dificultad enorme: una geología muy compleja debido a las fallas que la recorren. Por aquel entonces, aunque se encontraron una gran cantidad de huesos de elefante y herramientas de piedra, su estratigrafía seguía sin conocerse con detalle.

La estratigrafía nos permite conocer la sucesión de las capas de sedimento que se han ido depositando a lo largo de los años. La composición y características de estas capas nos dan pistas acerca del medio donde se encuentra el sitio arqueológico: si se trataba de un entorno seco, fluvial, con mucha o poca vegetación, etc. Esta información es clave para conocer el entorno y, así, poder reconstruir el contexto en el que estos animales y grupos humanos vivieron.

Sin embargo, como los huesos y las herramientas aparecían en un mismo sitio y parecían relacionadas, las hipótesis acerca de la funcionalidad de Torralba no tardaron en llegar.

A esto se suma que, en el siglo pasado, existía entre la comunidad científica una carrera frenética para ver quién podía demostrar las evidencias más antiguas de caza y, con ellas, la capacidad de los humanos para elaborar sus propias herramientas para capturar animales con los que alimentarse y abandonar el carroñeo.

Bifaces de caliza recuperados en Torralba durante las excavaciones de F. Clark Howell.
F. Clark Howell/HERC/CENIEH

La hipótesis del matadero

Varias publicaciones trataron, entonces, de explicar que Torralba había sido un sitio donde los grupos humanos habían cazado elefantes, relacionando la ubicación espacial de ciertas partes anatómicas de los animales con ciertas herramientas. Se llegó a interpretar el yacimiento como un área organizada de actividad centrada en el procesado de elefantes y otros animales, una especie de matadero primitivo.

Estas interpretaciones generaron un gran debate entre la comunidad científica, mientras varios paleontólogos destacados las ponían en duda. Lewis R. Binford concluyó que la mayoría de los huesos habían sido afectados de manera considerable por agentes naturales, como el pisoteo de elefantes, y que los conjuntos excavados no podían considerarse “suelos habitados”. Por su parte, Richard G. Klein apuntó que muchos de los huesos habían sido identificados incorrectamente. Y Paola Villa argumentó que las interpretaciones se basaban en un número muy bajo de piezas líticas y, por tanto, los análisis estadísticos podían producir resultados engañosos.

Documentación repatriada

Cuando, en el año 2007, F. Clark Howell murió de un cáncer de pulmón, todo el material que había producido sobre Torralba quedó en varios armarios del Human Evolution Research Center (HERC) de la Universidad de California en Berkeley. Fue su deseo que toda esta documentación fuera repatriada a España.

El trabajo para su repatriación comenzó en 2019, en el HERC. Cajas y cajas con anotaciones de campo, mapas, planos, secciones, diarios de campo y diapositivas que no se habían tocado en décadas. Se escanearon durante meses, incluso, con un pase especial de acceso al laboratorio durante la pandemia.

Los mapas con los dibujos de los huesos, las piedras y la ubicación de las herramientas líticas fueron procesados usando Sistemas de Información Geográfica (SIG). Mapa a mapa, se dibujaron y situaron espacialmente 1 541 huesos, 1 678 piedras y 428 herramientas de piedra.

Una vez se tuvo todo digitalizado, empezamos a trabajar en el análisis espacial: calculamos la concentración o dispersión de las distribuciones a través de mapas de densidad, las orientaciones de los huesos y las piedras y las relaciones espaciales estadísticas de todos estos elementos.

Además, estudiamos las secciones estratigráficas y las diapositivas escaneadas, cruzando los resultados obtenidos de los patrones de distribución y orientación de huesos y piedras con lo que se observaba en la estratigrafía.

Hipótesis desmontada

Los patrones de distribución y orientación de huesos y piedras, junto con la información obtenida de la estratigrafía, indican que Torralba muestra una sucesión de eventos que han dado como resultado un puzle muy difícil de descifrar.

El yacimiento se vio claramente afectado por fallas que probablemente influyeron en las primeras interpretaciones de la estratigrafía, lo que dio lugar a una descripción confusa de las unidades y subniveles. En la actualidad, estos solo se han podido esclarecer parcialmente gracias al control espacial basado en los conjuntos de datos originales.

En este contexto, los resultados obtenidos en nuestro nuevo estudio apuntan a que los homínidos no desempeñaron un papel protagonista en el escenario del Pleistoceno de Torralba. Al contrario, la acumulación de huesos y piedras parece responder a agentes naturales y todo indica que la acción de los humanos allí fue, como mucho, oportunista –de carroñeo de animales muertos–.

Esta investigación es un ejemplo de cómo la revisión de materiales y datos recabados en el pasado pueden recibir interpretaciones diferentes y más certeras gracias a técnicas innovadoras. Imaginar cómo eran los escenarios de hace miles de años en nuestro planeta precisa una buena recopilación de datos, su profundo análisis y una rigurosa investigación. Todo ello nos permite trasladarnos a aquellos paisajes y escenarios tan remotos donde nuestros antepasados convivían entre grandes animales, como los elefantes de Torralba.

The Conversation

Este estudio formó parte de la beca postdoctoral Glynn Isaac otorgada a Laura Sánchez-Romero para trabajar en el Human Evolution Research Center (HERC), Universidad de California (Berkeley, California). Actualmente, Laura Sánchez-Romero es investigadora postdoctoral en la Universidad de Sevilla, con un contrato de la Estrategia de Investigación, Desarrollo en Innovación de Andalucía – EIDIA Horizonte 2027, financiado por la Junta de Andalucía/Consejería de Universidad, Investigación e Innovación (CUII) y la European Social Fund Plus (ESF+).

– ref. Humanos y elefantes en el yacimiento paleolítico de Torralba, en Soria: juntos pero no revueltos – https://theconversation.com/humanos-y-elefantes-en-el-yacimiento-paleolitico-de-torralba-en-soria-juntos-pero-no-revueltos-286817

Del árbol genealógico al banquillo de los acusados: la nueva era de la investigación criminal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Palomo Díez, Profesora Permanente Laboral, Universidad Complutense de Madrid

CI Photos/Shutterstock

Imagine que un detective encuentra una gota de sangre en la escena de un crimen ocurrido en 1980. El asesino nunca fue fichado, por lo que su perfil de ADN no coincide con nadie en las bases de datos de la policía. Durante décadas, el caso acumula polvo en un sótano. El culpable sigue libre, convencido de que se ha salido con la suya.

Sin embargo, años después, la policía recibe un soplo inesperado. No viene de un testigo ocular, sino del árbol genealógico de una persona corriente que vive a miles de kilómetros y que decidió enviar una muestra de saliva a una empresa privada para saber si tenía antepasados vikingos o descubrir a un primo lejano.
Esto no es el guión de una serie de televisión: es un ejemplo de cómo opera la genealogía genética forense (GGF), una disciplina que está revolucionando la investigación criminal.

Pero ¿cómo funciona exactamente este “milagro” científico capaz de reabrir casos que parecían enterrados para siempre?

Del “código de barras” al mapa de carreteras

La policía lleva décadas usando el ADN para resolver casos, pero de una forma limitada. El sistema tradicional (conocido como CODIS) funciona como un “código de barras”. Analiza unas regiones muy concretas del ADN (llamadas STRs) para ver si la muestra hallada en la escena del crimen coincide al 100 % con un sospechoso ya fichado. Es la misma técnica que se emplea en casos de identificación de víctimas, o personas desaparecidas.

Se trata de unos marcadores genéticos ideales para esta finalidad porque están repartidos por todo el genoma, son muy pequeños –lo que garantiza mayor probabilidad de éxito si la muestra está degradada, algo habitual en contextos forenses– y varían considerablemente entre individuos, lo que posibilita que sean muy específicos de cada persona.

Sin embargo, cuando el “código de barras” del delincuente no se encuentra en la base de datos policial, o bien cuando la víctima es un soldado de la I Guerra Mundial del que ya no quedan familiares cercanos vivos que compartan cierto grado de ese material genético, nos enfrentamos a un importante problema para llevar a cabo las identificaciones.

La genealogía genética forense cambia las reglas del juego porque utiliza un análisis muchísimo más profundo basado en los llamados polimorfismos de nucleótido único (SNPs). En lugar de un simple código de barras, los científicos extraen un “mapa de carreteras” completo del genoma. No se trata de buscar una coincidencia exacta, sino de rastrear la herencia compartida con parientes muy lejanos (como primos terceros o cuartos) a través de todo nuestro árbol familiar.

Aquí entran en juego otro tipo de bases de datos, que no son de carácter policial, sino plataformas abiertas como GEDmatch o FamilyTreeDNA. En ellas, millones de personas normales suben voluntariamente sus datos genéticos con fines recreativos, como buscar sus orígenes o familiares lejanos. De este modo, sin saberlo, están creando una red de conexiones familiares gigantesca.

Rastreando el árbol genealógico

Cuando los investigadores introducen el perfil de SNPs de una muestra sin identificar en estas plataformas civiles, la ciencia no busca al culpable directo, sino a sus familiares. Sobre esta metodología de investigación trata nuestro artículo, publicado en la revista WIREs.

Pongamos un ejemplo real y famoso: el caso de Michelle Martinko, una estudiante asesinada en Iowa en 1979. Casi cuarenta años después, los genetistas subieron el ADN del asesino a una base de datos genealógica. El sistema no encontró al autor del crimen, pero localizó a una mujer que compartía el suficiente material genético con la muestra como para ser su prima hermana.

A partir de ese único hilo conductor, el trabajo de los genetistas y genealogistas se vuelve puramente detectivesco:

  1. Dibujan el árbol a la inversa: rastrean hacia atrás en el tiempo (usando registros de nacimiento, censos y bodas) hasta encontrar a los antepasados comunes de esa familia.

  2. Filtran las ramas: investigan a los descendientes directos de esos antepasados en el presente.

  3. Cruzan datos lógicos: buscan qué miembros masculinos de esa familia tenían la edad adecuada y estaban en el lugar idóneo cuando ocurrió el crimen.

En el caso de Michelle Martinko, este rastreo redujo el misterio a solo tres hermanos. Para el paso final, la policía solo tuvo que vigilar discretamente a uno de ellos (Jerry Burns), recoger una pajita que tiró en un restaurante y comprobar en el laboratorio tradicional si su ADN coincidía con el de la escena del crimen. Tras 39 años, el caso se cerró con una condena.

Esta misma técnica también permitió atrapar en 2018 al Asesino del Golden State, que violó a 50 mujeres y mató al menos a 12 personas en las décadas de los setenta y los ochenta. Desde entonces se usa también con fines humanitarios para identificar restos óseos degradados de soldados o personas desaparecidas.

Justicia frente a derecho a la intimidad

Sin embargo, la velocidad de la ciencia a menudo choca con las leyes. Mientras que en Estados Unidos y algunos países de Europa, como Suecia, se permite el uso de estas bases de datos civiles bajo estrictos criterios, en otros no es así. En España, por ejemplo, la legislación actual vela más por la privacidad y no permite cruzar los datos policiales con plataformas genéticas comerciales.

En casos españoles emblemáticos como el de Eva Blanco, asesinada en 1997, la policía tuvo que recurrir a estrategias alternativas, como analizar el ADN mitocondrial (la línea materna) para descubrir el origen geográfico del sospechoso y realizar cribados locales.

¿Por qué estas restricciones? Porque, aunque la genealogía genética forense no solo puede ser una herramienta maravillosa para el ámbito forense: también revela información privada sobre las personas y sus familiares. Entonces, ¿Debería primar el derecho a la intimidad o el deber de dar respuesta a una familia que lleva décadas esperando justicia? He ahí el dilema.


María Samino Gómez, graduada en Criminología por la Universidad Complutense de Madrid, ha colaborado en la elaboración de este artículo.


The Conversation

Sara Palomo Díez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Del árbol genealógico al banquillo de los acusados: la nueva era de la investigación criminal – https://theconversation.com/del-arbol-genealogico-al-banquillo-de-los-acusados-la-nueva-era-de-la-investigacion-criminal-282299

Gentrificación, sobreexplotación turística, vivienda escasa: ¿y si no todo fuera culpa de Airbnb?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Ignacio Pulido Fernández, Catedrático de Economía Aplicada (Economía del Turismo), Universidad de Jaén

Señal de protesta contra Airbnb en Montreal, Canadá. BalkansCat/Shutterstock

En muchos destinos, cuando el turismo empieza a incomodar, el debate público encuentra enseguida un culpable reconocible: Airbnb. La plataforma (y, en general, el alquiler turístico de corta duración) concentra buena parte del malestar porque es visible, porque afecta a la vivienda y porque transforma barrios que antes no se sentían turísticos.

No se trata de una preocupación menor. Eurostat estima que, en 2025, se reservaron 951,6 millones de noches en la Unión Europea a través de grandes plataformas de corta estancia. Y hemos visto, además, cómo estos alojamientos pueden contribuir a la presión residencial, la subida de precios y la turistificación de los centros urbanos.

El debate ya no se circunscribe solo a Barcelona, Venecia o Ámsterdam. También aparece fuera de los grandes circuitos turísticos tradicionales. Algunos ejemplos: en Cuenca, ciudad patrimonial ecuatoriana, el crecimiento del alojamiento temporal ha tensionado el mercado inmobiliario de su centro histórico y puesto en evidencia la falta de datos, registro y capacidad de regulación turística de las autoridades locales. En Medellín (Colombia), el auge del turismo ha hecho crecer el mercado de viviendas turísticas, encarecido el alojamiento y generado conflictos de convivencia en algunos barrios. En Tirana y otros destinos urbanos albaneses, la rápida expansión del alquiler de corta estancia empieza a vincularse con la presión sobre el mercado residencial y la dificultad de acceso a alquileres asequibles para la población local.




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Parte del problema (pero no todo)

Que Airbnb forme parte del problema no significa que sea todo el problema. Culpar solo a las plataformas resulta políticamente cómodo, pero analíticamente pobre. Permite señalar un actor concreto, regularlo (a veces tarde, a veces mal) y transmitir la impresión de que se actúa. Sin embargo, muchos conflictos actuales en destinos consolidados y emergentes responden a una cuestión más profunda: durante años se ha gestionado el turismo como si fuera solo promoción, no como una política pública territorial.

El turismo no ocupa un espacio vacío. Utiliza patrimonio, vivienda, transporte, agua, residuos, recursos naturales, comercio, espacio público y tolerancia social. Cuando los flujos crecen más rápido que la capacidad institucional para ordenarlos, aparecen externalidades: congestión, ruido, encarecimiento de la vivienda, pérdida de comercio cotidiano, saturación patrimonial, precarización laboral o rechazo vecinal. La turismofobia rara vez nace del turismo en abstracto; suele nacer de la percepción de que los beneficios se privatizan y los costes se socializan.




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Crecimiento desmedido

El crecimiento turístico global refuerza este diagnóstico. UN Tourism cifró en 1 523 millones las llegadas internacionales de turistas en 2025, superando los niveles previos a la pandemia. La cuestión, por tanto, no es si el turismo crecerá, sino bajo qué reglas, con qué límites y para quién.

La OCDE señala que el sector necesita políticas coordinadas, prospectivas y basadas en evidencia para ser más resiliente, sostenible e inclusivo. Esa es la carencia de muchos destinos: mucha promoción, poca planificación; muchos actores vendiendo el destino, pocos gobernándolo.

El problema se agrava porque el turismo no funciona como una organización única sino como una red de actores con intereses, competencias y objetivos distintos. Hoteles, viviendas turísticas, guías, comercios, restaurantes, plataformas, administraciones, residentes, inversores inmobiliarios, operadores culturales y empresas de movilidad actúan con lógicas distintas. Si no existe una gobernanza clara, cada actor maximiza su interés particular. En economía esto no sorprende: cuando un recurso compartido (el atractivo, el espacio público, la vida en los barrios) se explota sin coordinación, el resultado puede ser ineficiente, aunque cada decisión individual parezca racional.

Esa fragmentación sobrepasa a empresas y residentes, también es frecuente entre las propias instituciones responsables del turismo. Especialmente en las primeras etapas de desarrollo de un destino, administraciones, organismos de promoción y otros actores suelen planificar, generar información e impulsar iniciativas de forma independiente, respondiendo a sus propios objetivos en lugar de a una estrategia compartida. El resultado son esfuerzos duplicados, recursos dispersos y decisiones que reducen la capacidad del destino para actuar de forma coordinada y generar valor colectivo.

Hacia un nuevo modelo

Por eso el debate no debería formularse como “Airbnb sí, Airbnb no”, sino como “qué modelo de destino queremos y con qué instrumentos lo hacemos viable”. Regular los alquileres turísticos puede ser necesario, especialmente en zonas tensionadas. La Unión Europea aprobó un reglamento para mejorar la recogida y el intercambio de datos sobre alquileres de corta duración.

Pero la regulación de una plataforma no sustituye a una política integral de destino. Hace falta zonificación turística, límites de capacidad cuando proceda, gestión de flujos, fiscalidad finalista, protección de la vivienda residencial, datos en tiempo real, escucha vecinal y coordinación entre turismo, urbanismo, movilidad, cultura, seguridad y medio ambiente.

También falta profesionalización. La gestión de destinos no puede depender solo de la intuición, el voluntarismo político o las campañas de comunicación. Requiere perfiles capaces de interpretar datos, negociar con actores privados, diseñar indicadores, evaluar impactos, anticipar conflictos y traducir la estrategia turística en decisiones urbanas. Las investigaciones sobre sobreexplotación turística (overtourism) llevan años señalando que no hay soluciones universales y que la gestión debe adaptarse a cada contexto. Sin equipos técnicos sólidos, los destinos reaccionan cuando el conflicto ya ha estallado.




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Medidores turísticos

Otro error es seguir midiendo el éxito del turismo por volumen: más visitantes, más pernoctaciones, más gasto agregado. Esos indicadores son útiles, pero insuficientes. Un destino puede crecer en llegadas y empobrecer su vida local. Puede aumentar la ocupación y deteriorar la convivencia.

El nuevo marco estadístico internacional para medir la sostenibilidad del turismo y los trabajos recientes sobre indicadores locales apuntan hacia la medición de impactos económicos, sociales y ambientales de forma integrada y a escala territorial, y proponen incorporar explícitamente el bienestar de los residentes en la mira de las políticas turísticas.

Turismo generador de valor

El gran cambio de fondo será pasar del turismo como recuento al turismo como generación de valor:

  • Valor territorial, porque mejora el patrimonio, diversifica la economía, fortalece identidad y distribuye oportunidades.

  • Valor social, porque crea empleo digno, respeta la vivienda, mejora servicios y no expulsa a quienes hacen habitable el lugar.

  • Valor público, porque los ingresos turísticos ayudan a financiar los costes que el propio turismo genera.

Las plataformas de alojamiento como Airbnb no son inocuas en los destinos donde se implantan, aunque tampoco son una explicación suficiente. Constituyen un acelerador de tensiones preexistentes: vivienda escasa, planificación débil, dependencia del crecimiento, falta de datos y gobernanza fragmentada.

Reducir el debate a una plataforma digital es tratar el síntoma pero dejando intacta la enfermedad. La pregunta seria no es cómo recibir más turistas, sino cuántos, dónde, cuándo, en qué condiciones y con qué retorno para la comunidad anfitriona. Ahí empieza la verdadera economía del turismo del siglo XXI.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Gentrificación, sobreexplotación turística, vivienda escasa: ¿y si no todo fuera culpa de Airbnb? – https://theconversation.com/gentrificacion-sobreexplotacion-turistica-vivienda-escasa-y-si-no-todo-fuera-culpa-de-airbnb-287058

Dos millones de votantes, cinco elecciones y solo dos anuncios: así ignoran los partidos al electorado latino

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Rodríguez-Virgili, Profesor de Comunicación Política, Universidad de Navarra

En junio de 2016, una mujer colombiana con doble nacionalidad apareció en un vídeo grabado con el móvil durante un acto del Partido Popular. Se llamaba Martha Inés y pedía el voto en nombre de “los latinos”. Ella no lo sabía, pero ese vídeo –visto por unos cientos de personas– sería uno de los dos únicos momentos en ocho años de campañas nacionales en que un partido español le hablaría directamente al electorado latinoamericano. El otro llegaría en 2023, el último día de campaña, también del PP: un anuncio de mayor calidad, pero de escasa difusión. Entre medias, cinco elecciones generales, 11 389 piezas de comunicación y un silencio casi total.

Según el Instituto Nacional de Estadística, 4,6 millones de personas residentes en España nacieron en América Latina. De ellas, dos millones ya tienen nacionalidad española y, por tanto, derecho a voto en las elecciones generales: el 5,3 % del censo electoral. Su peso demográfico es relevante; su peso político en campaña, casi nulo.

Una paradoja incómoda

En los últimos años, los partidos han demostrado una capacidad creciente para segmentar su mensaje y dirigirse a públicos muy concretos: celíacos, aficionados a la tauromaquia o a la caza, usuarios del aeropuerto de Sevilla o vecinos de una provincia con un escaño en juego recibieron mensajes a medida, sobre todo desde que Meta Ads y Google Ads permiten segmentar audiencias con precisión casi quirúrgica.

Si los partidos pueden segmentar con tanta precisión a nichos mucho más pequeños que el electorado latinoamericano (los celíacos son, según los propios anuncios del PP, el 1 % de la población), su omisión no se explica por falta de medios técnicos. Apunta, más bien, a lo que la filósofa Nancy Fraser describe como exclusión simbólica: un grupo no es perseguido ni discriminado abiertamente, pero tampoco se le reconoce como interlocutor político legítimo, lo que lo relega a una posición de “subordinación de estatus” en la esfera pública.

El vídeo de Martha Inés es modesto, casi casero. Apenas dura un minuto. Habla directamente a cámara y destaca medidas concretas: la supresión de visados para colombianos y peruanos, la promesa de extenderlo a ecuatorianos. Termina con una frase simple: “Yo voto al PP porque mi voto también cuenta”. Se difundió desde las cuentas del partido y de Mariano Rajoy, pero su alcance fue mínimo: menos de 2 000 visualizaciones.

Siete años después, ya con Alberto Núñez Feijóo como candidato, el PP vuelve con un segundo anuncio, protagonizado por una mujer dominicana que narra en primera persona su llegada a España. La producción es de mayor calidad, pero se difundió solo por Meta Ads durante las últimas 24 horas de campaña y segmentado en las comunidades con más población latinoamericana, como Madrid, Andalucía o Cataluña.

Ninguno de los dos anuncios contó con el candidato a la presidencia en persona: fueron gestos puntuales y tácticos, no una estrategia sostenida.

¿Y el PSOE? Tampoco articuló nada parecido. Su acercamiento más explícito fue un vídeo de poco más de 1 000 visualizaciones donde, dentro de un mosaico de minorías y en 20 segundos, la coordinadora del Grupo Latino Socialista prometía eliminar trabas para que “los latinos” votaran con facilidad en las elecciones municipales, no en las generales.

Es uno de los pocos momentos en que un partido reconoce al voto latino como colectivo político diferenciado, aunque no llega a ser una apelación de campaña.
El balance es claro: tras analizar 11 389 piezas (tuits, anuncios en Meta, vídeos en YouTube, TikToks, espacios publicitarios en TVE) en nuestro estudio titulado La exclusión simbólica del voto latino en España: las campañas electorales del PP y PSOE, solo se detectan dos anuncios marginales del PP y un reconocimiento fugaz del PSOE. Ninguno convirtió al voto latino en un destinatario real de su comunicación electoral.

Sin embargo, cuando América Latina aparece en el discurso de los partidos, lo hace de forma instrumental: Venezuela, el chavismo o Bolsonaro se usan como armas en disputas ideológicas internas o espejos donde reflejar miedos, nunca no como puente para movilizar el voto latino.

¿Por qué importa el silencio?

El reconocimiento institucional no es un detalle simbólico. Estudios muestran que la participación depende de sentir que el sistema responde a las propias demandas. Si un colectivo no se siente interpelado, difícilmente percibirá que su voto influye: la invisibilidad alimenta la desmovilización, y esta refuerza, a su vez, la invisibilidad.

Investigaciones de varios autores sobre la representación política de latinoamericanos en España ya apuntaban en esta dirección: sin apelaciones explícitas ni liderazgos visibles de origen latino, el colectivo permanece fragmentado en nacionalidades de origen –colombianos, ecuatorianos, dominicanos…– sin conciencia de grupo compartida.

¿Por qué evitan los partidos nombrar a este electorado en las campañas de las generales? Quizá asuman que ya está integrado y vota como el resto o teman que dirigirse a él de forma explícita se interprete como clientelismo. La pregunta de fondo es más profunda: ¿existe en España una comunidad latina con identidad política propia, como en Estados Unidos, o es una categoría fragmentada sin conciencia compartida? Responderlo exigirá escuchar a los protagonistas: a los votantes de origen latinoamericano y a quienes diseñan las campañas electorales.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Dos millones de votantes, cinco elecciones y solo dos anuncios: así ignoran los partidos al electorado latino – https://theconversation.com/dos-millones-de-votantes-cinco-elecciones-y-solo-dos-anuncios-asi-ignoran-los-partidos-al-electorado-latino-285195