Christopher Galfard: “El universo que observamos con los telescopios es finito. El infinito solo existe en las matemáticas”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

La participación de Christophe Galfard en el ciclo de conferencias de Fundación Telefónica el pasado mes de marzo fue posible gracias a la colaboración con el Foro de la Cultura. Irene Medina., CC BY-SA

El físico y divulgador Christophe Galfard (París, 1976) estudió en Cambridge, donde se doctoró bajo la dirección de Stephen Hawking, y desde entonces ha dedicado buena parte de su vida a traducir los misterios del cosmos a un lenguaje que cualquiera pueda entender. Ha pasado por los pasillos de la física teórica más exigente y por los escenarios de la divulgación científica, donde el universo se cuenta como una historia. Hoy vive entre París y el resto del mundo, entregado a escribir libros, dar conferencias y explicar la ciencia en radio, televisión y documentales, con la ambición de acercar la cosmología contemporánea al gran público.

Quizás, por eso habla de agujeros negros y del origen del tiempo con la misma naturalidad con la que otros hablan de novelas o viajes. Entre ecuaciones, metáforas y recuerdos de su maestro, Galfard insiste en que comprender el universo no es solo un desafío intelectual, sino también una experiencia típicamente humana. “La física”, dice, “no es solo un conjunto de fórmulas. Es una manera de mirar el mundo, de preguntarse de dónde venimos y qué lugar ocupamos en esta inmensidad”.

¿De dónde viene su interés por el espacio?

Mi interés en las estructuras ocultas de la naturaleza empezó muy temprano. Es un tema que considero fascinante: la idea de qué está ahí fuera en el espacio, descubrir las leyes que funcionan en todo, comprender la historia del universo… es algo genial.

¿Cree que estudiar el universo es, de alguna forma, una manera de sumergirse en cuestiones filosóficas como el sentido de la vida?

Muchos interrogantes que durante mucho tiempo pertenecieron al ámbito de la filosofía ahora se han convertido en problemas científicos, en interrogantes accesibles a la ciencia. Uno de ellos es el origen de la vida, que es el tema de mi próximo libro. La idea es mirar dentro de nosotros mismos, dentro del mundo que nos rodea, entender cómo las estrellas forman la materia. En el último siglo averiguamos que todos los organismos de la Tierra están hechos de las mismas moléculas.

¿Cómo se entrelazan lo macrocósmico y lo microcósmico? ¿Aprender sobre el universo nos ayuda también a aprender sobre las partículas más diminutas?

La relación entre lo grande y lo pequeño se ve muy bien en los agujeros negros. Son lugares del universo que eran enormes y, al colapsar, encogieron, se volvieron extremadamente pequeños. También vemos esta relación en el Big Bang, en los átomos y en el futuro del universo. Comprender el universo nos ayuda a saber más sobre las partículas más pequeñas, sobre cómo está construida la naturaleza en nuestro planeta, por ejemplo. El universo es un todo y nosotros somos pequeñas criaturas humanas intentando echar un vistazo a eso tan grande.

¿Qué es el tiempo? ¿Es una ilusión?

Vivimos en el tiempo, por eso es difícil decir que sea una ilusión. Aunque el concepto de tiempo que percibimos con nuestro cerebro no es el mismo que el concepto de tiempo en física. El que usamos en astrofísica nos ayuda a estudiar el movimiento de los objetos y a predecir dónde están las cosas o donde estaban en el pasado.

La pregunta de cuándo empezó el tiempo, y cuándo terminará, es muy profunda, y no tenemos todavía una respuesta definitiva. Pero, para simplificar, desde mi punto de vista como físico puedo decir que el tiempo no es una ilusión.

¿Y existe el tiempo infinito?

No tenemos un solo ejemplo de algo que pueda ser infinito. Cero. El tiempo que conocemos es finito.

Entonces, ¿el concepto de un universo infinito o materia infinita no es una posibilidad real en la ciencia?

Es lo mismo. No conocemos nada que sea infinito en el universo. El único infinito que existe aparece en las matemáticas, pero no podemos decir que haya nada equivalente en la realidad. El universo que observamos con los telescopios es finito.

¿Y no hay nada más allá?

Podemos decir que vemos el final con los telescopios. Es lo que se llama horizonte cósmico o límite del universo observable, o sea, la distancia máxima desde la cual la luz ha tenido tiempo de llegar a la Tierra desde el Big Bang. Es lo más lejos que podemos ver usando la luz. ¿Hay algo más allá? No lo sabemos.

Quizá en el futuro, cuando tengamos telescopios de aun mayor alcance…

No. No con luz.

Usted estudia el origen del universo. ¿Lo que ha aprendido hasta ahora le lleva a pensar que la vida comenzó por accidente?

Es imposible responder esa pregunta. No tenemos una respuesta todavía para el origen del universo. Sabemos que hay billones y billones de planetas en todas partes y la Tierra es uno de ellos. De todas las posibilidades, en la Tierra se dieron justo las necesarias para que surgiera la vida tal y como la conocemos. Pero… ¿y en los demás planetas? No lo sabemos. Seguramente hay más planetas en el universo que granos de arena en todas las playas de la Tierra.

Mientras busca las respuestas, ¿no le resulta tentador forjarse una idea o imaginar cómo pudo surgir el universo?

La idea de la ciencia no es dar una respuesta inmediata. El objetivo es construir el camino para poder llegar a esa respuesta. Para hacer eso, empleamos un lenguaje, que por el momento son las matemáticas… aunque quizá en el futuro cambie. Necesitamos encontrar leyes en la naturaleza. Al intentar comprender todos estos principios, podemos acercarnos a comprender qué sucedió en el origen. Pero no hemos llegado a eso todavía.

Nuestro papel como científicos no es sugerir que el comienzo fue de esta u otra manera. Por ejemplo, nuestros antepasados creían que los humanos habían sido creados por Dios o que la Tierra había sido hecha en siete días… Ahora sabemos que eso no es correcto. Quizá, en el futuro, podamos tener una respuesta para cómo se creó todo. Pero está claro que debemos ser humildes y aceptar que nuevos descubrimientos pueden llevarnos más allá de lo que conocemos y que eso puede ser completamente distinto a lo que creíamos.

¿Todo es relativo?

La idea científica de relatividad es muy diferente de lo que consideramos relativo en el lenguaje común. En el lenguaje cotidiano, significa que todo el mundo puede pensar o decir lo que quiera. Sin embargo, en física, quiere decir que podemos obtener resultados diferentes, pero aun así están relacionados. La relatividad en física nos dice que conocemos cuál es ese nexo y cómo ir de una respuesta a otra.

Entonces, ¿existe en ciencia algo parecido a la verdad absoluta?

Bueno… hay cosas que sabemos sobre los agujeros negros, por ejemplo, que podemos decir que son verdad, en un contexto. No de forma general. Pero, si la tecnología sigue mejorando y obtenemos detalles cada vez más finos del universo, quizá sí podamos. Hace siglos, la gente pensaba que la Tierra era plana; era una verdad absoluta para ellos. Eso va cambiando y evolucionando con el tiempo. De igual manera, la tecnología puede ayudarnos a ver cosas nuevas en el futuro que cambien nuestra forma de interpretar la materia o la estructura del universo.

Quizá, en el futuro, reconozcamos que estábamos tan equivocados hoy como quienes en la Edad Media pensaban que la Tierra era plana…

Estar equivocado en ciencia no es lo que la gente cree. Puedes equivocarte en la idea, o en cómo interpretas algo, pero no puedes equivocarte en los resultados experimentales. Son los datos y los datos están ahí. Por ejemplo, Newton ha sido reemplazado por Einstein, pero Newton sigue siendo correcto. No está equivocado. Sus teorías funcionan. Todavía las usan los ingenieros espaciales para enviar cohetes al espacio. Usan lo que nos enseñó Newton, no les hace falta Einstein.

¿Cómo cree que puede ser la vida extraterrestre?
O es como la vida en la Tierra, que no entendemos bien cómo se originó, o es completamente diferente y no tenemos ni idea de qué esperar.

¿Pero no tiene una hipótesis? ¿Cómo se la imagina? ¿Quizá como pequeños organismos?

Podrían ser muy pequeños, algo así como bacterias, y eso haría difícil que los encontremos en Marte, donde tal vez viven bajo su superficie. Si son organismos grandes, tienen que estar muy lejos de la Tierra… En cualquier caso, como ocurre en nuestro planeta, la vida extraterrestre puede ser muy diversa.

¿Y por qué debería importarnos a la gente de a pie si hay o no vida extraterrestre?

Por muchas razones. Lo primero es que somos curiosos. Si estamos solos en el universo o no marca una diferencia. Si encontramos más vida que la de la Tierra, entonces podemos aprender mucho sobre nosotros mismos, sobre la vida inteligente, sobre la tecnología.

¿Es posible encontrar mini agujeros negros en la Tierra?

No. Están solo en el espacio. Muy lejos de la Tierra.

¿Y materia oscura?

Esa es una de las incógnitas del universo. Todavía no sabemos de qué está hecha. Sí, podría estar entre nosotros, no lo sabemos.

¿De ella habla en su bestseller El universo en tus manos (Blackie Books, 2020)?
Sí. Es un viaje al multiverso, a los agujeros negros, al futuro del universo.

¿Cómo será ese futuro?

Bueno, tenemos distintas posibilidades. Podría estar expandiéndose a un ritmo desacelerado. O, en el polo opuesto, podría ir encogiéndose y caminando hacia el colapso. Esto es lo que se llama el Big Crunch, lo contrario del Big Bang.


Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a la física cuántica.


The Conversation

ref. Christopher Galfard: “El universo que observamos con los telescopios es finito. El infinito solo existe en las matemáticas” – https://theconversation.com/christopher-galfard-el-universo-que-observamos-con-los-telescopios-es-finito-el-infinito-solo-existe-en-las-matematicas-282897

La salud mental es más popular que nunca, pero no siempre sabemos de lo que hablamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier José Pérez Flores, Profesor del área de Psicobiología de la Universidad de La Laguna, Universidad de La Laguna

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En la última década, la salud mental ha ganado mucha presencia en el debate público. Se habla de ella en empresas, instituciones y redes sociales. Esto ha ayudado a reducir el silencio y el estigma y también ha recordado algo importante: pedir ayuda no debería dar vergüenza.

Sin embargo, esta mayor visibilidad también tiene riesgos. Hoy hablamos mucho de salud mental, pero no siempre sabemos a qué nos referimos.

Un término amplio y ambiguo

La idea de “salud mental” es un término amplio y ambiguo. Históricamente, deriva del movimiento por la “higiene mental”, surgido a comienzos del siglo XX. Su objetivo inicial fue mejorar el trato a las personas con trastornos mentales. Con el tiempo, aquel interés se amplió: empezó a incluir la prevención, la vida en comunidad y la promoción del bienestar.

Todos estos objetivos son importantes, pero no son exactamente lo mismo. Por eso, hoy la expresión “salud mental” reúne ideas distintas. Algunas veces se usa para hablar de bienestar; otras, de malestar; y otras, para referirnos a trastornos mentales.

La Organización Mundial de la Salud la define como un estado de bienestar. Dicho estado permite afrontar el estrés, desarrollar el potencial propio, aprender, trabajar y contribuir a la comunidad. Es una definición útil, pero puede resultar poco precisa.

Esta falta de precisión también aparece en las investigaciones. Por ejemplo, un trabajo reciente identificó 34 modelos teóricos diferentes que intentaban explicar los problemas de salud mental. Algunos modelos daban más peso al cuerpo, mientras que otros se centraban en la mente, la sociedad, la cultura o la experiencia personal. Varios incluso eran contradictorios entre sí.

El peso de una mirada demasiado biológica

No todos esos modelos influyen por igual en la sociedad y la cultura. Hoy domina una mirada biológica e individual del malestar. Desde esa visión, el problema se sitúa en la persona: el sufrimiento se explica por el cerebro y su química, los genes y la falta de autocontrol.

Esa mirada puede ser útil en algunos casos, ya que nadie puede negar que somos organismos biológicos y que lo que sentimos también ocurre en el cuerpo. El problema aparece cuando esa explicación ocupa todo el espacio. Entonces se dejan fuera otros factores importantes.

Las condiciones laborales pueden generar sufrimiento, igual que pueden hacerlo la falta de apoyo, los problemas económicos, la vivienda y las relaciones personales. Si olvidamos ese contexto corremos el riesgo de convertir muchos problemas de la vida en problemas médicos.

Este proceso, llamado medicalización, ocurre cuando experiencias humanas que son parte de la vida se entienden y tratan como si fueran enfermedades. La tristeza, la angustia y la sobrecarga pueden necesitar atención, pero no son, por sí mismas, trastornos mentales. A veces indican que algo no va bien. Pueden señalar una situación injusta, una pérdida, un exceso de exigencia o una falta de apoyo.

Por eso, las emociones no son solo molestias. También son señales que nos invitan a mirar el entorno y a preguntarnos qué nos está afectando.

El riesgo opuesto: idealizar el sufrimiento

También existe el riesgo contrario. A veces no convertimos el malestar en enfermedad, sino en una identidad atractiva.

Esto ocurre cuando el sufrimiento se presenta de forma idealizada. En esos casos, ciertos problemas de salud mental aparecen como signos de sensibilidad, creatividad o autenticidad. Así, dejan de verse como experiencias complejas o como problemas que pueden dañar la vida diaria. Incluso pueden parecer rasgos especiales o deseables.

Esta idealización puede tener consecuencias como frenar la búsqueda de ayuda o, incluso, reforzar el malestar en vez de aliviarlo.

Muchas veces no hay mala intención detrás de esto. Puede surgir del deseo de visibilizar el sufrimiento, o puede ayudar a reducir el estigma y a encontrar una comunidad. El problema aparece cuando la visibilidad se convierte en admiración. Entonces, el malestar deja de ser algo que necesita cuidado y pasa a funcionar como una marca personal.

Las etiquetas clínicas pueden usarse como identidades rápidas: los síntomas se transforman en rasgos estéticos y el sufrimiento se vuelve una forma de singularidad.

No hace falta hablar más, sino mejor

Frente a estos riesgos, no basta con hablar más de salud mental, sino hacerlo mejor. También es importante una mayor alfabetización. Este concepto se refiere a los conocimientos y creencias que ayudan a reconocer el malestar, darle relevancia, manejarlo, prevenirlo y saber cuándo pedir ayuda. Incluye conocer señales de alerta, saber dónde buscar información fiable y qué recursos pueden ayudar en cada caso.

Pero la alfabetización no debería limitarse a aprender nombres de diagnósticos, porque saber más de salud mental no consiste solo en conocer etiquetas. Implica entender cómo se cuida el bienestar y mirar el papel que juegan factores como el trabajo, la vivienda, la educación, las relaciones y la exclusión social.

Hablar mejor de salud mental exige usar un vocabulario más preciso. No es lo mismo estar cansado que estar deprimido. No es lo mismo pasar una mala etapa que tener un trastorno mental.

Tampoco todo sufrimiento se resuelve igual. Algunas situaciones necesitan descanso y otras requieren apoyo social, cambios en el entorno o ayuda profesional.

En definitiva, hablar de salud mental no debería consistir en etiquetarlo todo, ni servir para embellecer el sufrimiento. El reto es aprender a diferenciar qué necesitamos en cada situación. Quizá aquí está lo difícil: aprender ahora, para usarlo cuando lo necesitemos. Porque no debemos esperar al sufrimiento para actuar; debemos actuar ahora, para que el sufrimiento no nos desborde en el futuro.

The Conversation

Javier José Pérez Flores no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La salud mental es más popular que nunca, pero no siempre sabemos de lo que hablamos – https://theconversation.com/la-salud-mental-es-mas-popular-que-nunca-pero-no-siempre-sabemos-de-lo-que-hablamos-283318

Nuevo estudio sobre las dietas yoyó: el problema no es intentarlo, es seguir malas estrategias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Alfonso Revenga Frauca, Director experto, Grado de Nutrición Humana y Dietética, Universidad Internacional de Valencia; Universidad San Jorge

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Pocas frases se repiten tanto en torno al peso corporal como esta: “me he cargado el metabolismo”. Muchas personas que han perdido kilos y los han recuperado sienten que cada intento fallido les deja peor que antes: con más grasa, menos músculo, más hambre, menos gasto energético y una capacidad cada vez menor para volver a adelgazar. Esa idea ha convertido al llamado “efecto yoyó” en una amenaza casi irreversible.

Según esta narrativa, bajar peso para después recuperarlo no solo sería frustrante, sino también metabólicamente peligroso. Incluso se ha popularizado la idea de que sería preferible no intentar adelgazar antes que exponerse a un ciclo de “pérdidas y ganancias”.

Una nueva revisión

Pero una revisión crítica publicada en The Lancet Diabetes & Endocrinology invita a replantear esa conclusión. Sus autores revisan la evidencia disponible sobre el denominado weight cycling –los ciclos repetidos de pérdida y recuperación de peso– y concluyen que no hay pruebas sólidas de que este fenómeno, por sí mismo, cause un daño clínico duradero en personas con obesidad.

La clave está en el matiz: no significa que recuperar peso sea deseable, ni que cualquier dieta sea una buena idea. Pone de relieve algo más concreto: la evidencia actual no permite afirmar que adelgazar y volver a ganar kilos “rompa” el metabolismo o deje necesariamente a la persona peor que al principio.

La distinción es importante porque el miedo al “efecto yoyó” puede convertirse en una barrera para buscar ayuda, iniciar cambios o retomar estrategias de salud después de haber recuperado el peso. Y, en un contexto en el que la obesidad es una enfermedad crónica y recividante, transmitir que cada intento fallido produce un daño irreversible puede añadir culpa, fatalismo y abandono.

Qué sabemos, y qué no, sobre perder y recuperar peso

Parte de la confusión procede de cómo se han interpretado muchos estudios observacionales. Las personas que han vivido más ciclos de adelgazamiento y recuperación de peso suelen presentar también más dificultad para mantener las pérdidas, mayor grado de adiposidad o más años de exposición a la obesidad. Si en estos grupos se observan más alteraciones metabólicas, no siempre es fácil saber qué es causa y qué es consecuencia.

Dicho de otro modo: que una persona con peor salud metabólica haya hecho más dietas no demuestra que las dietas hayan causado ese deterioro. Puede ocurrir lo contrario: que una mayor adiposidad, una historia más prolongada de exceso de peso o la presencia previa de factores de riesgo expliquen tanto la mayor frecuencia de intentos de adelgazamiento como los peores resultados de salud.

Miedo (injustificado) a perder músculo

Uno de los temores más extendidos a la hora de ponerse a dieta es la pérdida de masa muscular. Al adelgazar, el cuerpo no pierde solo grasa; también puede perder una parte de masa magra. El miedo asociado al “efecto yoyó” radica en que, al recuperar el peso, se recupere sobre todo grasa y no músculo, generando una composición corporal cada vez más desfavorable.

Sin embargo, según la revisión mencionada, los datos disponibles no muestran de forma consistente una pérdida desproporcionada y permanente de masa magra atribuible al weight cycling en sí mismo. El resultado dependerá de muchos factores: el peso final alcanzado, la cantidad de proteína de la dieta, el tipo de intervención, el nivel de actividad física y, especialmente, la presencia o ausencia de entrenamiento de fuerza.

Algo parecido ocurre con el gasto energético. La idea popular dice que cada dieta deja el metabolismo “más lento”, pero el gasto metabólico está muy condicionado por el tamaño corporal y la composición del cuerpo. Si una persona pesa menos, necesita también menos energía para mantenerse; si recupera kilos, su gasto vuelve a ajustarse. Esa adaptación no equivale necesariamente a una avería metabólica permanente.

El problema es mantenerse

Ahora bien, desmontar el mito del metabolismo roto no significa trivializar la recuperación de peso. Cuando una persona adelgaza, puede mejorar su presión arterial, glucosa, lipidemia, movilidad, descanso o calidad de vida. Y si recupera los kilos perdidos, parte de esos beneficios puede reducirse o desaparecer, devolviendo a la persona hacia su punto de partida metabólico. Pero eso no demuestra que el ciclo de pérdida y recuperación haya producido un daño adicional.

Y esta es una de las ideas más relevantes del artículo: el problema principal no sería haber intentado adelgazar, sino la dificultad de sostener en el tiempo una pérdida de peso suficiente y saludable.

Este matiz también es relevante en la era de los nuevos fármacos para la obesidad, como los agonistas del receptor GLP-1 (como el Ozempic) y otros tratamientos homólogos. En muchos casos, estos medicamentos logran pérdidas de peso importantes, pero al suspenderlos puede producirse una recuperación parcial o total. Interpretar esa recuperación como prueba de que el tratamiento “estropea” el metabolismo sería simplificar demasiado. Puede indicar, más bien, que la obesidad requiere estrategias de tratamiento crónicas, igual que ocurre con otras enfermedades de esa índole.

El mensaje práctico: ni miedo ni dietas milagro

La conclusión no debería ser que las dietas yoyó no importen. Importan, y mucho: suelen ir acompañadas de frustración, culpa, pérdida de confianza, abandono de hábitos saludables y deterioro de la relación con la comida. También pueden reflejar intervenciones mal planteadas: regímenes excesivamente restrictivos, objetivos poco realistas, falta de seguimiento profesional o enfoque exclusivo en la báscula.

En cualquier caso, no deberíamos transmitir que haber recuperado peso significa haber fracasado de forma irreversible. Muchas personas que logran mantener una pérdida de peso relevante a largo plazo han tenido intentos previos. En salud, los cambios rara vez siguen una línea recta.




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El mejor enfoque teórico-práctico consiste en sustituir la lógica de la dieta temporal por la lógica del tratamiento sostenible. Esto implica plantear objetivos realistas, preservar la masa muscular, evitar restricciones extremas, promover alimentos saciantes y nutritivos, dormir mejor, moverse más y contar con apoyo profesional cuando sea posible. En suma, priorizar la adherencia por encima de cualquier otra variable.

También significa entender que el peso corporal está regulado por sistemas biológicos potentes. Tras perder peso, el cuerpo puede aumentar el hambre, reducir parcialmente el gasto energético y favorecer la recuperación. Eso no es una prueba de debilidad personal, sino una respuesta adaptativa. Por eso, mantener el peso perdido suele requerir estrategias de largo plazo, no solo fuerza de voluntad.

Una intervención bien diseñada debería incluir suficiente proteína, entrenamiento de fuerza, actividad física regular, satisfacción dietética, educación alimentaria, seguimiento continuado y apoyo psicológico o conductual si es necesario. En algunas personas, también puede requerir tratamiento farmacológico o cirugía bariátrica. La elección depende del grado de obesidad, las comorbilidades (presencia de varias enfermedades al mismo tiempo), la historia clínica y las preferencias de la persona.

Fuera fatalismos

Conviene abandonar el fatalismo: haber recuperado peso no significa que el metabolismo esté roto. Tampoco significa que no merezca la pena volver a intentarlo. Supone que la estrategia anterior no fue suficiente, no fue sostenible o no contó con los apoyos adecuados.

La revisión publicada no absuelve a las dietas milagro, ni convierte el efecto rebote en algo inocuo. Lo que hace es desmontar una idea más concreta y paralizante: que adelgazar y recuperar peso daña inevitablemente el metabolismo.

Porque en obesidad, como en tantas otras áreas, un intento fallido no debería interpretarse como el final del camino, sino como información para diseñar el siguiente paso.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Nuevo estudio sobre las dietas yoyó: el problema no es intentarlo, es seguir malas estrategias – https://theconversation.com/nuevo-estudio-sobre-las-dietas-yoyo-el-problema-no-es-intentarlo-es-seguir-malas-estrategias-283628

Accusations d’agressions sexuelles : pourquoi certains fans resteront toujours fidèles à leur idole

Source: The Conversation – in French – By Gabriel Segré, Professeur des universités – Sociologie de l’art, culture et médias, Université Paris Nanterre

Mis en cause par une trentaine de femmes pour des faits de violences sexuelles qu’il conteste et par une douzaine de plaintes déposées à son encontre, et visé par quatre enquêtes ouvertes en France et en Belgique, Patrick Bruel a annulé une partie de ses dates estivales de concert dans l’Hexagone ainsi qu’en Suisse et au Québec-Canada. Les fans de l’artiste français, amenés à réagir, sont nombreux à invoquer la présomption d’innocence et à le soutenir contre vents et marées malgré la gravité des faits mentionnés. Quels sont les mécanismes complexes de la relation qui unit les célébrités à leurs fans, et quel est l’impact d’une telle situation sur celle-ci ?


Abondamment commentée dans les médias et sur les réseaux sociaux, l’« affaire Bruel », comme il est aujourd’hui convenu de l’appeler, conduit quantité de personnalités, vedettes, artistes, journalistes, mais aussi responsables politiques, à se prononcer et « choisir son camp », du côté de l’artiste ou des plaignantes.

Elle conduit aussi et surtout le public du chanteur et notamment ses fans à réagir. S’il en est qui, la mort dans l’âme, se sentent trahis et renoncent à le voir au théâtre ou en concert, d’autres le défendent contre vents et marées. La presse se fait l’écho de cette division, largement étayée et documentée, relayant les témoignages de fans abattus et dévastés ou, au contraire, affichant un soutien inconditionnel.

Travaillant depuis de longues années sur les fans de chanteurs (Roch Voisine, Elvis Presley, Johnny Hallyday, Claude François…) et la relation à la vedette, une relation qui les engage profondément, dont la complexité, la force, l’importance m’ont souvent surpris et impressionné, je voudrais ici proposer une rapide analyse des effets et conséquences de la « chute de l’idole » pour ses fans.

La force de la relation affective

J’ai appris de mon travail de recherche auprès des fans que beaucoup d’entre eux développent avec la vedette une relation affective parfois très forte – bien qu’à sens unique. Le fan, d’abord admirateur, séduit par la voix, les chansons, l’œuvre, la beauté de l’artiste, acquiert ses disques, ses vidéos, achète livres et magazines sur la vedette, fréquente ses comptes Instagram, Facebook, Twitter…

Ce faisant, il peut devenir tout à tour collectionneur, archiviste, spécialiste, expert, exégète. Il accumule et consomme quantité d’informations sur l’œuvre comme sur l’existence privée de la vedette. Il en fait un élément central de son quotidien, rendant omniprésent (dans son domicile, sa voiture, sur son lieu de travail…), l’image, la voix, le nom, la vie de cette vedette. Celle-ci devient confidente (le fan peut lui écrire des mots envoyés ou non, s’adresser à elle, imaginer rencontres et interactions). La célébrité devient surtout un intime, un proche, un ami, un grand frère, un amoureux idéalisé, un complice, un membre du quotidien, investie affectivement, aimée, protégée, défendue… en somme un membre du foyer, dont le visage, la voix, les goûts et préférences, les épisodes biographiques, les petits détails du quotidien comme les grands fait d’armes, sont parfois mieux connus que ceux d’un parent, du fils, du frère ou du père, de l’ami d’enfance, ou du conjoint.

« Fan, ça veut dire qu’on aime, qu’on aime, qu’on aime ! On aime la personne. Enfin pour moi, je me sens reliée à Johnny, je me sens une appartenance à Johnny, à sa musique. » (Marie, entretien avec l’auteur.)

Cette relation si forte, affective, émotionnelle, sensible, éminemment subjective, peut parfois conduire à des formes de résistance, de déni et interdire la critique, la réserve, la distance et, plus encore, le rejet ou la condamnation. Elle peut appeler au contraire, et parfois entraîne en effet, le soutien inconditionnel, la dévotion sans limite, la solidarité aveugle et définitive – à l’instar des solidarités qui peuvent exister au sein de familles ou de communautés soudées, qui quelquefois protègent leurs membres auxquels des liens très forts les unissent, quelles que soient les actes ou les accusations.

La relation de dette : trahir

La relation à la vedette et l’engagement dans le club ou la communauté de fans sont sources de beaucoup de joies. Ces communautés apportent souvent aux fans aide, soutien et réconfort. Dans la relation à la vedette comme dans son œuvre, ou encore dans le club ou le groupe de pairs, les fans peuvent puiser énergie et consolation.

La célébrité apparaît souvent comme une « planche de salut », un rempart aux vicissitudes de l’existence, un important soutien moral, affectif et psychologique, une présence, un compagnon objet d’une relation idéale, un guide.

Les fans trouvent également beaucoup de réconfort dans la relation à l’œuvre, dans l’écoute des disques, des chansons de l’artiste. Ou dans la contemplation de l’image du chanteur.

« Moi, je dis toujours, dans les pires moments de la vie, quand j’ai perdu mon père, quand j’ai perdu ma mère, je pouvais écouter que Johnny, quoi. Johnny me fait du bien. Voilà. Il m’a toujours fait du bien. Dans les bons moments comme dans les mauvais. ». (Marie, entretien avec l’auteur.)

Enfin, la passion des fans pour la vedette, l’intégration d’un groupe, d’un club, d’une communauté qui lui sont consacrés constituent une source de profits divers. Beaucoup de ces fans y trouvent des objectifs, un sens à l’existence, une utilité sociale, une identité individuelle et collective, des joies, des plaisirs, des formes de solidarité et du lien social, des ressources pour l’estime de soi…

De sorte que la relation à la vedette se prolonge très souvent en une relation de gratitude et de reconnaissance. Beaucoup de fans désirent « rendre » à la vedette une partie du bonheur que celle-ci leur a procuré ou leur procure encore. Rendre, remercier, procéder au contre-don, régler une infime partie de sa dette, c’est là souvent un des devoirs, une des ambitions, un des objectifs des fans, dont certains affirment « tout devoir, jusqu’à leur vie », à la vedette.

« Je le soutiens, car il a fait beaucoup pour moi, même s’il ne le sait pas », explique ainsi Rose-Marie, une fan de Bruel, à une journaliste de BFM.

Cette obligation contractée (certes, à sens unique et de façon symbolique), ce devoir de gratitude conduisent souvent à tous les sacrifices et à une constante célébration de la vedette ou de sa mémoire. À leur tour, ils interdisent la « trahison », le dédain, la réserve, la critique ou la condamnation.

Admettre la culpabilité de la star, lui tourner le dos, c’est oublier cette obligation, abandonner ce devoir aussi bien que ce besoin de remercier et de donner à son tour.

Une raison d’être à préserver

Enfin, beaucoup de fans font de la vedette le pivot de leur existence, et de leur passion pour cette vedette, le socle de leur vie.

« Des fois, je me disais “Qu’est-ce que je préférerais ? Plus jamais de soleil ou plus jamais de Johnny ?” Je suis pas certaine de la réponse, mais j’ai l’impression que je préfère peut-être me passer de soleil, voyez un peu ! » (Marie, entretien avec l’auteur.)

Il n’est pas rare qu’existence et quotidien soient consacrés à la vedette et à cette passion. L’ensemble de la vie est parfois construit autour de celles-ci. Les activités, les gestes du quotidien, les loisirs, parfois un pan de l’activité professionnelle, les sociabilités, les échanges et rencontres, le temps libre, les voyages peuvent avoir pour objet la vedette et lui être consacrés.

Comme peuvent lui être consacrés des pans importants de la vie intime, affective, sentimentale, spirituelle, psychique, et non seulement sociale ou culturelle.

La perte de la vedette, sa disparition peut provoquer un désastre émotionnel et psychique, des formes de dépression, parfois générer un vide difficile à combler, et donner lieu à des formes de déni. La peur de la perte est grande, car la vedette, en disparaissant, peut emporter avec elle la raison d’être et de vivre de ses fans.

C’est une autre raison de la volonté farouche que l’on peut rencontrer chez ces fans de protéger cette vedette et de lutter contre sa condamnation, sa mise au ban, sa déchéance, son oubli ou sa disparition.

Un destin partagé ?

J’ajouterais en guise de conclusion que les qualités (réelles ou fantasmées) de la vedette rejaillissent sur ses fans. En protégeant son image, en promouvant sa grandeur, en célébrant sa singularité, les fans se protègent, se grandissent et se célèbrent eux-mêmes. Plus la vedette mérite d’être célébrée, plus ces fans ont de mérite de la célébrer. Plus la vedette est grande et reconnue, plus ces fans (et leur passion, leur action de protection et de célébration de la vedette) sont ou se sentent dignes d’être eux-mêmes célébrés et reconnus.

Condamner Bruel ou participer à l’entreprise de condamnation et de disqualification revient, pour ces fans, à confesser une faute – ils se sont trompés d’objet à célébrer et ont bien mal investi affect et admiration ; leur erreur est d’autant plus grande et manifeste que sont grandes et manifestes l’indignité et la culpabilité de la vedette.

Condamner la vedette revient à rompre avec son passé comme avec son présent, avec sa jeunesse, passée aux côtés de la vedette et qui a fait à cette vedette une place si importante. C’est admettre que l’engagement d’une vie est une faute davantage qu’une gloire ou une bravoure, souvent revendiquées (Cf. la fierté éprouvée et exprimée d’être fan de telle vedette, parfois contre les autres, « aveugles et ignorants »). C’est en effet, aussi, pour ces fans, abandonner ou détruire et voir disparaître, avec l’amour, l’admiration et la défense de la vedette, une identité – individuelle et collective – valorisante à leurs yeux, source d’estime de soi, et parfois construite de haute lutte, contre les sarcasmes, les disqualifications, les moqueries, les rejets, tout au long d’une vie vouée à la personnalité aimée.

The Conversation

Gabriel Segré ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Accusations d’agressions sexuelles : pourquoi certains fans resteront toujours fidèles à leur idole – https://theconversation.com/accusations-dagressions-sexuelles-pourquoi-certains-fans-resteront-toujours-fideles-a-leur-idole-284204

Dans la peau des décideurs : en Colombie, un jeu de rôle pour comprendre les arbitrages de la transition énergétique

Source: The Conversation – in French – By Annabelle Moreau Santos, Chargée de projets de recherche médiation scientifique, Agence Française de Développement (AFD)

La Colombie dispose d’un mix électrique déjà largement décarboné, mais reste très dépendante du charbon et du pétrole qui représentent 55 % de ses importations. Projet LEAF

En matière de transition énergétique, gare aux décisions hâtives et aux modélisations simplistes : chaque choix politique nécessite des arbitrages entre coûts et opportunités économiques, sociaux ou climatiques. La crise française des gilets jaunes, en 2018, en a fourni une illustration marquante. Pour mieux anticiper les points de frictions et éviter les impasses, un jeu de rôle développé en Colombie propose aux joueurs de se mettre dans la peau des ménages, des acteurs économiques ou des décideurs. Une manière originale de mieux appréhender la complexité des arbitrages à réaliser.


La transition énergétique ne se résume pas à la mise en application des politiques d’atténuation d’un État. Elle touche aussi à des enjeux de souveraineté et de stabilité économique, comme l’ont rappelé les crises énergétiques récentes, de la guerre en Ukraine à la crise actuelle au Moyen-Orient.

Pourtant, malgré des outils d’analyse toujours plus sophistiqués – modèles macroéconomiques et énergétiques, scénarios climatiques et technologiques… –, la mise en œuvre de ces transitions reste difficile. En cause : des décisions collectives complexes, impliquant des acteurs aux intérêts souvent divergents. Les responsabilités sont éclatées entre de nombreuses institutions qui peinent à se coordonner et les espaces de dialogue entre acteurs demeurent limités, fragmentés, voire inexistants.

En Colombie, un dispositif original – un jeu de stratégie conçu par des chercheurs et baptisé PowerShift – explore une autre voie : mettre les acteurs en situation afin de les aider à mieux comprendre les arbitrages propres à la transition.

Un jeu pour passer de la modélisation macroéconomique au dialogue

En Colombie, le développement d’outils de modélisation macroéconomique des transitions écologiques et de dispositifs de dialogue entre acteurs a ainsi pu montrer comment les approches quantitatives et qualitatives pouvaient se renforcer mutuellement pour accompagner la transition énergétique.

Leur mise en œuvre s’inscrit dans un contexte spécifique : le pays dispose d’un mix électrique déjà largement décarboné, reposant à près de 70 % sur l’hydroélectricité. Il s’est, par ailleurs, engagé dans des objectifs climatiques ambitieux : réduire de 51 % d’ici 2030 ses émissions de gaz à effet de serre et atteindre 19 gigawatts (GW) de capacités en énergies renouvelables non conventionnelles d’ici 2050.

Toutefois, ces objectifs coexistent avec des contraintes économiques fortes. La Colombie reste très dépendante du charbon et du pétrole, qui représentent plus de 55 % de ses exportations, tandis que l’industrie pétrolière contribue à hauteur de 8 % des recettes fiscales totales.




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Dans ce cadre, un premier outil quantitatif a été déployé : le modèle macroéconomique GEMMES, que nous avons co-développé à l’Agence française de développement (AFD), avec les institutions colombiennes.

Il vise à appuyer les autorités dans l’analyse et l’anticipation des vulnérabilités et des opportunités susceptibles d’émerger dans le cadre de la transition bas carbone, en cohérence avec les objectifs climatiques du pays. À la demande du ministère des finances et du crédit public (MHCP), GEMMES est aujourd’hui officiellement intégré aux outils de modélisation quantitative du pays.

Dans le sillage de ces travaux, un second dispositif a été développé pour répondre à une autre dimension de la transition : la mise en dialogue des acteurs clés à travers un jeu de stratégie, PowerShift, qui place les participants en situation de décision dans une économie simulée.

Fondé sur une méthodologie de modélisation d’accompagnement (démarche ComMod), le jeu les confronte à des contraintes réalistes, tout en laissant une place importante au libre arbitre. Là où les modèles quantitatifs explorent des trajectoires, la forme du jeu de stratégie permet de les incarner et d’en expérimenter collectivement les implications.

Dans la peau des acteurs de la transition : mode d’emploi du jeu PowerShift

PowerShift repose sur un principe simple : plonger les participants dans une économie fictive mais réaliste, fortement inspirée de la Colombie.

Les joueurs incarnent trois types d’acteurs, chacun disposant de ressources, d’objectifs et de contraintes propres : ménages, entreprises et gouvernement. Ils doivent produire, investir, consommer, négocier et décider de politiques publiques, tout en faisant face à des chocs économiques et climatiques.

Les joueurs sont répartis en plusieurs catégories d’acteurs.
Fourni par l’auteur

Chaque session se déroule en plusieurs tours. Les participants évoluent dans un cadre contraint : dépendance aux ressources fossiles, contraintes budgétaires de l’État, vulnérabilité des ménages, pression des marchés internationaux… Leur objectif est de concilier activité économique, bien-être social et réduction des émissions, un objectif difficile à atteindre car les décisions des uns affectent directement les autres.

Les indicateurs suivis (émissions, consommation, déforestation, commerce extérieur) permettent d’observer les effets des décisions de chaque catégorie d’acteurs d’un tour à l’autre. À partir de ces résultats, les participants peuvent ajuster leurs stratégies.

Exemple d’atelier Powershift mené en Colombie.

Ce que montrent les parties jouées : fausses bonnes idées et risques de crise économique

Neuf sessions ont été organisées à Bogotá, réunissant plus de 150 participants issus de ministères, d’institutions financières, du secteur privé et de la société civile, représentant plus de 50 institutions.

Photographie d’un plateau de jeu PowerShift.
LEAF

Cette diversité d’acteurs a permis de confronter des points de vue rarement réunis dans un même espace, faisant apparaître les interdépendances entre politiques publiques, stratégies d’entreprise et comportements des ménages. Elle a également permis d’explorer un large éventail de scénarios, révélant la complexité des dynamiques de transition et des décisions associées.

  • Dans certains cas, les choix des participants ont conduit à des crises économiques rapides. Par exemple, en adoptant des politiques fiscales visant à redistribuer les richesses, ils ont incité des entreprises à investir à l’étranger, ce qui a aggravé les déséquilibres commerciaux.

  • Dans d’autres situations, en réduisant la consommation de pétrole, ils ont parfois fragilisé les ménages, en affectant les revenus issus d’activités économiques dépendantes de cet hydrocarbure. Cela s’est traduit par une perte de souveraineté alimentaire, illustrant les risques d’une transition dite « injuste ».

  • Des dynamiques de déforestation sont également apparues comme stratégie d’adaptation des ménages face à des pressions sur leurs moyens de subsistance.

Vue d’un sablier à côté d’un symbole des enjeux pétroliers au cours d’une partie.
LEAF

Certains scénarios, enfin, ont mis en évidence des arbitrages difficiles.

  • Lors d’un épisode simulant un phénomène El Niño (un phénomène climatique associé à des sécheresses et à une baisse des précipitations), la baisse de production hydroélectrique a conduit à relancer des centrales thermiques, permettant de stabiliser l’économie à court terme, mais au prix d’un recul des objectifs climatiques.

  • Dans d’autres cas, la réduction des émissions a résulté d’un ralentissement économique plutôt que d’une transformation structurelle du système productif.

Ces expériences montrent que les trajectoires de transition ne sont ni linéaires ni optimales, mais marquées par des compromis. Elles n’impliquent pas, pour autant, uniquement des effets négatifs : le temps contraint du jeu tend surtout à faire émerger des situations critiques, tandis que des trajectoires plus viables nécessiteraient davantage d’itérations. Autrement dit : en situation réelle, les crises tendent à être moins fréquentes qu’au cours du jeu.

De la Colombie à la France et à la Suisse

L’expérimentation PowerShift ne s’est pas limitée à la Colombie. Des sessions ont également été organisées en France et en Suisse. Leur comparaison met en évidence un point central : à règles identiques, les dynamiques de décision varient. Les participants projettent dans le jeu leurs cadres institutionnels, leurs pratiques et leurs représentations du rôle de l’État.

  • En Colombie, les contraintes budgétaires liées à la dépendance aux ressources extractives ont pesé fortement sur les arbitrages ;

  • en France, les sessions ont fait davantage apparaître des formes de conflictualité sociale et de blocage ;

  • en Suisse, où les participants étaient exclusivement issus du monde académique, les échanges ont été plus analytiques et délibératifs.

Ces écarts montrent que les décisions de transition ne se déploient pas dans un cadre neutre, mais sont profondément ancrées dans des institutions, des rapports de force et des cultures de l’action publique, qui orientent les arbitrages possibles.

Passer du jeu à la vie : les leçons pour la transition

L’expérience PowerShift permet de dégager plusieurs enseignements pour l’accompagnement des transitions énergétiques. D’abord, elle souligne l’importance de la coordination entre acteurs. Les sessions montrent que l’absence de communication entre secteurs constitue un facteur central d’échec : la transition ne saurait être pilotée de manière fragmentée.

Elle met également en évidence la nécessité de mieux comprendre les représentations des différents acteurs : en prenant conscience des contraintes des autres parties prenantes, les participants développent une forme d’empathie stratégique. Les évaluations confirment cet effet : 66 % déclarent un gain significatif de compréhension, et 81 % indiquent avoir élargi leur vision des trajectoires possibles.

Un auteur du Groupe d’experts intergouvernemental sur l’évolution du climat (Giec) ayant participé à une session en Suisse est même allé jusqu’à souligner que les modélisateurs de scénarios quantitatifs gagneraient à intégrer davantage d’approches qualitatives comme celle-ci. En rendant visibles les hypothèses implicites, les valeurs et les rapports de force, le jeu complète les modèles quantitatifs.

Témoignages de participants.

Un acteur de haut niveau colombien, de son côté, résume :

« C’est une expérience sociale et de prise de décision entre acteurs d’une économie [capable de] refléter la réalité de n’importe quel pays. »

Toutefois, PowerShift présente certaines limites. Il reste exigeant à mettre en œuvre, nécessitant la mobilisation d’acteurs variés et du temps pour permettre une exploration approfondie, avec des difficultés possibles à maintenir l’engagement sur la durée. Le format des sessions, souvent limité à quelques tours de jeu, restreint l’exploration de certains scénarios.

Par ailleurs, comme toute simulation, il repose sur des choix de cadrage qui influencent les dynamiques observées et ne permet pas, à lui seul, de produire des solutions opérationnelles directement transposables dans l’action publique.

En somme, le dispositif ne fournit pas de solution clé en main. Il ne remplace ni les modèles économiques ni les analyses scientifiques. Il propose autre chose, que ces outils ne produisent pas seuls : un cadre pour confronter des points de vue, tester des options et mieux saisir les implications des choix collectifs, rendre visibles les tensions et les interdépendances qui structurent la transition énergétique.

Car, au fond, la transition ne se résume pas à une trajectoire optimale à identifier ou à une équation à résoudre. Elle se construit dans l’interaction, les compromis et les désaccords. Toute la question est alors de savoir qui est prêt à prendre place à la table des négociations… et de jouer le jeu.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Dans la peau des décideurs : en Colombie, un jeu de rôle pour comprendre les arbitrages de la transition énergétique – https://theconversation.com/dans-la-peau-des-decideurs-en-colombie-un-jeu-de-role-pour-comprendre-les-arbitrages-de-la-transition-energetique-282188

Angine de poitrine : pourquoi on aime une musique qu’on ne comprend pas vraiment

Source: The Conversation – in French – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Le duo québécois Angine de poitrine en concert (CLICHEK/Angine de poitrine)

On tombe sur la vidéo presque par hasard. À l’écran apparaissent deux personnages masqués, dont l’esthétique oscille entre l’artisanal, l’absurde et l’inquiétant. Ils commencent à jouer. La guitare ne sonne pas comme on s’y attendrait. Certaines notes semblent se loger « entre » les notes que nous connaissons. La batterie avance avec précision, mais pas toujours sur des chemins prévisibles. La première réaction est la perplexité. La deuxième, la curiosité. Et, avant même de l’avoir décidé, on continue à regarder.


C’est en partie ce qui explique le phénomène récent d’Angine de poitrine, un duo expérimental québécois qui s’est particulièrement fait remarquer par sa combinaison de rock mathématique, de masques en papier mâché, d’humour surréaliste et d’utilisation de guitares microtonales. Leur passage à KEXP en a fait une curiosité virale : non seulement pour leur son, mais aussi pour la difficulté de les ranger dans une case connue.

Angine de poitrine sur KEXP.

Du point de vue de la psychologie, ce cas est fascinant, car il nous force à poser une question plus large : pourquoi peut-on aimer une musique qu’on ne sait pas, au départ, comment interpréter ?

Le cerveau n’écoute pas : il prédit

Écouter de la musique, ce n’est pas recevoir des sons passivement. Le cerveau anticipe. Il s’attend à ce qu’une mélodie continue dans une certaine direction, à ce qu’une tension harmonique se résolve, à ce qu’un rythme retombe à un moment donné. Une grande partie du plaisir musical vient de ce jeu délicat entre confirmation et surprise.

Quand tout est trop prévisible, la musique s’aplatit. Quand tout est trop imprévisible, elle bascule dans le chaos. Entre ces deux extrêmes se trouve une zone particulièrement fertile : la musique qui défie nos attentes sans pour autant les détruire. Des études sur la prévisibilité, l’incertitude et le plaisir musical ont montré que nous tendons à préférer des niveaux intermédiaires de complexité : suffisamment d’ordre pour nous orienter, suffisamment de surprise pour nous tenir en haleine.

C’est précisément ce terrain qu’Angine de poitrine occupe. Leurs chansons peuvent sembler étranges, mais elles ne sont pas du pur désordre. Il y a de la répétition, du rythme, des motifs, une énergie physique. La batterie offre une structure reconnaissable tandis que la guitare instille une sensation d’instabilité. Le résultat est un mélange psychologiquement efficace : l’auditeur ne saisit pas tout à fait ce qui se passe, mais il n’est pas non plus complètement perdu.




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Les microtons : quand une note semble être à sa place

L’utilisation des microtons mérite qu’on s’y attarde. Dans la musique occidentale courante, l’octave est divisée en douze demi-tons. Le piano, la guitare standard ou la grande majorité de la pop s’inscrivent dans ce cadre. La musique microtonale, elle, utilise des intervalles plus petits ou différents de ceux qu’impose ce système.

C’est pourquoi une guitare microtonale peut sembler, à la première écoute, « désaccordée ». Mais cette impression ne signifie pas nécessairement qu’elle l’est. Elle signifie que le cerveau compare ce qu’il entend à ses schémas antérieurs. Si une note atterrit là où notre oreille – façonnée par notre culture – ne l’attendait pas, nous l’interprétons comme une bizarrerie, une tension, voire une erreur.

Couverture de l’album Vol. II d’Angine de poitrine
Couverture de l’album Vol. II d’Angine de poitrine.
(Angine de poitrine)

Les recherches sur l’apprentissage d’intervalles microtonaux inconnus montrent que des auditeurs occidentaux sans formation particulière peuvent se familiariser avec des gammes inhabituelles par la simple exposition. Ce qui semble étrange au départ devient progressivement intelligible. Le goût musical n’est pas qu’une préférence spontanée : c’est aussi un apprentissage perceptif.

D’autres travaux sur les accords microtonaux peu familiers suggèrent que notre réponse affective à ces sons dépend autant de propriétés acoustiques internes que d’habitudes acquises par exposition culturelle. Autrement dit : nous n’écoutons pas seulement avec nos oreilles, mais aussi avec toute l’histoire musicale que nous portons en nous.

Le malaise peut aussi être esthétique

Ce qu’Angine de poitrine ne fait pas, c’est éliminer le malaise. Ce qu’ils font, c’est l’intégrer à l’expérience. Cela rejoint une idée centrale de la psychologie de la musique : le plaisir ne vient pas uniquement de ce qui est agréable, doux ou familier. Il peut aussi naître de la tension, de l’ambiguïté et de la résolution partielle d’une attente.

La musique active des circuits cérébraux liés à la récompense, à l’anticipation et à l’émotion. Des études en neurosciences sur le plaisir musical et la prédiction ont suggéré que ce plaisir surgit quand le cerveau détecte des schémas, génère des attentes, puis constate des écarts significatifs par rapport à celles-ci. Ce n’est pas seulement ce qui sonne bien qui nous touche ; c’est ce qui nous oblige à réorganiser ce que nous nous attendions à entendre.

C’est pourquoi une proposition apparemment difficile peut devenir addictive. La première écoute produit l’étrangeté. La deuxième permet de reconnaître un motif. La troisième transforme l’étrange en familier. Au fil de ce parcours, le cerveau récolte une petite récompense : il a partiellement apprivoisé le chaos.

Voir change ce qu’on entend

Angine de poitrine, ce n’est pas que du son. C’est de l’image, du geste, du théâtre, des personnages. Les masques, l’esthétique absurde et la présence physique des interprètes influencent la façon dont on écoute. Des recherches sur la perception musicale en tant qu’expérience multisensorielle ont montré que les éléments visuels d’une performance ne sont pas de simples ornements : ils peuvent modifier l’interprétation émotionnelle, structurelle et esthétique de ce qu’on entend.

Dessin d’une personne portant un masque blanc à pois noirs et d’une autre portant un masque noir à pois blancs
L’apparence de ses membres fait partie de son attrait.
Angine de poitrine

Ce n’est pas pareil d’écouter une pièce microtonale hors contexte et de la voir jouée par deux personnages qui semblent sortir tout droit d’un rituel à la fois comique et artisanal. L’image peut servir de clé de lecture : ce n’est pas une erreur, c’est un jeu ; ce n’est pas de la maladresse, c’est de l’intention ; ce n’est pas du bruit, c’est un langage. Plusieurs études ont d’ailleurs montré que l’information visuelle influe sur l’évaluation d’une performance musicale et que les gestes de l’interprète modifient ce que nous percevons.

Dans un écosystème saturé de musique lisse et de recommandations algorithmiques, cette dimension physique et scénique prend tout son sens. Angine de poitrine semble offrir quelque chose de difficile à simuler : la présence, la singularité manuelle, l’imperfection signifiante. Le sentiment que « ça se passe vraiment » fait partie de l’attrait, surtout dans un contexte où la musique en direct reste associée à l’authenticité, à l’identité et au lien social.

L’étrange comme refuge face au prévisible

Le succès d’Angine de poitrine tient peut-être à un paradoxe contemporain. Jamais nous n’avons eu accès à autant de musique et, pourtant, une grande partie de l’expérience culturelle semble de plus en plus optimisée pour ne pas déranger. Les plates-formes apprennent nos préférences et nous renvoient des variations de ce que nous aimions déjà. La surprise est administrée à dose homéopathique.

C’est pourquoi, quand surgit quelque chose qui brise le moule sans renoncer au rythme, à la virtuosité et à l’humour, le cerveau dresse l’oreille. Non pas parce qu’il comprend immédiatement le code, mais parce qu’il détecte une occasion d’exploration.

Angine de poitrine ne prouve pas que tout ce qui est étrange finit par plaire. La singularité seule ne suffit pas. Ce qui fonctionne, c’est la combinaison : déviation et structure, microtons et groove, masque et précision, déconcertement et plaisir physique.

Au fond, ce n’est peut-être pas malgré notre incompréhension que nous aimons cette musique. C’est grâce à elle.

La Conversation Canada

Oliver Serrano León ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Angine de poitrine : pourquoi on aime une musique qu’on ne comprend pas vraiment – https://theconversation.com/angine-de-poitrine-pourquoi-on-aime-une-musique-quon-ne-comprend-pas-vraiment-284366

« Vieux » et fiers de l’être : retourner le stigmate pour se faire entendre !

Source: The Conversation – France (in French) – By Dominique Argoud, Professeur des Universités en sociologie, Université Paris-Est Créteil Val de Marne (UPEC)

« Vieilles » et « vieux » sont des qualificatifs jugés stigmatisants pour désigner les personnes âgées. Et pourtant, ils n’ont jamais autant fait florès. Retour sur les raisons d’un tel phénomène plutôt paradoxal.


En France, les plus âgés ont longtemps été désignés par les termes de « vieux » ou de « vieillards », notamment à travers la figure des « vieux travailleurs », regroupés par exemple en amicales avant la Seconde Guerre mondiale. Cette appellation était empreinte d’une vision misérabiliste de la vieillesse liée à la très grande précarité des conditions de vie de ceux que Simone de Beauvoir désignait comme étant « les parias de la société ».

Avec l’émergence d’une politique de la vieillesse et l’amélioration du système des retraites, vieux et vieillards ont progressivement disparu de la sémantique à partir des années 1970. D’autres termes plus neutres, voire plus positifs, ont pris le relais, comme « troisième âge », « aînés », « retraités et personnes âgées »… La longévité qui caractérise la société amène à une diversification toujours plus poussée des catégories aux contours flous avec, par exemple, « les seniors » ou « le quatrième âge ».

Et voilà que, depuis quelques années, le terme « vieux » semble revenir en grâce. Citons pêle-mêle la mobilisation interassociative « Les Vieux méritent mieux ! », le baromètre annuel des Villes et amis des aînés « Ce que veulent les vieux », le slogan du Conseil national autoproclamé de la vieillesse « Rien sur les Vieux sans les Vieux », le film documentaire de Claus Drexel intitulé les Vieux, le magazine trimestriel Vieux lancé par Antoine de Caunes… En 2026, même la revue académique Gérontologie et Société publie deux volumes sous le titre la Parole des vieilles et des vieux.

Que traduit ce retour fulgurant sur la scène sociale et médiatique d’un terme très largement déprécié ?

Une réappropriation du vieillissement

En sociologie, on peut parler d’un mécanisme de retournement du stigmate. Il s’agit pour les personnes qui utilisent ce terme de se réapproprier une image a priori défavorable pour en faire un élément de fierté et de revendication. Les substantifs « vieilles » ou « vieux » restent aujourd’hui encore très largement stigmatisants, alors que l’adjectif est plus ambivalent, comme en témoignent les vieilles choses qui prennent de la valeur en vieillissant.

Mais s’agissant des personnes âgées, elles sont confrontées à un contexte plus général de dépréciation de la vieillesse. Les valeurs jeunistes qui caractérisent les sociétés modernes (vitesse, réactivité, mobilité, beauté…) s’avèrent peu favorables à ce qu’une place et un rôle soient reconnus aux plus âgés. La seule échappatoire est alors pour ces derniers de… rester jeunes. C’est ce qui explique l’omniprésence du « bien vieillir » dans les politiques publiques et dans le marketing visant les seniors.

L’affirmation du terme « vieux » sur la scène sociale est une manière pour ceux qui le revendiquent de prendre leurs distances vis-à-vis de la figure dominante du senior. Ainsi, depuis 2023, est organisé un contre-salon des vieilles et des vieux, qui se veut une alternative aux traditionnels salons des seniors.

« Les Vieux » (2024), de Claus Drexel, bande-annonce.

Le retour en grâce des « vieux » ne signifie cependant pas un retour à l’approche assistancielle de la vieillesse. Bien au contraire, cette manière de désigner les personnes âgées est plutôt le fruit d’une auto-désignation en tant que sujets vieillissants et d’une stratégie pour échapper à l’emprise marchande de la « silver économie ».

C’est aussi un moyen pour un public plus large, constitué de professionnels, de protester contre les multiples reports du plan gouvernemental « grand âge » et de rendre visible un nouvel espace de revendications vis-à-vis de l’État.

À la recherche d’un contre-modèle

Ce n’est donc pas qu’une affaire de sémantique : les « vieux » sont porteurs d’un contre-modèle de la vieillesse. Le vieux ou la vieille correspond à quelqu’un qui a un vécu ne se réduisant pas à une identité construite en extériorité par des non-vieux. Il donne ainsi à voir un processus plus endogène de l’avancée en âge entendue comme une expérience de vie singulière.

Il en résulte deux conséquences importantes. La première est qu’il incite à la prise de parole de ces nouveaux vieux sur la scène publique. Cette expérience de vie, relativement inédite dans une société de la longévité, les conduit en effet à s’exprimer sur ce qui leur paraît important ou souhaitable. Autrement dit, les vieux ont des choses à dire, en leur nom propre. Et comme les vieux sont majoritairement des vieilles, les femmes âgées ont beaucoup plus souvent le droit de cité qu’auparavant.

Le terme « vieux » ouvre également la voie à des représentations sociales alternatives de la vieillesse. L’affirmation de soi, de son corps, de ses désirs et projets parvient de plus en plus à se frayer un chemin dans une société pourtant âgiste. Elle contribue à revendiquer une identité moins dépendante des normes dominantes, parfois plus provocatrice, comme l’illustre la chaîne YouTube TéléVioc qui se revendique comme la chaîne « des vieux nouveaux ».

Les nouveaux vieux sont arrivés

Cette renaissance du terme « vieux » est favorisé par le renouvellement des générations de retraités. Ces nouvelles générations ont bénéficié d’un autre mode de vie que leurs prédécesseurs et sont porteuses de nouvelles valeurs. Le sentiment de résignation qui a longtemps dominé une population âgée issue massivement des classes populaires est de moins en moins de mise. Une partie des retraités actuels cherche à se déprendre des formes traditionnelles de représentation et de participation.

Interview de Laure Adler sur le contre-salon des vieilles et des vieux (Conseil national autoproclamé de la vieillesse, 2023).

À cet égard, une des premières organisations de personnes âgées à s’être constituée autour d’un projet alternatif est l’association Old’up. Cette dernière est née en 2008 à l’initiative de Marie-Françoise Fuchs, ancienne médecin et psychanalyste. Old’up dénote, en effet, au sein de l’univers des associations de personnes âgées en assumant explicitement le recours au terme de « vieux ».

D’autres initiatives sont nées en France dans cette mouvance. La plus connue est sans doute le Conseil national autoproclamé de la vieillesse (CNaV) constitué fin 2021 sous l’égide de quatre personnalités, Véronique Fournier, Nicolas Foureur, Éric Favrereau et Francis Carrier. Le CNaV fait du terme « vieux » le cœur de son identité :

« Le CNaV est un mouvement citoyen qui a pour but d’affirmer l’identité “vieille” et la volonté de s’autodéterminer des “personnes vieilles”. »

Le point commun de ces diverses initiatives associatives est d’avoir été lancées par des personnalités qui disposent d’une notoriété, leur permettant d’accéder à la scène publique et de dénoncer le décalage existant entre les représentations sociales qui sont véhiculées et la réalité telle qu’elles la vivent. Cela les amène à dénoncer plus largement l’âgisme dont fait preuve la société et l’infantilisation qui peut en résulter, au détriment de leur désir d’autonomie.

The Conversation

Dominique Argoud ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. « Vieux » et fiers de l’être : retourner le stigmate pour se faire entendre ! – https://theconversation.com/vieux-et-fiers-de-letre-retourner-le-stigmate-pour-se-faire-entendre-281772

Le regroupement de crédits : un révélateur des disparités contemporaines en matière de « maîtrise de son destin »

Source: The Conversation – France (in French) – By Gaëtan Mangin, Enseignant contractuel en sociologie à l’Université d’Artois, rattaché à l’UMR LEM 9221, Université Bourgogne Europe

Le regroupement de crédits est devenu un fait social majeur. Près de 200 000 ménages français y ont eu recours en 2025. Pourtant, on sait assez peu de choses sur eux. Une étude originale s’est penchée sur cette population. Trois cas types sont apparus, loin des stéréotypes du ménage surendetté.


Les ménages dont l’endettement entrave les capacités à faire face aux dépenses qualifiées d’ordinaires ou à réemprunter sont la cible des offres de regroupement de crédits. Aussi appelée « rachat de crédits », cette opération consiste à faire solder ses emprunts par un organisme bancaire qui devient un créancier unique. Il permet au ménage endetté de faire baisser ses mensualités et son taux d’endettement et/ou d’obtenir une trésorerie supplémentaire.

Un fait social largement inédit

Ce qui pourrait paraître un épiphénomène est en réalité un fait social de grande ampleur. En effet, en 2025, ce sont près de 200 000 ménages français qui ont effectué une simulation de regroupement de crédits sur Internet (Source : données internes à l’entreprise Ymanci, commanditaire de la présente étude).

Contrairement aux idées reçues, il s’agit en majorité de ménages propriétaires de leur résidence principale (64,76 % contre 57,4 % dans l’ensemble de la population française). Ils perçoivent un revenu mensuel médian de 2 200 euros, ce qui est légèrement supérieur au revenu médian des Français qui s’élève à 2 146 euros, et qui est relativement stable puisque 68,6 % sont en contrat à durée indéterminée ou retraités.

Ces constats conduisent à penser qu’il s’agit d’un fait social relativement inédit, et pas si facile que cela à appréhender. Notre recherche se base sur 70 entretiens avec des ménages propriétaires de leur logement (ou en accession à la propriété) ayant sollicité un rachat de crédit. Elle nous mène à différencier trois configurations qui permettent d’expliquer des manières différenciées de faire l’expérience du regroupement.

Le choc de la gestion d’un budget

On retrouve d’abord des ménages ayant souscrit des crédits en nombre important, parfois pour des montants faibles, mais à des taux d’intérêt élevés (frôlant parfois les 30 %). Ils sont bénéficiaires de « réserves d’argent » accordées par leurs banques, soit de montants qu’ils peuvent emprunter librement depuis leurs applications bancaires, mais aussi de « prêts personnels » accordés par divers organismes de crédits, ou encore de cartes de crédit de magasin et autres offres ponctuelles de prêts à faible montant ayant servi à financer des achats de meuble, des réparations de véhicule, des sorties en famille, mais aussi des achats dits de « première nécessité ».




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Il s’agit tendanciellement des ménages les moins bien dotés économiquement : on y retrouve les revenus les moins élevés, mais aussi les contrats de travail les plus précaires, soit des composantes structurelles d’une difficulté à sécuriser sa situation financière et à projeter sereinement son avenir et celui de son ménage. Ils sont plus souvent d’origine sociale modeste et rendent compte d’une volonté de leurs parents de les préserver des inquiétudes liées à l’argent durant leur enfance, ce qui a eu pour effet de les tenir éloignés des questions financières jusqu’au moment où leur parcours les a confrontés à la gestion d’un budget.

Dans cette configuration, l’objectif de l’opération est avant tout de survivre, ici et maintenant, à un moment où s’impose dans les têtes une image négative du futur et même insupportable stricto sensu. Alors qu’on pourrait penser que le regroupement de crédits autorise aussi et surtout à se projeter dans ce qui est à venir, il permet en l’espèce de s’engager à nouveau dans le présent, guère plus. Le regroupement de crédits est perçu comme une solution unique et pressante, et dont ils sont peu à même de négocier les modalités. Il est ainsi vécu comme une épreuve normative, tant la confrontation avec le commercial de l’organisme bancaire, celui qui « juge » et évalue avant de « sauver », renvoie à ses propres sentiments d’incompétence, de honte et de culpabilité.

Regrouper les crédits pour mieux repartir ?

Il est possible d’identifier ensuite des ménages dont la structure d’endettement peut sembler « ordinaire » tant elle correspond aux imaginaires liés au « bon » endettement. Concrètement, ils possèdent un prêt immobilier ainsi que d’un à trois crédits à la consommation ayant été contractés de façon à rénover, entretenir ou aménager leur logement et/ou à acquérir un véhicule de moyenne gamme. Pour ces ménages aux revenus situés autour de la médiane de notre population, la voiture est incontournable pour accéder à l’emploi et/ou aux commodités, notamment parce que leur budget contenu les a menés à privilégier l’acquisition d’un pavillon individuel au détriment de la proximité avec les aires urbaines.

Si le taux d’endettement de ces ménages n’est pas vécu comme excessif ou handicapant, il peut se révéler inquiétant au moment de prévoir de nouvelles étapes de vie. Le regroupement intervient au moment où ils identifient des échéances biographiques relativement certaines (début des études des enfants, passage à la retraite…) dont l’anticipation est exprimée comme étant nécessaire et perçue comme décisive. Ainsi, l’objectif est de modifier durablement l’usage qui est fait de l’argent, parfois en instaurant de nouvelles pratiques de prévoyance et d’anticipation.

L’enjeu exprimé est celui de (re)prendre le contrôle sur le cours de sa vie et plus particulièrement sur son avenir. Le regroupement soutient ainsi un « moment biographique » particulier au cours duquel le ménage engage un processus consistant à objectiver son parcours de vie et à élaborer de nouvelles perspectives. Il est un moment au sein duquel ils s’arrogent le sentiment de (re)devenir les sujets de leur propre vie, ou pour le dire comme certains ménages rencontrés : « à nouveau maîtres de leur destin ».

Construire son emprise

Pour un certain nombre de ménages enfin, la structure de l’endettement traduit à la fois une volonté d’aisance matérielle et une attention apportée aux conditions d’emprunts. Ils font état d’une situation financière exprimée comme viable et satisfaisante, et, parfois confortable, malgré un endettement conséquent. Pour ces ménages, l’accès aux biens de consommation, notamment par l’endettement, permet d’accéder à une position sociale et culturelle valorisée. À cet égard, le rachat de crédits est aussi destiné à entretenir des différences de niveaux de vie ostensibles.

Fédération bancaire française (FBF) – 2014.

Il s’agit là des ménages les mieux dotés socialement (aux professions les plus rémunératrices et/ou qui bénéficient d’un patrimoine conséquent), engagés dans des logiques de pérennisation et de consolidation de leur situation économique, notamment patrimoniale. Leur demande consiste à optimiser leur capacité à s’endetter pour investir dans des possessions matérielles qui hybrident des logiques d’agrément et d’investissement (aménager des dépendances dans sa maison, faire creuser une piscine…). Il s’agit ici d’intensifier le sentiment d’avoir prise sur son destin, en perpétuant sa capacité à accéder à des biens à forte teneur symbolique et en renforçant son patrimoine foncier.

Engagés dans des projets vécus et exprimés comme « privés », ces ménages recourent au regroupement de crédits dans une perspective familialiste et intimiste, de manière à consolider un projet pensé sur le long terme. Ils souhaitent aussi renforcer un sentiment de contrôle sur eux-mêmes, leur vie et leurs proches, autant que sur leur place dans un espace social perçu comme conflictuel et hiérarchisé selon un degré de réussite sociale avant tout définie à partir de critères financiers.

Dans une sorte de prophétie qui participe assez largement à s’autoréaliser, ils considèrent que l’avenir imposera de penser d’abord à ses propres intérêts, loin de la société globale laissée à elle-même. En ce sens, ces ménages appréhendent le regroupement dans une perspective instrumentale, et celui-ci s’insère dans un processus plus large d’autonomisation vis-à-vis d’une société extérieure à laquelle il semble préférable de ne plus appartenir. Pour eux, le regroupement de crédits s’apparente ici à une épreuve de sécession dans la mesure où il s’agit d’affirmer sa différenciation vis-à-vis d’un « autrui » collectif tenu à bonne distance.

The Conversation

Gaëtan Mangin a reçu des financements du groupe Premista (propriétaire de la marque Ymanci).

Hervé Marchal, en tant que responsable scientifique de la présenté étude, a pu financer cette recherche et surtout recruter un post-doctorat grâce à des financements du groupe Premista (propriétaire de la marque Ymanci).

ref. Le regroupement de crédits : un révélateur des disparités contemporaines en matière de « maîtrise de son destin » – https://theconversation.com/le-regroupement-de-credits-un-revelateur-des-disparites-contemporaines-en-matiere-de-maitrise-de-son-destin-280309

Passage de la vie terrestre à aquatique : un nouveau fossile éclaire l’évolution des dents des premiers cétacés

Source: The Conversation – France in French (2) – By Romain Weppe, Paléontologue, Royal Belgian Institute of Natural Sciences

Vue d’artiste de Kalakocetus aurorae, un ancêtre des baleines. Maëva Orliac, Fourni par l’auteur

Les premiers ancêtres des cétacés – le groupe de mammifères auquel appartiennent les orques et les dauphins – étaient déjà connus pour posséder des dents adaptées à un régime carnivore. Notre découverte récente, publiée dans la revue Nature Ecology & Evolution, permet désormais d’entrevoir ce à quoi pouvait ressembler l’étape intermédiaire entre les dents broyeuses de leurs ancêtres terrestres et les dents tranchantes de ces prédateurs aquatiques.

Dans la région de Kalakot, au Cachemire indien, un nouveau fossile âgé d’environ 48 millions d’années vient d’être découvert : Kalakocetus aurorae.

Les molaires de cet animal de la corpulence d’un petit loup présentent une morphologie inédite, intermédiaire entre celles de ses plus proches parents terrestres et celles des premiers cétacés déjà connus dans le registre fossile. Il apparaît comme le représentant le plus primitif identifié à ce jour parmi les cétacés.

Cette découverte apporte ainsi un nouvel éclairage sur l’une des transitions les plus spectaculaires de l’histoire évolutive des mammifères : le passage progressif d’animaux terrestres herbivores à des prédateurs adaptés à la vie aquatique.

Comment cette découverte a-t-elle été réalisée ?

Le fossile de Kalakocetus aurorae a été découvert dans des roches sédimentaires âgées d’environ 48 millions d’années, dans la région de Kalakot, au nord de l’Inde. Cette région est considérée depuis longtemps par les paléontologues comme le véritable berceau des cétacés, car elle a livré les plus anciens fossiles connus témoignant de l’évolution des mammifères terrestres vers les baleines et dauphins actuels.

L’élément le plus remarquable concerne ses molaires inférieures. Chez les proches parents terrestres des cétacés, les molaires possèdent généralement quatre cuspides principales (les pointes présentes sur les dents), adaptées au broyage des aliments. Chez les premiers cétacés connus jusqu’à présent, ces molaires étaient déjà simplifiées et dominées par deux cuspides tranchantes spécialisées dans le cisaillement. Or, Kalakocetus aurorae présente une configuration intermédiaire originale à trois cuspides.

Mandibule et dentition du nouveau cétacé fossile Kalakocetus aurorae.
Fourni par l’auteur

Pour comprendre sa place dans l’évolution des cétacés, nous avons réalisé une analyse phylogénétique comparant son anatomie dentaire à celle d’autres mammifères ongulés fossiles et des premiers cétacés déjà connus. Cette analyse montre qu’il occupe la position la plus basale dans l’arbre évolutif du groupe.

Nous avons également étudié ses dents grâce à des analyses 3D de surface ainsi qu’à l’étude des traces d’usure dentaires, à différentes échelles. Ces approches permettent de reconstituer le fonctionnement des mâchoires et le régime alimentaire des animaux fossiles.

Les résultats indiquent que Kalakocetus aurorae avait déjà adopté un régime carnivore impliquant principalement des mouvements de cisaillement de la mâchoire, tandis que la fonction de broyage des molaires était déjà fortement réduite.

Pourquoi cette découverte est-elle importante ?

L’adaptation des cétacés à la vie aquatique s’est accompagnée de transformations profondes de leur anatomie, notamment au niveau de leur dentition.

Les cétacés modernes présentent aujourd’hui des dents extrêmement spécialisées. Les dauphins et autres cétacés à dents possèdent des dents coniques presque toutes identiques, tandis que les baleines ont perdu leurs dents au profit de fanons. Les premiers cétacés connus montraient déjà une simplification importante des molaires, avec la disparition des surfaces de broyage au profit de dents plus tranchantes adaptées à la carnivorie. Mais cette transition apparaissait jusqu’ici de manière très brutale dans les archives fossiles, sans qu’aucun stade intermédiaire ne soit clairement documenté.

La morphologie de Kalakocetus aurorae fournit précisément cet élément manquant. Elle montre que l’évolution des dents des cétacés s’est probablement produite de manière plus progressive qu’on ne le pensait. Cette découverte suggère également que les changements alimentaires vers la carnivorie ont commencé très tôt dans l’histoire évolutive des cétacés, probablement en parallèle de leur adaptation croissante aux environnements aquatiques.

Quelles perspectives pour la suite ?

Cette étude ouvre de nouvelles perspectives pour comprendre les premières étapes de l’évolution des cétacés et les mécanismes ayant accompagné leur transition vers la vie aquatique.

La découverte de nouveaux fossiles, ainsi que de futures recherches combinant anatomie fonctionnelle, imagerie 3D et analyses isotopiques, devraient aider à mieux comprendre comment les premiers cétacés capturaient et consommaient leurs proies.


Tout savoir en trois minutes sur des résultats récents de recherches, commentés et contextualisés par les chercheuses et les chercheurs qui ont menées ces dernières, c’est le principe de nos « Research Briefs ». Un format à retrouver ici.

The Conversation

Romain Weppe ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Passage de la vie terrestre à aquatique : un nouveau fossile éclaire l’évolution des dents des premiers cétacés – https://theconversation.com/passage-de-la-vie-terrestre-a-aquatique-un-nouveau-fossile-eclaire-levolution-des-dents-des-premiers-cetaces-282794

Au Liban, Israël parti pour reproduire les erreurs du passé

Source: The Conversation – France in French (3) – By Asher Kaufman, Professor of History and Peace Studies, University of Notre Dame

Alors que Washington et Téhéran négocient, le front israélo-libanais s’embrase : frappes israéliennes intensifiées, tirs du Hezbollah, plus d’un million de déplacés libanais. Et l’Iran, protecteur du Hezbollah depuis la naissance de celui-ci en 1982, conditionne tout accord avec les États-Unis à un arrêt des opérations israéliennes au Liban. Pris en tenaille entre son objectif stratégique, une administration américaine qui tente de la brider et une opinion intérieure à convaincre avant les élections de fin 2026, Benyamin Nétanyahou semble enfoncer Israël dans un bourbier libanais qui lui est familier…


En entrant en guerre contre l’Iran, le gouvernement israélien semblait poursuivre deux objectifs étroitement liés : renverser la République islamique et se débarrasser définitivement du Hezbollah.

La logique voulait que le groupe chiite libanais, qui représente une menace persistante pour Israël depuis 44 ans, finisse par succomber une fois qu’il aurait été privé de son bienfaiteur iranien. Après tout, les tentatives israéliennes visant à détruire le Hezbollah par une action militaire directe n’avaient pas été couronnées de succès, pas plus que les efforts de désarmement du mouvement soutenus par la communauté internationale.

Mais alors que les négociations entre États-Unis et l’Iran en vue d’un accord susceptible de mettre fin à leur conflit se poursuivent, le front israélo-libanais reste plus actif que jamais. Israël a intensifié ses frappes et ses incursions en profondeur au Liban, tandis que le Hezbollah prend pour cible l’armée israélienne déployée dans le sud du Liban et la population civile résidant dans le nord d’Israël.

Pis encore, du point de vue du gouvernement israélien : l’Iran a trouvé le moyen de faire profiter le Hezbollah de sa propre résilience et de l’influence qu’il exerce désormais sur la circulation maritime dans le détroit d’Ormuz. En effet, Téhéran subordonne actuellement tout accord potentiel avec Washington à un arrêt complet des hostilités israéliennes au Liban — une manœuvre clairement destinée à préserver les positions politiques et militaire du Hezbollah, son principal mandataire.

Depuis la reprise des hostilités au Liban le 2 mars 2026, le bilan humanitaire est lourd. Au 1er juin, plus de 1 million de Libanais avaient été contraints de quitter leur domicile, et plus de 3 300 personnes avaient été tuées. Du côté israélien, 24 soldats et 4 civils ont été tués au cours de la même période.

Israël cherche à dissocier le front libanais de l’ensemble du conflit régional, afin de poursuivre sa campagne militaire contre l’organisation chiite indépendamment des négociations américano-iraniennes. Mais il n’est pas certain qu’il y parvienne. L’administration Trump a largement exclu Israël de son dialogue avec l’Iran, tout en tentant de limiter les opérations israéliennes au Liban à des frappes dans le sud du pays et dans la vallée de la Bekaa, et en lui interdisant de mener des attaques contre les infrastructures publiques. L’ordre donné par Benyamin Nétanyahou, le 1er juin, de frapper la capitale libanaise, Beyrouth, met à nu les limites de la pression américaine.

En fin de compte, la résolution de ce conflit dépendra de la manière dont Donald Trump choisira de gérer les exigences iraniennes concernant l’avenir du Liban. Historien spécialiste d’Israël et du Liban, j’ai étudié les cycles de violence ayant opposé Tel-Aviv au Hezbollah depuis la création de celui-ci en 1982 et j’ai observé des schémas récurrents dans lesquels le Hezbollah en est sorti renforcé, conservant sa domination sur la société libanaise en tant que mandataire de l’Iran. Contrairement aux espoirs israéliens, le soutien de l’Iran au Hezbollah n’a pas pris fin avec la guerre en Iran. Et pour compliquer encore les choses, la poursuite de l’occupation israélienne du territoire libanais pourrait fournir au Hezbollah la justification nécessaire pour alimenter le discours selon lequel il représente la principale ligne de résistance. Et une fois encore, c’est l’ensemble de la population libanaise qui est la première victime de la situation.

Un Hezbollah blessé mais pas mort

Bien que considérablement affaibli par plus de deux ans et demi de guerre avec Israël, le Hezbollah continue d’exercer un pouvoir considérable au Liban. Après un cessez-le-feu en novembre 2024 – qui a suivi la guerre totale de septembre-octobre de cette année-là – les combats ont apparemment cessé, un nouveau président libanais a été élu et un nouveau gouvernement a été formé en février 2025.

Ces développements ont mis fin à une impasse politique de trois ans provoquée par le droit de veto effectif du Hezbollah sur les gouvernements libanais successifs depuis 2008. Cependant, même depuis la formation d’un gouvernement en 2025, l’État libanais n’a pas été en mesure de progresser efficacement dans le désarmement du Hezbollah, comme le prévoyait l’accord d’armistice qui a mis fin à la précédente vague de combats.

Au contraire, l’Iran a déployé des efforts considérables pour soutenir son mandataire libanais. Téhéran a même envoyé des officiers supérieurs de ses Gardiens de la révolution peu après le cessez-le-feu de novembre 2024 pour prendre le commandement de l’organisation chiite, qui avait perdu nombre de ses dirigeants tués par Israël. Ces efforts portent aujourd’hui leurs fruits pour Téhéran, comme en témoigne la capacité du Hezbollah à défier Israël sur le plan militaire.

Avec le début de cette dernière guerre en mars, le premier ministre libanais a interdit les activités militaires du Hezbollah, tandis que le président reprochait au groupe d’avoir entraîné le Liban dans un conflit que la plupart des Libanais rejetaient. Mais, comme par le passé, le gouvernement s’est révélé incapable de contrôler efficacement le Hezbollah. Cas révélateur : le 24 mars 2026, le ministère libanais des affaires étrangères a déclaré l’ambassadeur iranien persona non grata, lui ordonnant de quitter le pays. L’Iran et le Hezbollah ont défié cet ordre et l’ambassadeur a refusé de quitter l’ambassade à Beyrouth.

Cet épisode suggère également que les espoirs d’une revitalisation des capacités de l’État après l’arrivée au pouvoir en février 2025 du gouvernement libanais actuel – le premier gouvernement depuis 2008 à ne pas être contrôlé par le Hezbollah – étaient peut-être prématurés.

Gaza via le Liban

En recourant à ce que certains ont qualifié de « modèle de Gaza au Liban », Israël a de fait créé une nouvelle zone de sécurité dans le sud du Liban en occupant une partie du territoire libanais, en rasant des villages entiers que le Hezbollah utilisait à des fins militaires et en chassant la majeure partie de la population de la région.

Mais Israël a déjà occupé le sud du Liban par le passé : d’abord en mars 1978, lors de l’opération Litani, puis de nouveau de 1982 à 2000. Aucune de ces occupations n’a abouti à une amélioration durable de la sécurité d’Israël ; elles ont au contraire laissé des cicatrices indélébiles dans la conscience collective israélienne, qui perçoit désormais le Liban comme un bourbier dans lequel Israël a été entraîné à plusieurs reprises. Le gouvernement de Nétanyahou semble en train de mener le pays vers un nouvel embourbement au Liban.

La nouvelle de l’occupation par l’armée israélienne du château de Beaufort, dans le sud du Liban, le 31 mai, devrait raviver de sombres souvenirs chez les Israéliens. Ce château reste ancré dans la mémoire collective comme un symbole de l’échec de l’occupation israélienne du sud du Liban entre 1982 et 2000. Nétanyahou a toutefois présenté cette opération comme un signe de force, déclarant : « Nous sommes revenus plus forts que jamais. » L’histoire suggère le contraire.

Une ancienne fortification se dresse au sommet d’une colline
Un drapeau israélien flotte au-dessus du château médiéval de Beaufort, près du village d’Arnoun, au sud du Liban, le 31 mai 2026.
Getty Images/AFP

L’histoire se répète

Dans son action au Liban, Nétanyahou est largement motivé par la situation politique intérieure d’Israël.

La majorité des Israéliens soutiennent la poursuite de la guerre contre le Hezbollah. Or des élections nationales sont prévues en octobre 2026. Nétanyahou doit donc d’autant plus afficher des résultats positifs sur au moins l’un des multiples fronts militaires qu’il a délibérément maintenus ouverts depuis l’attaque du Hamas du 7 octobre 2023.

En Iran, il peine à atteindre ses objectifs. Dès lors, se tourner vers le Liban et, avant tout, vers le Hezbollah lui offre une raison de maintenir l’état d’urgence en Israël, dont il a besoin pour sa propre survie politique. Mais l’échec en Iran rend d’autant plus difficile la réalisation de l’objectif de Nétanyahou au Liban. Avec la question d’Ormuz, le gouvernement de Téhéran semble avoir trouvé un moyen de pression significatif sur les États-Unis et Israël. Et dans ces conditions, Téhéran n’abandonnera sans doute pas le Hezbollah, qui reste son atout régional le plus important.

La diplomatie est la seule issue à cet imbroglio. Et même si elle ne conduisait probablement pas au désarmement du Hezbollah ni au retrait total d’Israël du sud du Liban, elle reste la seule voie constructive pour aller de l’avant. À la demande de l’administration Trump, les ambassadeurs israélien et libanais se sont rencontrés pour discuter d’un accord diplomatique entre leurs deux pays, qui n’ont jamais entretenu de relations officielles. Et le 30 mai, des représentants des armées des deux pays se sont rencontrés à Washington.

Pour la première fois depuis 1983, le gouvernement libanais a accepté de négocier directement avec Israël au sujet d’un accord politique à long terme, incluant la possibilité de délimiter enfin leurs frontières communes. Le Hezbollah, comme on pouvait s’y attendre, s’est opposé avec véhémence à ces négociations.

Ce à quoi nous assistons actuellement au Liban est une nouvelle preuve de l’échec de la guerre menée par Israël et les États-Unis contre l’Iran. Cette guerre qui a débuté avec de grandes annonces sur l’émergence imminente d’un nouveau Moyen-Orient pacifique et prospère pourrait bien aboutir à une version encore plus sinistrée du Moyen-Orient d’avant : une République islamique enhardie, une nouvelle occupation israélienne du sud du Liban et un Hezbollah qui, bien qu’affaibli, demeurerait ancré en tant que milice armée agissant de concert avec l’Iran et hors de tout contrôle de l’État libanais.

The Conversation

Asher Kaufman ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Au Liban, Israël parti pour reproduire les erreurs du passé – https://theconversation.com/au-liban-israel-parti-pour-reproduire-les-erreurs-du-passe-284343