Los adolescentes viven inmersos en violencia digital: ¿cómo les afecta?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Uxue Llano-Abasolo, Investigadora en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Facultad de Educación de Bilbao, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

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La percepción de la violencia machista como un problema social está disminuyendo entre los jóvenes: mientras que en 2019 el 82,5 % consideraba que era una cuestión de gran relevancia, en 2023 esta cifra se redujo al 65 %. ¿A qué puede deberse esta bajada tan significativa?

El 70 % de los adolescentes pasan cuatro horas o más al día conectado. Los algoritmos tienden a amplificar mensajes polarizados y desinformativos, en particular aquellos que refuerzan estereotipos o niegan las desigualdades estructurales. Se accede con tanta facilidad a tanto contenido digital, mucho del cual se produce y comparte de manera anónima, que rumores e información sin verificar circulan de manera masiva e inciden en la capacidad empática de quienes los reciben .

Los datos del Informe Juventud en España 2024 revelan que el 23 % de los hombres jóvenes y el 13,2 % de las mujeres de entre 15 y 29 años afirman que la violencia de género es un “invento ideológico”, duplicando prácticamente las cifras registradas en 2019 (11,9 % y 5,7 %, respectivamente).

Y sin embargo, los datos muestran que estos mismos jóvenes están expuestos, son perpetradores y víctimas de nuevas formas de violencia que, aunque no siempre visibles o reconocidas, generan un profundo impacto en su bienestar.

La violencia digital adopta diversas manifestaciones. Entre ellas se incluyen el envío de material íntimo sin consentimiento y la sextorsión (cuando se amenaza o chantajea con difundir imágenes o información de carácter sexual). Pero también las conductas de control en el marco de pareja o expareja, como la vigilancia en redes sociales, el rastreo de ubicación o el acceso indebido a contraseñas. A ello se le suman otras formas de agresión como el ciberacoso y el grooming, práctica mediante la cual un adulto establece contacto virtual con un menor con fines de explotación sexual.

Violencia digital

La evidencia señala que la violencia digital está aumentando: el mismo informe de INJUVE revela que un 47 % de las persones jóvenes han estado expuestas a episodios de violencia en el ámbito digital, mientras que sólo un 9 % reporta haber vivido experiencias similares en la calle.

Estar expuesto a estos contenidos genera una normalización y cierta insensibilidad frente a la violencia: una especie de “violencia persistente de baja intensidad”. En este contexto, puede hablarse de una situación de desamparo digital durante la adolescencia, entendida como la ausencia de mecanismos eficaces de reconocimiento, prevención e intervención frente a las violencias que tienen lugar en entornos digitales.




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Para abordar esta situación novedosa y cada vez más frecuente en la etapa adolescente, proponemos el concepto de violencia digital insidiosa. Se trataría de una forma de agresión que actúa de manera progresiva, silenciosa y que, en algunos casos, puede llegar a ser irreversible.

Este vacío de acompañamiento y control (pues la capacidad de los sistemas familiares, escolares y jurídicos es muy limitada para protegerlos) genera un entorno propicio en el que la violencia digital no solo se produce, sino que se naturaliza, se banaliza y se reproduce.

Violencia y consumo de pornografía

La expansión del acceso a internet no solo ha facilitado la aparición de nuevas manifestaciones de violencia, sino que también ha incrementado el consumo de contenido pornográfico. En el mismo informe, el INJUVE muestra que el 70 % de los hombres jóvenes han consumido contenido pornográfico en alguna ocasión frente al 30 % de las mujeres jóvenes.

Dicho contenido, centrado principalmente en los intereses masculinos, está cargado de dominio y violencia, reproduciendo así la estructura patriarcal y confirmando la atribución del carácter pasivo de las mujeres y el activo de los varones.




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El consumo temprano o excesivo de pornografía y su efecto en la salud física y mental del adolescente


La exposición a contenido pornográfico, especialmente en alumnado menor de edad, puede contribuir a una percepción distorsionada de la realidad, dado que con frecuencia en dichos contenidos se diluye tanto el deseo como el consentimiento y se representan como actos sexuales escenas que constituyen agresiones.

En este contexto, diversos estudios han evidenciado una relación significativa entre el consumo de pornografía y la violencia sexual una relación que aumenta cuando el contenido es violento. De hecho, el informe citado de INJUVE afirma que el 32 % de las mujeres jóvenes reconoce haber vivido experiencias sexuales no consentidas, las cuales incluyen situaciones como haber sido forzadas a mantener relaciones, haber tenido encuentros no deseados o haber realizado actos con los que no se sentían seguras.

Estrategias frente a los riesgos digitales

La educación sexual y afectiva es el mejor antídoto para contrarrestar estas tendencias. Se trata de enseñar al alumnado adolescentes cómo se establecen y se mantienen relaciones saludables, libres de violencia y basadas en el consentimiento.

Más allá de la perspectiva biológica de la educación sexual tradicional, incluir aspectos relacionados con la empatía, el cuidado, la responsabilidad afectiva, la intimidad o la asertividad sexual ayudará a potenciar las competencias emocionales de los jóvenes.

En lugar de recurrir a la pornografía como fuente de aprendizaje, podemos fomentar una reflexión crítica sobre su impacto en la comprensión de las relaciones afectivo-sexuales.

La educación sexual y afectiva debería ser considerada una obligación legal. Necesitamos establecer un modelo de intervención fundamentado en la evidencia científica, con manuales de carácter universal y apoyado por profesionales especializados. No solo contribuirá al desarrollo personal del alumnado, sino que también genera beneficios para la sociedad en su conjunto, promoviendo la salud física y mental y la igualdad de género.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los adolescentes viven inmersos en violencia digital: ¿cómo les afecta? – https://theconversation.com/los-adolescentes-viven-inmersos-en-violencia-digital-como-les-afecta-260950

Más humedades, menos luz, más ruido y más criminalidad: la precariedad habitacional fomenta la delincuencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jonathan Torres Téllez, Profesor de Derecho Penal y Criminología, Universidad de Sevilla

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La vivienda está en el centro del debate público en España. La atención se concentra sobre todo en la creciente dificultad de acceso a una (la edad de emancipación supera los 30 años de media, una de las más alta de Europa).

Sin embargo, el problema de la asequibilidad está invisibilizando otros aspectos de la vivienda que también son importantes para el bienestar de las personas, como su deterioro.

Según Eurostat, en 2020 el 19,7 % de la población española vivía en una vivienda con goteras o humedad (en 2023 este porcentaje se incrementó hasta el 23 %), unos valores superiores a la media europea (13,1 %).

Por su parte, el Instituto Nacional de Estadísticas también señalaba ese mismo año que un 10,8 % consideraba que su vivienda era demasiado oscura y que un 22,1 % tenía problemas de ruido.

Esta precariedad física de la vivienda causa molestias diarias a sus residentes. Pero es que también produce efectos negativos sobre la salud física y mental, según la literatura científica: mayor riesgo de enfermedades, estrés, ansiedad y conflictos interpersonales. Pero ¿y si también aumenta la delincuencia?

Qué ocurre cuando se deteriora el bienestar

La vivienda es un elemento material fundamental para las personas. En ella es donde desarrollamos nuestras vidas, llevamos a cabo los primeros procesos de socialización, ejercemos nuestra autonomía y nos proporciona un refugio que protege tanto nuestra privacidad como nuestra seguridad.

Cuando no reúne unas condiciones mínimas de habitabilidad y no se puede solucionar por falta de recursos económicos, se produce lo que se denomina “privación de vivienda”. Esta situación deteriora el bienestar de las personas e incrementa el riesgo de pobreza y exclusión social, lo que puede afectar a los niveles de criminalidad.

Esto último sucede porque las condiciones precarias de la vivienda son una forma más de desigualdad socioeconómica. Y según la economía del delito, esto favorece la delincuencia. Por un lado, se incrementa la motivación y las potenciales recompensas de los delincuentes al tener menos oportunidades de una vida digna. Por otro, aumenta la tensión social y erosiona los lazos comunitarios, creando controversias sociales que fomentan los actos delictivos.

Entre 2017 y 2020 se produjo un deterioro de las condiciones físicas de la vivienda en España. Esto supuso que la privación severa de vivienda se multiplicase por tres en apenas cuatro años, afectando al 3,4 % de la población total, según Eurostat. Esta evolución coincide justamente con un ligero repunte en la delincuencia en ese mismo periodo, tras cinco años consecutivos de descenso.

A más hacinamiento y falta de luz, más posibilidades de robos

Para examinar esta posible relación hemos analizado datos de 16 comunidades autónomas entre 2013 y 2019 en una investigación reciente, con especial atención a los delitos patrimoniales (robo con fuerza o violencia, hurto, etc.). Las condiciones físicas de la vivienda que tenemos en cuenta parten del indicador de privación de vivienda de Eurostat, que incluye también aspectos relacionados con la asequibilidad de la vivienda y su entorno: hacinamiento, temperatura no adecuada, falta de luz, ruidos y contaminación.

Los resultados que obtenemos muestran asociaciones significativas entre determinadas condiciones de la vivienda y la criminalidad. En particular, la falta de luz y el hacinamiento destacan por su relación positiva con hasta cuatro de las seis categorías delictivas analizadas (robo con violencia, hurtos, robo con fuerza y robo de vehículos).

Una posible explicación es que estas variables apuntan hacia la importancia de que se produzcan situaciones ideales para la comisión de un delito. Es decir, la poca iluminación reduce la visibilidad y la vigilancia, lo que dificulta detectar al delincuente. Y la mayor densidad residencial aumenta el número de potenciales víctimas y reduce el control vecinal, generando un caldo de cultivo para la inseguridad.

Otro dato destacable es la relación positiva entre la asequibilidad de la vivienda y la delincuencia total, especialmente con los delitos patrimoniales. Parece indicar que el problema de acceso a la vivienda en España podría estar afectando a la delincuencia por distintos motivos que requieren más investigación: incremento de la tensión social, entornos vulnerables, retraso de las etapas vitales como la emancipación, etc.

¿Sucede por igual en todas las provincias?

Una de las principales limitaciones del análisis es que se realiza a nivel regional. Esto impide identificar dinámicas a escala local que se producen en barrios o ciudades concretas. Esta limitación debe señalar el camino de las futuras investigaciones.

Si entendemos que la vivienda es un espacio de protección y seguridad, entonces su mejora puede convertirse en una herramienta efectiva para reducir la delincuencia y reforzar la cohesión social. Para ello los ayuntamientos y gobiernos autonómicos son claves mediante actuaciones como la rehabilitación urbanística o facilitar el acceso a una vivienda digna.

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Jonathan Torres Téllez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cómo hincar los codos de forma más eficiente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Calderón García, Investigadora en cognición, comportamiento y neurocriminología, Universidad Miguel Hernández

Evgeny Atamanenko/Shutterstock

23:00 en el reloj. Café en mano, apuntes abiertos y la sensación de estar estancado. Repasamos la misma página por cuarta vez… pero ¿realmente estamos aprendiendo? Probablemente no. Más que las horas, importa la calidad del aprendizaje y su consolidación a largo plazo.

Muchas personas aún asocian el estudio eficaz con sesiones ininterrumpidas, pero la ciencia lo desaconseja. El cerebro no está diseñado para absorber grandes cantidades de información de golpe. Necesita pausas, sueño, repeticiones y recuperación activa. ¿Por qué? Porque así funciona la memoria.

Durante el sueño, el cerebro fija lo que se ha aprendido. El hipocampo, clave en la formación de recuerdos, repite internamente la información del día y refuerza las conexiones entre neuronas. El sueño profundo ayuda a recordar conceptos y reduce la interferencia, permitiendo una recuperación más precisa de lo aprendido.

El hipocampo es clave en la formación de recuerdos.
Wikimedia Commons., CC BY

Plasticidad a nuestro favor

Cada vez que se aprende algo nuevo, el cerebro crea nuevas conexiones neuronales: es lo que se conoce como neuroplasticidad. Pero esas conexiones no se mantienen por sí solas. Requieren repetición significativa y recuperación activa para consolidarse. De ahí surgen algunas de las técnicas de estudio más efectivas:

  • Práctica espaciada: distribuir el estudio en el tiempo mejora la retención. En lugar de estudiar cinco horas seguidas, repasar 15 minutos al día durante una semana. Así se combate la curva del olvido, que muestra lo rápido que se olvida lo que no se repasa.

  • Evocación activa: consiste en recordar lo aprendido sin consultar los apuntes. Hacerse preguntas, usar flashcards o explicar en voz alta obliga al cerebro a recuperar la información y fortalecer la memoria.

  • Técnica de Feynman: explicar un concepto como si se contara a un niño. Si no se logra hacerlo sin tecnicismos, probablemente no se ha comprendido del todo. Esta técnica favorece la reorganización mental y la comprensión profunda.

La motivación, el motor que no falla

El rendimiento cognitivo no depende solo del tiempo ni de la técnica utilizada. Factores como las emociones y la motivación influyen profundamente en cuánto y cómo se aprende. Cuando algo interesa o se percibe como relevante, el cerebro libera dopamina, un neurotransmisor vinculado al placer y la recompensa. Esta activación mejora la consolidación de la memoria, sobre todo en el hipocampo y en el sistema límbico –estructuras cerebrales implicadas en la integración de los procesos emocionales y motivacionales con la conducta–.

El sistema límbico (en rojo) integra emociones y conducta.
Wikimedia Commons., CC BY

Esto explica por qué una anécdota divertida se recuerda mejor que una definición abstracta: la emoción actúa como una señal que dice “esto es importante, guárdalo”.

Además, la motivación intrínseca, ese deseo de aprender por interés propio, se asocia con mayor actividad en la corteza prefrontal, zona clave en el pensamiento complejo. Las personas motivadas de forma autónoma tienden a concentrarse más y emplear mejores estrategias. En cambio, cuando la motivación es solo externa (por ejemplo, una calificación), el esfuerzo puede sostenerse a corto plazo, pero es menos probable que lo aprendido se consolide a largo plazo.

Cuándo y cómo

Las diferencias individuales también afectan al aprendizaje. Por ejemplo, el cronotipo –ser más productivo por la mañana o por la noche– influye en el rendimiento. Estudiar durante las horas de mayor energía mental, dormir lo suficiente y tomar descansos adecuados son hábitos que favorecen la consolidación de la memoria.

Además del cuándo, importa el cómo. La dificultad de una asignatura no depende solo de la cantidad de contenido, sino de cómo se procesa esa información. No es igual memorizar una biografía que resolver álgebra vectorial, cada tarea exige distintos recursos mentales.

La carga cognitiva

Aquí entra en juego la teoría de la carga cognitiva, que explica cómo la complejidad de una tarea afecta al aprendizaje. La memoria de trabajo, aquella que procesa la información en tiempo real, tiene una capacidad limitada. Cuando se sobrecarga, cuesta más consolidar lo aprendido.

Esta carga puede ser intrínseca, es decir, la complejidad inherente al contenido. Temas abstractos o técnicos, como las matemáticas, requieren más esfuerzo mental. O puede ser extrínseca: cómo se presenta la información (claridad, estructura). También existe la carga relevante, que es el esfuerzo mental necesario para conectar conocimientos nuevos con lo ya aprendido.

Cuando un tema es especialmente complejo, conviene ajustar las estrategias: dividir la información en partes más pequeñas, usar ejemplos concretos o espaciar el estudio. Esto no solo mejora la comprensión, sino que reduce la sobrecarga mental y fortalece la memoria a largo plazo.

El cerebro necesita su tiempo

Estas estrategias no solo son útiles para los estudiantes. También los docentes pueden aplicarlas para diseñar materiales más claros, espaciar los repasos, fomentar la evocación activa y conectar los contenidos nuevos con los conocimientos previos. El uso de mapas mentales, debates o juegos es una forma efectiva de ayudar al cerebro a aprender mejor.

El cerebro es una herramienta poderosa, pero no aprende bien bajo presión constante ni con métodos ineficaces. Necesita tiempo, desafío, emoción y descanso. Comprender cómo funciona puede transformar la forma en que se enseña y se estudia. Porque no se trata de estudiar más, sino de estudiar mejor.

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Marta Calderón García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Materiales para aviones inspirados en los esqueletos de los erizos de mar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lucía Doyle, Investigadora Postdoctoral MSCA en Materiales de Ingeniería Avanzada, IMDEA MATERIALES

Construir un avión es una tarea que debe pensarse al detalle. Sus materiales deben cumplir exigencias estrictas en cuanto a resistencia mecánica, rendimiento y reducción de peso, además de otras funciones como aislamiento acústico y térmico. Para satisfacer simultáneamente todos esos requerimientos, se ha tendido a la mezcla de materiales, como las estructuras en sándwich o los materiales compuestos.

Hoy en día, hasta el 50 % del volumen de un avión moderno como el 787 Dreamliner o el Airbus A350 está fabricado con materiales compuestos, principalmente polímeros termoestables reforzados con fibra de carbono. Nos referimos a plásticos que son tratados para darles una estructura rígida y permanente que no se ablanda al calentarse, sino que se degrada.

Se trata de materiales ultraligeros que aportan una relación peso-resistencia excelente, cumpliendo con las exigentes demandas de la industria aeronáutica y permitiendo reducir el consumo de combustible y aumentando la eficiencia durante el vuelo.

¿Cómo reciclar los materiales compuestos?

Estos avances tecnológicos traen un gran desafío: el reciclaje de estos materiales compuestos es aún muy limitado. No es solo por su complejidad intrínseca, ya que, al ser termoestables, no pueden fundirse para su reprocesado. También entra en juego la enorme dificultad de separar sus componentes y distintas capas de materiales.

Actualmente, la Asociación Europea de la Industria de Materiales Compuestos (EuCIA, por sus siglas en inglés) estima que entre el 40-70 % de los residuos de estos materiales termina en vertederos o se incinera sin recuperación de energía. Su capacidad actual de reciclaje en la Unión Europea representa apenas el 5 % del total de residuos compuestos generados, incluidos tanto termoestables como termoplásticos. Un termoplástico es un material que, a temperaturas relativamente altas, se vuelve deformable o flexible, se derrite cuando se calienta y se endurece en un estado de transición vítrea cuando se enfría lo suficiente.

En la misma línea, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) calcula que, en la próxima década, se retirarán más de 11 000 aviones comerciales y de carga. Y cada uno generará toneladas de residuos que, si no se reciclan, también acabarán en vertederos.

Soluciones basadas en un único material

Ante esta problemática, es necesario repensar el diseño de materiales para la aviación y priorizar no solo el rendimiento, sino también la reciclabilidad.

Una estrategia prometedora es el desarrollo de materiales estructurales fabricados con un único material base que cumpla múltiples funciones, lo que simplifica la recuperación al final de su vida útil.

En este contexto, el PEEK (polieter-éter-cetona) se presenta como una alternativa de altas prestaciones, con excelentes propiedades mecánicas, térmicas y químicas. Además, es un termoplástico reciclable y reprocesable.

Este enfoque supone un cambio de paradigma, ya que tradicionalmente en aviación se usan pocos polímeros y la mayoría son termoestables. Aunque resistentes, estos no se pueden reciclar ni reprocesar, lo que representa un desafío ambiental y económico. En cambio, el PEEK puede fundirse y reprocesarse varias veces.

El poder del diseño geométrico

Sin embargo, para que un único material pueda sustituir a las complejas mezclas tradicionales, debe ser capaz de responder a diversas exigencias estructurales y funcionales, como resistencia mecánica, absorción acústica o aislamiento térmico. Es aquí donde cobra protagonismo el diseño microestructural, entendido como la configuración a muy pequeña escala de un material.

Al igual que en grandes estructuras como rascacielos o puentes, donde colocamos vigas estrechas en posiciones clave para soportar grandes cargas, podemos diseñar microestructuras que, pese a ser diminutas, se comportan de manera uniforme, casi como si fueran un material homogéneo.

La geometría condiciona cómo se comporta, frente a cargas, al sonido, etc. Podemos adaptarla a múltiples requerimientos, sin tener que combinar distintas capas de materiales. Esto simplifica la fabricación y, de manera importante, su reciclaje.

La naturaleza como fuente de inspiración

Un tipo muy interesante de geometría son las superficies mínimas triplemente periódicas (TPMS, en sus siglas en inglés). Estas superficies matemáticas presentan curvatura promedia de cero, lo que las hace prometedoras por sus propiedades mecánicas (gracias a su geometría continua no tienen nodos donde se concentren los esfuerzos, que sería una zona de más fácil fallo) y acústicas.

La naturaleza ya utiliza estas geometrías, por ejemplo, en los esqueletos de los erizos de mar o las alas de algunas mariposas.

Existen muchísimas TPMS diferentes. Gracias a un amplio trabajo de estudio y caracterización, hoy contamos con un catálogo extensivo que permite elegir la geometría más adecuada según las cargas mecánicas, requisitos de peso y propiedades acústicas y térmicas.

Además, dado que estas geometrías se describen mediante funciones matemáticas, es posible introducir gradientes de densidad y forma a lo largo de la pieza para optimizar cada punto.

Innovación para la economía circular

En el Instituto IMDEA Materiales de Madrid, estamos trabajando en la combinación de impresión 3D con un proceso novedoso de espumado físico usando CO₂, que crea microporos dentro de la pieza que está siendo impresa. Nuestro objetivo es crear estructuras de PEEK a distintas escalas que mejoran la tenacidad y reducen el peso.

Con esta técnica, podemos superar ciertos requisitos que parecen contradictorios, consiguiendo materiales que son resistentes –no se rompen– y, al mismo tiempo, son ligeros.

Esta estrategia imita la naturaleza. Por ejemplo, elementos como las astas de los ciervos, las conchas de muchos moluscos o nuestros dientes resisten impactos sin romperse, ya que los microporos frenan la propagación de las grietas y absorben mucha energía.

¿Y lo más importante? Al usar solo PEEK y CO₂, al final de la vida útil del material queda únicamente el polímero, lo que facilita un reciclaje limpio y efectivo, sin contaminación.

Para que la aviación avance hacia una economía circular, es clave diseñar materiales pensando en qué haremos con ellos al final de su vida útil. Apostar por soluciones monomaterial como el PEEK y aprovechar el diseño geométrico abre la puerta a estructuras ligeras, funcionales y reciclables. La sostenibilidad, en definitiva, empieza desde el propio diseño.

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El project HipPEEK ha sido financiado por el programma de investigación e innovación Horizon 2020 de Unión Europea, bajo la acción Marie Skłodowska Curie nº 101106955. Las opiniones y puntos de vista expresados solo comprometen a su(s) autor(es) y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea o los de la Agencia Ejecutiva Europea de Educación y Cultura (EACEA). Ni la Unión Europea ni la EACEA pueden ser considerados responsables de ellos.

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Más allá del fuego: los incendios forestales plantean nuevos desafíos para la salud pública

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tania Fernández Villa, Profesora Titular de Universidad en el Área de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de León. Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP)., Universidad de León

Extinción de un incendio en la provincia de Córdoba en julio de 2025. Carlos Calvo Torregrosa/Shutterstock

El 2025 está siendo un año bastante atípico en su meteorología a consecuencia del cambio climático. En agosto, una gran ola de calor ha asolado España durante más de 16 días, la tercera más larga de la historia desde 1975, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Todo ello, unido a un cúmulo de circunstancias, está dejando un panorama desolador en gran parte de España.

Se han contabilizado varias personas fallecidas de manera directa por golpe de calor y muchas más defunciones, más de 2 000 en lo que llevamos del mes de agosto, atribuibles a los efectos del calor extremo.

Los grandes incendios forestales han devastado más de 300 000 hectáreas, una superficie superior al tamaño de la provincia de Álava.

A medida que la superficie de los incendios aumenta, se liberan a la atmósfera grandes cantidades de gases de efecto invernadero y partículas: monóxido de carbono (CO), dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), óxido de nitrógeno (NOx), carbono orgánico volátil (VOC), material particulado (PM).

Todo ello contribuye a la carga global de gases de efecto invernadero, incrementando aún más el cambio climático y favoreciendo que los incendios sean cada vez más frecuentes e intensos.

Partículas tóxicas

Pero el caso de las partículas producidas en los incendios tiene una especial importancia. Su composición puede ser más tóxica al incluir hidrocarburos aromáticos policíclicos y benzopireno, sustancias reconocidas como carcinógenas por las agencias de salud internacionales.

Como hemos podido comprobar durante la ola de incendios que está asolando España este verano, y países cercanos como Portugal, las columnas de humo que contienen un cóctel tóxico de partículas finas (con un diámetro <2,5 micras), monóxido de carbono y otras sustancias químicas nocivas, pueden viajar largas distancias y empeoran la calidad del aire mucho más allá de la zona afectada por el incendio.

La acumulación y exposición prolongada a estas sustancias pueden tener consecuencias muy graves para la salud no sólo para el personal de primera línea de respuesta (bomberos y equipos de emergencias), sino también para la población en general, especialmente para aquellas personas que trabajan o pasan tiempo al aire libre.

Entre los principales efectos agudos destacan la dificultad respiratoria, con un aumento de crisis asmáticas o bronquitis, así como complicaciones cardiovasculares. Se incrementa también el riesgo de sufrir ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y ritmos cardíacos irregulares, especialmente en personas con patologías previas.

A todo ello hay que añadir la amenaza a la seguridad alimentaria e incremento de riesgo de malnutrición debido a cortes de suministro en las áreas afectadas.

Efectos a largo plazo

También se observan consecuencias en materia de salud mental, tanto de las propias familias desalojadas o afectadas por pérdidas materiales y humanas, como de los equipos que trabajan en la extinción (“burnout”). Además se producirá el incremento futuro de desigualdades sociales, especialmente en población en situación de vulnerabilidad. Los programas de atención psicosocial son una herramienta necesaria para paliar estos efectos en la salud mental.




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Pero los efectos no se producen solamente de forma aguda. A medio-largo plazo se pueden originar problemas de salud pública de mayor gravedad, tanto a nivel respiratorio (enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer de pulmón y otras enfermedades respiratorias crónicas), como cardiovascular (hipertensión, insuficiencia cardíaca y otras complicaciones cardiovasculares) y neurológico (riesgo elevado de deterioro cognitivo, demencia y otras enfermedades neurodegenerativas).

La exposición a partículas también se ha visto asociada con efectos sobre la salud infantil y el embarazo, como nacimientos prematuros, de bebés con bajo peso y alteraciones en el neurodesarrollo.

Las personas mayores o con enfermedades crónicas son más susceptibles de sufrir estos efectos a corto, medio y largo plazo.

Problemas asistenciales y enfermedades zoonóticas

Los programas de vigilancia en salud pública son importantes para identificar los efectos de los incendios en la salud de la población y grupos de riesgo.

Los desplazamientos de la población, que pueden verse agravados por los fuegos, incrementan aún más la despoblación de áreas rurales, llevan a la rotura de redes sociales y dificultan el acceso a recursos sanitarios, lo que ocasionará problemas asistenciales.

Por otra parte, los incendios alteran profundamente el ecosistema natural, promueven la degradación del suelo, haciéndolo más susceptible a riadas, y privan a las poblaciones humanas y animales de recursos naturales.

La salud debilitada de las poblaciones animales aumenta el riesgo de enfermedades zoonóticas, que pueden ser un vector para enfermedades en humanos.

Las previsiones, por desgracia, no son buenas. Se estima que los incendios seguirán incrementándose, hasta un 30 % para el 2050 y hasta un 50 % a finales de siglo, si no se actúa con urgencia.

Este panorama tan desalentador supone nuevos desafíos para la salud pública. Es necesario incluir el enfoque de Una Sola Salud en los planes de prevención y actuación, reforzar la vigilancia en salud pública, incrementar los recursos y establecer una coordinación adecuada y fomentar la profesionalización y capacitación de equipos especializados en emergencias sanitarias. Además, necesitamos reforzar la educación, información y percepción del riesgo en la ciudadanía.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


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María Isabel Portillo es investigadora en el Instituto de Investigación Biobizkaia. Coordinadora Cribados Osakidetza. Miembro de la Asociación Española Contra el Cáncer. Secretaria de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Epidemiología.

Maria João Forjaz recibe fondos, obtenidos en concurrencia competitiva, del Instituto de Salud Carlos III, para la realización de proyectos de investigación. Es la actual presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología.

Óscar Zurriaga recibe fondos, obtenidos en concurrencia competitiva, del Instituto de Salud Carlos III, para la realización de proyectos de investigación. Ha sido presidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

Rebeca Ramis Prieto recibe fondos, obtenidos en concurrencia competitiva, del Instituto de Salud Carlos III, para la realización de proyectos de investigación.

Esther Vicente Cemborain, Lucía Martín de Bernardo Gisbert, Maica Rodríguez-Sanz, Pello Latasa y Tania Fernández Villa no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Más allá del fuego: los incendios forestales plantean nuevos desafíos para la salud pública – https://theconversation.com/mas-alla-del-fuego-los-incendios-forestales-plantean-nuevos-desafios-para-la-salud-publica-263653

¿Quién decide qué tragedias cuentan y cómo se cuentan? Lo que revelan los periodistas sobre sus redacciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Leila Nachawati Rego, Profesora asociada de comunicación, especialización en conflicto, migraciones, comunicación ciudadana, censura, libertad de expresión, apagones de internet, Universidad Carlos III

La cobertura de la migración por parte de los periodistas en España está limitada por factores como la escasez de periodistas y presupuesto y los intereses políticos o económicos del medio. Framalicious/Shutterstock

Cuando el submarino Titán desapareció, el 18 de junio de 2023, con cinco turistas a bordo, medios de comunicación de todo el mundo cubrieron el caso al detalle, casi minuto a minuto.

Pocos días antes, el naufragio del Adriana, un barco con cientos de personas migrantes a bordo frente a las costas de Grecia, había recibido una cobertura muy limitada.

¿Qué motiva una atención mediática tan distinta ante el hundimiento de dos barcos, casi al mismo tiempo?

Esa fue una de las preguntas que nos llevó a entrevistar a 21 periodistas especializados en migraciones en España. Buscábamos entender cuáles son los factores que condicionan la cobertura mediática de este ámbito.

Las respuestas apuntan a un desequilibrio llamativo: los periodistas manifiestan tener margen para decidir, pero son los directivos de los medios quienes determinan en gran medida, motivados por intereses políticos o económicos, el enfoque, la intensidad y el tono de estas coberturas.

A lo largo de las entrevistas, detectamos dos marcos narrativos que se repiten en la cobertura mediática de la inmigración. Por un lado, el esencialismo cultural, que tiende a encasillar a las personas migrantes en estereotipos y visiones reduccionistas o descontextualizadas: el migrante como víctima pasiva, como amenaza o como carga para la sociedad. Por otro lado, el paralelismo institucional, que alinea los relatos con las versiones oficiales o, dicho de otro modo, narrativas que parten de enfoques alejados de los derechos humanos.

Estas formas de representación no son solo fruto de decisiones editoriales. Están influidas por factores estructurales que van desde la precariedad laboral en las redacciones hasta la presión por obtener clics y satisfacer a los anunciantes.

En palabras de uno de los periodistas entrevistados: “Imagina que tengo que elegir entre el Titán y el Adriana. Me quedo con el naufragio porque soy muy sensible a estos temas, pero también tengo que encontrarle un lugar a la implosión porque, aunque hubo cuatro millonarios que fueron voluntariamente, el público se lo comió. ¡Se lo comió! Y tengo que cumplir con los objetivos diarios de audiencia. Es terrible, pero así es”.

Periodistas bajo presión: precariedad y falta de libertad

Uno de los hallazgos del estudio remite a la escasez de recursos humanos y materiales, lo que dificulta una cobertura matizada y rigurosa. La mayoría de periodistas entrevistados afirmó que no hay suficientes reporteros especializados, ni presupuesto para viajar a los lugares de origen o tránsito de las personas migrantes.

“Hay escasez de reporteros en las redacciones y, por lo tanto, de especialistas dedicados a las migraciones y los derechos humanos”, afirmó una de las personas entrevistadas. Esto aumenta la dependencia de fuentes institucionales, ya que acceder a información directa suele ser difícil o costoso.

A esta escasez se suman otros factores: plazos ajustados, falta de formación específica y una precariedad generalizada. Todo esto limita el margen para construir relatos complejos, matizados y contextualizados.

La tiranía de las audiencias

Otro factor central es la presión de las audiencias. En muchos medios, especialmente los privados, se prioriza aquello que genera tráfico web: titulares impactantes, emociones rápidas e intensas, historias virales. La inmigración, salvo en momentos de tragedias extremas, no suele encajar en ese perfil que satisface la búsqueda del clic. Y en esos casos, a menudo se priorizan fórmulas sensacionalistas que incurren en la deshumanización de sus protagonistas.

“Algunos medios de comunicación realizaron una cobertura destacada, aunque fueron muy pocos”, señalaba otra de las entrevistadas. Entre sus valoraciones y las del resto de periodistas, destacan términos como cobertura “predecible”, “imprecisa”, “información epidérmica” o “de menor impacto”. También otros, en referencia al accidente del Titán, como “objetivación”, “sobreinformación”, “espectacularización” o “morbo” (un adjetivo recurrente) o expresiones características de la industria del entretenimiento: “Un espectáculo en vivo”, “un reality show”, una cobertura “basada en una cuenta atrás que mantuvo enganchada a la audiencia”.

Varios periodistas señalaron también que existen presiones políticas, ya directas o indirectas, sobre la forma de contar la inmigración. Esta presión se manifiesta en alineamientos ideológicos, autocensura o en decisiones empresariales que priorizan no incomodar a ciertos sectores. “La llegada de migrantes es susceptible de ser manipulada por políticos demagógicos o populistas, con un trasfondo de exaltación nacionalista”, señalaba otro de los entrevistados.

Una autonomía más percibida que real

Paradójicamente, la mayoría de periodistas entrevistados afirmó sentirse libre para elegir y desarrollar sus historias. Lo cierto es que el grado de autonomía que ejercen los periodistas en los procesos selectivos y creativos está muy influido por factores originados a nivel gerencial o de propiedad del medio.

El análisis sugiere que la empresa tiende, por un lado, a atender las demandas percibidas del público para optimizar las estrategias de monetización, lo que explica en parte por qué ciertas historias reciben más atención y recursos que otras.

Además, se reduce la inversión en recursos humanos y técnicos en el lugar de trabajo, lo que obliga a los reporteros a depender de información proveniente de fuentes institucionales.

Por último, la empresa impone narrativas alineadas de un modo u otro, y con distintos grados de intensidad, con discursos políticos externos. Esta contradicción entre la libertad insinuada por los entrevistados y los condicionantes derivados de las dinámicas empresariales sugiere una autonomía más simbólica que real.

La migración no es un fenómeno excepcional, sino una constante en la historia de la humanidad, que ha sido nómada desde sus orígenes. En el contexto actual, marcado por conflictos armados, crisis políticas y emergencias climáticas, todo indica que los flujos migratorios y las solicitudes de asilo seguirán aumentando.

Ante este escenario, los medios de comunicación tienen la responsabilidad de abordar estas realidades con rigor, empatía y profundidad, evitando silenciar, deshumanizar o criminalizar a quienes se encuentran en situaciones de extrema vulnerabilidad.

Para ello, es necesario repensar los modelos de negocio de los medios, fortaleciendo la independencia editorial, mejorando las condiciones laborales del periodismo y priorizando enfoques basados en los derechos humanos por encima del clic fácil o de presiones políticas, económicas o ideológicas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Quién decide qué tragedias cuentan y cómo se cuentan? Lo que revelan los periodistas sobre sus redacciones – https://theconversation.com/quien-decide-que-tragedias-cuentan-y-como-se-cuentan-lo-que-revelan-los-periodistas-sobre-sus-redacciones-258784

Por qué los grupos de infantil no deberían ser de más de 10 niños

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Casla Soler, Profesora del dpto. Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Madrid

PeopleImages.com – Yuri A/Shutterstock

Imaginemos un grupo de veinte niñas y niños de 2 y 3 años en un aula. Son muy activos, algunos acaban de incorporarse a la escuela. Tras reunirlos en corro, Verónica, una de las dos educadoras del grupo, les pregunta por la tormenta del día anterior: “¿Con quién estabais cuando cayó la granizada?”

Como es lógico, las respuestas se producen de forma desordenada y se forma cierta algarabía: varios hablan a la vez, otros se levantan, saltan. Verónica intenta que se sienten y les anima a escuchar. Al terminar, solo unos pocos logran compartir su experiencia y recibir una respuesta directa de Verónica o Miriam, sus dos “profes”. Otros intervinieron una o dos veces, sin que nadie les respondiera directamente.

En un grupo tan amplio de niños tan pequeños esta escena es habitual. Sin embargo, no poder establecer un verdadero diálogo con las educadoras o sus compañeros puede tener efectos a largo plazo para los pequeños, especialmente si se vuelve algo recurrente.

La importancia de la ratio en infantil

Las habilidades comunicativas y lingüísticas que desarrollamos en los primeros años no se adquieren mediante instrucción formal, sino que se construyen en las interacciones cotidianas que tienen lugar en casa, en la comunidad o en la escuela. Es en estos espacios donde aprendemos a tomar la palabra, ser escuchados, escuchar a otros, respetar turnos y atender incluso al habla que no va dirigida directamente a nosotros.

En la escuela infantil, el número de participantes por grupo es clave para garantizar la participación activa y la inclusión. Pero ¿cuál es la proporción adecuada para que eso ocurra?

Algunas organizaciones internacionales han establecido recomendaciones claras. Es el caso de organizaciones británicas y australianas, como la National Association for the Education of Young Children, el Early Years Foundation Stage o el National Quality Framework. Todas coinciden en recomendar un adulto por cada cuatro niños en grupos de bebés y niños de un año (con un máximo de ocho). A partir de los dos años, proponen un adulto cada cuatro niños, bien uno cada seis en grupos de hasta doce participantes.

La Comisión Europea, en cambio, no fija una ratio concreta, ya que depende de la regulación de cada país, pero insiste en garantizar ciertos estándares de calidad. En su guía de 2021 se destaca el ejemplo de Suecia, con un adulto por cada tres bebés y uno por cada siete niños menores de tres años (Comisión Europea, 2021).

¿Cuál es la ratio en España?

España, junto con Croacia, es uno de los países europeos que permite un mayor número de niños por adulto en educación infantil. Aunque las cifras varían según la Comunidad Autónoma, las diferencias son significativas. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se permite una educadora para cada ocho bebés, 16 niños y niñas en el grupo de 1-2 años, y hasta 20 en el grupo de 2-3 años, con una figura de apoyo compartida entre varias aulas.

Otras comunidades optan por ratios más ajustadas. En Navarra, por ejemplo, se fijan en 8, 12 y 16 para los grupos de 0-1, 1-2 y 2-3 años, respectivamente. En Canarias, las cifras suben ligeramente: 8, 13 y 18.




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¿Qué implica esta proporción en una etapa tan importante para el desarrollo del lenguaje? La evidencia no es unánime: algunos estudios no encuentran una relación directa entre la ratio y el desarrollo del lenguaje, mientras que otros muestran que los niños en grupos más numerosos tienden a obtener puntuaciones más bajas en pruebas de lenguaje.

Hablar más o menos en el grupo de infantil

En una investigación reciente, realizada en aulas de educación infantil de la Comunidad de Madrid y Toledo, analizamos cuántas oportunidades reales tienen los niños y niñas de participar verbalmente en actividades grupales y cómo influye el tamaño del grupo en esas interacciones. Los resultados son contundentes: cuantos más niños hay en el grupo, menos oportunidades tiene cada uno de hablar y ser escuchado, incluso cuando participa más de una educadora.

El efecto es aún mayor en los grupos de los más pequeños. No es tanto la ratio adulto-niño lo que determina la participación verbal, sino el tamaño total del grupo. En la práctica, un grupo de 8 niñas y niños con una educadora favorece más las interacciones lingüísticas que un grupo de 16 con dos educadoras.

Oportunidad de participar y habilidades del lenguaje

Las niñas y niños que menos hablan son también quienes tienen menos oportunidades de recibir habla dirigida específicamente a ellos, sobre todo en grupos numerosos. En nuestro estudio, realizado con grupos de entre 9 y 16 niños y niñas de 2-3 años, observamos diferencias claras en la participación.

En la ventana de dos segundos después de intervenir en una actividad grupal, la educadora puede responder al niño o niña directamente, contestar a otro niño o, simplemente, dirigir su respuesta al grupo en general. En los grupos grandes, quienes participan menos o tienen menor vocabulario son los que tienen menos probabilidades de recibir una respuesta individualizada.

Por ejemplo, si un niño dice “¡Lluvia!”, y la educadora responde “Sí, cayó mucha lluvia ayer, ¿te asustaste?”, está reconociendo y ampliando su intervención. Pero cuando hay muchos niños en el grupo, y especialmente si algunos tienen más iniciativa verbal que otros, estas respuestas se reparten de manera desigual.




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La importancia del énfasis y los gestos

En nuestro estudio observamos que las educadoras y educadores recurren a distintas estrategias de énfasis (como autorrepeticiones o gestos sincronizados) tanto al dirigirse a un niño o niña en concreto como al grupo entero.

Otros trabajos, en España y en otros países, muestran que la combinación de habla y gesto (cuando el adulto señala, mueve las manos o enfatiza visualmente lo dicho) resulta clave para que los niños pequeños entiendan y participen en las interacciones. A menudo, además, los gestos del adulto se sincronizan con los del niño, generando momentos especialmente ricos para el aprendizaje y la interacción.

Ahora bien, en nuestro estudio vimos que este tipo de énfasis multimodal se emplea mucho más al hablar al grupo entero que al responder a un solo niño de forma individual. Y esta diferencia se acentúa cuanto mayor es el número de niños en el aula.

El tamaño del grupo y la igualdad de oportunidades

Nuestros hallazgos muestran que, en grupos de más de diez niños y niñas de entre 1 y 3 años, la participación activa en las interacciones grupales no está garantizada, incluso con varios adultos presentes.

Esto limita sobre todo a quienes tienen un menor nivel lingüístico, que son precisamente quienes más se beneficiarían de recibir habla dirigida y respuestas individualizadas. La consecuencia es clara: menos participación implica menos oportunidades para desarrollar habilidades comunicativas. Y cuando esas oportunidades no se reparten de forma equitativa, se amplían las desigualdades desde los primeros años de vida.

Estos resultados invitan también a repensar cómo se organiza la acción educativa cuando hay más de una educadora en el aula. Contar con dos profesionales no debería reducirse a “más manos”, sino a la posibilidad real de dividir al grupo en momentos clave, favoreciendo interacciones más individualizadas, sobre todo con los niños y niñas que menos hablan. Reducir la ratio es importante, pero no basta: es necesario reorganizar tiempo y espacio para garantizar que todos puedan hablar, escuchar y ser escuchados.

The Conversation

Marta Casla Soler recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (Agencia Estatal de Investigación) con la cofinanciación de la Unión Europea, proyecto PID2021-123907NB-I00. Ella es miembro de la Universidad Autónoma de Madrid.

Ana Moreno Núñez recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia e Innovación), cofinanciados por el Fondo Social Europeo (PID2024-155267NB-I00).

Alba Torres Mendoza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué los grupos de infantil no deberían ser de más de 10 niños – https://theconversation.com/por-que-los-grupos-de-infantil-no-deberian-ser-de-mas-de-10-ninos-258205

Los neandertales también iban a la playa… y dejaban sus huellas en la arena

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Muñiz Guinea, Geólogo, Paleontólogo (Icnológía, tafonomía, paleoecología). Actualmente, Profesor Titular de la Universidad de Sevilla.., Universidad de Sevilla

Praia do Telheiro, en Portugal, donde se han encontrado huellas fosilizadas de neandertales de unos 80 000 años de antigüedad. David_Pastyka/Shutterstock

Cuando imaginamos a los neandertales, la mayoría de nosotros pensamos en cazadores cubiertos de pieles, acurrucados en cuevas y soportando el frío de la Europa glacial. Sin embargo, un descubrimiento sorprendente en la costa atlántica de Portugal está ayudando a reescribir esa imagen. Nuevas investigaciones muestran que los neandertales no solo habitaban cuevas o cazaban en el interior, sino que también iban a la playa.

En monte Clérigo y en praia do Telheiro, en la región del Algarve, se ha conservado un registro extraordinario: huellas fosilizadas de neandertales que caminaron por estas playas hace unos 80 000 años. Son huellas profundas, algunas de niños y adolescentes, congeladas en el tiempo en dunas antiguas. Juntas, ofrecen una ventana a un día en la vida de nuestros parientes más cercanos y sugieren una relación con la costa mucho más rica de lo que antes se creía.

Praia do Telheiro, en Portal, un sitio de interés geológico donde se han hallado muestras de vida neandertal.
GeoPortal. Energía y Geología de Portugal., CC BY

Huellas en la arena… durante 80 000 años

Las huellas, ahora endurecidas en roca, se conservaron gracias a una afortunada combinación de arena, humedad y tiempo. En monte Clérigo, los investigadores documentaron 26 huellas de neandertales, mientras que praia do Telheiro reveló otra huella más. Algunas impresiones son tan nítidas que se puede ver el talón, el arco y algunos dedos, especialmente el dedo gordo, como si la persona acabara de salir a caminar.

Al estudiar su forma y tamaño, los científicos pudieron incluso estimar la edad y tamaño de los individuos. Muchas pertenecían a adultos, junto a algunos niños. Esto sugiere salidas en grupo más que individuos solitarios. De hecho, un niño pequeño dejó un par de huellas: un recordatorio poderoso de que los días en la playa no eran solo para sobrevivir, sino también para jugar y explorar.

¿Por qué ir a la costa?

Entonces, ¿qué hacían estos neandertales junto al mar? Las huellas no lo dicen exactamente, pero las posibilidades son fascinantes. Las zonas costeras eran ricas en recursos: animales, mariscos, crustáceos, aves marinas e, incluso, peces o mamíferos varados. Para los cazadores-recolectores, la playa era un bufé natural.

Las huellas también sugieren movilidad y curiosidad. Los neandertales no estaban confinados a cuevas o bosques; como era de esperar, exploraban dunas, estuarios y orillas. Al aventurarse a la costa, demostraban la misma adaptabilidad que les permitió prosperar durante cientos de miles de años en paisajes muy distintos, desde la península ibérica hasta Bélgica, el norte de Francia, el sur de Inglaterra y el Cáucaso, llegando hasta los montes Altái en el sur de Siberia.

Una imagen diferente de la vida prehistórica

Durante décadas, los neandertales fueron caricaturizados como brutos, primitivos y centrados únicamente en la supervivencia. Pero descubrimientos como este desafían esa visión anticuada. Aquí los vemos no solo como cazadores de elefantes y ciervos, sino como comunidades dinámicas basadas en la familia que usaban diversos entornos.

La presencia de huellas de niños es especialmente reveladora. Pinta una escena de jóvenes neandertales corriendo por las dunas mientras los adultos caminaban cerca. Es fácil imaginar familias explorando juntas, como hacen los humanos modernos. Los valiosos fósiles encontrados congelan un momento cotidiano y fugaz, del tipo de momentos que la arqueología rara vez captura.

¿Cómo sabemos que eran neandertales?

La datación de los sitios los sitúa firmemente en la era neandertal, hace unos 80 000 años, antes de la llegada del Homo sapiens a Europa. Otros sitios con restos de neandertales e industrias líticas se encuentran en entornos costeros como Figueira Brava (Portugal), la costa andaluza en Matalascañas (Huelva), Gibraltar y algunos otros lugares de la costa mediterránea de España. En conjunto, la evidencia es sólida: estas son huellas de neandertales y muestran la presencia de grupos familiares a lo largo de la costa ibérica.

Ocupaciones neandertales en el litoral central catalán. Museo Arqueológico Nacional de España.

Por qué esto importa

El descubrimiento tiene grandes implicaciones. Por un lado, se suma a la creciente evidencia de que los neandertales aprovechaban entornos y recursos costeros. Los concheros en sitios como Figueira Brava (cerca de Lisboa), las cuevas de Vanguard y Gorham (Gibraltar) o la cueva Bajondillo (Málaga) ya sugerían mariscos en su dieta, pero las huellas proporcionan una evidencia mucho más directa: ellos realmente caminaron allí.

También desafía estereotipos sobre el comportamiento neandertal. Lejos de estar atrapados en el interior, interactuaban activamente con los paisajes marinos. Esta versatilidad pudo haberles ayudado a soportar los cambios climáticos durante los interglaciares y glaciares, hasta la la Edad de Hielo, el último periodo glacial que ha acontecido en la historia geológica de la Tierra.

Finalmente, hay un impacto emocional. Las huellas son poderosas porque nos conectan directamente con individuos. A diferencia de herramientas de piedra o huesos, muestran comportamiento en movimiento: alguien caminando, parado o corriendo, en un lugar y tiempo específicos. Salvan el abismo de milenios de una forma que pocos otros fósiles pueden.

Praia do Telheiro, en Portugal.
Puyol/Wikiloc., CC BY

Caminando en sus huellas

Nuestra especie, Homo sapiens, eventualmente se extendió por Europa y coexistió con los neandertales durante miles de años antes de que desaparecieran hace menos de 40 000 años. Hoy, muchos de nosotros todavía llevamos rastros de ADN neandertal. Descubrimientos como los de monte Clérigo y praia do Telheiro nos recuerdan cuánto compartimos con ellos: no solo genes, sino también comportamientos, paisajes y, quizá, la simple alegría de un día en la playa.




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La próxima vez que pasee por una orilla arenosa durante las vacaciones, considere esto: mucho antes del turismo de playa, mucho antes de los pueblos pesqueros, hasta antes de que nuestra especie llegara a Europa, las familias neandertales ya estaban allí. Los adultos caminaban delante, quizás para cazar, sus pasos más pesados hundiéndose en la arena mientras subían la duna. Los niños seguían, dejando pequeñas huellas juguetonas. La marea subía y bajaba, el nivel del mar cambiaba, las dunas se desplazaban, pero de alguna manera, con casi ninguna probabilidad, esas huellas perduraron.

Ochenta milenios después, resurgen para contarnos una historia: los neandertales eran tan exploradores, sobrevivientes y amantes de la playa como nosotros.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los neandertales también iban a la playa… y dejaban sus huellas en la arena – https://theconversation.com/los-neandertales-tambien-iban-a-la-playa-y-dejaban-sus-huellas-en-la-arena-263686

‘Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra’: el libro que retrata la destrucción de Gaza y el consentimiento de Occidente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clare Corbould, Associate Professor of History and Associate Head (Research) of the School of Humanities and Social Sciences, Deakin University

Omar El Akkad no quiere que usted aparte la mirada. Reputado periodista y novelista, El Akkad nació en Egipto, vivió durante su adolescencia en Catar y Canadá, y emigró de adulto a los Estados Unidos, donde ahora vive con su familia en la costa noroeste del Pacífico.

Su colección de ensayos, Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra, se inspira en su vida, desde la infancia hasta su reciente paternidad. Combina estas reflexiones con un agudo conocimiento de la historia moderna para examinar las respuestas de Occidente al “primer genocidio retransmitido en directo del mundo” en Gaza. Al considerar esa respuesta insuficiente, insta a los lectores a observar, escuchar, reflexionar y actuar.

Como hijo de padres que emigraron a Occidente en busca de la libertad y las oportunidades que este ofrecería a sus hijos, El Akkad tiene un agudo sentido de los acontecimientos, las ideas y las estructuras del pasado que han dado forma al presente. Presta especial atención al legado del dominio colonial.

Testigo de la historia

Portada del libro de Omar El Akkad que se titula 'Algún día -cuando no entrañe riesgo alguno, cuando podamos llamar a las cosas por su nombre, cuando sea demasiado tarde para exigir responsabilidades- todo el mundo habrá querido estar siempre en contra'.

Libros del Kultrum

Las descripciones que hace El Akkad de las atrocidades no son fáciles de leer. Tampoco lo es su contundente exigencia a hacer algo. Sin embargo, la fuerza de sus observaciones y la mordacidad de su prosa hacen que sea difícil apartar la mirada.

Su propósito es similar al de muchos testigos famosos de la historia. Las declaraciones contemporáneas sobre la violencia suelen servir más tarde como testimonio para determinar qué ocurrió, quién fue el responsable y qué compensación se debe pagar.

Pensemos en George Orwell reflexionando sobre la propaganda en España. O en los periodistas británicos Gareth Jones y Malcolm Muggeridge, que denunciaron la hambruna en la URSS de los años 30, mientras muchos comunistas occidentales miraban para otro lado. O los diarios de Victor Klemperer, publicados después de la guerra, que relataban cómo los nazis tergiversaban el lenguaje cotidiano.

Por encima de todo, este tipo de testimonios protegen contra futuras afirmaciones de inocencia, contra la tranquilizadora afirmación de que “no sabían lo que estaba pasando” o “eran producto de su época”.

El fuego y la furia de El Akkad también me trajeron a la memoria a la periodista estadounidense Ida B. Wells. En la década de 1890, Wells atacó ferozmente los linchamientos en su propio periódico, el Memphis Free Speech. Investigó casos concretos de violencia ritualizada por parte de las masas.

Wells también catalogó la forma en que los medios de comunicación contaban esas historias. Medían sus palabras para proteger a los autores, mientras mancillaban la reputación de los fallecidos, a quienes siempre nombraban.

El Akkad también presta mucha atención a la forma en que se enmarca y se describe la violencia en Gaza. Observa cómo los periodistas utilizan la voz pasiva, lo que no solo oculta los nombres de los asesinos, sino que da a entender que la muerte masiva se produjo por accidente o por arte de magia: “Periodista palestino herido en la cabeza por una bala durante una redada en la casa de un sospechoso de terrorismo”, rezaba un titular de The Guardian.

Tanto Wells como El Akkad muestran cómo las víctimas de la violencia racista y colonial son presentadas como culpables de antemano. En el caso de los linchamientos, el pretexto solía ser una acusación de violación, aunque rara vez ese era el verdadero motivo. Mucho más comunes eran las disputas entre hombres por la tierra, los salarios, la organización laboral, la competencia empresarial o las campañas de votación.

En el caso de Gaza, muchos medios de comunicación imitan las afirmaciones de los políticos israelíes, su ejército y los aliados de ambos. Así tachan a los civiles de terroristas o terroristas en potencia, incluso a los niños. Las palabras limpian la conciencia de los espectadores. Blanquean el daño como si fuera dinero en efectivo.

Formas de resistencia

Como reza el título del libro, que comenzó su andadura como un tuit viral, “algún día, todo el mundo habrá estado siempre en contra de esto”.

Al ser testigo de las atrocidades y las respuestas cobardes, El Akkad recuerda a los lectores liberales que, si lo ocurrido en Gaza hubiera sucedido en el pasado, condenarían la violencia. Es más, imaginarían que, si hubieran estado vivos en ese momento, se habrían resistido firmemente al mal o incluso habrían adoptado una postura heroica en su contra.

Además de diagnosticar el problema, El Akkad examina y evalúa las formas de resistir lo que está sucediendo en Gaza. Descarta como ineficaz el antiguo llamamiento al interés propio de los occidentales. Señalar que los horrores que permiten en otros lugares acabarán llegando a ellos simplemente no funciona.

Sus ensayos fueron escritos entre el ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023 y agosto de 2024, cuando la campaña presidencial estadounidense estaba en pleno apogeo. Gran parte de su energía se dedica a abordar el debate sobre “el menor de dos males” en relación con el voto en una democracia en la que las opciones son la extrema derecha y, como mucho, el centro ligeramente a la izquierda. Solo desde una posición relativamente protegida, observa, se podría votar al Partido Demócrata con el argumento de que el otro bando “sería mucho peor”.

Según El Akkad, defender esta postura equivale a aceptar tácitamente la muerte masiva. Lo denomina “aceptación reticente del genocidio” y pide a los liberales de Estados Unidos (y, por extensión, de otras democracias occidentales) que examinen sus conciencias.

La medida correctiva que propone El Akkad es la negación generalizada, o “alejarse”. La gente, en masa, debe negarse a aceptar que las escasas promesas de los partidos políticos menos conservadores son las mejores opciones disponibles.

Esto requerirá sacrificios. El Akkad ofrece ejemplos de personas a las que admira: el escritor que rechazó un premio de una organización que había guardado silencio sobre Gaza; el profesor lo suficientemente valiente como para hablar con sus alumnos adolescentes sobre la intolerable tasa de mortalidad de niños y civiles (no “no combatientes”). De forma más cruda, escribe sobre Aaron Bushnell, el veterano de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, cuyas últimas palabras antes de prenderse fuego frente a la embajada israelí en Washington D. C. fueron “Palestina libre”.

Violencia sistemática

Al igual que Wells, El Akkad vincula la violencia sistemática con las estructuras que sustentan el mundo moderno. La principal de ellas es el capitalismo. Sugiere que el cambio real llegará cuando un número suficiente de nosotros, por usar la vieja jerga de los años sesenta, “abandonemos”, aunque él prefiere la palabra “negación”, un término que implica que hay algo a lo que oponerse.

Omar El Akkad.
Text Publishing

Es hora, argumenta, de que los ciudadanos occidentales bien educados digan “basta”. Nuestros teléfonos son lo suficientemente inteligentes; somos (colectivamente) lo suficientemente ricos y estamos lo suficientemente saciados.

Puede que al principio resulte difícil, pero aprenderemos que “quizás no sea tan complicado evitar pedir café, descargar aplicaciones y comprar hummus con sabor a chocolate de empresas que toleran la matanza”.

Hacerlo podría detener un genocidio. Con el tiempo, este tipo de acción colectiva también podría detener otras calamidades inminentes, entre ellas el colapso climático. El enfoque constante de El Akkad a lo largo del libro en la muerte, las mutilaciones y los daños psíquicos inconmensurables que sufren los niños de Gaza hace que este caso parezca urgente.

Si esa urgencia suena exagerada, El Akkad podría preguntarle qué niños tenía en mente cuando se estremeció ante su diagnóstico. Es probable que su reacción dependa de la ubicación, el color y la riqueza de los niños que tiene en la cabeza.

En una de las frases más impactantes del libro, El Akkad pregunta: “¿Cómo se completa la frase: ‘Es lamentable que hayan muerto decenas de miles de niños, pero…’?”. Tras eso, sugiere que es mejor que todos nos comportemos según la afirmación: “No existen los hijos ajenos”.

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Clare Corbould no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra’: el libro que retrata la destrucción de Gaza y el consentimiento de Occidente – https://theconversation.com/algun-dia-todo-el-mundo-habra-querido-estar-siempre-en-contra-el-libro-que-retrata-la-destruccion-de-gaza-y-el-consentimiento-de-occidente-263973

Europa frente al desafío del agua: hacia una estrategia común de resiliencia hídrica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Molinos Senante, Investigadora postdoctoral Instituto de Procesos Sostenibles, Universidad de Valladolid

Quintanilla/Shutterstock

Desde la Roma antigua, el agua ha sido sinónimo de civilización. Los acueductos, termas y sistemas de distribución romanos no solo garantizaron la supervivencia de una sociedad floreciente, sino que también demostraron el papel central de este recurso en el desarrollo económico y cultural.

Hoy, dos milenios después, nuestra realidad no es tan diferente: medio ambiente, economía, seguridad alimentaria, energía y calidad de vida siguen dependiendo de un suministro de agua estable y de calidad. Sin embargo, el crecimiento demográfico, los cambios socioeconómicos y el cambio climático están poniendo en riesgo la seguridad hídrica de millones de europeos.

Las proyecciones son especialmente preocupantes para el sur del continente. En España se estima que la disponibilidad de agua podría reducirse hasta un 40 % en algunas cuencas hidrográficas. Si la temperatura global aumenta 1,5 °C, la población europea que vive en condiciones de escasez pasaría de los 51,9 millones actuales a 64,6 millones. En el caso español, el número crecería de 22,4 a 32,7 millones de personas.

El otro gran desafío son las inundaciones, el desastre natural más frecuente en Europa. Los episodios recientes, como la dana en Valencia, evidencian la magnitud del problema. Hoy, una décima parte de la población urbana europea vive en zonas con riesgo potencial de inundación.




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Tres principios para afrontar la crisis hídrica

Ante este panorama, la Comisión Europea aprobó en junio de 2025 la Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica, cuyo objetivo es construir una Europa más preparada frente a la crisis hídrica. Y se articula en tres ejes:

  1. Restaurar y proteger el ciclo hidrológico.

  2. Impulsar una economía hidrointeligente que combine competitividad y sostenibilidad.

  3. Garantizar el acceso universal a agua limpia y asequible. En definitiva, Europa reconoce que el agua ya no puede darse por sentada: requiere planificación, inversión y, sobre todo, una respuesta conjunta y solidaria.

La Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica propone un ambicioso programa de acción que combina nuevas regulaciones, planificación a largo plazo y desarrollo tecnológico. Sin embargo, su verdadero valor reside en la capacidad de articular políticas y acciones multisectoriales, trasladando la gestión hídrica más allá del ámbito medioambiental.

Agricultura, industria, energía, transporte y urbanismo deben trabajar de forma coordinada para reducir la presión sobre los recursos, fomentar el uso eficiente, acelerar la innovación tecnológica y promover la circularidad.

Esta iniciativa supone un avance significativo en la gobernanza del agua al reconocerla como un bien común indispensable para la salud pública, la seguridad alimentaria, la energía, la cohesión social y la competitividad económica. Sin embargo, su éxito dependerá en gran medida de cómo se afronten una serie de obstáculos estratégicos, institucionales y técnicos.




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Los desafíos en la resiliencia hídrica

Entre los principales retos destaca la naturaleza no vinculante de algunos objetivos, como la meta de reducir el consumo de agua en un 10 % para 2030. Asimismo, la fragmentación institucional y legislativa de la Unión Europea complica la coherencia en su aplicación.

Las directrices europeas deben traducirse eficazmente en políticas nacionales coordinadas. Sin embargo, la capacidad administrativa es divergente en los países europeos. El desafío financiero es otro reto importante. La Comisión Europea estima una necesidad de 23 000 millones de euros al año para modernizar infraestructuras y fomentar la reutilización del agua. Sin embargo, garantizar inversiones privadas y públicas sostenidas requerirá mecanismos financieros robustos y confianza regulatoria.

En este contexto, para que la estrategia cumpla su propósito, es indispensable fortalecer la gobernanza multinivel, asegurar financiación sostenible, fomentar colaboraciones público-privadas y adaptar las acciones a la diversidad regional.

Ante un clima cada vez más extremo y sistemas hídricos frágiles, solo un enfoque coherente, participativo y financiero sólido puede consolidar la resiliencia hídrica en toda Europa.

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María Molinos Senante no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Europa frente al desafío del agua: hacia una estrategia común de resiliencia hídrica – https://theconversation.com/europa-frente-al-desafio-del-agua-hacia-una-estrategia-comun-de-resiliencia-hidrica-261246