Los antecedentes en América Latina del ataque estadounidense a Venezuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Torres Aguilar, Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones y director de la Cátedra UNESCO de Resolución de Conflictos, Universidad de Córdoba

El general Eduardo Noriega, custodiado por agentes de la DEA tras su detención el 3 de enero de 1990, en el transcurso de la invasión estadounidense de Panamá (20 de diciembre de 1989-31 de enero de 1990). Wikimedia Commons, CC BY

Está de moda estos días escribir sobre la Doctrina Monroe, formulada en 1823 por James Monroe, el quinto presidente de los Estados Unidos, que advertía contra la colonización o intervención las nuevas naciones americanas y proclamaba: “América para los americanos”. Y hay motivos para ello.

La extracción del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de fuerzas especiales estadounidenses el 3 de enero de 2026 es una nueva fase de la vieja doctrina Monroe. Ahora, esta política exterior se enmarca en el reposicionamiento geoestratégico estadounidense para hacerse de nuevo con el control de su región y, sobre todo, para que el petróleo venezolano no siga fluyendo hacia Rusia y China.

Espíritu expansionista

Tras la independencia de sus trece colonias fundacionales, en 1770, Estados Unidos tuvo la necesidad de un espacio de influencia que garantizase el futuro expansionista de un proyecto político que iba más allá de la separación de Inglaterra.

Si en un principio no hubo un afán imperialista, poco después comenzó la ocupación de tierras para la agricultura, ganando territorios a los indígenas (y también a los colonizadores franceses). La acumulación de capital, la naciente industrialización y la doctrina del “Destino manifiesto” (que les faculta para ir ganando terreno al oeste de su territorio) fructifican y fortalecen un ideal de expansión constante.

Luego, la debilidad institucional, social y política de México permitió la colonización de Texas, California y otros territorios del antiguo virreinato de Nueva España por parte de Estados Unidos.

Imperialismo estadounidense en América

El relato imperialista de EE. UU. ha ido cambiando con el discurrir de la historia. Un argumento útil para expoliar a México a principios del XIX fue la defensa de los derechos de sus colonos y del libre comercio. El marco doctrinal formulado inicialmente por Monroe pretendía el “noble” objetivo de evitar que las potencias europeas mantuviesen su hegemonía en la región, una vez desaparecido el dominio colonial.

Nada más loable que dejar que los países americanos rigiesen su nuevo futuro. Pero, en ese escenario, las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas seguían representando la presencia europea en lo que ya Estados Unidos consideraba su espacio vital.

La guerra hispano-estadounidense de 1898, a cuenta de la independencia de Cuba, marcó el fin del siglo XIX. Si ya entonces Estados Unidos se postulaba como candidato al dominio global, aún debía demostrar su control sobre su espacio circundante. La presunta independencia de Cuba fue un primer ejemplo de control político e institucional sobre un país a través de sus instituciones y de su propia Constitución.

Ocho años después del estallido de la guerra de independencia de Cuba, la situación política de la isla no era del todo favorable a las aspiraciones estadounidenses y por ello la ocuparon nuevamente. En ese mismo período, apoyaron que Panamá, entonces un departamento colombiano, se separase de Colombia. Así favorecieron la construcción del canal bajo su hegemonía.

En 1916, y hasta 1924, ocuparon militarmente la República Dominicana con el argumento del incumplimiento de pagos. El objetivo real era sofocar un movimiento insurgente que pretendía establecer un régimen fuera del control comercial y político de EE. UU. Los marines estadounidenses volverían en 1965, tras el asesinato del dictador Trujillo, para garantizar la estabilidad del país.

De nuevo la protección de sus intereses y ahuyentar la influencia europea sirvieron de excusa para ocupar militarmente Haití desde 1915 hasta 1934, y Nicaragua desde 1912 hasta 1933, con el objetivo de proteger un presunto proyecto de canal.

Tras este período de intenso intervencionismo militar en “la América para los americanos”, vino un cierto relajamiento ocasionado por la participación estadounidense en la Segunda Guerra Mundial.

Imperialismo en tiempos de Guerra Fría

La Guerra Fría abrió una nueva etapa en la que mostrar la hegemonía estadounidense en su “patio trasero”. En 1954, Jacobo Árbenz, presidente democráticamente elegido en Guatemala, propició una reforma agraria contraria a los intereses de la United Fruit Company. Ese fue motivo suficiente para declararlo comunista y apoyar un golpe de estado orquestado por la CIA.

En 1961, grupos de cubanos exiliados, armados por el gobierno de Estados Unidos, intentaron invadir la isla desembarcando en Bahía de Cochinos. Aunque fue un sonoro fracaso, la invasión supuso un nuevo empuje a la política intervencionista estadounidense en América Latina, con el argumento de proteger sus intereses y evitar el comunismo cerca de sus fronteras.

Cuatro años después (1965) se produjo una nueva invasión militar en República Dominicana para evitar el triunfo de la izquierda.

Sin necesidad de ocupación militar, pero con el apoyo estratégico de una parte del ejército de Chile, encabezado por el general Augusto Pinochet, en 1973 se puso fin al gobierno democrático de Salvador Allende. El argumento fue, de nuevo, el peligro del triunfo del marxismo en la región, aunque otro objetivo claro era la protección de los intereses sobre el cobre de las empresas mineras estadounidenses.

Diez años después, en 1983, de nuevo el riesgo del marxismo sirvió como argumento para invadir la isla caribeña de Granada.

El colofón del siglo XX lo marcó la invasión a Panamá (Operación Causa Justa, 1989) con el objetivo de acabar con el dictador Manuel Noriega, al que EE. UU. acusaba de favorecer el nacotráfico.

A estas intervenciones directas habría que añadir otras más taimadas, pero no menos evidentes: desde el apoyo a las dictaduras del Cono Sur en los setenta y los ochenta, al de los gobiernos autoritarios de Centroamérica durante sus guerras civiles en ese mismo periodo.

¿Por qué Venezuela ahora?

Cabe preguntarse por qué Estados Unidos ha tolerado un régimen dictatorial en Venezuela durante apenas un cuarto de siglo mientras que Cuba va ya para más de sesenta años de bloqueo sin una intervención militar directa. Podría decirse que durante la Guerra Fría no era posible. Pero ¿y después? La respuesta: Cuba no tiene petróleo.




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A estas alturas ya nadie cree que la defensa de la democracia y los derechos humanos sean el eje vertebrador de estas acciones. Si así fuera, hay muchos otros países con sus derechos mermados. Sin embargo, sus regímenes no solo son legitimados sino que, además, participan en acuerdos económicos, militares y políticos con los Estados Unidos de Norteamérica.

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Manuel Torres Aguilar no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los antecedentes en América Latina del ataque estadounidense a Venezuela – https://theconversation.com/los-antecedentes-en-america-latina-del-ataque-estadounidense-a-venezuela-272662

¿Cuál es el futuro del poder en Venezuela?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tulio Alberto Álvarez-Ramos, Profesor/Investigador Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Católica Andrés Bello. Jefe de Cátedra de Derecho Constitucional de la Universidad Central de Venezuela, Universidad Católica Andrés Bello

La vicepresidenta Delcy Rodríguez encabeza una “reunión de urgencia” tras el ataque estadounidense el 3 de enero de 2026. Prensa Presidencia de Venezuela

La captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos marca un punto de inflexión en la historia contemporánea de Venezuela. El guion del ataque parte de los cargos que el Departamento de Justicia presentó por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, posesión de armas de guerra y conspiración para poseer dispositivos destructivos, bajo la justificación de una orden judicial del Southern District of New York (SDNY), tribunal que adelanta la investigación desde 2020.

La acusación describe un entramado de corrupción que, durante más de dos décadas, vinculó a altos funcionarios venezolanos con las FARC, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y carteles como Sinaloa y Los Zetas. La captura no surge de la nada: es la culminación de un proceso judicial que ya había delineado la responsabilidad penal de Maduro y su círculo más cercano.

Además, la narrativa opositora se centra en que la detención abre una oportunidad inédita para la transición política, por lo que María Corina Machado añadió que “Maduro desde hoy enfrenta la justicia internacional por los crímenes atroces cometidos”.

Intervención ilegítima y responsabilidad internacional

La operación militar estadounidense plantea interrogantes fundamentales en el derecho internacional. Bajo la óptica del régimen venezolano, el ataque a sus instalaciones militares constituye un acto de guerra y una violación de la soberanía nacional. Desde la perspectiva de Washington, se trató de la ejecución de una orden judicial vinculada a delitos transnacionales y el uso de la fuerza fue presentado como una acción legítima para proteger a los funcionarios federales. Sin embargo, las declaraciones inmediatas de Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio sugieren un objetivo político más amplio.

Rueda de prensa del gobierno estadounidense tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026. Fuente: The White House, YouTube.

Al principio de no intervención, consagrado en la Carta de la ONU, se contrapone la responsabilidad por narcoterrorismo. Estados Unidos justifica la operación bajo la necesidad de combatir amenazas directas a su seguridad nacional. En paralelo, instrumentos como la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares y el Convenio de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes refuerzan la idea de que los Estados tienen deberes de cooperación en la persecución de delitos transnacionales. Esa cooperación se vuelve imposible cuando uno de los Estados es considerado “forajido”.

La tensión entre soberanía y seguridad internacional se convierte en el eje jurídico de la crisis: ¿puede un Estado intervenir militarmente para capturar al jefe de otro Estado acusado de narcoterrorismo? La respuesta no está escrita en tratados, pero sí en la práctica política y en la fuerza de los hechos.

¿Quién gobernará Venezuela?

La complejidad del escenario es máxima. Por un lado, el alegato sustantivo es que Nicolás Maduro cometió un fraude que revirtió el resultado del proceso electoral del 28 de julio de 2024, en el cual resultó electo Edmundo González con el apoyo de María Corina Machado y Corina Yoris, inhabilitadas por maniobras del Consejo Nacional Electoral. Esto implicaría la ilegitimidad de origen del Gobierno de Maduro.

Por otro lado, al juramentarse Maduro el 10 de enero de 2025, su captura genera una situación inédita que tratará de ser subsumida en el artículo 233 de la Constitución venezolana. La norma establece que la falta absoluta del presidente debe ser suplida por el vicepresidente ejecutivo –en este caso, Delcy Rodríguez–, lo que implicaría la continuidad política del régimen.

En paralelo, el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, denuncia una agresión contra la soberanía nacional, aunque sin la compañía del alto mando militar como suele ser su costumbre. Por su parte, el ministro de Relaciones Interiores, Diosdado Cabello, apareció acompañado de cuerpos paramilitares, lo que constituye el mayor riesgo de violencia interna.

Un escrito apócrifo anunció el estado de excepción por conmoción externa, con el objetivo de centralizar el poder y proyectar la imagen de “control total de la situación”. Así, la gobernanza de Venezuela queda atrapada entre la legalidad constitucional y la lógica de facto de un régimen que intenta sobrevivir sin su líder principal.

El impacto regional

La connotación internacional del ataque contra instalaciones militares venezolanas y la captura de Maduro es indudable. En su rueda de prensa, Trump afirmó que Estados Unidos “gobernará Venezuela hasta que pueda llevarse a cabo una transición pacífica, adecuada y juiciosa”, y advirtió que una segunda oleada de ataques “mucho mayor” está lista, por si fuese necesaria. Además, señaló que la transición será liderada por un equipo integrado por su secretario de Estado, Marco Rubio, y el jefe del Pentágono, Peter Hegseth, en colaboración con la oposición venezolana.

Las declaraciones se extendieron hacia Colombia y Cuba. Trump advirtió que el presidente Gustavo Petro debía “cuidarse el trasero”, acusándolo de producir la cocaína que llega a Estados Unidos. Petro respondió a esta declaración calificando la operación como un “ataque a la soberanía” de América Latina y alertó sobre una crisis humanitaria aun mayor en Venezuela.

La captura de Maduro, por tanto, no solo redefine la política venezolana, sino que reconfigura la geopolítica regional, con tensiones directas entre Washington y Bogotá, y dejando en el aire la suerte de Cuba y Nicaragua.

Transición o violencia: el dilema de 2026

Los días inmediatamente siguientes a la captura serán críticos. Según la narrativa oficial estadounidense, la apertura hacia una transición democrática, forzada por la Administración Trump, no admite negociación, pero las formas pueden desencadenar un ciclo de violencia permanente. La neutralización de los grupos paramilitares y la posible fractura de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana determinarán el desenlace.

La presión internacional es ambivalente: la mayoría de los gobiernos democráticos del mundo apoyan el resultado del 28-J y reconocen como presidente a González. Mientras, regímenes autoritarios como Cuba y Nicaragua, potencias globales como Rusia y China, y fundamentalismos como Irán y Corea del Norte, respaldan al régimen de Maduro.

Los factores democráticos insisten en que ésta es la oportunidad para la restauración democrática de Venezuela. Sin embargo, el riesgo de enfrentamientos internos y de una crisis humanitaria aún mayor es real. La gobernanza de Venezuela se encuentra en un terreno incierto, donde la legalidad constitucional se diluye y la fuerza de los hechos se entrelaza con la anarquía.

El desenlace aún no escrito

Venezuela entra en 2026 en la más absoluta incertidumbre. El tiempo del chavismo se agotó. No hay desenlace escrito, pero sí una certeza: el sistema autoritario no puede sostenerse y está bajo la amenaza de un segundo y definitivo ataque por parte de Estados Unidos. El desenlace ya implica una ruptura, aunque existen dos elementos indefinidos: el nivel de violencia y el grado del protectorado anunciado por Trump.

El problema no es si habrá cambio, sino cómo sucederá y a qué costo. La captura de Maduro abre una ventana inédita para la justicia internacional y la transición política, pero también expone al país a riesgos de violencia y fragmentación. La historia de Venezuela se redefine en tiempo real. Una tragedia que comenzó con el desmontaje institucional ejecutado por Hugo Chávez Frías, que utilizó contra la democracia los propios mecanismos democráticos.

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Tulio Alberto Álvarez-Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Lo que era una operación contra el narcotráfico en el Caribe acaba con la captura de Maduro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Diego Molina Méndez, Investigador del Instituto Cultura y Sociedad, Universidad de las Hespérides

Imagen del ataque estadounidense a Caracas esta madrugada. RTVE

Desde que a finales del mes de octubre pasado el Gobierno estadounidense anunciara la Operación Lanza del Sur había gran expectativa sobre su resultado final. En teoría, el objetivo era detectar y acabar con las redes de tráfico de drogas por vía marítima; en la práctica, esto se traducía en la intervención contra lo que se conoce como el Cártel de los Soles en Venezuela.

Esto significaba tomar acciones directas contra líderes políticos y militares del régimen venezolano, quienes desde las instituciones han colaborado activamente en el tráfico de estupefacientes desde Venezuela y en colaboración con grupos criminales colombianos como el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Un Nobel a la oposición

A lo largo de estos dos últimos meses se movieron de manera simultánea diversas piezas que hacían presagiar un movimiento cuidadosamente orquestado. Uno de los eventos más llamativos fue el otorgamiento a María Corina Machado del Premio Nobel de la Paz, luego de su lucha por la recuperación de la democracia en Venezuela.




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La historia de la líder opositora llegó a su culmen el 10 de diciembre pasado, cuando gracias a una cuidadosa extracción, consiguió escapar de la persecución y presentarse en Oslo para recoger el galardón. Esta jugada contribuyó a demostrar ante el mundo que la oposición estaba viva y contaba con numerosos apoyos internacionales, alejando los fantasmas de intentos pasados de liberación, como el dirigido por Juan Guaidó (2019-2023).

Acusado de narcoterrorismo

Ante la creciente presión internacional, Nicolás Maduro buscó comprar tiempo ofreciendo una salida pactada. Sin embargo, esta opción fue desechada por la diplomacia estadounidense ante la posibilidad de que el dictador violara el acuerdo, como ya ocurrió con los Acuerdos de Barbados de 2023. Después de que fallara la vía diplomática, el Gobierno estadounidense debió diseñar una operación que no recordara a las invasiones de Irak y Afganistán en 2003 y que derivaron en guerras interminables y de gran costo humano y económico.




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El ataque lanzado en la madrugada del 3 de enero de 2026 por Estados Unidos contra los principales centros de poder del ejército venezolano se caracterizó por realizarse con la participación de funcionarios policiales estadounidenses, además de las fuerzas especiales, con el objetivo de hacer cumplir una orden de captura que pesaba sobre Nicolás Maduro desde 2020 por conspiración narcoterrorista. De esta manera, el gobierno de Estados Unidos evitó tener que hacer una declaración de guerra formal, para la que habría necesitado la aprobación del Congreso. Además, así pudo justificar la operación como la forma de hacer cumplir el mandato de las instituciones federales y no como un acto de guerra.

También hay que tener en cuenta la declaración lanzada por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien, tras la operación, señaló que Maduro no es el presidente legítimo de Venezuela, subrayando así la acusación de narcotráfico y buscando aplacar las reacciones de la comunidad internacional.

Fotografía de Nicolás Maduro capturado, a bordo del buque estadounidense USS Iwo Jima.

Ahora que el dictador venezolano ha sido trasladado a Estados Unidos deberá hacer frente a un juicio en donde uno de los testigos más importantes puede ser Hugo el Pollo Carvajal, antiguo director de la inteligencia militar del régimen y quien desde su deserción ha venido colaborando con las investigaciones de la justicia estadounidense sobre el régimen bolivariano.

Las implicaciones de la caída de Maduro van más allá de las fronteras venezolanas. Venezuela era un socio clave para el sostenimiento de Cuba, Nicaragua e Irán (a cuyo régimen el régimen chavista ha financiado con casi 8 000 millones de dólares, contribuyendo al financiamiento de su controvertido programa nuclear), y una profusa red de aliados a lo largo y ancho de Europa y América Latina.




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Aunque Maduro haya sido arrestado, la transición democrática de Venezuela no está asegurada. Ahora llega el momento crítico en el que se debe pacificar un país en shock. A estas alturas es innegable que Edmundo González y María Corina Machado tienen los apoyos internacionales necesarios para reconstruir la democracia venezolana, y gozan también el apoyo de los ciudadanos que votaron mayoritariamente por su plataforma en las elecciones del 28 de julio de 2024.

No obstante, ahora deberán resolver rápidamente el vacío de poder que hay en el país, y llegar a consensos con los funcionarios, militares y ciudadanos que habían aprendido a vivir bajo la protección del régimen chavista.

De vuelta el patio trasero

En lo que a Estados Unidos se refiere, esta operación significa la aplicación sin paliativos de esa Doctrina Monroe que parecía una cosa del pasado y que, en la recién publicada Estrategia de Seguridad Nacional, el Gobierno de Trump prometió fortalecer. Washington retoma así su viejo interés en mantener su área vital fuera de la influencia de otras potencias y fomentar la colaboración estrecha con aquellos gobiernos que se alineen con las políticas estadounidenses, tal como ha dejado claro con el Gobierno de Javier Milei, en Argentina. De esta manera, Washington busca asegurar su supervivencia en términos políticos y de recursos naturales y energéticos.

Son muchas las piezas que quedan por encajar, y de momento no está claro el resultado del rompecabezas geopolítico y son más preguntas que respuestas las que hay sobre el tablero. Lo que sí está claro es que la caída de Maduro y el eclipse del Cártel de Los Soles traerá una nueva era en la geopolítica en donde Estados Unidos busca de nuevo un rol protagónico que garantice su estabilidad en un mundo cada vez más inestable

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Juan Diego Molina Méndez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Lo que era una operación contra el narcotráfico en el Caribe acaba con la captura de Maduro – https://theconversation.com/lo-que-era-una-operacion-contra-el-narcotrafico-en-el-caribe-acaba-con-la-captura-de-maduro-272665

El nuevo orden mundial trumpista comienza a tomar forma en Venezuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Luis Manfredi, Prince of Asturias Distinguished Professor @Georgetown, Universidad de Castilla-La Mancha

En el reverso del billete de dólar, la frase Novus Ordo Seclorum (nuevo orden secular) anticipa la clave de la nueva doctrina de seguridad estadounidense. El ataque contra Venezuela y la incierta captura del presidente Nicolás Maduro confirman el final del orden liberal, si es que alguna vez existió, y el desanclaje de los Estados Unidos de Trump del orden internacional basado en las normas.

El amanecer del nuevo orden internacional se construye hoy sobre el uso de la fuerza, el revisionismo y la seguridad en el continente. Apunto cinco consecuencias de la intervención militar, cinco dimensiones de análisis del nuevo orden.

1. Un poder presidencial expansivo

El ataque corona la nueva doctrina de un presidente imperial, que ejecuta órdenes sin esperar la aprobación del Congreso, la validación jurídica o la opinión de los medios. El double-check se diluye por el expansionismo del poder presidencial. La segunda administración Trump entiende el nuevo orden bajo una óptica de seguridad: una nación en guerra contra el narco (o las migraciones) y amenazada por las nuevas potencias, eufemismo de China, que no respeta los procedimientos ni los tiempos.

Trump se autoidentifica con presidentes estadounidenses históricos y fundacionales: George Washington (1789), Abraham Lincoln (1861) y Franklin Delano Roosevelt (1940). Los tres fueron presidentes carismáticos y el 250 aniversario de la república cuadra con esta narrativa cesarista.

La erosión del sistema político y jurídico es un hecho. El presidente ha aprobado un paquete extenso y variado de normas que abonan las ideas de poder de emergencia, estado de crisis permanente y ahogo de la oposición y el sistema judicial. El ataque a Venezuela es otro hito más en la reconfiguración de las relaciones de la presidencia con los brazos legislativo y judicial del poder, en línea con la tradición hamiltoniana de un poder ejecutivo fuerte y unificador.

2. ¿América para los estadounidenses?

En la esfera internacional, el ataque a Venezuela avanza un modo diplomático basado en la defensa del interés nacional en el hemisferio. Ha vuelto con fuerza la concepción de “América para los americanos(estadounidenses)”: Panamá, México o Canadá empujados a plegarse al mandato trumpista. Y EE. UU. reclamando la soberanía sobre Groenlandia.

En la región, mientras que Brasil y Colombia lideran la oposición regional, el nuevo Chile de Kast y la Argentina de Milei son aliados ideológicos. En el continente se anuncia un viraje hacia las derechas nacionalistas, identitarias y contrarias a la migración.

En Caracas, si la transición se alinea con estos valores, desaparecerá cualquier esperanza de unidad nacional y transición pacífica hacia una democracia plena.




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3. Dominar los recursos

El petróleo. Otra vez, pero por distintas causas. Las infraestructuras, los puertos o los minerales reflejan el cambio de la globalización hacia la geoeconomía. Estados Unidos quiere proyectar su poder en los mercados y la regulación de la energía.

El control del petróleo venezolano, más que suministrar recursos al mercado doméstico, tiene como objetivo imponer precios y dominar la oferta. Los nuevos Estados Unidos alinean soberanía energética, desarrollo tecnológico, comercio y seguridad.

El modelo de Pax Silica, la alianza internacional firmada a finales de 2025 y liderada por Estados Unidos para asegurar las cadenas de suministro de tecnologías críticas como los semiconductores y la IA, inaugura la era de la diplomacia transaccional, chips a cambio de minerales. A la nueva Venezuela, utilizar sus reservas de hidrocarburos le permitirá participar en el nuevo juego de poder.

4. Reacomodo geopolítico

La mirada estadounidense sobre los territorios alimenta una política exterior soberanista y revisionista como la de China, Israel o Rusia. Se impone el nomos schmittiano, propuesto a mediados del siglo pasado por el filósofo alemán Carl Schmitt y basado en la distinción país amigo-país enemigo y no en el pensamiento liberal, en el que prevalecen la cooperación, el derecho internacional, la democracia y el libre mercado.

Así, aparecen zonas de influencia, se reparten los recursos y se equilibran los bloques de poder. Sin oposición, China dominaría el escenario en el Sudeste asiático; Rusia enfriaría la guerra para ocupar el 20 % de Ucrania y controlar los recursos materiales y la energía; e Israel rediseñaría Oriente Medio y, más pronto que tarde, llegaría a acuerdos comerciales con los países vecinos.

5. Europa, democracia y Hobbes

Los valores democráticos, el Estado de derecho o el libre comercio se desvanecen. Sin capacidad efectiva, la Unión Europea sufre en este escenario. Como antes en Gaza, el proyecto europeo tiene un fuerte desacuerdo ideológico con las grandes potencias, pero no consigue hacerse respetar. El efecto de la intervención militar recupera a los hobbesianos y su realismo político, por el que se cede la libertad a un soberano absoluto a cambio de paz y seguridad. En el orden trumpista es la autoridad presidencial, no la verdad, la ley o los valores democráticos, la que hace la ley.

¿Qué dirán las urnas?

Una nota final en clave interna estadounidense. 2026 es año electoral. Desde marzo a noviembre, habrá 39 elecciones a gobernador y renovación de las cámaras. El trumpismo debate en Venezuela su modelo sucesorio. El capitaneado por J. D. Vance no quiere problemas en el exterior y quiere renovar el modelo económico industrial, mientras que el secretario de Estado Marco Rubio apuesta por la recomposición del orden internacional con unos EE. UU. fuertes y dominadores. El resultado de la operación venezolana puede ayudar a decantar la balanza y definir al favorito para suceder a Trump en las presidenciales de 2028.

En síntesis, el ataque a Venezuela no es solo una intervención en la región: también representa el cambio de era en el que vivimos. La narrativa trumpista, antes dislocada en lemas y eslóganes vacíos, parece haber encontrado el primer paso de su estrategia. Atrás quedan el poder blando, las relaciones transatlánticas o la zona de paz de la comunidad iberoamericana. Comienza el nuevo orden.

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Juan Luis Manfredi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El nuevo orden mundial trumpista comienza a tomar forma en Venezuela – https://theconversation.com/el-nuevo-orden-mundial-trumpista-comienza-a-tomar-forma-en-venezuela-272663

Nuevo estudio: la gravedad del fuego en un bosque afecta más a su recuperación que el clima tras el incendio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep Peñuelas, Investigador, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); CREAF – Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales; Autonomous University of Barcelona

Incendio natural en Rusia LuYago/Shutterstock

La severidad inicial de un fuego condiciona más la recuperación de un bosque que las variaciones climáticas posteriores que sufra después. Es la conclusión a la que ha llegado nuestro equipo de investigación del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) tras analizar casi 3 300 incendios de gran escala que afectaron a bosques de todo el mundo entre el 2001 y 2021.

La alta frecuencia e intensidad de estos eventos extremos –superan los 10 km², son de rápida propagación y tienen un comportamiento explosivo– alteran profundamente la estructura y funcionamiento de los ecosistemas. Ello conlleva una reducción de su capacidad de secuestro de carbono, un retraso significativo de su regeneración natural y un aumento de la vulnerabilidad residual del área afectada. Es decir, el bosque queda en un estado de fragilidad extrema que le impide defenderse frente a nuevas amenazas como sequías posteriores, plagas o erosión del suelo.

Estos incendios tienen una relación directa con el cambio climático, modifican el contexto meteorológico local y plantean desafíos sin precedentes a los sistemas de extinción. Y nuestros análisis indican que a partir de 2010 se ha producido un incremento de ellos, especialmente en regiones áridas y boreales. Este período marca un punto de inflexión en la aceleración de los efectos del cambio climático, caracterizado por temperaturas elevadas persistentes, sequías prolongadas y eventos meteorológicos extremos, principales impulsores de los mega incendios.

Como resultado, el restablecimiento forestal se ralentiza considerablemente e incluso puede estancarse, lo cual puede conducir al declive de los árboles y alteraciones permanentes en la estructura y función de los ecosistemas.

Esta dinámica provoca que los incendios, además de contribuir a las emisiones de carbono, incrementen la probabilidad de futuros episodios destructivos, ya que se excede la capacidad de resiliencia intrínseca del bosque. Un claro ejemplo se observa en el oeste de Estados Unidos, donde las sequías tras los incendios han impedido la recuperación del equilibrio hídrico forestal, agravando la falta de regeneración.

Bajo estas condiciones, la recuperación de los bosques se ralentiza e incluso puede estancarse, provocando el declive forestal con cambios duraderos en su estructura y función.




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Fuego y regeneración

En este contexto, la capacidad de regeneración natural de los ecosistemas se ve severamente comprometida. La destrucción no se limita a la biomasa aérea, aquella a la vista, sino que afecta también al banco de semillas, a los brotes y a una parte significativa del suelo orgánico, elementos cruciales para la sucesión ecológica.

Las zonas más afectadas globalmente incluyen el norte de Siberia, el oeste de Norteamérica, el norte de Sudamérica, el sureste de Australia y el sur de Asia. Observamos que, por ejemplo, menos de un tercio de los bosques boreales (predominantemente coníferas) logra recuperarse en un plazo de 7 años, mientras que los bosques tropicales ––con mayor disponibilidad de humedad–– muestran una recuperación más rápida.

La escasez de humedad en los suelos y las altas temperaturas después de un fuego son particularmente perjudiciales para las plántulas y limitan que se establezca una nueva generación arbórea.

Para cuantificar la recuperación forestal post incendio a lo largo de dos décadas y a partir de los casi 3 300 eventos analizados,empleamos técnicas de teledetección centradas en tres indicadores clave: la densidad de vegetación, el dosel forestal (la capa superior de un bosque formada por las copas de los árboles) y la productividad primaria bruta (PPB), siendo esta última variblee la que mide la cantidad de dióxido de carbono que la vegetación es capaz de absorber mediante la fotosíntesis para transformarlo en biomasa.

Estos indicadores son fundamentales para evaluar el ciclo global del carbono y optimizar la gestión de los incendios. Aunque la recuperación global promedio de la densidad de vegetación en los bosques quemados se estima en aproximadamente 4 años, nuestro estudio ha identificado que, tras un gran incendio, las regiones analizadas requieren de promedio entre 4 y 5 meses adicionales para alcanzar los niveles anteriores. La sequía y las altas temperaturas tras un incendio juegan un papel decisivo en la extensión de este período.

Respecto al dosel forestal, según nuestros datos, la reconstrucción de la capa superior del bosque demandó entre 3 y 4 meses adicionales para su restablecimiento. Una demora que fue más pronunciada en zonas con escasez hídrica. Por otro lado, la recuperación de la PBB tardó casi un año más en recuperar niveles anteriores al fuego, por lo cual redujo la capacidad del bosque como sumidero de carbono




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El compromiso de la ciencia

Las proyecciones globales advierten de un incremento en riesgo de incendios de gran escala, con estimaciones de aumento del 50 % para finales de siglo en el oeste de Norteamérica, África ecuatorial, el Sudeste Asiático y Australia, del 100 % en el Mediterráneo, África meridional, el este de Norteamérica y la Amazonia y todavía mayores (hasta 7 veces) en algunas partes de la Amazonia.

Ante este escenario, la ciencia propone enfáticamente medidas de restauración ecológica y reforestación, que otorguen prioridad a preservar la función de los bosques en la mitigación
del cambio climático. También es fundamental apoyar la investigación sobre cómo la diversidad de especies arbóreas puede mejorar la resistencia forestal a la sequía.

Resulta imperativo, además, comprender los mecanismos detallados sobre recuperación forestal tras incendios severos, para optimizar la gestión de los ecosistemas y anticipar sus respuestas al cambio climático. Los modelos actuales tienden a subestimar los tiempos de recuperación, lo que podría llevar a sobrestimar la capacidad real de los bosques como sumideros de carbono.

Frente a estos desafíos, la comunidad científica debe asumir un compromiso y responsabilidad ineludibles de proveer datos rigurosos y aplicables. Cada acción de protección y restauración forestal contribuye directamente a mantener su función vital frente a la crisis climática global que enfrentamos.

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Josep Peñuelas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nuevo estudio: la gravedad del fuego en un bosque afecta más a su recuperación que el clima tras el incendio – https://theconversation.com/nuevo-estudio-la-gravedad-del-fuego-en-un-bosque-afecta-mas-a-su-recuperacion-que-el-clima-tras-el-incendio-270010

Margarita de Francia: la duquesa que desafió la intolerancia religiosa en el siglo XVI

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aitana Goicoechea Beltran, Profesora e investigadora en Historia del arte, Aix-Marseille Université (AMU)

Boda de Manuel Filiberto de Saboya y Margarita de Francia, pintada en el siglo XIX por Francesco Gonin. Wikimedia Commons

Desde Renata de Ferrara hasta Catalina de Médici, el siglo XVI vio nacer a mujeres que supieron entrelazar política y poder en una Europa marcada por las guerras religiosas. Entre esos nombres, sin embargo, Margarita de Francia (1523-1574) ha quedado casi borrada de los grandes relatos.

¿Cómo explicar que una figura que promovió uno de los primeros edictos de tolerancia de Europa, garantizando a los valdenses de Piamonte la práctica de su fe, permanezca en la penumbra?

Su trayectoria recuerda que, incluso en un tiempo de tensiones irreconciliables y violencia religiosa, existieron márgenes para la negociación y la acogida.

Del reino de Francia al ducado de Saboya

Margarita de Francia era hija de Francisco I y hermana del rey Enrique II, dos de los monarcas Valois más influyentes de la Francia del Renacimiento. Exquisitamente formada en lenguas y humanidades y reconocida por su gran cultura, recibió el título de duquesa de Berry en 1550.

Retrato de Margarita de Francia por el estudio de François Clouet
Retrato de Margarita de Francia por el estudio de François Clouet.
Wikimedia Commons

Nueve años después, su matrimonio con Manuel Filiberto de Saboya (1528-1580) selló el fin de las hostilidades entre el reino de Francia y la Monarquía Hispánica. Así, la paz de Cateau-Cambrésis (1559) la situó en el centro de la política europea. La recuperación del ducado de Saboya, ocupado durante años por tropas francesas, le daba al territorio un peso estratégico decisivo en el nuevo tablero político.

Su posición geográfica, en lo que hoy sería la frontera entre Francia e Italia, lo convertía en un territorio permanentemente disputado. Por un lado, el rey Felipe II lo consideraba clave para asegurar el “camino español” hacia Flandes, mientras que, por el otro, la monarquía francesa mantenía ambiciones en el norte de Italia. A ello se sumaba la complejidad religiosa de la región, marcada por la influencia de la Reforma protestante y la proximidad de las comunidades helvéticas.

El duque Manuel Filiberto impulsó la reconstrucción política y militar del ducado con una estrategia de neutralidad armada. En ese marco, la duquesa Margarita no fue una mera consorte: aportó legitimidad dinástica, redes culturales y capacidad diplomática en un espacio fronterizo sometido a constantes presiones.

La paz de Cavour: un edicto pionero

El 5 de junio de 1561, apenas dos años después de su matrimonio y de la restitución de los territorios saboyanos, Margarita de Francia y el duque Manuel Filiberto afrontaron uno de los dilemas más tensos de su gobierno: la convivencia entre católicos y comunidades valdenses en los Alpes piamonteses.

Epígrafe sobre la Casaforte de los Acaja-Racconigi en Cavour, donde se reconoce que ahí se firmó el edicto.
Epígrafe sobre la Casaforte de los Acaja-Racconigi en Cavour, donde se reconoce que ahí se firmó el edicto.
Carlok/Wikimedia Commons, CC BY-SA

La solución fue el Edicto de Cavour, un acuerdo que garantizaba a los valdenses la libertad de culto en sus valles. Las fuentes coinciden en señalar que Margarita desempeñó un papel decisivo en la gestación de este texto. Fue ella quien, con la mediación de Filippo de Saboya, conde de Racconigi y consejero influyente de la corte, convenció al duque de la necesidad de optar por la vía de la tolerancia.

El Edicto de Cavour es considerado uno de los primeros decretos de libertad religiosa en la Europa moderna. Su impacto trascendió las fronteras del ducado: mientras Felipe II consolidaba en la Monarquía Hispánica una política de estricta ortodoxia y los Estados italianos reforzaban el espíritu tridentino, Saboya ensayaba fórmulas de negociación en un territorio marcado por su condición fronteriza.

La corte de Turín, bajo el patronazgo de Margarita, se convirtió además en refugio para perseguidos religiosos, incluidos exiliados franceses y descendientes de sefardíes. La cuestión judía en el ducado de Saboya alimentó el descontento de Felipe II, que veía en ello una connivencia de la duquesa con la heterodoxia. Esta situación hizo que Margarita se hallara bajo sospecha de herejía tanto en Madrid como en Roma, aunque ningún legado papal ni agente del rey español consiguió jamás pruebas en su contra.

Mujeres entre la mediación y la sospecha

La figura de Margarita de Francia puede compararse con varias mujeres de su tiempo y su propia órbita familiar. Renata de Ferrara, su tía materna, mantuvo estrechos lazos con los círculos reformados de Francia, Suiza e Italia, convirtiéndose en protectora de disidentes y foco de tensiones religiosas. Catalina de Médici, su cuñada tras haberse casado con Enrique II, promovió edictos de pacificación que, con mayor o menor eficacia, buscaban contener la violencia confesional que desgarraba el reino de Francia.

Como ellas, Margarita defendió vías de negociación en medio del enfrentamiento entre católicos y reformados. Pero ella lo hizo desde un espacio particularmente frágil: un ducado fronterizo constantemente expuesto a presiones externas al hallarse rodeado por las principales potencias del momento.

En Saboya, su autoridad se vio condicionada por las divisiones internas entre facciones filofrancesas y filoespañolas, y por la cuestión valdense y protestante que marcaba el territorio. La corte de Turín, bajo su patronazgo, acogió a disidentes hugonotes –protestantes calvinistas franceses– y a exiliados de la sangrienta noche de San Bartolomé. Esto acrecentó su prestigio como figura de tolerancia y mediación, pero también las suspicacias en su entorno. Estas resistencias muestran hasta qué punto su apuesta por la convivencia encontró límites, aunque así mismo revelan la singularidad de su posición en la Europa del siglo XVI.


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La trayectoria de Margarita de Francia invita a mirar de nuevo la historia europea desde la periferia y desde voces habitualmente relegadas. En un siglo atravesado por guerras de religión y persecuciones, su decisión de abrir espacios de negociación en un ducado pequeño y vulnerable muestra que la tolerancia no fue solo un ideal teórico, sino una práctica efectiva y posible.

Su silenciamiento posterior en la historiografía responde tanto a su condición femenina como, posiblemente, a la incomodidad que generan las figuras que no encajan en los relatos nacionales o confesionales dominantes. Recordar hoy su experiencia no es solo un ejercicio de memoria, sino también una invitación a repensar la vigencia de la mediación política de las mujeres, la acogida y la pluralidad en sociedades que, aún hoy, siguen debatiéndose entre la convivencia o la exclusión.

The Conversation

Aitana Goicoechea Beltran no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Margarita de Francia: la duquesa que desafió la intolerancia religiosa en el siglo XVI – https://theconversation.com/margarita-de-francia-la-duquesa-que-desafio-la-intolerancia-religiosa-en-el-siglo-xvi-264087

Por qué el auge de un nuevo partido de extrema derecha en Cataluña supone un peligro para el Gobierno español

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Asbel Bohigues, Profesor de Ciencia Política, Universitat de València

An Aliança Catalana rally in Fossar de les Moreres square, Barcelona, on September 10, 2025. Aniol/Wikimedia Commons

La política catalana parece estar ahora muy lejos del infame y no autorizado referéndum de independencia de 2017. Este fue reprimido violentamente por las fuerzas policiales nacionales, provocó disturbios generalizados, desencadenó una crisis constitucional en España y llevó a líderes como Carles Puigdemont a huir del país.

Las elecciones regionales de 2024 supusieron un marcado contraste. Durante más de una década, Cataluña había estado gobernada por partidos independentistas –ya fuera el derechista Junts de Puigdemont o ERC, de izquierda–, pero fue el PSC (la rama catalana del Partido Socialista de Pedro Sánchez) el que emergió como la fuerza más votada. Consiguieron formar un gobierno en minoría con el apoyo de ERC y los Comuns, también de izquierdas.

El procés, como se conoció el impulso a la independencia catalana, parecía haber llegado a su fin.

Pero en medio de este gran cambio, un nuevo partido, Aliança Catalana (AC), entró por primera vez en el Parlamento catalán. A pesar de haber obtenido solo dos de los 135 escaños de la región en 2024, esta nueva fuerza ejerce ahora una enorme influencia en el panorama político de Cataluña y, por extensión, de España.

La política tras el procés

Aliança Catalana es un partido de extrema derecha, independentista y explícitamente antiinmigración. Está liderado por Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll, una localidad de poco más de 10 000 habitantes.

Con solo un 1,5 % de representación parlamentaria, AC podría parecer marginal, pero no lo es. Su aparición señala una reconfiguración de la política catalana tras el procés y está transformando la derecha nacionalista, un espacio político tradicionalmente dominado por Junts.

Durante años, la política parlamentaria catalana se centró prácticamente en un único tema. La independencia eclipsó casi todo lo demás, incluida la distinción entre izquierda y derecha, lo que significó que partidos como Junts y ERC compitieran principalmente por el liderazgo dentro del mismo bloque independentista.

A medida que el procés ha perdido impulso, sin que se haya conseguido ni la independencia unilateral ni un referéndum negociado, han surgido nuevos temas en la agenda. La inmigración, la seguridad y la identidad dictan ahora la política catalana, al igual que en España y otras partes de Europa.




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En este nuevo panorama, AC se presenta como una opción nacionalista “más pura”: inequívocamente independentista, intransigente con el Estado español y abiertamente hostil a la inmigración, especialmente la musulmana. Ha propuesto una prohibición oficial de cubrirse el rostro, y, supuestamente, impidió el acceso de los inmigrantes a los servicios públicos en Ripoll.

Las últimas encuestas muestran lo popular que ha sido el mensaje de AC. La última encuesta del Centro de Estudios de Opinión de Cataluña sitúa a AC empatada con Junts en escaños. Independientemente de si estas cifras se materializan o no en las próximas elecciones, el mensaje es claro: AC ya no es un actor marginal.

Puesto de Alianza Catalana
Alianza Catalana haciendo campaña en la plaza Molina, Barcelona.
Pere López Brosa/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El problema de Junts: reputación y competencia

Todos los partidos políticos compiten por los votos dentro de un espacio ideológico, que suele definirse como una posición en el eje izquierda-derecha. Su fuerza electoral depende principalmente de su reputación y credibilidad entre los votantes de su espacio, y no de propuestas políticas específicas.

Cuando un nuevo partido ofrece un mensaje más claro o convincente, puede desplazar a un partido establecido de su espacio. Esto es lo que le está sucediendo a Junts y a otros muchos partidos políticos mayoritarios.

Tras más de una década gobernando Cataluña y liderando el procés, Junts se encuentra ahora en la oposición en Barcelona y Madrid. En muchos sentidos ha fracasado: no se logró la independencia y en 2023 apoyó la reelección de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno a cambio de la amnistía política.

AC saca partido directamente de la frustración posterior al procés. Se presenta como una nueva fuerza que se opone a los partidos nacionalistas tradicionales como ERC y Junts, pero que tampoco está dispuesta a negociar con Madrid.

La reciente estrategia de Junts sugiere que está sintiendo la presión. En octubre de 2025, “rompió” relaciones con el PSOE de Pedro Sánchez, pero su apoyo llevaba tiempo vacilando. Por lo tanto, parece que la medida de Junts no fue un cambio repentino de política, sino un intento de frenar el avance de AC mostrándose más duro, más conflictivo y más escéptico con respecto a la negociación con Madrid.

Sin embargo, al desplazarse hacia la derecha, especialmente en materia de inmigración, Junts podría legitimar la agenda del partido que amenaza con sustituirlo.

El auge de AC encaja en la tendencia internacional más amplia de consolidación de las fuerzas autoritarias y radicales de derecha. Algo similar está ocurriendo en la política nacional española, donde el partido de extrema derecha Vox ha reconfigurado la competencia y sigue empujando al Partido Popular hacia la derecha. En Cataluña, AC está desempeñando un papel similar al de Vox: está desafiando la hegemonía de un partido tradicional y consolidado de derecha.

AC no es idéntico a Vox. Es menos conservador en algunas cuestiones y tiene sus raíces en una tradición nacionalista distinta, pero ideológicamente pertenece a la derecha radical: excluyente, nativista y hostil al pluralismo.

La inmigración desempeña un papel central en este cambio: a medida que cobra mayor relevancia, los partidos de derecha se sienten cada vez más cómodos marcando los términos del debate, mientras que la izquierda lucha por responder sin tensiones internas. Cataluña no es una excepción.

El problema de Junts es el problema del Gobierno español

El actual Gobierno español se sustenta en un frágil equilibrio parlamentario. El PSOE gobierna con Sumar, una fuerza de izquierdas que, a pesar de su éxito electoral en 2023 (3 millones de votos y 31 escaños), es estructuralmente débil. Se trata de una coalición electoral formada apresuradamente por más de una docena de partidos, con raíces territoriales limitadas y que obtuvo malos resultados en las elecciones regionales y europeas de 2024.

El propio PSOE también se encuentra bajo presión, enfrentándose a múltiples escándalos que afectan al presidente y a su círculo más cercano.

Sin un nuevo presupuesto aprobado desde 2022, el Gobierno sobrevive en gran medida porque no hay una alternativa parlamentaria viable. Además, cuenta con el apoyo de partidos regionalistas e independentistas, entre ellos Junts, que se verían perjudicados por la alternativa más probable: una coalición entre el PP y Vox que consolidaría el poder en Madrid.

El apoyo de Junts al Gobierno de Sánchez lo convierte en un partido decisivo, ya que tendría que aprobar cualquier moción de censura o voto de no confianza.

La presión de AC reaviva el dilema de Junts de 2023. Apoyar a un gobierno del PSOE y Sumar refuerza su imagen de colaborador con Madrid, pero alinearse con el PP y Vox sería igual o peor. En ambos casos, AC se beneficia de presentarse como la única opción nacionalista coherente de la derecha.

Una nueva fase

A medida que se desvanece el apoyo al procés, el ámbito de competencia política de Junts está cambiando. Ya no compite por liderar el movimiento independentista, sino por representar a la derecha nacionalista catalana. Esto explica su giro hacia una retórica más dura en materia de inmigración e identidad, que corre el riesgo de normalizar la extrema derecha y remodelar la política catalana para siempre.

Por ahora, las instituciones se mantienen estables. La izquierda tiene una estrecha mayoría en el Parlamento catalán, y es importante recordar que las encuestas de opinión no son resultados electorales. Pero el terreno está cambiando.

El debut parlamentario de AC señala el posible inicio de una nueva fase. Si bien el procés definió a Cataluña durante una década, sus secuelas pueden estar marcadas por un desafío completamente diferente: el auge de una extrema derecha nacionalista, que podría trastocar la política española.

The Conversation

Asbel Bohigues no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué el auge de un nuevo partido de extrema derecha en Cataluña supone un peligro para el Gobierno español – https://theconversation.com/por-que-el-auge-de-un-nuevo-partido-de-extrema-derecha-en-cataluna-supone-un-peligro-para-el-gobierno-espanol-272595

I=I: el mensaje que ha cambiado la prevención del VIH y reducido el estigma

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Ryan Murúa, Especialista en Medicina Interna (Hospital Infanta Leonor). Investigador (CIBERINFEC e IiSGM). Presidente de SEISIDA y Vicepresidente de GEITS. Profesor de Medicina (Facultad de Medicina), Universidad Complutense de Madrid

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He aquí uno de los avances más relevantes en la respuesta científica y social frente al virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) que, sin embargo aún no es conocido por una parte importante de la población. Se trata de un hecho clave: si una persona que vive con VIH toma su tratamiento y mantiene una carga viral indetectable, no transmite el virus por vía sexual. Este es el significado tras el concepto de “I=I”. Es decir, que indetectable es igual a intransmisible.

A pesar de la importancia de este hecho, todavía existe confusión al respecto. Recientemente en un programa de televisión de ámbito nacional, el programa de TVE La Revuelta, se compartió un mensaje que aseguraba que “todo el mundo con VIH en España es indetectable”. Días después la viróloga Jara Llenas-García puntualizaba en el mismo programa que, para poder decir que “indetectable = intransmisible”, primero la persona haya sido diagnosticada y tratada.

¿Qué significa indetectable?

La carga viral es la cantidad de VIH que circula en la sangre. Con tratamiento antirretroviral esa cantidad disminuye hasta niveles tan bajos que las pruebas de laboratorio habituales no detectan el virus en sangre. A esto lo llamamos “tener una carga viral indetectable”.

En la práctica, cuando el tratamiento se toma de forma constante, la carga viral se vuelve indetectable en los primeros meses y, con una toma regular y continuada se mantiene así a largo plazo.

Estar indetectable no significa que el VIH haya desaparecido del organismo. Significa que el virus está controlado, la salud se protege y, además, no se produce la transmisión sexual.

Indetectable=Instransmisible (I=I) no es un eslogan: es evidencia científica

La afirmación de que el VIH no se transmite por vía sexual cuando la carga viral es indetectable se apoya en más de una década de estudios clínicos y observacionales de alta calidad.

El primer gran punto de inflexión llegó con el ensayo clínico HPTN 052, cuyos resultados se publicaron en 2016. Este estudio se realizó con parejas serodiferentes, en las que solo uno de los miembros vivía con VIH. En el estudio no hubo ninguna transmisión del virus cuando el miembro de la pareja con VIH estaba indetectable tomando su tratamiento.




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Las escasas transmisiones documentadas se dieron exclusivamente cuando la supresión viral aún no se había alcanzado, o cuando el tratamiento había fallado o se había interrumpido.

Este hallazgo fue confirmado y reforzado por tres grandes estudios observacionales diseñados específicamente para detectar transmisiones: PARTNER y PARTNER2 y Opposites Attract que incluyeron en conjunto a parejas serodiferentes, heterosexuales y de hombres que tienen sexo con hombres, en distintos países.

Durante el seguimiento, estas parejas mantuvieron más de 125.000 relaciones sexuales sin preservativo. El resultado fue consistente en todos los estudios: no se observó ninguna transmisión genéticamente vinculada cuando la persona que vivía con VIH estaba indetectable

Desde el punto de vista estadístico, las estimaciones del riesgo de transmisión fueron 0,00 por cada 100 parejas por año, con intervalos de confianza estrechos.

Aquí el lenguaje importa: Hablar de “riesgo casi nulo” no refleja la evidencia de maneja justa y mantiene dudas innecesarias. Los datos permiten, y exigen, un mensaje claro. Indetectable significa intransmisible por vía sexual. Así lo reconocen la OMS, ONUSIDA y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).

No es una opinión ni una consigna activista, sino uno de los hechos mejor demostrados en la historia de la prevención del VIH.

Dónde aplica I=I (y dónde no)

“Indetectable es igual a intransmisible” se refiere a la transmisión sexual. ONUSIDA lo expresa de forma explícita: con carga viral indetectable sostenida no hay riesgo de transmisión a través de sexo vaginal o anal desprotegido.

Durante el embarazo y el parto, el inicio precoz del tratamiento antirretroviral y la supresión sostenida de la carga viral permiten evitar la transmisión del VIH al bebé.Así, hoy en día, muchas mujeres con VIH tienen hijos sin VIH gracias a estar indetectables por la toma del tratamiento.
En la lactancia materna, el riesgo de transmisión se reduce mucho, aunque no pueda considerarse cero. Disponemos de estudios y revisiones muy recientes, como el metaanálisis publicado en The Lancet en 2025, en el cual se expone que los datos disponibles actualmente son muy tranquilizadores pero escasos. Por eso, las guías a día de hoy recomiendan una decisión compartida en la elección del tipo de lactancia cuando la madre tiene VIH, con un seguimiento estrecho y apoyo continuo.

Tampoco podemos afirmar que haya riesgo cero en otras situaciones como compartir material de inyección o en caso de accidentes con agujas.

Por qué I=I es un mensaje de salud pública

I=I es salud pública porque tratar es prevenir. Cuando el VIH se diagnostica y se trata a tiempo, la transmisión se interrumpe. La mayoría de las nuevas infecciones no proceden de personas con VIH en tratamiento e indetectables, sino de personas no diagnosticadas.

El mensaje es claro: hacerse la prueba y acceder al tratamiento protege a toda la comunidad. Con diagnóstico y seguimiento, el VIH es una infección crónica manejable y, sexualmente, intransmisible.

I=I contra el estigma

I=I no solo ha cambiado la prevención del VIH; también ha transformado el estigma. Durante años, vivir con VIH se ha asociado a ser un riesgo para otras personas. Este mensaje rompe esa idea: una persona con VIH en tratamiento eficaz e indetectable no transmite el virus por vía sexual. Esto tiene un impacto profundo en la autoestima, las relaciones y la vida cotidiana.

La evidencia muestra que la comunicación de I=I se asocia a menor estigma y mayor comprensión del VIH, lo que puede facilitar el acceso a la prueba y la atención, y mejorar el bienestar de las personas y parejas afectadas.

Aun así, ONUSIDA advierte que I=I no debe utilizarse para clasificar a las personas. La carga viral no define el valor de nadie ni puede usarse para estigmatizar, discriminar o criminalizar.

Además, alcanzar y mantener unos niveles indetectables del virus en sangre no siempre depende solo de la persona. Existen factores sociales y de acceso a la atención sanitaria que no podemos obviar. Por eso, el enfoque de salud pública debe ser apoyar y acompañar, nunca señalar.

I=I es ciencia, pero también es derechos y dignidad. Este mensaje nos recuerda que, con acceso al diagnóstico y al tratamiento, las personas que viven con VIH pueden vivir una vida plena. Porque cuidar la salud también es cuidar la dignidad.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. I=I: el mensaje que ha cambiado la prevención del VIH y reducido el estigma – https://theconversation.com/i-i-el-mensaje-que-ha-cambiado-la-prevencion-del-vih-y-reducido-el-estigma-272409

Cuanto más confiamos en la inteligencia artificial, menos aprendemos con ella

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Martín Moncunill, Profesor Investigador en Interacción con IA, Universidad Camilo José Cela

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) generativa está cambiando cómo nos relacionamos con la tecnología. Un sistema con IA puede devolvernos un resultado inadecuado sin estar rota o sin que la estemos empleando de manera inadecuada. Simplemente puede “equivocarse” y, como haríamos con un humano, tenemos la opción de corregirle.

Esta posibilidad hace que la confianza que depositamos en la inteligencia artificial y la forma de emplearla cambien sustancialmente respecto de cómo utilizamos otras herramientas tecnológicas donde suele estar mucho más claro si se ha producido algún error. Los sistemas con IA nos obligan a plantearnos si están funcionando mal y verificar los resultados que nos van ofreciendo.

Esta diferencia afecta muy directamente al sector educativo, tanto a profesores como a alumnos. En este ámbito, las posibilidades de la IA van desde usarla para aprender mejor hasta un uso contraproducente para el aprendizaje. Y la confianza que depositamos en ella está estrechamente relacionada con cada una de estas dos opciones.

Tecnología y confianza: una relación modificada

La confianza es un factor esencial en el uso de la tecnología. Mientras que el exceso de confianza puede generar dependencia y quedar expuesto cuando esa tecnología falla (o se “equivoca”), la falta de confianza puede llevar a un uso ineficiente o incluso a rechazar frontalmente su utilización. En el contexto educativo es menos problemático lo segundo que lo primero: la desconfianza impulsaría al alumno a comprobar que la información obtenida es correcta, lo que debería resultar positivo para su aprendizaje.

Para comprobar si esto es así, he investigado en qué medida los estudiantes universitarios confían en la información proporcionada por la inteligencia artificial y cómo la comprueban.

Los resultados del estudio muestran que casi el 80 % de los 132 estudiantes participantes la usan frecuente o muy frecuentemente. Ni uno solo de ellos afirmó no haber utilizado nunca esta herramienta con fines académicos.

Autopercepción frente a realidad

Más del 75 % de los estudiantes utilizan métodos considerados poco fiables para comprobar los resultados ofrecidos. En torno al 40 % ni siquiera realiza acciones básicas como solicitar las fuentes en las que se basa la respuesta. Algo particularmente preocupante teniendo en cuenta que más del 75 % admite que las herramientas de inteligencia artificial proporcionan respuestas inadecuadas algunas veces o muy frecuentemente.

Pero lo más interesante es que la inmensa mayoría (más del 90 % de los encuestados) se considera capaz de identificar respuestas inadecuadas al menos ocasionalmente, y ninguno informó ser incapaz de hacerlo. En cambio, perciben que los profesores no son capaces de detectar tales errores.

Subjetividad irracional

La mayor parte de las universidades están impulsando el uso de la IA con formaciones específicas tanto para docentes como para los estudiantes. Por ejemplo, la Universidad Camilo José Cela, donde enseño e investigo, está haciendo un notable esfuerzo que va desde formación continua hasta la organización de grandes eventos como el Global Education Forum o la financiación de investigaciones como la que nos ocupa.

Pero un elevado número de alumnos desconfía de las herramientas de inteligencia artificial de pago proporcionadas por la universidad porque les preocupa ver comprometida su privacidad. Creen que la universidad puede tener acceso a sus consultas y saber si han empleado la IA de manera inadecuada.




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Nuestro estudio evidencia un grado de subjetividad irracional por parte de los alumnos, que nos indica que el uso que se hace de esta herramienta no es el adecuado. Esto es así en cuanto a la verificación de la información, pero también respecto de cuáles son las herramientas más adecuadas para el uso académico y cómo emplearlas. Muchos docentes observamos en el día a día cómo los alumnos ni siquiera son conscientes de estar empleándola mal en su proceso de aprendizaje.

A más confianza, peor aprendizaje

La inteligencia artificial es útil para completar las tareas académicas, pero esto no implica necesariamente que lo sean para aprender. Cuando los alumnos confían en las respuestas proporcionadas por la IA y no comprueban sus indicaciones, el aprendizaje no puede ser el mismo.




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Este exceso de confianza en la IA dificulta su uso como herramienta de aprendizaje, pues no actúa el pensamiento crítico ni la metacognición: los procesos mentales en funcionamiento cuando necesitamos resolver un problema. Paradójicamente, gran parte del tiempo que los estudiantes se “ahorran” en estas tareas lo dedican a eliminar posibilidades de ser detectados en su uso de la IA.

Aunque la utilización de la IA pueda ser clave para su desempeño laboral, los estudiantes necesitan aprender a usarla como herramienta de aprendizaje, algo distinto de su hipotético uso en el ámbito profesional. Queda por tanto un largo camino para conseguir que la IA se integre de forma eficiente en el contexto educativo, y los estudios de este tipo son necesarios para ir tomando el pulso e ir adoptando las medidas necesarias.

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David Martín Moncunill no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuanto más confiamos en la inteligencia artificial, menos aprendemos con ella – https://theconversation.com/cuanto-mas-confiamos-en-la-inteligencia-artificial-menos-aprendemos-con-ella-270184

Inflación emocional: aunque los precios bajen, el malestar al pagar permanece

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Manuel Cerdá Suárez, Profesor e investigador en marketing e investigación de mercados, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

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Tras un periodo de precios altos, aunque la inflación se modere y los indicadores apunten a una cierta recuperación, muchas personas siguen sintiendo que “todo está caro”. Esta brecha entre los datos y lo que sentimos no es un simple malentendido: la investigación en comportamiento del consumidor muestra que la inflación puede reducirse en las estadísticas antes de que baje en nuestra cabeza.

Cuando pagar duele: el precio como experiencia emocional

La economía conductual lleva décadas documentando el “dolor de pagar” (pain of paying). Pagar no es solo una operación contable: activa en el cerebro circuitos vinculados al malestar y puede reducir el placer asociado al consumo. Si consumir genera placer, pagar genera dolor, y ambas experiencias se entrelazan en cada decisión de compra.

En contextos de precios elevados o de incertidumbre económica, este dolor se intensifica: no importa tanto cuánto pagamos sino la sensación de que cada compra confirma una pérdida de capacidad económica. Investigaciones en salud pública alertan de que, tras varios años de inflación elevada, los consumidores reaccionan con más sensibilidad, incluso ante subidas moderadas, asociando los precios con estrés y pérdida de control.

Además, la mente se ancla a una tabla de precios internos: recordamos cuánto costaban las cosas hace unos años y cualquier desviación se interpreta como una pérdida, aunque la renta haya mejorado. Ahí empieza la carga emocional del consumo: actividades cotidianas como ir al supermercado, pagar la luz o repostar gasolina se convierten en evidencias de que “todo cuesta más”.

La inflación emocional no baja al ritmo del IPC

Las personas prestamos más atención a los precios de los bienes que compramos con más frecuencia –alimentación, energía, vivienda–, y tendemos a recordar más las subidas que las bajadas. Es el sesgo de frecuencia: nuestra percepción se sesga hacia los precios que vemos más a menudo. Esto explica por qué, aunque la inflación se modere, la sensación de carestía permanece.

El Banco de España señala que la inflación no afecta por igual a todos: los hogares con rentas más bajas destinan una proporción mayor de ingresos a bienes básicos, por lo que perciben las subidas con mucha más intensidad. A escala europea, un informe concluye que el coste de la vida afecta especialmente a jóvenes, familias con alquiler elevado y hogares expuestos a gastos esenciales crecientes.

Todo ello configura una inflación emocional que persiste incluso cuando la inflación baja, se alimenta de la memoria de subidas acumuladas y se refuerza cada vez que interactuamos con precios sensibles (alimentos, energía, vivienda).

Fatiga del coste de la vida: cuando vigilar los precios agota

A la tensión puntual de pagar más se suma una carga menos visible: la fatiga del coste de la vida, asociada a la vigilancia constante del gasto, la comparación repetida de precios y la sensación de estar siempre renunciando a algo para llegar a fin de mes.

Esta fatiga se manifiesta en tres comportamientos cada vez más frecuentes:

  1. La vigilancia de los precios: revisar ofertas, seguir aplicaciones de comparación, etc., actividades que consumen tiempo y energía mental.

  2. La culpa provocada por el consumo: gastar en ocio o en pequeños placeres genera tensión moral, incluso cuando la situación económica sea razonablemente estable.

  3. La sensación de pérdida continua: sentir que “antes se vivía mejor con lo mismo”, aunque los datos muestren una recuperación parcial de la renta familiar disponible.

En paralelo, las investigaciones en salud pública relacionan las tensiones económicas con mayores niveles de ansiedad, insomnio y síntomas depresivos. Parece que el estrés relacionado con la inflación tiene efectos negativos acumulativos sobre el bienestar. No es solo que “llegar a fin de mes” se haya vuelto más difícil: gestionar la inflación se ha convertido en una carga emocional añadida.

¿Podemos reducir la carga emocional del consumo?

Los precios no dependen de las decisiones individuales, pero sí puede mejorarse la forma de gestionarlos psicológicamente. La economía conductual sugiere varias estrategias útiles:

  • Fijar “anclas personales” de precios: decidir de antemano qué consideramos razonable pagar por ciertos bienes (por ejemplo, por un litro de aceite o salir a cenar), reduce la sensación de injusticia en cada compra y evita frustraciones repetidas.

  • Planificar, en lugar de improvisar: establecer presupuestos mensuales y limitar ciertas categorías de gasto disminuyen el dolor de pagar y convierten el gasto en algo esperado y no en una sorpresa desagradable.

  • Retrasar las decisiones de compra no esenciales: introducir una regla de “24 horas de espera” para adquisiciones compulsivas ayuda a desactivar decisiones tomadas bajo estrés o fatiga.

Al final, si la inflación se mide en porcentajes, su impacto emocional se manifiesta en preocupación, cansancio y renuncias cotidianas. Entender que los precios afectan tanto al bolsillo como al bienestar es clave para diseñar políticas económicas sensibles a la experiencia real de los hogares. Y para que, como consumidores, podamos cuidarnos mejor en medio de la incertidumbre.

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Luis Manuel Cerdá Suárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Inflación emocional: aunque los precios bajen, el malestar al pagar permanece – https://theconversation.com/inflacion-emocional-aunque-los-precios-bajen-el-malestar-al-pagar-permanece-270770