Suplemento cultural: el mejor contrato social

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Everett Collection/Shutterstock

Durante una época, la primera época imagino, leía sobre todo en busca de aventuras, de experiencias, de multiversos posibles. Pero esas aventuras me pasaban a mí. Adoraba Matilda porque hablaba de . Me gustaba Manolito Gafotas porque sus referencias eran las mías. Releía Mi amigo Luki-Live porque su protagonista empezaba a enamorarse como yo.

O eso pensaba.

En realidad, mientras creía vivir todas esas correrías desde mi silla lo que sucedía es que estaba utilizando las narraciones como vehículo para entender cómo eran los otros. Cómo eran aquellos niños que vivían en familias disfuncionales, como la de Matilda; aquellos niños que no podían irse de vacaciones, como Manolito, o aquellas adolescentes que no entendían muy bien qué significaba enamorarse, aunque su contraparte lo tuviese claro.

Los libros me cebaron de relatos para acabar llenándome de humanidad. Como dice Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, catedrático de Literatura Española y poeta, “el que escribe, escribe para que su historia no sea solo una confesión biográfica, sino algo que represente a la condición humana, y que el que la lea se sienta identificado con esa historia”. Con sus reflexiones sobre la literatura, la poesía, Federico García Lorca y el español arrancamos hoy.

Al hilo de lo que mencionaba García Montero, cuanto más variadas y eclécticas sean las voces que leemos, más podremos conocer a otros seres humanos y más podremos comprender sus alegrías, sus penas y sus miedos.

Cuando Svetlana Alexiévich se sentó frente a los supervivientes de Chernóbil, buscaba que sus testimonios resonasen a lo largo del tiempo, como así ha ocurrido en gran parte del mundo –aunque no en las zonas afectadas–. Y cuando Jennifer Nansubuga Makumbi se puso a narrar la historia de La primera mujer consiguió que la realidad de una joven ugandesa que busca luchar por su independencia derribase fronteras.

Es interesante dar un paso atrás y plantearse cuál es el valor real que tiene la literatura. ¿Lo definen los suplementos culturales? ¿Las listas de los más vendidos? ¿Los premios? ¿O está ese valor escondido en la complejidad y, a la vez, sencillez de conseguir ser otro simplemente por leer lo que le pasa?

Palabras cantadas

La semana pasada la sede madrileña del Instituto Cervantes inauguró una exposición de las letras que numerosos músicos de nuestro idioma esbozaron en libretas y acabaron convirtiéndose en composiciones musicales icónicas. La noticia me hizo pensar en el artículo de Javier Soto Zaragoza de hace unos días, en donde analiza si sería posible –e incluso justo– darle en algún momento el Premio Cervantes a un cantautor.

Tras leer su análisis una se pregunta: ¿puede considerarse un maestro de la literatura quien escribió: “Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel por mis venas va, ligero de equipaje sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje”? ¿O quien compuso “Si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas y atravesando lomas dejar mi pueblo atrás, os juro por lo que fui que me iría de aquí. Pero los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio”?

Es decir, ¿merecerían ese reconocimiento Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat por su magistral pericia a la hora de moldear el lenguaje? Probablemente, como dice Soto Zaragoza, sí.

Algo más que libros

Es momento de libros, pero no solo. En las últimas semanas en The Conversation hemos tratado diversos temas porque eso es lo bonito del arte y las humanidades, que se trenzan constantemente con otros aspectos de la realidad.

Cuando escribo estas líneas, Torrente, presidente ha vendido más de 3 600 000 entradas en España. Algunas de ellas probablemente sean responsabilidad de Ana María Iglesias Botrán, que ha recomendado su visionado a los alumnos de su asignatura de Análisis del discurso. ¿Y por qué? Ella misma da nueve razones en su artículo.

Ahora que los vinilos vuelven a estar de moda, una pregunta que todos nos hacemos es… ¿merece la pena invertir en discos si tenemos todo el audio disponible en el ordenador? ¿Suenan mejor los vinilos? Los expertos se alejan de la disyuntiva entre mejor o peor para desglosar los diferentes formatos, con sus fortalezas y sus debilidades.

Y cerramos con algo de historia. Historia medieval, para más señas. Abel de Lorenzo Rodríguez describe en su investigación qué delitos se pagaban entonces con la pena de muerte y qué métodos se elegían para matar. Los hechos recogidos en las fuentes ayudan a conocer qué era cierto, qué es mito y de qué costumbres, afortunadamente, nos hemos alejado.

The Conversation

ref. Suplemento cultural: el mejor contrato social – https://theconversation.com/suplemento-cultural-el-mejor-contrato-social-281378

El último atentado contra el presidente Trump evidencia el aumento de la violencia política en Estados Unidos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By James Piazza, Liberal Arts Professor of Political Science, Penn State

President Donald Trump speaks at the White House on April 25, 2026, after the cancellation of the annual White House Correspondents Association Dinner. Andrew Leyden/Getty Images)

Por tercera vez en tres años, Donald Trump ha sido objeto de un intento de atentado. Muchos hechos siguen sin estar claros después de que un hombre armado irrumpiera en el Washington Hilton el 25 de abril de 2026, durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.

Mientras continúa la investigación sobre el tiroteo, Alfonso Serrano, editor de política y sociedad de The Conversation US, ha hablado con James Piazza, un experto en violencia política de la Universidad Estatal de Pensilvania.

No es la primera vez que Trump se enfrenta a la violencia política. ¿Qué destaca tras el último ataque?

Creo que los acontecimientos del 25 de abril ponen de relieve lo peligroso que es este momento político en Estados Unidos. Investigadores del Laboratorio de Investigación e Innovación sobre Polarización y Extremismo han documentado que la violencia política ha aumentado en Estados Unidos en los últimos años.

Me vienen a la mente varios ejemplos recientes: la insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de los Estados Unidos; múltiples intentos de asesinato del presidente Trump; los ataques mortales contra los legisladores de Minnesota Melissa Hortman y John Hoffman que causaron la muerte de Hortman y su marido; el intento de asesinato de Paul Pelosi;
el asesinato de Charlie Kirk. En mi estado natal, Pensilvania, el gobernador Josh Shapiro fue blanco de un ataque en la mansión del gobernador.

Decenas de coches de policía se alinean en una calle.
Las fuerzas del orden responden a un incidente en el Washington Hilton durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca el 25 de abril de 2026, en Washington.
AP Photo/Allison Robbert

¿Qué está impulsando esa aparente plaga de violencia política que azota al país?

Hay varios factores importantes que impulsan la violencia política en los Estados Unidos hoy en día, según mi propia investigación y la investigación de otros académicos. Estados Unidos se encuentra actualmente muy polarizado políticamente, lo que significa que los estadounidenses están profundamente divididos por motivos partidistas. Se miran con recelo y hostilidad, lo que genera un ambiente tenso y volátil para la política y la vida pública. Esto ha creado un entorno de “suma cero” en el que cada elección y cada contienda política se vive como un momento de “vida o muerte”.

Lo que más me llama la atención es la dimensión moral de la polarización en EE. UU.. Cada bando considera a los miembros del otro partido no solo como personas con una visión política diferente, sino más bien como malvados o inmorales. El entorno polarizado ha hecho que la violencia política se haya normalizado. También ha atenuado la reacción pública contra la violencia política cuando esta se produce.

La retórica política se ha vuelto mucho más divisiva y violenta por naturaleza, y eso va de la mano de la polarizacióna.

En particular, cuando los políticos utilizan una retórica demonizadora o deshumanizadora para atacar a sus oponentes –por ejemplo, utilizando palabras que describen a sus oponentes como subhumanosse fomenta el extremismo y contribuye a motivar a los extremistas a agredir físicamente a sus oponentes.

La desinformación también es un importante factor impulsor de la violencia política. Varias actos recientes de violencia política parecen motivados por teorías conspirativas y otras formas de desinformación, a menudo difundidas en las redes sociales, donde las personas suelen estar herméticamente aisladas de fuentes que cuestionen su visión del mundo. Esto facilita la radicalización y se ha demostrado que, en algunos casos, alimenta la violencia política.

Por último, creo que otro factor importante es el actual ataque a las normas democráticas y a las instituciones democráticas en Estados Unidos. La democracia estadounidense está sufriendo presiones sin precedentes en la era moderna. Esto ha tenido un efecto muy perjudicial en la confianza de los estadounidenses en el Gobierno, en las instituciones democráticas y en el propio valor del régimen democrático.

Mi trabajo muestra que las personas escépticas con respecto a la democracia son mucho más propensas a expresar apoyo o tolerancia hacia la violencia política.

Un hombre frente a un atril, de pie ante decenas de personas sentadas.
El presidente Donald Trump responde a preguntas en la Casa Blanca el 25 de abril de 2026, tras un tiroteo ocurrido en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca.
Mandel Ngan/AFP vía Getty Images

¿En qué se diferencia este momento de violencia política de otros periodos violentos de la historia de EE. UU.? ¿Nos encontramos en territorio desconocido?

Aunque EE. UU. está experimentando actualmente un repunte de la violencia política, lamentablemente no es algo sin precedentes. Un ejemplo sería el periodo de gran polarización de la década de 1850, en vísperas de la Guerra Civil. En aquella época, existía una marcada división entre los abolicionistas y los defensores de la esclavitud. Y culminó en asesinatos políticos, una agresión a un congresista abolicionista por parte de un congresista proesclavista y un sangriento conflicto civil en Kansas entre grupos armados pro y antiesclavistas.

A principios del siglo XX, justo después de la Primera Guerra Mundial, se produjo otro aumento de la violencia política debido a cuestiones laborales y la violencia por parte de la segunda generación del Ku Klux Klan.

Por último, la década de 1960 también fue testigo de un periodo de intensa violencia política en torno a la oposición a la Guerra de Vietnam y a la reacción contra el Movimiento por los Derechos Civiles.

Aunque la violencia política actual presenta algunas características únicas –concretamente, la influencia de las redes sociales–, creo que podemos encontrar algunos paralelismos con esos primeros periodos de violencia política.

¿Alguna reflexión final?

Creo que es fundamental que tanto los políticos demócratas como los republicanos se unan para condenar este ataque y toda forma de violencia política. Los comentaristas políticos y las personas influyentes también pueden condenar este hecho y todo uso de la violencia política.

Las investigaciones demuestran ampliamente que lo que dicen las élites políticas tras este tipo de sucesos tiene un enorme efecto en las actitudes de los ciudadanos: deberían adoptar una retórica que no normalice este tipo de comportamiento.

Si el mensaje de todo el espectro político es unánime, será mucho más eficaz a la hora de reducir las actitudes que alimentan la violencia política.

The Conversation

James Piazza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El último atentado contra el presidente Trump evidencia el aumento de la violencia política en Estados Unidos – https://theconversation.com/el-ultimo-atentado-contra-el-presidente-trump-evidencia-el-aumento-de-la-violencia-politica-en-estados-unidos-281533

¿Es realmente el uso tópico del etanol tan peligroso como para retirarlo del mercado?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dr. Borja Garrido Arias, Profesor Dpto. Ingeniería Mecánica, Escuela ICAI, Universidad Pontificia Comillas

Antonio Suarez Vega/Shutterstock

A principios de año, diversos medios publicaron la noticia de que la Unión Europea estaba planteándose clasificar el etanol –el alcohol etílico de nuestros botiquines y de los geles hidroalcohólicos– como sustancia peligrosa por posible riesgo cancerígeno.

Plantear semejante duda era importante, porque el uso del etanol como biocida tiene grandes implicaciones en el grado de exigencia que se pretender aplicar a sustancias como los biocidas, diseñados para destruir, neutralizar o controlar organismos nocivos (bacterias, virus, hongos, insectos) por medios químicos o biológicos.

¿Y cómo se regulan estos permisos?

La clasificación de los biocidas, productos muy presentes en nuestro día a día, abarca desde desinfectantes para el agua potable hasta productos químicos específicos para la limpieza de superficies que están en contacto con alimentos o incluso con animales en el ámbito veterinario. Y dado que equivocarse tanto en la aplicación como en la dosis puede suponer efectos irreversibles en el medio ambiente y los seres vivos, su papel en salud pública es clave. Eso explica por qué son el Ministerio de Sanidad y las Consejerías de Sanidad las responsables de autorizar y aportar los permisos de uso.

Los biocidas solamente puede estar en el mercado durante diez años. Transcurrido ese tiempo, sus fabricantes deben renovar o actualizar sus permisos cada cinco años.




Leer más:
Así determinan los científicos si una sustancia es cancerígena


Pero, ¿qué hay del etanol?

En el 2025, los permisos de aplicación del etanol entraron en fase de renovación atendiendo a la legislación vigente.

La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) es el organismo europeo encargado de controlar los expedientes científicos de los biocidas, coordinar la evaluación entre Estados miembros, así como de preparar el informe de evaluación se corresponde. Una vez aportado este documento y sus recomendaciones, es la Comisión Europea la encargada de renovar la autorización del biocida para, posteriormente, extrapolar la decisión a los distintos Estados miembros.

Pues bien, en 2025 la ECHA identificó un riesgo de carcinogenicidad del etanol. La información fue malinterpretada por muchos de los medios que difundieron la noticia, ya que su riesgo cancerígeno solo hacía referencia a la exposición digestiva, dentro de bebidas alcohólicas. Pero como desde la pandemia el uso de geles hidroalcohólicos ha estado muy extendido, la posible nueva clasificación del etanol tuvo un gran impacto mediático.




Leer más:
No todas las cremas y geles son adecuados para la piel infantil: así debemos leer las etiquetas


Diferencia entre riesgo y peligro

Es importante aclarar que el concepto de riesgo está íntimamente relacionado con el peligro y la probabilidad de exposición. En el caso concreto del etanol, su exposición como biocida de uso tópico, ya sea para evitar la infección de heridas o eliminar los microorganismos de la piel, es muy baja.

De hecho, oficialmente, el Comité de Biocidas de la ECHA ha llegado a la conclusión que su uso podrá seguir realizándose a nivel tópico en higiene personal e industrial con seguridad.




Leer más:
Compuestos tóxicos en los productos menstruales: esto es lo que sabemos


Aunque estamos a la espera de que la ECHA remita el dictamen a la Comisión Europea y de que, seguidamente, ésta decida la aprobación o no aprobación del etanol, lo más propable es que su uso vuelva a ser autorizado. Sobre todo en el caso de geles hidroalcohólicos y otros productos de higiene que tantos beneficios nos aportaron durante la pandemia.

La difusión de aquel informe preliminar con la posible clasificación del etanol como carcinógeno, referido como adelantábamos a su ingesta, ha generado una alarma social innecesaria. Por eso resulta importante estar bien informados y no precipitarse en las conclusiones.

Conocer los flujos de información, competencias y ámbito científico permite una reflexión crítica de los avances en la salud pública y en el avance científico.

The Conversation

Declaro que mi actividad en el ámbito de la Prevención de Riesgos Laborales (PRL) e higiene industrial se realiza de forma indirecta, no existiendo conflicto de intereses. La información presentada en este artículo refleja conocimientos propios adquiridos en el ejercicio de mi actividad profesional en el campo de la ingeniería, así como mediante el estudio y la formación continua a lo largo de mi trayectoria académica y profesional.

ref. ¿Es realmente el uso tópico del etanol tan peligroso como para retirarlo del mercado? – https://theconversation.com/es-realmente-el-uso-topico-del-etanol-tan-peligroso-como-para-retirarlo-del-mercado-277795

¿Debería haber más horas de recreo? Depende de la infancia que queramos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Irina WS/Shutterstock

La ampliación del tiempo de patio de 30 a 40 minutos en una escuela de Barcelona ha reabierto un debate recurrente: ¿hace falta más tiempo de juego en la escuela? Algunos maestros y familias lo piden, mientras otros se preguntan si esto perjudicará al aprendizaje.

Pero quizá la pregunta esté mal planteada. En primaria, el recreo no es una pausa fuera del aprendizaje. Por ejemplo, en España es, por normativa y concepción pedagógica, tiempo lectivo en muchas de las comunidades autónomas: Cataluña, Valencia, Castilla-La Mancha, Andalucía o La Rioja. En otras como Madrid, Aragón o Canarias no se considera docencia directa pero los docentes sí tienen la obligación de estar.

Así pues, en la mayoría de regiones españolas y en la etapa de primaria (entre los 6 y los 12 años), el tiempo de patio forma parte de las cinco horas lectivas diarias, porque durante el recreo se desarrolla también la educación con objetivos determinados: socializar, regularse, negociar, imaginar, construir vínculos y aprender a convivir.

Pero es que además, al implicar la presencia directa del adulto, ampliar el recreo no supone reducir el aprendizaje, sino priorizar un tipo determinado de aprendizaje.




Leer más:
¿Es la escuela mala para la salud?


El patio, espacio educativo: más que movimiento

El debate se reduce a menudo a la necesidad de moverse. Sin duda, el movimiento es clave, especialmente en una infancia cada vez más sedentaria. Pero el recreo no puede convertirse sólo en una descarga corporal. Cuando el juego queda limitado al cuerpo y al movimiento, sin objetos, sin materiales y sin mediación, a menudo aparecen más conflictos, especialmente con los alumnos más vulnerables.

El juego libre necesita espacios regulados, no para dirigirlo, sino para hacerlo posible. Un patio educativo debería incluir espacios y momentos que favorezcan el juego simbólico en edades tempranas, pero también el juego con objetos (como pelotas, pequeñas bicicletas, combas, cuerdas de saltar…), espacios tranquilos o zonas de conversación, rincones que permitan la construcción o manipulación de arena, actividades que dejen que los alumnos puedan crear, y también, está claro, movimiento físico.




Leer más:
Cuatro claves para crear un patio vivo en la escuela


Es importante tener presente que cuando hablamos de juego libre y espontáneo no queremos decir que no esté organizado. Es una organización que permite la libertad: zonas donde se permiten determinados tipos de juegos, rotación entre diferentes espacios del patio de la escuela, diferentes elementos para poder escoger para jugar, etc. El niño elige entre alternativas o circula entre diferentes propuestas organizadas según el día de la semana, por ejemplo.

Cuando ofrecemos espacio para correr sin más, el juego se reduce y pueden aparecer los conflictos que nos preocupan de los recreos; pero cuando existen materiales, adultos presentes, relaciones y posibilidades, el juego se expande.




Leer más:
Cómo el fútbol condiciona la masculinidad y las relaciones de género en los colegios


El déficit actual: juego y cuentos

El patio escolar, y el tiempo dedicado al recreo, nos permite reforzar el desarrollo emocional, social y cognitivo con alternativas válidas a las pantallas, que contribuyan a desarrollar habilidades cognitivas como la concentración y la imaginación.

Así, la cuestión de fondo no es tanto el cuántas horas pasan los niños en el patio cada semana, sino el tipo de actividades que deberían formar parte de la cotidianidad escolar, haya o no ampliación del recreo: el juego, el teatro y la lectura de cuentos.

Estas tres actividades comparten una función fundamental: activar la función simbólica. A través del juego, el niño representa la realidad; a través del teatro, la dramatiza, y a través del cuento, la imagina: las tres actividades potencian el crecimiento, ayudan en la comprensión de las emociones y de la propia imaginación a través de la imitación y de manera implícita.

Libres, pero con adultos

El docente no está aquí solo para controlar que las normas se cumplen o que no hay conductas disruptivas: su papel mediador es el que permite que las experiencias del recreo puedan ser expresadas y compartidas.

Cuando, por ejemplo, surgen conflictos (algo natural en cualquier juego con normas) el adulto no debería limitarse a decidir quién tiene razón o imponer una solución, sino ayudar a su tramitación. En lugar de resolver, puede intervenir poniendo palabras a lo ocurrido: “¿Qué ha pasado aquí?”, “¿Qué querías hacer tú?”, “¿Y tú cómo lo has vivido?”. A partir de ahí, acompaña a los alumnos a escucharse, a entender el punto de vista del otro y a buscar alternativas. No elimina el conflicto, pero lo convierte en una oportunidad de aprendizaje.




Leer más:
Cómo lograr que niños y niñas se muevan mejor en la escuela: más allá del juego libre en infantil


Construyéndose a sí mismos

Al mismo tiempo, el adulto desempeña una función constituyente. Lo que dice (y también lo que no dice) contribuye a la imagen que el niño construye de sí mismo. No es lo mismo decir “siempre estás molestando” que “veo que hoy te está costando encontrar tu sitio en el juego, vamos a pensar cómo hacerlo”. En el primer caso, el niño queda fijado a una etiqueta; en el segundo, se le reconoce como alguien capaz de cambiar y encontrar una posición diferente.

Las palabras adultas, por tanto, no solo regulan la conducta, sino que ayudan a configurar un alumno capaz, reconocido y con lugar dentro del grupo. Este proceso se da en el aula, pero también –y especialmente– en los espacios de juego y tiempo compartido.

Parte del aprendizaje, y del horario

Una vez que entendemos que el juego, tanto libre como estructurado, no es únicamente “entretenimiento”, sino una de las principales bases del aprendizaje en primaria, podemos incorporarlo de forma intencional dentro de las horas lectivas.

Algunos centros ya están introduciendo estructuras de juego de manera cotidiana, en momentos estables de la jornada, ya sea al inicio o al final del día, que permiten a los alumnos entrar en la actividad escolar o cerrarla desde una posición más regulada.

Por ejemplo:

  • Estructuras de juego al inicio de la mañana, con propuestas breves que combinan juego simbólico, construcción o interacción guiada, y que ayudan a activar la atención, favorecer la entrada al aula y anticipar el trabajo posterior.

  • Espacios de juego al final de la jornada, que permiten elaborar lo vivido durante el día, reducir la tensión acumulada y cerrar la experiencia escolar desde el vínculo y la interacción.

  • Rituales de cuentos diarios.

  • Momentos de expresión artística regular.

  • Tiempo de dramatización, expresión corporal y artística, vías fundamentales de desarrollo cognitivo, emocional y social.

Además, a través de estas actividades, los aprendizajes vinculan a los alumnos con la escuela y entre ellos.

El papel de las narraciones

Los cuentos leídos en común y la puesta en escena de obras teatrales entrenan la escucha que se necesita para mejorar en nuestras capacidades básicas de expresión oral y escrita. El niño más pequeño aprende a seguir una historia, anticipar, interpretar y dar significado: bases fundamentales del lenguaje.

Pero su valor no se limita a las primeras edades. En los alumnos más mayores, estas prácticas permiten algo aún más complejo: sostener la atención, comprender puntos de vista diferentes, elaborar conflictos y construir pensamiento propio. A través del relato y la dramatización, los estudiantes no solo entienden historias, sino que aprenden a interpretar la realidad, a posicionarse y a dar sentido a lo que viven.

Escuchar una historia compartida o participar en una representación implica entrar en un tiempo común, aceptar reglas, esperar, imaginar y conectar con los otros. Son, por tanto, experiencias que no solo desarrollan el lenguaje, sino también la capacidad de pensar, convivir y construir una identidad propia en relación con los otros.

¿Ampliar el recreo… o la mirada?

Ampliar el tiempo de ocio puede ser una medida positiva, pero especialmente si va acompañada de una reflexión pedagógica sobre lo que aporta y cómo se puede facilitar y aprovechar.

No se trata sólo de añadir minutos, sino de repensar el papel del juego, del relato y de la expresión en la escuela. El debate, en el fondo, es sobre hasta qué punto dejamos a los niños ser niños a lo largo de su educación formal.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Debería haber más horas de recreo? Depende de la infancia que queramos – https://theconversation.com/deberia-haber-mas-horas-de-recreo-depende-de-la-infancia-que-queramos-280930

La romántica idea de irse a vivir al bosque, pero ¿a qué precio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Medina Morales, Profesor de Geografía, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Eugene_Photo/shutterstock

Cada vez más personas buscan vivir cerca de la naturaleza. Casas rodeadas de árboles, urbanizaciones en zonas rurales o viviendas diseminadas en el monte se han convertido en una imagen habitual en muchas regiones. La tranquilidad, el contacto con el entorno natural y la calidad de vida explican, en gran parte, esta tendencia. Sin embargo, esta forma de ocupar el territorio plantea una pregunta incómoda: cuando decidimos vivir junto al bosque, ¿somos realmente conscientes de los riesgos que implica?

Este espacio mixto, donde las edificaciones residenciales y las áreas arboladas entran en contacto directo, se conoce como interfaz urbano-forestal. En estas zonas, los efectos de los incendios aumentan considerablemente, ya que el fuego puede quemar viviendas, infraestructuras y poner en riesgo a las personas.

En los últimos años, este tipo de incendios ha dejado de ser excepcional y se ha convertido en una realidad cada vez más frecuente, especialmente en regiones mediterráneas y territorios insulares como Canarias.Este incremento se explica, en parte, por el aumento de los episodios de calor extremo y también por la forma en que los órganos competentes gestionan la planificación y la ordenación del territorio.

Menos incendios pero más peligrosos

Un estudio reciente realizado en la isla de Gran Canaria muestra que, aunque el número total de incendios forestales ha disminuido los últimos 20 años, los que se producen son cada vez más intensos y tienen un mayor impacto territorial. Además, estos grandes incendios afectan con mayor frecuencia a zonas habitadas situadas en la interfaz urbano-forestal.

Este cambio en la dinámica del fuego responde a varios factores. Por un lado, el abandono de actividades tradicionales como la agricultura y la ganadería favorece la acumulación de la vegetación en áreas abandonadas. Esto implica mayor cantidad de combustible natural y, por tanto, una mayor propagación de incendios de gran magnitud.

Por otro lado, también influye el cambio climático que genera condiciones meteorológicas favorables para la aparición de grandes incendios forestales. El aumento de las temperaturas, la disminución de las precipitaciones y los episodios de viento intenso crean escenarios de mayor peligro y dificultan su extinción. La consecuencia es el aumento del riesgo para las personas y los bienes.
Pero hay, además, un tercer factor clave: la forma en que se ocupa el territorio.




Leer más:
Para comprender y gestionar mejor los incendios forestales debemos observar el paisaje


Vivir en el bosque: una decisión con consecuencias

Construir casas para vivir en áreas rurales próximas al bosque incrementa la probabilidad de que el fuego afecte a las viviendas. Además complica la gestión y de la emergencia.

Ante un incendio en la interfaz urbano-forestal, los servicios de extinción deben actuar sobre varios frentes a la vez. Su objetivo de protección se amplía: ya no solo deben intervenir sobre el entorno natural, sino también sobre las viviendas y la población. Esto obliga a priorizar la seguridad de las personas, lo que puede dificultar o retrasar las tareas de extinción del incendio.

Por otra parte, estas zonas suelen presentar accesos limitados, carreteras estrechas y escasas infraestructuras de autoprotección. Todo ello incrementa la vulnerabilidad de la población.

En este contexto, la percepción del riesgo juega un papel fundamental a la hora de decidir vivir en estas áreas. En muchos casos, la decisión se toma sin ser plenamente conscientes de los peligros asociados. Vivir cerca de espacios naturales se percibe como una mejora de la calidad de vida, mientras que el riesgo de incendio queda en un segundo plano o, directamente, fuera de la toma de decisiones.

Un problema territorial, no solo climático

La ordenación y la planificación del territorio definen cómo se ocupa el espacio. Por ello, deben tener en cuenta la aptitud de cada zona para acoger usos urbanos según sus características.

Los incendios forestales no dependen únicamente de las condiciones meteorológicas de un momento dado. También están relacionados con cómo transformamos el paisaje y organizamos el territorio.

El estudio realizado en Gran Canaria muestra que la expansión de la interfaz urbano-forestal y la acumulación de combustible vegetal están generando escenarios cada vez más complejos. Esta combinación aumenta la probabilidad de grandes incendios y eleva el riesgo para la población. Por ello, abordar este problema requiere una visión territorial. La planificación urbana, la gestión forestal y la cultura de autoprotección deben integrarse en una estrategia común.




Leer más:
Nuestro planeta arde de una forma excepcional: así podemos proteger a las personas y a la naturaleza


La importancia de la cultura de autoprotección

Vivir cerca del bosque no tiene por qué ser incompatible con la seguridad, siempre y cuando adoptemos medidas de autoprotección. Entre ellas, mantener la vegetación controlada alrededor de nuestras casas, garantizar accesos adecuados para los servicios de emergencia y tener un plan de evacuación. Estas acciones pueden reducir mucho el riesgo y, en caso extremo, salvarnos la vida.

También resulta fundamental mejorar la comunicación, la información para sensibilizar a la población. Comprender los peligros a los que nos exponemos durante un incendio forestal es el primer paso para reducir la vulnerabilidad.

Un reto creciente

La tendencia a vivir cerca de la naturaleza continuará e irá en aumento los próximos años. Al mismo tiempo, el cambio climático seguirá incrementando la intensidad de los incendios forestales. Este escenario plantea un reto importante para la gestión del territorio y la protección civil. La interfaz urbano-forestal se está consolidando como uno de los principales espacios de riesgo en muchas regiones.

Vivir cerca del bosque puede ser una elección atractiva. Pero también implica asumir responsabilidades y comprender que la naturaleza, además de ofrecer tranquilidad, entraña peligros que requieren precaución, protección y prevención. La pregunta, por tanto, sigue abierta: cuando decidimos vivir junto al bosque, ¿sabemos realmente lo que implica?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La romántica idea de irse a vivir al bosque, pero ¿a qué precio? – https://theconversation.com/la-romantica-idea-de-irse-a-vivir-al-bosque-pero-a-que-precio-279626

¿Qué papel juegan nuestros datos digitales en el escenario geopolítico mundial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis Salmerón Silvera, Catedrático de Inteligencia Artificial, CUNEF Universidad

DB-Films/Shutterstock

La digitalización ha convertido la información en un activo estratégico clave. A medida que los servicios esenciales migran hacia entornos de computación en la nube, se materializa el desafío técnico y legal de la llamada soberanía de los datos.

Tradicionalmente, este concepto presupone que la información digital está sujeta al ordenamiento jurídico del territorio donde se recopila o procesa. No obstante, la realidad operativa implica una convergencia de jurisdicciones concurrentes.

En la práctica cotidiana, entran en conflicto variables como el origen geográfico del dato, la residencia del ciudadano afectado, la ubicación física de la infraestructura de almacenamiento y el país donde la empresa proveedora tiene establecida su sede matriz.

Sin ir más lejos, en 2020, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea invalidó el marco regulatorio “Privacy Shield”, que amparaba legalmente la transferencia de datos personales entre Europa y Estados Unidos. Esta resolución judicial, conocida como sentencia Schrems II, visibiliza una fractura estructural en la arquitectura digital contemporánea.

Regulación según intereses geopolíticos

El entramado normativo internacional incrementa la complejidad de esta gestión, evidenciando que los grandes bloques geopolíticos, sobre todo, la Unión Europea, Estados Unidos y China, ejercen diferentes grados y mecanismos de control sobre la esfera digital para proteger sus intereses.

El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en Europa introdujo un criterio estricto de extraterritorialidad en su artículo 3, que exige el cumplimiento de sus estándares a organizaciones ubicadas fuera de su territorio siempre que traten información de residentes europeos.

Mientras, legislaciones como la Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act (CLOUD Act) estadounidense otorgan a las autoridades federales la potestad de requerir el acceso a los registros que administran sus corporaciones tecnológicas, en determinados supuestos y bajo control judicial, con independencia de si los servidores físicos operan en la Unión Europea o en otras jurisdicciones.

La colisión directa entre legislaciones enfocadas en una privacidad fuertemente garantista, como la europea, y otras orientadas a la seguridad nacional y la vigilancia transnacional genera inseguridad jurídica, exponiendo a instituciones y corporaciones a riesgos legales sustanciales.

Juridiscción entre fronteras

La dificultad para mantener el control jurisdiccional sobre los sistemas informáticos compromete la resiliencia de los Estados y afecta de forma directa a la ciudadanía. Esto se traduce en riesgos tangibles para la gestión y confidencialidad del historial médico electrónico, la estabilidad de la banca digital o el funcionamiento ininterrumpido de los servicios públicos de emergencia.

Por otro lado, la externalización de la custodia de esta información a corporaciones sujetas a legislaciones de terceros países introduce vulnerabilidades sistémicas, dado que las variaciones en las políticas comerciales o la imposición de sanciones internacionales pueden provocar la interrupción abrupta de operaciones críticas.

En este escenario, desde la perspectiva macroeconómica, la retención del control de los datos resulta crítica para la autonomía tecnológica. Estos repositorios masivos constituyen el sustrato primario para el entrenamiento de algoritmos de inteligencia artificial y la generación de modelos analíticos avanzados.

Iniciativas como el proyecto GAIA-X ilustran este esfuerzo institucional mediante la creación de infraestructuras de datos abiertas, federadas y seguras. El propósito de este marco europeo consiste en la salvaguarda de la capacidad de innovación tecnológica en el territorio propio y la mitigación la transferencia neta de valor hacia operadores foráneos.

Servidores y operadores locales

Las respuestas regulatorias frente a esta vulnerabilidad frecuentemente exigen la implementación de medidas de residencia de datos, que obligan por ley a que los centros de procesamiento se ubiquen dentro de las fronteras nacionales.

Aunque la localización geográfica del servidor es un requisito necesario para facilitar la auditoría y la supervisión física, resulta insuficiente para garantizar una autonomía tecnológica real. Si la infraestructura física sigue operada por la filial de una corporación extranjera, los datos continúan bajo el riesgo de aplicación de legislaciones extraterritoriales.

Así, las aproximaciones más rigurosas exigen la adopción de arquitecturas de nube operadas por entidades locales, con el objetivo de reducir de forma drástica el riesgo de sometimiento a requerimientos de tribunales o agencias de inteligencia de terceros países.

Tecnología de cifrado

En el nivel de la seguridad técnica, la mitigación de estos riesgos requiere que los controles criptográficos se encuentren bajo el dominio exclusivo del propietario de la información. Esto significa que las claves de cifrado deben ser generadas, custodiadas y gestionadas en la jurisdicción de origen.

Tecnologías de frontera como la computación confidencial –enfocada en proteger los datos en uso– añaden una capa de protección en el procesador: aíslan los datos en entornos de ejecución seguros mientras se realizan los cálculos en la memoria del servidor.

Por su parte, disciplinas como el cifrado homomórfico permiten la ejecución de operaciones analíticas sobre datos encriptados sin requerir su descifrado en ningún punto del proceso. Aunque esta tecnología aún presenta severas limitaciones de rendimiento computacional y está restringida a operaciones matemáticas muy concretas, los avances continuos en su desarrollo reducen la superficie de exposición.

El empleo de estas técnicas proporciona una protección robusta frente a la interceptación ilícita o el cumplimiento de órdenes extranjeras.

Pilares de los Estados digitales

La gestión jurisdiccional de la información ha trascendido el debate estrictamente regulatorio para consolidarse como un elemento central del funcionamiento del entorno digital actual.

Las decisiones sobre la topología de la red –disposición física en la que los dispositivos (nodos) de una red, como computadoras, routers y switches, están interconectados para intercambiar datos– determinan cómo se distribuyen, aíslan y conectan físicamente los nodos del sistema.

Estas variables, junto con la selección de proveedores de infraestructura y el despliegue de protocolos de cifrado, impactan directamente en el tejido social y económico. Además, determinan el grado efectivo de privacidad individual, la disponibilidad de los servicios esenciales ante escenarios de inestabilidad internacional y la viabilidad competitiva del tejido industrial.

Por eso, la preservación de la autoridad sobre las condiciones bajo las cuales se procesa y almacenan los datos constituye, en el contexto actual, un requisito fundamental para salvaguardar la autonomía política y económica en la era digital.

The Conversation

José Luis Salmerón Silvera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué papel juegan nuestros datos digitales en el escenario geopolítico mundial? – https://theconversation.com/que-papel-juegan-nuestros-datos-digitales-en-el-escenario-geopolitico-mundial-280874

¿Por qué merece la pena transformar el patio en un espacio artístico?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Varela Casal, Facultad de Diseño. Area de Didáctica de la Plástica, Universidade de Vigo

PeopleImages.com/Shutterstock

Cuando nos planteamos cómo mejorar la calidad y la eficacia de los sistemas educativos, rara vez pensamos en los patios escolares como espacios de aprendizaje. Y sin embargo, algunos expertos consideran el patio y todos los demás espacios físicos de la escuela un “tercer maestro” por la importancia que tienen en el desarrollo de los estudiantes.

Parte del aprendizaje

Tiene sentido que las familias, a la hora de elegir el lugar donde sus hijos pasarán más de cinco horas cada día, tengan muy en cuenta que el patio sea amplio y verde o las aulas acogedoras y luminosas. Si los espacios educativos fueran estéticamente más dignos e interesantes, la experiencia cotidiana de millones de estudiantes tendría mayor sentido y brindaría más oportunidades para el desarrollo de la sensibilidad y de diversos modos de cognición.

Y es que el patio no es solo un espacio para el descanso entre clases, sino que forma parte activa del contexto de aprendizaje: en él se pueden disfrutar experiencias creativas, artísticas, sociales y emocionales. Por ello, su diseño y uso no deberían ser cuestiones externas o secundarias, sino desarrolladas de manera colaborativa con el alumnado y la comunidad docente. Ambos colectivos necesitan espacios flexibles y abiertos para la socialización.

Más allá de la lógica funcional

Durante mucho tiempo, los patios han respondido exclusivamente a una lógica funcional. Grandes superficies asfaltadas destinadas al deporte o al juego libre han limitado sus posibilidades educativas.

Hoy sabemos que el entorno influye en la forma de relacionarse, en el desarrollo de la creatividad y en el bienestar. El arte ofrece herramientas para activar este potencial, transformando el espacio para abrirlo a nuevos usos.

Y desde luego no hablamos de propuestas relacionadas con la decoración, sino de una apuesta estética y funcional que vaya más allá del esteticismo, de lo bonito. Intervenciones artísticas, instalaciones, juegos de color, propuestas de diseño, elementos escultóricos o murales colaborativos pueden transformar la forma en que se ve, se vive y se comparte el patio.

El papel del profesorado y la comunidad

Cada centro educativo tiene sus propias condiciones. Por eso, la transformación del patio debe partir de su realidad y plantearse como un proceso comunitario en el que están implicados profesorado, alumnado y familias.

El profesorado es el que puede vincular el proyecto con los objetivos educativos y asegurar su continuidad. Alumnos y alumnas son los que saben el uso que se da y que quieren dar a este espacio. Las familias y otros agentes como asociaciones vecinales pueden sumarse mediante talleres o jornadas de trabajo; de esta manera su vínculo con el centro se verá fortalecido.

Cuando el proceso es participativo, no solo cambia el espacio: también se refuerza la convivencia y el sentido de pertenencia.

Análisis, planificación e intervención

La transformación del patio comienza por sensibilizar a las personas involucradas (alumnado, docentes, padres, entorno escolar) para que colaboren en el proceso de análisis de espacio (características e usos) y así diseñar una propuesta de forma colaborativa y contextualizada.

Debemos observar todas las posibles dimensiones:

  • Dimensión espacial: delimitación, organización, tipología de superficies y espacios, elementos naturales y artificiales, señalización, confort y adecuación.

  • Dimensión funcional: el uso de los espacios teniendo en cuenta climatología, autonomía del alumno, usos, polivalencia, diseño funcional de partida y consideraciones posteriores si más adelante se amplía el tipo de usuarios (a horas no lect.

  • Dimensión social y relacional: cómo puede mejorar la convivencia y la comunicación, cuántos alumnos hay, perfiles de usuarios y potenciales usuarios, qué conflictos son más frecuentes, qué mecanismos de socialización y experiencias se pueden potenciar, qué tipo de actividades y valores deben priorizarse.

  • Dimensión temporal: dinámica y organización de los tiempos.

  • Dimensión artística y pedagógica: elementos visuales, simbolismo, identidad.

La fase de intervención constituye la parte más tangible del proyecto; pero tras esta fase es necesario evaluar los resultados y asegurar un seguimiento. La sostenibilidad y el mantenimiento son fundamentales para garantizar la transformación del patio, dar continuidad al proyecto y hacer que el cambio sea real.

Estrategias artísticas

Hablamos de humanizar los patios y contextualizar la educación, a partir del análisis de cómo percibimos y nos relacionamos con estos lugares. De intervenciones que, a través del uso de la estética, el arte y el diseño modifican la relación del alumnado con el espacio escolar. Algunos ejemplos:

  1. Emplear el color con intención estética y comunicativa para delimitar zonas, activar comportamientos (juego, calma, tránsito) o sugerir usos del espacio sin necesidad de incorporar elementos físicos. Tonos desaturados y formas orgánicas para zonas de descanso o circuitos de líneas geométricas en colores saturados para invitar al movimiento o proponer espacios de juego.

  2. Realizar un mural en una pared exterior a partir de un boceto creado en el aula de manera colectiva.

  3. Crear instalaciones sensoriales como recurso didáctico: propuestas espaciales que invitan a explorar con los sentidos a través de materiales, formas o texturas.

  4. Introducir esculturas y mobiliario para actividades de baja intensidad que fomenten la calma, la tranquilidad y la interacción social. Mesas compartidas, pequeños refugios que favorecen el juego simbólico o la conversación, mobiliario en disposición circular, zonas de lectura o mesas de juego contribuyen a diversificar las experiencias del alumnado.

  5. Incorporar elementos naturales que mejoren el entorno. Jardines, huertos o zonas verdes hacen el espacio más habitable y agradable.

Nuevas formas de estar, de juego y de movimiento en los patios escolares.
García Serrano et al. (2017), Guía de diseño de entornos escolares, Madrid Salud, Ayuntamiento de Madrid.

Estas estrategias creativas buscan nuevas formas de estar, de juego y de movimiento, muchas veces construidas con materiales reutilizados.

Repensar el patio es repensar la escuela

Transformar el patio no es únicamente una cuestión estética: no se trata solo de “embellecer”, sino de reflexionar sobre la escuela que queremos y las experiencias que ofrecemos al alumnado.

Los patios, concebidos desde un enfoque artístico, fomentan la creatividad y la convivencia, tanto a lo largo del proceso de transformación como por los resultados obtenidos. La escuela, de esta manera, se constituye como una comunidad que va más allá del aula.


¿Quiere recibir artículos como este? Suscríbase a La Conversación Docente y reciba los últimos análisis y tendencias en el sector educativo, seleccionados por nuestra editora de Educación Eva Catalán.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué merece la pena transformar el patio en un espacio artístico? – https://theconversation.com/por-que-merece-la-pena-transformar-el-patio-en-un-espacio-artistico-277320

El papel de las cajas de ahorro como motor del desarrollo social y cultural en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula I. Rodríguez Castro, Profesora Contratada Doctora departamento Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de Cádiz

Una voluntaria de la Obra Social de La Caixa en una actividad de la Semana Social que organizó la entidad en 2017. La Caixa

Durante décadas, las cajas de ahorros fueron uno de los mayores inversores privados en bienestar colectivo de España. Dado que jurídicamente no eran bancos tradicionales sino fundaciones privadas de interés público, no tenían accionistas entre los que repartir dividendos. Pero sí estaban obligadas a revertir una parte de sus beneficios en la sociedad. En concreto, la normativa exigía destinar entre un 25 y un 50 % de sus ganancias a fines sociales o benéficos. Esa dimensión social es lo que se conoció como la obra social.

Cuatro áreas de participación

Según los datos contenidos en las memorias anuales de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (2004-2024), las inversiones en obra social de las cajas de ahorro se distribuían en cuatro áreas:

  • Cultura y ocio.

  • Asistencia social y sanitaria.

  • Educación e investigación.

  • Conservación del patrimonio histórico y natural.

Hasta justo antes del inicio de la Gran Recesión (2008-2014) España atravesaba una fase de fuerte crecimiento económico, impulsado sobre todo por el ladrillo (construcción y transacciones inmobiliarias). En ese momento, el producto interior bruto crecía a una tasa media cercana al 3,5 % anual, según estimaciones del Banco de España. El crédito fluía con facilidad, el mercado inmobiliario estaba en auge y, por consiguiente, las cajas también obtenían beneficios elevados. Esta situación también se trasladó a su obra social.

De hecho, ese mismo año 2008 se alcanzó un máximo histórico: 2 058 millones de euros invertidos en acción social. Esa cifra superaba el presupuesto anual destinado a fines culturales de muchas comunidades autónomas. Se destinaron a asistencia social y sanitaria 781 millones, a cultura y tiempo libre 729 millones, a educación e investigación 326 y a patrimonio histórico y natural 221.

No eran partidas simbólicas: en algunos ámbitos, especialmente en cultura, la inversión de la obra social de las cajas llegó a igualar, o incluso superar, el esfuerzo de las administraciones públicas. Así, las cajas se consolidaron como uno de los principales financiadores de estas actividades, con una inversión comparable a la de la Administración General del Estado. En esos mismos años también tuvieron una participación considerable en la financiación de proyectos medioambientales.

Cambio de prioridades

No obstante, con el paso del tiempo las inversiones fueron cambiando. Si a comienzos de los 2000 casi la mitad de la obra social se destinaba a cultura, tras el estallido de la crisis financiera, la prioridad cambió. En 2010, la asistencia social y sanitaria concentraba ya el 45,6 % del total, mientras que las partidas destinadas a cultura habían descendido a algo más del 30 %.

La explicación es clara: el aumento del desempleo, que llegó a superar el 20 %, y el incremento de las necesidades sociales obligaron a reorientar los recursos hacia los colectivos más vulnerables, como personas dependientes o familias sin ingresos. Las cajas actuaron como un amortiguador social en un momento económico y social especialmente delicado.

Pero la crisis financiera también marcó un punto de inflexión. Entre 2008 y 2010 la inversión en obra social cayó casi un 29 %, pasando de 2 058 a 1 462 millones de euros. Con el estallido de la burbuja inmobiliaria, las cajas sufrieron la falta de crédito. Las nuevas exigencias regulatorias impuestas por las autoridades monetarias las obligaron a destinar una parte de sus beneficios a reforzar su solvencia, reduciendo el margen disponible para obra social.

Adiós a las cajas

La crisis de 2008 mostró las debilidades del modelo de cajas de ahorro: la gobernanza estaba sometida a influencias políticas, la exposición al ciclo inmobiliario fue excesiva y la financiación de la obra social dependía directamente de la obtención de beneficios bancarios. Así, cuando el negocio se deterioró también lo hizo la capacidad de inversión social de esas entidades.

Todo este proceso culminó en una profunda reestructuración del sistema financiero español. Tras la aprobación del Real Decreto Ley 11/2010 y la Ley 26/2013, la mayoría de las cajas se transformaron en bancos o en fundaciones bancarias. España pasó de tener 45 cajas en 2009 a solo dos con su forma jurídica original en 2024: Caixa Ontinyent y Caixa Pollença. El negocio financiero de las antiguas cajas quedó en manos de los nuevos bancos comerciales (Caixabank, Unicaja, Kutxabank, Ibercaja y Abanca), mientras que la obra social se canalizó a través de sus fundaciones.

Puede pensarse que la desaparición del modelo tradicional de cajas de ahorro diluyó la inversión social. Sin embargo, los datos muestran que, entre 2014 y 2024, las fundaciones heredadas del antiguo sistema han mantenido un elevado nivel de inversión, acumulando más de 8 700 millones de euros.

De hecho, finalizada la crisis financiera, la inversión anual de las cajas en su obra social ha ido subiendo: 709,9 millones de euros en 2014, 845,6 millones en 2019 y 906,1 en 2024, el nivel más alto de la última década.

Banca y bienestar colectivo

Durante décadas, las cajas reinvirtieron sus beneficios en los territorios en los que operaban. Esta inversión formaba parte de su modelo institucional y no era incompatible con la solvencia, contribuyendo además a reforzar su reputación y su arraigo local.

Ahora, las fundaciones bancarias operan bajo el paraguas de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). La gran diferencia es que la obra social ya no forma parte estructural del modelo bancario, sino que depende de la obtención de dividendos y de las decisiones estratégicas de las entidades.

Entender este proceso resulta clave para el debate actual sobre la sostenibilidad, la responsabilidad corporativa y la cohesión social. Porque, más allá de balances y ratios de capital, la pregunta es: ¿qué papel debe jugar la banca en el bienestar colectivo?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El papel de las cajas de ahorro como motor del desarrollo social y cultural en España – https://theconversation.com/el-papel-de-las-cajas-de-ahorro-como-motor-del-desarrollo-social-y-cultural-en-espana-277400

En la tuberculosis, no todo contagio es un contagio reciente (y por qué importa)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Darío García de Viedma, Responsable del laboratorio de Genómica Microbiana del Servicio de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas del Hospital Gregorio Marañón. Facultativo especialista en Microbiología. Doctor en CC Biológicas, Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón IiSGM

Representación de la bacteria _Mycobacterium tuberculosis_, causante de la tuberculosis. Kateryna Kon/Shutterstock

Cuando pensamos en una enfermedad infecciosa, tendemos a imaginar que alguien se contagia hoy, desarrolla síntomas mañana y transmite la infección a otros en los días siguientes. Esta intuición funciona bien para muchas enfermedades respiratorias, pero puede ser una imagen profundamente engañosa con la tuberculosis. De hecho, una parte importante de los casos que etiquetamos como “nuevos” no lo son tanto.

La tuberculosis sigue siendo un problema relevante de salud. En Europa se notifican decenas de miles de casos cada año, con una incidencia aún lejos de los objetivos globales de eliminación. Y entender cómo y cuándo se producen esos casos es mucho más complejo de lo que parece a simple vista.

Agazapada en el organismo

La clave está en una característica fundamental de la bacteria causante: su capacidad para, tras infectar a un individuo, permanecer en el organismo sin generar enfermedad. Cuando alguien se infecta con Mycobacterium tuberculosis, el sistema inmunitario puede contenerla. En esta situación, aunque el microorganismo no se elimina completamente, no se genera enfermedad. Sin embargo, años –o incluso décadas– después, la infección puede reactivarse.

Esto significa que un caso diagnosticado hoy no necesariamente corresponde a un contagio reciente. Puede ser la consecuencia de una infección adquirida mucho tiempo atrás, incluso en otra circunstancia. Y es aquí donde surge el problema: desde el punto de vista de la vigilancia epidemiológica, distinguir entre transmisión reciente y reactivación es esencial. No es lo mismo un brote activo que requiere intervención urgente para controlar otros casos implicados que la reaparición aislada de infecciones antiguas.

Tradicionalmente, los sistemas de vigilancia han utilizado información como contactos conocidos, lugar de residencia o grupos de riesgo para inferir cómo se transmite la enfermedad. Pero estos métodos tienen limitaciones evidentes. Por ejemplo, dos personas pueden vivir en el mismo entorno y desarrollar tuberculosis al mismo tiempo sin haberse contagiado entre sí. O, en un caso opuesto, pueden formar parte de una cadena de transmisión que pasa desapercibida, porque ocurre en entornos de exposición diferentes a los convencionales. En otras palabras: la intuición –incluso la intuición experta– no siempre basta.

Lo que revela la “lupa genómica”

En los últimos años, la genómica ha revolucionado nuestra capacidad para reconstruir la historia de las infecciones. Gracias a la secuenciación del ADN completo de la bacteria, podemos obtener una “fotografía genómica” propia de cada cepa. Como ocurre con los humanos, la imagen de esa fotografía cambia ligeramente con el tiempo: a medida que una cepa circula en una población, acumula mutaciones que actúan como un “reloj molecular”. Esto permite estimar la “edad” de cada cepa y determinar si un nuevo caso de tuberculosis es el resultado de una transmisión reciente o si corresponde a una reactivación de una variante con la que el paciente se infectó hace años.

Diversos estudios han demostrado que esa aproximación mejora la vigilancia epidemiológica, al identificar cadenas de transmisión reales y distinguirlas de coincidencias sin repercusión desde el punto de vista de la transmisión. Cuando se aplica la “lupa genómica”, el panorama cambia: muchos casos que parecían formar parte de transmisión reciente se revelan como reactivaciones de infecciones latentes adquiridas años atrás. En otras palabras, no todo lo que parece un contagio reciente lo es.

Este hallazgo no solo corrige una percepción errónea, sino que tiene implicaciones prácticas muy importantes: si somos capaces de diferenciar reactivaciones de transmisiones activas recientes podemos adaptar convenientemente las estrategias de control. De esa manera es posible dirigir los recursos hacia los entornos donde realmente hay transmisión activa, sin desplegar intervenciones tan intensivas cuando se trata de reactivaciones.

Implicaciones más allá de la tuberculosis

Al margen de las ventajas que esto supone en la lucha contra la tuberculosis, la lección va más allá de esta enfermedad concreta. La genómica está transformando la epidemiología al añadir una dimensión temporal que antes era inaccesible, ya que nos permite no solo saber quién está relacionado con quién, sino también en qué momento tuvo lugar esa relación. Es, en cierto modo, como pasar de ver una fotografía o un fotograma concreto a ver una película entera.

No obstante, proyectando hacia el futuro, el mayor reto al que nos enfrentamos quizá no sea tecnológico, sino conceptual. Estamos acostumbrados a pensar en las enfermedades infecciosas como eventos inmediatos, casi instantáneos. Pero la tuberculosis nos obliga a adoptar una visión más extendida en la que el pasado sigue influyendo en el presente. Y donde la genómica, siempre combinada con datos epidemiológicos y clínicos, nos aporta una imagen más próxima a la realidad de la dolencia para dar una respuesta adaptada a cada infección.

Aceptar que muchos casos “nuevos” no lo son realmente cambia cómo interpretamos los datos, cómo diseñamos intervenciones y, en última instancia, cómo entendemos la dinámica de las enfermedades. Porque en epidemiología, como en la vida, no todo lo que ocurre ahora empezó ayer.

The Conversation

Darío García de Viedma recibe fondos de ISCIII.

Cristina Rodríguez Grande fue beneficiaria de un contrato predoctoral PFIS (ISCIII – FI20/00129, 2021-2024)

Laura Pérez García recibe fondos de ISCIII (PI19/00331).

Sheri M. Saleeb receives a predoctoral contract through CIBERES

Silvia Vallejo Godoy es beneficiaria de las Acciones para el refuerzo con recursos humanos de la actividad investigadora en las Unidades Clínicas del Servicio Andaluz de Salud 2025.Expediente. A3-0006-2025. Recibe fondos FPS 2020 – Proyectos de I+i en Atención Primaria, Hospitales Comarcales y CHARES. AP-0627-2024-C5-F2

José Antonio Garrido Cárdenas, Miguel José Martínez Lirola y Sergio Buenestado Serrano no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. En la tuberculosis, no todo contagio es un contagio reciente (y por qué importa) – https://theconversation.com/en-la-tuberculosis-no-todo-contagio-es-un-contagio-reciente-y-por-que-importa-280105

Afrodita, ‘Euphoria’ y la mirada masculina: ¿quién decide qué mujer es bella?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Martínez Rodríguez, Profesora de Historia del Arte, Universidad de La Rioja

La actriz Sidney Sweeney en una imagen de la tercera temporada de _Euphoria_. HBO

Para los antiguos griegos, Afrodita era la diosa del amor y la belleza, y fue proclamada como la más bella del Olimpo por el mortal Paris en el juicio de la manzana.

El origen de este pasaje mitológico, tal y como lo relata el poeta romano Ovidio en las Heroidas (XVI, 65-68), se sitúa en las bodas de Tetis y Peleo, cuando la diosa de la Discordia lanzó una manzana dorada y retó a la diosa más bella a recogerla. Hera, Atenea y Afrodita se sintieron con derecho a este reconocimiento, y la responsabilidad de la decisión final recayó en Paris. Cada diosa ofreció al mortal una jugosa recompensa, y este eligió a esa última –que le prometió el amor de Helena, en lo que sería el desencadenante de la Guerra de Troya–.

La diosa griega Afrodita está representada semidesnuda de pie sobre su pierna derecha, con el pie izquierdo apoyado en un casco.
Venus de Capua, copia romana basada en un original de principios de la época helenística de Afrodita.
Marie-Lan Nguyen /Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, CC BY

Si algo ha traslucido de este concurso de belleza fundacional es que las representaciones artísticas de la diosa Afrodita que han llegado hasta nuestros días pueden considerarse como el ideal estético del clasicismo. Una belleza idealizada, sublimada, depurada de cualquier imperfección –como corresponde, por otro lado, a la divinidad–, es la que encontramos en las esculturas helénicas que, copiadas después por los romanos, sirvieron siglos más tarde para marcar el canon estético del Renacimiento y, posteriormente, del Neoclasicismo.

Porque aunque se dice que sobre gustos no hay nada escrito, lo cierto es que el gusto ha sido un tema ampliamente trabajado por la filosofía y la estética.

Quién dice qué es bello

Aunque la reflexión sobre la belleza está presente –y de manera destacada– desde la Antigüedad, la estética como disciplina filosófica surge en la modernidad; concretamente en el siglo XVIII, de la mano de A. G. Baumgarten. Este autor ofrece su primera definición como la ciencia que se ocupa de los objetos sensibles, es decir, de las “cosas percibidas”. A diferencia de las cosas conocidas (noetá), propias de la lógica, las cosas percibidas (aisthetá) proceden de los sentidos.

El filósofo alemán Immanuel Kant, siguiendo, entre otros, los planteamientos de Baumgarten, sostiene que lo bello –categoría fundamental de la estética– es aquello que da lugar a un juicio desinteresado y con pretensión de universalidad, sin que en su contemplación intervenga un fin práctico. El sentimiento de lo bello agrada porque no está vinculado al deseo ni a la utilidad para el sujeto, sino que se presenta como una finalidad en sí misma.

Para el empirista inglés David Hume, en cambio, “la belleza no es una cualidad de las cosas mismas; existe solo en la mente que las contempla, y cada mente percibe una belleza diferente”. Por ello, la belleza depende de la sensibilidad y de la experiencia.

Pero algo en común comparten estas valoraciones: a pesar de sus diferencias –y de las muchas otras definiciones que podrían recogerse a lo largo de la historia de la filosofía–, la mayor parte de ellas son formuladas por hombres, a cuya mirada se le atribuye una pretensión de universalidad.

Igualmente, la belleza de la diosa Afrodita es innegable, irrefutable, repetida a lo largo de la historia del arte y premiada con la manzana dorada y con ella certificada. Pero, según el mito, ¿quién fue juez y jurado de este primitivo juicio estético? Paris, un hombre, un mortal.

La mirada de un hombre

El término male gaze (traducido habitualmente al castellano como “mirada masculina”) ha ido ganando presencia en los últimos años, especialmente a través de las redes sociales, muy vinculado al mundo del audiovisual. En este contexto, alude a la construcción de personajes de ficción desde el punto de vista de los hombres –implícitamente heterosexuales– a fin de satisfacer a sus homólogos espectadores. Los personajes femeninos así creados aparecen con frecuencia hipersexualizados y reducidos a objetos de contemplación, un proceso que autoras como Martha Nussbaum y Sandra Bartky han denominado cosificación.

El término male gaze fue acuñado originalmente por la feminista Laura Mulvey en su ensayo Visual Pleasure and Narrative Cinema. Allí analiza cómo el lenguaje cinematográfico clásico reproduce relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres. Aunque ese texto es de 1975, lo que plantea es de gran actualidad.

Esta mirada masculina parece estar más presente que nunca en la nueva temporada de la serie de televisión Euphoria. En ella, el personaje de Cassie (interpretado por Sydney Sweeney) comienza a crear contenido erótico para las redes sociales, introduciendo la “monetización” de la mirada masculina en el argumento. Al ver un anticipo de esta trama en el tráiler, las redes sociales se llenaron de comentarios criticando la exagerada sexualización de su personaje a lo largo de las temporadas y combinando las críticas hacia el personaje y hacia la propia actriz.

Segundo tráiler de la tercera temporada de Euphoria.

Persona y personaje

En los nuevos capítulos, Cassie vive en su “burbuja residencial republicana”. Solo la primera imagen –en la que se la ve vestida de perrito con el culo en pompa sobre una caseta de mascotas– sería suficiente para que las autoras mencionadas corroborasen todas sus teorías sobre cosificación y mirada masculina. Cuando su prometido le recrimina que se venda por dinero, como una prostituta, ella se defiende diciendo que solo quiere contribuir a la economía familiar.

El atractivo erótico de la joven es innegable. Sweeney es la encarnación de la mujer despampanante, siguiendo la estela de Marilyn Monroe o Dolly Parton. Entonces… ¿qué pasa con la persona real? ¿Es ella la nueva Afrodita? ¿Y quién lo ha decidido?

Euphoria es una serie creada, escrita y dirigida casi exclusivamente por un hombre: Sam Levinson. La mirada inicial que se ha presentado sobre la actriz –que alcanzó la fama con esta serie– ha sido, por tanto, moldeada por el ojo de un creador masculino, que entrelaza el valor que el personaje –Cassie– y su entorno le dan a su físico con la forma en la que la serie la observa. ¿Ha sido esa mirada consciente –luego crítica– o inconsciente? Independientemente de la intención, ha llegado a un público concreto.

Tras despuntar en Euphoria, Sydney Sweeney ha protagonizado numerosas películas y ha sido imagen de varias marcas de moda. Quizá la más sonada sea su colaboración con American Eagle, que la erigió como icono femenino del estadounidense medio, como si de una divinidad griega se tratara.

Esto enlaza con la aprobación que el público masculino realiza –de forma vocal– del cuerpo de la actriz. Bajo su mirada, Sweeney representa esa voluptuosidad afrodisiaca que lleva siglos siendo objeto de deseo e inspiración. Como dijo un usuario en la plataforma X: “Sydney Sweeney puede quedarse quieta como una estatua, y aun así los hombres pagarían por verla”. Esto sucede, por supuesto, independientemente de que ella lo apruebe, lo busque o lo quiera. Es la mirada externa –considerada mayoritaria– la que la ha erigido en un icono sexual, sin que le hayan preguntado.

La belleza de Afrodita

Los estándares de belleza han ido cambiando a lo largo de la historia, desde Las tres Gracias de Rubens, hasta las Kardashian. Pero en cada década podemos establecer con cierta uniformidad un ideal estético que determina la belleza femenina, sin tener en cuenta gustos personales. En lo que respecta al cuerpo de las mujeres, lo bello adquiere esa categoría bajo la mirada masculina, que se arroga la pretensión de la universalidad. Y es que, como apuntaba el novelista y teórico del arte francés André Malraux:

“Hay gustos así como hay colores; pero los hombres se ponen de acuerdo más fácilmente sobre la belleza de las mujeres que sobre la de los cuadros, porque casi todos han estado enamorados y no todos han sido ‘amateurs’ de la pintura”.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Afrodita, ‘Euphoria’ y la mirada masculina: ¿quién decide qué mujer es bella? – https://theconversation.com/afrodita-euphoria-y-la-mirada-masculina-quien-decide-que-mujer-es-bella-278859