El efecto LinkedIn: cuando todos parecen tener más éxito que nosotros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

Shutterstock / Prostock-studio

Cada mañana, millones de profesionales abren LinkedIn para consultar novedades en su sector, ampliar contactos o compartir sus logros. Lo que encuentran suele ser inspirador: ascensos, premios, publicaciones científicas, nuevos proyectos, conferencias internacionales o cambios de empleo en apariencia a una mejor posición deseada. ¿Cómo afecta esta exposición continua al éxito ajeno a la forma en que valoramos nuestra propia carrera profesional?

La investigación reciente nos señala que, por un lado, ofrece beneficios claros para la empleabilidad, el networking (creación de redes de contactos profesionales) y la difusión del conocimiento. Pero también puede dar lugar a efectos psicológicos menos visibles, relacionados con la comparación social, la autoestima profesional y la necesidad de validación externa.

La trampa psicológica de compararnos demasiado

La teoría de la comparación social, formulada por Leon Festinger en 1954, sostiene que las personas evaluamos nuestras capacidades y nuestro valor comparándonos con los demás. En circunstancias normales, estas comparaciones pueden ayudarnos a orientarnos. El problema aparece cuando la información está sesgada.

Eso es precisamente lo que sucede en muchas redes sociales. Mientras Instagram suele mostrar una visión idealizada de la vida personal, LinkedIn presenta una visión idealizada de la vida profesional. Rara vez vemos proyectos que han salido mal, artículos rechazados, errores estratégicos o procesos de aprendizaje difíciles. Lo habitual es encontrarnos con los resultados finales (y exitosos): el ascenso, la publicación, el premio o el nuevo puesto.

Esta dinámica no es inocua. Algunos estudios han observado que la comparación social en LinkedIn puede incrementar la ansiedad relacionada con la búsqueda de empleo al afectar a la percepción de autoeficacia profesional.

Resulta paradójico que una herramienta diseñada para impulsar el desarrollo profesional pueda acabar generando la sensación de que siempre vamos por detrás.

Una autoestima profesional dependiente

Los psicólogos distinguen entre una autoestima relativamente estable y una autoestima contingente, es decir, aquella que depende de factores externos como el reconocimiento, los logros o la aprobación social.

Esta segunda puede llega a pesar mucho más de lo conveniente en el contexto de las redes sociales. Muchos usuarios de estas plataformas llegan a vincular una parte importante de su autovaloración a la respuesta obtenida en las plataformas digitales. Cuanto mayor es esta dependencia psicológica, mayor suele ser también la intensidad de uso de las redes sociales y el riesgo de desarrollar patrones problemáticos de utilización.




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Llevado esto al terreno profesional, la cuestión es preocupante. Si nuestra percepción de competencia depende cada vez más de las visualizaciones, comentarios o felicitaciones recibidas en LinkedIn, corremos el riesgo de sustituir los indicadores internos de progreso por indicadores externos de popularidad.

En otras palabras, podríamos empezar a confundir reconocimiento con valor profesional.

El gran escaparate de la identidad profesional

Hace décadas, el sociólogo Ervin Goffman describió la vida social como una representación teatral en la que las personas intentan gestionar la impresión que producen en los demás. Las redes sociales han llevado este fenómeno a una escala sin precedentes.

La investigación reciente sobre identidad profesional digital muestra que los usuarios desarrollan estrategias conscientes para construir una determinada imagen profesional. Entre ellas aparecen la selección estratégica de contenidos, la gestión cuidadosa de la reputación digital o la vigilancia constante de la propia presencia online. Estas prácticas no son necesariamente negativas, sino más bien al contrario. Pueden resultar útiles para comunicar competencias y generar oportunidades profesionales. Pero también pueden fomentar una preocupación excesiva por la imagen proyectada.

De lo contrario, podemos acabar dedicando más tiempo a comunicar lo que hacemos que a hacer aquello que comunicamos.

¿Promoción profesional o narcisismo?

Promocionar el propio trabajo no implica automáticamente narcisismo. De hecho, en muchos sectores resulta imprescindible visibilizar proyectos, publicaciones o logros para generar oportunidades profesionales.

Sin embargo, cuando la identidad profesional se construye principalmente sobre las reacciones obtenidas en línea, el éxito deja de medirse por la calidad del trabajo realizado y comienza a hacerlo por la atención recibida.

La diferencia es sutil pero importante. Una cosa es compartir un logro porque puede resultar útil e inspirador; otra muy distinta es necesitar constantemente la aprobación ajena para confirmar nuestro valor profesional.

Especialmente porque, cuando el reconocimiento se convierte en una necesidad permanente, cualquier silencio digital puede interpretarse como un fracaso.




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El riesgo de olvidar el aprendizaje

Otro riesgo de las dinámicas comparativas y de validación externa que se establecen en redes sociales, y en concreto de carácter profesional como LinkedIn, es la pérdida de humildad intelectual. Las investigaciones sobre aprendizaje y desarrollo profesional muestran que el progreso suele estar asociado a la capacidad para reconocer errores, aceptar limitaciones y aprender de la experiencia. Sin embargo, los algoritmos tienden a premiar los resultados visibles mucho más que los procesos invisibles.

Por eso nos encontramos muchas publicaciones celebrando éxitos y relativamente pocas analizando fracasos, dudas o aprendizajes difíciles. La consecuencia es la construcción de una narrativa profesional poco realista en la que el progreso lineal y el éxito parecen permanentes.

La realidad es muy distinta. Detrás de cada ascenso suelen existir años de esfuerzo. Detrás de cada artículo publicado suelen haber revisiones por pares, correcciones y rechazos. Detrás de cada trayectoria brillante suelen encontrarse momentos de incertidumbre que rara vez aparecen en el muro de LinkedIn.

Esta reflexión es lo que llevó al profesor de Princeton Johannes Haushofer a publicar un CV de fracasos. Acostumbrados a utilizar las redes para mostrar lo bien que nos lo pasamos (Instagram) o lo buenos que somos (LinkedIn) o cuántos amigos tenemos (Facebook), acabamos alimentando un escaparate abierto todos los días de la semana donde sólo se proyectan películas de éxitos.

Una herramienta valiosa, con distancia

La solución no pasa por abandonar LinkedIn. La plataforma ofrece oportunidades extraordinarias para aprender, establecer contactos y difundir conocimiento. Buena parte de la transferencia de conocimiento profesional y científico actual se produce gracias a herramientas de este tipo.

La cuestión es utilizarla sin convertirla en un espejo de nuestra autoestima.

Una carrera profesional sólida no se construye acumulando reacciones digitales, sino desarrollando competencias, aprendiendo de los errores y generando impacto real sobre las personas. Los “me gusta” pueden aportar visibilidad. Las felicitaciones pueden resultar agradables. Pero ninguna de ellas debería convertirse en la medida definitiva de nuestro valor profesional.

Porque, al final, la mejor carrera no es la que parece más brillante en una pantalla, sino la que sigue creciendo cuando la pantalla se apaga.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El efecto LinkedIn: cuando todos parecen tener más éxito que nosotros – https://theconversation.com/el-efecto-linkedin-cuando-todos-parecen-tener-mas-exito-que-nosotros-285019

Por qué es tan importante que las empresas protejan la propiedad intelectual de sus innovaciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maite Couto-Ortega, Docente investigadora en Mondragon Unibertsitatea, Mondragon Unibertsitatea

La innovación es uno de los activos más valiosos de una empresa. Así lo señalan desde la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual:

“Los activos intangibles son el tesoro oculto que impulsa las economías mundiales basadas en el conocimiento”.

No obstante, también es muy vulnerable, pues depende de la aceptación del mercado y sufre el riesgo de ser imitada o quedarse obsoleta. Proteger la propiedad intelectual es crucial para que las empresas se aseguren su ventaja competitiva y recuperen las inversiones realizadas en investigación y desarrollo.

Sin una protección adecuada, los competidores podrían copiar fácilmente las innovaciones, reduciendo los beneficios y debilitando las ventajas en el mercado de la empresa innovadora. De ahí que deban utilizar diferentes métodos legales para tratar de proteger sus activos.

¿Qué es la propiedad industrial e intelectual?

El formato de protección más conocido es el de patentes (un derecho exclusivo que se concede sobre una invención). Estas protegen los intereses de las personas que hayan inventado y desarrollado tecnologías, y les asegura que puedan tener el control sobre el uso comercial de sus productos.

De todas formas, no todo es patentable, ya que tiene que cumplir tres requisitos:

  1. Que sea una novedad mundial.

  2. Que tenga actividad inventiva.

  3. Que tenga aplicación industrial.

Una opción para proteger los desarrollos que no muestren tanta actividad inventiva serían los modelos de utilidad (una forma de proteger invenciones que aportan mejoras, pero con un grado de innovación menor que el exigido para una patente).

¿Patentar es siempre la mejor opción?

Ni siempre lo es ni siempre es posible. También hay que considerar que, cuando se patenta un producto, en algún momento se convierte en público, por lo que acaban dando todos los detalles de la receta que tanto ha costado crear.

Elegir la estrategia de protección adecuada depende de dos factores:

  1. La naturaleza de la innovación: cada tipo de activo tiene sus formas concretas de protección. Por ejemplo, un diseño (o creación de forma) o un logotipo no se pueden patentar (el diseño se protege mediante diseño industrial y el logotipo mediante marca). Y un software, en principio, se protege mediante derechos de autor (aunque sí se puede patentar su efecto técnico).

  2. El nivel de exposición: cuando la invención puede analizarse y copiarse fácilmente, las patentes suelen ser la mejor opción, ya que aseguran que los inventores puedan tener control sobre su uso comercial.

¿Qué ocurre en las empresas?

Una estrategia basada en patentes es útil en industrias donde la imitación ocurre rápidamente y la exclusividad legal es crucial. Una estrategia de secretos comerciales (cualquier información confidencial sobre productos, procesos o estrategias que otorgan a una empresa una ventaja competitiva) es más apropiada cuando se puede mantener la confidencialidad sobre las innovaciones. En la práctica, muchas empresas utilizan un enfoque híbrido, combinando ambos métodos.

Es difícil resumir el número de secretos empresariales que tienen las empresas. Por poner un ejemplo muy conocido, la fórmula de la Coca-Cola es confidencial y la empresa la protege de forma activa.

En conclusión

La protección de la propiedad intelectual es un recurso esencial para que las empresas aseguren sus activos más valiosos, recuperen inversiones y mantengan una ventaja competitiva frente a imitaciones de terceros.

Sin embargo, no existe una única estrategia válida. La elección entre patentes, derechos de autor, marcas o secretos empresariales depende de factores como la naturaleza de la innovación, el riesgo de copia o la ingeniería inversa (analizar un producto ya existente para comprender su diseño, estructura y funcionamiento), los costes y el nivel de exposición que se esté dispuesto a asumir.

Por este motivo, en la práctica, la mayoría de las empresas optan por estrategias híbridas, combinando diferentes mecanismos de protección. Este enfoque permite maximizar los beneficios de cada herramienta y adaptarse mejor a entornos competitivos y cambiantes.

Gestionar adecuadamente la propiedad intelectual y proteger la innovación, son elementos clave de la estrategia empresarial y del valor a largo plazo de las organizaciones.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué es tan importante que las empresas protejan la propiedad intelectual de sus innovaciones – https://theconversation.com/por-que-es-tan-importante-que-las-empresas-protejan-la-propiedad-intelectual-de-sus-innovaciones-283724

‘Backrooms’: ¿qué son los espacios liminales y por qué internet está volviendo extraño lo cotidiano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sofía Esteban Moreno, Investigadora Predoctoral Teoría de la Literatura , Universidad de Valladolid

Fotograma de _Backrooms_. A24

Un pasillo de hotel vacío, un parque infantil abandonado, una tienda de muebles iluminada de madrugada, un restaurante de comida rápida de carretera decorado por Navidad. ¿Hay alguien ahí? No hay amenaza visible, tan solo espacios huecos y silenciosos. Ante ese vacío surge una pregunta: ¿ha llegado el Apocalipsis? ¿Dónde están los humanos?

Es como volver a la casa de la infancia y encontrar solo ruinas. Como conservar una fotografía de nuestros seres queridos cuando ya no están vivos: ¿por qué siguen apareciendo en la imagen? Lo cotidiano se experimenta como extraño. Esa extrañeza tiene un nombre cada vez más frecuente en la cultura digital: liminalidad.

El éxito de los backrooms (“trastiendas”), nacidos en internet y convertidos ahora en película, ha dado forma narrativa a una sensibilidad que Valentina Tanni analiza en Estéticas liminales, publicado originalmente como Exit Reality, y traducido recientemente al español.

Tráiler de Backrooms.

No se trata solo de una moda visual de internet hecha de paredes amarillo nicotina, moquetas viejas y luces fluorescentes zumbando sin descanso en un laberinto infinito y onírico de habitaciones vacías. Está en juego una pregunta mucho más radical: qué le está pasando a la idea misma de lugar.

¿Dónde está nuestro hogar?

Una habitación se vuelve lugar cuando alguien puede orientarse en ella, recordarla y sedimentar allí su existencia. El lugar exige tiempo, repetición y vínculo. Por eso una casa no es solo arquitectura, es donde habitamos. El filósofo Gaston Bachelard señaló que el espacio vivido no es simplemente un espacio geométrico delimitado, ya que la casa, el rincón o la habitación nos importan porque organizan imaginariamente nuestra relación con el mundo. En esa intimidad resuena todavía una memoria arcaica de refugio, casi de cueva o incluso útero. Lo que convierte un espacio en hogar es la huella de nuestros gestos y de nuestra pertenencia.

Una casa llena de arena.
Hasta que llega a ser hogar una casa es todavía solo un espacio.
Edoardo Tommasini / Pexels

El sujeto necesita arraigo, pero no permanece inmóvil. Crece, se desplaza, reconfigura roles, atraviesa duelos, nacimientos, separaciones y pérdidas. Los ritos de paso dan reconocimiento comunitario a esos tránsitos. El antropólogo Arnold van Gennep distinguió tres momentos en todo cambio de estado: separación, margen y agregación.

El sujeto se desprende de su posición anterior, atraviesa una fase intermedia y se reincorpora a la comunidad bajo una nueva condición. Victor Turner, estudioso de símbolos y ritos, describió el estado de transición cultural y antropológico como un limbo: un “entre”, un estado ambiguo, por ejemplo, entre la infancia y la adultez, la soltería y el matrimonio, la vigilia y el sueño. Liminalidad proviene, precisamente, del latín limen, umbral.

Ahí aparece la diferencia con nuestra experiencia contemporánea. En el rito, la liminalidad tenía dirección y se atravesaba para transformar el vínculo entre individuo y comunidad. Hoy, en cambio, se multiplican las plataformas, los perfiles, las contraseñas, los videojuegos, los foros e incluso las comunidades digitales, aunque ese tejido social aparece muchas veces mediado por una relación solitaria con la pantalla. En la contemporaneidad postdigital, lo liminal ya no es una fase, se ha convertido en una atmósfera de suspensión desarraigada.

La realidad hecha imagen: ¿vivimos en la pantalla?

Marc Augé llamó no-lugares a los espacios de circulación donde pasamos sin arraigar: los aeropuertos, hoteles de cadena, hospitales, centros comerciales o autopistas. Si bien están llenos de gente, rara vez producen pertenencia. Internet radicaliza esa intuición. Antes de llegar a un restaurante, ya conocemos su decoración. Antes de visitar una ciudad, ya hemos visto sus calles. Antes de conocer a nuestra pareja, ya la hemos seleccionado con un like. Antes de vivir una experiencia, intuimos cómo podría ser publicada.

Unas mesas de diner americano ante unas ventanas, en un espacio vacío sin gente.
Un no-lugar en un aeropuerto.
Dennis Schmidt / Unsplash

La vida queda al servicio de la representación. De ahí que muchos espacios contemporáneos parezcan diseñados para ser fotografiados antes que habitados. Byung-Chul Han ha descrito este desplazamiento como el paso de las cosas a las no-cosas. Las cosas tienen peso, imperfección, duración, resistencia, tacto. Las no-cosas pertenecen al orden de la información, la disponibilidad y la circulación del dato. Cuando el mundo se vuelve imagen, es accesible e intocable al mismo tiempo.

Según Valentina Tanni, estéticas de internet como los backrooms, el vaporwave o el weirdcore no son solo intentos de escapar hacia dimensiones virtuales, sino que también buscan una nueva forma de relacionarnos con el concepto de realidad. La pantalla sería entonces un umbral, un portal. Pero esta zona-umbral tiene una sombra: “la tecnología nos ha puesto en un lugar muy extraño en el que nunca estamos completamente presentes”.

Quizá de ahí proceda la nostalgia que caracteriza a la estética liminal, poblada de imágenes de lugares reconocibles, como un parque infantil de noche, un colegio abandonado, una casa en venta o una piscina fuera de temporada, que conservan la huella espectral de lo humano. Estos lugares extrañamente familiares existen en una dimensión virtual y descorporeizada. Su atmósfera inquietante, o espeluznante, se acrecienta por la ausencia de seres humanos o por el aspecto sintético de la imagen. No sabemos dónde se tomaron esas fotografías, quién las tomó ni cuándo. Esa falta de información parece conceder a la imagen vida propia, casi sobrenatural.

El miedo a la desmaterialización del mundo: Backrooms

Una frase recogida por Tanni condensa la potencia de este imaginario: “Los backrooms son seres informes producto del caos, toman la forma de nuestro inconsciente colectivo”, e inquietan porque parecen los restos degradados de nuestra propia realidad.

Fotografía de una serie de espacios de oficina vacíos, con luz intermitente, moqueta y papel en las paredes.
Imagen original del popular meme de internet conocido como ‘The Backrooms’. Se hizo en un edificio ubicado en 811 Oregon St., Oshkosh, Wisconsin, Estados Unidos. La fotografía fue tomada antes de una renovación.
Bill Magritz/Wikimedia Commons

La película Backrooms ilustra esta angustia al convertir esa dimensión imposible en una copia defectuosa del mundo. En un espacio inhabitable, también la identidad se desintegra. Los alter egos monstruosos atrapados en ese laberinto sin tiempo pueden leerse más como restos deformados de identidad que como criaturas de terror. Son miedos, recuerdos e imágenes separadas del cuerpo vivo que les daba sentido. Ahí emerge el vértigo contemporáneo ante la posibilidad de que nuestros perfiles, avatares, fotografías y duplicados sobrevivan a nuestra presencia. Paradójicamente, esos no-lugares pueden incluso convertirse en refugio cuando la existencia virtual parece menos dolorosa, menos finita y exigente que nuestra realidad material.

La IA generativa ha intensificado esta sospecha. En internet, una habitación puede parecer real sin haber existido nunca, y un rostro puede parecer humano sin pertenecer a nadie. Como escribe Tanni, “Internet […] como un archivo gigantesco y monstruoso, ha absorbido una masa incalculable de ideas, emociones, sentimientos y miedos”. Los backrooms son la imagen espacial de ese archivo: un mundo convertido en resto de sí mismo.


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The Conversation

Sofía Esteban Moreno recibe fondos de ayudas de Formación del Profesorado Universitario (FPU) financiadas por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Asimismo, forma parte del proyecto TRANSFERRE. Referencia: PID2023-148361NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y cofinanciado por la Unión Europea.

ref. ‘Backrooms’: ¿qué son los espacios liminales y por qué internet está volviendo extraño lo cotidiano? – https://theconversation.com/backrooms-que-son-los-espacios-liminales-y-por-que-internet-esta-volviendo-extrano-lo-cotidiano-285117

De Mazinger Z a las armas láser actuales: así se usa la energía fotónica que nos salvó del Dr. Infierno

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Manuel Peña García, Catedrático del Área de Ingeniería Eléctrica, Universidad de Granada

Cuando el malvado Dr. Infierno construyó un ejército de robots para dominar el mundo, el profesor Jūzō Kabuto diseñó un ingenio aún más avanzado para proteger a la humanidad: Mazinger Z.

Creado por Gō Nagai, el manga de Mazinger Z fue adaptado al anime por Toei Animation y Dynamic Planning, debutando en la televisión japonesa en 1972. España, en 1978, fue el primer país europeo en estrenar la mítica serie del robot gigante que lanzaba los puños como cohetes al grito de “¡puños fuera!” y basaba su poder en dos pilares: la Aleación Z y la energía fotónica.

Medio siglo después del estreno de Mazinger Z, las armas basadas en la energía fotónica y los materiales estratégicos han saltado del anime a la realidad. El desarrollo de los sistemas láser militares y la carrera por las tierras raras marcan el ritmo de la guerra moderna.

El Bien y el Mal en la batalla

Con una pléyade de sofisticados robots, el Dr. Infierno y su asimétrico aliado, el Barón Ashler, estuvieron cerca de culminar sus planes en muchas ocasiones. Afortunadamente, el tenaz Kōji, nieto de Kabuto y piloto de Mazinger, logró siempre derrotarlos con ayuda de Afrodita A, un robot ginomorfo dirigido por la osada Sayaka. La eterna pugna entre el Bien y el Mal se dirimía, como ahora, en los laboratorios. Concretamente en el laboratorio de fotónica que había fundado el profesor Kabuto.

Mazinger Z utilizaba la energía fotónica como fuente de combustible principal y para alimentar sus sistemas de defensa y ataque. Extraída de un misterioso mineral llamado japanium, se canalizaba en su reactor interno para impulsar sus movimientos y desplegar su letal armamento, incluyendo su fuego de pecho y rayos fotónicos que, físicamente, tienen la misma naturaleza electromagnética.

Décadas después, la tecnología con la que Mazinger nos salvaba despierta más interés que nunca.

Armas y escudos láser

El láser táctico de alta energía, conocido como sistema láser Nautilus, es un láser para uso militar desarrollado en conjunto por Estados Unidos e Israel.
Wikimedia commons, CC BY

Desde hace años, el láser se usa para neutralizar misiles en pleno vuelo en la guerra real. Lo que antes se hacía disparando otros misiles, como los famosos Patriot que interceptaban a los Scud en la guerra del Golfo, hoy puede conseguirse apuntando rayos de alta potencia a un misil o a un dron hasta que la enorme cantidad de calor que le transfieren lo inutiliza o hace explotar su carga. Todo ello en segundos y sobre un objetivo móvil que vuela a una velocidad endiablada. Además, es mucho más barato que los misiles antimisil.

Así, en los últimos tiempos y por desgracia, hemos escuchado hablar, por ejemplo, del proyecto Nautilus, un láser táctico de alta energía (THEL, del inglés Tactical High Energy Laser), desarrollado por EE UU e Israel. Y del Iron Beam, un sistema de defensa antiaérea israelí que utiliza un láser de fibra de alta energía para interceptar cohetes, drones, morteros y misiles de corto alcance. Su uso principal es destruir objetivos en vuelo mediante la concentración de calor extremo, desintegrándolos en apenas unos segundos. El Iron Beam es una de las revoluciones tácticas más importantes en defensa aérea, marcando un hito tras su primer despliegue real en combate y pruebas recientes.

El empleo de sistemas de láser contra drones de ataque y enjambres de armas y vehículos aéreos no tripulados es ya una realidad.

Usar la energía fotónica

Llamamos energía a la capacidad de producir cambios y transformaciones. Un paseo a pleno sol demuestra que los rayos de nuestra estrella los producen. Estos rayos son radiación electromagnética que podemos imaginar como chorros de partículas (fotones) o como paquetes de ondas con distintas energías. Los forman principalmente la radiación infrarroja –que tan pronto nos calienta como nos permite ver galaxias lejanas-, la luz visible–con fotones más energéticos que, al llegar a nuestra retina, desencadenan el proceso visual– y la ultravioleta –que nos broncea a riesgo de dañar la piel –.

En todos estos procesos, los fotones producen cambios y transformaciones. Aunque carecen de masa en reposo, poseen energía y además, ejercen presión sobre los objetos que impactan. Ese “momento fotónico” puede empujar a la materia originando, por ejemplo, las preciosas colas de los cometas. Y, podría emplearse para impulsar naves en viajes interplanetarios, una hipotética propuesta.

El dilema: ¿fotones muy energéticos o muy concentrados?

En el anime, Kabuto y sus colaboradores debieron plantearse los mismos interrogantes que en los laboratorios reales en los que se investigaba y se investiga la energía fotónica.

— ¿Podríamos destruir robots (o drones) disparando fotones?

— Seguramente, pero necesitaríamos concentrar mucha energía en muy poco tiempo.

— ¿Y si usamos rayos gamma producidos en reacciones nucleares?

— Pues no está claro: nosotros recibimos fotones gamma del espacio y de la atmósfera sin derretirnos. Aunque también es cierto que son pocos, cada uno es de su padre y de su madre, y llegan desordenados.

— ¡Un momento! La cuestión no es la energía de cada fotón, sino la concentración. Para destrozar un robot del Dr. Infierno hay que dispararle muchísimos fotones, muy juntos e idénticos entre sí.

— ¡Pues disparemos fotones gamma muy energéticos, idénticos y muy concentrados!

— ¡No tan rápido! ¡Eso aún no sabemos como hacerlo!

Efectivamente, el láser gamma o “graser” sigue sin conseguirse bien entrado el siglo XXI. Los creadores Mazinger Z decidieron concentran rayos infrarrojos desde el pecho del robot. Pero aquello requeriría tanta energía que le dejaría exhausto, por lo que también dotaron a sus ojos de la capacidad de emitir otro tipo de energía fotónica: el láser.

Átomos excitados por el láser

El láser se basa en la emisión estimulada, un proceso físico mediante el cual un átomo excitado es excitado por un fotón y, como resultado, emite un nuevo fotón idéntico al primero. Esta “duplicación” de luz es la base del funcionamiento de los láseres, teorizada por Einstein en 1917. Casi medio siglo después, Theodore Maiman construyó el primer láser que, curiosamente, no parecía muy práctico. Pero pasaron los años y aquellos rayos tan “ordenaditos” e intensos permitieron crear los primeros hologramas y despertaron el interés de la medicina, la metalurgia y, en los años de la Guerra Fría, también de la industria bélica. De ahí dio el paso a la ciencia ficción y a las pantallas.

El rayo fotónico de Mazinger solo se vería sobre su objetivo segundos antes de explotar. Porque el láser no se esparce en aire limpio y no podemos ver pasar los rayos.
@KORAOFICIAL @ToeiAnimation, CC BY

Pero la energía fotónica de Mazinger, tanto infrarroja como láser, tiene su origen en la estructura de los misteriosos materiales que lo constituyen.

El secreto de la aleación Z

Mazinger Z estaba hecho de una aleación basada en un elemento secreto descubierto por el profesor Kabuto: el japanium. Cuando su creador lo imaginó para el manga, en la realidad ya se conocían todos los elementos estables de la tabla periódica , y que los más pesados son inestables. Quizás la “genialidad” de Kabuto le permitió ser el primero en llegar a lo que conocemos como isla de estabilidad, una serie de elementos con número atómico superior a 120, muy pesados y con propiedades desconocidas, y los suficientemente estables para usarlos en un robot gigante. Los físicos nucleares llevan décadas prediciéndolos sin que hasta ahora se hayan podido sintetizar.

Prácticamente indestructible y capaz de incorporar los mecanismos para emitir una energía fotónica letal, Mazinger Z mantuvo su superioridad porque el Dr. Infierno nunca consiguió la aleación.

¿Le suena a la pugna por las tierras raras y otros elementos estratégicos? Da la impresión de que la tecnología que nos deleitaba de niños a muchos de nosotros abre hoy los telediarios de medio mundo. ¡Larga vida a Mazinger Z!

The Conversation

Antonio Manuel Peña García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De Mazinger Z a las armas láser actuales: así se usa la energía fotónica que nos salvó del Dr. Infierno – https://theconversation.com/de-mazinger-z-a-las-armas-laser-actuales-asi-se-usa-la-energia-fotonica-que-nos-salvo-del-dr-infierno-284349

La selección: ‘Toy Story’ y la tristeza de los juguetes sin usar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

Un muñeco de Woody, protagonista de la saga _Toy Story_. WFI Photos/Shutterstock

A veces me dan envidia los padres y madres de la generación Z (nacidos entre 1997 y 2012). La mayoría todavía ni siquiera lo son. Pero pienso que cuando lo sean, tendrán algunas ideas mucho más claras que las generaciones anteriores en cuanto al papel de la tecnología en la vida de sus hijos. No serán los conejillos de Indias a quienes determinadas innovaciones tecnológicas como el teléfono móvil inteligente y las redes sociales pillaron desprevenidos cuando sus hijos eran adolescente o preadolescentes.

Otras veces, paseando por un parque, veo a una bebé en su carrito con el móvil en las manos, mirando unos dibujos en lugar de los árboles, las nubes y la gente; o en el autobús, un niño de apenas dos años pide más y más vídeos de la tablet a sus padres… y dudo.

Mucho antes de ser yo madre, en el año 1995, se estrenó una película de animación como ninguna otra: Toy Story. Como su título indica, es una historia de juguetes. Juguetes que cobran vida y se enfrentan a desafíos existenciales, en otras palabras, a la muerte. La muerte para un juguete, claro: que ningún niño juegue con él. Con cada nueva entrega (van cuatro), el enemigo ha cambiado de forma. La amenaza de ser relegados al olvido llega en forma de un juguete más moderno, con luces y voces; un vecino malévolo que disfruta destruyéndolos o, sencillamente, el paso del tiempo: el terror de pasar a una caja en el desván cuando su dueño se va a la universidad.

La semana que viene se estrena su quinta entrega y ya sabemos dos cosas importantes sobre ella: que la canción original es de Taylor Swift y que esta vez el enemigo de los juguetes es… una pantalla. Más allá de la ironía (al final, Toy Story no deja de ser una película, es decir, algo a lo que también nos referimos cuando hablamos de niños y pantallas), tiene todo el sentido en el contexto de la historia que los juguetes estén aterrados con la llegada de una tablet. Ningún “enemigo” tiene el mismo poder de persuasión; cuando las pantallas interactivas entran en el cuarto infantil, el juego se transforma, a veces para siempre.

El cerebro humano se desarrolla en íntima interacción, a través de todos los sentidos, con el mundo que lo rodea. Por supuesto, con los demás humanos, con el resto de seres vivos y, muy especialmente, con los objetos. Su textura, su temperatura, su peso, su sonido, su sabor, su forma… toda esta información ayuda a crear conexiones neuronales, a crecer y aprender. Por eso en los primeros meses de vida podemos considerar “juguete” casi cualquier objeto de tamaño mediano y sin aristas o pinchos. Algo que manipular con seguridad, y con lo que explorar y desarrollar la mente. La pedagoga Elinor Goldschmied hablaba, con propiedad, de “cesta de los tesoros”, y es muy fácil de preparar en cualquier hogar.

¿Qué pasa cuando nos saltamos esta etapa de exploración del medio físico y el niño interactúa más y más tiempo con una tablet? Incluso aunque los contenidos sean educativos, el aprendizaje es totalmente diferente. Además, como argumenta María Lidia Platas Ferreiro, de la Universidade de Santiago de Compostela, incluso a esas tiernas edades las pantallas acaban creando dependencia: cuanto más recurrimos a ellas para evitar que el niño “se aburra” (una noción discutible en una etapa de la vida en la que casi todo es nuevo e “interesante”), más aburridos le resultarán los objetos físicos. Esto no quiere decir que haya que inundar al niño de juguetes, todo lo contrario. Es mejor que haya pocos y bien elegidos.

Y es que entretener a los niños es un ejercicio minimalista más que acumulativo: unos minutos de atención completa, una tarea doméstica compartida, nutren más que grandes planes y actividades excesivamente estructuradas. Esto no quiere decir que no sea un plan excelente ir a ver Toy Story 5. Y ojalá su mensaje “cale” entre niños y adultos. Quizá, que una pantalla interactiva sea el malo de la película tenga un impacto positivo mucho más allá del cine.

The Conversation

ref. La selección: ‘Toy Story’ y la tristeza de los juguetes sin usar – https://theconversation.com/la-seleccion-toy-story-y-la-tristeza-de-los-juguetes-sin-usar-285168

No todas las muertes causadas por las olas de calor se deben a las altas temperaturas: el efecto de la contaminación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julio Díaz, Codirector de la Unidad de Referencia de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano. Profesor de Investigación. ISCIII, Instituto de Salud Carlos III

Vista de Barcelona en agosto. Rai Kirti/Shutterstock

Estamos a las puertas del verano en España y ya hemos experimentado los primeros coletazos de calor intenso. No sabemos qué nos depararán los meses próximos, pero el año pasado desde el punto de vista meteorológico
se registraron tres olas de calor estivales, con un total de 33 días.

Las altas temperaturas afectan negativamente a nuestra salud. En general, incrementan la mortalidad al producir un empeoramiento de patologías previas: personas con enfermedades respiratorias, cardiovasculares, renales, neurológicas y endocrinas crónicas ven agravados sus síntomas y esto hace que ingresen en un hospital o que fallezcan. Sin embargo, el impacto en la salud de las olas de calor no se debe únicamente a la temperatura. También tiene que ver con la contaminación.

Cómo se generan las olas de calor

Las situaciones meteorológicas que producen las olas de calor en la península ibérica suelen ser de dos tipos:

  • Un anticiclón que se sitúa sobre la Península que dificulta tanto los movimientos verticales del aire (convección) como los movimientos horizontales (advección). Esta ausencia de viento, junto con la fuerte insolación, hace que las temperaturas vayan aumentando día a día hasta que el anticiclón se desplace o se debilite.

  • La otra situación meteorológica que se relaciona con la ocurrencia de olas de calor es la existencia de patrones atmosféricos que impulsan hacia la Península aire muy cálido y seco procedente de África.

Altas temperaturas y contaminación

Las situaciones anticiclónicas impiden la dispersión de contaminantes, con lo que se produce un incremento en las concentraciones de los contaminantes primarios –aquellos emitidos directamente a la atmósfera–, como el dióxido de nitrógeno (NO₂). La existencia de dióxido de nitrógeno y las condiciones de estabilidad atmosférica, alta insolación y temperaturas elevadas son además propicias para la formación de un contaminante secundario como es el ozono troposférico (O₃).

En las olas de calor por entrada de aire sahariano lo que se favorece es un mayor transporte de material particulado (PM) de origen desértico a la atmósfera local. Las condiciones atmosféricas en estas situaciones también propician el incremento de concentraciones de dióxido de nitrógeno y ozono en el aire.

Por otro lado, las condiciones de sequedad extrema pueden provocar incendios que también liberan partículas tóxicas y compuestos orgánicos volátiles que pueden producir picos de ozono troposférico.

Todo esto significa que los días de ola de calor en la Península también suelen estar acompañados de altos niveles de contaminación atmosférica que afectan a la calidad del aire que respiramos.




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Efectos en la mortalidad diaria

Tanto la contaminación atmosférica como la temperatura durante las olas de calor actúan sobre la salud de grupos de vulnerabilidad similar, agravando el mismo tipo de enfermedades de carácter respiratorio y cardiovascular fundamentalmente. Por lo tanto, durante una ola de calor habrá un exceso de mortalidad atribuible a la temperatura, pero también a las mayores concentraciones de contaminación atmosférica.

La Oficina Española de Cambio Climático en su Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático de 2025 (ERICC-2025) menciona la necesidad de integrar el efecto de la contaminación junto con el impacto de la propia temperatura en la temperatura de definición de ola de calor.

En relación con la activación de los planes de prevención en salud pública ante olas de calor en Europa, la Organización Mundial de la Salud establece que la temperatura de definición de ola de calor debe basarse en criterios epidemiológicos y no exclusivamente meteorológicos. Es decir, se debe determinar la temperatura a partir de la cual aumenta la mortalidad de forma estadísticamente significativa. Este nivel debe ser la temperatura umbral de definición de ola de calor que se debe utilizar para prevenir los efectos de las altas temperaturas sobre la salud.




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Actualmente las temperaturas umbrales que utiliza el Ministerio de Sanidad en su “Plan Nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperaturas sobre la salud” no tiene en cuenta el posible efecto de la contaminación atribuyendo todo el exceso de mortalidad a la temperatura. Sin embargo, existen métodos estadísticos que permiten identificar separadamente qué mortalidad es atribuible a la temperatura y cuál a la contaminación.

En un estudio pendiente de publicación hemos comprobado que al aplicar este enfoque a todas las provincias españolas, las temperaturas de definición de ola de calor resultantes, una vez considerado el efecto de la contaminación, aumentan en promedio de 0,5 °C para el conjunto de España, con variaciones geográficas a nivel provincial que oscilan entre 0,1 °C y 2,9 °C.

Mapa que muestra las diferencias en ºC entre las temperaturas de definición de ola de calor teniendo en cuenta el efecto de la contaminación y sin considerarlo para las provincias españolas
Diferencias en ºC entre las temperaturas de definición de ola de calor (OC) teniendo en cuenta el efecto de la contaminación y sin considerarlo para las provincias españolas. Las zonas en blanco sin número indican que una de las dos temperaturas de definición de ola de calor no se ha podido calcular.
Los autores

Implicaciones en salud pública

Aunque 0,5 °C pueda parecer un incremento marginal, en términos epidemiológicos puede desplazar de forma relevante los umbrales de riesgo poblacional. Esto implica modificar la temperatura a partir de la cual se activan las alertas sanitarias, se movilizan recursos preventivos y se considera que la exposición al calor supone un riesgo significativo para la salud. Supondría también emitir menos alertas por calor y que estas fuesen más precisas y efectivas.

Por otro lado, hay un exceso de mortalidad durante las olas de calor que se está atribuyendo a la temperatura, pero que en realidad se debe a la contaminación. Según nuestras estimaciones, de media para toda España esta mortalidad atribuida inadecuadamente a la temperatura en olas de calor es del 18,7 %, pero sube hasta un 22,5 % en los días de ola de calor que se originan por la entrada de polvo del Sahara.

Pero quizá lo más relevante es que en la actualidad solo se estarían generando medidas preventivas para evitar ese exceso de mortalidad basadas en los efectos de la temperatura en la salud: mayor hidratación, no exponerse al sol, utilizar aire acondicionado. Pero no actuaciones dirigidas a la protección de la ciudadanía frente a la contaminación (utilización de mascarillas, no realizar ejercicio al aire libre) ni medidas por parte de las Administraciones encaminadas a disminuir esta contaminación atmosférica. Estas últimas incluirían, por ejemplo, la limitación del tráfico y de las actividades industriales y de producción de energía que supongan un incremento aún mayor de las concentraciones de los contaminantes atmosféricos, sobre todo en las zonas urbanas.


En la elaboración de este artículo ha colaborado Gerardo Sánchez Martínez, experto en Salud y Medio Ambiente de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA).


The Conversation

Julio Díaz recibe fondos de Instituto de Salud Carlos III.

Cristina Linares Gil recibe fondos de Instituto de Salud Carlos III y FECYT (FC-24-20138)

Pedro Salvador Martínez recibe fondos de MITECO.

José Antonio López Bueno y Miguel Ángel Navas Martín no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. No todas las muertes causadas por las olas de calor se deben a las altas temperaturas: el efecto de la contaminación – https://theconversation.com/no-todas-las-muertes-causadas-por-las-olas-de-calor-se-deben-a-las-altas-temperaturas-el-efecto-de-la-contaminacion-284198

La generación que nunca desconecta tampoco duerme

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Rodríguez Muñoz, Catedrático de Psicología Social y de las Organizaciones, Universidad Complutense de Madrid

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Son las doce y media de la noche y un adolescente está tumbado en la cama. La luz de la habitación está apagada, pero el día todavía no ha terminado. El grupo de WhatsApp sigue activo. Llegan vídeos de TikTok, alguien comenta una foto en Instagram y otro propone una partida online. Técnicamente está solo en su habitación. Socialmente, sigue rodeado de gente.

Durante siglos acostarse significaba desaparecer unas horas del mundo. La noche imponía una desconexión natural. Los amigos dejaban de estar disponibles, las conversaciones terminaban y el descanso encontraba un espacio protegido. Hoy esa frontera ha desaparecido.

Cuando hablamos del deterioro del sueño adolescente solemos señalar a las pantallas y, especialmente, a la luz azul que emiten los dispositivos electrónicos. No es una preocupación infundada. Sabemos que la exposición nocturna a este tipo de luz puede alterar la producción de melatonina y dificultar el inicio del sueño.

Sin embargo, la luz azul es solo una parte de la historia. La estimulación cognitiva, la interacción social permanente y la dificultad para desconectar parecen desempeñar también un papel fundamental en la forma en que la tecnología está transformando el descanso de los adolescentes.

El problema no está solo en las pantallas

La gran transformación no es solo tecnológica, sino social. Por primera vez en la historia, los adolescentes pueden permanecer conectados a su grupo de iguales prácticamente las veinticuatro horas del día. La tecnología ha eliminado los límites temporales de la vida social. Antes existía una separación relativamente clara entre el día y la noche; hoy el grupo “entra en la cama”.

Lo hace con una intensidad difícil de ignorar. Un estudio reciente que monitorizó objetivamente el uso del smartphone en más de seiscientos adolescentes estadounidenses encontró que los jóvenes pasaban, de media, más de 50 minutos utilizando el teléfono entre las diez de la noche y las seis de la mañana durante los días lectivos. Más llamativo aún: el 52 % utilizaba el móvil entre medianoche y las cuatro de la madrugada, una franja horaria que debería estar dedicada casi exclusivamente al sueño.

La evidencia científica reciente sugiere precisamente que el principal problema no es el uso general del móvil, sino su utilización durante la noche. En un estudio con seguimiento diario de adolescentes estadounidenses, los días en los que los jóvenes utilizaban más de lo habitual el teléfono durante la noche, se asociaban con una peor calidad de sueño y con una hora de conciliación más tardía.

No estamos simplemente ante un problema de pantallas, sino de noches invadidas. La luz de las pantallas forma parte de esa transformación, pero también las notificaciones, los mensajes, las redes sociales y la sensación de que siempre ocurre algo de lo que no conviene perderse.

Miedo a perderse cosas

A ello se suma el miedo a quedarse fuera; la sensación de que, mientras uno duerme, los demás siguen participando en conversaciones, experiencias y acontecimientos importantes. Este fenómeno es conocido en la literatura científica como FOMO (del inglés fear of missing out, “temor a perderse algo”). Y resulta especialmente relevante en una etapa de la vida en la que pertenecer al grupo ocupa un lugar central.

Las investigaciones sugieren, además, que muchos adolescentes utilizan el móvil en la cama no solo para entretenerse, sino también para gestionar emociones, combatir el aburrimiento y mantener el contacto con los demás. Aquellos que presentan patrones de uso más emocionales o compulsivos suelen mostrar también peores indicadores de sueño y bienestar psicológico.

Las consecuencias van mucho más allá del cansancio. El sueño desempeña un papel fundamental en el aprendizaje, la memoria, la regulación emocional y la salud mental. Además de afectar al rendimiento académico, dormir poco incrementa la irritabilidad, dificulta la gestión emocional y aumenta el riesgo de ansiedad y otros problemas psicológicos.

La punta del iceberg de una situación que se normaliza

Lo preocupante es que esta situación se está normalizando. Cada vez resulta más habitual encontrar adolescentes que duermen menos de lo recomendable y consideran ese agotamiento como una parte inevitable de la vida cotidiana.

Pero los adolescentes son, en realidad, la punta del iceberg. Vivimos en una cultura que ha convertido la disponibilidad permanente en una norma. Contestamos correos por la noche, revisamos mensajes al despertar y llevamos el trabajo y las redes sociales en el bolsillo a todas horas. Los jóvenes, simplemente, representan la versión más visible de un problema que afecta al conjunto de la sociedad.

Por eso, quizá ,la pregunta ya no sea solo cómo reducir el tiempo de pantalla antes de dormir. La cuestión de fondo es cómo proteger espacios reales de desconexión en un mundo diseñado para captar nuestra atención de forma permanente. Tal vez el desafío no consista únicamente en aprender a convivir con la tecnología, sino en recuperar la capacidad de desaparecer durante unas horas del mundo.

En otras palabras, descolonizar la noche y devolver al descanso un espacio propio. Porque dormir no es desconectarse de la vida, sino una condición para vivirla mejor.

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Alfredo Rodríguez Muñoz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La generación que nunca desconecta tampoco duerme – https://theconversation.com/la-generacion-que-nunca-desconecta-tampoco-duerme-284131

Linfedema y lipedema: en qué se diferencian de la celulitis y cómo pueden ser tratados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Carpallo Porcar, Fisioterapeuta. Personal docente e investigador en el grado de Fisioterapia en la Universidad San Jorge. Miembro del grupo de investigación iPhysio., Universidad San Jorge

Se estima que entre el 80 % y el 98 % de la población femenina presenta algún grado de celulitis, una alteración básicamente estética, a lo largo de su vida. Sin embargo, el 40 % de las mujeres padecen patologías que pueden atribuir por error a la famosa “piel de naranja”: el linfedema y el lipedema. Conocerlas bien, y saber distinguirlas, permite identificar señales de alerta y buscar ayuda profesional cuando sea preciso.

1. Celulitis

La celulitis (también llamada lipodistrofia ginecoide) surge a partir de la menstruación y se caracteriza por un cambio en la estructura del tejido graso. Desencadenada por factores hormonales, vasculares, metabólicos y mecánicos, la causa principal suele ser el aumento de los estrógenos, que influye en la organización del tejido adiposo y genera nódulos grasos (adipocitos) más grandes.

El aumento de los adipocitos produce una ralentización de la microcirculación de la sangre, ya que los nódulos comprimen pequeños vasos sanguíneos. Y este problema hace a su vez que se incremente el líquido acumulado en las zonas afectadas por la celulitis. Por esa razón, las zonas más grasas, como las caderas o el abdomen, se notan más frías al tacto.

¿Y por qué aparece la “piel de naranja” con mucha más frecuencia en las mujeres? La respuesta está en cómo se estructura el tejido bajo la piel. Unas bandas de tejido fibroso llamadas septos conectan la piel superficial –como si fueran cuerdas– con estructuras más profundas del cuerpo. En las mujeres están colocados de forma vertical, mientras que en los hombres se disponen de forma oblicua o cruzada. Cuando los adipocitos aumentan de tamaño y esos tabiques fibrosos se vuelven más rígidos o pierden elasticidad con el paso del tiempo, tiran de la piel hacia abajo, mientras que la grasa empuja hacia arriba.

Esta fuerza combinada genera el aspecto irregular de la celulitis, con sus característicos “hoyuelos”. En el caso de los hombres, al estar los septos orientados en diferentes direcciones, la tracción se distribuye mejor y la superficie de la piel se mantiene más uniforme.

El estrés, el sedentarismo, el tabaco o tomar anticonceptivos son factores que afectan a la severidad de la celulitis. Sin embargo, a pesar de sus efectos visibles, no produce hinchazón progresiva de las piernas, ni afecta al sistema linfático, ni genera complicaciones clínicas relevantes, más allá del impacto estético o emocional. En suma, no es una enfermedad.

2. Linfedema

Por contra, el linfedema es una dolencia crónica del sistema linfático que puede afectar a la movilidad y la calidad de vida. Se caracteriza por la acumulación de líquido –generalmente en las piernas–, debido a un fallo del sistema corporal de drenaje.

Algunos linfedemas aparecen por alteraciones en el desarrollo del sistema linfático (linfedema primario), aunque son los menos frecuentes. Lo más habitual es que surjan a consecuencia de otros procesos, como la extirpación de ganglios linfáticos en cirugías oncológicas –por ejemplo, en pacientes de cáncer de mama– o tras recibir radioterapia. La obesidad y algunas infecciones también pueden desencadenarlo.

El linfedema, que suele ser progresivo, produce sensación de pesadez, tirantez y, en ocasiones, dolor. Es frecuente notar un aumento del volumen de la extremidad, que puede manifestarse de forma visible al final del día. Un signo típico es la marca profunda que dejan los calcetines o ciertas prendas en la piel, indicando que hay acumulación de líquido.

He aquí otras diferencias con la “piel de naranja”:

  • Mientras que la piel celulítica puede pellizcarse con facilidad, con linfedema se vuelve tensa y cuesta coger un pliegue (el llamado signo de Stemmer).

  • La celulitis rara vez provoca dolor o pesadez, mientras que el linfedema suele acompañarse de tensión, pesadez y molestias.

  • En la celulitis no hay edema, mientras que el linfedema sí provoca una acumulación de líquido que empeora con el tiempo.

  • La celulitis suele afectar a ambas piernas, mientras que el linfedema a menudo solo se manifiesta en uno de los miembros.

3. Lipedema

El lipedema es una condición que muchas mujeres –prácticamente solo afecta a la población femenina– sufren sin saberlo. A simple vista puede parecer “celulitis fuerte”, “piernas anchas” o “retención de líquidos”, pero en realidad se trata de un trastorno del tejido graso que hace que las piernas (y a veces los brazos) acumulen grasa de forma simétrica, dolorosa y desproporcionada, incluso manteniendo una vida activa y una alimentación cuidada.

Su causa exacta no se conoce por completo, pero sabemos que intervienen factores hormonales, genéticos e inflamatorios. Suele aparecer o empeorar en momentos de cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo o la menopausia.

En cuanto a los síntomas, las afectadas describen una sensación muy reconocible: dolor en las piernas al tocarlas, moretones que “aparecen porque sí” y persistencia en el incremento de volumen de las piernas aunque el resto del cuerpo adelgace.

Muchas mujeres lo confunden con la celulitis, pero “la piel de naranja” no duele, no genera hematomas y no hace que las piernas engrosen de forma llamativa. Con el linfedema las diferencias son aún más claras: este suele afectar solo a una pierna, progresa con los años y la piel se vuelve tensa y dura.

En manos de la fisioterapia

La fisioterapia juega un papel esencial para tratar tanto el linfedema como el lipedema, ya que trabaja directamente sobre el tejido, la circulación y el movimiento, tres pilares que ambas condiciones alteran con el tiempo.

Para manejar el linfedema se aplica la llamada terapia descongestiva compleja, que combina drenaje linfático manual, vendajes multicapa, prendas de compresión, ejercicios específicos y cuidados de la piel.

Esta estrategia reduce el volumen del edema, mejora la función de los vasos linfáticos y disminuye la fibrosis del tejido. El drenaje manual es especialmente útil porque estimula las zonas sanas del sistema linfático para que “recojan el trabajo” de las áreas dañadas. Por su parte, los ejercicios suaves favorecen la acción de la llamada “bomba muscular”, que es el motor natural del retorno linfático.

En el lipedema, el objetivo es diferente: aquí se busca disminuir el dolor, mejorar la movilidad, reducir la sensación de pesadez y frenar la progresión del edema secundario, que puede aparecer en fases avanzadas. Como esta afección presenta cambios en la grasa, el agua extracelular y los vasos sanguíneos pequeños, técnicas como el drenaje linfático, la compresión adaptada y el ejercicio de baja carga contribuyen a controlar los síntomas. Los profesionales también enseñan a las pacientes estrategias de autocuidado, como ejercicios diarios, pautas de movimiento y recomendaciones para disminuir la inflamación.

En ambos trastornos, la fisioterapia ofrece algo que ningún otro tratamiento puede proporcionar: herramientas para recuperar autonomía, reducir molestias y sentir de nuevo que el cuerpo responde. Y, sobre todo, ayuda a que las mujeres entiendan que no están “hinchadas” porque sí, sino que su tejido necesita cuidados que realmente pueden marcar la diferencia.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Linfedema y lipedema: en qué se diferencian de la celulitis y cómo pueden ser tratados – https://theconversation.com/linfedema-y-lipedema-en-que-se-diferencian-de-la-celulitis-y-como-pueden-ser-tratados-277571

Impuestos y tasas para contener el turismo masivo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Concepción Foronda Robles, Catedrática de Geografía Humana. Instituto Andaluz de Investigación e Innovación en Turismo (IATUR), Universidad de Sevilla

Los turistas inundan la Riva degli Schiavoni, en Venecia, incluido el famoso Puente de la Paja. Jaroslav Moravcik

En los últimos tiempos, diversos destinos turísticos han ido aplicando nuevas tarifas de entrada ante el aumento del número de visitantes. La más reciente fue Roma, que cobra por el acceso a las escalinatas de la Fontana di Trevi desde febrero de este año.

Dolce Vita (1960): en una Roma desierta, Anita Ekberg baila, maravillada, en la Fontana di Trevi. Fuente: FlixOlé, YouTube.

Turismo y precios tributarios

El sector turístico engloba el transporte, el alojamiento, el ocio y la restauración, que pagan los mismos impuestos que el resto de la economía: impuesto de sociedades, IRPF e IVA. Estos son impuestos generales del sistema tributario.

Pero también existen otros tributos creados para el turismo como la tasa de ocupación en alojamientos, la tasa de pasajeros de transporte o las cuotas de acceso en algunas actividades. Cada uno adopta una forma jurídica distinta, como impuesto, tarifa o precio público, según lo defina la ley.

Para regular el acceso a determinados espacios públicos (plazas, calles o parques) en momentos de saturación, algunas ciudades han empezado a cobrar por la entrada a lugares específicos. Este modelo recaudatorio, que surge para controlar la presión de los visitantes, genera polémica. Algunas personas temen que favorezca la privatización del espacio público, mientras que otras critican que pueda limitar la libertad de movimiento o generar discriminación económica.

Venecia, laboratorio urbano

Venecia, Patrimonio de la Humanidad desde 1987, estableció en 2024 un modelo de pago para entrar en su centro. La medida nació ante el riesgo de que la UNESCO la incorporase en su lista de lugares patrimoniales en peligro por su sobreexplotación turística. Se fijó una tarifa de cinco euros para reservas anticipadas y 10 para las de última hora en días de gran afluencia. Ese mismo año, casi medio millón de personas pagaron la tasa y se recaudaron 2,24 millones de euros.

Sin datos suficientes para valorarla con rigor, algunos expertos dudan de la capacidad de esta medida para reducir la presión turística sobre la ciudad. El gobierno local no busca frenar las llegadas sino redistribuirlas, evitar decisiones improvisadas y mejorar la habitabilidad de esta frágil ciudad. A ello se suma la campaña “Enjoy Respect Venice”, que retoma normas del reglamento de policía y seguridad urbana y las dirige a los visitantes.

Esta política se desarrolla dentro de espacios de prueba, llamados entornos regulatorios controlados (sandbox), que se inspiran en la legislación europea de inteligencia artificial (Reglamento 2024/1689). Permiten ensayar nuevas herramientas de gestión urbana antes de convertirlas en reglas permanente.

Roma, acceso simbólico a la Fontana de Trevi

En febrero de 2026 se implantó un pago de dos euros para acceder al área inmediata de la Fontana de Trevi, donde los visitantes suelen fotografiarse y lanzar monedas. Ese mes se registraron 229 896 visitantes y la recaudación ascendió a 435 194 euros. Los fondos se destinarán a financiar la entrada gratuita a los museos de Roma para sus residentes.

La plaza continúa siendo de acceso libre; únicamente el entorno más cercano a la fuente exige este pago simbólico. Su objetivo es ordenar las visitas y reducir la masificación, ya que, en temporada alta, la Fontana recibe 70 000 visitantes diarios y supera los 10 millones al año.

Las autoridades aplican medidas excepcionales cuando la presión pone en riesgo la conservación del espacio y la calidad de vida de los vecinos.

Microdesconcentración en el parque Güell

El Park Güell es un parque público barcelonés, obra del arquitecto Antonio Gaudí. Desde 2013, su zona monumental (famosa por su mirador con trencadís, la sala de columnas y la salamandra) tiene entrada y control de visitas. En 2024, el Ayuntamiento de Barcelona adoptó medidas para reducir la presión turística sobre los barrios colindantes (como La Salut, Carmel, Can Baró y Vallcarca). La más llamativa fue retirar la línea de autobús 116 de Google Maps y Apple Maps. Esta decisión redujo su uso por los turistas y permitió a los residentes recuperar este servicio público.

A esta acción se sumaron controles de tráfico, con cambios en las paradas de taxis. Además, la compra de entradas pasó a ser online. Las paradas de transporte mostraron avisos de “Todo vendido”. Acciones como éstas crean un modelo que actúa sobre el monumento, la movilidad y la experiencia del visitante.

Kioto, protegiendo sus barrios históricos

Otro caso es el barrio de Gion, en Kioto. Desde 2023 aplica medidas para proteger sus calles tradicionales, donde trabajan y viven las geishas y maikos. Algunas de estas medidas fueron restringir el acceso a los callejones residenciales y multar a los turistas por conductas inapropiadas.

Además, se limitaron algunas líneas de autobuses urbanos. En horas punta, varias de ellas se señalan como “sólo para residentes”. Con esta decisión se asegura la movilidad del vecindario y se reduce la presión del turismo sobre el transporte local.

La famosa tasa turística de pernoctación

La tasa turística suele referirse al impuesto que se aplica a las estancias. Este impuesto se cobra en hoteles, apartamentos, campings y casas rurales, y suele calcularse como una cantidad fija por persona y noche o como un porcentaje del precio del alojamiento. Su valor cambia según la categoría del hospedaje, su ubicación o la temporada.

A pesar de su popularidad, su implementación genera debate, pues puede afectar a la competitividad del destino al aumentar el coste del viaje. También plantea dudas sobre la equidad, porque suele aplicarse al alojamiento regulado. El no reglado o ilegal queda al margen.

En España, Cataluña fue la primera región en aplicarla, en 2012. Barcelona, además, destaca por su recargo municipal, el más alto del país. Baleares la aplica desde 2016 y Galicia desde 2025. La Coruña y Santiago también se han sumado. El País Vasco la activará en el transcurso de 2026 y el debate continúa en otras comunidades.

El impuesto invisible del transporte

Por último, la tasa de transporte o impuesto de salida afecta a quienes llegan o salen por un aeropuerto o puerto. Esta es prácticamente invisible para el turista porque está integrada en el precio del billete. Por este motivo, el viajero asume el coste antes de llegar al destino.

En algunos países, esta tasa se destina a fines sociales o de solidaridad. Su efecto es reducido porque factores como rutas, conectividad o atractivo pesan más en la decisión del viajero. Las aerolíneas, además, ajustan sus precios para mantener sus aviones llenos.

Varios Estados europeos la aplican, con precios muy variados según países y distancias. Entre ellos están Francia, Alemania, Italia, Dinamarca, Reino Unido, Países Bajos, Portugal y Suiza, integrada en el precio del billete.

Respecto a América Latina, en su reunión anual de 2026, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA por sus siglas en inglés) ha señalado que, aunque la región tiene potencial de crecimiento, también aplica una importante carga de tasas e impuestos: su peso sobre los precios de los billetes puede llegar a alcanzar el 29 % del total de su coste.

Medidas de choque

Estamos ante un amplio repertorio de medidas para afrontar la saturación urbana. Estas actuaciones abarcan desde códigos de conducta, campañas de sensibilización y reordenación de flujos, hasta reservas obligatorias, límites de aforo o pagos por acceso.

Las tarifas deben ser el último recurso y reservarse para situaciones excepcionales y de alta presión. El objetivo es evitar medidas duras cuando el problema aún admite soluciones suaves.

Para valorar estas políticas, es esencial entender la finalidad de cada modalidad fiscal, sea recaudatoria, reguladora o de prestacional. También es esencial reforzar la transparencia en la comunicación con residentes, visitantes y empresas turísticas.

The Conversation

Concepción Foronda Robles recibe fondos del proyecto de investigación e innovación aplicada “Turismo para los ciudadanos: Inteligencia para un turismo sostenible y participativo” (PPIT – FEDER- SOL2024-31731), cofinanciado por UE – Ministerio de Hacienda y Función Pública – Fondos Europeos – Junta de Andalucía – Consejería de Universidad, Investigación e Innovación.

ref. Impuestos y tasas para contener el turismo masivo – https://theconversation.com/impuestos-y-tasas-para-contener-el-turismo-masivo-277776

Mismo potencial, distinto reconocimiento: por qué algunas mujeres directivas tienen que demostrar más

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Haro García, Profesor titular, Organización de Empresas (RR.HH. y Comportamiento Organizacional), Universidad Miguel Hernández

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Para que una mujer obtenga la misma percepción de éxito profesional que un hombre con su mismo perfil de personalidad, suele necesitar puntuaciones más altas en los rasgos típicamente asociados al liderazgo. Es lo que nos muestra un estudio que acabamos de publicar en la revista Evidence-Based HRM, en el que analizamos los datos de 630 directivos en activo en India.
En concreto se evaluaron seis rasgos de personalidad vinculados al alto potencial para relacionarlos con la percepción que estas personas tenían de su propio éxito profesional.

Los resultados apuntan a una conclusión relevante para la gestión del talento: los mismos rasgos no siempre producen el mismo retorno profesional percibido en hombres y mujeres. Dicho de forma sencilla, una misma puntuación en un rasgo asociado al liderazgo no parece interpretarse ni traducirse del mismo modo según quién la tenga.

Cuando los datos no bastan por sí solos

En los últimos años, muchas organizaciones han incorporado cuestionarios de personalidad, pruebas psicométricas y sistemas de evaluación para identificar a sus empleados con mayor potencial. La promesa implícita es atractiva: sustituir la intuición por datos, reducir la arbitrariedad y tomar decisiones más objetivas sobre promociones, desarrollo directivo o planes de sucesión.

El problema es que la objetividad del instrumento no garantiza, por sí sola, la neutralidad de la decisión. Un test puede medir del mismo modo a dos personas, pero sus resultados se interpretan dentro de culturas organizativas donde todavía operan expectativas distintas sobre cómo deben comportarse un hombre o una mujer en posiciones de liderazgo.

La cuestión, por tanto, no es solo si una persona posee determinados rasgos, sino si esos rasgos son reconocidos y recompensados de la misma manera.

Un problema que también interesa en España

Aunque los datos del estudio proceden de profesionales directivos en India, el mecanismo estudiado conecta con una preocupación muy presente en España: la persistente menor presencia femenina en la alta dirección.

Los avances son visibles, especialmente en los consejos de administración. El informe de Atrevia e IESE sobre mujeres en los consejos del IBEX 35 muestra que la representación femenina en los consejos ha superado el umbral del 40 % en el selectivo español. Sin embargo, la presencia de mujeres en los comités de dirección sigue muy lejos de la paridad. Según ese mismo informe, en el IBEX 35 la presencia femenina en los comités de dirección se sitúa en torno al 23,5 %.

Los datos del INE también muestran que las mujeres siguen siendo minoría en los cargos directivos y en la alta dirección en España. Esto sugiere que el problema no está solo en llegar a los órganos visibles de gobierno corporativo, sino también en cómo se construyen las trayectorias profesionales que permiten acceder al poder ejecutivo real.

Lo que encontramos

El patrón más claro apareció en los rasgos tradicionalmente asociados al liderazgo más duro: competitividad, coraje y responsabilidad. En nuestro estudio, estos rasgos se asociaban positivamente con el éxito profesional percibido. Pero esa relación no era idéntica para hombres y mujeres.

En las mujeres, la pendiente que conectaba estos rasgos con el éxito profesional percibido era más pronunciada. Esto puede interpretarse como una señal de umbrales asimétricos de reconocimiento: para que una mujer obtenga el mismo nivel de reconocimiento subjetivo asociado a determinados rasgos de liderazgo, puede necesitar mostrarlos con más intensidad o de forma más visible que un hombre.

La idea no es que las mujeres carezcan de esos rasgos. Tampoco que los hombres sean evaluados siempre de forma favorable. La idea es más sutil: en contextos directivos, donde el liderazgo todavía se asocia con atributos tradicionalmente masculinizados –decisión, competitividad, ambición, seguridad–, el mismo rasgo puede tener un significado social distinto según quién lo expresa.

Esta lectura encaja con la teoría de la congruencia de rol según la cual, las mujeres líderes se enfrentan a una tensión persistente: si muestran rasgos comunales (empatía, colaboración, apoyo) pueden ser vistas como menos directivas, y si muestran rasgos muy asertivos pueden ser percibidas como menos congruentes con las expectativas tradicionales asociadas a la feminidad.

El caso más llamativo: la curiosidad

Uno de los resultados más interesantes apareció en un rasgo aparentemente neutro: la curiosidad intelectual. En nuestro estudio, la curiosidad mostró un patrón diferente según el género. Para los hombres, una mayor curiosidad tendía a asociarse con más éxito profesional percibido. Para las mujeres, la relación era negativa.

La interpretación que proponemos es prudente, pero relevante: en entornos directivos muy orientados al rendimiento, la curiosidad de un hombre puede leerse como innovación, visión estratégica o inquietud intelectual. En cambio, esa misma curiosidad en una mujer puede ser interpretada de forma menos favorable, como dispersión, falta de foco o alejamiento de lo que se espera de ella.

No es que la curiosidad cambie. Cambia la lectura social del comportamiento.
Este resultado conecta con la literatura sobre discriminación de género y falta de ajuste entre las características de una persona y las expectativas asociadas a un puesto o rol. En otras palabras, no se evalúa solo lo que alguien hace o cómo es, sino también si eso encaja con la imagen previa que otros tienen de cómo debería ser un líder.

Por qué esto importa al departamento de RR. HH.

Las implicaciones para las empresas son directas. Primero, las pruebas de personalidad y los sistemas de identificación de talento no deberían tratarse como oráculos neutrales. Son herramientas útiles, pero sus resultados deben interpretarse dentro de procesos humanos de evaluación.

Segundo, las organizaciones deberían revisar cómo definen alto potencial. Si los criterios no están claramente formulados, los evaluadores pueden terminar premiando estilos de liderazgo más familiares, más visibles o más alineados con estereotipos tradicionales.

Tercero, conviene estructurar mejor las decisiones de talento: paneles diversos, criterios definidos antes de evaluar, y revisión periódica de los resultados. La formación en sesgos también puede ayudar, pero no basta con cursos genéricos sobre sesgos inconscientes. La evidencia acumulada sobre formación en diversidad muestra efectos variables y a menudo limitados si no se acompaña de cambios en los sistemas de decisión.

Por último, las empresas pueden auditar sus propios datos. Si hombres y mujeres con perfiles equivalentes tienen probabilidades distintas de entrar en programas de alto potencial, recibir proyectos visibles o acceder a promociones, entonces el problema ya no es una impresión: es un patrón medible.

El detalle invisible que se acumula

Los efectos observados en este tipo de estudios no suelen ser enormes. Pero las carreras profesionales no se construyen en una sola decisión. Se construyen en muchas: una promoción, una recomendación, una invitación a un comité, una asignación internacional, una exposición ante la alta dirección, una conversación informal en la que alguien dice “esta persona tiene potencial”.

Cuando pequeñas diferencias se repiten durante años, acaban produciendo grandes desigualdades.

Por eso conviene desplazar la pregunta. No basta con preguntar si las mujeres tienen talento, ambición, curiosidad o coraje. La pregunta verdaderamente incómoda es otra: cuando los tienen, ¿los reconocemos igual?

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Mismo potencial, distinto reconocimiento: por qué algunas mujeres directivas tienen que demostrar más – https://theconversation.com/mismo-potencial-distinto-reconocimiento-por-que-algunas-mujeres-directivas-tienen-que-demostrar-mas-282782