Por qué la cultura determina que unos alimentos nos parezcan apetitosos y otros repugnantes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Magallares, Profesor Titular del Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

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Cualquiera que haya visto Indiana Jones y el templo maldito (1984) recordará el célebre momento del banquete en el palacio de Pankot. En ella, los comensales hindúes disfrutan de manjares que hacen revolver el estómago tanto de los protagonistas americanos de la película como de la mayoría de los espectadores: una sopa con ojos flotantes y, como colofón, un sorbete de sesos de mono servido directamente del cráneo del animal.

Esta icónica escena ilustra de forma brillante uno de los fenómenos psicológicos más fascinantes de nuestra especie: el asco hacia la comida.

Desde una perspectiva evolutiva, no es un simple capricho ni una falta de modales, sino un mecanismo de defensa fundamental para nuestra especie. Conocido por los científicos como el “sistema inmunitario conductual”, dicha aversión actúa como un escudo protector diseñado para evitar que ingiramos toxinas, bacterias, parásitos o sustancias patógenas que pongan en riesgo nuestra supervivencia.

Sin embargo, aunque la respuesta fisiológica básica (esa mueca universal de arrugar la nariz y levantar el labio superior) depende de la biología humana, los desencadenantes del asco son moldeados por la cultura.

Dime donde vives y te diré lo que te gusta

¿Por qué lo que para una persona es repugnante, para otra es una delicia gastronómica? Aquí es donde cobra fundamental importancia la investigación transcultural. Durante décadas, buena parte de los estudios en psicología se han centrado en muestras procedentes de países WEIRD (acrónimo en inglés para sociedades occidentales, educadas, industrializadas, ricas y democráticas). Sin embargo, reducir el estudio del comportamiento humano a un solo rincón del planeta ofrece una visión sesgada y limitada de nuestra verdadera naturaleza.

Investigar el asco alimentario a través de diferentes países y culturas (como hicimos en un reciente estudio los autores de este artículo) permite a los científicos desentrañar qué componentes de esta emoción son biológicamente universales y cuáles son aprendidos socialmente.




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Por ejemplo, mientras que en la mayoría de los países occidentales comer insectos provoca un rechazo inmediato, en diversas regiones de Asia, África y América Latina este tipo de animales son una fuente crucial, sostenible y cotidiana de proteínas. Del mismo modo, alimentos con olores extremadamente intensos o con procesos de fermentación complejos –como el surströmming sueco (un arenque fermentado no apto para todos los paladares) o los quesos azules (tan amados en Francia o España)– oscilan entre el estatus de delicatessen y el de sustancia tóxica incomestible según el lugar del mundo en el que nos encontremos.

Respuestas adaptativas

Estas preferencias, aversiones y tabúes alimentarios no son caprichos culturales arbitrarios, sino respuestas adaptativas a las condiciones ecológicas, económicas y demográficas de cada región.
Por ejemplo, en zonas tropicales de Asia, África y América Latina existen especies de insectos de gran tamaño, muy abundantes durante todo el año, lo que convierte su consumo en una fuente altamente eficiente de proteínas y grasas. Sin embargo, en el norte de Europa o Norteamérica, son más pequeños, estacionales y escasos por lo que nunca salió a cuenta depender de ellos.

Y en el caso del consumo de ciertos alimentos de olor penetrante (como esos arenques o quesos apestosos que mencionábamos), la hipótesis principal es que refuerza la pertenencia al grupo (quienes comparten el gusto) y delimita la comunidad frente a los “extraños” que los rechazan.

Por lo tanto, la investigación transcultural nos demuestra que el asco no depende únicamente de las propiedades químicas del alimento, sino de los significados simbólicos, las normas sociales y la historia evolutiva de cada comunidad. Entender estas variaciones es clave en un mundo globalizado donde los hábitos alimentarios están cambiando rápidamente.

El vínculo con la neofobia alimentaria

El estudio del asco hacia la comida está estrechamente ligado a otro concepto psicológico fundamental: la neofobia alimentaria, definida como el miedo o la reticencia a probar alimentos nuevos o desconocidos.

La neofobia alimentaria es especialmente visible durante la infancia, coincidiendo con la etapa en la que los niños empiezan a ganar autonomía y a explorar su entorno a pie. En este momento del desarrollo, el rechazo a lo desconocido actúa como un mecanismo adaptativo que impide que los pequeños ingieran alimentos potencialmente venenosos (por ejemplo, plantas o frutos silvestres). Sin embargo, esa protección infantil suele moderarse a medida que crecemos y nos exponemos a una variedad más amplia de sabores.

El asco, claro, actúa como el principal motor de la neofobia. Cuando nos enfrentamos a un plato completamente desconocido, nuestro cerebro evalúa el riesgo focalizando la atención en la textura, el olor y el aspecto visual. Si el alimento no encaja en las categorías mentales de lo que nuestra cultura considera “comestible”, nuestra mente activa una señal de alarma en forma de aversión para prevenir el consumo.

Por ello, esta conducta varía sustancialmente según el país: los entornos culturales con dietas más diversas y una mayor exposición a sabores complejos tienden a presentar niveles menores de neofobia en comparación con sociedades con dietas más homogéneas.

La importancia de comprender el asco en el siglo XXI

Comprender la interacción entre el asco, la neofobia y la cultura no es solo un ejercicio académico: tiene un impacto directo en el futuro de la alimentación global. Ante retos como el cambio climático y el crecimiento demográfico, la humanidad necesita diversificar sus fuentes de nutrición hacia alternativas más sostenibles, como las proteínas a base de insectos o la carne cultivada en laboratorio.

El verdadero obstáculo para la adopción de estas nuevas tecnologías alimentarias rara vez es nutricional o gastronómico: es psicológico. Solo descentralizando la investigación y analizando las diferencias entre países podremos diseñar estrategias efectivas para educar el paladar, transformar prejuicios ancestrales y convertir lo que hoy nos parece un mero “seso de mono” en una opción alimentaria viable y aceptada.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Por qué la cultura determina que unos alimentos nos parezcan apetitosos y otros repugnantes – https://theconversation.com/por-que-la-cultura-determina-que-unos-alimentos-nos-parezcan-apetitosos-y-otros-repugnantes-291785

Una perovskita abre un nuevo camino hacia el hidrógeno verde

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gloria Anemone, Profesora contratada doctora, CUNEF Universidad

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Imagine un combustible que, al quemarse, no emite humo ni hollín ni gases de efecto invernadero, sino simplemente vapor de agua, el mismo que sale de una tetera hirviendo. Y que, además, ese combustible se pudiera fabricar a partir del ingrediente más abundante y cotidiano que existe: el agua del grifo. Suena casi a truco de magia, pero es exactamente lo que promete el hidrógeno: se obtiene rompiendo moléculas de agua (H₂O) en hidrógeno y oxígeno, y cuando ese hidrógeno se usa como combustible, la reacción se invierte y vuelve a convertirse en agua. Un ciclo limpio y, en teoría, perfecto.

El reto no es la idea, que es sencilla y elegante, sino conseguir romper esas moléculas de agua de forma barata, eficiente y sin necesitar para ello quemar petróleo o gas.

El combustible del futuro que aún cuesta demasiado

El hidrógeno se ha convertido en una pieza clave de la transición energética porque puede almacenar energía procedente de fuentes renovables y utilizarse como combustible en sectores difíciles de electrificar, como la industria pesada, el transporte y la producción de fertilizantes. Su demanda no deja de crecer: solo en España se consumen ya más de medio millón de toneladas al año, una cifra que previsiblemente seguirá aumentando a medida que avanza la descarbonización de la economía.

Sin embargo, existe una paradoja. Aunque el hidrógeno puede ser un combustible limpio, la inmensa mayoría del que se produce hoy en el mundo se obtiene a partir de combustibles fósiles, mediante procesos que emiten grandes cantidades de dióxido de carbono.

El llamado hidrógeno verde, producido a partir del agua utilizando energías renovables, representa todavía menos del 1 % de la producción mundial debido a que sigue siendo más caro que los métodos convencionales.




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Entre las distintas formas de producir hidrógeno verde, la disociación del agua es una de las más prometedoras, ya que puede alimentarse con energía solar u otras fuentes renovables. Sin embargo, las tecnologías actuales presentan importantes inconvenientes: la electrólisis, la más utilizada, sigue siendo costosa, mientras que la termólisis requiere temperaturas superiores a los 3 000 K (2726,85 °C ), difíciles de alcanzar y mantener.

En este contexto, nuestro reciente estudio presenta un nuevo material que podría contribuir a avanzar en esa dirección.

Una perovskita con un comportamiento inesperado

El material estudiado pertenece a una familia de compuestos conocida como perovskitas, materiales cristalinos ampliamente investigados por sus propiedades electrónicas, magnéticas y catalíticas. En los últimos años, también han despertado un gran interés por su potencial para facilitar reacciones químicas relacionadas con la producción de combustibles limpios.




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En este caso, se trata de una perovskita formada por estroncio, hierro, molibdeno y oxígeno (SFMO). Al calentar el SFMO a 800 °C en aire, el material pierde parte de su oxígeno y genera “huecos” (vacantes de oxígeno) en su estructura cristalina. Cuando después se expone a vapor de agua, manteniendo la misma temperatura de 800 °C, el material es capaz de romper las moléculas de agua, liberando hidrógeno y oxígeno.

Al analizar el proceso con diferentes tecnologías detectamos algo poco común. En las perovskitas clásicas se asume que el proceso funciona como un ciclo de oxidación-reducción. El material se reduce, se forman vacantes de oxígeno, y cuando llega el agua, el oxígeno de esa agua “rellena” esas vacantes, reoxidando el material y liberando hidrógeno.

Pero en el SFMO no ocurre así. En lugar de contraerse, como cabría esperar durante la reoxidación, la estructura cristalina se expandía de forma reversible al entrar en contacto con el agua. Este comportamiento indica que el SFMO produce hidrógeno mediante un mecanismo diferente del descrito tradicionalmente para este tipo de materiales, sin que se produzca una reoxidación completa del material.

¿Por qué es mejor que otros métodos?

Aunque todavía se trata de investigación básica, el SFMO reúne varias características especialmente prometedoras. Produce hidrógeno a 800 °C, una temperatura muy inferior a la requerida por la termólisis convencional; funciona de forma isotérmica, sin necesidad de ciclos de calentamiento y enfriamiento, y mantiene su estructura cristalina tras largos periodos de tiempo, lo que demuestra una elevada estabilidad. Además, su funcionamiento es compatible con sistemas de concentración solar capaces de aportar el calor necesario utilizando energía renovable.

No obstante, aún quedan importantes desafíos antes de una aplicación industrial de este material. Será necesario comprender con mayor detalle el mecanismo de reacción, optimizarlo y evaluar cómo escalar el proceso a reactores de mayor tamaño. Sin embargo, estos resultados muestran que materiales como el SFMO podrían abrir nuevas vías para producir hidrógeno verde de forma más eficiente y sostenible.

The Conversation

Gloria Anemone recibe fondos del proyecto PID2022-139501OB-C21 de la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades).

Mª Teresa Azcondo recibe fondos de: Este artículo forma parte del proyecto PID2022-139501OB-C21 del Ministerio de Ciencia Innovación y Universidades, también recibe financiación de la Universidad San Pablo CEU

Ulises Julio Amador Elizondo recibe fondos de: Este artículo forma parte del proyecto PID2022-139501OB-C21 del Ministerio de Ciencia Innovación y Universidades, también recibe financiación de la Universidad San Pablo CEU.

– ref. Una perovskita abre un nuevo camino hacia el hidrógeno verde – https://theconversation.com/una-perovskita-abre-un-nuevo-camino-hacia-el-hidrogeno-verde-286705

¿Por qué las hojas de algunos árboles cambian de color en otoño?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis F. García del Moral Garrido, Profesor Emérito-Fisiología Vegetal, Universidad de Granada

Vista otoñal del hayedo de la Pedrosa, en Segovia (España). Al Carrera/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Ania, de 14 años, del IES Bahía (Almería).


El cambio de color de un bosque caducifolio en otoño es uno de los espectáculos más fascinantes de la naturaleza. Pero ¿sabías que esos amarillos, naranjas y rojos tan llamativos habían estado escondidos en las hojas durante todo el verano?

Una paleta de colores en cada planta

Las hojas de los árboles contienen diversos tipos de pigmentos y la famosa clorofila es el más abundante. Es la que da a las hojas su color verde y el principal responsable de absorber la luz solar para la fotosíntesis.

Otros pigmentos son los carotenos, de color naranja, y las xantofilas, de color amarillo. Los primeros colaboran con la clorofila captando luz para la fotosíntesis y, al mismo tiempo, la protegen de sufrir daños cuando la radiación solar es muy intensa, como en los días luminosos del verano. También participan en la protección de las clorofilas las xantofilas, ya que disipan el exceso de energía captada bajo condiciones de alta iluminación.

Además, las hojas contienen antocianinas, pigmentos de color rojo o morado que actúan como un filtro para proteger a las células de la hoja de la radiación ultravioleta.

Hojas con distintos colores
Producción de antocianinas en hojas de Acer granatensis a medida que avanza el otoño.
Luis F. García del Moral Garrido

Y, por último, otras sustancias que propician el cambio de color en otoño son los taninos, de color marrón, que protegen las hojas del ataque de hongos y bacterias, y cuyo sabor amargo y desagradable evita que las coman insectos y herbívoros.

Todos estos pigmentos se encuentran en las hojas durante el verano, pero están enmascarados por el verde de la clorofila. Por eso no se ven sus colores.

Los pigmentos que dan color a las hojas durante el otoño.
Luis F. García del Moral Garrido

El otoño se prepara para la primavera

Las venas foliares son las últimas en perder clorofila y actividad metabólica para facilitar la exportación de nutrientes.
F. García del Moral Garrido.

Cuando los días van acortándose progresivamente durante el otoño, la disminución de la luz solar y la bajada de temperaturas promueven que los árboles se preparen para pasar el invierno. Una de sus estrategias consiste en desprenderse de las hojas que ya no les serán útiles para la fotosíntesis durante la estación fría, en el caso de las especies caducifolias.

Pero, antes de hacerlo, reciclan todos sus elementos nutritivos y los exportan a través de las venas foliares, para almacenarlos en troncos y raíces. Luego, los usarán para la formación de nuevas hojas en la primavera siguiente.

Y esta es la razón de su cambio de color en otoño: cuando la clorofila se va reciclando y el color verde va desapareciendo, aparecen progresivamente los naranjas y amarillos de los otros pigmentos, que estaban ocultos. De hecho, para completar la recuperación de nutrientes, las zonas alrededor de las venas foliares son las últimas en perder la actividad metabólica y el color verde.

Posible misión protectora

Aunque presentes todo el año en las hojas, las antocianinas rojas se sintetizan en mayor cantidad a medida que aumentan las condiciones otoñales. Pero ¿por qué algunos árboles invierten recursos en producir un nuevo pigmento, a la vez que intentan ahorrar otros para el próximo invierno? Aunque no se sabe a ciencia cierta, se ha sugerido que el color rojo brillante de las antocianinas, que indica también presencia de compuestos perjudiciales, podría disuadir a las plagas de insectos para alimentarse de las hojas todavía activas o de poner sus huevos sobre el árbol.

También se piensa que dichas sustancias, además de proteger las hojas de la radiación ultravioleta mientras exportan sus nutrientes, podrían atraer a las aves que se alimentan de los frutos del árbol y así diseminar sus semillas.

Finalmente, a medida que avanza el otoño, las hojas comienzan a volverse marrones una vez que el árbol reabsorbe todos sus nutrientes, incluidos los pigmentos, y en las hojas secas solo quedan los taninos menos reciclables.

Calendario para árboles

Pero ¿cómo perciben los árboles el paso del tiempo para desprenderse de su vestido verde en otoño? En otras palabras, ¿qué tipo de reloj usan los árboles? La respuesta está en un fotorreceptor de las hojas llamado fitocromo, una molécula presente en todas las hojas verdes que está activa durante las horas de luz, pero que se inactiva durante las horas de oscuridad.

El cambio de actividad en la molécula de fitocromo es el reloj de los árboles que regula la caída de las hojas durante el otoño y su formación en primavera.
Luis F. García del Moral Garrido.

En su forma activa, el fitocromo favorece que se produzca clorofila y que se mantenga la actividad metabólica de las hojas. A medida que los días van acortando, el tiempo en que el fitocromo está inactivo aumenta en relación con el que está activo, lo que sumado a la disminución de la temperatura del aire que acompaña a los días otoñales, determina que las hojas ralenticen su metabolismo y reciclen la clorofila y otros nutrientes. Consecuentemente, las hojas van amarilleando y acaban por desprenderse del árbol caducifolio. Con la llegada de la primavera, los días largos activan al fitocromo, se revierte el proceso y se producen nuevas hojas.

Eso sí, no todas las hojas adquieren colores vivos en otoño. Solo unas pocas especies de árboles de hoja caduca –en particular, álamos, abedules, hayas, castaños, arces, robles y algunas especies ornamentales– producen colores y tonalidades verdaderamente espectaculares en nuestros bosques y jardines.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Luis F. García del Moral Garrido no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Por qué las hojas de algunos árboles cambian de color en otoño? – https://theconversation.com/por-que-las-hojas-de-algunos-arboles-cambian-de-color-en-otono-291378

La educación superior es un derecho: ¿cómo hacerla más inclusiva?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Dolores Yerga Míguez, Investigadora postdoctoral en el Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad Pablo de Olavide

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Todavía cuesta imaginar una persona con discapacidad intelectual estudiando en la universidad. No porque no pueda aprender, sino porque su presencia no es habitual.

Pese a que al pensar en inclusión solemos centrarnos, sobre todo, en las cuestiones logísticas del campus como la accesibilidad, en realidad, tal y como hemos podido comprobar en nuestro estudio reciente, el primer escalón, y el más importante, en el camino hacia la inclusión real es el de las políticas institucionales.

Los programas específicos, las adaptaciones y las experiencias inclusivas que cada vez más universidades están poniendo en práctica son la base de una pirámide, sobre la que se afianzan los siguientes escalones: la accesibilidad de los campus y la participación real y completa de los estudiantes con discapacidad en la vida universitaria, más allá de la asistencia a clase.

La inclusión universitaria en contextos europeos

En nuestro estudio, hemos analizado universidades de España, Portugal e Italia para conocer qué necesitan para ser realmente inclusivas.

En España, la mayoría de las experiencias universitarias se desarrollan a través de títulos propios o programas específicos. En Italia existe la figura del “oyente”, que permite asistir a clases sin obtener una titulación oficial. Y Portugal apuesta principalmente por el acceso ordinario mediante cuotas y adaptaciones, aunque las cifras siguen siendo muy reducidas.

Son formas diferentes pero todas muestran que la inclusión aún tiene mucho camino por recorrer.

Para realizar el estudio hablamos con docentes, personal universitario y estudiantes con y sin discapacidad intelectual. La mayoría coincide en que la inclusión universitaria no puede limitarse a abrir las puertas de la universidad. También significa poder participar, relacionarse, decidir y sentirse parte de la vida universitaria.

La inclusión en la universidad tiene forma de pirámide

Uno de los resultados más relevantes del estudio es que la inclusión tiene forma de pirámide. En la base están las decisiones que toma la universidad. Es decir, si la institución no incorpora este objetivo en sus normas, presupuestos y planes, todo lo demás termina dependiendo de esfuerzos difíciles de sostener.




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Muchos docentes quieren adaptar sus clases, pero reconocen que les falta formación y apoyo institucional. También denuncian que gran parte del trabajo inclusivo sigue dependiendo de la buena voluntad del profesorado y rara vez recibe reconocimiento académico.

Por ello, se necesitan políticas estables y coordinadas. No basta con abrir programas donde solo estudian personas con discapacidad intelectual. Hacen falta equipos especializados, formación para el profesorado y personal universitario y apoyos durante toda la experiencia universitaria.

Un campus accesible en todas sus dimensiones

El segundo nivel de la pirámide son los campus. Durante mucho tiempo, la accesibilidad universitaria se asoció solo a cuestiones físicas. Pero no basta con eliminar barreras arquitectónicas: también hay que pensar en los campus digitales. Muchas personas encuentran dificultades para entender las plataformas virtuales, materiales escritos con un lenguaje demasiado complejo o formas de enseñar pensadas para un único modo de aprender.

Sentirse incluido no solo depende de aprobar asignaturas o de la adaptación de los materiales docentes. Depende en gran medida de poder participar en conversaciones, trabajos grupales, asociaciones de estudiantes o actividades fuera del aula.




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En ese sentido, el contacto cotidiano con estudiantes sin discapacidad aparece como uno de los elementos más transformadores. No solo para quienes sí la tienen, sino para toda la comunidad universitaria, porque ayuda a cambiar la forma de entender la discapacidad.

Las experiencias inclusivas ayudan a romper prejuicios y estereotipos sobre las capacidades, la autonomía o el rendimiento académico. Y obligan a replantear la idea de que todo el alumnado debe aprender del mismo modo y al mismo ritmo.

Las personas en la cúspide de la pirámide

Quizá uno de los cambios más importantes consiste en dejar de fijarse en las limitaciones y empezar a reconocer las potencialidades de cada persona. Y ahí se alcanzará la cúspide de la pirámide.

Durante décadas, las personas con discapacidad intelectual fueron tratadas desde enfoques asistenciales o paternalistas. Hoy empiezan a ocupar un lugar mucho más activo: participan en investigaciones, evalúan programas y expresan directamente qué necesitan para sentirse incluidas.

Llegar a esta cima solo es posible si antes existen políticas sólidas y un campus realmente inclusivo. Esto significa que hay que cambiar las formas de enseñar, flexibilizar las formas de trabajar y escuchar más al alumnado.




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Continuidad de las experiencias ‘excepcionales’

Aunque los avances son evidentes, muchas iniciativas inclusivas siguen funcionando como proyectos excepcionales. Dependen de subvenciones temporales, de equipos concretos o de personas muy implicadas.

Eso significa que pueden desaparecer con facilidad cuando cambian las prioridades políticas, económicas o de la propia universidad. El riesgo es construir una inclusión frágil, sostenida más por la buena voluntad que por derechos consolidados.

Por eso, la pirámide de la inclusión puede servir como una hoja de ruta para que las universidades avancen paso a paso hacia una inclusión real, incorporando las aportaciones de toda la comunidad universitaria.

The Conversation

María Dolores Yerga Míguez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades con una Ayuda de Formación de Profesorado Universitario (FPU21/00339).

Rosa María Díaz Jiménez recibió fondos para el proyecto, Sistemas de Educación Superior Inclusivos para Estudiantes con Discapacidad Intelectual (IHES) (Erasmus+ 2021-1-ES01-KA220-HED-000032084, Unión Europea)

– ref. La educación superior es un derecho: ¿cómo hacerla más inclusiva? – https://theconversation.com/la-educacion-superior-es-un-derecho-como-hacerla-mas-inclusiva-286182

Lo que falló en el desahucio de Maricarmen y tres cambios para que no se repita

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alfredo Abadías Selma, Director académico del Máster en Derecho penal económico UNIR. Profesor de Derecho penal y Criminología, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Manifestación en contra del deshaucio de Maricarmen la noche del 23 de septiembre. OSCAR GONZALEZ FUENTES/Shutterstock

El 23 de septiembre de 2026, poco después de la una de la tarde, una mujer de 87 años salió en camilla del piso de Madrid en el que vivía desde 1956. Se llama María del Carmen Abascal, aunque todos la conocen como Maricarmen. Tiene movilidad reducida y una discapacidad reconocida del 50 %. Tras una jornada de enorme tensión, una ambulancia la trasladó al Hospital Gregorio Marañón.

Su desahucio era legal, pero podía haberse evitado. La primera que tenía en su mano pararlo era la empresa propietaria, Urbagestión. Le ofrecieron el dinero que pedía y lo rechazó. El Estado intentó comprar el piso, pero no tenía herramientas para imponer una solución. Y la ley dejó a Maricarmen sin protección por quince puntos de discapacidad.

Un contrato de 1956

Maricarmen tenía un contrato de renta antigua. Se trata de un alquiler firmado antes de 1985 que se prorrogaba de forma obligatoria. Lo firmó su padre, y al morir él, el contrato pasó a su madre. Cuando esta falleció, en 2005, pasó a Maricarmen.

La Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994 limita ese segundo traspaso a dos años, con la excepción de que el hijo o la hija tenga una discapacidad del 65 % o más. Un juzgado de Madrid dio la razón a Maricarmen, pero la Audiencia Provincial y, en marzo de 2026, el Tribunal Supremo se la concedieron a la empresa.

Maricarmen pagaba unos 500 euros al mes, y su pensión es de 1 350 euros. La propietaria, la sociedad madrileña Urbagestión, le reclamó 2 650 euros mensuales y después 1 650. Incluso la cifra más baja superaba su pensión.

La solución la tenía la propiedad

Ganar un juicio de desahucio no obliga al propietario a echar al inquilino: puede llegar a un acuerdo con él, aplazar la salida o detener la ejecución. Por eso la empresa era la primera que podía parar el proceso. Y tuvo varias ofertas para hacerlo sin perder dinero.

Horas antes del desahucio, una conocida escritora se ofreció, de forma anónima, a pagar de por vida la diferencia entre los 500 euros y los 2 650 que exigía la empresa. También asumía cualquier deuda. Es decir, la empresa iba a cobrar exactamente lo que pedía, pero dijo que no.

No fue la única oferta. El Ministerio de Vivienda propuso comprar el piso a través de Casa 47, la entidad pública estatal de vivienda, para convertirlo en alquiler público. La compañía lo rechazó. El Ministerio intentó también completar la renta con fondos públicos del plan de vivienda. Según el Ministerio, Urbagestión aceptó una mediación a la que después no se presentó.

El mismo día del desahucio, la defensa pidió aplazarlo por razones humanitarias. Como alternativa, pidió que Maricarmen tuviera entre quince días y un mes para recoger sus cosas. La representante legal de la compañía propietaria también se negó a esto.

Aunque Urbagestión actuó dentro de la ley, el dinero que reclamaba estaba sobre la mesa, ofrecido por una particular y por el Estado. Maricarmen no fue desahuciada por no pagar. Fue desahuciada porque la propiedad rechazó todas las alternativas.

Lo que dicen los derechos humanos

La Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce en su artículo 25 el derecho a un nivel de vida adecuado, que incluye la vivienda. El mismo artículo cita la vejez entre las situaciones que merecen especial protección.

La Declaración no es una ley que pueda invocarse ante un juez, pero la Constitución obliga a interpretar los derechos fundamentales de acuerdo con ella (artículo 10.2). Además, encarga a los poderes públicos atender los problemas de vivienda de las personas mayores (artículo 50) y proteger a las personas con discapacidad (artículo 49). Maricarmen reúne ambas condiciones.

La Declaración también protege la propiedad (artículo 17). No obligaba a la empresa a renunciar a su piso, sino que exige al Estado que ninguna persona mayor y vulnerable se quede sin un hogar adecuado. Ambos derechos podían convivir: la empresa cobraba y Maricarmen se quedaba.

En junio, el comité de la ONU que vigila el cumplimiento de estos derechos pidió frenar el desahucio hasta garantizar a Maricarmen una solución habitacional adecuada. No era la primera vez. En 2017 ya concluyó que España había vulnerado el derecho a la vivienda al desalojar en Madrid a una familia cuyo alquiler había vencido. Y en 2018, el Tribunal Supremo reconoció efectos jurídicos a un dictamen de otro comité de la ONU. Esta vez, la petición no frenó nada.

¿Y la jueza?

Algunas críticas han apuntado a la jueza encargada del caso, pero conviene ser justos. En esta fase, llamada de ejecución, el juzgado debe cumplir una sentencia firme del Tribunal Supremo. No puede volver a decidir si el contrato seguía vigente ni obligar a la empresa a aceptar un acuerdo; su margen era muy estrecho. Por eso las soluciones tenían que llegar antes, y desde fuera del juzgado.

Tres medidas necesarias

¿Qué debería cambiar para evitar este tipo de situaciones? Hacen falta tres acciones concretas.

  • Primero, revisar el límite del 65 % de discapacidad. Una persona de edad muy avanzada, con décadas en su vivienda y sin recursos, debería poder mantener el contrato pagando según sus ingresos. El Estado compensaría al propietario por la diferencia.

  • Segundo, dar a las administraciones un derecho de compra preferente cuando se venda un edificio con inquilinos vulnerables de renta antigua. Casa 47 necesitaba que la empresa aceptara vender. Con ese derecho, no lo habría necesitado.

  • Y tercero, que la ley obligue a suspender el desahucio mientras esté vigente una petición de la ONU, en lugar de dejarlo al criterio de cada juzgado.

A su edad, todavía no sabemos qué consecuencias tendrá esta experiencia para la salud de Maricarmen. Lo que sí sabemos es que este lamentable episodio se podía haber evitado: la propiedad tuvo a su alcance el dinero que pedía.

El artículo 1.1 de la Constitución define a España como un Estado social y democrático de Derecho. Su preámbulo aspira a una “sociedad democrática avanzada” que asegure a todos “una digna calidad de vida”. Algo así no debería repetirse en un país con esos principios.

Lo ocurrido debe hacer reflexionar profundamente a nuestros dirigentes políticos para que cambien las leyes. La ciudadanía y la ética lo reclaman. La Constitución sitúa la dignidad de la persona como fundamento del orden político (artículo 10.1).

España y sus ciudadanos no merecen un trato a todas luces indigno como el que ha sufrido Maricarmen.

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Alfredo Abadías Selma no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Lo que falló en el desahucio de Maricarmen y tres cambios para que no se repita – https://theconversation.com/lo-que-fallo-en-el-desahucio-de-maricarmen-y-tres-cambios-para-que-no-se-repita-292803

Izquierda y derecha frente al espejo moral: por qué el adversario político se percibe como peor persona

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristian Catena-Fernández, Profesor en el Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

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En muchos debates políticos actuales no solo discutimos ideas, leyes o propuestas. Discutimos algo más profundo: qué tipo de personas somos. Apoyar o rechazar una causa no se percibe solo como una opinión política con consecuencias prácticas, sino también como una señal de quiénes somos desde un punto de vista moral.

Esto ayuda a entender por qué algunas conversaciones políticas se vuelven incómodas y poco productivas. Cuando el desacuerdo deja de tratar sobre qué medida es mejor y pasa a interpretarse como una falta de valores, el debate cambia de naturaleza.

En nuestras investigaciones recientes, realizadas desde el Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones de la UNED, hemos analizado cómo las personas de izquierda y de derecha perciben moralmente distintos temas políticos, cómo se juzgan moralmente entre sí y qué consecuencias tienen estas percepciones para la convivencia política.

Causas “más morales” que otras

Una investigación publicada en European Journal of Social Psychology muestra que las causas políticas no se perciben como moralmente equivalentes. Temas políticos defendidos tradicionalmente por la izquierda (igualdad de género, protección del medioambiente o derechos de las personas migrantes, entre otros) se perciben como causas con una carga moral especialmente fuerte. En cambio, temas políticos defendidos tradicionalmente por la derecha (seguridad nacional, orden social o defensa de las tradiciones) se perciben con menor carga moral.

Lo más llamativo es que esta diferencia no solo aparece entre quienes se identifican con la izquierda. También las personas de derecha tienden a percibir las causas progresistas con una carga moral más alta que las causas conservadoras.

Estos resultados sugieren que, más allá de la ideología individual, algunos temas de la agenda progresista se han convertido en causas especialmente moralizadas en el debate público. No defenderlos puede verse no solo como una discrepancia política, sino como una señal de que no se está haciendo lo correcto.

En la misma investigación, también observamos diferencias en la forma en que las personas de izquierda y de derecha se juzgan moralmente.

Específicamente, cuando se discuten temas defendidos tradicionalmente por la izquierda, tanto las personas de izquierda como las de derecha tienden a percibir a las de izquierda como más justas o éticamente responsables que las de derecha. En cambio, estas diferencias no se encuentran cuando se discuten temas defendidos tradicionalmente por la derecha.

Otro hallazgo del mismo trabajo es que las personas de derecha son conscientes de esa imagen moral negativa cuando se discuten temas tradicionalmente asociados a la izquierda. Es decir, creen que son vistas como menos justas o menos éticamente responsables por las personas de izquierda.

Desde el punto de vista psicológico y social, esto es clave. La moral no es un adorno de la identidad: es una parte central de cómo nos vemos a nosotros mismos y de cómo vemos a los demás. Cuando alguien siente que su grupo es retratado como moralmente inferior, no suele reaccionar replanteándose sus creencias con calma o apertura. En esas condiciones, puede activarse una respuesta defensiva que contribuiría a reforzar la polarización política entre grupos ideológicos.

El alimento para la polarización

En otra investigación reciente, publicada en Group Processes & Intergroup Relations, analizamos las consecuencias de estas percepciones en personas de izquierda y de derecha. Mostramos a los participantes información sobre cómo el grupo ideológico contrario valora moralmente a su propio grupo en relación con el medioambiente. En algunos casos, hacíamos creer a los participantes que el grupo ideológico contrario les veían como inmorales; en otros, les hacíamos creer que les veían como igual de morales que ellos.

Los resultados mostraron que cuando las personas de derecha perciben que su grupo es visto como inmoral en cuestiones medioambientales, experimentan una amenaza a su identidad moral. Es decir, sienten que se pone en cuestión su valía como personas moralmente correctas. Esta reacción no aparece entre las personas de izquierda.

Observamos, además, que esta amenaza no se traduce en mayor apertura al cambio. Al contrario, la amenaza tiende a reforzar las posiciones iniciales: aparecen actitudes más extremas y una mayor intención de votar por ideologías afines.

Concluimos así que, paradójicamente, moralizar el debate político con la intención de convencer al otro puede provocar respuestas defensivas, intensificando de esta manera la posición de partida.

Esta investigación también muestra que este proceso no es inevitable. Cuando se atenúa la amenaza a la identidad moral –por ejemplo, permitiendo a los participantes moralmente amenazados reafirmar su propia imagen moral–, la intensificación del posicionamiento inicial disminuye.

Por lo tanto, las reacciones defensivas no dependen solo del contenido de cada causa política. También depende de si esa causa se convierte en un juicio sobre la valía moral de la persona. Cuando ese juicio se suaviza, también se reduce la necesidad de responder de forma defensiva.

Percepción de las causas progresistas

Nuestros estudios sugieren que algunas causas tradicionalmente defendidas por la izquierda se perciben con una carga moral especialmente alta, no solo por personas de izquierda, sino también por la sociedad en general. Esto parece afectar a cómo juzgamos moralmente a las personas que las defienden: cuando se discuten causas progresistas, las personas de izquierda tienden a ser percibidas de una forma moralmente más positiva que las personas de derecha.

Las democracias necesitan desacuerdo. Pero tienen dificultades para funcionar cuando cada discrepancia se interpreta como una falta de valores. Comprender el papel que juegan estas percepciones morales ayuda a explicar por qué algunos debates políticos se vuelven intensos y difíciles de resolver.

The Conversation

Las investigaciones presentadas en este artículo han sido financiadas por el proyecto PID2022-138915NB-I00 de la Agencia Estatal de Investigación (AEI)

Las investigaciones presentadas en este artículo han sido financiadas por el proyecto PID2022-138915NB-I00 de la Agencia Estatal de Investigación (AEI)

– ref. Izquierda y derecha frente al espejo moral: por qué el adversario político se percibe como peor persona – https://theconversation.com/izquierda-y-derecha-frente-al-espejo-moral-por-que-el-adversario-politico-se-percibe-como-peor-persona-285107

La Palma: un patrón magmático escrito en los cristales del volcán

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Caracciolo, Postdoctoral researcher, University of Iceland

Erupción del volcán Taj Imanol Zuaznabar Garcia/Shutterstock

El 19 de septiembre de 2021 comenzó una erupción volcánica en la isla de La Palma, después de 50 años sin actividad volcánica en la dorsal de Cumbre Vieja. Durante 85 días acaparó titulares de prensa antes de caer en el olvido por parte de la mayoría de la población. Sin embargo, los investigadores seguimos estudiando este evento geológico para entender sus causas y su posible evolución.

Cumbre Vieja es el volcán más activo de Canarias, con nueve erupciones en los últimos 1 100 años. En un trabajo publicado hoy en la revista Nature Communications mostramos que esas erupciones siguen un mismo patrón.

El patrón puede resumirse de la siguiente forma. A lo largo del tiempo el magma se acumula a grandes profundidades bajo la superficie, hasta que la llegada de magma nuevo, más caliente, rompe el reservorio de magma profundo. Esto favorece su ascenso hacia la superficie y, finalmente, su erupción.

Más allá de la erupción de 2021

La erupción de 2021 pudo observarse con un detalle sin precedentes, pero nosotros quisimos ir más allá para responder esta pregunta: ¿ha cambiado el sistema magmático bajo la isla con el tiempo, o las erupciones históricas comparten una misma historia?

Para averiguarlo estudiamos rocas de tres erupciones en La Palma: El Charco (1712), Teneguía (1971) y Tajogaite (2021). Las tres siguieron un patrón parecido: empezaron emitiendo un magma cuya composición cambiaba a medida que se enfriaba y cristalizaba en profundidad. Con el avance de la erupción, las lavas se volvieron cada vez más calientes y fluidas.

Los cristales: una ventana al interior del volcán

Una dificultad a la que nos enfrentamos los investigadores que estudiamos las erupciones volcánicas es que no podemos observar directamente el magma moviéndose bajo un volcán. En su lugar, reconstruimos su recorrido a partir de las rocas y los minerales que el propio volcán trae hasta la superficie durante una erupción.

En nuestro estudio nos centramos principalmente en un mineral llamado “clinopiroxeno”, muy común en las lavas de La Palma.

Este mineral crece dentro del magma añadiendo una capa tras otra, de forma parecida a los anillos de un árbol. Cuando cambia la temperatura, la presión o la composición del magma que los rodea, pueden crecer nuevas capas con una composición ligeramente distinta. Así, cada cristal funciona como una especie de archivo natural: conserva un registro de los diferentes magmas y de las condiciones a las que estuvo expuesto antes de la erupción. Son datos que los investigadores podemos utilizar para reconstruir la vida de los volcanes.

Para ello, medimos la composición química de esas capas y elaboramos mapas microscópicos de la distribución de distintos elementos dentro de cada cristal. Después calculamos las profundidades y temperaturas a las que se habían formado. Combinando toda esta información reconstruimos la historia del magma: desde su almacenamiento en profundidad hasta su ascenso y erupción.

Los cristales que estudiamos de las tres erupciones, pese a estar separados por tres siglos de historia, mostraron una coherencia sorprendente. En todas ellas el magma se almacenó y enfrió a profundidades y temperaturas similares, y las mismas
capas químicas crecieron en zonas equivalentes de los cristales.

De las profundidades a la superficie

Buena parte de esta historia comienza a gran profundidad, entre 18 y 25 kilómetros bajo la isla. Allí se va formando, con el tiempo, un reservorio de magma relativamente frío y rico en cristales, a temperaturas de unos 1 000 grados centígrados.

Este reservorio profundo no es una gran bolsa de magma líquido, como a veces imaginamos una cámara magmática. Se parece más a lo que los vulcanólogos llaman un crystal mush: una mezcla de cristales y magma líquido –algo parecido a un granizado–, formado por abundantes cristales rodeados de roca fundida.

Los cristales indican que, antes de cada erupción, llega un nuevo magma, más caliente y fluido, a más de 1 100 grados centígrados. Al entrar en el reservorio profundo, este magma rompe parte del mush cristalino, incorporando y arrastrando hacia la superficie los cristales que se habían formado allí.

Por qué esto importa para la vigilancia volcánica

Las redes de vigilancia volcánica detectan terremotos, deformaciones del terreno y emisiones de gases a medida que el magma se mueve y la presión cambia bajo un volcán. Estas señales son fundamentales para anticipar una erupción, pero el magma que se mueve a mucha profundidad es mucho más difícil de detectar que el que se acerca a la superficie.

Nuestros resultados muestran que buena parte de la acumulación del magma bajo La Palma ocurre a gran profundidad, en el manto superior. Esto significa que pueden desarrollarse procesos importantes lejos de la superficie que son difíciles de detectar con las redes de vigilancia de volcanes.

Nuestro estudio no pronostica cuándo ocurrirá la próxima erupción, pero sí ayuda a interpretar futuros episodios de actividad. Así, la llegada de magma nuevo en profundidad puede reactivar un reservorio antiguo e iniciar procesos que, eventualmente, conduzcan a una erupción.

Los cristales que llegan a la superficie permiten después reconstruir esa historia y compararla con las señales de terremotos, de deformación y de gases registradas antes y durante la erupción.

Un proceso que podría ir más allá de La Palma

Al comparar los cristales de La Palma con los de otros volcanes encontramos indicios de que otros archipiélagos volcánicos, como Cabo Verde, Azores o Galápagos, podrían tener sistemas de alimentación de magma similares.

Los resultados sugieren que, durante las primeras etapas de formación de estas islas volcánicas, la llegada de magma nuevo y más caliente podría romper y movilizar reservorios profundos ricos en cristales, de forma parecida a lo que observamos en La Palma. Este mecanismo podría ser, pues, una característica común de los sistemas de alimentación de magmática de las islas oceánicas.

The Conversation

Alberto Caracciolo acknowledges the VOLC-LAPSE cascading fund within the RETURN Project (CUP H93C22000610002, funded by the European Union)

Álvaro Márquez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades para el estudio de las erupciones históricas de La Palma.

Teresa Ubide recibe fondos del Australian Research Council y de NCRIS-AuScope. Teresa completó su Tesis Doctoral en la Universidad de Zaragoza y trabaja para la Universidad de Queensland en Australia.

Mónica Ágreda-López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La Palma: un patrón magmático escrito en los cristales del volcán – https://theconversation.com/la-palma-un-patron-magmatico-escrito-en-los-cristales-del-volcan-289929

El debate sobre los escenarios climáticos del IPCC: ¿qué son y cómo se usan para tomar decisiones de cara a un futuro más cálido?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José María Baldasano Recio, Catedrático Emérito de Ingeniería Ambiental, Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech

Piyaset/Shutterstock

Para analizar el avance del calentamiento global en el futuro y los efectos de las medidas de mitigación, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) ha establecido cinco escenarios de emisiones futuras de gases de efecto invernadero (GEI). Proyectar las emisiones es extremadamente complejo, pues dependen de la evolución del crecimiento y desarrollo socioeconómico y energético y de los cambios tecnológicos. Estos escenarios buscan contemplar un abanico de posibilidades. No son predicciones son proyecciones con sus incertidumbres asociadas. Son “fotografías de futuros plausibles”.

Actualmente, los escenarios climáticos del IPCC se basan en las Trayectorias Socioeconómicas Compartidas (SSP, por sus siglas en inglés), introducidas en el Sexto Informe de Evaluación (AR6). A partir de 2010, estas añadieron variables socioeconómicas a los anteriores escenarios, los RCP, que solo tenían en cuenta los niveles de gases de efecto invernadero e iban desde el escenario más moderado, el RCP2.6, hasta el más extremo, el RCP8.5.

Unos nuevos escenarios, los CMIP7 (2026), son la base del próximo Séptimo Informe de Evaluación (AR7).

Herramientas de gestión pública para la adaptación

Limitar el calentamiento global es urgente e inaplazable, pero adaptar las infraestructuras es una necesidad cada vez más apremiante. Viviendas, carreteras, hospitales, redes eléctricas, etc. tienen que poder resistir condiciones climáticas considerablemente más exigentes que las actuales.

Los escenarios climáticos también se consideran herramientas de gestión pública. La Unión Europea (UE) los utiliza en sus políticas de adaptación climática.

El Consejo Científico Asesor Europeo sobre Cambio Climático (ESABCC, por sus siglas en inglés) ha recomendado que la UE tome como referencia común para la planificación de su adaptación climática entre sus Estados miembros y que se preparen para un mundo casi 3 ºC más caliente, y ha considerado el escenario SSP2-4.5, que proyecta entre 2,1-3,5 ºC para el año 2100.

Asimismo, la institución aconseja comprobar la resistencia de determinadas infraestructuras e inversiones frente a trayectorias todavía más adversas, como es el escenario SSP3-7.0 (entre 2.8-4.6 °C de calentamiento). El ESABCC advierte de que la adaptación climática tiene límites y que su eficacia disminuye a medida que aumentan los riesgos.

No es que la UE esté pronosticando la temperatura para final de siglo. Se refiere al abanico de riesgos que se consideran suficientemente posibles como para ignorarlos. En 2024, la Comisión Europea ya consideró el SSP2-4.5 como escenario climático de referencia para evaluar los riesgos climáticos de sus políticas, aconsejando al sector privado usar el mismo enfoque.




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Retirada del escenario SSP5-8.5

Estos escenarios están en continua revisión. El escenario frecuentemente llamado “business as usual”, es decir, “seguir como siempre” (el SSP5-8.5, anteriormente conocido como RCP8.5), ha sido retirado en 2026 después de un significativo debate científico que busca restaurar la proporcionalidad entre probabilidad y representación.

Concebido como un escenario de alto riesgo, el SSP5-8.5 responde esencialmente a un mundo sin políticas climáticas. Su revisión, no es una “desaparición”, sino una corrección de su papel como referencia central en determinados análisis y narrativas sobre el futuro climático. Fue retirado porque quedó desactualizado. Responde a un principio básico de la ciencia climática: los escenarios describen trayectorias hipotéticas sujetas a supuestos sobre población, tecnología, política energética y desarrollo económico.

La retirada de RCP8.5 no implica que el calentamiento global haya perdido gravedad, sino que el escenario dejaba de ser una representación adecuada del curso probable de las emisiones de GEI. Descansaba en hipótesis de crecimiento intensivo del carbón y de expansión sostenida de emisiones, que, a la luz de la evolución, resultan menos plausibles que hace una década gracias a medidas como la transición hacia renovables y el Acuerdo de París (2015).

Gráfico que muestra la variación de la temperatura media global en el futuro con respecto al período de referencia según diferentes escenarios climáticos.
Variación de la temperatura media global con respecto al período de referencia según diferentes escenarios climáticos. El RCP8.5 es el de altas emisiones.
Gobierno de Canadá

La principal justificación científica para su eliminación es metodológica. En la modelización climática –necesaria para poder saber la evolución del sistema climático–, la utilidad de un escenario depende de su plausibilidad, no de su capacidad para maximizar el impacto comunicativo. Si bien es importante modelizar los posibles escenarios más desfavorables, también es necesario examinar un abanico amplio de escenarios potenciales.

El caso revela una cuestión epistemológica relevante: la ciencia no se debilita al corregirse, sino que se fortalece. La revisión de escenarios forma parte del proceso normal de actualización del conocimiento.




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Negacionismo y lectura política

La reacción del negacionismo climático ante esta revisión ha sido la previsible. Lejos de analizar el cambio con rigor, lo presenta como prueba de que la amenaza climática fue exagerada o incluso fabricada. Interpretación que confunde la revisión de un escenario con la invalidez del conjunto de conocimientos de la ciencia climática. La estrategia es conocida: convertir una revisión científica en munición retórica contra la acción climática.

Este patrón resulta especialmente visible en la instrumentalización del debate. La celebración de la “caída” de RCP8.5 por parte de figuras como Donald Trump o de sectores alineados con el negacionismo evidencia un discurso negacionista que intenta desplazar la discusión sobre los riesgos reales del calentamiento global hacia una caricatura de la ciencia como sistema alarmista.

Pero la corrección del escenario demuestra lo contrario: la comunidad científica distingue entre lo plausible, lo improbable y lo extraordinario. Presentar esta revisión como una refutación del cambio climático actual constituye una irresponsabilidad grave.

Implicaciones para el debate climático

El debate sobre los escenarios climáticos ofrece una lección amplia sobre comunicación científica. El uso indiscriminado de escenarios extremos puede erosionar la confianza pública cuando esos supuestos se vuelven menos verosímiles. Pero la solución no es minimizar el problema, sino jerarquizar adecuadamente los posibles futuros.

En términos normativos, esto refuerza una idea importante: el riesgo climático sigue siendo grave (como se está viendo este verano). Tanto la mitigación como la adaptación siguen siendo muy urgentes. Por tanto, la revisión del RCP8.5 no debe ser leída o considerada como un alivio, sino como una invitación a formular políticas climáticas basadas en escenarios más consistentes con la realidad actual, caso de la recomendación considerada por la UE respecto a sus políticas de adaptación.

The Conversation

José María Baldasano Recio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El debate sobre los escenarios climáticos del IPCC: ¿qué son y cómo se usan para tomar decisiones de cara a un futuro más cálido? – https://theconversation.com/el-debate-sobre-los-escenarios-climaticos-del-ipcc-que-son-y-como-se-usan-para-tomar-decisiones-de-cara-a-un-futuro-mas-calido-291730

¿Vemos siempre al adversario político como peor persona?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristian Catena-Fernández, Profesor en el Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

marcogarrincha/Shutterstock

En muchos debates políticos actuales no solo discutimos ideas, leyes o propuestas. Discutimos algo más profundo: qué tipo de personas somos. Apoyar o rechazar una causa no se percibe solo como una opinión política con consecuencias prácticas, sino también como una señal de quiénes somos desde un punto de vista moral.

Esto ayuda a entender por qué algunas conversaciones políticas se vuelven incómodas y poco productivas. Cuando el desacuerdo deja de tratar sobre qué medida es mejor y pasa a interpretarse como una falta de valores, el debate cambia de naturaleza.

En nuestras investigaciones recientes, realizadas desde el Departamento de Psicología Social y de las Organizaciones de la UNED, hemos analizado cómo las personas de izquierda y de derecha perciben moralmente distintos temas políticos, cómo se juzgan moralmente entre sí y qué consecuencias tienen estas percepciones para la convivencia política.

Causas “más morales” que otras

Una investigación publicada en European Journal of Social Psychology muestra que las causas políticas no se perciben como moralmente equivalentes. Temas políticos defendidos tradicionalmente por la izquierda (igualdad de género, protección del medioambiente o derechos de las personas migrantes, entre otros) se perciben como causas con una carga moral especialmente fuerte. En cambio, temas políticos defendidos tradicionalmente por la derecha (seguridad nacional, orden social o defensa de las tradiciones) se perciben con menor carga moral.

Lo más llamativo es que esta diferencia no solo aparece entre quienes se identifican con la izquierda. También las personas de derecha tienden a percibir las causas progresistas con una carga moral más alta que las causas conservadoras.

Estos resultados sugieren que, más allá de la ideología individual, algunos temas de la agenda progresista se han convertido en causas especialmente moralizadas en el debate público. No defenderlos puede verse no solo como una discrepancia política, sino como una señal de que no se está haciendo lo correcto.

En la misma investigación, también observamos diferencias en la forma en que las personas de izquierda y de derecha se juzgan moralmente.

Específicamente, cuando se discuten temas defendidos tradicionalmente por la izquierda, tanto las personas de izquierda como las de derecha tienden a percibir a las de izquierda como más justas o éticamente responsables que las de derecha. En cambio, estas diferencias no se encuentran cuando se discuten temas defendidos tradicionalmente por la derecha.

Otro hallazgo del mismo trabajo es que las personas de derecha son conscientes de esa imagen moral negativa cuando se discuten temas tradicionalmente asociados a la izquierda. Es decir, creen que son vistas como menos justas o menos éticamente responsables por las personas de izquierda.

Desde el punto de vista psicológico y social, esto es clave. La moral no es un adorno de la identidad: es una parte central de cómo nos vemos a nosotros mismos y de cómo vemos a los demás. Cuando alguien siente que su grupo es retratado como moralmente inferior, no suele reaccionar replanteándose sus creencias con calma o apertura. En esas condiciones, puede activarse una respuesta defensiva que contribuiría a reforzar la polarización política entre grupos ideológicos.

El alimento para la polarización

En otra investigación reciente, publicada en Group Processes & Intergroup Relations, analizamos las consecuencias de estas percepciones en personas de izquierda y de derecha. Mostramos a los participantes información sobre cómo el grupo ideológico contrario valora moralmente a su propio grupo en relación con el medioambiente. En algunos casos, hacíamos creer a los participantes que el grupo ideológico contrario les veían como inmorales; en otros, les hacíamos creer que les veían como igual de morales que ellos.

Los resultados mostraron que cuando las personas de derecha perciben que su grupo es visto como inmoral en cuestiones medioambientales, experimentan una amenaza a su identidad moral. Es decir, sienten que se pone en cuestión su valía como personas moralmente correctas. Esta reacción no aparece entre las personas de izquierda.

Observamos, además, que esta amenaza no se traduce en mayor apertura al cambio. Al contrario, la amenaza tiende a reforzar las posiciones iniciales: aparecen actitudes más extremas y una mayor intención de votar por ideologías afines.

Concluimos así que, paradójicamente, moralizar el debate político con la intención de convencer al otro puede provocar respuestas defensivas, intensificando de esta manera la posición de partida.

Esta investigación también muestra que este proceso no es inevitable. Cuando se atenúa la amenaza a la identidad moral –por ejemplo, permitiendo a los participantes moralmente amenazados reafirmar su propia imagen moral–, la intensificación del posicionamiento inicial disminuye.

Por lo tanto, las reacciones defensivas no dependen solo del contenido de cada causa política. También depende de si esa causa se convierte en un juicio sobre la valía moral de la persona. Cuando ese juicio se suaviza, también se reduce la necesidad de responder de forma defensiva.

Percepción de las causas progresistas

Nuestros estudios sugieren que algunas causas tradicionalmente defendidas por la izquierda se perciben con una carga moral especialmente alta, no solo por personas de izquierda, sino también por la sociedad en general. Esto parece afectar a cómo juzgamos moralmente a las personas que las defienden: cuando se discuten causas progresistas, las personas de izquierda tienden a ser percibidas de una forma moralmente más positiva que las personas de derecha.

Las democracias necesitan desacuerdo. Pero tienen dificultades para funcionar cuando cada discrepancia se interpreta como una falta de valores. Comprender el papel que juegan estas percepciones morales ayuda a explicar por qué algunos debates políticos se vuelven intensos y difíciles de resolver.

The Conversation

Las investigaciones presentadas en este artículo han sido financiadas por el proyecto PID2022-138915NB-I00 de la Agencia Estatal de Investigación (AEI)

Las investigaciones presentadas en este artículo han sido financiadas por el proyecto PID2022-138915NB-I00 de la Agencia Estatal de Investigación (AEI)

– ref. ¿Vemos siempre al adversario político como peor persona? – https://theconversation.com/vemos-siempre-al-adversario-politico-como-peor-persona-285107

Vacunas nasales: una nueva y prometedora vía para frenar la transmisión de los virus respiratorios

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isidoro Martínez González, Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III

Vacuna nasal contra la covid-19. TopMicrobialStock/Shutterstock

Cuando pensamos en una vacuna, lógicamente solemos imaginar una inyección en el brazo. Este tipo de inmunizaciones han sido extraordinariamente eficaces para evitar el agravamiento de las enfermedades, las hospitalizaciones y las muertes.

Sin embargo, frente a muchos patógenos respiratorios, los pinchazos presentan una limitación fundamental: generan una respuesta inmunitaria muy potente en la sangre (inmunidad sistémica), pero no siempre garantizan una defensa igual de intensa en las vías respiratorias superiores. Y son precisamente los lugares por los que suelen entrar esos microorganismos.

Las vacunas nasales intentan resolver este problema. En lugar de introducir el antígeno mediante una aguja, se administra en forma de aerosol o gotas sobre la mucosa nasal. Allí puede activar el sistema inmunitario local y formar una primera línea de defensa robusta en el punto de entrada del patógeno.

Así actúan

La mucosa de las vías respiratorias no es un simple tubo por el que pasa el aire. Posee su propio sistema de defensa: el tejido linfoide asociado a la nasofaringe (NALT, por sus siglas en inglés). Al administrar una vacuna mediante un aerosol nasal, se activan mecanismos de defensa que las inyecciones rara vez ponen en marcha con la misma eficacia.

La mucosa respiratoria está cubierta de moco, células ciliadas y de numerosas células inmunitarias. Una vacuna nasal bien diseñada puede estimular la producción de inmunoglobulina A secretora (IgA), un anticuerpo especializado en proteger las mucosas. La IgA puede unirse a virus o bacterias en la propia superficie respiratoria y dificultar que se adhieran y penetren en nuestras células.

Además, la vacunación nasal puede generar linfocitos B y T de memoria residentes. Estas células son las encargadas de fabricar anticuerpos y destruir las células infectadas, respectivamente. Permanecen en los tejidos respiratorios y pueden reaccionar rápidamente cuando vuelve a aparecer el patógeno. Por ello, las vacunas nasales podrían no solo reducir la gravedad de una infección, sino también dificultar que esta llegue a establecerse.

Y, por último, al frenar la replicación del virus en las vías altas, se reduce drásticamente la cantidad de partículas virales que expulsamos al respirar, hablar o toser, protegiendo a la comunidad. Menos contagios significan, a su vez, menos oportunidades para que el virus mute y aparezcan variantes que escapen a la inmunidad existente.

Facilidad para administrarlas

Más allá de la inmunidad, las vacunas nasales ofrecen ventajas logísticas y de administración. En primer lugar, porque no requieren agujas, lo que evita dolor y ansiedad y puede facilitar su aceptación, especialmente en niños.

Adicionalmente, algunas formulaciones también podrían simplificar las campañas de vacunación al requerir menos intervención de personal sanitario. Por ejemplo, se pueden autoadministrar bajo supervisión, lo que facilita vacunar con rapidez a mucha gente.

El ejemplo mejor establecido es la vacuna antigripal de virus vivos atenuados, comercializada como FluMist o Fluenz. En Estados Unidos y Europa continúa siendo el principal ejemplo de vacuna respiratoria administrada directamente por vía nasal. También se han autorizado vacunas mucosas contra la covid-19 en algunos países como China, India y Rusia, aunque la comunidad científica internacional aún evalúa los datos reales sobre su capacidad para evitar la transmisión a largo plazo.

¿Por qué no tenemos muchas más vacunas nasales?

Si son tan prometedoras, ¿por qué solo hay una vacuna nasal aprobada contra un virus respiratorio en Europa y Estados Unidos? Los científicos señalan varios obstáculos:

  • La nariz es un lugar hostil para las vacunas. El moco atrapa las partículas, los cilios las barren hacia fuera y ciertas enzimas degradan rápidamente cualquier proteína que se inhale, incluida la propia vacuna, antes de que el sistema inmunitario tenga tiempo de detectarla.

  • Faltan adyuvantes seguros. Los adyuvantes son sustancias que se administran junto a las vacunas para potenciar su eficacia. En vacunas inyectadas se usan desde hace décadas, pero ninguno está aprobado todavía para uso nasal, porque provocar inflamación cerca de la nariz puede ser peligroso y dificultar la respiración.

  • La inmunidad de las mucosas dura poco. El anticuerpo IgA se degrada mucho más rápido que el anticuerpo IgG de la sangre, así que la protección nasal puede caer por debajo de niveles útiles en pocos meses.

  • No sabemos bien qué medir. Para comprobar si las vacunas inyectadas “funcionan” basta un análisis de sangre. En el caso de las nasales no existe todavía un marcador claro y fiable, lo que obliga a hacer ensayos clínicos larguísimos y caros para demostrar su eficacia.

  • Cercanía con el cerebro. La parte superior de la nariz está pegada al bulbo olfativo, conectado directamente al sistema nervioso central, así que cualquier componente de la vacuna debe demostrarse inofensivo para esa zona. De hecho, a principios de la década del 2000, una vacuna nasal contra la gripe en Suiza tuvo que ser retirada tras asociarse su adyuvante con casos de parálisis facial temporal (parálisis de Bell). La neuroseguridad es una prioridad crítica.

Nuevas plataformas y estrategias combinadas

Pese a estas dificultades, la investigación avanza. En los laboratorios se investigan nuevas fórmulas: nanopartículas que protegen el antígeno de las enzimas nasales y lo liberan poco a poco, así como patógenos modificados e inofensivos que actúan como “caballos de Troya” para entrenar al sistema inmunitario. También existen estrategias de vacunación combinada, que emplean una vacuna inyectada inicial con un refuerzo nasal posterior, lo que parecen ofrecer una protección más completa y duradera.

El futuro de la prevención respiratoria

Las vacunas nasales no van a sustituir a las inyectables de la noche a la mañana, pero representan una de las apuestas más interesantes para evitar no sólo que una infección respiratoria nos lleve al hospital, sino también para detener al patógeno en la puerta de entrada al organismo. Podrían convertirse en una herramienta especialmente valiosa para reducir la transmisión de los microorganismos respiratorios y reforzar nuestra capacidad de respuesta frente a futuras pandemias.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Vacunas nasales: una nueva y prometedora vía para frenar la transmisión de los virus respiratorios – https://theconversation.com/vacunas-nasales-una-nueva-y-prometedora-via-para-frenar-la-transmision-de-los-virus-respiratorios-292378