Todas las músicas que se esconden en ‘La península de las casas vacías’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan José Pastor Comín, Catedrático de Universidad. Área: Música. Investigación: Relaciones entre Música y Literatura. CIDoM (UCLM-CSIC). Premio de Investigación e Innovación en Arte y Humanidades (Gobierno de Castilla-La Mancha), Universidad de Castilla-La Mancha

Edificios semiderruidos por la guerra civil española. Otto Wunderlich. Archivo Wunderlich, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte

David Uclés se define en su página web como escritor, músico y dibujante, y allí aloja sus propias composiciones. Pertenece a esa nómina de talentos que cultivaron la música y la literatura, desde Juan del Encina a Julio Cortázar, pasando por Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Galdós, Gerardo Diego o Federico García Lorca, una escritura renovada que busca un apoyo constante en la participación de las artes.

Así, por su última novela, La ciudad de las luces muertas, desfilan, en espacios emblemáticos como el Palau de la Música, Pau Casals, Montserrat Caballé o Jordi Savall, al tiempo que el joven escritor selecciona quince piezas musicales para acompañar su lectura.

¿Qué sentido tienen estos referentes musicales recurrentes integrados en sus novelas? Más allá del realismo mágico –o realismo uclesiano– que define su estilo, ¿no será, quizá, una de sus propuestas más innovadoras hacernos ver que la música trasciende y da sentido al espacio silencioso de la lectura?

‘La península de las casas vacías’, un tapiz sonoro elocuente

La península de las casas vacías refiere la descomposición y desaparición de una familia durante los años de la Guerra Civil española. En ella la música tiene un papel vertebrador.

Sus cuatro partes diferenciadas bien podrían ser cuatro movimientos sinfónicos en los que Odisto –imagen de Odiseo–, el personaje principal, sentirá las voces de la guerra que arrastra el viento. Él deberá evitar estas voces aniquiladoras, que recuerdan a las de las sirenas que Ulises escucha atado al mástil en la Odisea. A pesar de que los cantos representan la tentación del conocimiento absoluto y el olvido del hogar, ambos héroes, Odisto y Ulises, cruzarán esa experiencia musical y lograrán regresar a su patria.

En este largo viaje el lector contemplará el paisaje sonoro cotidiano de los años 1920 y 1930. En él se encuentran las coplillas que se hicieron a raíz del atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg el 31 de mayo de 1906:

“En la Plaza Mayor

ha caído una bomba

ha ido a parar a la reina Victoria.

Victoria está mala

y el rey no la quiere,

por eso Victoria

de pena se muere”.

También las parodias y las nuevas letras para el Himno de Riego que se cantaban en la España republicana:

“Si los curas y Franco supieran

la paliza que les van a dar,

subirían al coro cantando

¡libertad, libertad, libertad!”

Igualmente, Uclés incluye la versión popular de Los cuatro muleros titulada Los cuatro generales, que hacía referencia a Franco, Sanjurjo, Mola y Queipo de Llano. Todas ellas presentan un auténtico tapiz sonoro de la realidad del momento que recuerda al lector que en una guerra civil nada, y mucho menos la música, es inocente.

Más allá de estas músicas contextuales, Uclés introduce otras obras que interfieren como anacronías en la ficción. Al igual que hace Miguel de Unamuno en Niebla, el autor rompe la “cuarta pared” narrativa, establece un diálogo con sus personajes y, gracias a esta capacidad de interacción, les concede en momentos esenciales músicas a las que el lector deberá acudir si quiere participar en una experiencia interartística inmersiva.

Un ejemplo claro es el regreso de Odisto a su pueblo:

“Hice que, algo lejana, sonara en sus oídos una melodía que lo iba a acompañar en aquella última estación del viacrucis de vuelta. Para quien desee escucharla al mismo tiempo, se trata del ”Himno de los querubines“ de Piotr Ilich Tchaikovsky”.

Esto mismo sucede en la descripción de la toma de Badajoz por el coronel Yagüe, donde advierte “os dejo antes el nombre de una pista de audio, por si queréis finalizar el capítulo con la misma música con la que estoy escribiendo yo: Miserere mei, Deus, de Gregorio Allegri”, marcando así la matriz emocional del episodio.

Este recurso evocando el patrimonio histórico musical se repite en distintas ocasiones. En la batalla del Jarama, el corneta Camilo “decidió improvisar un aire parecido al Tuba mirum de Verdi, pero el doble de lento y de largo”, acentuando la dimensión fúnebre de la guerra fratricida.

Otras veces el narrador introduce músicas más próximas a los personajes para consolar por la pérdida de los fallecidos: “Antes de seguir con la lectura, os animo a que pongáis el Andante festivo de Sibelius que fue reorquestado en 1938 y lo escuchéis mientras leéis el siguiente capítulo”.

Las músicas del futuro

Pero también, y de una forma audaz, Uclés hace que sus personajes escuchen obras que fueron compuestas mucho tiempo después de la Guerra Civil. Sucede así, por ejemplo, cuando decide suspender el relato sobre la masacre en la carretera de Málaga-Almería para hacer que los soviéticos de las Brigadas Internacionales canten Sacred Love, de Georgui Svirídov, compuesto en 1973.

Estas referencias extemporáneas transforman hechos históricos puntuales en universales. De este modo los personajes de 1936 pueden ver en Madrid la escultura de Agustín Lara realizada por Humberto Peraza en 1975 frente a las Escuelas Pías. La pieza alude a la canción “Solamente una vez”, y en su pedestal se puede leer la letra del famoso chotis de 1948: “Madrid, Madrid, Madrid, pedazo de la España en que nací… en México se piensa mucho en ti”. En la novela no se menciona esta canción, pero es extraordinariamente elocuente en su recuerdo del exilio.

En el relato de la evacuación de los niños vascos en 1937 se intensifica el dolor de las madres, haciéndoles llegar como consuelo “una melodía balcánica llamada Ederlezi, hoy día bellamente interpretada por Nigel Kennedy y Goran Bregovic”.

La dulzura de esta obra se contrapone con la brutalidad y densidad sonora del Requiem II. Kyrie de Ligeti, que enmarca la cuarta parte de la novela y el estallido del volcán que fractura la península. A estas músicas imposibles hay que añadir el bálsamo que concede el narrador a uno de los personajes tras matar a un miliciano: “Hice que sonara muy tibiamente una pieza en su cabeza: la melancólica interpretación que Miles Davis haría tiempo después del adagio del Concierto de Aranjuez”.

Las piezas empleadas por Uclés no solo ayudan a comprender una época: expanden el mundo de los lectores. La península de las casas vacías es así un lugar donde la experiencia musical –las obras clásicas, coetáneas y futuras que aparecen en la particular odisea de Odisto– transforma la vivencia del tiempo.

El sentido se desplaza más allá del reino de la palabra y solo parece encontrarse donde la música, vivida en primera persona, se expresa poderosamente e invade el terreno silencioso de la novela.


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The Conversation

Juan José Pastor Comín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Todas las músicas que se esconden en ‘La península de las casas vacías’ – https://theconversation.com/todas-las-musicas-que-se-esconden-en-la-peninsula-de-las-casas-vacias-281090

Algoritmos nómadas: el fin del aislamiento de las enfermedades raras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alba Garrido López, Investigadora predoctoral en Tecnologías y Sistemas de Comunicaciones, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Master1305/Shutterstock

En las facultades de medicina se enseña un mantra de prudencia: “Si oyes galopar, piensa en caballos, no en cebras”. Es una invitación a buscar lo común antes que lo exótico. Si un paciente llega con fiebre y tos, la lógica dicta pensar en una gripe y no en una patología tropical de un valle perdido. Sin embargo, el problema es que las cebras existen.

Aunque cada una de estas patologías afecta a menos de 5 por cada 10 000 habitantes, su impacto global es masivo. Se estima que existen más de 7 000 enfermedades raras –con 6 147 identificadas en el registro Orphanet– que afectan a más de 300 millones de personas en el mundo. Esta paradoja es el corazón del problema: los pacientes son muchos, pero están tan dispersos que el conocimiento sobre ellos permanece fragmentado. Las enfermedades poco frecuentes cargan con una “triple conDena” que bloquea el progreso médico:

  • Diagnóstico: el 57 % de los pacientes sufre una demora diagnóstica superior al año. En España, la media ronda los seis años de incertidumbre, un tiempo en el que el impacto psicosocial sobre el paciente y su familia se agrava profundamente ante la falta de respuestas.

  • Dinero: los llamados “medicamentos huérfanos” rara vez son rentables para el mercado farmacéutico tradicional. Al haber pocos pacientes, la inversión es difícil de recuperar, dejando a miles de patologías sin investigación activa.

  • Datos: el conocimiento médico está encerrado en silos. Un hospital en Madrid ha visto dos casos; otro en Tokio, tres. Cada centro posee una pieza vital del puzle, pero ninguna es suficiente por sí sola para entrenar a una inteligencia artificial.
    Hasta ahora, la solución lógica era “juntar los datos”. Pero un historial clínico es la información más íntima que poseemos. Por razones éticas y legales, los datos no pueden (ni deben) circular libremente. El resultado es que el conocimiento se queda aislado.

Aprendizaje federado: los datos no viajan, viaja el algoritmo

La respuesta pasa por invertir la lógica tradicional: en lugar de llevar los datos al algoritmo, llevamos el algoritmo a los datos. Esta técnica, denominada “aprendizaje federado”, permite que un modelo de IA “viaje” a cada hospital, aprenda localmente de sus historiales y regrese a una sede central llevando consigo únicamente parámetros matemáticos. Son patrones, no nombres; tendencias, no fechas.

Es como si cien investigadores estudiaran en bibliotecas distintas de todo el mundo: ninguno saca un solo libro, pero todos comparten sus notas finales
para escribir un manual común. Esta arquitectura ya no es teórica. Modelos federados han demostrado alcanzar hasta el 99 % de la eficacia de aquellos entrenados con datos centralizados.

En España, la lucha contra el aislamiento de estos datos tiene un rostro real: Julián Isla. Ingeniero y padre de un niño con una enfermedad rara, Isla vivió la “odisea del diagnóstico” y entendió que la informática debía ser el aliado perfecto, ya que el diagnóstico de estas patologías requiere analizar cantidades masivas de síntomas que superan la capacidad humana.

De esa urgencia nació la Fundación 29 y herramientas como DxGPT, que ya utilizan más de 6 000 médicos en Madrid para navegar por la complejidad de lo desconocido. Como afirma Isla al reflexionar sobre este avance: “Hemos transformado un problema personal en algo que puede ayudar a los demás”. Si iniciativas como la suya abrieron el camino al demostrar el potencial de la IA en la nube, el aprendizaje federado propone ahora la infraestructura definitiva para el sistema sanitario; la evolución necesaria para que la IA se convierta, siempre con respeto a la privacidad, en ese copiloto que guía al médico cuando los síntomas no encajan en ningún manual conocido.

Contra la ceguera algorítmica

Aquí reside la verdadera justicia social de esta tecnología. La IA no sabe medicina de forma innata; aprende exclusivamente de los datos que le enseñamos. Si un algoritmo se entrena únicamente con historiales de grandes centros urbanos, desarrollará una ceguera algorítmica ante el paciente rural o aquel con una mutación poco frecuente.

El aprendizaje federado actúa como un democratizador de la inteligencia médica: permite que un hospital comarcal aporte sus escasos casos a un modelo global sin ceder la soberanía sobre sus datos y, a cambio, recibe una herramienta enriquecida con la experiencia de instituciones de élite de todo el mundo. Así, la excelencia clínica deja de ser un privilegio geográfico.

Que el médico no esté solo

La meta final es que, cuando un médico se enfrente a una “cebra” clínica, no tenga que recurrir a una búsqueda desesperada en navegadores genéricos.

Imaginemos el escenario: un pediatra detecta un síntoma inusual, introduce su caso en un modelo federado y el sistema lanza un aviso: “He detectado patrones clínicos similares en la red global. Considera analizar este marcador genético”. No es ciencia ficción: herramientas como DxGPT ya permiten a más de 6 000 médicos en Madrid navegar por la complejidad de lo desconocido.

La IA no llega para sustituir al médico, sino para dotarlo de una memoria global compartida. Porque si bien la privacidad es un derecho, el acceso al conocimiento es una cuestión de supervivencia. Los datos se quedan en casa para proteger al paciente; el conocimiento viaja por el mundo para salvarlo.

The Conversation

Alba Garrido López recibe fondos para su investigación a través de proyectos gestionados por la Universidad Politécnica de Madrid. No es asalariada, ni consultora, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de otros vínculos relevantes más allá de su cargo académico.

– ref. Algoritmos nómadas: el fin del aislamiento de las enfermedades raras – https://theconversation.com/algoritmos-nomadas-el-fin-del-aislamiento-de-las-enfermedades-raras-285713

Interactuar con tecnologías digitales de forma moderada puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vanesa Perez Cabrera, Profesora de Facultad de Ciencias de la Salud, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

shutterstock Lucigerma/Shutterstock

Durante años las nuevas tecnologías, desde móviles a redes sociales, han sido señaladas como una posible amenaza para el cerebro. El miedo está ahí: ¿están las pantallas arruinando nuestra mente? Algunos expertos ya hablan de demencia digital.

La hipótesis parte de una preocupación: ¿qué ocurre cuando dejamos de esforzarnos mentalmente? Hoy delegamos cada vez más tareas en nuestros dispositivos móviles. Ya no memorizamos números de teléfono, apenas nos orientamos sin GPS y muchas dudas se resuelven con un clic. Según esta idea, al ceder estas funciones a la tecnología podríamos estar desentrenando el cerebro.

En las personas mayores este supuesto proceso podría favorecer el deterioro cognitivo a través de tres vías principales. La primera sería el sedentarismo mental, cuando el tiempo pasivo frente a la pantalla sustituye actividades que exigen mayor esfuerzo intelectual.

En segundo lugar, al transferir tareas como recordar información, planificar u orientarnos tiene lugar una delegación cognitiva. Que reduce el uso de funciones como la memoria y la planificación.

La tercera es la fragmentación de la atención, que viene provocada por la exposición constante a notificaciones, interrupciones y distracciones digitales. Y puede dificultar una concentración profunda y sostenida.

No todo son malas noticias en el panorama digital. Frente a esto, surge un nuevo concepto: la “reserva tecnológica”.

De la demencia digital a la reserva tecnológica

Interactuar con tecnologías digitales puede actuar como un factor protector. Al igual que ocurre con actividades como la lectura o el aprendizaje de idiomas, el uso de la tecnología podría favorecer un mejor rendimiento cognitivo del esperado para la edad o el estado de salud. Es lo que se conoce como reserva tecnológica, y contribuiría a mantener el cerebro activo y funcional durante más tiempo.

El planteamiento se alinea con el concepto de reserva cognitiva. Según este, determinadas experiencias como la educación, el aprendizaje continuo y la participación en actividades mentalmente estimulantes ayudan al cerebro a resistir mejor el envejecimiento y el daño cerebral. En la práctica, es como si estuviéramos acumulando un capital neuronal. Cuanto más activa mantenemos nuestra mente, más robusta es nuestra arquitectura cerebral.

Lo que dice la evidencia científica

Un metaanálisis que analizó los resultados de numerosos estudios sobre el uso de tecnologías digitales y la cognición encontró un dato llamativo: las personas que interactúan con tecnologías digitales presentan un menor riesgo de deterioro cognitivo.

De hecho, esta relación fue comparable, y en algunos casos incluso superior, a la de factores protectores bien conocidos. Entre ellos se encuentra mantener la presión arterial controlada, realizar actividad física con regularidad, tener un mayor nivel educativo o participar en actividades de ocio intelectualmente estimulantes.

Estos resultados, obtenidos a partir de 411 430 adultos de más de 50 años, son especialmente relevantes para los llamados “pioneros digitales”. Es decir, las generaciones que han vivido la transición hacia el mundo digital y han incorporado estas tecnologías en su vida diaria, y que ya han alcanzado las edades a las que empiezan a aparecer las demencias.

Tres vías por las que la tecnología podría proteger el cerebro

La investigación sugiere al menos tres mecanismos principales que podrían explicar esta asociación positiva.

1. Estimulación cognitiva más compleja

Las tecnologías digitales ofrecen entornos mentalmente dinámicos y cambiantes. Por ejemplo, resolver un crucigrama en papel y hacerlo en una aplicación digital implican procesos mentales similares.

Sin embargo, el entorno digital añade nuevos desafíos. Por ejemplo, aprender a usar interfaces que cambian constantemente, gestionar múltiples fuentes de información, resolver problemas técnicos o filtrar distracciones. Todo ello puede suponer un entrenamiento adicional para el cerebro.

2. Mayor conexión social

El aislamiento social es uno de los factores de riesgo más importantes para el deterioro cognitivo en adultos mayores. Las tecnologías digitales, desde videollamadas hasta redes sociales, facilitan el contacto con familiares, amigos y comunidades, especialmente cuando las interacciones presenciales son limitadas.

Esta conexión social no solo mejora el bienestar emocional, sino que también se asocia con un mejor funcionamiento cognitivo.

3. Estrategias de compensación

La tecnología también puede actuar como una herramienta de apoyo. Recordatorios digitales, agendas electrónicas y sistemas de navegación ayudan a compensar pequeños fallos de memoria, permitiendo a las personas mantener su independencia y funcionalidad durante más tiempo.

Este andamiaje digital no reemplaza las capacidades cognitivas, sino que puede ayudar a preservarlas.

A pesar de los resultados prometedores, la tecnología no es una solución mágica. El mismo estudio advierte que no existe una respuesta simple a si la tecnología es siempre beneficiosa o perjudicial para el cerebro envejecido.

El uso moderado puede promover la estimulación cognitiva y la conexión social. Sin embargo, el uso excesivo o pasivo, como el consumo prolongado de contenidos sin interacción, podría tener efectos negativos.

Además, la tecnología también introduce nuevos riesgos, como la exposición a desinformación, el aumento del aislamiento presencial y la vulnerabilidad a fraudes digitales, especialmente en adultos mayores.

Una nueva perspectiva sobre el envejecimiento digital

Lejos de ser una amenaza inevitable, la tecnología podría convertirse en una aliada del envejecimiento cognitivo saludable, siempre en dosis moderada. Los pioneros digitales podrían estar beneficiándose de una forma moderna de estimulación cognitiva.

La clave, como en muchos aspectos de la salud, parece estar en el equilibrio: utilizar la tecnología de forma activa, significativa y moderada.

Más que preguntarnos si la tecnología está dañando nuestro cerebro, quizás debamos preguntarnos cómo usarla para mantenerlo activo durante más tiempo.

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Vanesa Perez Cabrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Interactuar con tecnologías digitales de forma moderada puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo – https://theconversation.com/interactuar-con-tecnologias-digitales-de-forma-moderada-puede-reducir-el-riesgo-de-deterioro-cognitivo-280293

Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal que creía ciegamente en la autorregulación de los mercados

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Echeverry, Assistant Professor of Finance and affiliate researcher, ICS-NCID, Universidad de Navarra

Alan Greenspan (1926-2026). Rob Crandall/Shutterstock

El pasado 22 de junio murió a los 100 años Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal estadounidense (FED) entre 1987 y 2006, desde donde supervisó la expansión económica estadounidense más larga de una generación.

Greenspan, que llegó a ser aclamado como el mejor banquero central de la historia, también fue, apenas dos años después de su retiro, uno de los rostros de la crisis financiera que estalló en 2008, el mayor desplome financiero global desde la Gran Depresión.

Riesgo o incertidumbre

Es en esa doble cara donde Kevin Warsh, recién llegado a la presidencia de la FED, hará bien en estudiar para decidir qué conviene heredar y qué conviene desechar del legado de Greenspan.

No fue un académico de carrera sino un consultor de Wall Street obsesionado con los datos. The Economist lo ha retratado como “el músico de jazz que confiaba en los números igual que en las notas de una partitura”. Pero dejó una aportación intelectual de primer orden: el enfoque de gestión de riesgos de la política monetaria, que presentó en 2004.

A partir de la idea de que los bancos centrales operan siempre en la incertidumbre, Greenspan distinguía entre el riesgo –cuando se conoce la probabilidad del resultado– y la incertidumbre knightiana –cuando no se conoce–, y concebía la política monetaria como una decisión de ajuste estadístico. Así, el responsable de tomar las decisiones monetarias no debe fijarse solo en el escenario más probable sino en toda la distribución de desenlaces posibles, sopesando costes y beneficios, casi siempre asimétricos.

En su discurso sobre la energía de 2004, defendió que las señales de precios acaban resolviendo hasta los desequilibrios que parecen insalvables, y opuso el poder de los mercados al poder sobre ellos. Confió también en la tecnología y apostó a que el alza en la productividad que esta conllevaba contendría la inflación, aunque el paro cayera a mínimos, tomando en cuenta la premisa de que a menor desempleo mayor consumo y más riesgo de subida en los precios.

Fe ciega

Esa misma fe puede haber sido su debilidad. El gurú que antes de llegar a la FED criticaba el poder de los bancos centrales, no dudó luego en emplear a fondo sus herramientas: inyectar liquidez y bajar tipos en cada crisis, lo que el mercado bautizó como “Greenspan put”. Prefería no pinchar las burbujas sino limpiar después los destrozos. Un ejemplo: a finales de 1996 advirtió de que la “exuberancia irracional” de los inversores inflaba los precios en los mercados y advirtió del riesgo de una inminente burbuja financiera, pero no actuó en consecuencia. Y se opuso a la regulación de instrumentos financieros complejos, persuadido de que las entidades se vigilarían a sí mismas por puro interés.

La crisis de 2008 desmintió su exceso de confianza en la autorregulación de los mercados.

En su histórica comparecencia ante el Congreso estadounidense de octubre de ese mismo año, Greenspan reconoció haber “encontrado un defecto” en su visión del mundo: su fe en el libre mercado había sido demasiado ciega y los mercados deberían estar más regulados.

Economistas como Paul Krugman, John Taylor o Alan Blinder le reprocharon mantener los tipos demasiado bajos durante demasiado tiempo y arrastrar un punto ciego en materia regulatoria.

¿Qué preservar de la herencia de Greenspan?

Lo primero que merece conservarse es su marco de gestión de riesgos. Partiendo de que los modelos y previsiones son solo aproximaciones a una economía real que cambia sin cesar (y por tanto se mueve en la incertidumbre), abogaba por dar la primacía al juicio personal sobre el piloto automático en la toma de decisiones y comprar seguros contra las catástrofes de cola.

También está su defensa de la independencia del banco central, que Greenspan ejerció cuando plantó cara a la Casa Blanca de George H. W. Bush ante sus exigencias de dinero más barato. Es una lección incómoda para Warsh, nombrado bajo la presidencia de Donald Trump y, por tanto, bajo sospecha de docilidad.

En cambio, lo que debe desecharse es su excesiva confianza en la autorregulación de los mercados. Es una gran ironía que el colapso de 2008 fuese exactamente una de esas incertidumbres knightianas que el propio marco de gestión de riesgos de Greenspan exigía vigilar, pero que sus prejuicios ideológicos silenciaron. Aplicar la humildad ante el riesgo no solo a la inflación sino sobre todo a la estabilidad financiera –revisando la doctrina de “limpiar después” y tomando en serio la supervisión y control de los mercados–, es quizá la gran lección que deja.

Greenspan escribió, mejor que casi nadie, sobre los límites del conocimiento del banquero central. Su tragedia fue no aplicarse del todo su propia receta. Si Warsh quiere honrar al Maestro, hará bien en leer su música y corregir una que otra nota falsa.

The Conversation

David Echeverry no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal que creía ciegamente en la autorregulación de los mercados – https://theconversation.com/alan-greenspan-el-presidente-de-la-reserva-federal-que-creia-ciegamente-en-la-autorregulacion-de-los-mercados-285894

¿Qué queremos decir cuando decimos ‘prioridad nacional’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Iraide Ibarretxe-Antuñano, Catedrática de Lingüística General, Universidad de Zaragoza

¿De quién es un país? ¿De quien nace allí o de quien vive allí? Sodel Vladyslav/Shutterstock

Las palabras parecen sencillas hasta que intentamos averiguar a quién se aplican realmente. Estos días han vuelto al debate público dos de ellas: prioridad nacional. Todos creemos entender qué significan, pero basta una pregunta para que las cosas empiecen a complicarse: ¿a quién o a qué se refiere exactamente esa “prioridad nacional”?

Hace más de un siglo, Gottlob Frege, filósofo del lenguaje alemán, propuso una distinción fundamental para entender el significado. Por un lado, está el “sentido” –la información que nos permite comprender una palabra– y, por otro, la “referencia” –las personas, los objetos o las situaciones concretas a las que se aplica–.

Pensemos en expresiones como los españoles, la gente de aquí o los nuestros. Todas nos resultan familiares. Ahora bien, si tuviéramos que enumerar quiénes forman parte de esos grupos, las respuestas no serían tan claras ni tan coincidentes.

Algo parecido ocurre con prioridad nacional. La cuestión no es qué significa la palabra nacional, sino quién queda incluido o excluido en ella.

Jurídicamente, la respuesta no deja margen de duda: quien posea esa nacionalidad. Pero los casos concretos sí plantean preguntas: ¿personas nacionalizadas?, ¿personas con doble nacionalidad?, ¿minorías históricas? Si la categoría se define jurídicamente, todos sus miembros tienen el mismo estatus, derechos y obligaciones. Lo malo es que nuestras categorías mentales rara vez siguen los códigos legales. Nos guiamos más bien por experiencias, vínculos emocionales y relaciones sociales.

La fruta y la identidad del aguacate

La psicóloga estadounidense Eleanor Rosch mostró que nuestras categorías mentales se organizan alrededor de los ejemplos más representativos: los prototipos. Si pensamos en una fruta, probablemente imaginemos antes una manzana que un limón, y un limón antes que un aguacate. Aunque todos cumplan la definición botánica de fruta, no ocupan el mismo lugar en nuestra mente. Consideramos que las manzanas son más “fruta” porque identificamos lo dulce con lo definitorio de la categoría.

Algo similar sucede con etiquetas como ciudadano, español o nacional. Sus límites jurídicos parecen claros, pero nuestros criterios son experienciales, emocionales y culturales. Cada cual construye su propia “escala de prototipicidad”.

Para la ley, una persona nacionalizada es tan “nacional” como alguien cuyos antepasados llevan generaciones en el país. Sin embargo, para algunas personas, ese individuo es el “aguacate” de la categoría: está dentro de la frontera legal, pero lejos de su prototipo mental. De ahí expresiones como el español de bien, el auténtico español, el español de verdad… Su poder no reside en lo que dicen explícitamente, sino en lo que implican y en lo que dejan sin especificar: su referencia.

“Naciobolengos” o el arte de tasar el arraigo

Pero las referencias no existen en el vacío. Para entenderlas necesitamos otra pieza indispensable: el contexto. Como propuso Dell Hymes en su modelo SPEAKING, las palabras no viajan solas: su significado depende de quién las dice, para qué y en qué situación.

Prioridad nacional siempre tiene referentes concretos; lo que cambia es su SPEAKING. No significa lo mismo en boca de una organización humanitaria que en el discurso de determinados partidos políticos.

En el marco humanitario, la prioridad nacional gira alrededor del bienestar y la vulnerabilidad. Busca alinear recursos con las necesidades de un país y se interpreta de forma inclusiva: “nacional” abarca a cualquiera que habite ese territorio.

En cambio, cuando entra en el debate parlamentario, los fines se desplazan hacia la rentabilidad electoral y la delimitación identitaria. Su interpretación se vuelve más restrictiva y favorece una lectura de autoprotección frente a una supuesta amenaza exterior. La prioridad deja de depender de la nacionalidad legal para acercarse al prototipo de “los de casa”. Es decir, quienes ostentan una nacionalidad de abolengo –los “naciobolengos”– o quienes superan el examen discrecional de arraigo.

Ahí reside la fuerza de la expresión prioridad nacional: presenta como natural una frontera cuyos límites nunca están del todo fijados. Y cuando la referencia se mueve, la exclusión se vuelve elástica.

El borrado de la memoria léxica

Cuando un término aparece por primera vez en la arena pública llama la atención. Se discute, se cuestiona e incluso genera rechazo. Sin embargo, a medida que otros actores políticos lo incorporan a su discurso y los medios lo reproducen, la ciudadanía acaba acostumbrándose a él.

La lingüística denomina este proceso “convencionalización”. Los usos se extienden y las expresiones terminan pareciendo tan naturales que olvidamos que en algún momento nos resultaban extrañas o chirriantes. Es uno de los motores que mantiene vivas a las lenguas, pero aplicado al debate político tiene un efecto secundario anestésico: borra nuestra memoria léxica.

Cada expresión arrastra usos anteriores, asociaciones ideológicas y contextos concretos. Las palabras tienen memoria, aunque a veces olvidemos escucharla. Y cuando eso ocurre, dejamos de preguntarnos quién trazó sus fronteras.

Las consecuencias de ese borrado léxico no siempre son evidentes. Un ejemplo reciente lo encontramos en la propuesta de la Comunidad de Madrid de vincular determinadas ayudas al transporte público al empadronamiento. Parece lógico: priorizar a quienes mantienen una relación administrativa más estrecha con la comunidad, a “los de casa”. No lo parece tanto si miramos quién queda al otro lado: estudiantes, trabajadores no empadronados (por diferentes causas) y personas que viven fuera, pero desarrollan buena parte de su vida en Madrid.

Es lo que tienen las fronteras elásticas; a veces se encogen tanto que, sin darnos cuenta, hay alguien que descubre que ya no está donde creía estar.

La verdadera pregunta

Las expresiones de moda en el laboratorio político cambian constantemente. Hubo un tiempo en que el debate giraba alrededor de los brotes verdes o del acrónimo MENA. Hoy la etiqueta que ocupa tertulias y discursos institucionales es prioridad nacional.

En unos meses será otra. Las modas léxicas pasan; las categorías mentales que construyeron se quedan. Por eso, como ciudadanos, conviene prestar atención no solo a lo que una expresión significa, sino a quién incluye, a quién excluye y, sobre todo, quién tiene el poder de mover sus fronteras.

Cuando se acepta que determinadas personas merecen prioridad por pertenecer a una categoría fija, la discusión acaba centrándose en decidir quién puede ser miembro legítimo de ese club de los prioritarios. Y esa respuesta, como muestran la historia y las ciencias del lenguaje, rara vez permanece estable.

Pero el verdadero reto democrático no consiste en decidir quién merece prioridad, sino en construir sociedades donde los derechos y las oportunidades no dependan de la cercanía a un prototipo tan cambiante como arbitrario. Porque la pregunta urgente nunca es solo quién está hoy dentro de la prioridad nacional. La pregunta crucial es quién tendrá el poder de decidir mañana que usted se ha quedado fuera.


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Iraide Ibarretxe-Antuñano es Investigadora Principal en el proyecto “Motivación, iconicidad y arbitrariedad en el procesamiento del lenguaje multimodal (MOTIV)” (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, PID2021-123302NB-I00). Coordina el Grupo de Acción ICON del Campus Íberus, el grupo de innovación Innolingua+ y la iniciativa Lingüística para Tí. Dirige la plataforma de divulgación Zaragoza Lingüística a la Carta (Grupo Psylex, H-11-17R).

– ref. ¿Qué queremos decir cuando decimos ‘prioridad nacional’? – https://theconversation.com/que-queremos-decir-cuando-decimos-prioridad-nacional-284798

¿Ha llegado la hora de crear una Agencia Estatal del Clima en España?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Fortes Martín, Catedrático de Derecho Administrativo, Universidad Carlos III

Rodrigo Fernández Photo/Shutterstock

Cuando las autoridades competentes detectan un lote de comida en mal estado, lo retiran del supermercado de inmediato. Si un avión no pasa una inspección de seguridad, se inmoviliza en tierra. Estas decisiones nos transmiten seguridad y confianza en las instituciones.

Sin embargo, ante una catástrofe climática como una inundación relámpago, una ola de calor extremo o un devastador incendio, la reacción del Estado no parece tan rápida ni contundente. ¿Por qué nos da la sensación de que la burocracia va más lenta que la emergencia climática? La respuesta no es la falta de voluntad. Tampoco una cuestión competencial, sino un problema de organización.

Agencias estatales: rápidas y eficientes

Para gestionar asuntos muy técnicos, el Estado crea agencias especializadas. Son organismos públicos con mayor separación entre la gestión técnica y la política que no funcionan con la rigidez de un ministerio tradicional. Tienen presupuesto propio, autonomía y flexibilidad en su gestión y pueden ejercer potestades de supervisión, vigilancia y control. Son, en definitiva, más ágiles y eficientes.

Hoy día tenemos agencias para vigilar los medicamentos, garantizar la seguridad en trenes y aviones, supervisar la inteligencia artificial y proteger la salud pública, entre otras. Sin embargo, nos falta una. No existe ninguna agencia estatal para hacer frente a la mayor amenaza que se cierne sobre la población: la crisis climática.




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¿Debe la OMS declarar la crisis climática una emergencia de salud pública internacional?


Demasiados actores en la escena climática

El cambio climático no es una predicción abstracta. El informe European State of the Climate Report 2025 de la Organización Meteorológica Mundial y el Servicio de Cambio Climático Copernicus (C3S) evidencia que la emergencia climática está causando y provocará cada vez más estragos. El problema es que España combate esta realidad con una organización del siglo pasado.

Actualmente, la competencia estatal en materia de clima se diluye en una maraña de órganos políticos, técnicos, consultivos y de participación ciudadana: el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, la Oficina de Cambio Climático, la Comisión Interministerial para el Cambio Climático y la Transición Energética, el Consejo Nacional del Clima, la Comisión de Coordinación de Políticas de Cambio Climático, el Comité de Personas Expertas de Cambio Climático y la Asamblea Ciudadana del Clima.

Este panorama organizativo se reproduce, además, en cada comunidad autónoma. Hay demasiados órganos analizando el problema de la variación del clima, pero falta una autoridad ejecutiva única con el poder real de protegernos de la crisis climática.

Una solución ya inventada: redefinir la AEMET

Crear un organismo desde cero se traduce en años de retrasos y luchas presupuestarias. Pero tampoco hace falta inventar la pólvora. La solución puede que ya exista y se llama AEMET (Agencia Estatal de Meteorología).

Aunque la mayoría de la gente asocia la AEMET con el pronóstico del tiempo, realmente es mucho más que eso. Es la autoridad meteorológica del Estado y presta servicios meteorológicos y climáticos para la seguridad de personas y bienes. Su actual estatuto, actualizado en abril de 2026, demuestra que el clima está en su ADN al gestionar el Sistema Nacional de Vigilancia y Seguimiento del Clima. La AEMET vigila la atmósfera, genera escenarios de cambio climático, presta servicios climáticos, elabora registros históricos sobre el clima y asesora científicamente al Gobierno.

A diferencia de nuestros vecinos portugueses, que han creado una agencia específica del clima, España podría tener una Agencia Estatal del Clima de forma inmediata y sin costes desmedidos. Para ello, bastaría con potenciar las funciones climáticas de la AEMET y rebautizarla como AEMEC (Agencia Estatal de Meteorología y Clima) o AECLIM (Agencia Estatal del Clima y Meteorología). Aprovechando su infraestructura, prestigio y personal científico, España dispondría no solo de una autoridad meteorológica sino de una auténtica autoridad nacional climática.




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Veranos interminables e inviernos menguantes: ¿cómo definimos ahora las estaciones?


Hacia una ‘policía’ de seguridad climática

Pero una agencia climática del siglo XXI no puede limitarse a proporcionar datos científicos o predecir cuánto subirá la temperatura este próximo verano. Tampoco puede quedarse en una mera institución prestadora de servicios meteorológicos y climáticos.

Si no se inviste a la AEMET con facultades reales de supervisión en materia de clima, la alternativa entonces es crear una entidad distinta: una autoridad administrativa independiente para la protección de los derechos de los ciudadanos (como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, AIReF, que vigila las cuentas del Estado). Una Autoridad Estatal de Supervisión del Clima más allá de la mera observación y la predicción del cambio climático.

La clave está en la función de supervisión y en la capacidad ejecutiva y sancionadora del nuevo organismo. Esta autoridad independiente debe funcionar como una verdadera “policía” de seguridad climática que garantice la solvencia climática del país.

Esta autoridad independiente está llamada a vigilar que ninguna actuación pública o privada ponga en riesgo los compromisos climáticos de España, comprobar el cumplimiento de la normativa nacional y europea en materia de clima, realizar inspecciones y sancionar a quienes pongan en peligro nuestro bienestar climático común.

Una respuesta organizativa para la crisis climática

Como advirtió el jurista alemán Eberhard Schmidt-Assmann (2003), gran parte de las demandas de cambio y adaptación de las administraciones modernas se solucionan con medidas organizativas. Y la crisis climática obliga a dar un paso organizativo al frente.

Una verdadera Agencia Estatal del Clima debe mostrarse a la ciudadanía como una auténtica autoridad de supervisión con poderes de disciplina climática. La AEMET podría llegar a cumplir esa función. Pero de no ser así, la solución pasa por crear una autoridad administrativa independiente como verdadera autoridad nacional de supervisión del clima. Esta autoridad requiere independencia funcional y autonomía para ejercer sus facultades de supervisión, control y sanción.

El debate ya no es si necesitamos o no un nuevo organismo para hacer frente al desafío climático, sino qué fórmula institucional es la más adecuada para fiscalizar si nuestro país está cumpliendo o no sus compromisos climáticos ante los ciudadanos.

The Conversation

Antonio Fortes Martín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Ha llegado la hora de crear una Agencia Estatal del Clima en España? – https://theconversation.com/ha-llegado-la-hora-de-crear-una-agencia-estatal-del-clima-en-espana-284221

Aumenta el consumo de MDMA entre los jóvenes para socializar: ¿qué peligros esconde?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan López-Morales, Profesor Ayudante Doctor del Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad de Granada

Desde que la pandemia irrumpió en nuestras vidas, el modo en que la juventud se relaciona ha cambiado radicalmente. Con las discotecas cerradas, los encuentros reducidos al mínimo y el aislamiento como norma, los vínculos sociales entre jóvenes se vieron entonces profundamente afectados.

Hoy, en la era postcovid, uno de los efectos más visibles de aquel aislamiento es el uso de sustancias como el MDMA (éxtasis) para facilitar la socialización en entornos de ocio. Una realidad social que no solo revela nuevas formas de interacción, sino que plantea serias alertas sobre los riesgos de violencia de género en estos contextos debido a los propios efectos de la sustancia.

En líneas generales, el consumo de drogas entre jóvenes ha aumentado significativamente en los últimos años. Según el Informe Mundial sobre las Drogas de Naciones Unidas de 2024, más de 296 millones de personas consumieron drogas en 2021, un 23 % más que en la década anterior.

En España, los datos de la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas, EMCDDA, (2023) confirman esta tendencia. Concretamente, el MDMA se ha convertido en la quinta sustancia más consumida por la juventud, con una prevalencia del 3,1 %. A nivel europeo, el aumento de la producción de MDMA refleja tácticas innovadoras y un crecimiento de la demanda mundial. Es el segundo estimulante ilegal más usado en Europa, después de la cocaína, según el Informe Europeo sobre Drogas de 2026.

Potencia la empatía y el bienestar

Pero ¿por qué precisamente el éxtasis? A diferencia de otras drogas, el MDMA no genera pérdida de conciencia, sino una percepción aumentada de las relaciones personales y una fuerte sensación de bienestar. Como explican los expertos, esta sustancia potencia la empatía, el contacto emocional y la extroversión. Es decir, hace más fácil hablar, abrirse, bailar y conectar.

Para una generación marcada por la ansiedad social postpandémica, la promesa de una “ayuda química” para soltarse y disfrutar puede resultar tremendamente atractiva.

En una investigación que llevamos a cabo donde participaron jóvenes españoles, mostramos datos que no dejan lugar a dudas: un 73 % de los encuestados afirmaba que el consumo de MDMA les ayudaba a perder la vergüenza, un 66 % decía sentir un intenso bienestar y más de la mitad aseguraba que la sustancia les aportaba una gran energía. Además, un 42 % de los participantes declaraba que el MDMA incrementaba su deseo sexual, una percepción que se disparaba al 81 % entre las mujeres encuestadas.

Estos datos, sin embargo, deben mirarse con cautela. La euforia emocional y el aumento de la confianza que provoca el éxtasis no son inocuos. Muy al contrario, pueden generar situaciones de vulnerabilidad, especialmente en espacios como discotecas o fiestas donde el control social disminuye y el alcohol se mezcla con otras drogas.

De hecho, distintos estudios advierten sobre la vinculación entre consumo de sustancias y violencia sexual. El Observatorio Noctámbul@s (2018) señalaba que más de la mitad de las mujeres entrevistadas había sufrido violencia sexual en espacios de ocio nocturno y que el consumo de alcohol y drogas sigue utilizándose como justificación por parte de los agresores.

De hecho, los efectos entactógenos del MDMA, como el aumento de la empatía y la apertura emocional, pueden facilitar situaciones de contacto físico no deseado, especialmente si existe una lectura distorsionada del consentimiento, alerta un informe recogido en la investigación de Noctámbul@s. El riesgo no radica en la sustancia en sí, sino en el uso que se hace de ella en un contexto todavía marcado por desigualdades de género y dinámicas machistas.

Posibles soluciones desde el Trabajo Social

Desde el trabajo social, esta realidad plantea desafíos urgentes y complejos. No se trata únicamente de prevenir el consumo desde una lógica punitiva o moralista, sino de entender qué necesidades emocionales, sociales o relacionales están siendo cubiertas –aunque sea temporalmente– a través del uso de sustancias.

Desde esta disciplina podemos abogar por generar espacios de socialización seguros donde la juventud pueda expresarse, vincularse y sentirse parte de un grupo sin recurrir al consumo como mediador. Esto implica diseñar estrategias comunitarias de reducción de daños, fomentar alternativas de ocio saludable y promover herramientas de gestión emocional desde la adolescencia.

Al mismo tiempo, esta lógica de intervención deberá incorporar una mirada feminista y de género en todos los niveles de intervención. Existen evidencias de cómo el consumo de MDMA puede actuar como un factor que aumenta la vulnerabilidad de las mujeres frente a situaciones de violencia sexual en contextos de ocio.

Las intervenciones no pueden ser neutras: deben reconocer cómo operan las desigualdades estructurales en las relaciones entre hombres y mujeres y cómo estas se acentúan en espacios donde el consentimiento se vuelve difuso y los estereotipos de género siguen vigentes.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Aumenta el consumo de MDMA entre los jóvenes para socializar: ¿qué peligros esconde? – https://theconversation.com/aumenta-el-consumo-de-mdma-entre-los-jovenes-para-socializar-que-peligros-esconde-254002

Cuando las bolsas suben, la información sobre sostenibilidad regula el optimismo de los expertos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina del Río Solano, Profesora Titular de Economía Financiera, Universidad Pública de Navarra

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Los analistas financieros desempeñan un papel clave en los mercados. A través de la valoración de los estados financieros y otros factores relacionados con aspectos sociales, ambientales y de gobernanza de las empresas, emiten sus recomendaciones, que influyen cada día en las decisiones económicas de los inversores individuales e institucionales.

Sin embargo, en periodos de entusiasmo alcista, los analistas tienden a emitir más recomendaciones de compra que de venta, mostrando un contagio del optimismo presente en el mercado en sus recomendaciones de inversión.

Por otra parte, en los últimos años, cada vez es mayor el número de empresas que publican informes de sostenibilidad con información ambiental, social y de gobernanza (ESG). Esto implica una mayor presencia de información no financiera disponible para los participantes del mercado.

Este artículo busca responder una pregunta relevante: ¿puede la información sobre sostenibilidad reducir el sesgo optimista de los analistas?

Sostenibilidad como freno al optimismo desmedido

Los analistas financieros están sujetos a sesgos cognitivos, como el producido por el sentimiento del inversor. Este fenómeno representa la actitud o expectativa (optimista o pesimista) de los participantes hacia el mercado o hacia determinados activos, y afecta a la toma de decisiones y la valoración de los activos.

En su actividad, los analistas emplean la información financiera para emitir sus predicciones y recomendaciones. Sin embargo, en los últimos años, también han incorporado información no financiera como una variable clave en sus pronósticos.

Cuando las empresas proporcionan información no financiera, la influencia del sentimiento del mercado en el optimismo de los analistas disminuye. Así, mejora la base informativa para el análisis y las recomendaciones dependen menos de las percepciones del mercado.

Los informes de sostenibilidad

Los informes de sostenibilidad recogen esta información no financiera y exponen cómo gestiona una empresa su impacto ambiental, social y de gobernanza (los llamados factores ESG). Se detallan aspectos como las emisiones de carbono, el uso de recursos y energía, las políticas laborales, la diversidad en la plantilla, la relación con las comunidades o la estructura de gobierno corporativo.

Esta información, clave dentro de la estrategia empresarial, aporta a los analistas financieros señales que no aparecen en los estados contables tradicionales. Al analizarlos, se obtiene información sobre la calidad de la gestión, los compromisos de sostenibilidad y la preparación de la empresa para un entorno económico cada vez más exigente en materia ambiental y social

¿Más información no financiera, menos estrategias de inversión?

Estudios previos han observado que las recomendaciones de compra de los analistas de inversión suelen aportar menos información útil que las de venta. Además, el sentimiento de mercado influye en ese contenido informativo.

Por otra parte, está la creciente presencia de información no financiera. Una alta divulgación en sostenibilidad puede hacer que el valor informativo de las recomendaciones de inversión sea menor, reduciendo la importancia del papel de los analistas financieros como intermediarios de la información.

En cambio, las recomendaciones de venta sobre empresas con baja divulgación resultan mucho más informativas, especialmente cuando el sentimiento inversor es optimista, y mejoran la rentabilidad de las carteras de inversión.

Sin embargo, el patrón se invierte en periodos de bajo optimismo: en ese contexto, las recomendaciones de compra sobre empresas con alta divulgación en sostenibilidad contienen mayor valor informativo que las recomendaciones de venta sobre empresas con baja divulgación.

En otras palabras, el contenido informativo de las recomendaciones de los analistas depende tanto del sentimiento del mercado como de la calidad de la información de sostenibilidad de las empresas.

La divulgación en sostenibilidad y su importancia en los mercados

Más que una obligación normativa, los informes de sostenibilidad son un reflejo de la gestión empresarial y la transparencia de la organización. De ahí su impacto en los mercados financieros. Además, reducen el exceso de optimismo que los analistas muestran cuando el sentimiento de mercado está al alza.

La divulgación de la sostenibilidad de las empresas añade transparencia informativa a los mercados, reduce el sesgo optimista de los analistas financieros y aumenta la calidad de sus recomendaciones.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cuando las bolsas suben, la información sobre sostenibilidad regula el optimismo de los expertos – https://theconversation.com/cuando-las-bolsas-suben-la-informacion-sobre-sostenibilidad-regula-el-optimismo-de-los-expertos-276423

Más allá de la regla: ¿cómo puede influir el ciclo menstrual en la actividad física de las mujeres?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Alejandra Angel Laguna, Profesora Fisioterapia integral en la mujer, Universidad de La Sabana

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En los últimos años se ha producido un aumento drástico en la participación deportiva y en programas de ejercicio físico por parte de las mujeres. Sin embargo, la mayoría de los protocolos de entrenamiento siguen basados en hallazgos sobre atletas masculinos. Lo mismo se evidencia en redes sociales, donde influencers del ejercicio físico y el deporte suelen compartir rutinas y consejos que responden a las respuestas fisiológicas de los hombres.

Una clave para entender las diferencias en el comportamiento de los cuerpos masculinos y femeninos cuando practicamos ejercicio radica en las peculiaridades del ciclo menstrual de las mujeres. Además, pueden presentarse síntomas que condicionan dichas respuestas.

Cuatro fases con diferentes efectos

Las mujeres que deciden llevar una vida activa deben identificar no solo los propósitos del entrenamiento, sino también aspectos logísticos como el tiempo con el que cuentan, el tipo de actividad física y el lugar donde la llevan a cabo. Luego se recomienda que un profesional realice una evaluación inicial para valorar las capacidades físicas, los factores de riesgo y los antecedentes. Así pueden establecerse los objetivos y la progresión adecuada de la carga de ejercicio.

En este contexto, entender la influencia del ciclo menstrual resulta clave, pues se trata de un indicador de bienestar. Regulado por el sistema hipotálamo-hipófisis-ovario, es un proceso biológico que está influido por aspectos psicoemocionales, culturales, sociopolíticos y ambientales.

Dicho ciclo empieza el primer día de la menstruación y finaliza en el inicio de la siguiente. Su rango normal está entre 21 a 35 días, con variaciones fisiológicas que dependen de la edad de la mujer. Se divide en cuatro fases, cada una con sus efectos físicos y psicológicos:

  • Fase folicular (entre los días 1 y 14). La hormona folículo estimulante favorece la producción en el ovario de 17-β estradiol (la hormona estrogénica más potente en humanos) e inhibina B (hormona que actúa como un marcador importante del funcionamiento de la reserva ovárica), iniciando la preparación para la ovulación.

    En esta etapa, las mujeres suelen experimentar mayor capacidad aeróbica, mejor vasodilatación, estabilización del estado de ánimo y control motor más eficiente, así como una capacidad aumentada de reparación muscular. No obstante, algunos estudios también refieren mayor riesgo de lesión del ligamento cruzado anterior.

  • Fase proliferativa (del día 8 al 12 después de la menstruación). De manera casi paralela, el 17-β estradiol estimula el crecimiento del tejido del endometrio. Al finalizar la fase, esta capa del útero alcanza su máximo desarrollo y está preparada para un posible embarazo. Durante la fase proliferativa, las mujeres suelen tener más energía y un mejor estado de ánimo.

  • Ovulación (14 días antes de la siguiente menstruación). Se caracteriza por un aumento en los niveles de la hormona luteinizante, con el estrógeno en su mayor esplendor. Esto propicia que el ovario libere el óvulo maduro, para que viaje hacia las trompas de falopio con el objetivo de ser fecundado. Algunas mujeres pueden experimentar incremento en su deseo sexual o dolor pélvico.

  • Fase lútea (del día 16 al 28). Después de la ovulación, el ovario forma una estructura temporal llamada “cuerpo lúteo”, que produce progesterona y pequeñas cantidades de estrógenos. Estas hormonas preparan el útero para recibir un posible embarazo, haciendo que su revestimiento sea más grueso y nutritivo. Si el óvulo es fecundado e implantado, da comienzo el embarazo. Pero si no ocurre la fecundación, el cuerpo lúteo deja de funcionar, disminuyen las hormonas y el revestimiento del útero se desprende, dando lugar a la menstruación.

    En este periodo, el aumento de la progesterona puede provocar un incremento de la temperatura corporal, retención de líquidos, fatiga, mayor dependencia del metabolismo de los carbohidratos, cambios en el estado de ánimo y una disminución de la energía y el apetito.

También es importante comprender que la principal influencia del ciclo menstrual en los procesos de entrenamiento y recuperación se relaciona con el metabolismo, condicionado por distintas variables; entre ellas, la acción hormonal sobre las células del cuerpo.

Por esta razón, las respuestas fisiológicas durante y después de sesiones de ejercicio dependerán del momento del ciclo menstrual en el que se encuentre la mujer, el nivel de entrenamiento previo, la composición corporal y el tipo de actividad que se practique, entre otros factores.

Fase folicular frente a fase lútea

Investigaciones recientes han centrado su atención en dos fases específicas del ciclo: la folicular y la lútea. Ambas se asocian con cambios importantes en las respuestas al ejercicio.

En primer lugar, la capacidad aeróbica es superior durante el primer periodo en comparación con el segundo, aunque los efectos negativos derivados de las fluctuaciones hormonales durante la fase lútea pueden mitigarse si se ingiere glucosa durante el ejercicio.

Con relación a la fuerza, la etapa folicular también ha demostrado ser más favorable que la lútea. Los altos niveles de estrógeno favorecen el crecimiento muscular e inhiben la degradación de proteínas, por lo cual se recomienda realizar ejercicios de fuerza y aprovechar las condiciones fisiológicas que facilitan la respuesta del organismo al entrenamiento en esa etapa del ciclo menstrual.

Así mismo, varios estudios describen beneficios evidentes al entrenar fuerza durante la fase folicular en las extremidades inferiores (por ejemplo, cuádriceps). Otros trabajos sugieren que las ganancias de fuerza en los brazos pueden ser similares sin importar en qué estado del ciclo se encuentre.

También conviene tener en cuenta que la fuerza alcanza su punto más bajo durante la fase lútea: aumenta la progesterona y caen los estrógenos, generando un aumento de la temperatura basal –es decir, en reposo– y una reducción de la disponibilidad de glucosa por los músculos, algo fundamental para realizar ejercicios de fuerza máxima. Por eso se sugiere realizar actividades de baja intensidad –respiración consciente, pilates, yoga o caminar– y priorizar otras capacidades físicas.

Además, en el contexto del alto rendimiento, las mujeres están expuestas a problemas específicos como la llamada triada de la atleta femenina (TAF). Definida por el Colegio Americano de Medicina Deportiva como un espectro de interrelaciones entre la disponibilidad de energía, la función menstrual y la densidad mineral ósea, se manifiesta con trastornos alimentarios, amenorrea y osteoporosis.

En definitiva, comprender el ciclo menstrual no solo es clave para la salud femenina, sino también una herramienta poderosa que permite optimizar el rendimiento físico y el bienestar. Siempre acompañándolo de estilos de vida saludables como la alimentación balanceada, la buena hidratación, la higiene del sueño, la gestión emocional y las visitas regulares a profesionales de la salud.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Más allá de la regla: ¿cómo puede influir el ciclo menstrual en la actividad física de las mujeres? – https://theconversation.com/mas-alla-de-la-regla-como-puede-influir-el-ciclo-menstrual-en-la-actividad-fisica-de-las-mujeres-269952

Alfabetización, regulación y herramientas: tres claves para el futuro de la generación alfa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Deniz Torcu, Adjunct Professor of Globalization, Business and Media, IE University

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A los 8 años, Noelia lleva dos o tres años consumiendo vídeos recomendados por algoritmos. Ni en la escuela, ni en casa, porque todavía es pequeña, nadie le ha explicado qué es una fuente fiable, cómo se fabrica un titular o por qué algunas historias emocionan más que informan. Cuando llegue a clase de pensamiento crítico, si es que existe, sus hábitos epistémicos, es decir, su manera de decidir qué creer, a quién creer y qué merece ser compartido, ya estarán formándose.

Noelia pertenece a la generación alfa, la primera en la historia que crece expuesta a desinformación algorítmica a gran escala antes de desarrollar los instrumentos cognitivos para evaluarla.

El impacto de esta exposición temprana se puede observar en dos informes de referencia publicados con un año de diferencia. El Foro Económico Mundial, en su Informe de riesgos globales 2024, identifica la desinformación generada por IA como el riesgo global más severo a dos años vista, por encima de conflictos armados y fenómenos climáticos extremos, advirtiendo que actores externos e internos la utilizarán para ensanchar las fracturas políticas y sociales.

Si uno se encuentra con esta desinformación de adulto por primera vez, es posible que su filtro crítico haga que salten las alertas. Pero ¿y si está “acostumbrado” a ello desde la infancia?

Mapa de interconexiones del riesgo de desinformación: cuanto más grueso el trazo, mayor la influencia mutua entre riesgos, con la polarización social, la erosión de derechos y libertades cívicas y los efectos adversos de la IA como vecinos más próximos.
Mapa de interconexiones del riesgo de desinformación: cuanto más grueso el trazo, mayor la influencia mutua entre riesgos, con la polarización social, la erosión de derechos y libertades cívicas y los efectos adversos de la IA como vecinos más próximos.
Informe de Riesgos Globales 2025, Foro Económico Mundial

El siguiente informe, publicado un año después, confirma que la desinformación lidera de nuevo los riesgos a corto plazo y puede alimentar la inestabilidad y minar la confianza en la gobernanza. Dos ediciones consecutivas apuntando al mismo problema no pueden ser una coincidencia: son una señal de que la ventana para actuar se está cerrando.

Clasificación de los riesgos globales según la gravedad de su impacto previsto a dos y diez años, elaborada a partir de la encuesta a más de 900 expertos internacionales. La desinformación encabeza el ranking a corto plazo por segundo año consecutivo.
Informe de Riesgos Globales 2025, Foro Económico Mundial

Un problema de capital humano, no solo de civismo

Lo que estos informes no analizan es de qué manera incide este problema en las aulas y los dormitorios de niños que aún no han desarrollado las herramientas para discernir. Los datos de la los estudios de la OCDE revelan que solo el 7 % de los estudiantes alcanza el nivel de lectura avanzado en el que se consolida la capacidad de establecer distinciones entre hecho y opinión a partir de señales implícitas en el texto; el 93 % restante sale del sistema educativo obligatorio sin haber desarrollado plenamente esa competencia.

El promedio esconde, además, diferencias notables entre sistemas: en España la cifra baja al 5 %, y solo en 13 de los 81 países y economías evaluados más del 10 % de los estudiantes alcanza ese nivel, con Singapur a la cabeza. Ningún sistema educativo, ni siquiera el mejor, está cerca de resolverlo.

El rendimiento medio en los países de la OCDE registró en PISA 2022 una caída sin precedentes: el equivalente a tres cuartos de curso escolar en matemáticas y medio curso en lectura respecto a 2018.
OCDE, PISA 2022

La UNESCO añade otro dato que cierra el círculo: dos tercios de los creadores de contenido digital no verifican sistemáticamente la información antes de compartirla. Son los mismos adultos que producen el ecosistema informativo que los niños consumen cada día. Conviene subrayarlo porque desplaza el foco: la desinformación no es solo un problema de máquinas que generan contenido falso, sino de un ecosistema humano que lo produce y lo comparte sin contrastar.

Capital humano y costes económicos

Esto no es solo un déficit cívico; es un problema de capital humano con costes económicos medibles. La propia OCDE, en su informe sobre el futuro de la economía digital de 2024, advierte que los riesgos de la IA, entre ellos la desinformación, amenazan directamente la productividad y la cohesión social de las economías avanzadas.

Una generación que no puede evaluar la fiabilidad de la información que consume no está equipada para los mercados laborales del siglo XXI, donde el juicio crítico sobre datos e información es ya una competencia básica.

Cuanto más ‘nativos digitales’, peor

La diferencia se ve mejor con ejemplos. Dos días antes de las elecciones eslovacas de 2023 se viralizó un audio fabricado con IA en el que el candidato Michal Šimečka parecía discutir cómo amañar los comicios; en otro clip, “anunciaba” una subida del precio de la cerveza que nunca propuso.

Ante un contenido así, un adulto de hoy aplica, aunque sea de forma imperfecta, reflejos aprendidos en un ecosistema informativo más lento: preguntarse de dónde sale, buscar si algún medio lo recoge.

Esto no es especulación. El test de susceptibilidad a la desinformación de la Universidad de Cambridge, validado con más de 8 000 participantes, encontró que los adultos jóvenes identifican peor los titulares falsos que los mayores, y que a más tiempo de ocio en línea, peor capacidad de discernimiento. Quienes crecieron dentro del ecosistema algorítmico ya distinguen peor, no mejor.

En la generación siguiente, el reflejo desaparece del todo: en una encuesta nacional del Stanford History Education Group a más de 3 000 estudiantes de secundaria, el 96 % no supo identificar que una web que negaba el papel humano en el cambio climático tenía vínculos con la industria fósil, un dato que estaba a una búsqueda de distancia.

Un adulto de la generación alfa, con exposición aún más temprana, no tendrá que desaprender malos hábitos: el hábito de verificar nunca habrá llegado a formarse.

Primer cambio: alfabetización

Ante este diagnóstico, tres cambios de política educativa son urgentes y accionables.

El primero es integrar la alfabetización mediática en el currículo como asignatura obligatoria con estándares evaluables y sostenida por docentes formados, no como taller optativo ni proyecto piloto.

La lógica es directa: lo que no se mide no se prioriza, y lo que el profesorado no domina no puede enseñarlo. En 2024, la UNESCO apoyó a 32 países para desarrollar políticas y estrategias nacionales de alfabetización mediática e informacional.




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Sin formación docente específica, esas estrategias difícilmente llegan al aula. El Parlamento Europeo, en su resolución de octubre de 2025 sobre protección de menores en entornos digitales, también pidió explícitamente que las medidas educativas acompañen a la regulación tecnológica.

Más de nueve de cada diez europeos consideran urgente que las autoridades públicas protejan a los menores en línea: por el impacto de las redes sociales en su salud mental (93%), el ciberacoso (92%) y la falta de mecanismos de verificación de edad (92%).
Eurobarómetro especial sobre la Década Digital

Segundo cambio: regulación

El segundo cambio es regular los algoritmos que consumen los menores y vincular el acceso progresivo a redes sociales con competencias verificadas.

Australia fue el primer país en dar el paso más drástico: en noviembre de 2024 aprobó una ley que prohíbe a los menores de 16 años tener cuentas en redes sociales, con multas de hasta 50 millones de dólares australianos a las plataformas que incumplan.

Desde que la ley entró en vigor, las plataformas han revocado el acceso a cerca de 4,7 millones de cuentas identificadas como de menores. España anunció una medida equivalente en febrero de 2026. Pero la prohibición sin acompañamiento educativo no resuelve el problema de fondo: más bien, lo aplaza.




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Redes sociales y adolescentes: prohibir no basta


La propuesta más sólida va más allá de restringir el acceso. Se trata de condicionarlo progresivamente a competencias verificadas. El Parlamento Europeo ha pedido prohibir los algoritmos de recomendación y captación para menores y desactivar por defecto las funcionalidades más adictivas. En cuanto a la Ley de IA europea prohíbe desde febrero de 2025 los sistemas que manipulan cognitiva y conductualmente a grupos vulnerables, incluyendo específicamente a los niños.




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Tercer cambio: financiar herramientas de verificación

El tercer cambio no es otro que financiar públicamente infraestructura de verificación integrada en el aula. Las herramientas de verificación o fact-checking no pueden ser un recurso de nicho para periodistas o académicos: tienen que ser tan accesibles y universales como los libros de texto, con financiación estatal estable, integración curricular y actualización continua.

La Comisión Europea ha abierto en abril de 2026 convocatorias por valor de 63,2 millones de euros para apoyar la seguridad en línea y las competencias digitales. El consenso político existe, lo que falta es trasladarlo al aula de forma sistemática y permanente, y no como respuesta a los titulares del día.

La ventana para actuar se está cerrando

Estas tres propuestas comparten una lógica escalonada: formamos a las personas, regulamos los entornos y dotamos de herramientas. Forman un sistema de medidas coordinadas, y ninguna requiere esperar a que la tecnología cambie. Requieren que cambie la política educativa.

La generación alfa ya está consumiendo contenido, ya está formando criterios, ya está decidiendo qué creer. La pregunta es si cuando sus miembros lleguen al mercado laboral, a las urnas y a tomar las decisiones que importan, habrán aprendido a distinguir lo que es verdad de lo que alguien quiere que crean que es verdad. Eso no lo resuelve ningún algoritmo: lo resuelve la educación.

The Conversation

Deniz Torcu no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Alfabetización, regulación y herramientas: tres claves para el futuro de la generación alfa – https://theconversation.com/alfabetizacion-regulacion-y-herramientas-tres-claves-para-el-futuro-de-la-generacion-alfa-283225