¿Qué nos está diciendo un escolar que ‘se porta mal’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra María del Carmen Fonz Bujalance, profesor en educación, Universidad Camilo José Cela

Imaginemos un aula de primaria, con niños de entre 6 y 7 años. Un alumno se queda dormido, otro se balancea en la silla, aquel se levanta y deambula, alguno parece “estar en otro mundo”, surge una explosión de frustración acompañada de un grito…

Son situaciones o comportamientos que, en muchos casos, se catalogan como interferencias en el aula o incluso como disruptivas o socialmente inaceptables en el contexto educativo. Pero estos comportamientos nos están dando información. Escuchando lo que dicen, entendiendo lo que tienen detrás, se pueden adoptar estrategias que en lugar de castigar o corregir busquen ayudar en el camino a la autorregulación y la participación efectiva.

Conductas inadecuadas

Habitualmente, ante estas conductas “inadecuadas” asumimos que el origen del problema está en el escolar.

Y aunque en algunos casos la causa puede encontrarse en factores internos –sensoriales, fisiológicos o emocionales–, en la mayoría de las ocasiones es la interacción con el entorno la que genera o mantiene esa necesidad o incluso la hace insostenible. Si adoptamos una mirada de conjunto, más allá de lo obvio, podremos dejar de culpabilizar y empezar a comprender y ayudar.

Por ejemplo, registrar patrones para detectar posibles causas: ¿el sueño a primera hora es habitual por madrugar, o a última hora indica saturación o cansancio cognitivo? También se puede ajustar el entorno para reducir estímulos conflictivos, como la cercanía a ventanas que distraigan por luces o sonidos externos.




Leer más:
Cómo afrontar los problemas de conducta en el aula sin castigos


Fisiología, cuerpo y aprendizaje

El aprendizaje no es solo proceso cognitivo. El cuerpo también juega un papel fundamental. Necesidades básicas como la alimentación, el descanso, la hidratación y la posibilidad de moverse influyen directamente en la capacidad de atención, la memoria, las funciones ejecutivas y la autorregulación emocional de los niños.

Cuando estas necesidades no se satisfacen, los niños pueden mostrar cansancio, irritabilidad o dificultades para concentrarse. Por esta razón, una mala conducta o un comportamiento no adecuado pueden estar ocultando una petición de ayuda, de homeostasis –el equilibrio interno que el cuerpo mantiene para funcionar correctamente (temperatura corporal, niveles de glucosa, sueño, hambre)– y de atención.

Ante algunas de estas peticiones corporales se debe permitir, por ejemplo, descansos cortos y programados, la posibilidad de moverse entre actividades o incluso ciertos apoyos que ayuden al sistema propioceptivo y vestibular a no estar en alerta constante.

Hemos normalizado beber durante las clases de una universidad o en el entorno laboral, pero los niños en las aulas también deben hidratarse. Todas estas estrategias mejoran significativamente la atención y autorregulación.




Leer más:
¿Cómo de importantes son el silencio y el orden en un aula?


Enseñar no es solo seguir el currículum

Los procesos de enseñanza y aprendizaje no se limitan a contenidos curriculares. Cuando se observa a un niño o una niña que atraviesa un periodo difícil o vulnerable también es el momento de fomentar aprendizajes prácticos y significativos.

Si los detectamos, y en lugar de exigir disciplina, escuchamos y acompañamos, permiten desarrollar la resiliencia, la solidaridad y la capacidad de ayudar desde edades tempranas. Reconocer estos contextos y adaptarse a ellos es fundamental para garantizar un aprendizaje inclusivo y humano.

¿Cómo podemos lograrlo?

Como vivimos en sociedad, es fundamental enseñar habilidades sociales mediante, por ejemplo, juegos de rol, dinámicas de cooperación grupal…

En el día a día nos enfrentamos a problemas. Por tanto, otro aprendizaje transversal puede partir de juegos y tareas de resolución de conflictos, guiados inicialmente por el docente. Durante estas actividades pueden surgir momentos de ayuda, frustración o abandono, que permiten desarrollar conductas más adaptativas y nuevos aprendizajes.

Necesidades sensoriales en el aula

Cada niño o niña procesa la información del entorno a través de sus sistemas sensoriales: vista, oído, tacto, olfato, gusto, propiocepción y sistema vestibular; estos dos últimos, a menudo olvidados o incluso desconocidos. Cuando existe hipersensibilidad o hiposensibilidad, el alumno puede reaccionar de manera inesperada ante estímulos cotidianos del aula que pueden pasar desapercibidos para el resto del grupo o incluso para el docente.

Factores como el ruido constante, la iluminación intensa, el roce de la ropa (a menudo imperceptible desde el exterior), el movimiento de los compañeros o la propia posición corporal –en un contexto que exige estar sentado de manera prolongada y en muchos casos sin respetar la ergonomía ni la necesidad de movimiento– pueden generar malestar, distracción o incluso una búsqueda activa de estimulación.

Desde las aulas es necesario promover espacios de trabajo con menor ruido para alumnos con hipersensibilidad auditiva, opciones de diferentes tipos de asiento (pueden incluirse pelotas de yoga, hamacas ¡o incluso columpios!). Puede ser necesario el uso de auriculares como medio de desconexión auditiva o como canal de transmisión de los contenidos o diferentes tipos de material; digamos sí a los materiales táctiles y manipulativos.

Estas conductas no siempre responden a desinterés o falta de autocontrol, explicaciones que la sociedad suele atribuir automáticamente; muchas veces reflejan una necesidad sensorial no atendida que el niño intenta autorregular y expresar.

Necesidades emocionales, sociales y de seguridad

Además de las necesidades físicas y sensoriales, los niños tienen requerimientos emocionales y sociales fundamentales para aprender y desarrollarse plenamente. Sentirse seguros, aceptados y valorados; y algo tan simple como la participación e inclusión es clave para la enseñanza.

Situaciones de vulnerabilidad –como conflictos familiares, procesos de duelo, familias itinerantes– pueden generar emociones consideradas negativas que suelen ser detonantes de conductas llamativas como agresiones, gritos, insultos, maltrato del mobiliario…

El acoso de otros compañeros, la exclusión social o la falta de vínculos positivos con compañeros y docentes son ejemplos de cómo el entorno social puede interferir en el aprendizaje.

Fomentemos la identificación de señales de estrés (como morderse las uñas, chuparse el pelo, piernas inquietas) y ofrezcamos pausas de regulación: rincones de calma con diferentes materiales, un libro visual, una pelota antiestrés o una botella sensorial. Además, nuestro cerebro necesita planificación y anticipación; establecer rutinas claras y visibles aporta seguridad y sensación de control.




Leer más:
¿Es bueno ‘ser bueno’? Lo que dice de nosotros el control de la conducta infantil


No solo lo visible importa

Ante toda esta evidencia de factores internos y externos que, en muchos casos, no son “vistos” desde las aulas, se detectan de forma tardía o son infravalorados, resulta imprescindible adoptar una mirada amplia: no centrarse solo en la conducta puntual, sino comprender el conjunto de circunstancias. No solo lo visible en causa y consecuencia.

Como docentes, no somos control ni sanción, sino facilitadores que, en la medida de lo posible, ofrecen las condiciones óptimas para que cada alumno aprenda según sus necesidades. Vínculo, seguridad, respeto y escucha de necesidades –a veces imposibles de expresar o silenciadas– son la base de un aprendizaje inclusivo y humano.

The Conversation

Sandra María del Carmen Fonz Bujalance no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué nos está diciendo un escolar que ‘se porta mal’? – https://theconversation.com/que-nos-esta-diciendo-un-escolar-que-se-porta-mal-269671

Neuroanatomía de la resiliencia: qué ocurre en el cerebro cuando logramos sobreponernos a la adversidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María J. García-Rubio, Profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia – Codirectora de la Cátedra VIU-NED de Neurociencia global y cambio social – Miembro del Grupo de Investigación Psicología y Calidad de vida (PsiCal), Universidad Internacional de Valencia

Lightspring/Shutterstock

Ante una pérdida inesperada, un conflicto familiar persistente o una etapa prolongada de incertidumbre, algunas personas logran adaptarse y recuperar el equilibrio emocional con relativa rapidez, mientras que otras quedan atrapadas durante meses o años en el malestar. Estas diferencias suelen atribuirse al carácter, a la fortaleza psicológica o a la capacidad individual para “afrontar” las dificultades.

Sin embargo, las investigaciones neurocientíficas de las últimas décadas sugieren que la resiliencia no es solo una cuestión de actitud: tiene una base biológica identificable en el cerebro y depende de cómo distintos sistemas neuronales regulan el estrés, la emoción y la adaptación a lo largo del tiempo.

No reside en un único lugar del cerebro

A diferencia de funciones relativamente localizadas, como el procesamiento visual o el lenguaje, la resiliencia no puede atribuirse a una sola estructura cerebral. Se trata de una propiedad emergente de una red de regiones interconectadas que participan en la regulación emocional, la toma de decisiones y la respuesta al estrés.

Entre las áreas más relevantes se encuentra la corteza prefrontal, especialmente sus regiones dorsolateral y ventromedial. Estas zonas permiten evaluar una situación adversa, inhibir respuestas impulsivas y reinterpretar cognitivamente los eventos negativos. Diversos estudios de neuroimagen muestran que las personas con mayor resiliencia presentan más capacidad de la corteza prefrontal para modular la actividad de estructuras subcorticales, algo decisivo en el mantenimiento del control emocional.




Leer más:
Estos son los cuatro tipos de resiliencia que existen


Otra estructura clave es la amígdala, fundamental para detectar amenazas y generar respuestas de miedo. La resiliencia no implica una amígdala “apagada”, sino una bien regulada; es decir, capaz de activarse ante el peligro real, pero también de desactivarse cuando la amenaza ha pasado. Este equilibrio resulta esencial para evitar estados prolongados de ansiedad o hipervigilancia.

El hipocampo, por su parte, desempeña un papel central en la memoria y en la contextualización de las experiencias estresantes. Esta estructura ayuda a distinguir entre situaciones verdaderamente peligrosas y aquellas que solo evocan recuerdos de experiencias negativas previas. Además, es especialmente sensible al estrés crónico, lo que explica por qué la exposición prolongada a la adversidad puede deteriorar la capacidad de adaptación.

Flexibilidad ante el estrés

Desde el punto de vista biológico, la resiliencia no equivale a “no sentir estrés”. Al contrario, las personas resilientes activan los mismos sistemas de respuesta al estrés que cualquier otra, incluido el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, responsable de la liberación de la hormona cortisol.

La diferencia clave reside en la rapidez y eficacia con la que el cerebro y el cuerpo regresan al equilibrio una vez que el desafío ha pasado. Estudios en neuroimagen y psicofisiología muestran que los individuos más resilientes presentan una mejor coordinación funcional entre la corteza prefrontal y la amígdala, así como una recuperación fisiológica más rápida tras situaciones estresantes.

En este sentido, la resiliencia puede entenderse como una forma de flexibilidad neural: la capacidad del cerebro para adaptarse a demandas cambiantes sin quedar atrapado en estados persistentes de alerta o amenaza.

Plasticidad cerebral: la resiliencia se construye

Una de las aportaciones más relevantes de la neurociencia contemporánea es que la resiliencia no es un rasgo fijo. El cerebro es plástico a lo largo de toda la vida, y las redes implicadas en la adaptación al estrés pueden fortalecerse o debilitarse en función de la experiencia.

Intervenciones como el entrenamiento en regulación emocional, la terapia psicológica, la práctica de mindfulness o el ejercicio físico regular se asocian a cambios estructurales y funcionales en regiones como la corteza prefrontal y el hipocampo. Del mismo modo, el apoyo social y la existencia de entornos seguros tienen efectos medibles sobre los sistemas neurobiológicos del estrés, reforzando la capacidad de adaptación.

Implicaciones para la salud y la sociedad

Comprender la neuroanatomía de la resiliencia tiene implicaciones directas para la prevención en salud mental, la educación y las políticas públicas. Promover entornos que favorezcan la regulación emocional, el aprendizaje y el apoyo social no es solo una cuestión ética o social, sino también neurobiológica.

Al mismo tiempo, esta visión invita a ser cautos con los discursos que exaltan la resiliencia como responsabilidad exclusiva del individuo. El cerebro puede adaptarse, pero lo hace dentro de límites impuestos por las condiciones de vida. Reconocer la base neural de la resistencia a la adversidad no significa culpabilizar a quien no logra sobreponerse, sino entender mejor qué apoyos son necesarios para que esa capacidad pueda desarrollarse.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Neuroanatomía de la resiliencia: qué ocurre en el cerebro cuando logramos sobreponernos a la adversidad – https://theconversation.com/neuroanatomia-de-la-resiliencia-que-ocurre-en-el-cerebro-cuando-logramos-sobreponernos-a-la-adversidad-268503

Una infancia rota aumenta el riesgo de que la violencia se repita

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dolores Fernández Pérez, Profesora Ayudante Doctora. Departamento de Psicología, Universidad de Castilla-La Mancha

Sony Herdiana/Shutterstock

La violencia no surge de la nada. Se gesta lentamente, muchas veces en silencio, en hogares donde el miedo y la indiferencia reemplazan al afecto. Comprender cómo nace esa violencia es uno de los grandes dilemas de la humanidad: ¿somos violentos por naturaleza o es el entorno el que nos vuelve letales? La ciencia apunta a que ambas fuerzas se combinan.

Un estudio realizado en Nueva Zelanda hace ya algunos años, conocido como Proyecto Dunedin, siguió a más de mil personas desde 1972. Los investigadores observaron cómo la salud, la personalidad y las experiencias familiares marcan el desarrollo de cada individuo. Sus resultados fueron claros: cuando una personalidad impulsiva o agresiva crece en un ambiente dañino, el riesgo de comportamientos violentos y antisociales aumenta.

Algunos niños nacen con temperamentos difíciles, es decir, se frustran rápido, reaccionan con rabia o les cuesta reflexionar antes de actuar. Otros, en cambio, muestran más empatía y autocontrol. El entorno puede marcar la diferencia. Si un niño con carácter complicado crece en un hogar violento o negligente, la probabilidad de reproducir esa violencia se multiplica. Los expertos llaman a esto la “ecuación victimal”: una mezcla entre vulnerabilidad y trauma que puede transformarse en violencia si no se trata a tiempo.

Qué ocurre si hay adultos fríos e impredecibles

La teoría del apego también ayuda a entender esta relación. Cuando los cuidadores actúan de forma estable, sensible y afectuosa, el/la niño/a puede desarrollar un apego seguro. Esa base emocional facilita la empatía, la autorregulación y la confianza en los demás. Por el contrario, cuando los adultos son impredecibles, fríos o tratan mal al niño/a, es más probable que se forme un apego inseguro o incluso desorganizado. En estas situaciones aumentan la impulsividad, la agresividad, las dificultades para conectar emocionalmente con los demás y la probabilidad de conductas antisociales.

No todos los niños que sufren violencia se convierten en agresores. El famoso asesino en serie y agresor sexual estadounidense Jeffrey Dahmer, por ejemplo, creció en un hogar negligente y solitario, pero su hermano no desarrolló conductas violentas. El también asesino en serie Ted Bundy vivió una infancia llena de secretos y confusión, pero sus hermanos siguieron caminos distintos. Estos casos muestran que el entorno no determina el destino por sí solo. La clave está en cómo se combinan la vulnerabilidad individual y las experiencias adversas tempranas.

Aun así, muchos de los criminales más violentos de la historia tienen algo en común: una infancia marcada por el abuso y la desprotección. En muchos casos, el trauma no tratado se convierte con el tiempo en patrones de control, agresión y deshumanización. Gracias a los avances en análisis de conducta, hoy es posible comprender cómo ciertos factores biográficos predicen la escalada hacia comportamientos violentos.

Asesinos en serie y maltrato infantil

Si bien no existe un único perfil de asesino serial, la mayoría de ellos sufrió algún tipo de maltrato infantil. Se estima que la mitad vivió abuso psicológico, más de un tercio físico y uno de cada cuatro, abuso sexual. Estas heridas no solo dejan cicatrices emocionales: también alteran la forma en que la persona piensa, siente el dolor y reacciona ante los demás. Con el tiempo, pueden generar visiones hostiles del mundo y respuestas agresivas aprendidas.

El análisis secuencial de conducta, una técnica usada para estudiar patrones criminales, ha mostrado relaciones llamativas. El tipo de abuso sufrido en la infancia tiende a influir en el tipo de crimen cometido en la adultez. Por ejemplo, quienes fueron víctimas de abuso sexual suelen reproducir crímenes con carga sexual o de mutilación. El abuso psicológico se asocia a asesinatos marcados por el exceso de violencia. El físico, con escenas dominadas por la ira. Cuando una persona sufrió varios tipos de abuso, la motivación sexual o de control aparece con más fuerza.

El caso del asesino Edward Gein, revivido recientemente por una serie documental, muestra de forma extrema esa conexión entre trauma y crimen. Gein creció con un padre violento y una madre fanática religiosa que lo convenció de que el mundo era pecado. Vivió aislado, sin afecto, y desarrolló un lazo enfermizo con ella: la temía y la adoraba al mismo tiempo. Cuando su madre murió, su obsesión se transformó en violencia. Mataba mujeres para intentar “reconstruirla” con la piel de sus víctimas, en un intento retorcido por recuperar el único vínculo emocional que conoció.

Vulnerabilidad y trauma

Otros casos de asesinos en serie muestran historias similares. Aileen Wuornos, prostituta desde la adolescencia, sufrió abusos desde niña. Andrei Chikatilo, en la Unión Soviética, fue víctima de violencia sexual y hambre. Pedro Alonso López, conocido como el “Monstruo de los Andes”, creció entre golpes y abandono. En todos ellos se repite una fórmula: vulnerabilidad, trauma y ausencia de tratamiento que dan lugar a formas de violencia extrema.

La evidencia es clara. El abuso infantil no condena a nadie a la criminalidad, pero aumenta el riesgo de que la violencia se repita. Cuando el dolor no se trata, se transmite. Es lo que los investigadores llaman el “ciclo de la violencia”, un fenómeno donde las heridas de la infancia pueden reencarnarse en nuevas víctimas.

Comprender esta ecuación, donde la vulnerabilidad se une al trauma y al apego dañado, no busca justificar los crímenes. Busca prevenirlos. Porque detrás de muchos actos violentos hay una historia de dolor no atendido. Y romper ese ciclo empieza mucho antes del delito, empieza en la infancia.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Una infancia rota aumenta el riesgo de que la violencia se repita – https://theconversation.com/una-infancia-rota-aumenta-el-riesgo-de-que-la-violencia-se-repita-268527

¿Cómo hacerse el autor? Uclés, Pérez-Reverte y la batalla por la firma pública

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Ángel Baños Saldaña, Profesor de Literatura Española, Universidad de Castilla-La Mancha

David Uclés en una imagen en Casa de América. Casa de América/Flickr, CC BY-NC-ND

“Todo ese odio que han mostrado hacia mí lo pueden hacer hacia el libro. No me viene bien”. Estas declaraciones de David Uclés para un periódico, en referencia a la reciente publicación de su nuevo libro La ciudad de las luces muertas, confirman que la literatura no existe sin su desarrollo en los espacios de sociabilidad.

En las últimas semanas, Uclés ha sido el centro del debate cultural español. Ello se debe a su negativa a participar en unas jornadas coordinadas por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra: “1936: la guerra que todos perdimos”. El escritor argumenta dos razones: el lema del ciclo (para él “La guerra sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos”) y la asistencia de dos políticos, José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros.

Pérez-Reverte reaccionó con un repertorio que sus lectores ya conocen: dureza, ironía y descalificación personal. Valoró la renuncia como “imperdonable descortesía”. También dijo que Uclés se estaba “construyendo un personaje” y criticó el tono del vídeo como “lastimero” e “infantil”.

La polémica contiene todos los ingredientes del éxito: los cruces de declaraciones entre bestsellers, el ruido mediático, la polarización política y la lógica binaria –y testosterónica– que estructura el mundo cultural.

Sin esperarlo, el patrimonio histórico y el literario conquistan la conversación social. ¿Qué nos ayuda a explicar el origen del conflicto? Se han publicado muchos textos sobre el asunto, pero estos mayormente expresan su simpatía o crítica hacia uno de los autores. Tampoco hace falta mencionar aquí los incontables comentarios incendiarios en redes sociales.

No se trata de dirimir quién tiene razón, sino de comprender qué está en juego cuando un escritor decide aparecer –o desaparecer– en la escena. La autoría es un dispositivo afectivo, político y dialógico.

La era de la visibilidad

Si lo pensamos bien, no necesitamos conocer a los autores para entender sus obras literarias. Podríamos leer La península de las casas vacías sin tener noticia de David Uclés. Sin embargo, la industria cultural y sus mecanismos de difusión han fomentado la ilusión biográfica.

De este modo, un libro no se concluye con la lectura. Lo que hay tras él también se convierte en obra. La autoría se entiende como performatividad y circulación. ¿Quién no ha pedido que su autor favorito le firme su libro? ¿Quiénes no han buscado entrevistas o diarios de los artistas que más les gustan?

La celebridad no es solo fama, sino un bien consumible: se produce, circula y se monetiza. Para el público, su combustible es el deseo de ver. Para algunos autores, el principal aliciente es el deseo de ser vistos.

En esta polémica, el objeto de consumo no fue únicamente la idea sobre qué memoria de la guerra civil española es legítima, sino la escena pública del enfrentamiento. David Uclés lamenta que se haya escrito mucho sobre su decisión. A la vez, celebra que ahora, tras el conflicto, lo hayan invitado a La Revuelta, pues llevaba dos años comunicando su deseo de ir al programa.

En no pocos casos el reconocimiento público debe pasar por operaciones de visibilidad. David Uclés lo sabe: en la entrevista sacó su libro de una bolsa para mostrarlo a la cámara justo cuando expuso el origen de la polémica.

El desplante al ciclo de conferencias funciona como tramoya para la legitimación del propio proyecto autorial: “Yo he estado escribiendo una novela quince años sobre la Guerra Civil”.

Uclés contrapone escenarios para lograr esta visibilidad. Él activa un contexto moral (“conciencia tranquila”, “no firmo ese lema”, “no quiero compartir cartel con ciertos nombres”), mientras que Pérez-Reverte acude a la etiqueta social y a la profesionalización (“descortesía”, “tono infantil”, “personaje”).

El debate se desplaza así de qué significa “perdimos todos” en el título a quién se comporta como escritor decente. En definitiva, el choque ideológico se traduce en una tensión por ocupar el centro de la escenografía cultural a propósito del conflicto bélico y la escritura literaria.

Boom, ya está aquí la guerra (autorial)

En una sociedad en la que reina la visibilidad, los escritores ya no solo producen textos: se celebran a sí mismos. Algunos lo practican con entusiasmo; otros lo negocian con cautela. Y cada una de estas opciones compite por el capital simbólico (el prestigio, la autoridad, la legitimidad) que la figura autorial se dibuja para sí misma.

Pero el caso de David Uclés nos recuerda que la autoría no es un atributo fijo, sino una práctica situada, atravesada por decisiones compartidas en el campo cultural. Precisamente hace un mes dialogaba, en una presentación, sobre que fuesen del color que fuesen, las víctimas eran inocentes que cayeron, algo que parece contradecir sus declaraciones posteriores.

Uclés ahora se presenta como un intelectual mediático, como un polemista confeso. Esa figura pública se construye, precisamente, en asociación con otros. Además, cuenta con la confianza explícita hacia los rituales de consagración y camaradería.

Lo constata el apoyo recibido por agentes culturales con necesidades afines como Luis García Montero. Desde una posición central como director del Instituto Cervantes, el poeta defiende a Uclés con los mismos términos que, tiempo atrás, necesitaba la defensa de su propia obra: “Celebro que venda muchos libros, pero que no venda sus principios”. Las tensiones en el campo cultural reflejan unos intereses ideológicos y afectivos que afectan al capital (simbólico y económico).

Igualmente, la invitación de Pérez-Reverte, también con una posición consolidada en el campo, no es un acto literario. Es una escenografía concreta, un reparto de roles ya codificado, una expectativa de comunión simbólica y una fuerte carga mediática.

La polémica en torno al evento no puede leerse como un desacuerdo ideológico, sino como una lucha por la definición legítima del lugar del escritor. La visibilidad, lejos de ser un efecto colateral del éxito, es una forma de capital que obliga a elegir escenario. ¿Autor independiente o intelectual con boina?, ¿figura transversal o voz situada? La coherencia entre discurso, imagen pública y rituales de consagración se convierte en un bien escaso y vigilado.

Dar la nota: atuendos autoriales

Leamos estos dos titulares: “David Uclés y la envidia de la boina” o “Pérez-Reverte aplaza las jornadas sobre la Guerra Civil después de que David Uclés amenazase con presentarse tocando el acordeón”. El primero defiende al escritor y niega que vaya disfrazado. El segundo es una parodia situacional de El Mundo Today. Pero ¿cómo llega un escritor a esta circulación social?

Para configurar su imagen, los autores se sirven de “atuendos”. El concepto de atuendo autorial engloba factores de control de la visibilidad: el uso de objetos, la elección de acciones y la exhibición de actitudes.

Los titulares mencionados reflejan la imagen configurada por Uclés: la reiteración de la boina –incluso se la regaló a David Broncano en La Revuelta–, cantar inesperadamente en eventos protocolarios (Premio Esquire) o masivos (el programa Futuro Imperfecto), escribir sobre acontecimientos históricos (la Guerra Civil), manifestar su ideología abiertamente (la vivienda y Ayuso, la intolerancia de la ultraderecha, etc.) y confesar ciertas intimidades impactantes (arritmias, problemas de erección o consumo de antidepresivos).

En la industria cultural la autoría es la obra, la firma deviene huella corporal y las polémicas pueden contribuir a conquistar el sector. Justo cuando pensábamos que Uclés y Pérez-Reverte discutían sobre la memoria de la Guerra Civil, salta a la vista que también estaban compitiendo por la celebridad, la narrativa del éxito y el rol de intelectual que analiza la historia reciente.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cómo hacerse el autor? Uclés, Pérez-Reverte y la batalla por la firma pública – https://theconversation.com/como-hacerse-el-autor-ucles-perez-reverte-y-la-batalla-por-la-firma-publica-275026

No estamos cumpliendo el Objetivo de Desarrollo Sostenible 17, y es imprescindible para lograr el resto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gumersindo Feijoo Costa, Catedrático de Ingeniería Química. Centro de Excelencia CRETUS de la Red CiGUS, Universidade de Santiago de Compostela

Bayhu19/Shutterstock

La magnífica trilogía de la novela fantástica de El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien pivota sobre la lucha entre el bien y el mal entre los pueblos de la Tierra Media, cuyo devenir depende de los anillos de poder: tres para los Elfos, siete para los enanos, nueve para los hombres, uno para el señor oscuro… pero solo un anillo puede gobernarlos a todos.

El símil nos sirve para explicar el papel central del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 17, uno sin el que no pueden cumplirse el resto: el establecimiento de “alianzas para lograr los objetivos”. Los ODS, definidos en el 2015 en la Agenda 2030, solo se pueden conseguir con asociaciones mundiales sólidas y cooperación para garantizar que nadie se quede atrás en nuestro camino hacia el desarrollo.




Leer más:
¿’Quo vadis’, ODS?


Metas del ODS17
Metas del ODS17.
Gumersindo Feijoo, CC BY-NC-SA

Ayuda Oficial al Desarrollo

Uno de los mecanismos claves para conseguir con equidad las metas de la Agenda 2030 es el compromiso global de los países miembros de la OCDE de destinar el 0,7 % de su PIB bruto a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Para que sea considerada como AOD, una ayuda debe beneficiar a un país elegible, ofrecer condiciones favorables al país beneficiario y tener por objetivo el desarrollo económico y la mejora de las condiciones de vida.

Durante el año 2024, último año con datos, se ha producido un descenso significativo de la Ayuda Oficial al Desarrollo. De hecho, los únicos países de la OCDE que cumplieron el umbral del 0,7 % fueron Noruega, Luxemburgo, Suecia y Dinamarca.

Gráfico en el que se observa un descenso en el último año de la Ayuda Oficial al Desarrollo en algunos países de la OCDE.
Evolución de la Ayuda Oficial al Desarrollo (% PIB) en algunos países de la OCDE para el período 2018-2024.
Gumersindo Feijoo de la OCDE, CC BY-SA

La capacidad de recaudación de recursos financieros debe ir pareja con la máxima transparencia con el uso y destino final de los mismos. La lucha contra la corrupción en los diferentes países para garantizar el destino efectivo de los recursos movilizados es un elemento determinante, puesto que mina de forma inexorable la confianza en el sistema y afecta de forma fundamental a la consecución de los ODS.

Existen diversos indicadores que miden este aspecto: nivel de transparencia, índice de democracia, control de la corrupción, etc. Este último indicador que evalúa el Banco Mundial mide la percepción del uso indebido del poder público para beneficio privado (incluye sobornos, malversación, nepotismo y otras formas de corrupción). La puntuación se presenta en una escala que va de -2.5 (corrupción muy alta) a +2.5 (corrupción muy baja). Justamente, los países con mayor porcentaje de Ayuda Oficial al Desarrollo son los que tiene un mayor valor en el control de la corrupción: Dinamarca (2,376; mayor valor mundial), Noruega (2,114) y Suecia (2,028).

Mapa del mundo marcando los países con mayor control de la corrupción en verde oscuro
Control de la corrupción a nivel mundial en el año 2023.
Gumersindo Feijoo, con datos del Banco Mundial, CC BY-SA

Acceso a internet

La digitalización y aplicación de la inteligencia artificial (IA) es una de las revoluciones tecnológicas con un desarrollo exponencial que supondrá grandes desafíos a corto y medio plazo para la competitividad y equidad de los países. El acceso a internet es la base de la pirámide en esta nueva revolución tecnológica de la transformación digital.

El último dato disponible para el año 2024 indicaba que un 71,2 % de la población mundial era usuaria de internet, con un gran impacto en todos los continentes con excepción del África Subsahariana. La pandemia de la covid-19 supuso una aceleración en la tendencia ascendente que se observaba desde comienzos de siglo, destacando el gran impulso conseguido por América Latina.

Gráfica que muestra el aumento de la población con acceso a internet entre 2004 y 2024
Evolución del acceso a internet a nivel mundial. También se detalla la distribución geográfica con datos del año 2023 y 2024.
Gumersindo Feijoo, con datos del Banco Mundial, CC BY-SA

Compromiso con las tecnologías verdes

Otro aspecto importante que marca el ODS 17 es conseguir que se promueva un comercio total de tecnologías ecológicamente racionales, que incluye tecnologías limpias y verdes que reduzcan la contaminación y permita un uso eficiente de los recursos. El Centro de Investigación EJRC (siglas en inglés del European Joint Research Center) de la Unión Europea se ocupa de publicar en acceso abierto los documentos de referencia con las mejores técnicas disponibles para diversos sectores:

  • “Mejor” se refiere a las técnicas más eficaces para alcanzar un alto nivel de protección del medio ambiente

  • “Técnica”: la tecnología debe estar diseñada, construida y explotada.

  • “Disponible”: las técnicas están desarrolladas a una escala que permita su aplicación en el contexto del sector productivo.

El informe publicado por Naciones Unidas en noviembre de 2025 para el seguimiento de los ODS en América Latina y el Caribe recoge que en la década de 2010-2020 la cantidad de tecnologías ambientalmente racionales exportadas supuso un volumen de negocio anual constante de 40 000 millones de dólares, mientras que las importadas se mantuvo en un valor superior a los 80 000 millones de dólares.

Los sectores con mayor dinamismo son las energías renovables (eólica y solar, fundamentalmente), la movilidad verde (vehículos eléctricos y transporte público electrificado) y la agricultura sostenible (reducir uso de agua y pesticidas).

Las alianzas entre todos los países (sin excepciones) es clave para el éxito de la Agenda 2030. El exitoso precedente del Protocolo de Montreal para la protección de la capa de ozono debe ser el modelo a seguir. Así, desde su entrada en vigor en el año 1989, la decisión común internacional para controlar la concentración de los contaminantes atmosféricos causantes de la destrucción de la capa de ozono, como los clorofluorocarburos y los hidrocarburos clorados, ha dado sus frutos con la estabilización o reducción de estos compuestos.

La consecución de los ODS solo será efectiva si existe un compromiso común y equitativo de todos los agentes en los diferentes países.

The Conversation

Gumersindo Feijoo Costa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. No estamos cumpliendo el Objetivo de Desarrollo Sostenible 17, y es imprescindible para lograr el resto – https://theconversation.com/no-estamos-cumpliendo-el-objetivo-de-desarrollo-sostenible-17-y-es-imprescindible-para-lograr-el-resto-275576

San Valentín y chocolate: lo que sabemos sobre el cacao y su relación con la salud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marian Zulet Alzórriz, Catedrática de Universidad. Área Nutrición y Bromatología. Subdirectora del Instituto de Nutrición y Salud. Facultad de Farmacia y Nutrición. Universidad de Navarra., Universidad de Navarra

Cada mes de febrero se repite el mismo ritual. Escaparates llenos de bombones, regalos dulces y una pregunta inevitable: ¿el chocolate es solo un placer ocasional o puede tener algún efecto beneficioso para la salud?

Durante mucho tiempo, la respuesta parecía sencilla. El chocolate era visto como un alimento asociado al exceso, más cercano al capricho que a la nutrición. Sin embargo, en las últimas dos décadas, la investigación científica ha cambiado parcialmente esa mirada. Hoy sabemos que el cacao –materia prima esencial del chocolate– contiene compuestos bioactivos que interactúan con nuestro organismo de una forma más compleja de lo que imaginábamos.

El cambio de enfoque es importante. La ciencia ya no se pregunta si el chocolate es “bueno o malo”, sino qué ocurre en el organismo cuando consumimos cacao y en qué contexto puede formar parte de una alimentación saludable.

El cacao: cuando el interés científico empieza en los detalles

El interés de los investigadores no se centra tanto en el chocolate como producto final, sino en el cacao, su ingrediente principal. El cacao contiene flavanoles, un tipo de polifenoles —compuestos naturales presentes también en frutas, verduras o algunos tés— que han despertado un creciente interés científico por sus posibles efectos beneficiosos sobre el sistema cardiovascular y el metabolismo.

En el caso del cacao, sus flavanoles pueden aumentar la biodisponibilidad de óxido nítrico en el endotelio vascular, favoreciendo la vasodilatación. Este mecanismo ayuda a explicar por qué diversos ensayos clínicos han observado mejoras modestas en la función de los vasos sanguineos y reducciones discretas en la presión arterial tras el consumo controlado de extractos ricos en flavanoles.

Las revisiones científicas coinciden, sin embargo, en un punto importante: los posibles efectos beneficiosos se relacionan con estos compuestos del cacao y no con el chocolate en su conjunto, cuyo contenido en azúcar y grasa, así como su contenido en flavanoles, puede variar considerablemente según el tipo y el grado de procesamiento.

El chocolate reduce la mortalidad cardiovascular

Uno de los ensayos más amplios realizados en este campo ha sido el estudio COSMOS (COcoa Supplement and Multivitamin Outcomes Study), que siguió durante varios años a más de 21 400 adultos con el objetivo de evaluar si el consumo de cacao era capaz de reducir el riesgo de desarrollar eventos cardiovasculares importantes, cáncer y otras alteraciones de la salud, así como estudiar su efecto sobre la salud cognitiva.

Aunque los efectos no fueron llamativos, los resultados arrojaron datos interesantes. Para empezar, quienes mantuvieron una buena adherencia a la suplementación con 500 miligramos diarios de flavanoles mostraron una reducción relevante de la mortalidad cardiovascular. A escala poblacional, descensos moderados en este tipo de indicadores pueden tener una gran trascendencia en salud pública.

Además, otros estudios cognitivos asociados al mismo proyecto mostraron que los flavanoles del cacao podrían beneficiar ciertos aspectos de la memoria, especialmente en personas con una alimentación de menor calidad o con bajo consumo previo de estos compuestos. Este hallazgo sugiere que el cacao podría desempeñar un papel modulador en el envejecimiento cerebral cuando existe un margen de mejora a nivel nutricional.

En conjunto, la investigación apunta a que los flavanoles del cacao no son un “superalimento milagroso”, pero sí un componente dietético con efectos biológicos medibles y potencialmente relevantes dentro de un patrón de alimentación equilibrada.

El error más frecuente: pensar en alimentos aislados

En este punto se produce una de las confusiones más frecuentes. Gran parte de la investigación científica se ha realizado con extractos de cacao estandarizados y ricos en flavanoles, en lugar de con tabletas comerciales de chocolate, cuya composición varía considerablemente. Por ello, los efectos observados en ensayos clínicos no pueden extrapolarse de forma directa al consumo habitual de cualquier producto derivado del cacao.

En lo que respecta, por ejemplo, al peso corporal, la evidencia científica actual es prudente. Aunque el cacao contiene compuestos bioactivos con efectos demostrados a nivel vascular, los ensayos clínicos y metaanálisis disponibles no muestran un impacto consistente ni clínicamente relevante sobre el peso, el índice de masa corporal o la circunferencia de cintura en la población general. Algunos estudios individuales han observado cambios modestos en determinados subgrupos, pero estos resultados no se replican de forma uniforme.

En conjunto, los datos disponibles no permiten considerar al cacao como una herramienta para la pérdida de peso, sino como un componente más dentro de un patrón dietético equilibrado. Esto refleja una idea clave en nutrición: ningún alimento compensa una dieta desequilibrada ni determina por sí solo la salud.

Placer y biología: por qué el chocolate genera tanto interés

Quizá el verdadero interés científico del chocolate está en otro lugar. Es uno de los pocos alimentos que conecta claramente biología y comportamiento. Además de flavanoles, el cacao contiene metilxantinas como la teobromina y pequeñas cantidades de cafeína, que interactúan tanto con el sistema vascular como con mecanismos relacionados con el estado de ánimo y la recompensa.

En unaintervención nutricionalllevada a cabo por la Universidad de Navarra en personas con sobrepeso u obesidad, el consumo durante cuatro semanas de un extracto de cacao rico en polifenoles (415 mg fueron flavanoles) se asoció con una disminución significativa de las LDL oxidadas (oxLDL).Se trata de un biomarcador relacionado con el estrés oxidativo y con los procesos implicados en la enfermedad cardiovascular.

Asimismo, se observó una menor elevación de la presión arterial sistólica tras la ingesta. De forma complementaria, aumentaron los niveles de ácido homovanílico, un metabolito vinculado a la actividad dopaminérgica cerebral, cambio que se asoció con una reducción de los síntomas depresivos. Lejos de ser un simple placer, el cacao demuestra que, cuando forma parte de una alimentación equilibrada, puede modular de manera favorable procesos a nivel cardiovascular, metabólico y cerebral.

Investigaciones adicionales sugieren que los flavanoles del cacao pueden influir en procesos relacionados con la perfusión cerebral y la función neuronal, lo que ayuda a explicar el interés sobre sus efectos cognitivos.

Adiós a las listas de alimentos “buenos o malos”

San Valentín ofrece un buen ejemplo de cómo ha cambiado la forma de entender la alimentación. El debate ya no gira en torno a prohibir o permitir alimentos concretos, sino a comprender cómo encajan dentro de un patrón dietético global.

La evidencia científica actual sugiere que pequeñas cantidades de chocolate negro rico en cacao pueden formar parte de una dieta equilibrada.

Pero el mensaje más relevante es otro: la salud no depende de alimentos individuales, sino de hábitos sostenidos en el tiempo. La nutrición moderna ha dejado de ser una lista de alimentos “buenos o malos” para convertirse en una ciencia que intenta entender cómo interactúan los alimentos, el metabolismo y el comportamiento humano. Entre ellos, el chocolate.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. San Valentín y chocolate: lo que sabemos sobre el cacao y su relación con la
salud – https://theconversation.com/san-valentin-y-chocolate-lo-que-sabemos-sobre-el-cacao-y-su-relacion-con-la-salud-275950

Cambio de paradigma en la determinación sexual de los mamíferos: el papel del hierro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Federico Zurita Martínez, Profesor del Departamento de Genética. Imparto docencia en Genética y en el Master en "Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos" en la Universidad de Granada., Universidad de Granada

León y leona. Nicholas Ceglia / Unsplash. , CC BY

Como en todas las especies con reproducción sexual, en los mamíferos existen dos tipos distintos de individuos: machos y hembras, ambos imprescindibles para que sea posible la reproducción. La diferencia esencial entre esos dos sexos está en los gametos, que son las células que se fusionan y dan lugar al nuevo individuo. Las hembras generan ovocitos (óvulos), mientras que los machos producen espermatozoides, mucho más pequeños y mucho más numerosos, lo que hace que el potencial reproductivo de los machos sea muy superior al de las hembras.

Corte de un ovocito en el centro de un folículo primario.
Ed Uthman / Wikimedia Commons., CC BY

Ambos tipos de gametos coinciden, eso sí, en que portan la mitad de los cromosomas que tienen todas las otras células del organismo, que en el caso de humanos son 46, y 23 por tanto en los gametos. Pero ¿qué hace que un embrión se desarrolle como macho o como hembra?

Hembras por defecto

En 1947, un endocrinólogo francés, Alfred Jost , castró embriones de conejo y observó que todos esos embriones se desarrollaban como hembras; en ausencia de gónadas, no había machos. Es como si el sexo femenino fuera el sexo “por defecto”.

En un segundo experimento, Jost implantó testículos a esos embriones de conejo a los que previamente había extirpado las gónadas, y observó que estos embriones se desarrollaban todos como machos. Estaba claro entonces que para el desarrollo masculino sí era imprescindible la presencia de testículo funcional.

¿Cuestión de cromosomas?

En 1956, Joe Hin Tjio y Albert Levan establecieron definitivamente que los seres humanos tenemos 46 cromosomas y que los hombres son el sexo que posee dos cromosomas sexuales diferentes, X e Y, mientras que las mujeres tienen dos cromosomas X. A partir de este hallazgo, se asumió que la presencia de dos cromosomas X era necesaria para el desarrollo femenino, mientras que la combinación de un cromosoma X y un cromosoma Y determinaba el desarrollo masculino.

Sin embargo, solo un año después, se descubrieron anomalías en el número de cromosomas que demostraron que la realidad era más compleja. Los individuos con XXY (síndrome de Klinefelter) eran hombres a pesar de tener dos cromosomas X, y aquellos con un solo cromosoma X (X0, síndrome de Turner) eran mujeres. Lo que se concluía de esos descubrimientos era que la presencia de cromosoma Y conducía al desarrollo masculino y la ausencia de cromosoma Y conducía al desarrollo femenino.

En los laboratorios donde trabajábamos en este campo, se produjo un hito, cuando Andrew H. Sinclair y colaboradores publicaron el aislamiento y la secuencia de un pequeño fragmento de ADN que codificaba para una proteína reguladora. A la secuencia se le llamó Sry (por sex-determining region Y).

La confirmación de que ese gen era realmente el responsable de que un individuo fuera un macho, vino solo un año después y desde el mismo laboratorio.

Un solo gen decide el sexo en los mamíferos

En un trabajo espléndido y ya clásico, el biólogo australiano Peter Koopman y su equipo lograron algo extraordinario: a partir de ratones cromosómicamente hembras (XX) obtuvieron machos fenotípicos –de sexo masculino según sus genitales internos y externos, la expresión de caracteres sexuales secundarios y el comportamiento–.

Para ello, introdujeron mediante transgénesis el gen Sry en los cigotos–primera célula única que se forma tras la fecundación– XX y esos embriones se desarrollaron como machos.

Lo más asombroso es que estos machos no solo desarrollaron testículos y características físicas masculinas, sino que también mostraban comportamientos reproductivos típicos de los machos.

Este trabajo confirmó de manera definitiva que el gen Sry es suficiente para el desarrollo de los testículos y, por tanto del cuerpo masculino, incluyendo incluso ciertos comportamientos.

El papel de los estímulos externos

Se sabe que, en ciertos peces, un individuo puede ser macho en un contexto “social” y transformarse en hembra si ese contexto cambia. El ejemplo más notorio es el pez payaso. Por otra parte, en ciertos reptiles, la temperatura a la que se incuba el huevo determina el sexo del individuo.

Amphiprion ocellaris o pez payaso puede cambiar de sexo según condicionantes ambientales.
Wikimedia Commons., CC BY

Sin embargo, en mamíferos, como hemos visto, el sexo del individuo lo deciden sus genes y cromosomas y, por tanto, está genéticamente determinado; no depende de estímulos externos. Eso era lo aceptado y así lo hemos enseñado en la universidad durante los últimos 40 años. Era paradigma. Y paradigma fue hasta el pasado 29 de junio de 2025.

En ese año, se publicó un artículo en Nature, de esos llamados a convertirse en un clásico, precisamente por el cambio de paradigma que supone.

Un punto de inflexión

En dicho estudio, Naoki Okashita y colaboradores evidenciaron un aumento sustancial de hierro (Fe++) en gónadas de ratón macho (gónadas XY).

La expresión correcta de los genes es un proceso muy complejo que está regulado a muchos niveles distintos. Okashita y su equipo han mostrado que, en testículos embrionarios (XY), la disminución de la cantidad de hierro (Fe++) acaba provocando un silenciamiento del gen Sry.

Al inhibir la expresión del gen Sry, no se activa la ruta de desarrollo testicular y, reactivamente, se activan los genes de la ruta alternativa, esto es, los genes que controlan el desarrollo ovárico.

Según esto, el desarrollo correcto de la gónada –ovarios o testículos– según su constitución cromosómica es dependiente de los niveles de Fe++. Una emocionante variable nueva que añadir a la ecuación del sexo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cambio de paradigma en la determinación sexual de los mamíferos: el papel del hierro – https://theconversation.com/cambio-de-paradigma-en-la-determinacion-sexual-de-los-mamiferos-el-papel-del-hierro-273115

De la lista de la compra a un ‘whatsapp’ a los abuelos: cómo mejorar la escritura de los más pequeños en casa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Álvarez-Moreno, Personal docente e investigador en formación, Universidad de León

Gus Andrade/Shutterstock

Escribir no es solo una cuestión escolar o laboral, sino una herramienta de comunicación esencial en nuestro día a día. A partir del momento en que los niños desarrollan esta habilidad y empiezan a practicarla en la escuela, ¿cómo podemos ayudarlos a mejorar?

El colegio tiene un papel evidente, pero no actúa solo. Las leyes educativas insisten en algo clave: familia y escuela son un equipo. De hecho, gran parte del aprendizaje de la escritura ocurre en casa. Entonces, ¿se puede y se debe trabajar la escritura desde el hogar?

Para responder a estas preguntas, en un estudio de próxima publicación hemos revisado estudios científicos internacionales que analizan el papel de las familias en el aprendizaje de la escritura infantil.

¿Qué se puede escribir en casa?

En casa se escribe más de lo que imaginamos, y no solo cuando toca hacer deberes. Elaborar la lista de la compra, enviar un mensaje a los abuelos o escribir invitaciones de cumpleaños son prácticas informales de escritura que surgen de manera natural en los hogares y que, según la ciencia, contribuyen al aprendizaje escritor de los niños y las niñas.

Pero, además de esas actividades cotidianas de escritura, las familias, aunque no sean profesionales de la educación, también realizan con sus hijos tareas de escritura formal. Es frecuente que en las casas se practique la caligrafía y la ortografía. Cuando los niños empiezan el aprendizaje de la escritura, las familias les enseñan a sostener bien el lápiz, formar letras o escribir su nombre, insistiendo en la importancia de tener una “letra bonita”.

También intentan que el niño aprenda a escribir sin faltas de ortografía. ¿Cuántas veces les habremos dicho a nuestros hijos “delante de P y B, M pondré”? Pues bien, la ciencia dice que estas prácticas de escritura ayudan a que los niños tenga mejor letra y cometan menos faltas.

Ayudar con textos más complicados

Algunos estudios señalan que las familias pueden colaborar en tareas de escritura más complicadas, como la redacción de textos. Los familiares pueden ayudar a los peques a pensar qué escribir, organizar sus ideas o revisar su texto. La planificación, redacción y revisión textual son procesos escritores que implican una gran carga mental para los peques y que pueden resolver mejor con ayuda adulta.




Leer más:
Por qué no hay prisa para que los niños empiecen a usar el lápiz en la escuela


Cómo hacerlo

La evidencia científica revisada nos dice que no solo importa qué actividades de escritura hacemos en casa, sino cómo acompañamos a los peques durante ellas. Imaginemos que nuestra hija está escribiendo y hace una letra incompleta. En ese momento le decimos: “A esa letra le falta algo, ¿qué será? Fíjate como la hago yo”. Haciendo esto, estaríamos actuando como guía y modelo de escritura, ayudando al peque a pensar, revisar y a aprender el procedimiento escritor. Pues bien, eso es exactamente lo que definen los estudios como “apoyos procedimentales”, muy eficaces para ayudar a los niños en el aprendizaje de la escritura.

Pero ¿es necesario estar continuamente escribiendo en casa y ayudando al niño durante sus tareas de escritura? La investigación más reciente confirma que no. Con alguna actividad de escritura “casera” a la semana, los niños mejoran, aunque es importante que los familiares muestren interés por lo que ha escrito el niño, lo lean, lo expongan o lo feliciten. Estos sencillos gestos, identificados a nivel científico como apoyos motivacionales, animan al peque hacia la escritura y facilitan su aprendizaje.




Leer más:
Así se aprende a escribir con ciencia pero sin libros de texto


¿Puedo ayudar a escribir si no se me da bien?

No todos los adultos dominamos la escritura; ¿podemos aún así ayudar a los pequeños de la familia?

Algunos estudios revisados en un trabajo de próxima publicación analizan a familias de diferentes niveles socioeconómicos, con estructuras diversas y disponibilidad temporal variable y confirman que estos aspectos pueden facilitar o dificultar su implicación en la escritura infantil.

No obstante, un elemento clave son las creencias de los padres sobre la escritura. Si consideramos que es una habilidad importante para nuestros hijos, entonces tenemos la clave: ¡animémosles a escribir, escribamos juntos y escribámosles! Somos su mejor modelo.

The Conversation

Carmen Álvarez-Moreno recibe fondos de recibe fondos de MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE, para financiar el proyecto investigador PID2021-124011NB-I00 del que forma parte este trabajo

PATRICIA ROBLEDO RAMÓN recibe fondos de MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE, para financiar el proyecto investigador PID2021-124011NB-I00 del que forma parte este trabajo.

ref. De la lista de la compra a un ‘whatsapp’ a los abuelos: cómo mejorar la escritura de los más pequeños en casa – https://theconversation.com/de-la-lista-de-la-compra-a-un-whatsapp-a-los-abuelos-como-mejorar-la-escritura-de-los-mas-pequenos-en-casa-271961

El Gobierno español regula el ‘true crime’: ¿protección a las víctimas o recortes a los creadores?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Sánchez Esparza, Periodista y docente, Universidad Rey Juan Carlos

Fotograma de la serie _Las cintas de Rosa Peral_. Netflix

El Gobierno de España ha aprobado en primera vuelta un anteproyecto de ley sobre derecho al honor y a la intimidad personal que, entre otras cuestiones, pretende regular los true crime para proteger a las víctimas.

Esta iniciativa presenta una doble cara. Por una parte, facilita que las personas que han sufrido un delito puedan actuar contra las series que atenten contra su honor o su intimidad. Por otra, ¿puede un gobierno controlar las historias que producen los medios? ¿Hasta qué punto puede limitar los derechos de creadores y productores de contenidos? ¿Dónde está el equilibrio?

Los derechos al honor, la intimidad y la propia imagen ya estaban protegidos en el artículo 18.1 de la Constitución española, y su ejercicio estaba articulado en el ámbito civil mediante la Ley orgánica 1/1982, que ahora será derogada por obsoleta.

El contexto digital ha generado situaciones inimaginables en la España de los años 80, como la aparición de imágenes generadas gracias a la inteligencia artificial generativa, la “resurrección” de personas gracias al clonado de sus voces o imágenes, los deepfakes o el consumo masivo de determinados contenidos a través de las plataformas.

La nueva norma, que afronta ahora el trámite de exposición pública, se propone proteger el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen de las personas, al igual que lo hacía la ley de mayo de 1982. Por ello detalla en su artículo 7.1 toda una lista de conductas que lesionarían estos derechos.

Obstáculos al lucro del delincuente

Entre esas conductas figura que alguien que ha sido condenado aproveche su delito de alguna manera a través del true crime para obtener lucro o notoriedad pública, dañando así de nuevo a la víctima. Es decir, la nueva ley quiere poner obstáculos firmes a la tendencia, cada vez más extendida, de dar voz al criminal para narrar las historias que alimentan el género, cuyo consumo se ha disparado en las últimas décadas.

El true crime se ha convertido en un fenómeno de masas, y también en un campo de experimentación para la construcción de versiones y relatos alternativos en torno a crímenes y escándalos, donde cada vez es más frecuente encontrarse con acusados y condenados que tratan de empatizar con la audiencia.

El Rey del Cachopo o Las cintas de Rosa Peral son ejemplos de producciones españolas donde dos personas enjuiciadas y condenadas por asesinatos atroces aparecen ante la cámara ofreciendo su propia versión y mostrando emociones y aspectos de su vida personal con el fin de cambiar la percepción social sobre lo acontecido.

El caso de Daniel Sancho, condenado a prisión en Tailandia por el asesinato de un cirujano, o el de Ana Julia Quedaza, en prisión por el asesinato del pequeño Gabriel Cruz en Almería, revelan que el riesgo de que asesinos convictos se lucren gracias a sus crímenes es algo completamente real.

En EE. UU., un caso parecido lo protagonizó O.J. Simpson, cuando trató de publicar If I Did It, un relato sobre cómo habrían sido los asesinatos si él los hubiera cometido. La justicia paralizó inicialmente el libro y sentenció que los beneficios de la obra fuesen a parar a las víctimas.

En un artículo anterior expusimos los resultados de una investigación sobre cómo la presencia de acusados en el true crime en calidad de narradores altera por completo el enfoque judicial o policial previo y blanquea significativamente la actuación del criminal. Como se ha señalado con acierto, “la historia de Caperucita cambia por completo cuando el narrador es el lobo”.

Y esto es lo que está empezando a pasar en el true crime, con un notable daño sobrevenido a las víctimas. Para evitar esta nueva revictimización de las personas afectadas surge precisamente este intento de regular estas producciones audiovisuales.

Entre los dilemas éticos que suscita el género del true crime, el más grave es sin duda que el criminal se beneficie económica o reputacionalmente de la explotación mediática de su historia, que obtenga un lucro y que el mal se convierta de algún modo en un activo rentable.

Así se regula en EE.UU. y en Reino Unido

De nuevo en Estados Unidos, para hacer frente a ese dilema se aprobaron las Son of Sam Laws –Leyes del Hijo de Sam–, leyes que impiden que el criminal obtenga beneficios de su crimen. Y en el Reino Unido, en 2022 se aprobaron los Proceeds of Crime Act (POCA), que permiten la confiscación de cualquier ganancia obtenida como consecuencia de un delito, aplicando la filosofía de “el crimen no paga”.

En este marco, el Gobierno español sigue la estela de otros países en los que se ha determinado que quienes deben ser compensadas por el daño son las víctimas, y no los delincuentes.

Sin embargo, la nueva ley habilita a cualquier persona que se sienta afectada o lesionada por el relato de una historia a reclamar ante la justicia, colocando a los creadores en una posición de vulnerabilidad. ¿Es posible coartar la libertad de expresión y creación de las productoras con este instrumento legal que puede limitar o condicionar su trabajo? Regular un comportamiento lesivo no debe servir para asfixiar el derecho a la información.

En este sentido, el anteproyecto permite a quienes reclaman la vulneración de su derecho al honor y a la intimidad moverse en una zona de ambigüedad que podría fácilmente derivar en autocensura o, peor aún, atar las manos a los profesionales que se dedican a estas producciones.

Habrá que ver si, finalmente, la nueva ley completa su recorrido parlamentario y entra en vigor tal y como está redactada. Habrá que observar cómo se aplica en los órganos judiciales. La necesaria tutela y protección a las víctimas debería servir para potenciar un true crime ético y responsable, pero nunca para cercenar el interés público.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El Gobierno español regula el ‘true crime’: ¿protección a las víctimas o recortes a los creadores? – https://theconversation.com/el-gobierno-espanol-regula-el-true-crime-proteccion-a-las-victimas-o-recortes-a-los-creadores-273544

Las doce razones por las que no funciona el reciclaje de plástico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Diaz Marcos, Profesor departamento materiales y microscopista , Universitat de Barcelona

PhotoByToR/Shutterstock

Como buenos ciudadanos, vamos llenando con disciplina el recipiente amarillo que nos proporciona nuestra ciudad con envases, bandejas, botellas, films… Cada semana parece llenarse más rápido. Y, tarde o temprano, aparece la duda incómoda: ¿sirve realmente de algo todo este esfuerzo?

Seguramente hasta muchos nos hayamos respondido con una mezcla de escepticismo y resignación “que seguramente no”. Esta sensación es cada vez más común, y los datos no ayudan a disiparla. En Europa apenas se recicla alrededor del 15 % de los plásticos, y en Estados Unidos la cifra cae hasta el 9 %. El resto acaba incinerado, enterrado o, en el peor de los casos, disperso en el medio ambiente.

La pregunta, por tanto, no es si el reciclaje del plástico tiene problemas sino por qué está fallando un sistema en el que llevamos décadas confiando.

El problema empieza antes de tirar el envase

Para entender qué falla, conviene retroceder un paso y observar cómo usamos el plástico. Aproximadamente la mitad de todos los plásticos se destina a productos de un solo uso: envases, embalajes, bolsas o películas agrícolas. Entre un 20 % y un 25 % se emplea en aplicaciones de larga duración —tuberías, cables, materiales de construcción—, y el resto corresponde a bienes de consumo con una vida útil intermedia, como vehículos, muebles o aparatos electrónicos.

En la Unión Europea, los residuos plásticos posconsumo alcanzaron ya 24,6 millones de toneladas en 2007, y la cifra no ha dejado de crecer. El embalaje sigue siendo la principal fuente, pero otras corrientes —como los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos o los vehículos fuera de uso— ganan peso a gran velocidad.

Con este contexto, el reciclaje no falla por una única razón. Falla por muchas. Y casi todas están conectadas.




Leer más:
¿Qué hacemos con los plásticos?


Doce razones por las que el reciclaje del plástico falla

1. Plantas de reciclaje poco eficientes

Durante procesos clave, como el lavado, se pierden fragmentos de plástico en forma de microplásticos. El propio sistema genera residuos. Repensar el diseño y funcionamiento de estas plantas es urgente.

2. El plástico reciclado es caro
Actualmente, producir plástico virgen suele ser más barato que reciclarlo. Sin incentivos fiscales, impuestos al material virgen o compras públicas verdes, el mercado seguirá eligiendo la opción más barata.

3. Calidad insuficiente del material reciclado
La degradación del polímero limita su reutilización. Invertir en nuevas tecnologías de clasificación, lavado y regranulado es clave para cerrar el círculo.

4. Sistemas de recogida ineficientes
Las pérdidas y la contaminación comienzan en el origen. Optimizar la recogida —contenedores, logística, incentivos— es tan importante como la tecnología industrial.

5. Falta de profesionalización del sector
La recogida y clasificación de residuos sigue siendo, en muchos lugares, un trabajo precario e invisible. Formación, estabilidad laboral y reconocimiento no son solo una cuestión social, sino también de eficiencia.

6. Exposición de los trabajadores a contaminantes
Quienes trabajan con residuos plásticos están demasiado expuestos a sustancias nocivas. Resolverlo no es opcional: es una cuestión de salud pública.

7. Exportar el problema no lo hace desaparecer
Durante años, los países ricos han enviado residuos a países con menor capacidad de gestión ambiental. Además de injusto, es miope: los impactos ambientales no conocen fronteras.

8. Mala gestión de los distintos tipos de plástico
Mezclar polímeros incompatibles reduce drásticamente la calidad del reciclado. La separación precisa es un cuello de botella crítico.

9. Políticas demasiado genéricas
No existen soluciones universales. Las políticas de reciclaje deben adaptarse a contextos locales, infraestructuras y hábitos de consumo.

10. Productos diseñados para no reciclarse
Las multicapas, mezclas de polímeros, adhesivos complejos o el plástico negro son algunos ejemplos. Aunque existen siete grandes familias de plásticos, en la práctica solo el PET y el HDPE se reciclan de forma habitual. El resto acaba, en su mayoría, incinerado o en vertedero.

11. El papel del ciudadano importa, pero no basta
Separar bien, limpiar envases y entender los símbolos de reciclaje ayuda, pero no puede ser la única estrategia. Cargar toda la responsabilidad sobre el consumidor es injusto e ineficaz.

12. No todo lo que entra en la planta puede reciclarse
Impurezas como restos de comida, humedad, papel, textiles, metales o mezclas de polímeros reducen drásticamente el rendimiento. La cantidad que entra siempre supera a la que sale convertida en nuevo material. Un símil doméstico lo explica bien: hacer una tortilla de patatas implica residuos inevitables, como pieles o cáscaras. En el reciclaje ocurre lo mismo, solo que a escala industrial.




Leer más:
¿Por qué no se reciclan más plásticos? Una cuestión de rentabilidad


Un reto colectivo, no una solución mágica

No existe una varita mágica para eliminar todo el plástico del planeta. Pero sí existe conocimiento suficiente para hacerlo mucho mejor de lo que lo hacemos hoy. El reciclaje no es una panacea. Es una pieza —importante, pero incompleta— dentro de un enfoque más amplio que incluye reducción, reutilización, ecodiseño y economía circular. La pregunta ya no es si sabemos qué hacer sino por qué seguimos sin hacerlo.

La tecnología avanza. Los diagnósticos están claros. Lo que falta, quizá, no es innovación, sino decisión colectiva para pasar de las palabras a la acción.

The Conversation

Jordi Diaz Marcos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las doce razones por las que no funciona el reciclaje de plástico – https://theconversation.com/las-doce-razones-por-las-que-no-funciona-el-reciclaje-de-plastico-274730