La península ibérica también está en riesgo de sufrir terremotos, lo que no sabemos es cuándo ocurrirán

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Patricio Venegas Aravena, Profesor e investigador de física aplicada, Universidad Loyola Andalucía

Derribo de un edificio tras el terremoto que sacudió Lorca (Murcia) en 2011. Wikimedia Commons, CC BY

Cuando los científicos hablan de terremotos, suelen usar dos palabras que el público confunde con frecuencia: peligro y riesgo. El peligro sísmico describe la probabilidad de que el suelo alcance determinados niveles de sacudida en un lugar, mientras que el riesgo sísmico es la probabilidad de que ese peligro cause daños a personas o infraestructuras.

Con esta distinción observemos los mapas de peligro sísmico europeo. El modelo de referencia actual ESHM20 (European Seismic Hazard Model 2020) fue desarrollado por un amplio consorcio de instituciones del continente. Los tonos rojizos se concentran en el sur: Italia, Grecia y Turquía. Intuitivamente, interpretamos que estos son los lugares más peligrosos de Europa. Hasta cierto punto, esa interpretación es correcta, pero oculta una contradicción que merece una reflexión más detenida.

El mayor terremoto de Europa ocurrió en Portugal

Si grandes terremotos tienen potencial de generar más daño a una misma distancia, cabría esperar que el mayor registrado en Europa se hubiera producido en Grecia, Italia o Turquía. Sin embargo, el más grande del que tenemos constancia ocurrió el 1 de noviembre de 1755 frente a las costas atlánticas de la península ibérica. Con una magnitud cercana a 9 Mw (escala de movimiento sísmico), se conoce como el Gran Terremoto de Lisboa y probablemente se cobró la vida de 100 000 personas. Puesto en perspectiva, la península ibérica puede producir terremotos equivalentes a unas 600 millones de bombas atómicas como la lanzada sobre Hiroshima.

Podemos entender este seísmo contrastándolo con eventos más recientes. Fue similar en magnitud al de Tohoku-oki de 2011 en Japón, el cuarto más grande registrado con instrumentos modernos. A pesar de toda la tecnología antisísmica japonesa, generó daños directos de unos 185 000 millones de dólares y fue el desastre socio-natural más costoso de la historia. Se cobró más de 15 000 vidas y desplazó a cientos de miles de personas. Además, provocó el conocido accidente en la central nuclear de Fukushima Daiichi debido a la fuga de material radiactivo. Clasificado con el máximo nivel de gravedad, igualó al desastre de Chernóbil. Claramente, las consecuencias por terremotos pueden abarcar múltiples áreas.

Grabado de 1755 mostrando las ruinas de la ciudad en llamas y un maremoto arrollando los barcos del puerto.
Wikimedia Commons.

Lo que la ciencia nos dice

Estudios en el suroeste de España han identificado varios eventos grandes previos a 1755, incluidos en la época romana, lo que habla de una zona con largos registros de actividad sísmica. Para entender la distribución temporal de los terremotos se habla del “tiempo de recurrencia”: indica el lapso medio entre terremotos de magnitud similar en un mismo lugar, relacionado con la acumulación de energía a lo largo del tiempo.

Estimaciones sugieren recurrencias de mil años en la zona ibérica. Es decir, que faltarían más de 700 años para que pueda ocurrir de nuevo un terremoto de similar al de Lisboa. Sin embargo, en los mil años previos al terremoto de la capital portuguesa hay registro histórico de, al menos, cuatro eventos significativos en la región (en 881, 1048, 1356 y 1531). Luego no es seguro pensar que el siguiente gran terremoto ocurra dentro de varios siglos.

Importan el cuándo… y el dónde

A las personas le interesa saber cuándo experimentarán un terremoto destructivo, no si la fuente del mismo coincide en el espacio con eventos pasados. Un ejercicio útil consiste en tomar el intervalo medio observado entre terremotos. Por ejemplo, en Chile la recurrencia de grandes terremotos puede ser de 300 años. No obstante, seísmos en zonas contiguas pueden estar separados por solo 12-15 años.

Para el caso ibérico, este tiempo es aproximadamente de 220 años. Resulta llamativo que, desde 1755, haya transcurrido un tiempo comparable e, incluso, superior.

Suele considerarse el terremoto del 28 de febrero de 1969 (7.9 Mw), originado en el sudoeste de Portugal, como aquel evento “faltante”, pero su energía liberada fue 45 veces menor a la de Lisboa, una pequeña fracción. Además, ambos eventos ocurrieron cerca uno del otro. Si un lugar es capaz de generar eventos de en torno a 9 Mw, el terremoto de 1969 no tuvo tiempo suficiente de acumular una cantidad significativa de energía. No hay que descartar que el siguiente puede seguir esperándonos.

El fantasma de L’Aquila

Antes del terremoto de L’Aquila (Italia), sucedido en 2009, tuvo lugar una serie de temblores menores. Ante esto, unos pocos técnicos alertaban de un gran seísmo inminente, mientras muchos otros expertos pedían cautela. Sin embargo, algunas autoridades “tranquilizaban” a la desconcertada ciudadanía bromeando con “tomar vino” para relajarse. Lamentablemente, días después se produjo el terremoto principal, donde murieron más de 300 personas.

El terremoto de L’Aquila de 2009 fue un sismo de magnitud 6,3 en la escala sismológica registrado el día 6 de abril de 2009 en la zona central de la península itálica.
CC BY-SA

Estos hechos generaron un debate: ¿cómo comunicar riesgos inciertos pero potencialmente devastadores? La lección de desastres como L’Aquila o Tohoku es clara: la ausencia de certeza no justifica ignorar los escenarios extremos. Aunque sean poco probables, sus consecuencias pueden ser tan graves que merece la pena estar preparados para ellos.

Riesgos sísmicos en lugares como Sevilla

Aunque los modelos incorporan información histórica, la incertidumbre previa a los grandes terremotos genera dudas en la estimación del peligro sísmico ibérico.

El escenario empeora si consideramos zonas como Sevilla. En estos lugares, el terreno amplifica las ondas sísmicas, aumentando el potencial daño. Con peligros sísmicos potencialmente subestimados, es probable que la normativa de construcción vigente también esté afectada. Contemplar explícitamente terremotos del tamaño del ocurrido en 1755 cada pocos siglos cambiaría drásticamente el color del mapa del ESHM20 en la península ibérica.

Actualmente, la comunidad científica conoce la existencia de este riesgo. Entonces, ¿por qué terremotos como el de Lisboa siguen siendo tratados como excepciones históricas? Quizás para no enfrentarnos a una realidad incómoda. Ninguna persona actual vivió aquella catástrofe; asumimos que es una curiosidad inofensiva y que no nos alcanzará. Pero la evidencia muestra que este tipo de eventos podrían ser mucho más recurrentes de lo que pensamos. La cuestión es si estamos preparados para cuando se repitan.

The Conversation

Patricio Venegas Aravena no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La península ibérica también está en riesgo de sufrir terremotos, lo que no sabemos es cuándo ocurrirán – https://theconversation.com/la-peninsula-iberica-tambien-esta-en-riesgo-de-sufrir-terremotos-lo-que-no-sabemos-es-cuando-ocurriran-285099

La curiosidad no envejece y la ciencia no debería ignorarlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Delfina Roca Marín, Profesora de Comunicación y coordinadora de Divulgación Científica de la Universidad de Murcia, Universidad de Murcia

MAYA LAB/Shutterstock

En Una historia verdadera (David Lynch, 1999), Alvin Straight atraviesa más de quinientos kilómetros subido a un viejo cortacésped para reconciliarse con su hermano enfermo. La imagen resulta casi absurda al principio. Un hombre anciano, con movilidad reducida y la vista deteriorada avanza lentamente por carreteras infinitas mientras el mundo entero parece moverse a otra velocidad.

Lynch convierte esa lentitud en una forma de conocimiento. A cada parada, Alvin habla poco y escucha mucho. Cuando lo hace, sus palabras tienen el peso de los años. En ellas, la guerra, la familia, la culpa y la pérdida encuentran su lugar. Sencillamente, ha vivido mucho.

Ahí se revela una de las grandes cegueras de nuestra época, en la que confundimos rapidez con inteligencia y juventud con capacidad de aprender. Mientras la sociedad celebra la velocidad, las personas mayores siguen caminando con algo mucho más difícil de adquirir: la perspectiva.

Leonard Cohen escribió en su canción Anthem que “there is a crack in everything, that’s how the light gets in” –en todo existe una fractura, así es cómo penetra la luz–. La vejez también está llena de grietas y, sin embargo, a menudo olvidamos que es en esta etapa donde más vivencias y sabiduría se acumulan.

La edad, lejos de restar valor, se convierte en uno de los lugares donde el conocimiento adquiere más sustancia. ¿Por qué seguimos entonces construyendo buena parte de nuestras actividades culturales, educativas y científicas como si la curiosidad tuviera fecha de caducidad?

Aprendizaje durante toda la vida

El envejecimiento poblacional es uno de los grandes fenómenos estructurales del siglo XXI. La Organización Mundial de la Salud estima que, para 2050, más de una quinta parte de la población mundial superará los 60 años.

Sin embargo, esta nueva realidad convive todavía con una interpretación de la vejez asociada a la dependencia, el deterioro y la pasividad. Bajo el término edadismo se agrupan los estereotipos, prejuicios y prácticas discriminatorias basadas en la edad. Estas representaciones no solo afectan a la percepción social de este colectivo; condicionan también las oportunidades que se les ofrecen para participar en la cultura, el aprendizaje o la generación de saberes.

En este contexto, el paradigma del lifelong learning –aprendizaje durante toda la vida– adquiere una relevancia especial al postular que la formación no pertenece a una etapa concreta de la vida, sino que debe acompañarnos siempre. Garantizar oportunidades formativas en todas las edades no solo refuerza la autonomía y favorece la inclusión social, sino que ayuda a mantener viva la actividad intelectual.

¿Dónde queda la ciencia para mayores?

Durante décadas, la comunicación pública de la ciencia ha invertido enormes esfuerzos en escolares, jóvenes y familias. Museos, festivales y talleres científicos se diseñan mayoritariamente para ellos. Mientras tanto, las personas mayores apenas aparecen como público prioritario de estas actividades, a pesar de ser uno de los colectivos con mayor tiempo y disposición al diálogo.

Precisamente por su carácter de aprendizaje no formal, la divulgación científica podría ocupar un lugar central en la vida cultural de la población mayor, con espacios para actualizar conocimientos, sostener la curiosidad y fortalecer el vínculo con la ciudadanía.

Ahora bien, cuando la ciencia se dirige a las generaciones de mayores, suele arrastrar una forma de infantilización sutil que pasa desapercibida. El término elderspeak define ese lenguaje excesivamente simplificado, sobreexplicativo o paternalista que se utiliza con las personas mayores, incluso de forma inconsciente. Se manifiesta en gestos cotidianos, como bajar la voz innecesariamente, abusar de diminutivos, explicar obviedades o asumir limitaciones cognitivas que no existen. Este tipo de habla deteriora la autoestima y empobrece la calidad de la comunicación.

Este fenómeno pone de manifiesto un error de fondo: hacer accesible el conocimiento no significa simplificarlo hasta vaciarlo de sentido. Significa construir lo que la teoría de la comunicación denomina horizontalidad comunicativa, una relación basada en la reciprocidad, el respeto y el reconocimiento mutuo.

Y es aquí donde la paradoja se hace evidente. Pocos grupos sociales han acumulado tanta memoria del cambio como las actuales generaciones mayores. Han visto cómo la ciencia alargaba la vida con antibióticos, cómo la televisión transformaba los salones, cómo el ser humano llegaba a la Luna, cómo internet comprimía el mundo y cómo la inteligencia artificial empieza ahora a reescribirlo.

En una época dominada por pantallas, algoritmos y flujos constantes de datos, el colectivo de personas mayores está en una posición privilegiada para recordarnos que conocer no consiste únicamente en coleccionar información, sino en otorgarle sentido.

La Tercera Ciencia: práctica e investigación

La Tercera Ciencia, un proyecto de las universidades de Murcia y Valencia, lanza una propuesta singular. No solo divulga ciencia con personas mayores; investiga cómo se relacionan con ella. Es, a la vez, práctica e investigación.

La iniciativa reunió a 150 personas de 65 años en dos macroeventos celebrados en Murcia y Valencia, donde convivieron cuatro monólogos científicos centrados en neurociencia, envejecimiento saludable, sueño y alimentación, junto a cuestionarios secuenciales y once grupos focales simultáneos. El diseño metodológico combinó herramientas cuantitativas y cualitativas para observar no solo cuánto comprendían, sino cómo interpretaban, relacionaban y daban sentido a lo escuchado.

Los resultados son reveladores porque cuestionan numerosos prejuicios. Lejos de confirmar los estereotipos, muestran altos niveles de interés por la ciencia, una fuerte percepción de utilidad práctica y una clara demanda de actividades específicamente pensadas para ellos.

Las personas mayores valoran especialmente la cercanía, la posibilidad de intervenir y el lenguaje claro, pero no simplista. No quieren ser espectadores. Quieren ser interlocutores. Y eso cambia todo.

Porque, como explica la teoría de la apropiación social del conocimiento, la ciudadanía no incorpora la ciencia únicamente recibiendo información, sino integrándola en su experiencia, reinterpretándola y poniéndola en diálogo con su vida cotidiana.

Lo que sabe el tiempo

En el poema Ítaca, Konstantínos Cavafis aconsejaba desear un camino largo, lleno de aventuras, conocimientos y descubrimientos. El viaje importa más que la llegada. Es quizá la vejez el tramo del camino desde el que mejor se entiende el paisaje.

Hoy vivimos rodeados de información, pero escasos de contexto. Obtenemos más datos y comprendemos menos relaciones. Consumimos titulares como quien bebe agua salada y descubre que, cuanto más bebe, más sed siente.

Tal vez por eso la ciencia necesita algo que la población mayor puede ofrecer con especial claridad. Ese conocimiento que no aparece en los manuales, pero que permite distinguir lo importante de lo urgente, lo nuevo de lo superficial y lo complejo de lo simplemente complicado.

Alvin Straight tampoco emprendió su viaje solo para llegar, sino para recorrerlo con todo lo que la vida le había enseñado. Ahí reside también el verdadero valor de la vejez: no en seguir acumulando respuestas, sino en saber qué preguntas importan y en aportar esa mirada imprescindible a una conversación científica que necesita de su experiencia para entender mejor el mundo que intenta explicar.

The Conversation

Delfina Roca Marín ha recibido financiación para el proyecto La Tercera Ciencia de la Fundación Española para la Ciencia y la tecnología (FECYT) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Soledat Rubio Candel ha recibido financiación para el proyecto La Tercera Ciencia de la Fundación Española para la Ciencia y la tecnología (FECYT) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

– ref. La curiosidad no envejece y la ciencia no debería ignorarlo – https://theconversation.com/la-curiosidad-no-envejece-y-la-ciencia-no-deberia-ignorarlo-285950

Ya no habrá veranos sin olas de calor en gran parte de Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Martín Vide, Catedrático de Geografía Física, Universitat de Barcelona

Plaza Szent Gellért, en Budapest (Hungría), a 21 de junio de 2016. Csikiphoto/Shutterstock

Las olas de calor, como las que están afectando a muchos países en junio de 2026, constituyen el riesgo meteorológico más importante que está padeciendo el continente europeo en las primeras décadas del siglo XXI. Al aumento de la temperatura media global del aire se une ahora la ocurrencia, año tras año, de estos fenómenos. Todo ello a causa del cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.

Olas de calor más frecuentes, intensas y duraderas

Siempre ha habido olas de calor en Europa y en buena parte del planeta, pero ahora hay que añadir que en el presente siglo ha aumentado su frecuencia, su intensidad y su duración. Con cualquier criterio que se use para la definición de ola de calor, este riesgo ha duplicado por lo menos su ocurrencia en el primer cuarto del siglo XXI respecto al último cuarto del siglo XX.

Su severidad o intensidad también ha aumentado, algo que queda evidenciado en el gran número de temperaturas máximas que se han batido en los últimos años en casi todos los países europeos. Los 40 ºC ya no son exclusivos de la Europa mediterránea, sino que han llegado a París, al sur de Inglaterra, al norte de Alemania y a otros países europeos de clima no mediterráneo.

La temperatura máxima registrada en Francia alcanzó los 46 ºC en Vérargues, Hérault, durante la ola de calor de junio de 2019. En Inglaterra se llegó a superar los 40 ºC durante la ola de calor de julio de 2022, en Coningsby, Lincolnshire. Una ciudad alemana tan septentrional como Hamburgo llegó a 40,1 ºC durante la misma ola de calor. El récord europeo de temperatura máxima es 48,8 ºC en Siracusa (Sicilia, Italia), el 11 de agosto de 2021.

En España la temperatura más elevada ha sido de 47,6 ºC, registrados en La Rambla (Córdoba) durante el mismo gran episodio de calor, el 14 de agosto de 2021. Todos estos son registros acaecidos en el siglo XXI, determinados a partir de series climática largas e incluso seculares.

Gráfico que muestra un aumento de la temperatura global desde 1850 a 2026
Aumento de la temperatura media global del océano y la superficie terrestre para el mes de mayo desde 1850.
NOAA, CC BY-SA

También ha aumentado la duración de las olas de calor, es decir, el número total de días en que se superan los criterios que las definen. El exceso de calor es ahora más persistente que en el siglo pasado.

Además, las olas de calor en el siglo XXI son más tempranas en el calendario que en el siglo XX. Ya ha habido días de mayo en los últimos años, como en el actual 2026, en que el calor ha sido considerable. En el mes de junio ya no son raras las olas de calor, como la de la segunda quincena de junio de 2026, con valores de temperatura muy altos también de noche, o como en junio de 2019.

Este hecho del adelanto del verano y sus olas de calor ha interferido de forma grave en el calendario escolar. En España, en particular, en el último mes del curso escolar, desde finales de mayo a finales de junio, la temperatura en el interior de las aulas sobrepasa a menudo los valores del necesario confort que requiere el aprendizaje y el estudio de los niños y los jóvenes. Lo mismo ocurre al inicio del curso en septiembre, con veranos que se alargan. Está cambiando el calendario climático y esto interfiere en muchas actividades, no solo en las agrarias.

Impacto en el bienestar de los ciudadanos

Así, las olas de calor tienen un impacto notable en la vida y en la economía de muchos ciudadanos europeos, incluyendo un aumento de la morbilidad y la mortalidad. La grave ola de calor de 2003, poco después de arrancar el siglo XXI, produjo unas 70 000 muertes en Europa. Particularmente, Italia, con 20 000; Francia, con unos 15 000; España, con cerca de 12 000, y Alemania, con más de 9 000, fueron los países con un mayor número de víctimas humanas.

El exceso de calor en el norte de Francia y en otros países del centro y norte de Europa evidenció la vulnerabilidad y la exposición de muchos de sus ciudadanos a unas condiciones de calor desconocidas. Poco habituados a este exceso, sin apenas viviendas, ni servicios y espacios públicos con aire acondicionado, como los hospitales, se encontraron indefensos ante el súbito aumento térmico.

Aquella ola de calor de 2003 pilló desprevenidos a los habitantes y a las autoridades de estos países, con una escasa preparación para reaccionar ante un peligro prácticamente desconocido en el norte del continente y más virulento que de costumbre en el sur.

Diferencia en las temperaturas diurnas de la superficie terrestre registradas en julio del 2001 y en el mismo mes de 2003 por el satélite Terra de la NASA.
Cortesía de Reto Stockli y Robert Simmon, basada en datos facilitados por el equipo de Ciencias Terrestres del MODIS

Los valores de temperatura máxima son siempre muy llamativos, pero las temperaturas mínimas elevadas pueden tener también un efecto negativo en la salud humana. La imposibilidad del descanso nocturno reparador altera la salud de las personas de edad avanzada, las más vulnerables, sobre todo si padecen enfermedades crónicas.

Las condiciones de pobreza energética, sin aire acondicionado, de algunos ancianos agravan aún más la situación. Sometidos a estas condiciones, nuestros mayores se debilitan, aumentando los ingresos hospitalarios y, desgraciadamente, la mortalidad. Es ya un problema de salud pública en algunos países.




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¿Qué podemos esperar para los próximos años en Europa?

Sin duda, la temperatura media seguirá aumentando en todo el planeta y en el continente europeo, donde ya lo está haciendo a mayor ritmo que en otros continentes.

Asociado a ello, las olas de calor serán un elemento habitual de todos los veranos. En consecuencia, se impone la necesidad de primar la adaptación a los episodios de altas temperaturas, más incluso en los países del centro y norte de Europa, menos “aclimatados” al calor, que los del sur.

Todos los hospitales, si se excluyen los de latitudes altas, deberán disponer de climatización frente al calor. Las ciudades deben crear redes de refugios climáticos, y las urbes mediterráneas deben reverdecerse, con más parques, jardines, ejes verdes, etc. Además, los tejados y terrados han de ser más frescos, reflectantes y verdes, para disminuir la absorción de radiación solar durante el día.




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Los pueblos blancos del sur de España son un buen ejemplo de arquitectura tradicional que minimiza la absorción de radiación solar. Las calles más concurridas de las ciudades deben sombrearse con toldos en los días de verano. Los suelos duros deben permeabilizarse, para que el agua de lluvia o de riego los empape y, al evaporarse, se refresquen por la pérdida de calor latente o de evaporación.

En resumen, Europa debe prepararse para afrontar temperaturas cada vez más elevadas.

The Conversation

Javier Martín Vide no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Ya no habrá veranos sin olas de calor en gran parte de Europa – https://theconversation.com/ya-no-habra-veranos-sin-olas-de-calor-en-gran-parte-de-europa-286166

El Tratado de Versalles, Keynes y las reparaciones alemanas tras la Gran Guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Ramos-Palencia, Profesor Titular de Historia Económica, Universidad Pablo de Olavide

Manifestación masiva frente al Reichstag berlinés en protesta contra la aprobación del Tratado de Versalles (15 de mayo de 1919). Wikimedia Commons, CC BY

Acabada la Primera Guerra Mundial, también conocida como la Gran Guerra, la Conferencia de París reunió en enero de 1919 a las potencias aliadas –Estados Unidos, Francia, Reino Unido e Italia– para acordar las condiciones de paz con los países derrotados: Alemania, el Imperio otomano, Bulgaria y, en representación del extinto Imperio austrohúngaro, Austria y Hungría.

Con la firma del Tratado de Versalles se establecieron las nuevas fronteras de Alemania y las compensaciones económicas a las que debía hacer frente: el artículo 231 del Tratado declaró a este país y a sus aliados como únicos responsables de la guerra.

Pagos de deuda

Alemania fue condenada a pagar reparaciones de guerra, principalmente a Francia y Reino Unido, por valor de 226 000 millones de marcos. Mientras, entre 1924 y 1929, la República de Weimar se mantuvo casi exclusivamente con los préstamos estadounidenses –más de un billón de dólares–, destinados, en parte, a pagar dichas indemnizaciones.

Con el desplome bursátil de 1929, la situación del país se hizo insostenible y fue necesaria una renegociación de la deuda. Las políticas deflacionistas y de austeridad, destinadas a reducir el gasto público y contraer la oferta monetaria, resultaron un rotundo fracaso. En 1930, se aprobó el Plan Young, que redujo la deuda a la mitad (112 000 millones de marcos).

Dada la catastrófica situación de la economía mundial, entre 1931 y 1932 EE. UU. condonó las deudas de guerra a Francia y Reino Unido. Al mismo tiempo, estos países renunciaron a buena parte de la deuda alemana. De hecho, hacia 1932, Alemania consiguió una reducción neta de más del 98 % de las deudas reflejadas en el Tratado de Versalles.

Debate entre expertos

Según la comisión del Plan Dawes para la reestructuración de la deuda alemana impulsado por Estados Unidos, las reparaciones que debían pagar las autoridades del país debían hacer frente a dos problemas:

  1. El problema presupuestario, relativo a si Alemania podía reunir la cantidad de dinero reclamada.

  2. El problema de la transferencia, relativo a si era factible hacer llegar los pagos de deuda a los países vencedores de la guerra. Este originó un debate entre el economista sueco Bertil Ohlin, Premio Nobel de Economía 1977, y el británico John Maynard Keynes, figura clave del pensamiento económico del siglo XX.

Según Keynes, cumplir las deudas de guerra exigía a Alemania una fuerte deflación,
lo que llevaría aparejadas graves consecuencias políticas y sociales: más desempleo, desigualdad y pobreza, y, por tanto, más descontento social e inestabilidad política.

En cambio, Ohlin sostenía que no eran necesarias las políticas deflacionistas para asegurar las transferencias. La propia reducción de la capacidad económica de la población y el Estado alemán por los pagos de las reparaciones debía ser suficiente para sostener el flujo de dinero de Alemania a los países acreedores.




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El oro alemán

Las indemnizaciones y reparaciones de guerra exigían una gran cantidad de marcos alemanes que debían ser transferidos en moneda extranjera; por ejemplo, libras esterlinas o francos franceses. La cuestión es que, si el mercado de divisas se inundaba de marcos alemanes, estos se devaluaban y se necesitarían más marcos equivalentes a las libras o los francos. Este es el problema de transferencia al cual se refería Keynes. Según Ohlin, dicho problema no existía gracias a los préstamos estadounidenses. Hasta 1930, Alemania estuvo pagando las reparaciones de guerra con dinero prestado.

Los préstamos estadounidenses a Alemania tienen su origen, principalmente, en el oro de la propia Alemania, que había sido vendido, hipotecado y perdido durante el periodo de hiperinflación (1921-1923) y que acabó en manos de EE. UU., que lo enviaba de nuevo a Alemania a través del Plan Dawes.

Alemania remitía este dinero a Francia y a Gran Bretaña que, a su vez, lo enviaban a EE. UU. en pago por los préstamos recibidos durante la Primera Guerra Mundial. El ciclo se cerraba cuando Estados Unidos enviaba de nuevo a Berlín el oro alemán, ahora en forma de préstamos, añadiendo así una nueva carga de intereses a la deuda del país.

Recapitulando

En esta coyuntura, Hitler prometió estabilizar los precios y acabar con el desempleo, lo que convenció a un amplio porcentaje de la población. En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de abril de 1932, el militar y político Paul von Hindenburg obtuvo el 53 % de los votos, Hitler casi el 37 % y el comunista Ernst Thälmann poco más del 10 %.

En enero de 1933, el presidente Hindenburg nombró canciller a Hitler. En marzo, el partido nazi ganó las elecciones parlamentarias con prácticamente el 44 % de los votos. La muerte de Hindenburg, el 2 de agosto de 1934, posibilitó que Hitler asumiese la presidencia y la cancillería. Con esto, desaparecía la República de Weimar. En 1939, tras la invasión a Polonia y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Hitler suspendió unilateralmente todos los pagos.

Tal vez el Tratado de Versalles fuera una condición necesaria para el ascenso de Hitler, pero no la única en juego. Sobre todo si comparamos lo que supusieron las transferencias alemanas entre 1925 y 1932 (2,5 % del producto nacional bruto) con exigieron a los franceses tras la guerra franco-prusiana (5,6 %), lo que tuvo que pagar Finlandia a la URSS tras el armisticio de la guerra de Continuación (4 %) o las transferencias de la República Federal de Alemania a la RDA (4,25 %).

The Conversation

Fernando Ramos-Palencia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El Tratado de Versalles, Keynes y las reparaciones alemanas tras la Gran Guerra – https://theconversation.com/el-tratado-de-versalles-keynes-y-las-reparaciones-alemanas-tras-la-gran-guerra-272922

Cuando la tierra tiembla y la ciudad muestra sus grietas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Celia Herrera, Directora Centro de Investigación y Desarrollo de Ingeniería, Universidad Católica Andrés Bello

Servicios de emergencia trabajan en un edificio derrumbado de Caracas la noche del 24 de junio. mytaj1/Shutterstock

La tarde del 24 de junio, en Caracas, muchos sentimos primero un sacudón fuerte y, menos de un minuto después, otro todavía más intenso. En segundos, las llamadas y los mensajes se llenaron de gritos y de noticias de derrumbes de edificaciones en La Guaira y en varios puntos de la capital. Según confirmó la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), dos terremotos consecutivos, de magnitud 7,2 y 7,5 Mw, con epicentros en el estado Yaracuy y réplicas posteriores frente a las costas de La Guaira, sacudieron el norte del país y se convirtieron en el evento sísmico más fuerte en más de un siglo en Venezuela.

Doblete sísmico

Los sismólogos describen lo ocurrido como un “doblete sísmico”: dos terremotos grandes, con muy poca diferencia temporal y en el mismo sistema de fallas, algo distinto a la secuencia más habitual de un sismo principal seguido de réplicas menores.

El geólogo Feliciano De Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, ha señalado que este doblete recuerda, por la extensión de los daños, al sismo de 1812, del que las crónicas ya hablaban como un evento con “multifocos”. En sus declaraciones insiste en que se trata de una zona donde la falla es bastante lineal y “se produce una rotura en un tramo de la falla y de una vez se activa otro tramo de falla”, tal como en 1812.

Medios internacionales y el Servicio Geológico de Estados Unidos han señalado que entre ambos eventos transcurrieron apenas alrededor de 40 segundos, lo que los sitúa dentro de esa categoría de doblete y ayuda a explicar por qué el impacto fue tan severo en La Guaira y en el Área Metropolitana de Caracas.

Los balances oficiales y periodísticos coinciden en que el impacto del doble terremoto ha dejado un panorama grave, con pérdidas humanas, numerosos heridos y un conjunto amplio de edificaciones dañadas o colapsadas entre Caracas, La Guaira y otros estados de la franja central. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, declaró el estado de emergencia a escala nacional y calificó a La Guaira como “zona de desastre”, con derrumbes de edificaciones residenciales y comerciales y afectaciones significativas en el aeropuerto de Maiquetía y en otras infraestructuras críticas.

Las zonas más afectadas

La Guaira, una franja costera encajonada entre el mar y la montaña, ya había sido escenario de los corrimientos de tierra e inundaciones que protagonizaron la llamada tragedia de Vargas (1999), ampliamente documentada como resultado de la combinación de amenazas naturales y vulnerabilidades acumuladas. Diversos trabajos han mostrado que buena parte de las condiciones de vulnerabilidad identificadas entonces siguieron presentes, de modo que el doble terremoto de 2026 actuó sobre un territorio cuyo riesgo ya había sido señalado en estudios técnicos y académicos.

En Caracas, los daños se concentran en sectores de alta densidad de construcciones, donde colapsaron o quedaron muy afectados edificios residenciales y comerciales, mientras otros con mejor diseño o mantenimiento resistieron mejor la sacudida. La ciudad es una mezcla de obras que incorporaron aprendizajes del terremoto de 1967 –con mejores diseños y detalles sismorresistentes– con otro segmento que, por falta de recursos o de control, no cumple plenamente las exigencias actuales, especialmente en sectores populares y en barrios autoconstruidos en laderas apoyadas en taludes ya inestables.




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La lección de 1967

El comportamiento de muchas estructuras refleja también la valía de varias generaciones de ingenieros que supieron aprender del sismo de 1967. De aquella experiencia –recogida en el libro de acceso abierto El terremoto de Caracas de 1967: 50 años después– surgieron FUNVISIS y las primeras normativas sísmicas modernas del país. Aunque el parque construido es heterogéneo, buena parte de las obras diseñadas bajo esos criterios sigue en pie, lo que muestra que cuando se aplican estándares rigurosos la ciudad puede responder mejor ante eventos extremos.

Desde la ingeniería civil y urbana, este evento obliga a mirar más allá de la magnitud del sismo y preguntarse por la calidad real, el mantenimiento y las condiciones de uso de nuestras infraestructuras. Venezuela cuenta hoy con normas sismorresistentes actualizadas y con estudios de microzonificación sísmica, que identifican suelos con amplificación de ondas y efectos de sitio complejos. Sin embargo, en La Guaira y en Caracas, decisiones de construcción discutibles, ampliaciones informales y ausencia de programas sostenidos de mantenimiento han configurado un conjunto de edificios y una red vial que responden de manera muy desigual ante un sismo mayor.

Mapa de microzonificación sísmica de Caracas.
FUNVISIS

En el corto plazo, la prioridad es evaluar la seguridad de las edificaciones que siguen en pie y definir cuáles pueden ser reparadas, reforzadas o demolidas, empezando por hospitales, escuelas, puentes y otras infraestructuras críticas. A mediano plazo, el doble terremoto deja claro que reconstruir sin revisar a fondo las decisiones de construcción y de mantenimiento sería insistir en bases frágiles; alinear esas decisiones con la realidad sísmica del país es una condición mínima para reducir la vulnerabilidad futura.

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Celia Herrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuando la tierra tiembla y la ciudad muestra sus grietas – https://theconversation.com/cuando-la-tierra-tiembla-y-la-ciudad-muestra-sus-grietas-286267

El misterio del covid persistente: nuevas pistas para entender por qué no desaparecen los síntomas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Narcisa Martínez Quiles, Catedrática de Inmunología (UCM) y Especialista en Inmunología (Ministerio de Sanidad), Universidad Complutense de Madrid

Daisy Daisy/Shutterstock

Todos experimentamos un gran alivio cuando en mayo de 2023 la OMS declaró que la covid-19 dejaba de constituir una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional. Sin embargo, tres años después, un porcentaje de pacientes, que oscila entre un 10-20 %, continúan con síntomas: padecen el llamado covid persistente (long covid en inglés).

Aunque todavía no existe un biomarcador único ni una explicación universal para todos los pacientes, las investigaciones enfocadas en el sistema inmunitario están comenzando a revelar mecanismos que podrían contribuir a la persistencia de los síntomas. Pero antes aclaremos algunos aspectos.

¿Cuánto pueden durar los síntomas?

Actualmente se distinguen tres periodos de la enfermedad:

  • Covid agudo: se produce desde el diagnóstico de infección por el coronavirus SARS-CoV-2 hasta las cuatro semanas posteriores.

  • Periodo sintomático prolongado, que llegaría hasta los tres meses.

  • Síndrome post-covid: implica que los síntomas se prolongan más de tres meses, pudiendo durar hasta años. Esto es lo que llamamos covid persistente.

Afortunadamente, algunos pacientes en el último caso experimentan cierta mejoría transcurridos dos años desde la infección desencadenante, mientras que para otros la enfermedad continúa e incluso se agrava.

A pesar del creciente reconocimiento clínico, los mecanismos biológicos responsables de la persistencia de síntomas siguen siendo objeto de intenso escrutinio científico. Durante los últimos años, numerosos estudios han identificado alteraciones inmunológicas, lo que ha impulsado diversas hipótesis a cerca de los mecanismos subyacentes.

Entre ellas destacan la persistencia de antígenos virales (partes del virus que son identificadas como extrañas o peligrosas por el sistema imnune), activación inmunitaria crónica, autoinmunidad (cuando las defensas atacan por error a nuestras propias células, tejidos u órganos), disfunción vascular y, más recientemente, la llamada impronta inmunológica (immune imprinting en inglés), que explicaremos en detalle más adelante. Nuestro equipo ha investigado estos mecanismos, con los resultados que explicaremos a continuación.

Respuesta inmunitaria alterada

En primer lugar, diversos estudios indican que la respuesta productora de anticuerpos en personas con síndrome post-covid puede estar alterada. Concretamente, nuestras indagaciones han revelado que los pacientes presentan niveles más bajos de anticuerpos frente a la proteína Spike completa del coronavirus SARS-CoV-2 que individuos recuperados sin secuelas, mientras que los primeros responden bien a la región de unión al receptor (RBD). Recordemos que la proteína Spike es responsable de la entrada del patógeno a nuestras células mediante la interacción de RBD con la proteína ACE2.

Estos descubrimientos, lejos de constituir una explicación definitiva, encajan con algunas de las hipótesis más interesantes que actualmente se investigan para comprender la enfermedad.

Haber sufrido un resfriado común puede empeorar la respuesta al SARS-CoV-2

El término “impronta inmunológica” describe cómo las primeras exposiciones a determinados patógenos pueden influir en la respuesta frente a infecciones posteriores. Antes de la aparición del SARS-CoV-2, la mayoría de las personas ya había estado expuesta repetidamente a coronavirus estacionales responsables de resfriados comunes, tales como el HKU1. Estas infecciones generan memoria inmunológica que puede resultar beneficiosa porque proporciona cierto grado de inmunidad cruzada.

Sin embargo, también podría tener consecuencias menos favorables. Algunos investigadores proponen que, en determinadas circunstancias, el sistema inmunitario tiende a reutilizar respuestas previamente establecidas frente a esos coronavirus estacionales en lugar de generar una reacción óptima frente a nuevas regiones específicas del SARS-CoV-2.

Es decir, los niveles reducidos de anticuerpos anti-Spike observados en pacientes con covid persistente podrían reflejar una reacción inmunitaria condicionada por contactos previos con otros coronavirus humanos. Aunque esta hipótesis todavía requiere una mayor confirmación experimental, constituye un marco conceptual interesante para explicar por qué algunos individuos desarrollan respuestas de anticuerpos diferentes tras la infección o la vacunación.

Fragmentos del virus que se quedan a vivir en el organismo

Otra observación relevante de nuestro estudio es que los anticuerpos dirigidos a la proteína nucleocápside (N) del virus son fácilmente detectables en los pacientes con covid persistente. A diferencia de la proteína Spike, que es el principal objetivo de las vacunas actuales, la nucleocápside se expresa únicamente durante la infección. La presencia mantenida de anticuerpos frente a esa proteína ha sido interpretada por algunos autores como una posible señal indirecta de persistencia antigénica, es decir, de la existencia prolongada de proteínas o fragmentos virales en determinados tejidos de los pacientes.

De hecho, durante los últimos años se han acumulado evidencias de que componentes del SARS-CoV-2 pueden permanecer durante meses en órganos como el intestino, los ganglios linfáticos o determinados tejidos del sistema nervioso. Aunque esto no implica necesariamente la existencia de una infección activa, sí podría mantener una estimulación continua del sistema inmunitario. En consecuencia, la producción sostenida de anticuerpos frente a proteínas virales, como la citada nucleocápside, podría ser una manifestación de esa exposición antigénica prolongada.

Además, nuestra investigación detectó un aumento de los anticuerpos anti-nucleocápside cuando los pacientes experimentaban una reinfección en los últimos seis meses previos a la recogida de la muestra. Mientras tanto, los anticuerpos frente a la Spike completa no variaban, indicando un posible bloqueo selectivo.

Distintas respuestas defensivas

El estudio también destaca por describir diferencias en los niveles de la subclase de inmunoglobulinas –anticuerpos– del tipo G (IgG4) entre pacientes y personas sanas. Cada subclase de IgG (de IgG1 a IgG4) posee funciones biológicas diferentes. Mientras que IgG1 e IgG3 son especialmente eficaces para neutralizar patógenos y activar las funciones adecuadas de las células del sistema inmunitario, IgG4 se considera más reguladora, asociada a respuestas inflamatorias menos intensas y a fenómenos de tolerancia inmunológica.

Por ello, una respuesta dominada por IgG4 podría ser menos eficiente en la neutralización del virus, aunque potencialmente más adecuada para limitar procesos inflamatorios excesivos. En la actualidad no existe evidencia de que la elevación de IgG4 sea perjudicial ni de que cause covid persistente. Sin embargo, su aparición tras exposiciones repetidas al antígeno Spike ha despertado un gran interés porque podría reflejar mecanismos de adaptación del sistema inmunitario frente a una estimulación reiterada, como ocurre en la vacunación.

De hecho, el estudio de la producción de anticuerpos IgG4 constituye una de las áreas activas de investigación en el desarrollo de vacunas de nueva generación. Comprender qué tipos de anticuerpos proporcionan una protección más duradera y eficaz y cómo evitar respuestas excesivamente reguladoras cuando no son deseables representa uno de los desafíos de la vacunología actual.

En conjunto, los resultados de nuestro estudio refuerzan la idea de que el covid persistente no responde a un único mecanismo biológico. La interacción entre impronta inmunológica, persistencia antigénica y cambios cualitativos en la respuesta de anticuerpos podría contribuir a explicar parte de la heterogeneidad observada entre los pacientes.

Aunque todavía quedan muchas preguntas abiertas, la investigación comienza a dibujar un panorama complejo del estado del sistema inmunitario mucho tiempo después de la infección inicial por el SARS-CoV-2.

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Narcisa Martínez Quiles no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Las ondas sísmicas del terremoto de Venezuela han dado tres vueltas y media a la Tierra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Díaz Cusí, Investigador Científico. Sismologia experimental, Instituto de Geociencias de Barcelona (Geo3Bcn – CSIC)

Destrozos causados por los sismos en La Guaira, Venezuela. Mytaj1/Shutterstock

Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 han afectado este 24 de junio a Venezuela. Los sismos están relacionados con el desplazamiento lateral entre la placa tectónica el Caribe y la placa suramericana en lo que se denomina una falla de de cizalla: una fractura en la corteza terrestre donde dos bloques de roca se desplazan horizontalmente uno respecto al otro, en direcciones opuestas. Se estima que el movimiento relativo entre las placas es de unos 2 cm por año.

El doblete sísmico

Aunque es poco frecuente que se produzcan dos terremotos de gran magnitud con muy poco tiempo de diferencia, este fenómeno tiene una explicación geológica conocida.

Las fallas tectónicas no son superficies perfectamente lisas, sino que presentan zonas más resistentes llamadas asperidades, donde las rocas permanecen fuertemente bloqueadas y acumulan una gran cantidad de tensión. Cuando la falla comienza a romperse, una parte de esa energía se libera y genera un primer terremoto.

Sin embargo, si alguna asperidad importante resiste inicialmente la ruptura, la tensión puede seguir concentrándose en ella hasta que finalmente cede, provocando un segundo terremoto de gran magnitud. De este modo, la liberación de energía no ocurre en un único evento, sino en dos etapas sucesivas, separadas por un breve intervalo de tiempo.

De hecho, en la misma zona hubo un doblete de menor magnitud en 2025 con magnitud 6,2 y 6,3, respectivamente, y otro en 1812, similar al actual, con magnitudes estimadas de 7,1 y 7,4.

Siete terremotos de similar magnitud en 2025

La zona tiene una actividad sísmica continuada, aunque inferior a otras áreas, como la costa del Pacifico. Desde el 1900 se tiene noticia de un centenar de terremotos de magnitud igual o superior a 6 en la zona. El terremoto de mayor intensidad del que se tiene noticia ocurrió el 2 de octubre de 1900 frente a la costa de Caracas.

La magnitud del terremoto principal es alta, pero no excepcional. En 2025 hubo siete terremotos de magnitud igual o superior a 7.5 y en lo que llevamos de 2026, tres más.

Ambos eventos recuerdan al terremoto de Haití de 2010, ya que ambos se sitúan en los límites de la placa del Caribe; Haití al norte, Venezuela al Sur.

Detección en tiempo real

Como es habitual para eventos de esta magnitud, este terremoto se ha registrado en los sismómetros de todo el mundo.

En los equipos de banda ancha, capaces de registrar las ondas de superficie de periodo alto, detectamos movimiento durante más de una hora.

Las primeras ondas llegaron a nuestros sismógrafos, en Barcelona, a las 22:15:36 (UTC), unos quince minutos después de la ruptura. Posteriormente las ondas de superficie, de mayor amplitud, se registran durante más de dos horas.

La imagen muestra el registro en el sismómetro horizontal instalado en el GEO3BCN-CSIC
Registro sísmico del terremoto de Venezuela en el sismómetro analógico del GEO3BCN-CSIC.
Jordi Díaz

Una vuelta a la Tierra cada tres horas

Después de terremotos de gran magnitud, los sismómetros suelen registrar las ondas superficiales que circunvalan a la Tierra cada tres horas aproximadamente.

En esta figura que sigue a este párrafo vemos estas ondas tal y como se han registrado en algunas de las estaciones de la red sísmica de Cataluña, mantenida por el Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña.

Ondas sísmicas registradas en intervalos de unas tres horas
Las ondas de superficie que van dando vueltas a la Tierra y se registran a cada paso, en intervalos de unas tres horas.
Jordi Díaz

En la gráfica, R1 es la onda que viaja desde Venezuela a España por el Atlántico, R2 es la onda que viaja por el lado opuesto (pasando por el Pacífico) y R3 es la misma onda que R1 después de dar una vuelta completa al planeta y sucesivamente.

Así pues, la fase R7 es una onda que ha dado tres vueltas y media a la Tierra, viajando más de 125 000 km.

25 minutos después, un terremoto en Japón

25 minutos más tarde de los terremotos de Venezuela ocurrió otro terremoto con epicentro cerca de la costa norte de Japón, de magnitud 6,9, que no ha producido daños significativos.

En la imagen que sigue a este párrafo se observa la llegada de las ondas procedentes de Venezuela (línea roja) y de Japón (línea azul) en los sismómetros de la red sísmica educativa del GEO3BCN-CSIC, con equipos instalados mayoritariamente por centros de educación media de Barcelona y Girona.

Registros de de las ondas sísmicas de los terremotos de Venezuela y de Japón
Registro de las ondas de los terremotos de Venezuela y de Japón en los sismómetros de la red sísmica educativa del Geo3Bcn-CSIC en la zona de Barcelona y Girona.
Geo3Bcn-CSIC

Aunque la profundidad del evento de Venezuela ha sido mayor, y el mecanismo de ruptura es diferente, la diferencia en la destrucción producida por los dos terremotos se puede relacionar probablemente con el nivel de preparación de cada país ante eventos sísmicos.

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Jordi Díaz Cusí no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las ondas sísmicas del terremoto de Venezuela han dado tres vueltas y media a la Tierra – https://theconversation.com/las-ondas-sismicas-del-terremoto-de-venezuela-han-dado-tres-vueltas-y-media-a-la-tierra-286162

Más allá del hantavirus: las zoonosis que sí están presentes en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León

El mosquito común (_Culex pipiens_) es el principal transmisor del virus del Nilo Oriental. asadykov/Shutterstock

El pasado fin de semana, el Ministerio de Sanidad de España daba por cerrado el brote de hantavirus, detectado en un crucero en mayo, después de que todos los afectados finalizaran la cuarentena o recibieran el alta hospitalaria. Terminaba por lo bajini una crisis que durante una semana recibió una enorme atención mediática. Esta historia nos muestra el creciente interés que existe alrededor de las enfermedades transmitidas por animales (zoonosis), pero también nos recuerda que no se les hace el mismo caso a todas. De hecho, hay ejemplos de zoonosis ya presentes en España que pasan desapercibidas pese a su mayor impacto.

Comprender cómo se producen ayuda a valorar mejor los riesgos reales y evita interpretaciones alarmistas.

El riesgo y la atención mediática no siempre coinciden

En la transmisión de zoonosis intervienen distintos animales. Mosquitos, garrapatas y roedores forman parte de nuestro entorno urbano y, en determinadas circunstancias, pueden contagiar enfermedades.

Sin embargo, la presencia de un animal no implica necesariamente un riesgo directo de infección. Mientras que los llamados “reservorios” permiten que el microorganismo causante de la enfermedad se mantenga en la naturaleza, son los “vectores” los que transportan al patógeno hasta las personas.

Las zoonosis no son un fenómeno nuevo: el 60 % de las patologías humanas tienen un origen animal. Esto ocurre porque compartimos una parte importante de nuestra biología con otras especies y porque convivimos con ellas desde hace miles de años. En determinadas circunstancias, algunos microorganismos son capaces de superar las barreras entre especies y adaptarse a nuevos hospedadores (nosotros).

La atención mediática que reciben estas enfermedades no siempre refleja su impacto real sobre la salud pública. Algunas zoonosis poco frecuentes generan una gran repercusión porque aparecen en contextos llamativos o inesperados, y el reciente interés por el hantavirus es un ejemplo de ello.

Mientras tanto, otras enfermedades transmitidas por mosquitos, flebótomos o garrapatas reciben menos atención pese a estar presentes en España desde hace años.

Esta diferencia puede distorsionar la percepción del riesgo. En muchos casos, el miedo se centra en determinados animales, cuando la transmisión depende de múltiples factores ambientales, ecológicos y sociales.

Comprender esta complejidad permite interpretar mejor este tipo de amenazas sin caer en alarmismos innecesarios.

Las zoonosis urbanas que sí preocupan en España

Normalmente, las zoonosis se asocian a entornos exóticos o lejanos. Sin embargo, algunas de las que más preocupan en España están relacionadas con animales y vectores presentes en nuestro entorno cotidiano.

Uno de los ejemplos más conocidos es el virus del Nilo Occidental. Este patógeno circula principalmente entre aves y mosquitos, pero en determinadas circunstancias también puede infectar a humanos y otros mamíferos.

En los últimos años se han detectado brotes y casos esporádicos en distintas zonas de España. La mayoría de las infecciones pasan desapercibidas o producen síntomas leves, pero en una pequeña proporción de casos pueden aparecer complicaciones neurológicas que requieren atención médica.

Las garrapatas representan otro ejemplo relevante. Algunas especies pueden transmitir bacterias responsables de patologías como la enfermedad de Lyme, y otras participan en la transmisión del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.

Aunque los casos humanos son poco frecuentes, la gravedad que puede alcanzar la enfermedad ha convertido su vigilancia en una prioridad sanitaria. Su expansión se relaciona con el aumento de temperaturas y con cambios en los ecosistemas.

La leishmaniasis también forma parte de las zoonosis presentes en áreas urbanas y periurbanas españolas. Transmitida por flebótomos (un diminuto insecto parecido a un mosquito), encuentra en el perro uno de sus principales reservorios. Aunque se conoce sobre todo por su importancia veterinaria, también puede afectar a humanos y forma parte de la vigilancia sanitaria.

Los roedores urbanos constituyen otro ejemplo de convivencia cotidiana con animales capaces de mantener y diseminar algunos patógenos. En general, el riesgo de transmisión es bajo en contextos con buenas condiciones sanitarias.

Aun así, estos animales pueden participar en la diseminación de bacterias como Leptospira y Salmonella en zonas con problemas de saneamiento o acumulación de residuos.

En todos estos casos, el riesgo depende de múltiples factores ambientales, ecológicos y sociales. La simple presencia de estos animales no implica necesariamente un peligro inmediato.

Por qué están aumentando estas enfermedades

En los últimos años algunos factores ambientales y sociales han favorecido la expansión de ciertos vectores y zoonosis.

Uno de los factores más importantes es el cambio climático. El aumento de temperaturas y las modificaciones en las precipitaciones favorecen la expansión de mosquitos, garrapatas y otros vectores hacia zonas donde antes eran menos frecuentes. Los inviernos más suaves también facilitan su supervivencia durante más tiempo.

La urbanización desempeña otro papel importante. La expansión de áreas urbanas y periurbanas aumenta las zonas de contacto entre personas, animales domésticos y fauna silvestre.

Al mismo tiempo, algunos vectores se adaptan con facilidad a estos entornos. Pueden encontrar en las ciudades condiciones favorables para completar su ciclo de vida. La disponibilidad de refugios, agua y alimento facilita su presencia cerca de las personas y aumenta las oportunidades de contacto entre vectores, animales y humanos.

A esto se suma la movilidad humana y animal. Los viajes y el transporte de mercancías pueden facilitar la llegada de vectores y patógenos a nuevas regiones. Algunos de estos organismos encuentran después condiciones favorables para establecerse y expandirse en los nuevos territorios.

Sin embargo, el aumento del riesgo no significa que exista una amenaza constante: los sistemas de vigilancia epidemiológica y control vectorial permiten detectar cambios en la circulación de estos patógenos y reducir su impacto sobre la población.

Las zoonosis recuerdan que la salud humana, la salud animal y el medioambiente están estrechamente conectados. En un contexto marcado por cambios climáticos, urbanos y ecológicos, comprender cómo circulan los patógenos procedentes de animales resulta cada vez más importante.

Más que centrar la atención en amenazas puntuales, conocer cómo se transmiten estas enfermedades permite interpretar mejor los riesgos reales y reforzar las estrategias de vigilancia y prevención que protegen la salud pública.

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Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La vida efímera del rock progresivo: la cultura de masas con voluntad de gran arte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis López de Lizaga, Profesor titular de Filosofía, Universidad de Zaragoza

Una actuación en directo de _The Dark Side of the Moon_ en Earls Court (Londres), poco después de su lanzamiento en 1973: (de izquierda a derecha) Gilmour, Mason, Dick Parry, Waters TimDuncan/Wikimedia Commons, CC BY

Antes de que existiesen internet y las plataformas de streaming, comprar un disco de vinilo era como hacer una apuesta. A veces conocíamos el álbum o el grupo, pero otras veces no sabíamos nada y simplemente nos dejábamos seducir por las carátulas. Si el disco nos gustaba o no, si era bueno o malo, solo lo averiguaríamos al llegar a casa.

Yo tuve suerte con mi primera compra de un disco de rock progresivo en la mítica tienda de discos Madrid Rock. Fui a dar, casi por pura casualidad, con Selling England by the Pound, considerado el mejor álbum de Genesis y uno de los mejores del género progresivo en general. Han pasado casi cuatro décadas de aquella tarde, pero no he olvidado la impresión que me produjo aquella música extraña, compleja y bellísima cuando llegué a casa y pude reproducirla en mi tocadiscos.

La crítica cultural que el semiólogo Umberto Eco calificó de “apocalíptica”, y que encarnaba ejemplarmente el filósofo alemán Theodor W. Adorno, estableció una demarcación muy rígida entre el arte serio y la cultura de entretenimiento.

No obstante, Adorno era un observador agudo, y no pasó por alto que algunos fenómenos culturales se sustraían a esa dicotomía. Diagnosticó, por ejemplo, el envejecimiento de la vanguardia musical del siglo XX que él mismo había defendido siempre. También lamentó su transformación en una producción mecanizada y rutinaria de herméticas composiciones destinadas al reducido público de los festivales de música contemporánea. Entretenida no sería aquella música, pero tampoco era ya muy seria.

En cambio, no previó la posibilidad de que brotasen obras genuinas, originales y estéticamente ambiciosas en el campo de la cultura de masas, un terreno que él juzgaba incurablemente estéril para el gran arte.

El origen de una fusión

Imagen en la calle de la portada de un álbum en la que se ve un dibujo de la cara de un hombre con la boca abierta, gritando.
Imagen en la calle de la portada del Álbum In The Court Of The Crimson King de King Crimson.
Ceescamel/Wikimedia Commons, CC BY-SA

¿Hubiera sabido reconocer Adorno el valor estético de un género musical que surgió en el Reino Unido en el año de su muerte y que alcanzó su efímero apogeo poco después? En 1969 vio la luz el álbum seminal de King Crimson, titulado In the Court of the Crimson King, considerado por muchos el primer disco de rock progresivo. Este álbum contenía ya los principales ingredientes del género: una estética musical más bien fría, incluso sombría, cierto barroquismo y gigantismo en las composiciones, una vocación vanguardista y experimental, y la inequívoca ambición de elevar el rock a la categoría de gran arte.

Para todo hay un precedente, y este género se inspiró en la psicodelia, el pop y el rock británicos de la década de 1960. Pero en lo sustancial fue un estilo completamente nuevo que aspiraba conscientemente a derribar la barrera entre el arte serio y la cultura de masas. Lo hacía, sin embargo, partiendo de esta última, es decir, de la cultura juvenil y de la música compuesta e interpretada con guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores y baterías.

Nada, o muy poco, tienen que ver con cualquier otra cosa compuesta antes o después los extensos y complicadísimos temas concebidos por la constelación de grupos que emergieron entonces. Muchos de ellos han caído en un relativo olvido: son pocos quienes hoy recuerdan a Soft Machine, Van der Graaf Generator, Camel, incluso a Jethro Tull y Emerson, Lake & Palmer. Pero los más importantes –Genesis,Yes, Pink Floyd y King Crimson– se ganaron un puesto en la historia del rock por su brillante producción durante un breve periodo que ni siquiera abarca toda la década de los 70.

Cinco fotos en blanco y negro de cinco músicos de una banda tocando sus instrumentos y colocados en una especie de collage.
Foto de prensa de la banda Yes de 1973. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Chris Squire, Jon Anderson, Rick Wakeman, Alan White y Steve Howe.
Atlantic Records

Cada una de aquellas bandas se aproximaba a diferentes corrientes musicales de una época especialmente creativa: King Crimson orbitaba hacia el rock duro y el jazz experimental, Genesis se inclinaba hacia el glam y el pop, Yes entroncaba con el glam y el rock –pero no con el pop– y Pink Floyd lindaba con el rock y el pop, pero no con el glam.

Estos parentescos más o menos lejanos no rebajan la originalidad de la música progresiva. Tampoco explican las atmósferas misteriosas e insólitas que fueron capaces de crear unos músicos que parecían abordar la composición de un álbum de rock con la misma ambición con la que Mahler componía sus sinfonías.

Auge y final del género

Ciertamente, el rock progresivo era cultura de masas, y los conciertos de estas bandas llenaban teatros y estadios. Pero la autoexigencia y el ascetismo de este género musical parecían contagiarse de algún modo a las personalidades de sus intérpretes. Estos –a excepción, quizás, de Peter Gabriel, líder de Genesis– transmitían una imagen de profesionalidad bastante alejada del histrionismo y el divismo de otras estrellas del rock de la época.

Esta relativa austeridad personal se correspondía con el intelectualismo y la abstracción de unas composiciones musicales que se inspiraban en la literatura y la mitología (como en Genesis), se alejaban de los temas sentimentales y eróticos omnipresentes en el rock y el pop, y se atenían a un tono emocional más bien frío (o gélido, como en Pink Floyd y King Crimson) incluso cuando eran exuberantes (como en Yes).

Un hombre disfrazado de una especie de hombre con furúnculos actúa en un escenario.
Genesis (con Peter Gabriel disfrazado) actuando en noviembre de 1974.
tony morelli/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Su éxito no duró mucho. El denso material de aquellos temas, que con frecuencia ocupaban toda una cara de un disco de vinilo, fue desmembrándose en elementos más fáciles de digerir por el público. Así, el rock progresivo terminó diluyéndose en las corrientes que ejercían una mayor fuerza de atracción desde las posiciones contiguas del campo musical, como el pop y el rock.

Para confirmarlo basta con observar la evolución de estos grupos. Peter Gabriel abandonó Genesis en 1975, y bajo el liderazgo de Phil Collins el grupo derivó lentamente hacia un estilo pop que le cosecharía sus mayores éxitos en los años 80 y primeros 90. Algo similar sucedió con Yes, cuyas composiciones pop de la década de 1980 apenas guardan relación con sus primeros álbumes. King Crimson siempre eludió esa vía, pero desde finales de los 70 su sonoridad cambió para aproximarse sucesivamente a las heterogéneas exploraciones estéticas de su inquieto líder, Robert Fripp.

Pink Floyd tal vez sea el grupo que mejor supo mantener su personalidad original cuando concluyó la era dorada del género progresivo. Pero su supervivencia –que atravesó incluso una traumática ruptura de Roger Waters con el resto de la banda– exigió también el pago de un tributo a la comercialidad, como muestran álbumes muy exitosos como The Wall (1979) o A Momentary Lapse of Reason (1987).

El punk, que irrumpió al final de la década, probablemente contribuyó también a la liquidación de un género cuyo virtuosismo e impronta universitaria resultaban demasiado exquisitos para un público juvenil que demandaba una música más simple, airada e irreverente.

Visto en perspectiva, el rock progresivo puede considerarse como una vía muerta, algo así como el ars subtilior de la cultura popular del siglo XX. No obstante, el oyente que se asoma a esta música a medio siglo de distancia de su fugaz apogeo siente la extraña nostalgia que a veces provocan las imágenes de ciencia ficción retrofuturista: una nostalgia de mundos que nunca existieron ni existirán, pero que podrían haber existido.

Y es que en aquella música inigualable se anunció durante un breve periodo de tiempo la reconciliación de la alta cultura con el arte de masas, o el surgimiento de una cultura popular que aspiraba a estar a la altura del gran arte, y que lo logró en sus mejores frutos.


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José Luis López de Lizaga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Cambio climático: los incendios y las inundaciones están creando zonas no asegurables en toda Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clotilde Cerdan Amiard, Profesora Asociada en Finanzas Sostenibles, IE University

En septiembre de 2024, graves inundaciones azotaron la localidad de Czechowice-Dziedzice, en el sur de Polonia. Ela73/Shutterstock

A medida que el cambio climático hace que los fenómenos meteorológicos extremos sean más intensos y frecuentes, las “zonas no asegurables” se están volviendo cada vez más comunes. Son una clara demostración de que los seguros –el mecanismo mediante el cual las sociedades modernas hacen frente a todo tipo de riesgos– no están estructuralmente preparados para esta nueva era climática.

Las zonas no asegurables se refieren a lugares en los que se ha vuelto imposible obtener un seguro de propiedad o costearlo. Esto puede suceder porque las aseguradoras no ofrecen cobertura en una zona de alto riesgo climático (debido a límites de cobertura o a la retirada del mercado), o porque ofrecen seguros con primas tan elevadas que la mayoría de los residentes simplemente no pueden pagarlas.

Uno de los ejemplos más claros de zona no asegurable hasta la fecha proviene de California. En 2024, State Farm, una de las mayores aseguradoras de viviendas de Estados Unidos, decidió no renovar 72 000 pólizas de seguro de hogar en todo el estado debido, en parte, al riesgo insostenible de incendios forestales.

No fue la única, ya que seis de las doce aseguradoras más grandes de California ya habían suspendido o restringido en gran medida la contratación de nuevas pólizas. Los propietarios que ya no pueden encontrar cobertura privada son derivados a la aseguradora de último recurso de California, el Plan FAIR, que pasó de tener alrededor de 271 000 pólizas en vigor en 2022 a más de 684 000 en marzo de 2026, lo que supone un aumento del 152 %.

Dado que ofrece menos cobertura que las pólizas de seguro privadas, el Plan FAIR nunca tuvo la intención de convertirse en un asegurador principal. Estuvo a punto de colapsar bajo el peso de las reclamaciones derivadas de los incendios forestales de Los Ángeles de enero de 2025, y solo sobrevivió gracias a un rescate de emergencia de 1 000 millones de dólares.

En Europa, crece la preocupación por la brecha de protección, es decir, la parte de las pérdidas por catástrofes que los seguros no cubren. Según la EIOPA, el regulador de seguros de la UE, el 75 % de las pérdidas económicas derivadas de catástrofes naturales en Europa históricamente no han estado aseguradas.

En Alemania, la asociación nacional de seguros ha advertido de que las primas podrían duplicarse en una década debido a las reclamaciones relacionadas con el clima.

En Francia, el plan nacional de catástrofes naturales, conocido como CatNat, lleva registrando déficit desde 2016, lo que ha llevado al Gobierno a aumentar el recargo obligatorio en todas las pólizas de seguro de propiedad del 12 % al 20 % en enero de 2025.

En resumen, los seguros tradicionales no están preparados para hacer frente a la realidad del cambio climático. Sin embargo, existen modelos alternativos que podrían ofrecer cobertura a las personas más expuestas al riesgo.




Leer más:
El cambio climático plantea un desafío creciente para el sector de los seguros


¿De qué mecanismos disponemos?

Más allá de los seguros convencionales, han surgido dos instrumentos como herramientas para gestionar el riesgo climático a gran escala. El primero recurre a los mercados financieros para garantizar fondos antes de que se produzca el desastre. El segundo elimina por completo la necesidad de evaluar los daños.

  1. Bonos catástrofe: cuando las aseguradoras asumen riesgos demasiado grandes o impredecibles, los transfieren a las reaseguradoras, empresas que, en esencia, aseguran a las aseguradoras. Las reaseguradoras, a su vez, pueden transferir parte de ese riesgo a los mercados financieros a través de instrumentos como los bonos catástrofe, o “CAT bonds” en inglés.

    Introducidos a finales de la década de 1990, tras la devastación causada por el huracán Andrew en el estado estadounidense de Florida, los bonos CAT permiten a las reaseguradoras recaudar fondos de los inversores por adelantado. Esto garantiza que los fondos ya estén disponibles cuando se produzca un desastre de gran magnitud y fija los precios durante varios años.

  2. Seguro paramétrico: se trata de una cobertura que se abona automáticamente una vez que se supera un umbral predefinido (por ejemplo, cuando las precipitaciones superan un determinado nivel en una región concreta). Dado que no requiere una inspección física de los daños, el seguro paramétrico resulta especialmente útil en zonas remotas o en países en desarrollo donde la penetración de los seguros tradicionales es baja.

A pesar de estas innovaciones, sigue existiendo una brecha persistente entre los costes de las catástrofes relacionadas con el clima y lo que los seguros cubren realmente. Según un informe de la compañía de reaseguros Swiss Re, el 57 % de las pérdidas por catástrofes naturales a nivel mundial en 2024 no estaban aseguradas.

Dado que tanto las aseguradoras como las reaseguradoras tienen dificultades para ofrecer una cobertura suficiente para los eventos relacionados con el clima, los gobiernos se han visto sometidos a una presión cada vez mayor para cubrir esa brecha.




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El papel creciente del Estado

Mientras los mercados privados luchan por mantener el ritmo, los gobiernos están interviniendo, ya sea subvencionando directamente los seguros o creando planes público-privados que distribuyen el riesgo entre distintas zonas geográficas.

En 2016, el Gobierno del Reino Unido, en colaboración con el sector asegurador privado, creó Flood Re, un consorcio de reaseguro. Al compartir el riesgo en todo el mercado asegurador del Reino Unido, el programa pretende mantener los seguros contra inundaciones asequibles y disponibles en las zonas de alto riesgo.

Sin embargo, el plan está previsto que expire en 2039. Esto se basa en la premisa de que los años intermedios se utilizarán para invertir en defensas contra inundaciones y en la reducción de riesgos. Para cuando el programa finalice, el mercado privado será capaz de valorar el riesgo de inundaciones con precisión sin que la cobertura resulte inasequible. Pero existen crecientes dudas sobre si esa transición será factible.

El sistema CatNat de Francia funciona según un principio similar de solidaridad nacional, pero va un paso más allá: la cobertura contra desastres naturales es obligatoria y se incluye automáticamente en todas las pólizas de seguro de propiedad del país. Todos los asegurados franceses contribuyen al programa mediante un recargo obligatorio, independientemente de dónde vivan. El sistema ha cubierto más de 50 000 millones de euros en indemnizaciones desde 1982, pero a medida que se aceleran las pérdidas climáticas, el sistema está mostrando signos de tensión.

De manera similar, el plan de reaseguro público-privado de la UE propuesto tiene como objetivo agrupar los riesgos relacionados con el clima en toda la Unión Europea, aprovechando las economías de escala en una gama diversificada de riesgos y áreas geográficas. Los modelos sugieren que podría reducir la brecha de protección de Europa del 75 % a alrededor del 10 %, pero requeriría hasta 65 000 millones de euros en capacidad de respaldo procedente de fondos públicos para hacer frente a los fenómenos más extremos.

A medida que surgen estas soluciones innovadoras, una cosa está clara: las zonas no asegurables ya no son una perspectiva de un futuro lejano. Los daños relacionados con el clima siempre han existido, pero los mecanismos que creamos para absorber el riesgo climático se diseñaron para un clima más estable. A medida que esa estabilidad se erosiona, la cuestión ya no es si el sector público tendrá que desempeñar un papel más importante, sino con qué rapidez puede rediseñarse para hacerlo.

The Conversation

Además de su cargo académico, Clotilde Cerdan Amiard trabaja como consultora de estrategia e impacto en Neture, una consultora de impacto con sede en Madrid.

– ref. Cambio climático: los incendios y las inundaciones están creando zonas no asegurables en toda Europa – https://theconversation.com/cambio-climatico-los-incendios-y-las-inundaciones-estan-creando-zonas-no-asegurables-en-toda-europa-284263