‘Los domingos’: ¿por qué el cine de Alauda Ruiz de Azúa atrae tanto consenso?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sofía López Hernández, Profesor de Comunicación Audiovisual. Crítico de cine, Universidad Villanueva

Fotograma de _Los domingos_. BTEAM Pictures

El Jurado de la Sección Oficial del pasado Festival de Cine de San Sebastián otorgó su gran premio, la Concha de Oro, a Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa. La directora y guionista comentó, al recibir también el Premio Feroz Zinemaldia –que concede la AICE (Asociación de Informadores Cinematográficos de España)– del certamen, que “tenía mucho vértigo de que la propuesta no se entendiera” porque se trataba de algo arriesgado. Pero se entendió. Consiguió su objetivo: no solo que gustara, sino que se hablara de ella.

Los domingos narra la historia de Ainara, una chica de 17 años que debe decidir su futuro. Su familia le pregunta qué carrera elegirá. Pero la noticia de que su verdadera inquietud es ser monja de clausura les pilla por sorpresa, y esto provoca una crisis familiar.

La recepción ha sido buena por parte de personas que toman diferentes posiciones ante la vida, en este caso, creyentes y no creyentes. Y no solo le ha sucedido con Los domingos. La filmografía de Alauda Ruiz de Azúa lo confirma. Interpeló y gustó su ópera prima, Cinco lobitos (que ganó tres Premios Goya), y el año pasado la serie Querer también triunfó en los premios televisivos y entre la audiencia. Sus historias parecen llegar a todo el mundo, independientemente de sus posiciones ideológicas.

Un enfoque diferente

El éxito radica en el modo de hacer cine de Ruiz de Azua, en los temas que selecciona y, sobre todo, la forma en la que los trata, el estilo. La realizadora vasca elige asuntos cotidianos que, por su complejidad, plantean miradas poliédricas, bien sean las sombras y luces de una madre primeriza, las incomprensiones que recibe una víctima de violencia de género por parte de su familia o las diferentes posiciones vitales de la gente ante una adolescente que quiere ser monja.

En el caso que nos ocupa, arriesga un paso más. Los domingos es un espécimen verdaderamente excepcional en el panorama cinematográfico. Y no es que no haya en el cine español actual películas sobre temas religiosos, que las hay. Pero lo inusual es la seriedad, el rigor y la delicadeza del enfoque que da una realizadora que no tiene fe.

Ruiz de Azúa, en una entrevista hecha durante del Festival de Cine de San Sebastián 2025, me comentó que:

“Es una historia que escuché en la juventud, una chica que tenía vocación religiosa. Me llamó mucho la atención. Tenía curiosidad, fascinación. Me era algo muy ajeno. Después de rodar ‘Cinco Lobitos’, vi que lo podría contar desde el prisma de la familia. Y ahí sí encontré esa pregunta más compleja: ¿cómo la acompaña la familia? ¿O no la acompaña? ¿Cómo se posiciona aquí?”

Una chica vestida de uniforme atiende a algo fuera de campo mientras una mujer que sujeta muchos papeles a su lado la mira.
La actriz Blanca Soroa junto a la directora Alauda Ruiz de Azúa en el rodaje de Los domingos.
BTEAM Pictures

No se trata solo de dar con la tecla, con el tema adecuado, sino también con el enfoque. A Ruiz de Azúa le atrae comenzar los procesos creativos para explorar escenarios que plantean dilemas difíciles de resolver, a ver qué se encuentra. Y lo hace con mucho respeto. Observa, investiga, pregunta, sopesa. Es meticulosa y cuidadosa con los pequeños detalles:

“Cuando me meto en universos desconocidos, intento ser muy rigurosa y muy analítica… casi como un poco antropóloga; me gusta esa perspectiva. Y luego trabajo con las sensaciones y el imaginario que eso me genera. Pero sí, el rigor me parece importante. En el amor al detalle, a lo meticuloso… sacas muchas cosas que hablan de nosotros”.

Así consigue mostrar la complejidad de las posibles miradas sin caer en el maniqueísmo. En Los domingos se plasman las diferentes posturas ante una vocación religiosa: la de la fe de Ainara contrapuesta a la ausencia de fe de su querida tía Maite. El público se puede identificar con la una o con la otra sin sentirse maltratado o ridiculizado.

“Lo que me ha enganchado del cine desde pequeña era intentar entender a otras personas. Ese era el mecanismo que activaba en mí”.

Las trascendencia del día a día

Ruiz de Azúa es gran admiradora del director de cine japonés Yasujirō Ozu, de quien bebe y con quien se identifica por una mirada austera y sutil:

“Intento que lo cotidiano de alguna manera trascienda (…). Supongo que para mí viene de un cine que me ha gustado siempre, de Ozu, las películas a las que se las denomina trascendentes, no tanto en el sentido religioso sino porque, como caen en lo cotidiano, lo elevan a un sitio un poco más profundo. Y me interesa; me parece muy difícil, pero me interesa. Creo que es una sensación que el cine puede evocar muy bien; combina elementos y de repente construye eso”.

Como Ozu, su tema fetiche es la familia. Y plasma lo de cada día; en el caso de su última película: los rituales, las comidas de los domingos, la asistencia al coro del conservatorio o las reuniones de las monjas para rezar varias veces al día. Lo hace mediante una planificación sobria y centrada en los personajes que juega con paralelismos narrativos y con el sentido del humor y la ironía. Las miradas entre los personajes y las conversaciones que mantienen ayudan a experimentar sentimientos que dan qué pensar al espectador.

Una familia sentada alrededor de una mesa.
Fotograma de Los domingos y de una de sus comidas familiares.
BTEAM Pictures

Ruiz de Azúa busca la profundidad y el misterio también a través de la música. Los chicos escuchan temas de Quevedo y Bizarrap, pero cuando están bailando en la discoteca, de modo extradiegético, la audiencia solo oye música sacra. Especialmente relevante se torna el tema “Into my arms”, de Nick Cave, que explora la intersección entre la fe, el amor y la vulnerabilidad humana y que interpreta el coro del colegio. Ainara la canta a ratos, a solas.

En definitiva, el cine de Alauda Ruiz de Azúa respira trascendencia a través de lo cotidiano. Y, al ser tan respetuosa y abierta ante lo que plantea, “no muestra su visión personal. Se abstiene de una interpretación convencional de la realidad”, como diría el crítico y director de cine Paul Schrader.

Este es el secreto de que consiga la conexión con el espectador. Sus historias se quedan en el imaginario y se rumian interiormente; pero también se habla de ellas, se debate sobre lo que cuenta, sin generar combate. Es lo que pretende.

The Conversation

Sofía López Hernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Los domingos’: ¿por qué el cine de Alauda Ruiz de Azúa atrae tanto consenso? – https://theconversation.com/los-domingos-por-que-el-cine-de-alauda-ruiz-de-azua-atrae-tanto-consenso-268144

¿Qué está pasando con el cáncer en la generación ‘millennial’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lydia Begoña Horndler Gil, Profesor en inmunología y biología del cáncer, Universidad San Jorge


Dikushin Dmitry/Shutterstock

Si está leyendo estas líneas es posible que pertenezca a la generación millennial (como yo misma) y seguramente ha notado que cada vez hay más casos de amigos o conocidos con enfermedades que antes se asociaban a la adultez avanzada, como la hipertensión y la diabetes tipo 2. O, quizá, una que da más miedo nombrar: cáncer.

Los millennials (nacidos entre 1981 y 1995) forman parte de la primera generación con más riesgo de sufrir tumores que sus padres: entre 1990 y 2019, los casos de cáncer de inicio temprano entre menores de 50 aumentaron un 79 % en todo el mundo, y la mortalidad, un 28 %.

Lo cierto es que cerca del 80 % de los cánceres son “esporádicos”, es decir, no se deben a mutaciones hereditarias, sino a factores externos que dañan el ADN con el tiempo: lo que comemos, lo que respiramos, el nivel de actividad física que mantenemos, nuestro descanso, el estrés o la exposición a sustancias nocivas.

Factores de riesgo en la generación millennial.
Elaboración de la autora.

Dicho de otra forma, más que la genética que heredamos, lo que realmente marca la diferencia son los factores que nos rodean en nuestro día a día. Y está claro que el estilo de vida de nuestros padres o abuelos era diferente al nuestro.

La dieta y sus huellas en el cuerpo

Uno de los principales factores que explican esta “nueva epidemia” es la alimentación. La obesidad infantil comenzó a dispararse en los años 80. En 2022, más de 390 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años tenían sobrepeso, de los cuales 160 millones eran obesos, según la OMS.

Esta condición no es solo estética: se asocia a resistencia a la insulina, inflamación crónica de bajo grado y alteraciones hormonales que aumentan el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal, mama o endometrio.

Y lo más relevante es que esos efectos no desaparecen con la edad: la obesidad en la infancia puede dejar una huella a largo plazo. Según la Colon Cancer Foundation, un metaanálisis que incluía a más de 4,7 millones de personas mostró que quienes tenían un índice de masa corporal elevado en etapas tempranas de la vida presentan un mayor riesgo de cáncer colorrectal en la adultez: 39 % más en hombres y 19 % más en mujeres respecto a quienes tenían un IMC normal en la infancia.

Esos cambios en la alimentación también han modificado nuestra microbiota intestinal. Se ha visto que dietas ricas en ultraprocesados reducen la diversidad bacteriana y aumentan la proporción de cepas productoras de metabolitos proinflamatorios. Esto contribuye a enfermedades gastrointestinales como el síndrome de intestino irritable o el SIBO, que hoy parecen casi endémicas en mi generación millennial. Si en una cena de amigos preguntamos quién padece alguno de estos problemas, pocas manos quedarían sin levantarse.

El alcohol y sus efectos invisibles

El segundo gran responsable es el alcohol. Las reuniones millenials suelen girar en torno a una mesa con comida y bebida. Durante años se pensó que una copa de vino era “protectora”, pero hoy sabemos que no existe un nivel seguro de consumo de alcohol: la IARC lo clasifica como carcinógeno del grupo 1, al mismo nivel que el tabaco. El etanol se transforma en acetaldehído, un compuesto que daña el ADN.

Además, los patrones de consumo difieren entre generaciones: mientras que los baby boomers presentan mayor frecuencia de consumo diario, los millennials tienden a beber menos a diario pero con más episodios de binge drinking (atracones de alcohol para emborracharse en poco tiempo), un patrón que implica grandes riesgos. Así lo confirma la Encuesta EDADES 2024 del Ministerio de Sanidad de España, por ejemplo, que evidencia la distinta peligrosidad de los comportamientos entre generaciones.

Consumo de alcohol en los millennials.

Y, por si no fuera suficiente, un estudio reciente de Environmental Science & Technology detectó que muchas cervezas contienen sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), conocidas como “químicos eternos” y relacionadas con mayor incidencia de cáncer testicular y renal.

Dormir poco también deja cicatrices

Pero hay más. Dormimos menos y peor que las generaciones anteriores: encuestas recientes muestran que los millennials y la generación Z duermen en promedio entre 30 y 45 minutos menos por noche que los baby boomers, en gran parte por la exposición nocturna a pantallas y redes sociales. Esta luz artificial altera la secreción de melatonina, una hormona con propiedades antioxidantes y reguladora del ciclo celular.

La falta de sueño crónico no solo daña la reparación del ADN, sino que también reduce los efectos protectores de la melatonina frente al cáncer: niveles bajos de esta hormona se han vinculado a una menor capacidad para contrarrestar daño oxidativo del ADN y a una mayor proliferación celular.

Además, la disrupción del ritmo circadiano interfiere con la expresión de genes clave de reparación del ADN, acumulando mutaciones con el tiempo y aumentando el riesgo de procesos tumorales.

El peso invisible del estrés

Probablemente somos la generación con los niveles más altos de cortisol. Cuando la “hormona del estrés” se mantiene elevada durante mucho tiempo, no solo favorece la resistencia a la insulina y la hipertensión, sino que también debilita al sistema inmune.

Las investigaciones revelan que el estrés crónico aumenta la inflamación, dificulta que las defensas eliminen células anormales e incluso puede “despertar” células tumorales latentes. De hecho, estudios en población general han encontrado que las personas con más carga de estrés presentan hasta el doble de riesgo de morir por cáncer frente a quienes lo manejan mejor.




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El estrés prolongado podría contribuir de manera directa a la aparición y la progresión del cáncer


El riesgo de la automedicación

Y, por último, las últimas generaciones también están recurriendo cada vez más a la automedicación que las anteriores, lo que plantea nuevos riesgos a corto y largo plazo.

Las cifras de la automedicación en España.
DGT

El uso frecuente de paracetamol se vincula a mayor daño hepático y posible aumento de cáncer de hígado. Los anticonceptivos orales, empleados durante periodos muy largos debido al retraso de la maternidad, elevan ligeramente el riesgo de cáncer de mama y cuello uterino, aunque protegen frente a ovario y endometrio. Además, el uso prolongado de antiácidos y de antibióticos se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer digestivo a través de mecanismos indirectos como compuestos carcinogénicos o disbiosis intestinal.

El futuro de los ‘millennials’

Las proyecciones son realmente preocupantes: se espera que los casos de cáncer podrían crecer desde unos 20 millones en 2022 hasta cerca de 35 millones en 2050, lo que representa un incremento global de casi el 77 %. La tendencia es particularmente marcada en tumores digestivos y ginecológicos, que están apareciendo cada vez con más frecuencia en adultos jóvenes.

Somos la generación de lo inmediato, de la ansiedad y de la pastilla como solución rápida. Pero no todo está perdido: muchos de los factores que hoy nos enferman podemos controlarlos, y adoptar hábitos más saludables puede marcar la diferencia para reducir riesgos y ganar calidad de vida en un futuro no tan lejano.

The Conversation

Lydia Begoña Horndler Gil no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué está pasando con el cáncer en la generación ‘millennial’? – https://theconversation.com/que-esta-pasando-con-el-cancer-en-la-generacion-millennial-266167

¿Por qué somos hipócritas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Moreno Ríos, Catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Granada

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Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Victoria, de 14 años, del IES Giner de los Ríos (Motril)


Imagina que alguien defiende públicamente que es importante cuidar del medio ambiente y no derrochar el agua, pero en su casa dedica más del tiempo necesario a ducharse. Pues en eso consiste ser un hipócrita: en fingir que tenemos valores y creencias que los demás consideran positivos y comportarnos en privado de forma contraria a ellos.

Coherencia entre lo que decimos y hacemos

Al vivir en sociedad nos relacionamos con mucha gente. Gracias a que compartimos normas éticas, morales y cívicas podemos anticipar cómo se comportarán los demás y cómo debemos actuar nosotros. Así, esperamos que se cumplan las promesas, que no se hagan daño unas personas a otras, que los demás traten de ser justos…

Pero para ello es necesario que lo que decimos sea coherente con lo que luego hacemos. Ahora imagina que en tu clase anunciaran “mañana nos vamos de excursión”, y cuando llegaras al día siguiente no hubiera nadie. Para vivir en sociedad necesitamos confiar en esa coherencia y mostrar que nosotros también somos fiables.

Esto es tan importante para la subsistencia de los seres humanos que premiamos o castigamos a nuestros congéneres según sean o no coherentes.

Hipócrita para siempre

Si una persona comete un acto de hipocresía, su reputación queda marcada con esa etiqueta y la próxima vez que la veamos, desconfiaremos de ella. Es un atajo que usa la mente para evitar llevar la cuenta de cada una de las relaciones que hemos tenido durante todo el tiempo con todas y cada una de las personas que conocemos.

Es el modo preferido de funcionar de nuestro cerebro: usa caminos cortos y rápidos y agrupa lo que es parecido. Esto funciona muchas veces, aunque otras nos lleva a ser injustos (caemos en el estereotipo). Por ejemplo, si alguien solo ha cometido un desliz puntual, puede ser clasificado como “hipócrita” para siempre.

De hecho, un grupo de investigadores demostró que cuando alguien ha prometido comportarse de un modo pero actúa de otro (por ejemplo, un político en campaña promete algo que luego no cumple), consideraremos como hipócrita a quien incumplió su palabra aunque estemos de acuerdo con que en ese caso había que actuar de modo diferente.

La lucha entre lo que deseo y cómo quiero ser

Para sentirnos aceptados e integrados en nuestros grupos (amigos, compañeros de clase, la familia…) necesitamos tener una imagen moral positiva y coherente de nosotros mismos.

Sin embargo, a veces no es posible mantener esa coherencia: en la ducha estoy muy a gusto; si copio en el examen “un poco” sacaré más nota; o si me río cuando insultan a un compañero poco popular y no me ven otros, no se darán cuenta de que voy en contra de mi imagen de persona “respetuosa” y, a la vez, me ganaré el aplauso de los agresores.

De hecho, saltarse las normas puede acarrearnos ventajas. Pero ¿cómo lo hacemos sin que se dañe nuestra propia imagen y nuestra reputación ante los otros?

La resolución del conflicto

Reflexiona sobre esta situación: una joven sabe que el tabaco es perjudicial para la salud (norma social) e incluso ha defendido en clase el daño que hace a quien fuma y a quienes están cerca. Sin embargo, ella fuma a escondidas (transgresión), por lo que la consideramos una hipócrita.

El psicólogo estadounidense Leo Festinger utilizó el término de “disonancia cognitiva” para referirse a ese malestar psicológico por mantener dos ideas o actitudes contradictorias, o cuando el comportamiento no encaja con los valores. Entonces, para resolver el malestar, nuestra mente trata de buscar el equilibrio justificando la conducta (ha sido una sola vez, el cigarrillo tenía filtro, no lo he fumado entero…). Otras formas de solucionarlo es cambiar las creencias (fumar no es tan malo) o modificar el comportamiento (dejar de fumar).

Lo curioso es que se puede cambiar la conducta mediante esa disonancia cognitiva. Es lo que demostraron el psicólogo también estadounidense Elliot Aronson y sus colaboradores en 1991. Seleccionaron a un grupo de adolescentes que no usaban protección en sus relaciones sexuales aunque afirmaban conocer los riesgos de estas prácticas. Después, les pidieron que grabaran mensajes de vídeo animando a utilizar preservativo a otros adolescentes. Pues bien, la tensión psicológica entre “predicar” y “no practicar” ayudó a reducir las conductas de riesgo en mayor medida que otras estrategias preventivas.

Hipócrita peor que deshonesto

Según algunos estudios, consideramos peor ser hipócrita que deshonesto. Este último engaña para obtener beneficio, pero no trata de aparentar ser buena persona.

Aunque los dos se saltan las normas, cuando Luis dice “es inaceptable que Juana haya tomado pastillas para correr la maratón”, está lanzando una señal de su propia virtud a los demás. Si luego se descubre que Luis también tomó pastillas, no solo ha mentido: además ha conseguido “venderse” persona justa y honesta, y eso precisamente es lo que los demás detectan como despreciable.

¿Pero qué ocurre si Luis confiesa que había hecho trampa? Entonces evita la señal falsa de su virtud. Se muestra ante el resto como alguien que comete errores y su imagen se recupera. Vuelve a ser una persona fiable.

¿Todos somos hipócritas?

Todos estamos sometidos continuamente a tentaciones con las que obtener beneficio “haciendo pequeñas trampas”. Por ejemplo, es casi imposible mantener el equilibrio entre lo que pensamos y lo que hacemos sobre beber alcohol o copiar en los exámenes cuando estamos con nuestros padres frente a cuando estamos con nuestros compañeros de clase.

Es verdad: mentimos, cometemos actos de deshonestidad y somos hipócritas, pero la mayoría de las personas lo hacen muy poco. La razón no es tanto el miedo a que nos pillen, sino seguir viéndonos a nosotros mismos como personas justas y confiables. Las “pequeñas hipocresías” permiten que resolvamos los conflictos y preservemos nuestra imagen.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Sergio Moreno Ríos recibe fondos de la Junta de Andalucía -Conserjería de
Universidad, investigación e innovación – Proyecto P21_00073.

ref. ¿Por qué somos hipócritas? – https://theconversation.com/por-que-somos-hipocritas-266601

Educación musical en la infancia: un entrenamiento invisible para el cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paloma Bravo-Fuentes, Profesora ayudante doctora del área de Didáctica de la Expresión Musical, Universidad de Málaga

Fh Photo/Shutterstock

Aprender música en la infancia no solo despierta la sensibilidad artística: también entrena el cerebro. Diversos estudios en neurociencia han demostrado que la práctica musical mejora la atención, la memoria y la capacidad de planificar, habilidades esenciales para el desarrollo cognitivo y emocional de los niños y de las niñas.

Eso sí, los beneficios no aparecen por igual en todos los casos: dependen del tipo de aprendizaje, de su duración y de la calidad de la enseñanza. Por eso, cuando se vive como una experiencia educativa estructurada, la música se convierte en una gran aliada para que el alumnado escolar crezca con más creatividad, confianza y capacidad cognitiva.

Control, memoria y flexibilidad

A continuación, enumero lo que se sabe sobre el impacto del aprendizaje musical en el cerebro infantil, con datos recientes:

  1. Control inhibitorio: se han identificado numerosas mejoras en nuestra capacidad de frenar impulsos automáticos o respuestas inapropiadas.

  2. Memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva: la memoria de trabajo es la capacidad de mantener y manipular información de manera temporal para realizar una tarea. Por ejemplo, recordar un número mientras lo anotamos. La flexibilidad cognitiva sin embargo, se refiere a la habilidad de cambiar de estrategia, perspectiva o foco de atención según lo requiera la situación. Permite adaptarse a nuevas reglas, resolver problemas de diferentes maneras o ser capaz de alternar entre tareas. Ambas son fundamentales en la etapa preescolar, ya que sostienen el aprendizaje y la capacidad de adaptación ante nuevas tareas. Estudios recientes con población infantil confirman que la educación musical puede favorecer estas habilidades.

  3. Lenguaje y lectura: La relación entre música y lenguaje se ha ido probando más consistentemente en los últimos años, mostrando cómo ciertos componentes del aprendizaje musical pueden transferirse a las habilidades lectoras. En particular, la alfabetización musical y el entrenamiento rítmico favorecen la conciencia fonológica y la fluidez lectora, al reforzar la percepción de patrones sonoros y la sincronización temporal.

  4. Cambios cerebrales: La práctica musical no solo influye en el comportamiento, sino que también produce modificaciones observables en el cerebro. Estudios de seguimiento longitudinal muestran que una formación musical continuada induce cambios tanto microestructurales como macroestructurales en regiones implicadas en el procesamiento auditivo y en el control motor. La práctica musical se asocia con un aumento de la integridad de la sustancia blanca y modificaciones volumétricas en áreas auditivas primarias y en circuitos motores, evidenciando la plasticidad cerebral derivada de la educación musical.




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Cómo interpretar estos resultados

Las ventajas citadas provienen de estudios muy variados, con metodología y objetivos diversos. Esto quiere decir que no pueden asumirse como aplicables a todas las circunstancias y a todas las personas. La pedagogía empleada, la formación del profesorado, la duración de las intervenciones y la fidelidad con la que se implementan son factores que influyen en cuánto y cómo podemos beneficiarnos de estudiar música.

Por ello, trasladar estos hallazgos al aula de primaria exige diseñar propuestas musicales que estén estructuradas, que sean intencionales y que no estén encaminadas únicamente al aprendizaje musical en sí, sino a un desarrollo integral del alumnado. de esta manera, algunas propuestas sencillas podrían ser:

  1. Semáforo rítmico (para trabajar el control inhibitorio). Favorece la capacidad de frenar impulsos automáticos. El alumnado sigue un patrón rítmico concreto cuando la luz está en verde y debe detenerse en rojo, usando percusión corporal o instrumentos sencillos.

    A diferencia de otros juegos como el “escondite inglés”, en el que también hay que parar de repente, la clave de este recurso está en el papel del ritmo. Este introduce una estructura temporal que guía la atención y el movimiento: los niños y niñas no actúan de manera libre, sino que deben ajustarse a una secuencia repetida de tiempos. En otras palabras, el ritmo genera un automatismo motor y atencional que resulta más difícil de frenar que un simple movimiento libre. Al tener que parar justo en un momento concreto, el alumnado ejercita mayor control sobre sus impulsos y mejora la sincronización entre atención, percepción auditiva y acción motora. Además, se activa la dimensión musical y expresiva, lo que hace la actividad más atractiva y motivadora.

  2. Eco en capas (para trabajar la memoria de trabajo). El profesorado propone secuencias rítmicas o melódicas que el alumnado debe repetir y acumular. Cada secuencia exige mantener y manipular información de manera temporal.

    Al repetir y encadenar secuencias, el alumnado desarrolla el oído musical, ya que aprende a reconocer patrones sonoros y a diferenciarlos entre sí. También mejora la precisión rítmica y melódica, porque no basta con recordar la secuencia: hay que reproducirla con fidelidad. A medida que las se acumulan, los niños y niñas ejercitan la anticipación (saber qué viene después), la coordinación (responder a tiempo) y la creatividad musical (al explorar combinaciones nuevas).

  3. Ritmo-sílaba-letra (para fortalecer el aprendizaje de la lectura). Se asocian patrones rítmicos con sílabas y palabras para reforzar la conciencia fonológica. ¿Cómo se hace? El profesorado propone un pulso estable con palmas, instrumentos o incluso marcando el compás con el pie. Sobre ese pulso, el alumnado va “encajando” las sílabas de una palabra o frase. Por ejemplo, la palabra “ca-sa” se dice en dos golpes, una sílaba por cada pulso. Después se pueden construir frases enteras, distribuyendo las sílabas en el ritmo.

    De este modo, el ritmo funciona como soporte para organizar el lenguaje: cada sílaba tiene su lugar, lo que refuerza la conciencia fonológica (darse cuenta de que las palabras se componen de partes más pequeñas). Además, al practicar con frases más largas, el alumnado gana fluidez lectora, porque no solo descifra las letras, sino que coordina voz, ritmo y comprensión de manera integrada.

  4. Percusión corporal con reglas cambiantes (para fomentar la flexibilidad cognitiva). Se inician patrones de percusión corporal que cambian según una señal. El alumnado debe adaptarse rápidamente a la nueva regla.

    Un patrón de percusión corporal es una secuencia rítmica repetida con el cuerpo (por ejemplo: palma–muslo–palma–chasquido). El grupo sigue un patrón y, cuando el profesorado da una señal, debe cambiar rápidamente a otro. Este ejercicio obliga a romper la rutina y adaptarse a nuevas reglas, entrenando la flexibilidad cognitiva mientras se trabaja de forma musical y divertida.

Uso intencional de la música

En definitiva, la música no es solo una materia artística con la que se enseña a tocar un instrumento o a leer partituras. También es una herramienta pedagógica poderosa cuando es utilizada de forma intencionada. Los ejemplos añadidos (juegos rítmicos, ecos melódicos, percusión corporal…) muestran cómo las dinámicas musicales pueden ayudar a entrenar la atención y la memoria, además de reforzar la lectura, entre otros beneficios.

La clave está en que dichos beneficios no aparecen por sí solos con cualquier clase de música: surgen cuando el profesorado diseña propuestas específicas que combinan el disfrute estético y musical con objetivos cognitivos claros. Dicho de otro modo: no se trata solo de “aprender música”, sino de usar la música como un puente para aprender mejor.

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Paloma Bravo-Fuentes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Educación musical en la infancia: un entrenamiento invisible para el cerebro – https://theconversation.com/educacion-musical-en-la-infancia-un-entrenamiento-invisible-para-el-cerebro-264319

Atraídos por la oscuridad: ¿por qué nos encantan los villanos de la ficción?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joaquín Mateu Mollá, Doctor en Psicología Clínica. Director del Máster en Gerontología y Atención Centrada en la Persona (Universidad Internacional de Valencia), Universidad Internacional de Valencia

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En nuestra infancia, los adultos nos relataban historias inspiradoras sobre héroes. Eran cuentos con intención moralizante que buscaban enseñarnos cómo lidiar con problemas, cómo enfrentar nuestros miedos o cómo relacionarnos con otros. A menudo seguimos evocando estas historias, oídas en el regazo de nuestros padres o abuelos, con cierta aura nostálgica.

Ya de mayores, el cine y la literatura toman el relevo de nuestros allegados para avivar la épica de la que disfrutamos en la niñez. Muchas veces, por qué no decirlo, de forma algo maniquea y con propósitos interesados. La idea, al fin y al cabo, es enervar los afectos para vender ideas o incluso productos.

Y aquí es, precisamente, donde ocurre algo realmente curioso y bien documentado en psicología: los villanos ejercen en nosotros un poder realmente seductor. A veces, incluso mayor que el de los héroes. Casi como si, con esta respuesta, nos opusiéramos rabiosamente a lo establecido.

Héroes y villanos en la ficción

Héroes y villanos tienen papeles muy diferenciados; hasta podría decirse que antagónicos. Se trata de dos arquetipos que representan nuestras filias y fobias, diseñados para profundizar en los complejos conceptos de la bondad y la maldad que moldean los consensos sociales.

En la ficción, los héroes son representados de forma invariablemente amable. Se les confiere un arco narrativo a través del cual se ilustra la epopeya de su previsible victoria: el conocido “viaje del héroe”. Este viaje no es más que una estructura literaria rígida que permite organizar las acciones cronológicamente de una forma un tanto forzada.

Concretamente, los héroes suelen proceder de lugares ordinarios y vivir existencias desapasionadas, hasta que un día cualquiera ocurre algo inesperado que los llama a la aventura. Aunque puedan intentar desoírlo, siempre acaba irrumpiendo alguna circunstancia extraordinaria que los empuja a enfrentarse definitivamente a lo desconocido.

En su odisea encuentran amigos entrañables y antagonistas que ostentan un poder mayor al suyo, con aviesas intenciones. En el ardor de estas tensiones opuestas se orquestan los hechos requeridos para alcanzar el clímax emocional, el cual sumerge al héroe (y al mundo por extensión) en una profunda desesperanza.

Es en este momento de debilidad cuando florecen sus cualidades humanas, que le sirven para alcanzar la victoria y regresar a la cotidianidad atesorando una experiencia transformadora. Esta forzosa humanidad pretende apelar a la audiencia para convencerla de que todos nosotros atesoramos la fuerza necesaria para trascender nuestras propias limitaciones.

Asociamos la belleza a la bondad

Quienes relatan estas historias, según las opciones que les brinde el formato, añaden además una constelación de rasgos físicos deseables a los héroes (hermosos, fuertes, etc.). Con ello aprovechan el popular sesgo perceptivo beauty-is-good, muy estudiado en psicología. A través de él atribuimos automáticamente cualidades positivas a quienes se ajustan al estándar estético predominante, aunque no exista conexión lógica.

Al contrario, los villanos son representados con rasgos físicos imperfectos para estimular un juicio negativo, explotando nuestra tendencia a percibir las desviaciones de la belleza como indicios de maldad (sesgo anomalous-is-bad). Es algo bastante manido en obras que ya forman parte de la cultura pop, con personajes tales como Freddie Krueger, Voldemort o Scar.

Además, los villanos personifican cualidades que las sociedades juzgan como reprobables: la violencia, el egoísmo, el ansia de poder y la falsedad. Siendo esto así, cabe preguntarnos entonces: ¿por qué nos atraen tanto?

La paradoja de la atracción por la maldad

Mucho se ha escrito sobre este asunto y, ciertamente, sigue siendo un misterio que ocurra frecuentemente lo contrario de lo previsto: nos atrae más el villano que el héroe. Basta con echar un vistazo al merchandising de las grandes producciones para darnos cuenta de que Úrsula, Maléfica o Joker arrasan frente a otros muchos personajes bondadosos.

Una de las posibles razones es la complejidad que albergan estos personajes: mientras los héroes están encorsetados, los villanos explotan una constelación mayor de motivaciones. De hecho, cuando no ejercen la maldad por simple afición, sino que enfrentan dualidades y contradicciones, resultan todavía más atractivos para la audiencia.

Otra potencial explicación es el rol de rebeldía y de oposición a las normas que ostentan los malvados. Los villanos suelen ser odiados por consenso y, aunque pueda parecer contraintuitivo, los espectadores tendemos a empatizar con quienes enfrentan el desprecio generalizado (efecto underdog). Esto se exacerba si se ha dotado al némesis de un contraste suficiente entre su historia, sus convicciones y sus acciones.

La oscuridad de los villanos nos recuerda nuestras imperfecciones

Por supuesto, la oscuridad de la que se revisten los villanos también facilita que nos asomemos por un momento al abismo de nuestras propias imperfecciones. La gran mayoría de los seres humanos albergamos la certeza de ser falibles, de poseer algún rasgo indeseable. Esto facilita que nos sintamos identificados con quienes no solo no lo ocultan, sino que lo elevan como una parte cardinal de sus personalidades.

Además de esto, los villanos suelen representarse con otras dos cualidades que se valoran positivamente: la capacidad directiva de promover los sucesos que sirven como resortes para la acción y, al menos en las producciones modernas, el ingenio o el humor. Esto diluye los roles protagónicos de los héroes y abre un espacio notable para que el “malo” pueda lucirse.

Para acabar, los villanos pueden lograr algo importante que el héroe convencional no: la redención. Mientras que los “buenos” suelen presentarse a menudo como recipientes sin mácula alguna, los malvados pueden resarcirse de sus fechorías y compensar al resto de personajes o a la humanidad en su conjunto. La mera posibilidad de que esto suceda es un detonante emocional clave que los convierte en personajes trascendentes y memorables.

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Joaquín Mateu Mollá no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Atraídos por la oscuridad: ¿por qué nos encantan los villanos de la ficción? – https://theconversation.com/atraidos-por-la-oscuridad-por-que-nos-encantan-los-villanos-de-la-ficcion-205055

El precio oculto del cambio climático: los riesgos para el sector agrícola del sur de Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Castro Castro, Profesor Titular de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de León

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Cada vez que vemos imágenes de campos arrasados por el fuego o cultivos inundados, pensamos en las pérdidas inmediatas que supone. Pero hay un efecto menos visible y cada vez más preocupante: la quiebra de las empresas agrícolas que sostienen esos cultivos.

Los fenómenos meteorológicos extremos no solo afectan a la producción, sino que también comprometen la supervivencia económica de las explotaciones agrícolas en el sur de Europa.

Un sector en primera línea

El sur de Europa es una de las regiones más expuestas al cambio climático. Sequías prolongadas, lluvias torrenciales y olas de calor extremas se combinan con incendios forestales cada vez más frecuentes, sobre todo en zonas rurales. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte de que estas tendencias se intensificarán en las próximas décadas.

Estos fenómenos no solo dañan cultivos, suelos o infraestructuras: también tienen un efecto directo en la viabilidad financiera de las empresas. Buscar agua y materias primas alternativas, reparar daños o reinvertir en maquinaria supone costes adicionales que muchas explotaciones no pueden asumir. En los casos más graves, esto desemboca en insolvencias y quiebras.

Lo que revelan los datos

Hay un patrón claro: las quiebras agrícolas están estrechamente vinculadas a fenómenos climáticos extremos. Eso incluye olas de calor, que reducen la productividad, secan los suelos y aumentan los costes operativos. Pero también lluvias extremas, inundaciones y sequías, ya que tanto la escasez como el exceso de agua afectan negativamente a las explotaciones agrícolas y pueden comprometer los ingresos.

El impacto de los incendios forestales es especialmente grave. Además, el índice de “clima propenso a incendios” –sequía, calor y viento– multiplica el riesgo de insolvencia.

En conjunto, la evidencia indica que el cambio climático no es una amenaza futura: ya está afectando a la resiliencia y supervivencia de miles de empresas agrícolas mediterráneas.

Más allá del campo

El cambio climático, por tanto, no es solo un desafío ambiental, sino que se trata también de un riesgo económico y social de primer orden, pues la quiebra de empresas agrícolas provoca efectos en cadena. Concretamente efectos económicos (pérdida de empleo y tejido empresarial en zonas rurales), alimentarios (menor producción local y posible encarecimiento de precios) y financieros (más riesgo para bancos y aseguradoras, lo que puede dificultar el acceso a crédito en el sector).

Según el Banco Europeo de Inversiones (EIB), los riesgos climáticos figuran entre los principales factores de vulnerabilidad financiera en Europa.

Una advertencia necesaria

La investigación sobre los riesgos financieros del cambio climático se había centrado fuera de Europa analizando, sobre todo, los efectos de huracanes y tormentas. Con nuestra investigación, aportamos evidencias de que fenómenos como incendios forestales o anomalías de temperatura en el Mediterráneo deben incorporarse en la gestión financiera y de políticas agrícolas.

Iniciativas como el Natural Capital Protocol –que permite a las empresas identificar, medir y valorar sus impactos directos e indirectos y sus dependencias del capital natural– o las estrategias impulsadas por Agencia Internacional de Energías Renovables, IRENA –aumentar la inversión en infraestructuras, fomentar la innovación tecnológica, incentivar la adopción de energías renovables y la eficiencia energética–, ya insisten en la necesidad de integrar el capital natural y la resiliencia climática en la toma de decisiones económicas. Esto exige que:

  • Los responsables políticos diseñen apoyos específicos frente a riesgos climáticos.

  • Las entidades financieras incluyan variables climáticas en la evaluación de crédito.

  • La sociedad reconozca que la sostenibilidad agrícola depende también de adaptaciones estructurales al nuevo clima.

Un futuro en juego

La agricultura mediterránea no es solo un motor económico: es parte de la cultura y la alimentación en Europa. Pero el cambio climático amenaza su viabilidad de forma tangible. Ignorar este vínculo entre clima y quiebra empresarial pondría en riesgo no solo a miles de agricultores, sino también la estabilidad económica y alimentaria de toda la región.

La pregunta ya no es si Europa debe adaptarse sino cómo hacerlo y con qué rapidez.

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Paula Castro Castro recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación

María Teresa Tascón Fernández recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Borja Amor Tapia y Iván Pastor Sanz no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. El precio oculto del cambio climático: los riesgos para el sector agrícola del sur de Europa – https://theconversation.com/el-precio-oculto-del-cambio-climatico-los-riesgos-para-el-sector-agricola-del-sur-de-europa-266931

Nuestros ojos saben lo que hicimos el último verano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Recalde Maestre, Director científico del laboratorio de oftalmología experimental, Universidad de Navarra

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La miopía avanza de forma imparable en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, para 2050 la mitad de la población mundial será miope. No se trata solo de llevar gafas: cuando esa afección visual progresa mucho, aumenta el riesgo de desprendimiento de retina, glaucoma o ceguera irreversible.

En España, por ejemplo, la ceguera miópica es la primera causa de afiliación a la ONCE. La pregunta es inevitable: ¿qué podemos hacer para frenar la epidemia?

Una “caja negra” de la exposición al sol

La respuesta podría estar, literalmente, en nuestros ojos. Más en concreto, en un curioso fenómeno llamado autofluorescencia ultravioleta conjuntival (CUVAF por su denominación en inglés), que funciona como una especie de “caja negra” de la exposición solar que ha recibido cada persona.

(A) Demostración ‘in vivo’ del enfoque corneal de la luz periférica proveniente del lado temporal del ojo hacia el limbo y la conjuntiva nasal, con una intensidad luminosa mayor en comparación con el lado temporal. (B) Representación óptica del efecto de enfoque de la luz periférica que provoca la concentración de los rayos incidentes, al atravesar la cámara anterior, sobre la superficie límbico-conjuntival contralateral del ojo. (C) Representación de un caso CUVAF negativo (sin área de hiperautofluorescencia conjuntival). (D–E) Fotografías CUVAF negativas tomadas bajo luz ultravioleta (D) (longitud de onda máxima de 365 nm) y (E) una fotografía tomada con el modo BAF del Heidelberg Spectralis HRA+OCT (longitud de onda máxima de 488 nm). (F) Representación de un caso CUVAF positivo (muestra un área de hiperautofluorescencia que absorbe a 360 nm y emite en el espectro visible). (G–H) Fotografías CUVAF positivas en una imagen a color tomada bajo luz ultravioleta (G) y (H) con el Heidelberg Spectralis HRA+OCT.

El CUVAF es un área de autofluorescencia en la conjuntiva (la parte blanca del ojo) que aparece cuando se ilumina con luz ultravioleta. Entonces, el ojo muestra manchas brillantes que delatan cuánto tiempo hemos pasado bajo la luz del sol.

Aunque esas manchas no son visibles a simple vista, quedan registradas de forma objetiva. Así, el CUVAF se ha convertido en un biomarcador fiable para saber cuántas horas al aire libre ha acumulado una persona a lo largo de su vida reciente.

Los científicos llevan años sospechando que la falta de luz natural es una de las grandes culpables del aumento de la miopía. Los niños que pasan más tiempo en interiores –ya sea frente al móvil, la tableta o los libros– tienen más riesgo de desarrollarla.

¿Por qué? La hipótesis más aceptada es que la luz solar estimula la liberación del neurotransmisor dopamina en la retina, y esa dopamina actúa como freno natural para que el ojo no crezca en exceso (además de controlar ciclos circadianos, hormonas, etc).

Otra posible causa es que cuando estamos en la calle miramos principalmente de lejos, de forma relajada y sin forzar los músculos de la acomodación (necesarios para ver de cerca), lo cual evita el crecimiento excesivo del ojo. Porque cuando esto último ocurre, la imagen no se enfoca nítidamente en la retina y aparece la miopía.

De los cuestionarios a la “memoria ocular”

Hasta hace poco, los investigadores solo podían medir el tiempo que pasan los niños al aire libre preguntando a los padres o a los propios menores. Pero esos cuestionarios tienen muchas limitaciones: ¿quién recuerda con exactitud cuántas horas estuvo en el parque hace un mes?




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El CUVAF resuelve este problema. Funciona como un registro objetivo de la exposición solar, independiente de la memoria o la percepción. Si un niño presenta poco CUVAF, significa que pasa poco tiempo en exteriores y, por tanto, que tiene más riesgo de ser miope.

Lo que dicen los estudios

Varios trabajos internacionales confirman su utilidad. Así, un metaanálisis con más de 3 600 personas de distintos países encontró que los miopes pasaban menos tiempo al aire libre y tenían áreas de CUVAF significativamente más pequeñas que los no miopes. Y en la Universidad de Navarra, un estudio con estudiantes de Medicina y de Ciencias Ambientales mostró que los segundos, que pasan más horas en el exterior por su carrera, tenían más CUVAF y la mitad de riesgo de desarrollar miopía.

Para conocer las repercusiones de este biomarcador en la edad infantil –la etapa más sensible para el crecimiento excesivo del ojo–, se llevó a cabo una investigación en más de 260 niños de entre 6 y 17 años. Los autores comprobaron que los miopes, efectivamente, pasaban menos tiempo al aire libre y presentaban menos CUVAF. Además, si el área de autofluorescencia de la conjuntiva era grande en relación a la edad, los menores estaban protegidos hasta 2,5 veces frente a la miopía y hasta 5 veces frente a la miopía alta.

Este hallazgo podría confirmarse en un estudio, actualmente en revisión, con más de 2 600 niños de la Comunidad de Madrid.

Imaginemos cómo podría usarse dicha información en la práctica clínica. En una revisión ocular, el oftalmólogo toma una imagen del CUVAF. Si el resultado muestra un área reducida, podría dar el siguiente consejo:
“Su hijo necesita al menos una o dos horas de juego al aire libre cada día. El mejor tratamiento ahora mismo es la luz natural, gratuita y sin efectos secundarios”.

En el futuro, las consultas de oftalmología podrían incorporar esa prueba rutinaria igual que hoy se mide la tensión ocular o el fondo de ojo.

No es solo cosa de niños

Aunque la prevención en la infancia es clave, el CUVAF también puede ser útil en adultos jóvenes. Durante la universidad o los primeros años laborales, la miopía puede seguir progresando. Medir el CUVAF en esta etapa permite detectar a quienes mantienen un estilo de vida demasiado “de puertas adentro” y orientar cambios sencillos: salir a pasear, practicar deporte al aire libre, exponerse a la luz natural cada día.

Hay una metáfora muy bonita que usan algunos investigadores: el verano se borra de nuestra piel, pero permanece en nuestros ojos. Aunque la piel pierda el bronceado, el ojo conserva la huella del sol a través del CUVAF. Y esa huella no es un simple recuerdo: es una pista directa sobre nuestra futura salud visual.

Porque la miopía no es inevitable: aunque los genes juegan un papel, el ambiente es decisivo. Y entre los factores ambientales, el tiempo al aire libre es el más importante y modificable.

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Sergio Recalde Maestre recibe fondos del instituto de Salud Carlos III (PI20/0251 y PI24/01236) para la investigación en Miopía y de la Fundación Multiópticas. Esta investigando en colaboración con la asociación de altos miopes AMIRES y se encuentra desarrollando un sistema de medición y análisis del CUVAF (sin patentar ni crear ninguna empresa hasta el momento).

ref. Nuestros ojos saben lo que hicimos el último verano – https://theconversation.com/nuestros-ojos-saben-lo-que-hicimos-el-ultimo-verano-265789

¿A qué se debe la oleada de incidentes alimentarios en Estados Unidos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Miguel Soriano del Castillo, Catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universitat de València

En las últimas semanas, Estados Unidos ha experimentado una oleada de incidentes que han encendido las alarmas sobre el estado de la seguridad alimentaria en el país. Desde el retiro masivo de productos contaminados hasta brotes mortales de Listeria, los casos registrados en septiembre y octubre de 2025 revelan no solo fallos puntuales, sino también tensiones más profundas en las instituciones encargadas de proteger la salud pública.

Brotes y retiradas: un otoño de alertas

A continuación enumeramos algunos ejemplos recientes. La compañía Hillshire Brands retiró alrededor de 26 000 toneladas de corn dogs o perritos de maíz (una especie salchichas empanadas) tras descubrir fragmentos de madera en la masa de maíz, con al menos cinco personas lesionadas a nivel gástrico. El Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria (FSIS) emitió una alerta nacional por comidas congeladas que incluían pasta contaminada con Listeria monocytogenes, vinculadas, como mínimo, a cuatro muertes. La empresa Black Sheep Egg Company tuvo que sacar del mercado varios lotes de huevos tras detectar Salmonella.

A esto se suman las advertencias sobre snacks contaminados con fragmentos de metal o el retiro de melones procesados y de salmón y lubina ahumados por riesgo de contaminación con la citada especie de Listeria.

Cada uno de estos casos podría entenderse por separado como parte de la rutina de vigilancia. Sin embargo, su acumulación en un corto periodo de tiempo dibuja un escenario más inquietante: el sistema estadounidense de control alimentario muestra grietas crecientes.

Entrada a un recinto donde está indicado el nombre de la la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA).
Sede de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) en Silver Spring, Maryland.
Tada Images/Shutterstock

La política detrás de la crisis

La administración Trump ha defendido una agenda de desregulación y recortes presupuestarios bajo la premisa de simplificar la burocracia. En la práctica, esto ha supuesto recortes de personal en la Administración de Alimentos y Medicamentos, (FDA por sus siglas en inglés) que llevaron, por ejemplo, a suspender pruebas de calidad de la leche. Además, el Departamento de Agricultura decidió disolver comités asesores científicos que guiaban la política de inocuidad, eliminando un contrapeso técnico clave.

La FDA inició además un proceso para revocar regulaciones que definen los estándares de identidad de más de 50 alimentos, flexibilizando las reglas de etiquetado. A ello hay que añadir la eliminación de la División de Protección al Consumidor del Departamento de Justicia, lo que limita la capacidad de sancionar penalmente a empresas infractoras, así como un proceso de descentralización que transfiere responsabilidades a estados y gobiernos locales, con capacidades muy desiguales.

Los defensores de estas políticas argumentan que reducen costos y fomentan la competitividad. Los críticos, en cambio, advierten que constituyen un debilitamiento estructural del sistema.

Voces críticas y dimisiones

La tensión también se ha manifestado en renuncias de alto perfil. Jim Jones, subcomisionado de alimentos humanos de la FDA, dimitió el pasado mes de febrero tras denunciar que los recortes habían dejado a su área sin capacidad para cumplir con sus funciones esenciales. Poco después, Michael Rogers, jefe de inspecciones de la agencia, se retiró tras 34 años de carrera, en medio de la frustración de inspectores que veían debilitadas sus funciones.

Además, organizaciones de consumidores, médicas y de salud pública han llegado a pedir la renuncia de Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud y Servicios Humanos, al que acusan de priorizar la desregulación por encima de la seguridad. Estas salidas no son meros cambios de personal: simbolizan la fractura interna de las instituciones encargadas de velar por la seguridad alimentaria.

Conviene subrayar que las retiradas de productos y brotes siempre han existido en Estados Unidos y en buena medida son prueba de que la vigilancia funciona. Lo que cambia ahora es la frecuencia y la magnitud. Muchos de los productos afectados en las últimas semanas son de consumo masivo, lo que multiplica el impacto potencial en la salud. Además, con menos inspecciones y menos recursos, la probabilidad de que los riesgos pasen desapercibidos aumenta.

Las estadísticas definitivas de 2025 tardarán en publicarse, pero los patrones recientes sugieren que los riesgos se están volviendo más visibles y peligrosos.

Las justificaciones oficiales

El Gobierno y algunos sectores de la industria se defienden con varios argumentos. Afirman que la eliminación de comités y estándares excesivos busca desburocratizar y acelerar la innovación. Aducen que descentralizar hacia los estados permite respuestas más adaptadas a cada realidad local. Y sostienen que los recursos deben centrarse en los riesgos más graves, en lugar de dispersarse en controles rutinarios.

Sin embargo, estas justificaciones pierden sentido cuando los incidentes se acumulan y los titulares hablan de intoxicaciones y muertes. La seguridad alimentaria es un bien público y, como recuerdan especialistas en salud pública, no puede depender solo de la autorregulación del mercado.

Los acontecimientos de este otoño no pueden atribuirse únicamente a la mala fortuna. Son la consecuencia visible de un sistema sometido a recortes, desregulación y pérdida de talento técnico. Todo esto lleva a pensar que la seguridad alimentaria en Estados Unidos atraviesa un momento crítico. Los brotes recientes no son meros accidentes aislados, sino el síntoma de un sistema debilitado.

La pregunta para los próximos meses será si la presión social y política logrará revertir la tendencia antes de que los costos humanos y económicos se multipliquen.

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José Miguel Soriano del Castillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿A qué se debe la oleada de incidentes alimentarios en Estados Unidos? – https://theconversation.com/a-que-se-debe-la-oleada-de-incidentes-alimentarios-en-estados-unidos-267338

Diez años de ‘First Dates’: el ritual televisivo que nos recuerda cómo mirarnos a los ojos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan Tahull Fort, Profesor e investigador en sociología, especializado en dinámicas sociales y educativas contemporáneas, Universitat de Lleida

Pareja de participantes en _First Dates_. Mediaset

En abril de 2026 se cumplirán diez años del estreno del programa de televisión First Dates, el restaurante televisivo donde dos desconocidos se sientan a charlar y compartir una cena frente a las cámaras. Una década después, el formato mantiene una rara estabilidad en la televisión actual: continuidad, éxito sostenido y un público diverso que lo sigue a diario.

Desde su debut, el 17 de abril de 2016, el programa ha tenido una audiencia media de entre 1,2 y 1,3 millones de espectadores, con cuotas de pantalla que rondan el 7-8 %.

Más allá de los índices de audiencia, esa fidelidad refleja el clima social del momento. First Dates no es solo un programa de entretenimiento: se ha consolidado como una ventana a la diversidad de biografías, deseos y formas de entender el amor, la sexualidad, la convivencia, la familia… En un contexto saturado de estímulos y pantallas, el programa va a lo esencial: la socialización, el encuentro, el reconocimiento del otro y la autenticidad.

Cuatro razones del interés de la audiencia

El programa logra conectar con los espectadores a través de cuatro dimensiones fundamentales:

  1. Identificación emocional. Muchos espectadores se reconocen en los participantes porque comparten sus miedos, sus ilusiones y esas segundas oportunidades que alguna vez vivieron o imaginaron. El vínculo que se genera va más allá de la mera observación: no se trata solo de contemplar una historia ajena, sino de reconocerse en los gestos, las dudas y los deseos que todos, de algún modo, tenemos.

  2. Entretenimiento sin estridencias. La brevedad de los encuentros, el tono ligero y la ausencia de dramatismo permiten desconectar al final del día, sin la carga emocional de las noticias o los programas más agresivos. Hay espacio para la risa y para alguna que otra sorpresa, pero sin recurrir a la humillación ni a la exageración.

  3. Curiosidad por lo nuevo. Las citas funcionan como un observatorio de los códigos afectivos contemporáneos: la negociación del compromiso, los pactos de convivencia, las expectativas sobre el sexo o la familia y la visibilidad de identidades y orientaciones diversas. Para quienes crecieron en otras tradiciones, presenciar esas conversaciones resulta informativo, incluso liberador; en algunos casos permite comprender mejor a determinadas personas cercanas. Y para los más jóvenes, supone la oportunidad de descubrir otros modelos y formas de entender la vida, la pareja y la familia.

  4. Ritual cotidiano y conversación social. Convertido en una cita diaria, se ha integrado en la rutina de muchos espectadores: acompaña la cena, marca el final del día y ofrece un espacio de desconexión. Para muchos, el programa se ha convertido también en tema de conversación: las citas de la noche anterior, las reacciones de los participantes, sus gestos o maneras de relacionarse crean temas de conversación entre familiares y amigos.

Estas motivaciones no son exclusivas de las personas mayores, sino que actúan como un puente entre generaciones. Mientras los mayores descubren cómo piensan y sienten los jóvenes y adultos –e incluso otros mayores distintos de sí mismos–, los adultos confrontan sus modelos y los jóvenes encuentran nuevas formas de interpretar la vida y proyectarse hacia el futuro. Unos actualizan sus referentes y otros comprueban que sus dudas no son tan originales y que, en el fondo, son compartidas.

El presentador Carlos Sobera (en el centro) y el equipo que le acompaña delante de las cámaras celebran el programa número 2000 en noviembre de 2024.
Mediaset

En cada mesa se ensaya, sin pretensiones, una pedagogía del encuentro: mirarse, preguntar, responder con cierta honestidad, gestionar la atracción o el desacuerdo, expresar los límites y ofrecer –o negar– una segunda cita con respeto.

La forma importa tanto como el fondo. Esa cultura del cuidado y la cortesía emocional –poco habitual en los tiempos actuales y en las redes sociales– está en el programa.

First Dates ofrece una mirada serena, sin estridencias ni gritos, con personas muy distintas. En sus mesas cabe casi todo: edades, cuerpos, creencias, trayectorias, orientaciones y procedencias. La diversidad se vive como una experiencia cotidiana: cada comensal habla de sí mismo. En tiempos de polarización, ese gesto sencillo adquiere un evidente valor cívico y humano.

Individualismo, soledad no deseada y encaje social

Vivimos la paradoja de estar hiperconectados y, al mismo tiempo, sentirnos solos. La soledad no deseada se extiende entre jóvenes y mayores; el individualismo transforma los vínculos en conexiones fugaces y destaca más lo llamativo frente a lo cuidadoso y delicado.

En ese contexto, First Dates actúa como un refugio emocional: observar una conversación normal, a un ritmo humano y con unas reglas claras de cortesía.

Para quienes viven en los márgenes de la vida social –por viudedad, separación, jubilación, migración…–, el programa cumple una función simbólica y práctica: recordar que el encuentro sigue siendo posible y que el aprendizaje social no termina a los 30.

Observar las citas de otros alimenta la esperanza, legitima la búsqueda de compañía y refuerza el sentido de pertenencia a una comunidad diversa, compleja y compuesta por personas diferentes.

Por qué funciona

El programa tiene unas características que lo hacen único:

  • Formato claro: una fórmula sencilla y reconocible –dos personas en una mesa que tienen que tomar una decisión– que facilita una comprensión inmediata y mantiene la atención sin exigir continuidad.

  • Tono cuidado: humor sin burla, ternura sin cursilería y curiosidad sin morbo.

  • Ritmo breve: historias cortas cerradas en sí mismas que evitan el desgaste de los formatos más largos.

  • Valor público: normaliza la diversidad y muestra nuevas formas de entender la vida, la familia, la pareja, el amor, el sexo…

Algunos programas televisivos funcionan como agentes de socialización y generadores de relatos compartidos. En España, el caso de First Dates resulta paradigmático: una propuesta sencilla produce aprendizajes sutiles y fomenta vínculos más allá de la pantalla. Por ello se ha consolidado como un espacio con una clara función socializadora y prosocial.

Diez años, una invitación

Que First Dates vaya a cumplir una década no es solo motivo de celebración televisiva. Es también una invitación a repensar nuestros espacios y tiempos de encuentro: ¿dónde practicamos hoy la escucha, la empatía o la negociación cotidiana del desacuerdo? Quizá el éxito del programa se explique, en parte, porque en casa y fuera no encontramos estos momentos.

En un tiempo en que las relaciones tienden a medirse en clics y notificaciones, First Dates recuerda que somos seres sociales, que necesitamos la presencia del otro para reconocernos.

Volver a valorar la conversación, la mirada compartida o el placer de la compañía contribuye al bienestar y a un vida más feliz: aprender de la presencialidad, abrirse al encuentro y redescubrir la satisfacción de estar –de verdad– con alguien.

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Joan Tahull Fort no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Diez años de ‘First Dates’: el ritual televisivo que nos recuerda cómo mirarnos a los ojos – https://theconversation.com/diez-anos-de-first-dates-el-ritual-televisivo-que-nos-recuerda-como-mirarnos-a-los-ojos-267083

Ni galletas “enriquecidas” ni zumos: las claves de un desayuno o una merienda saludable

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

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Que las chucherías no son recomendables para los niños no es ninguna sorpresa. Pero la bollería, las galletas y la mayoría de los cereales, habituales en desayunos y meriendas, no son mejores.

¿Qué nos piden los niños? La respuesta es sencilla: si pueden, eligen alimentos que les atraen, ya sea por su sabor, la forma de presentación o la publicidad. Algunos de ellos son galletas en forma de animales, cereales con silueta de estrellitas, batidos con dibujos o los “pastelitos”, que resisten imperturbables el paso de las décadas.

Muchos de estos productos presumen incluso de llevar vitaminas y minerales añadidos. Pero no nos dejemos engañar, porque su objetivo no es otro que el de convencernos a los papás y las mamás de que son buenos para nuestros retoños.

La importancia de pararle los pies a la publicidad

Hace unos años, desde el equipo BADALI de la Universidad Miguel Hernández analizamos la calidad nutricional de más de 500 alimentos con publicidad dirigida a niños o adolescentes. La friolera del 97 % de todos ellos no eran saludables.

En ese estudio incluimos una gran variedad de productos que suelen gustar a los pequeños de la casa: galletas, cereales de desayuno, bollería, lácteos, barritas, zumos y bebidas de frutas, snacks y dulces. Encontrar el 3 % saludable puede ser como buscar una aguja en un pajar.

Esto hace imperativo poner coto a la publicidad de alimentos no saludables dirigidos a la población infantil y adolescente, como ya sucede en varios países desde hace más de una década. En este sentido, el Ministerio de Consumo elaboró un borrador de Real Decreto en 2022, que ha retomado recientemente. Esperemos que esta vez sí sea una realidad.

El engañoso reclamo de “con vitaminas añadidas”

En cuanto a lo de “tapar” que un alimento no es saludable añadiéndole vitaminas y minerales, también tenemos datos. Por resumir lo más importante, solo uno de cada siete de todos estos productos se puede considerar saludable.

Si miramos con detenimiento, vemos que la población infantil es la destinataria principal de, por ejemplo, las galletas. Dos de cada tres de las que se anuncian como “enriquecidas” llevan dibujos. Ni qué decir tiene que ninguna de estas galletas es saludable, pero tampoco lo es el resto.

En cuanto a los cereales de desayuno enriquecidos, sí los hay que son saludables; sin embargo, no están dirigidos a niños. Y en lo que respecta a las bebidas de frutas, por mucho que las anuncien con toda una colección de vitaminas, ninguna de ellas es recomendable.

Es preferible un desayuno breve que uno no saludable

Entonces, ¿cómo deben ser los desayunos, almuerzos y meriendas? Seguro que, en muchas familias, desayunar bien antes del ir al cole o al instituto es aún una asignatura pendiente. Además, es posible que el apetito de los niños sea muy peculiar y dependa mucho de lo que haya sobre la mesa.

Las madres y los padres nos preocupamos y tendemos a aferrarnos a un “da igual lo que coman, con tal de que coman”. Sin embargo, la mejor decisión que podemos tomar es adoptar esta otra máxima: es preferible un desayuno breve que uno no saludable.

No hay alimentos saludables que estén prohibidos en un desayuno, almuerzo o merienda. Sin embargo, la combinación ideal es un lácteo, un cereal y una fruta. Eso sí, deben cumplir el mismo requisito: que sean saludables.

No es necesario que la leche esté enriquecida, basta con una normal y mejor si es entera. No hay ninguna razón para desterrar la leche entera de la mesa de los niños. Para los adultos ya es otra historia, pero los niños deben tomar dos vasos de leche al día, dado que supone un aporte insustituible de calcio para su crecimiento.

Los batidos lácteos no son una buena alternativa porque llevan azúcar o edulcorantes añadidos y ninguno de los dos es saludable.

En cuanto a los yogures sin estos ingredientes, son muy buena elección, aunque solemos rechazar su sabor ácido. Podemos mezclarlos con trozos de fruta o añadirles apenas un poco de azúcar, lo justo para neutralizar esa acidez. Además, debemos tener en cuenta que un vaso de leche equivale a dos yogures.

Los cereales de desayuno sin otros ingredientes que los propios cereales son una opción con la que acompañar al lácteo. De la bollería y las galletas, ni hablamos: aunque sean de horno tradicional o caseras, es preferible evitarlas.

En España es habitual decantarse por el pan, que solemos acompañar con aceite de oliva virgen y tomate. Esta es una buena elección, aunque con dos matices: una es que el pan debería ser integral y la otra es no añadir más sal. La sal del propio pan ya supone el 20 % de toda la que tomamos al día y que deberíamos reducir a la mitad. La mantequilla, margarina o mermelada no son buenas opciones para acompañar el pan.

Esa rebanada de pan se suele convertir en bocadillo cuando se trata del almuerzo o la merienda. Aunque acusado injustamente de engordar, en un bocadillo, lo más importante es el pan. Debemos reducir el tamaño de las capas de embutido que suelen acompañarle, porque ponen en riesgo nuestra salud.

Mejor cambiar el zumo de naranja por fruta

El zumo de naranja exprimido en casa ha gozado de buena fama durante mucho tiempo. Es cierto que es preferible a cualquier otro zumo comercial, bebida de frutas o refresco. Sin embargo, solo aporta azúcares libres, que aumentan el riesgo de enfermedades, obesidad y, por supuesto, provocan caries. Así que ni siquiera esta bebida es un buen sustituto para la fruta.

El desayuno, el almuerzo y la merienda son oportunidades para tomar los nutrientes fundamentales que nuestros hijos necesitan para crecer sanos. Merece la pena el esfuerzo porque es la mejor inversión para su futuro que podemos hacer.

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Ana Belén Ropero Lara no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ni galletas “enriquecidas” ni zumos: las claves de un desayuno o una merienda saludable – https://theconversation.com/ni-galletas-enriquecidas-ni-zumos-las-claves-de-un-desayuno-o-una-merienda-saludable-267035