¿Por qué (no) nos gustan las adaptaciones literarias al cine?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Ángel Baños Saldaña, Profesor de Literatura Española, Universidad de Castilla-La Mancha

Jacob Elordi y Margot Robbie protagonizan la última adaptación de _Cumbres borrascosas_. Warner Bros

A lo largo del último año hemos sido testigos del estreno de algunas adaptaciones literarias al cine que están dando mucho que hablar. Nos referimos a películas como Hamnet, Los miserables. El origen o Cumbres borrascosas. También a series como La casa de los espíritus.

Cuando se produce una adaptación, la polémica está servida. Antes de que aparezca, algunos lectores ya difunden su veredicto: “El libro es mejor”. Los rituales comparativos también pertenecen al bando contrario, aunque son menos frecuentes: “La película supera el libro”.

Y esto seguirá pasando a lo largo de 2026. Nos encontramos a la espera de lanzamientos como La Odisea, Sentido y sensibilidad o, una vez más, otra versión de Los miserables.

¿Por qué nos atraen y, a la vez, nos generan tanta desconfianza las adaptaciones? Muchas veces estamos predispuestos a la negación, pero, aun así, vamos al cine. La respuesta tiene menos que ver con la calidad objetiva de las películas y más con nuestras expectativas como lectores-espectadores (“lectoespectadores”).

El mito de la fidelidad

Debemos admitir que existe una obsesión por la fidelidad. El público evalúa las películas a partir del “respeto” hacia el libro. Así, una adaptación funciona bien si reproduce escenas, mantiene diálogos intactos o configura a los personajes igual.

Este punto de partida, también adoptado por la crítica normalmente, se apoya en una idea implícita de dependencia. El libro es un producto valioso y el cine una versión empobrecida.

Pensemos en las discusiones en torno a la figura de Heathcliff en Cumbres borrascosas. Estas proceden de la elección de un actor blanco, Jacob Elordi, para interpretar a un personaje etnizado (“un gitano de piel oscura” en el libro). Pero… ¿acaso trata la película de incidir en la marginación racial? ¿O pretende alcanzar otro objetivo?

Es cierto que a las adaptaciones, teóricamente, las denominamos “objetos semióticos secundarios”. Sin embargo, la palabra secundario no significa “menos importante” ni “condicionado”.




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El tráiler de la nueva ‘Cumbres borrascosas’: un minuto y medio de pura controversia


Si la película Cumbres borrascosas ha generado malestar por sus transformaciones, sucede lo contrario con Hamnet, donde la técnica del guion y de la dirección han recibido elogios. Se han valorado favorablemente la incorporación de una trama lineal, la concesión de mayor protagonismo a Shakespeare o el manejo de la intensidad emocional.

En cualquiera de los dos casos, las comparaciones se vuelven injustas: literatura y cine son artes diferentes que, además, emplean lenguajes y técnicas distintos. Pretender una fidelidad absoluta no solo es imposible, sino conceptualmente erróneo. Una adaptación “literal” sería, paradójicamente, una mala película.

El cine como relectura cultural

Las adaptaciones cinematográficas escogen una obra, reinterpretan su contenido y lo adecuan al público receptor. Por lo tanto, no solo se recupera la historia del libro, sino que esta se recontextualiza culturalmente.

La creatividad humana es hija de su tiempo. Se hace casi imposible realizar una película sobre un clásico sin incorporar, más o menos intencionalmente, los valores y el estilo de vida del presente. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, escribió Italo Calvino.

Cartel de una mujer de piel oscura presentada como la protagonista de La sirenita.
El aspecto físico de la protagonista de la última versión de La sirenita fue origen de críticas para quienes defendían que la protagonista del cuento era caucásica.
Disney

Más que no gustarnos, algunas adaptaciones nos incomodan. No se trata de que traicionen el libro, sino de que lo hacen hablar en otro registro. Las adaptaciones pueden funcionar como un instrumento político que deconstruye los discursos que configuran nuestra manera de pensar.

A este respecto, recordemos las tensiones en torno a la versión de La Sirenita protagonizada por Halle Bailey. Cuando se publicó el tráiler, los espectadores más puristas no simpatizaron con la transformación racial de la figura nórdica del cuento de Andersen. ¿Hubiesen cambiado de opinión sobre el resultado si no se hubiera modificado el color de piel del personaje?

También son las adaptaciones un espejo de la realidad y un termómetro cultural. Volvamos a Cumbres borrascosas y a la elección de Jacob Elordi para Heathcliff. La adaptación se desentiende del trauma social y racial decimonónico. Su reinterpretación del contenido discurre por el camino de una atracción sexual tóxica, fatalista e incompatible a largo plazo. De ahí la elección de dos iconos atractivos, Elordi (Nate Jacobs en Euphoria) y Robbie (Barbie en la película homónima de 2023).

Tampoco deben dejarse de mencionar otros temas que se refuerzan en la película, como las imposiciones de la gestación, la falta de decisión autónoma o las rivalidades estructurales que impiden la sororidad.

La difusión y nuestro horizonte de expectativas

Decíamos que las adaptaciones son “objetos semióticos secundarios” porque implican la difusión de un patrimonio pretérito. En nuestro caso, además, exigen un cambio de medio: pasamos del libro a la pantalla.

Esta transformación motiva la competición entre nuestro imaginario como lectores y las propias imágenes de la película. Afecta, por tanto, a nuestro horizonte de expectativas.

¿Pueden encarnar los actores hollywoodienses a los protagonistas griegos de La Odisea? Esta es la pregunta que se hacen muchos espectadores que dudan de los roles de Matt Damon como Odiseo o Zendaya como Atenea.

Otro tipo de expectativas participan del conservadurismo ideológico. La posibilidad de que el actor trans Elliot Page interprete a Aquiles ha armado revuelo. Hay quienes bautizan a la película como La Wokisea, es decir, La Odisea woke.

Tanto nos condiciona el horizonte de expectativas que, en muchos casos, para que una adaptación funcione necesita que el espectador no reconozca el libro de partida. Basta como ejemplo el éxito de Blade Runner (1982), que viene del libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick.

¿Qué hacer ante las adaptaciones?

La respuesta es sencilla: aprender a dialogar con ellas. Hemos comprobado que las miramos con un criterio equivocado. No se trata de pedirles que sustituyan el libro; cuando les exijamos una lectura propia, las disfrutaremos de verdad.

Las adaptaciones no borran las novelas. Al contrario, las releen y nos las acercan. Nos invitan a explorar nuevas perspectivas y a razonar de otro modo. Y sirven, sobre todo, para explicar el pasado a través de las transformaciones del presente.

Ese es su logro: hacer pensar, incomodar, decirnos que la historia se repite pero siempre con nuevos matices.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué (no) nos gustan las adaptaciones literarias al cine? – https://theconversation.com/por-que-no-nos-gustan-las-adaptaciones-literarias-al-cine-278172

Angine de Poitrine: por qué el cerebro disfruta con la música que no entiende del todo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Actuación del dúo Angine de Poitrine. CLICHEK/Angine de Poitrine

Abrimos un vídeo casi por accidente. En pantalla aparecen dos figuras enmascaradas, con una estética entre lo artesanal, lo absurdo y lo inquietante. Empiezan a tocar. La guitarra no suena como esperamos. Algunas notas parecen estar “entre” las notas que conocemos. La batería avanza con precisión, pero no siempre por los caminos previsibles. La primera reacción puede ser de desconcierto. La segunda, de curiosidad. Y, sin darnos demasiada cuenta, seguimos mirando.

Algo así explica parte del fenómeno reciente de Angine de Poitrine, dúo experimental de Quebec que se ha hecho especialmente visible por su combinación de rock matemático, máscaras de papel maché, humor surrealista y uso de guitarras microtonales. Su actuación en KEXP ha contribuido a convertirlos en una rareza viral: no solo por cómo suenan, sino por la dificultad de encajarlos en una categoría conocida.

Angine de Poitrine en KEXP.

Desde la psicología, el caso es muy interesante porque obliga a preguntarse algo más amplio: ¿por qué puede gustarnos una música que, al principio, no sabemos interpretar?

El cerebro no escucha: predice

Escuchar música no es recibir sonidos de forma pasiva. El cerebro anticipa. Espera que una melodía continúe en una dirección, que una tensión armónica se resuelva, que un ritmo cierre en determinado punto. Buena parte del placer musical surge de ese delicado juego entre confirmación y sorpresa.

Cuando todo es demasiado previsible, la música puede volverse plana. Cuando todo es demasiado imprevisible, puede resultar caótica. Entre ambos extremos aparece una zona especialmente fértil: la música que desafía nuestras expectativas, pero no las destruye por completo. Estudios sobre predictibilidad, incertidumbre y placer musical han mostrado que tendemos a preferir niveles intermedios de complejidad predictiva: suficiente orden para orientarnos, suficiente sorpresa para mantenernos atentos.

Angine de Poitrine trabaja precisamente en ese territorio. Sus canciones pueden parecer extrañas, pero no son puro desorden. Hay repetición, pulso, patrones, energía corporal. La batería ofrece una estructura reconocible mientras la guitarra introduce una sensación de inestabilidad. El resultado es una mezcla psicológicamente eficaz: el oyente no entiende del todo lo que ocurre, pero tampoco se pierde por completo.

Microtonos: cuando una nota parece estar fuera de sitio

El uso de microtonos merece una atención especial. En la música occidental más habitual, estamos acostumbrados a dividir la octava en doce semitonos. El piano, la guitarra estándar o gran parte del pop se mueven dentro de ese marco. La música microtonal, en cambio, utiliza intervalos más pequeños o diferentes a los que ese sistema nos ha enseñado a esperar.

Por eso, para muchos oyentes, una guitarra microtonal puede sonar inicialmente “desafinada”. Pero esa impresión no significa necesariamente que lo esté. Significa que el cerebro compara lo que escucha con sus esquemas previos. Si una nota cae en un lugar que nuestro sistema auditivo-cultural no espera, la interpretamos como rareza, tensión o error.

Portada del álbum _Vol. II_ de Angine de Poitrine.
Portada del álbum Vol. II de Angine de Poitrine.
Angine de Poitrine

La investigación sobre aprendizaje de intervalos microtonales desconocidos muestra que los oyentes occidentales sin formación específica pueden empezar a familiarizarse con escalas no habituales mediante exposición. Es decir, lo que al principio parece extraño puede volverse progresivamente inteligible. El gusto musical no es solo una preferencia espontánea: también es aprendizaje perceptivo.

Otros trabajos sobre acordes microtonales poco familiares sugieren que la respuesta afectiva ante estos sonidos depende tanto de propiedades acústicas internas como de regularidades aprendidas por exposición cultural. Dicho de otro modo: no escuchamos solo con el oído, sino también con la historia musical que llevamos incorporada.

La incomodidad también puede ser estética

La clave no está en que Angine de Poitrine elimine la incomodidad, sino en que la convierte en parte de la experiencia. Esto conecta con una idea central en psicología de la música: el placer no surge únicamente de lo agradable, suave o familiar. También puede surgir de la tensión, de la ambigüedad y de la resolución parcial de una expectativa.

La música activa circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la anticipación y la emoción. Revisiones neurocientíficas sobre placer musical y predicción han propuesto que el disfrute aparece cuando el cerebro detecta patrones, genera expectativas y experimenta desviaciones significativas respecto a ellas. No nos emociona solo lo que suena bonito; nos emociona lo que nos obliga a reorganizar lo que esperábamos oír.

De ahí que una propuesta aparentemente difícil pueda volverse adictiva. La primera escucha produce extrañeza. La segunda permite reconocer un patrón. La tercera convierte lo raro en familiar. En ese recorrido, el cerebro obtiene una pequeña recompensa: ha domesticado parcialmente el caos.

Ver cambia lo que oímos

Angine de Poitrine no es solo sonido. Es imagen, gesto, teatro, personaje. Las máscaras, la estética absurda y la corporalidad de la interpretación influyen en la forma en que escuchamos. La investigación sobre la percepción musical como experiencia multisensorial ha mostrado que los elementos visuales de una actuación no son un simple adorno: pueden modificar la interpretación emocional, estructural y estética de lo que oímos.

Dibujo de una persona con una careta blanca con lunares negros y otra con careta negra y lunares blancos.
El aspecto de sus integrantes forma parte de su atractivo.
Angine de Poitrine

No es lo mismo escuchar una pieza microtonal sin contexto que verla ejecutada por dos figuras que parecen salidas de un ritual cómico y artesanal. La información visual puede funcionar como una clave de lectura: esto no es un error, es un juego; no es torpeza, es intención; no es ruido, es lenguaje. De hecho, varios estudios han mostrado que la información visual influye en la evaluación de una interpretación musical y que los gestos del intérprete también cambian lo que percibimos.

En un ecosistema saturado de música pulida, recomendaciones algorítmicas y experiencias cada vez más mediadas por pantallas, esa dimensión física y performativa también importa. Angine de Poitrine parece ofrecer algo difícil de simular del todo: presencia, rareza manual, imperfección significativa. La sensación de “esto está ocurriendo” forma parte del atractivo, especialmente en un contexto donde la experiencia musical en directo sigue asociándose a autenticidad, identidad y conexión social.

Lo raro como refugio frente a lo previsible

Quizá el éxito de Angine de Poitrine tenga que ver con una paradoja contemporánea. Nunca hemos tenido acceso a tanta música y, sin embargo, muchas experiencias culturales parecen cada vez más optimizadas para no incomodar. Las plataformas aprenden nuestras preferencias y nos devuelven variaciones de lo que ya nos gustaba. La sorpresa queda administrada en pequeñas dosis.

Por eso, cuando aparece algo que rompe la plantilla sin renunciar al ritmo, al virtuosismo y al humor, el cerebro presta atención. No porque entienda inmediatamente el código, sino porque detecta una oportunidad de exploración.

Angine de Poitrine no demuestra que todo lo extraño acabe gustando. La rareza por sí sola no basta. Lo que funciona es la combinación entre desviación y estructura, entre microtonos y groove, entre máscara y precisión, entre desconcierto y placer corporal.

En el fondo, quizá no es que disfrutemos de esta música a pesar de no entenderla del todo. Tal vez la disfrutamos porque nos obliga a escuchar de otra manera.


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The Conversation

Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Angine de Poitrine: por qué el cerebro disfruta con la música que no entiende del todo – https://theconversation.com/angine-de-poitrine-por-que-el-cerebro-disfruta-con-la-musica-que-no-entiende-del-todo-283033

Cuántos (buenos) amigos tenemos influye en cómo percibimos nuestro cuerpo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amar D’Adamo, PhD Candidate, Universidad Carlos III

La satisfacción con el propio cuerpo podría estar relacionada con la solidez de nuestro círculo de amistades. Priscilla du Preez / Unsplash., CC BY-SA

Muy posiblemente, usted sabe cuánto mide, cuánto pesa, su talla o cómo se mueve. Sin embargo, numerosos experimentos muestran que esta percepción no es siempre igual. De hecho, se ha demostrado que se puede cambiar a través de estímulos externos. En la conocida ilusión de la mano de goma, por ejemplo, una persona puede llegar a sentir como propia una mano artificial, si ve que la acarician al mismo tiempo que se acaricia su mano real (que permanece oculta).

Estas ilusiones corporales no son simples curiosidades. Nos ayudan a entender cómo el cerebro combina señales visuales, táctiles, auditivas y motoras para construir una representación del cuerpo. Lo que muestran es que esa representación no está grabada de una vez para siempre: se actualiza continuamente a partir de la información sensorial disponible.

Cómo nos afecta el sonido de nuestros pasos

En este contexto, en nuestro grupo hemos trabajado mucho con la llamada “ilusión de los pasos”.

El experimento muestra cómo el sonido de nuestros pasos influye en cómo nos sentimos.

Se trata de un experimento con un planteamiento sencillo: los participantes caminan mientras escuchan en tiempo real el sonido de sus propios pasos, pero ese sonido se modifica. Si se refuerzan las frecuencias bajas, los pasos suenan más graves y se asocian con un cuerpo más pesado. Si se refuerzan las frecuencias altas, los pasos suenan más ligeros.

A continuación, se pregunta a las personas sobre cómo perciben su cuerpo y si observan cambios en cómo sienten su peso corporal, su tamaño y su forma de caminar. También se les pregunta por algunos aspectos emocionales asociados al movimiento.

Desde un punto de vista práctico, estos experimentos involucran la combinación de varias tecnologías, tanto de tratamiento de las señales acústicas como sensores y electrónica de recogida de datos. Estas nos permiten manipular los sonidos, así como recoger medidas de la marcha y de la actividad muscular, que se complementan con una serie de cuestionarios. También medimos con sensores señales relacionadas con nuestras respuestas emocionales y fisiológicas –como, por ejemplo, las del corazón–.

Sandalias que llevan los participantes en el estudio para el experimento de sus datos, que permiten enviar el sonido de sus pasos para ser modificado y reenviado al sujeto así como registrar otros datos fisiológicos.
i_mBODY Lab.

Cómo influye el tamaño de nuestra red social

Como dato adicional, en nuestro estudio nos preguntamos si era posible que la respuesta de los sujetos a los estímulos dependiera de su red de apoyo social. Para ello, incluimos en nuestra recogida de datos un cuestionario estándar con el que caracterizamos también la red de apoyo social de cada uno de los 105 participantes en el experimento.

No se trataba de contar conocidos o contactos en redes sociales, sino de identificar a las personas a las que acudirían en distintas situaciones de apoyo emocional o práctico. A partir de esa información, medimos cuántas personas formaban parte de esa red y en cuántos grupos o ámbitos sociales se organizaba.

Más amigos, mayor satisfacción corporal

Nuestros resultados mostraron claramente una relación entre apoyo social e imagen corporal. Las personas con redes de apoyo más grandes muestran mayor satisfacción con su imagen corporal y menos síntomas asociados a trastornos de la conducta alimentaria.

Esto no prueba que una red social amplia cause directamente una mejor imagen corporal, pero sí sugiere que el bienestar corporal no depende solo de factores individuales, sino también del contexto social.

Cuando analizamos la ilusión de los pasos, vimos que, en participantes con redes de apoyo más pequeñas, el efecto del sonido seguía el patrón esperado. Los pasos graves tendían a hacer que se sintieran más pesados y los pasos agudos tendían a hacer que se sintieran más ligeros.

En cambio, en personas con redes de apoyo más grandes o más diversificadas, este efecto se reducía o se modificaba.

Es decir, las personas con menos apoyo social eran más moldeables, cambiando más su percepción del peso corporal. Las personas con redes más amplias parecían menos susceptibles a esa manipulación.

Menos vulnerables al exterior

Una interpretación posible es que las relaciones sociales actúen como una especie de estabilizador de la imagen corporal. Una red de apoyo amplia puede ofrecer más experiencias de aceptación, más diversidad de referentes y más oportunidades de contrastar normas sociales sobre el cuerpo. Esto podría hacer que la representación corporal dependa menos de señales externas puntuales.

Esta interpretación es especialmente relevante porque el peso corporal no es una dimensión neutra. Está cargado de normas sociales, estigmas, expectativas de género y comparaciones. Por eso estudiar una ilusión relacionada con el peso permite conectar la percepción corporal con un terreno claramente social.

Nuestro estudio no demuestra que aumentar el apoyo social sea por sí solo una intervención contra los problemas de imagen corporal. Tampoco permite establecer una relación causal directa entre red social y percepción del cuerpo. Lo que sí plantea es que la percepción corporal no puede entenderse como un fenómeno puramente privado o individual.

El cuerpo que sentimos se construye con señales sensoriales, pero también en un entorno social. Nuestros vínculos, nuestras comparaciones, nuestras experiencias de aceptación y las normas culturales que nos rodean pueden influir en cómo interpretamos las señales que proceden del cuerpo.

Posibles aplicaciones prácticas

En este contexto, es importante notar que estos estudios se podrían aplicar en personas con distintos problemas, como es el caso de los trastornos alimentarios, por ejemplo, con el diseño de dispositivos electrónicos directamente relacionados con una percepción distorsionada del propio cuerpo.

Otra aplicación interesante es contrarrestar sensaciones de pesadez que se observan en diversas condiciones de salud, como la depresión, algo que estamos estudiando en el proyecto SENSEBEAT. También podrían ser útiles para actuar en casos de estigma asociado al peso.

En cualquier caso, tales intervenciones deben tener en cuenta el factor social. Como hemos visto, a la hora de juzgarnos a nosotros mismos ante el espejo, no es lo mismo que nuestra red social de apoyo sea raquítica o que esté bien alimentada.

The Conversation

Amar D’Adamo recibe fondos del Consejo Europeo de Investigación (ERC) bajo el programa de investigación e innovación Horizon 2020 de la Unión Europea (acuerdo de subvención n.º 101002711; proyecto BODYinTRANSIT).

Ana Tajadura Jiménez recibe fondos del Consejo Europeo de Investigación (ERC) bajo el programa de investigación e innovación Horizon 2020 de la Unión Europea (acuerdo de subvención n.º 101002711; proyecto BODYinTRANSIT).

Angel Sánchez Sánchez recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigacion, Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y de la Fundacion BBVA. Es co-director del Laboratorio de Economía del Comportamiento de la Fundación COTEC.

Lize De Coster recibe fondos del programa CONEX-Plus (n.º 801538), financiado por la Universidad Carlos III de Madrid y la Comisión Europea a través de la Acción COFUND Marie Sklodowska-Curie (H2020-MSCA-COFUND-2017-GA801538).

ref. Cuántos (buenos) amigos tenemos influye en cómo percibimos nuestro cuerpo – https://theconversation.com/cuantos-buenos-amigos-tenemos-influye-en-como-percibimos-nuestro-cuerpo-282874

¿Está empobreciendo la IA el lenguaje periodístico (y de la sociedad)?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Xosé López-García, Periodismo digital, comunicación digital, Universidade de Santiago de Compostela

markus winkler k Am hKISLM unsplash Markus Winkler / Unsplash., CC BY

¿Qué ocurre con el lenguaje público cuando una parte creciente de los textos que circulan en la prensa, internet y las redes comienza a ser escrita por máquinas? La cuestión no afecta solo al periodismo como actividad profesional. También puede afectar la riqueza de la lengua que usamos para comprender, describir y debatir la realidad.

Históricamente, la prensa ha sido uno de los espacios donde la lengua pública se expande y enriquece. No es el único motor del cambio lingüístico, por supuesto, pero sí uno de los ámbitos donde las sociedades ponen a circular palabras, giros y formas de nombrar hechos emergentes. Distintos trabajos sobre lenguaje periodístico y neologismos muestran justamente que los periódicos han funcionado como espacios de creación y difusión de vocabulario nuevo, especialmente, cuando deben dar cuenta de acontecimientos, tecnologías o transformaciones sociales para públicos amplios.

Ese papel puede debilitarse si una parte importante de la escritura periodística se delega en sistemas generativos. Los grandes modelos de lenguaje se basan, de manera general, en la predicción del siguiente token o palabra probable dentro de una secuencia. Por eso, producen textos fluidos y plausibles, pero también tienden a privilegiar regularidades estadísticas, patrones frecuentes y formulaciones ya estabilizadas. En sí mismo, esto no implica una degradación automática del lenguaje. El problema aparece cuando esa lógica se vuelve dominante en la escritura pública.

Entrenamiento de la IA con textos producidos por otras IA

El riesgo se vuelve más serio cuando esos sistemas empiezan a entrenarse con textos producidos por otras IA. Eso es lo que varias investigaciones recientes han descrito como una dinámica de model collapse o “colapso del modelo”: un proceso degenerativo en el que los datos generados por un modelo contaminan el entrenamiento de generaciones posteriores.

Traducido al plano del lenguaje, esto significa que si los sistemas aprenden cada vez más de textos sintéticos y si esos textos comienzan además a llenar la web y el espacio público, el ecosistema verbal disponible para futuros entrenamientos se estrecha. Más texto artificial significa menos contacto con la variación social efectiva del lenguaje humano, lo que puede significar un deterioro de la lengua en diferentes ámbitos.

Reproducción y amplificación de sesgos

Para empezar, cuando disminuye la variación de los datos y predominan patrones ya consolidados, los sesgos presentes en el material de entrenamiento pueden reforzarse en lugar de corregirse. La literatura reciente sobre evolución de modelos de lenguaje y sesgo advierte precisamente que los procesos recursivos pueden amplificar prejuicios existentes en vez de diversificar perspectivas.

Por otro lado, la escritura empieza a sonar cada vez más parecida a sí misma: se repiten estructuras sintácticas, tonos medios, secuencias formularias y maneras previsibles de desarrollar los párrafos. Esto importa particularmente en el periodismo, porque la prensa no solo transmite información: también media entre registros especializados y públicos amplios, selecciona énfasis, traduce vocabularios y ensaya formulaciones. Cuando la prosa pública se vuelve demasiado uniforme, disminuye esa capacidad de ajuste fino frente a la novedad.

Erosión de la innovación lingüística

Así, se reducen las palabras raras o específicas, las construcciones menos frecuentes y algunos matices pragmáticos, como la ironía, la ambigüedad o ciertas modulaciones del punto de vista. El aumento del texto sintético en el entrenamiento se asocia con degradación de desempeño y con una cobertura más pobre de la distribución del lenguaje humano. En términos simples: el sistema conserva mejor el centro que los bordes.

Y es que muchas innovaciones nacen como desvíos inestables, usos raros o soluciones locales para nombrar algo nuevo. Si el sistema favorece siempre lo más probable, esas formas emergentes tienen menos espacio para circular y consolidarse. Este punto no debe entenderse como una oposición abstracta entre “humano” y “máquina”, sino como una diferencia entre una lengua expuesta a la contingencia social y una prosa generada a partir de regularidades ya aprendidas.

Deterioro del ecosistema lingüístico público

No se trata solo de tener menos palabras distintas, sino también menos capacidad de establecer distinciones finas. Cuando el lenguaje se vuelve más vago, más repetitivo o más predecible, también se empobrecen las herramientas con que una sociedad describe problemas, matiza posiciones y debate en el espacio público.

En un nivel más amplio, el problema ya no es solo qué le pasa a un modelo, sino qué le pasa al ecosistema lingüístico público. Si la web se llena de textos sintéticos, los propios lectores, periodistas e instituciones pasarán a convivir con un lenguaje público menos diverso. Algunos trabajos recientes hablan incluso de “contaminación” del ecosistema web por datos sintéticos y muestran que el modo en que se mezclan datos reales y artificiales es decisivo para evitar deterioros mayores.

¿Está todo perdido?

Conviene, eso sí, no exagerar. La investigación no sostiene que cualquier uso de IA produzca inevitablemente colapso o degradación. Algunos estudios muestran que, cuando los datos sintéticos se mezclan con los datos reales en vez de reemplazarlos por completo, el colapso no se comporta del mismo modo y el error puede permanecer acotado. Es decir, el problema no está en usar IA de forma puntual ni en mezclar prudentemente datos sintéticos y humanos, sino en reemplazar masivamente la escritura humana y luego reciclar ese reemplazo como si fuera lenguaje vivo.

Con la incorporación de la IA a las rutinas de producción periodística, el periodismo gana en eficiencia. Pero ¿qué pierde una sociedad cuando el lenguaje que circula públicamente se vuelve más uniforme, más predecible y menos abierto a lo nuevo? Si la prensa renuncia, aunque sea en parte, a su función de escribir, traducir, nombrar y ensayar formulaciones nuevas, no solo cambian las rutinas de trabajo. También, se debilita uno de los espacios donde la lengua pública históricamente más ha podido enriquecerse, renovarse y expandir sus posibilidades.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Está empobreciendo la IA el lenguaje periodístico (y de la sociedad)? – https://theconversation.com/esta-empobreciendo-la-ia-el-lenguaje-periodistico-y-de-la-sociedad-280765

Tres claves para cuidar la microbiota… y dormir mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Uceda Gutiérrez, Profesora de Psicobiología, Universidad Nebrija

La alimentación contribuye a tener una microbiota equilibrada y, en consecuencia, a mejorar la calidad del sueño. Oleksandra Naumenko/Shutterstock

Un tercio de nuestra vida transcurre durmiendo, y no es casualidad: el sueño sostiene buena parte de nuestra salud. Incluso ciertos animales a los que esa fase diaria de descanso parece “complicarles la vida”, como algunos mamíferos acuáticos que necesitan salir a respirar o aves que pueden pasar hasta 10 días sin pisar tierra firme, duermen con adaptaciones sorprendentes.

Mientras dormimos, las decenas de billones de microorganismos que nos habitan, conocidos como microbiota, siguen sus propios ritmos. Para que nos hagamos una idea, esta colonia microcoscópica, compuesta principalmente de bacterias, puede alcanzar un peso de medio kilo. Junto con su hospedador, forma la unidad biológica que llamamos holobionte.

La microbiota no es, pues, un simple pasajero, sino que constituye con cada persona una unidad funcional que influye en procesos clave como la digestión, la inmunidad y, como veremos, el sueño.

Nuestra relación con los microorganismos que albergamos es profundamente interdependiente. No solo les ofrecemos un lugar donde vivir, sino que también dependemos de ellos para mantener numerosas funciones biológicas. Este delicado equilibrio se asocia cada vez más con la salud, el bienestar y, posiblemente, con la longevidad.

Una relación en ambos sentidos

Como ocurre con muchos procesos fisiológicos, la relación entre microbiota y sueño es bidireccional. Es decir, nuestra composición microbiana puede influir en cómo dormimos, pero el descanso nocturno también es necesario para mantener una microbiota diversa y equilibrada.

Cuando esta es saludable produce, entre otras sustancias, ácidos grasos de cadena corta como el butirato. Sus moléculas se asocian con una menor inflamación y con un mejor funcionamiento de distintas vías neuroendocrinas, incluido el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal, que regula la respuesta al estrés. Un buen desempeño de este sistema puede contribuir a reducir los niveles nocturnos de cortisol, favoreciendo un sueño más profundo y menos despertares durante la noche.




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Por qué cuando nos hacemos mayores el sueño se vuelve más ligero y cómo repercute en la salud


Además, la microbiota está vinculada a la producción de neurotransmisores como la serotonina, relacionada con los estados de ánimo positivo.

Hábitos para conciliar mejor el sueño

Es esencial recordar que no existe una microbiota perfecta, ya que cada persona tiene un ecosistema microbiano propio. Lo importante es mantener un equilibrio funcional y, de existir una alteración, recordar que las mejoras suelen consolidarse mediante cambios graduales en el estilo de vida. Para ello, a continuación proporcionamos tres consejos que ayudan a mejorar la relación entre sueño y microbiota:

1. Llene el plato de fibra. Un factor determinante es la alimentación: una microbiota bien nutrida favorece un organismo menos inflamado y un descanso de mayor calidad. Verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y alimentos fermentados como yogur, kéfir o col fermentada alimentan a las bacterias beneficiosas del intestino.

En este sentido, la dieta mediterránea, uno de nuestros grandes patrimonios culturales y gastronómicos, constituye un patrón alimentario especialmente favorable para la diversidad microbiana. Y hay que tener en cuenta que reducir el consumo de alimentos ultraprocesados también contribuye a mantener ese equilibrio.

2. Respete sus horarios. La exposición a la luz natural, especialmente por la mañana, es otro factor clave. La luz actúa como una señal fundamental para sincronizar nuestro ritmo circadiano. Reducir la exposición a luz artificial intensa por la noche puede mejorar la calidad del sueño y ayudar a mantener estos ritmos biológicos en equilibrio.

Dormir lo suficiente y con buena calidad no es solo una forma de descansar, es también una manera de mantener en armonía el ecosistema microscópico que nos acompaña toda la vida. Y ese equilibrio puede tener un impacto profundo en nuestra salud física y mental.

La restricción de sueño durante solo unos pocos días puede alterar la composición de la microbiota, aumentar los marcadores inflamatorios y favorecer un aumento de la permeabilidad intestinal. Incluso puede modificar la respuesta del organismo a la glucosa al día siguiente o la capacidad cognitiva del individuo.

3. Muévase cada día y gestione su estrés El ejercicio regular se asocia con mayor diversidad microbiana y con un sueño más reparador. No hace falta entrenar intensamente: caminar, montar en bici o nadar ya suma beneficios.

Y, por último, aunque quizá sea lo más difícil en nuestras sociedades actuales, es importante gestionar adecuadamente el estrés. Prácticas como la respiración consciente, el yoga, la meditación o el mindfulness pueden contribuir a reducirlo. También lo hacen actividades tan sencillas como mantener relaciones sociales de calidad o dar un paseo en contacto con la naturaleza.

Reducir el estrés no solo beneficia a nuestra salud mental, sino también a la salud de la microbiota y, por consiguiente, a la calidad de nuestro descanso.

The Conversation

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ref. Tres claves para cuidar la microbiota… y dormir mejor – https://theconversation.com/tres-claves-para-cuidar-la-microbiota-y-dormir-mejor-276191

¿Cuántas veces hacemos compras online innecesarias? Es que no compramos ropa, compramos felicidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Cuesta-Valiño, Catedrático de Marketing e Investigación de Mercados, Universidad de Alcalá

Dejan Sarec/Shutterstock

El comercio electrónico ya forma parte de nuestras rutinas y, para muchas personas, la compra online ha dejado de ser una alternativa para convertirse en su opción preferida de compra. La comodidad, la rapidez y el acceso inmediato a un catálogo casi infinito de prendas explican en gran medida este crecimiento. Pero, detrás de ese aparente “clic y listo”, hay algo más: ¿qué es lo que realmente nos empuja a querer comprar en una tienda de moda online?

En una investigación reciente, que hemos publicado en Journal of Consumer Behaviour, analizamos cómo la usabilidad del comercio electrónico, la satisfacción del usuario y la felicidad del consumidor son factores que explican por qué decidimos comprar moda online, y qué hace que queramos volver a hacerlo.

Una web que funcione y nos haga felices

Los resultados son claros: no compramos solo porque la web funcione bien. Compramos online porque eso nos hace sentir bien. Esta premisa cambia por completo la manera en que las marcas deben diseñar sus plataformas digitales: la experiencia digital ya no es solo funcional, también es emocional.

Al analizar el comercio electrónico, muchos estudios se centran en variables técnicas como la velocidad de carga, la facilidad de uso, la eficiencia en las búsquedas o la claridad en la información. Todos estos factores siguen siendo fundamentales, por supuesto. Pero nuestro estudio demuestra que no son suficientes para explicar por qué un consumidor decide, finalmente, comprar online un producto.

En otras palabras, que una web funcione bien no garantiza que queramos comprar en ella. Lo que sí lo hace es un componente menos evidente: la felicidad del consumidor. Este concepto no habla solo de estar “contento”, sino de dos formas distintas de bienestar.

  1. El placer inmediato: la satisfacción de encontrar una prenda que nos gusta, aprovechar una oferta o recibir el pedido en casa, que es lo que se conoce como felicidad hedónica.

  2. La felicidad eudaimónica: la sensación, más profunda y duradera, de satisfacción personal que aparece cuando compramos de acuerdo con nuestros valores y sentimos que estamos tomando decisiones acertadas y responsables.

Lo innovador de nuestro estudio es mostrar que ambos tipos de felicidad explican una parte muy importante de la intención de compra. Para las tiendas online, esto significa que deben preocuparse no solo por el funcionamiento de la web, sino por cómo hace sentir a los consumidores durante todo el proceso de compra.

La usabilidad importa por lo que genera

Los datos muestran que la usabilidad de la web no solo influye directamente en la intención de compra, sino también de forma indirecta al propiciar la satisfacción del usuario. Es decir, si la web es fácil de usar, intuitiva y rápida, la experiencia será fluida y esa fluidez genera satisfacción. La satisfacción es un primer paso hacia la felicidad del consumidor. Y la felicidad, a su vez, impulsa la intención de compra.

En otras palabras, la usabilidad actúa como una puerta de entrada a una experiencia más emocional. Cuando algo funciona bien no solo se evitan frustraciones a los usuarios sino que se sientan las bases para que el proceso sea agradable, incluso placentero.

¿Qué hace realmente feliz al consumidor online?

En nuestro estudio hicimos entrevistas para saber qué aspectos concretos del proceso de compra están detrás de esa felicidad del consumidor. Y dimos con cuatro elementos.

  1. El placer de encontrar algo perfecto: los entrevistados describieron la sensación de satisfacción inmediata que da descubrir una prenda ideal, un descuento inesperado o un artículo difícil de encontrar. Esos “pequeños momentos de alegría” impulsan la compra al generar felicidad hedónica.

  2. La sensación de control: elegir, comparar, personalizar y decidir genera la percepción de estar haciendo una compra inteligente, bien pensada. Esa satisfacción refuerza la fidelidad.

  3. La reducción de la incertidumbre: servicios como probadores virtuales, guías de tallas coherentes o una atención al cliente personalizada generan seguridad, lo que incrementa la satisfacción y la intención de compra.

  4. La alineación con valores personales: la coherencia entre la compra y los valores del consumidor –por ejemplo, sostenibilidad, transparencia o responsabilidad social– refuerza la conexión emocional con la marca y genera felicidad eudaimónica.

Satisfacción: el puente entre la técnica y la emoción

Los datos demuestran que la satisfacción del consumidor actúa como un eslabón clave: una web usable aumenta la satisfacción, una mayor satisfacción incrementa la felicidad, y la felicidad mejora la intención de compra.

En este sentido, la satisfacción deja de ser un simple indicador de “experiencia positiva” y se convierte en un elemento estructural en el proceso emocional del consumidor.

No se compran productos, sino experiencias que generan felicidad

El estudio ofrece varias conclusiones prácticas que deberían transformar la estrategia digital de las empresas de moda.

Por un lado, que la usabilidad no es un lujo, sino una necesidad. Los consumidores abandonan rápidamente una web lenta, confusa o poco intuitiva. Pero, además, una mala usabilidad rompe la cadena emocional que lleva a la compra.

En segundo lugar, la felicidad es un objetivo de negocio. Las marcas deben diseñar experiencias que generen placer inmediato y, al mismo tiempo, fomentar sensaciones de realización personal.

Por otra parte, la personalización es tecnología pero también empatía. Los consumidores valoran que la web les entienda, lo que incluye recomendaciones adaptadas, mensajes útiles, información relevante y procesos claros.

La sostenibilidad importa y mucho. Muchos compradores buscan coherencia entre sus valores y su comportamiento de consumo. Iniciativas de reducción de impacto ambiental se relacionan con mayores niveles de satisfacción y felicidad.

Por último, la confianza digital es un requisito emocional. La transparencia, la calidad de la información y la seguridad durante la compra fortalecen la intención de volver a comprar.

Un futuro más humano para el comercio electrónico

Si las empresas quieren competir en un entorno saturado, no basta con invertir en tecnología. Deben comprender cómo se sienten las personas cuando compran. Y eso implica repensar el diseño, la comunicación, la narrativa de marca y la propia experiencia de usuario.

Entender esto no solo ayuda a las empresas a vender más. También nos ayuda, como consumidores, a ser más conscientes de por qué compramos. Y de si realmente queremos hacerlo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cuántas veces hacemos compras online innecesarias? Es que no compramos ropa, compramos felicidad – https://theconversation.com/cuantas-veces-hacemos-compras-online-innecesarias-es-que-no-compramos-ropa-compramos-felicidad-281959

Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de sus consecuencias ambientales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Aguacates en una plantación en Vélez-Málaga, Málaga, España. Anarociogf/Shutterstock

Como ocurre con otros alimentos rodeados de un aura casi milagrosa, la fiebre por el aguacate parece imparable. Son innegables sus propiedades nutritivas y su asociación con la categoría de los llamados “superalimentos”, definidos por la RAE como aquellos “a los que se les suponen propiedades beneficiosas para la salud añadidas a su valor nutritivo”.

Los denominados “superalimentos”un término más publicitario que científico–, caracterizados por su elevado contenido en antioxidantes, fibra, vitaminas y minerales, no solo se consumen por sus supuestos beneficios para la salud. Además, suelen percibirse como productos “naturales”, asociados a prácticas de manejo tradicionales desarrolladas y perfeccionadas por comunidades indígenas a lo largo de siglos o, al menos, sostenibles. Pero esto no siempre es así.

Incentivos que se traducen en la intensificación del cultivo

Las modas alimentarias generan nuevas demandas de consumo que, en un mundo tan conectado y tecnificado, se traducen rápidamente en la expansión de los cultivos más demandados. En España, la superficie dedicada al aguacate ha aumentado un 62 % en la última década, superando ya las 24 000 hectáreas. Además, este cultivo ha desbordado su ámbito tradicional –la Costa Tropical granadina y la Costa del Sol malagueña, donde aún se concentra el núcleo principal con unas 16 500 hectáreas– para extenderse hacia nuevos territorios.

Las Islas Canarias, pioneras y especialmente aptas para este cultivo, albergan alrededor de 1 400 hectáreas. A ellas se suman otras provincias andaluzas, como Cádiz (1 800 hectáreas), y la Comunidad Valenciana (4 200 hectáreas), donde el aguacate está sustituyendo progresivamente a los cítricos, hoy menos rentables pese a sus conocidas propiedades. Allí encuentra condiciones favorables, como la proximidad al mar –que reduce el riesgo de heladas– y determinadas áreas montañosas.

El crecimiento del consumo en España es igualmente notable: según el Panel de Consumo Alimentario en los hogares, pasó de 0,66 en 2010 a 2 kg en 2024 por habitante y año. Para satisfacer esta demanda, el mercado español depende en gran medida de las importaciones, que alcanzaron las 262 000 toneladas en 2024, de acuerdo con DATACOMEX.

Ello no impide que una parte importante de la producción nacional se destine a la exportación. Como ocurre con frecuencia en el mercado agroalimentario global, resulta perfectamente compatible –según la lógica de los mercados– exportar cerca de 140 000 toneladas de aguacate y, al mismo tiempo, importar producto procedente de lugares tan lejanos como Perú, origen del 66 % de los aguacates importados por España.




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Otros alimentos nutritivos, incluidos los de origen animal

Más allá de estos alimentos de corte exótico, lo cierto es que en el ámbito mediterráneo tenemos la suerte de contar con diversos alimentos con destacadas propiedades nutricionales, como el innegociable aceite de oliva o las humildes almendras. Como vemos, parece que este tipo de alimentos han de ser necesariamente vegetales, dado que muchas corrientes nutricionales y ambientales han proscrito la proteína animal.

En este sentido es necesario reivindicar uno de los alimentos más completos: el huevo. Su perfecto equilibrio proteico es utilizado como el estándar de referencia para evaluar la calidad de las proteínas de otros alimentos debido a su alto valor biológico y perfil completo de aminoácidos. Además, es una fuente de colina, crucial para el desarrollo cognitivo y la salud cerebral y tiene un alto poder saciante, con solo 70-80 kcal por unidad. Hay otros “superalimentos” de origen animal. El yogur, por ejemplo, es un aliado para mantener en forma nuestra microbiota, pieza fundamental de nuestra salud.

Aunque el consumo de carne en exceso está desaconsejado, lo cierto es que la proteína animal fue clave en nuestra evolución como especie. La inteligencia se sustenta en un cerebro que demanda mucha energía y requiere alimentos con alta densidad de nutrientes, como la carne. Esta fue la que permitió a nuestra especie acortar la longitud del intestino, reducir el tamaño de las mandíbulas y dedicar tiempo y energía a algo más que masticar y digerir fibras vegetales. Aún hoy sigue siendo un componente esencial de la alimentación humana. Un estudio reciente señala que la mayoría de los alimentos más ricos en micronutrientes esenciales –como hierro, zinc, ácido fólico, vitamina A, calcio y vitamina B12, cuyas deficiencias siguen siendo muy frecuentes a escala global– son de origen animal.

La cara B de productos que no son tan naturales

La realidad de los alimentos de moda –una lista cada vez más extensa y cambiante que que se actualiza constantemente– dista mucho de ser tan atractiva como sugiere la publicidad. Muchos de los beneficios para la salud que se les atribuyen carecen de un respaldo científico sólido, especialmente cuando se analizan a partir de ensayos controlados de intervención en humanos.

Desde el punto de vista ambiental, su expansión fuera de sus dominios naturales está generando impactos considerables. Cuando un cultivo como el aguacate abandona los ambientes tropicales, caracterizados por lluvias abundantes y relativamente regulares, para implantarse en regiones áridas, surgen elevadas necesidades de riego que ponen en riesgo el equilibrio hídrico de esos territorios.

El deterioro y descenso de las masas de agua subterránea en muchas de estas zonas productoras constituye una clara evidencia de ello. A este agotamiento del recurso hídrico se suman otros procesos de degradación, como la salinización de los suelos y la erosión derivada de la transformación de laderas abruptas, desprovistas de su cubierta vegetal para albergar nuevas plantaciones.




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Incluso en sus regiones de origen, donde estos cultivos están mejor adaptados a las condiciones ambientales, los impactos ecológicos son muy significativos al sobrepasar la disponibilidad de espacio y recursos.

Así, cuando la rentabilidad a corto plazo se convierte en el principal criterio de producción, tienden a imponerse el monocultivo –con la consiguiente pérdida de diversidad genética–, el uso intensivo de agroquímicos, la degradación progresiva del suelo y la tala indiscriminada de bosques para ampliar la superficie cultivada.

Una dieta variada y no basada en los alimentos de moda

Cada cierto tiempo surgen alimentos presentados casi como soluciones milagrosas capaces de resolver todos nuestros problemas de salud. Incorporarlos a la dieta puede ser positivo y enriquecedor, pero convertirlos en el eje exclusivo de la alimentación resulta contraproducente. Un enfoque nutricional más equilibrado pasa por mantener una dieta variada –tanto en el día a día como a lo largo de las estaciones–, basada en productos frescos y de temporada, evitando los ultraprocesados.

Desde el punto de vista ambiental, más importante que el producto en sí es comprender –aunque a menudo no resulte sencillo– cómo se produce ese alimento. No es comparable la carne procedente de macrogranjas con la obtenida de rebaños móviles que aprovechan distintos recursos pastables. Del mismo modo, no es equivalente consumir un aguacate cultivado en una pequeña explotación familiar con riego de apoyo que otro procedente de grandes monocultivos implantados sobre áreas previamente deforestadas.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de sus consecuencias ambientales – https://theconversation.com/asi-se-esta-extendiendo-el-cultivo-del-aguacate-por-espana-a-pesar-de-sus-consecuencias-ambientales-280939

Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Castillo Abdul, Docente e Investigadora Senior, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Durante años, la alfabetización mediática ha sido considerada una competencia esencial para desenvolverse en entornos digitales. Consiste en aprender a identificar fuentes fiables, a contrastar información o detectar contenidos engañosos.

Sin embargo, en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial en los procesos de acceso, producción y circulación del conocimiento, el ecosistema informativo se ha transformado y las competencias citadas no son suficientes.

Tradicionalmente, los usuarios interactuaban con contenidos relativamente identificables, producidos por emisores reconocibles y bajo lógicas editoriales más o menos transparentes. Hoy, esa relación ha cambiado de forma sustancial. Cada vez con mayor frecuencia, los usuarios no acceden a información que deben interpretar, sino que interactúan con sistemas que la sintetizan, reorganizan y generan en tiempo real.

¿Por qué responde ChatGPT lo que responde?

Por ejemplo, hace algunos años una persona que quería informarse sobre vacunas, salud mental o alimentación saludable podía leer noticias en distintos medios digitales, consultar artículos científicos o comparar la opinión de expertos. El pensamiento crítico consistía en evaluar quién producía la información, desde qué medio se difundía y con qué intención.

Hoy, ese mismo usuario puede preguntarle directamente a ChatGPT o a otro sistema de inteligencia artificial: “¿Las vacunas son seguras?”, “¿Cómo sé si tengo ansiedad?” o “¿Qué dieta es mejor para mí?”. En pocos segundos recibe una respuesta clara, estructurada y aparentemente fiable. Sin embargo, muchas veces desconoce qué fuentes utilizó el sistema, qué información priorizó, qué datos omitió o qué sesgos pueden influir en la respuesta generada.

La diferencia es profunda: antes, el pensamiento crítico se dirigía principalmente al contenido; ahora también debe dirigirse al sistema que produce y organiza el conocimiento. De hecho, investigaciones recientes advierten que la creciente dependencia de sistemas de inteligencia artificial puede modificar la forma en que las personas evalúan información y toman decisiones, especialmente en ámbitos sensibles como la salud y el bienestar.

Un uso acrítico de la IA

Sabemos que el uso de la IA mejora la eficiencia en la producción de contenidos, pero también tiende a desplazar el juicio crítico hacia la confianza en el sistema, especialmente cuando los resultados se presentan de forma coherente y verosímil.

Este fenómeno se extiende más allá del ámbito educativo: la rápida adopción de estas tecnologías está transformando las dinámicas de acceso a la información, generando nuevos desafíos en términos de transparencia, equidad y gobernanza del conocimiento.

Entender la mediación algorítmica

La inteligencia artificial no solo facilita el acceso a la información, sino que interviene activamente en su construcción. Este cambio no es menor. Supone el paso de un modelo basado en la interpretación de contenidos a otro en el que la mediación algorítmica ocupa un lugar central. En este contexto, la fuente puede volverse más difusa, la autoría menos visible y la lógica de producción del conocimiento más opaca para los usuarios.

Por eso, la comprensión de los sistemas algorítmicos resulta tan relevante como la evaluación de los contenidos, y la alfabetización digital y mediática debe incluir la alfabetización en inteligencia artificial, un campo emergente que integra dimensiones técnicas, críticas y éticas.

¿Qué es la alfabetización en inteligencia artificial?

Dicha alfabetización va más allá de saber utilizar herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot. No se trata únicamente de aprender a escribir mejores instrucciones o de obtener respuestas más rápidas, sino de comprender cómo estos sistemas producen información, qué límites tienen y qué implicaciones sociales, éticas y cognitivas pueden generar.

En términos prácticos, una persona alfabetizada en IA debería ser capaz de comprender, al menos de forma básica, cómo funcionan los sistemas algorítmicos, qué papel desempeñan los datos en la generación de respuestas, por qué pueden aparecer sesgos o errores y cómo la automatización influye en la manera en que interpretamos la realidad y tomamos decisiones.




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Nuevas competencias críticas

Esto implica desarrollar nuevas competencias críticas: cuestionar la aparente neutralidad de las respuestas generadas por IA, identificar cuándo una respuesta requiere verificación adicional, reconocer los riesgos de delegar excesivamente el pensamiento en sistemas automatizados y comprender que estas tecnologías no “piensan”, sino que producen resultados a partir de patrones y probabilidades.

Ahora mismo existe una brecha entre estas transformaciones y las prácticas educativas. Mientras se persigue que los estudiantes sean capaces de analizar contenidos y desarrollar competencias de alfabetización mediática e informacional, tal y como promueven organismos como la UNESCO y marcos educativos vinculados a la competencia digital, no siempre se les está proporcionando herramientas para comprender los procesos mediante los cuales esos contenidos son generados.




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Cómo se construye el conocimiento

Lo que está en juego ya no es únicamente una competencia digital, sino la capacidad de las sociedades para comprender quién organiza, prioriza y legitima el conocimiento en entornos cada vez más automatizados.

Los individuos pueden creer que toman decisiones plenamente informadas cuando, en realidad, dependen de sistemas cuya lógica interna no conocen. Esto no solo afecta la forma en que consumimos información, sino también la capacidad de las sociedades para participar críticamente en ámbitos como la salud, la política o la comunicación pública.




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Para que los ciudadanos alcancen esta alfabetización en IA, el aprendizaje debería comenzar progresivamente desde la escuela e integrarse de manera transversal en distintas etapas educativas y programas de formación ciudadana, no solo desde áreas tecnológicas, sino también desde materias vinculadas a la comunicación, la ética, las ciencias sociales y la ciudadanía digital.

La población adulta también necesita espacios de formación y divulgación que permitan comprender críticamente el funcionamiento de estas tecnologías, especialmente en ámbitos sensibles como la salud, la información política o la educación.

La responsabilidad no recae únicamente en los sistemas educativos. Gobiernos, universidades, medios de comunicación, plataformas tecnológicas y organismos internacionales también tienen un papel clave en el desarrollo de una ciudadanía capaz de interactuar críticamente con la inteligencia artificial. En un contexto donde los algoritmos participan cada vez más en la organización de aquello que vemos, pensamos y creemos saber, entender cómo funcionan deja de ser una competencia especializada para convertirse en una necesidad democrática.

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Bárbara Castillo Abdul no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué entender la IA será tan importante como aprender a leer – https://theconversation.com/por-que-entender-la-ia-sera-tan-importante-como-aprender-a-leer-281933

Más allá del debate sobre la conquista: una olvidada “recíproca amistad científica” entre España y México

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Miguel Nepote González, Coordinador de Proyectos Especiales del Museo de Ciencias Ambientales, Universidad de Guadalajara

Mariano Bárcena (1842-1899), principal gestor de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Wikimedia Commons, CC BY

En la historia compartida entre España y México existe un episodio que hemos olvidado casi por completo, pero que ilustra lo que pensaba el escritor serbio Milorad Pavic: “el pasado siempre está a punto de ocurrir”. En la Ciudad de México se inauguró, a finales de 1894, la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Su principal gestor, Mariano Bárcena, aseguró que con ese proyecto se establecía un “lazo de recíproca amistad científica” entre España y México.

España y México: conversación intermitente

En febrero de 2019, el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, envió una carta al rey de España, Felipe VI, donde proponía:

“que el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado de su historia común, a fin de iniciar en nuestras relaciones una nueva etapa”.

A partir de entonces, la comunicación oficial entre ambos países se mantuvo en una especie de pausa. Hasta inicios de 2026, cuando la actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum, envió una nueva misiva al monarca para invitarlo a viajar a México durante la Copa Mundial de Fútbol. Finalmente, Felipe VI aceptó asistir al partido de España contra Uruguay, que tendrá lugar a finales de junio en la ciudad de Guadalajara.

Un pasado común por descubrir

Es posible localizar un ejemplo tangible de esos “vínculos” en el surgimiento de una institución fundada en Madrid, por real decreto, el 25 de febrero de 1847. Se trata de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España, que reunió a buena parte de los personajes de mayor talento intelectual de aquella nación: Cipriano Segundo Montesino y Estrada, pionero de la ingeniería industrial en España; el matemático, dramaturgo y político José Echegaray y Eizaguirre, primer español en ganar un Premio Nobel; el fascinante físico experimental Blas Cabrera y Felipe, quien fue amigo de Albert Einstein; o el incombustible Santiago Ramón y Cajal, quien fue elegido como miembro a finales de 1895 y tomó posesión el 5 de diciembre de 1897.

Ocurrió justamente en la época en que miembros de dicha Academia, como el ingeniero en minas Daniel Francisco de Paula Cortázar y Larrubia y el matemático y astrónomo Miguel Merino y Melchor, establecieron una amistad con un personaje nacido en México y que había llegado a Madrid hacia 1886: Vicente Riva Palacio. Este general militar, abogado, poeta, historiador, cuentista, político y novelista entonces iniciaba la carrera de diplomático, luego de haber sido nombrado “enviado extraordinario y ministro plenitpotenciario” de México en Madrid, para construir puentes que unieran a estas dos naciones.

“Lazo de recíproca amistad científica”

En el México del siglo XIX, Riva Palacio había sido el artífice de la creación de sus instituciones científicas de mayor importancia: el Observatorio Meteorológico Central (1876) y el Observatorio Astronómico Nacional (1878). En ambas había contado con la inteligencia de los ingenieros Mariano Bárcena y Ángel Anguiano.

En Madrid, Riva Palacio participó en una reunión con representantes de los pueblos hispanoamericanos para la celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América. En el transcurso de este evento, el enviado propuso la fundación, en México, de una extensión de la Real Academia de Ciencias Exactas española.

El proyecto se lo encargó a Mariano Bárcena, quien habría de recordar en su discurso durante la inauguración de la Academia, que así fue como “surgió la idea de establecer en América algunos centros científicos, que puestos en relación constante con los de España, produjesen bienes recíprocos y cooperasen al adelanto de los pueblos que reconocían el mismo origen”.

En el Archivo histórico de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco Juan José Arreola es posible encontrar huellas de la historia olvidada de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Se inauguró el 24 de noviembre de 1894 con una ceremonia donde Mariano Bárcena reconoció y agradeció “la grandeza de España”, identificando que:

“las ciencias son fuentes perennes de bienestar y los lazos más indisolubles de fraternidad entre las naciones que las cultivan. En efecto, nada puede ser dirigido con acierto sin el auxilio de las ciencias exactas; porque los números tienen que ordenarlo todo, y son la base indispensable de cualquier problema, aun social o económico”.

Ciencia hispanoamericana, olvidado pasado compartido

Sus socios se reunían cada quince días para organizar conferencias públicas. Seguían un estricto turno de lectura y desarrollaron un amplio espectro de asuntos, desde las patentes de invención o la importancia del cálculo de probabilidades, hasta el levantamiento exacto de la Carta de la República Mexicana.

Esta olvidada Academia sobrevivió poco más de diez años y mantuvo un par de publicaciones periódicas: Anuario y Anales. En ellas se publicaron mas de cincuenta investigaciones de distintos ámbitos, desde los estudios geográficos hasta la medicina, pasando por la astronomía, geología, química, física y múltiples ingenierías.

Y entre la fantástica miscelánea de asuntos, hay uno que merece destacarse. En la charla pública del 7 de septiembre de 1896, el ingeniero Manuel Fernández propuso la creación de la Universidad de México. El objetivo no era otro que procurar los conocimientos científicos que se necesitaban en el país para modificar su dependencia exterior en materia científica.

Una dependencia compartida con España, en opinión del físico e historiador José Manuel Sánchez Ron, quien en su libro El país de los sueños perdidos, dedicado a la historia de la ciencia en España, afirma: “en Hispanoamérica somos, sobre todo, consumidores-importadores de ciencia y tecnología, pero no creadores”.

La innovadora idea de fundar una gran universidad mexicana tardaría aún más de 10 años en materializarse. Concretamente, hasta que el filósofo, abogado y escritor Justo Sierra presentó la Ley Constitutiva de la Escuela Nacional de Altos Estudios. Y, poco después, el proyecto para fundar la Universidad Nacional, precedente inmediato de la actual Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Recordar la olvidada existencia de la Academia Mexicana Correspondiente de la Real Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales es una invitación a no borrar la historia de colaboración científica que ha unido a España y México. Sus resultados, como asegura Sánchez Ron en su colosal obra, nos permiten descubrir que “lo mejor de la contribución española a la ciencia universal se hizo en América”.

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Juan Miguel Nepote González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá del debate sobre la conquista: una olvidada “recíproca amistad científica” entre España y México – https://theconversation.com/mas-alla-del-debate-sobre-la-conquista-una-olvidada-reciproca-amistad-cientifica-entre-espana-y-mexico-241542

Viajando envejecemos más despacio, según un nuevo estudio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco José Esteban Ruiz, Profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

DavideAngelini/Shutterstock

No cabe duda de que viajar nos supone un esfuerzo y un cambio considerable en nuestra rutina diaria, con el desorden que conlleva. Pero es curiosa esa sensación tan agradable de llegar a casa así, como descansados, después de un viaje de ocio, y sentir que venimos con las pilas cargadas.

Cuando hacemos turismo, regresamos con más energía, dormimos mejor y tenemos la impresión de que algo en nosotros se ha “reordenado”, en lugar de desordenarse. Pero ¿es solo una sensación o viajar puede influir realmente en nuestra salud?

Un grupo de investigación australiano ha propuesto que las experiencias agradables que vivimos cuando viajamos contribuyen a un envejecimiento más saludable, ya que ayudan al organismo a mantener un estado fisiológico más equilibrado. Curiosamente, lo justifican recurriendo a un concepto cuando menos llamativo: la entropía.

¿Entropía y salud?

En física, la entropía describe la tendencia natural de los sistemas al desorden. Trasladando la idea a nuestro cuerpo, los investigadores australianos plantean que la salud corresponde a un estado “ordenado”, mientras que el envejecimiento y la enfermedad reflejan una pérdida progresiva de organización.

Según esta propuesta, las experiencias positivas como viajar, caminar, interactuar con otras personas o exponerse a entornos nuevos podrían ayudar al organismo a mantener su equilibrio interno. La hipótesis es sugerente y conecta con algo que bien sabemos y es que el envejecimiento saludable no sólo depende de nuestra genética, sino también de los hábitos cotidianos y de los cambios que introduzcamos en nuestra rutina.

Viajar y envejecimiento saludable

Más allá de la entropía, la evidencia científica sí muestra que determinadas formas de viajar pueden aportar beneficios reales, especialmente en personas mayores.

Tras analizar 66 estudios diferentes, una revisión sistemática publicada hace unos meses concluía que el turismo puede favorecer el bienestar, la satisfacción vital y la calidad de vida de las personas mayores. Los efectos positivos aparecen asociados a la actividad física, la interacción social, la estimulación cognitiva, el contacto con la naturaleza y la ruptura de la rutina.

Puesto que muchos viajes implican caminar más, orientarse por lugares desconocidos, conversar con personas nuevas y salir temporalmente de hábitos sedentarios, no es de extrañar que con ello se activen procesos físicos y mentales importantes para un envejecimiento saludable.

Como los propios autores indican en su trabajo, el concepto de envejecimiento saludable, promovido por la Organización Mundial de la Salud, pone el foco en mantener durante el mayor tiempo posible las capacidades físicas, cognitivas y sociales. En otras palabras, no se trata solo de vivir más años sino de mantener autonomía, relaciones sociales y calidad de vida.

El problema de la “entropía”

En relación con la entropía, conviene no exagerar las conclusiones. El principal problema del marco teórico basado en la entropía es que mezcla niveles físicos, biológicos, psicológicos y sociales bajo una misma idea de “desorden”, pero sin explicar claramente cómo se conecta ese concepto entre ellos.

En otras palabras: la idea funciona bien como metáfora, pero todavía no como teoría demostrada. Los propios autores reconocen que faltan estudios experimentales sólidos y que gran parte de la investigación actual se basa en encuestas o aproximaciones conceptuales y en una narrativa descriptiva.

Y, más aún, no existe, al menos por ahora, una medición objetiva que permita afirmar que viajar “reduce la entropía” del organismo en sentido científico. El riesgo es caer en una especie de pescadilla que se muerde la cola, en el sentido de que si algo mejora la salud, entonces se dice que “reduce la entropía”. Y si empeora, que la aumenta.

Beneficios y riesgos

Tal vez no necesitemos recurrir a conceptos grandilocuentes para entender por qué viajar puede hacernos bien, pues se sabe que envejecer de forma saludable depende en gran medida de mantener el cuerpo y la mente activos, reducir el aislamiento social, manejar el estrés y conservar la curiosidad por el entorno.

Sin lugar a dudas, muchos viajes, especialmente aquellos que combinan movimiento, descanso y conexión social, reúnen precisamente esos ingredientes. Pero también existen riesgos y eso no significa que cualquier escapada sea automáticamente terapéutica.

Estos mismos trabajos que nos hablan de los beneficios terapéuticos de viajar también nos recuerdan que viajar implica riesgos como infecciones, accidentes, agotamiento o experiencias negativas.

Viajar nos pone las pilas

La neurociencia reciente puede ayudarnos a entender cómo viajar nos pone las pilas. Una posible explicación es que los nuevos estímulos que recibimos durante el viaje activan el sistema de recompensa cerebral.

Un estudio, basado en la activación en nuestro cerebro del sistema de recompensa, nos dice que cuando algo es nuevo lo preferimos aunque ya conozcamos opciones más cómodas y familiares.

Por ejemplo, imagine que todos los días desayuna el mismo cereal, pero un día ve un cereal nuevo en la tienda y, aunque sabe que el suyo es bueno, es probable que sienta curiosidad y quiera probar el nuevo solo porque es diferente.

Cuando viajamos, nuestro cerebro experimenta esto constantemente. En lugar de ver solo nuestra casa y lo conocido, disfrutamos de espacios nuevos; en lugar de escuchar solo los sonidos de nuestro barrio, nos relacionamos en otros idiomas; en lugar de comer siempre lo mismo, probamos platos realmente nuevos y diferentes.

La novedad activa dos mecanismos cerebrales cruciales, que trabajan conjuntamente y que representan vías distintas que mejoran experiencias novedosas.

Por un lado, induce la liberación de dopamina en el hipocampo, lo que promueve la memoria. Esto significa que no solo recordamos mejor las experiencias de viaje, sino que el proceso mismo de crear estas memorias nos genera una sensación de vitalidad. Además, las neuronas noradrenérgicas de la región cerebral llamada locus cerúleo liberan noradrenalina en el hipocampo al mismo tiempo, potenciando aún más la retención.

Como escribió el viajero Ibn Battuta, “viajar te deja sin palabras y después te convierte en narrador de historias”. Visto así, cada escapada no detiene el paso del tiempo, pero puede ayudarnos a que ese tiempo merezca un poco más la pena.

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Francisco José Esteban Ruiz recibe fondos para investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) bajo el proyecto PID-156228NB-I00, y de la Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía (PIP-0113-2024).

ref. Viajando envejecemos más despacio, según un nuevo estudio – https://theconversation.com/viajando-envejecemos-mas-despacio-segun-un-nuevo-estudio-282206