¿Son menores, adolescentes o niños? El debate sobre cómo nombrar la minoría de edad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Casado-Neira, Titular de universidad de sociología, Universidade de Vigo

JLco Julia Amaral/Shutterstock

Hay nombres que se usan por acuerdo común, como niñas y niños, adolescentes, jóvenes o menores de edad. La cosa parece estar clara. Pero hay un problema: son categorías desiguales que se entrecruzan. En algunas ocasiones se usan como sinónimos, otras de forma complementaria y otras, excluyente.

A veces, la palabra menor se utiliza con cierta connotación negativa, es burocrática y poco empática. Aparece frecuentemente en los medios de comunicación en noticias sobre infracciones, vulnerabilidades o conflictos.

Actualmente hay un rechazo a usar “menores de edad” para referirse a las niñas, niños y adolescentes. La acusación es de adultocentrismo e infravalorización. De hecho, México, desde 2023, ha prohibido el uso de “menor” para respetar los principios de interés superior y derechos a la igualdad y no discriminación. A la vez que, constitucionalmente, establece la niñez hasta los 12, la adolescencia hasta los 18 y la minoría de edad en los 18 años. No se puede usar la palabra, pero siguen siendo menores. Un lío.

Ni siquiera el nombre de la Convención sobre los Derechos del Niño –Convention on the Rights of the Child– está exento de controversia. El genérico children –niños– hoy nos resulta excluyente de las niñas y de las personas no binarias.

¿Cuál es la definición de “niño”?

La Convención define así al niño: “Para los efectos de la presente Convención, se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad”. Si no se establece a quién se aplican estos derechos, la Convención sería casi papel mojado.

En esta definición hay tres elementos fundamentales:

  1. Ese límite de edad se aplica a los objetivos de la Convención, no de forma abstracta.

  2. Es extensible a todos los seres de la especie Homo sapiens.

  3. Establece que el “niño” es una persona jurídica autónoma en base a la edad oficial (la del registro de nacimiento).

Este último punto no es banal. Es precisamente su identificación lo que permite que a alguien le sean reconocidos o no estos derechos. Sin una edad oficial no hay derechos que valgan. De ahí la importancia y trascendencia de las pruebas de determinación de edad en menores sin identificación. Sobre todo en circunstancias como un juicio, cuando se decide si alguien es juzgado como persona adulta o no.

En la Constitución española también se establece que la minoría de edad ocupa de los 0 hasta los 18 años cumplidos: “Los españoles son mayores de edad a los dieciocho años”. Precisamente se ha definido la infancia, la niñez o la adolescencia por oposición al mundo adulto.

Un actor social con voz propia

Desde 1989, la Convención ha definido al “niño” como una persona jurídica que puede ejercer y reclamar sus derechos. Esto ha provocado una mayor concienciación sobre su situación e impulsado debates sobre esos derechos. Emerge un actor social con voz propia.

Históricamente, en Europa la definición del menor era como hija o hijo, en base a su pertenencia familiar. Hasta que se emancipase al fundar una familia propia, la responsabilidad recaía en los cabezas de familia. Ahora, al “niño” se le reconoce como sujeto de derecho propio, independientemente de la familia y condición social. Desde que nace es un sujeto (un futuro ciudadano) con derechos específicos.

Todo esto nos pone ante el dilema de cómo nombrar a las personas no adultas. No nombrar no es una solución, como tampoco lo son los eufemismos, que nombran lo mismo con otras palabras.

Qué palabras podemos usar

¿Se puede cambiar la realidad solamente usando otras palabras? Se abren tres escenarios:

  1. La confluencia del mundo del “niño” con el del adulto. Esto supondría su disolución o, en otras palabras, la desaparición de la niñez.

  2. Un simple cambio de nombre, una denominación aparentemente más neutra y empática. Se seguiría perpetuando el principio de “no adulto” bajo otro nombre.

  3. El reforzamiento de un estatus propio, lo que implicaría seguir siendo identificado como diferente al adulto, pero no discriminado, sino con mayor peso social.

Infantes, niñas y niños, preadolescentes, adolescentes y jóvenes

La alternativa de usar “niñas, niños y adolescentes” no está exenta de dificultades. Se refieren a unas u otras franjas de edad dependiendo del ámbito desde el que se habla. De acuerdo al desarrollo cognitivo, estadio sensomotor (0-2 años), preoperacional (2-7), de operaciones concretas (7-12) y formales (de los 12 en adelante), y son franjas aproximadas.

La Organización Mundial de la Salud diferencia entre infantes (neonato, desde el nacimiento hasta 1 mes; bebé, de 1 mes a 1 año), niñas y niños (que incluye primera infancia, 1-5 años; infancia media, 5-10 años; preadolescentes, 10-15; adolescentes, 15-19 y jóvenes (de 15 a 24). Si atendemos a la madurez sexual, no coincide, y las franjas son aún más difusas y variables: a partir de los 8 años en niñas y 9 en niños. Y el aspecto físico en las proximidades a la adultez o en la pubertad tampoco ayuda a ser precisos en establecer la edad.

Sujetos de derechos propios

La discusión, abierta y fundamental, gira en torno al adultocentrismo, la discriminación por edad (edadismo) y la falta de reconocimiento de derechos o de capacidad.

Menor de edad hace referencia a quién se beneficia de unos derechos específicos, no a las características innatas de una persona. Llamémoslas niñas y niños, adolescentes o de otra forma, pero tienen que ser identificados por su edad para ser reconocidos como sujetos de derechos propios. Una alternativa podrían ser pruebas de madurez, pero eso sería otra historia.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Son menores, adolescentes o niños? El debate sobre cómo nombrar la minoría de edad – https://theconversation.com/son-menores-adolescentes-o-ninos-el-debate-sobre-como-nombrar-la-minoria-de-edad-281700

Ciberacoso: ¿cómo pueden ayudar los docentes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Mérida López, Profesor Ayudante Doctor en el área de Psicología Social, Universidad de Málaga

Dmytro Zinkevych/Shutterstock

“Todo empezó con una foto editada con inteligencia artificial”, relata Ana. Un compañero la compartió en un grupo privado y, en horas, la humillación circulaba por todo el centro. Ahora Ana no solo sufre mensajes hirientes en redes, también se enfrenta al silencio cómplice de los pasillos y a notas crueles en su pupitre. Para ella, el mundo digital y el físico se han fundido en un único espacio de malestar del que no puede escapar.

El caso de Ana no es una excepción. Relatos como este son habituales en el ámbito educativo. En una clase promedio de 30 estudiantes, las estadísticas de informes como los de UNICEF o de la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR indican que, de media, dos o tres estudiantes por aula podrían estar sufriendo esta situación en silencio.

El ciberacoso tiene efectos devastadores en la salud mental: depresión, ansiedad, alteraciones del sueño, sentimientos de soledad y, en los casos más graves, ideación suicida. A pesar de los esfuerzos institucionales y de los debates sobre la restricción de dispositivos, las investigaciones sugieren que las medidas puramente punitivas no bastan.


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Las competencias emocionales del profesorado

Si bien las competencias emocionales del alumnado funcionan como un recurso de afrontamiento clave, la ciencia está poniendo el foco en un factor social determinante: la percepción que el alumnado tiene de las competencias emocionales de su profesorado.

Nuestra investigación reciente revela que cuando los estudiantes perciben en sus docentes comportamientos emocionalmente competentes (empatía, escucha activa y validación), la cibervictimización tiene menos consecuencias psicológicas graves.




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El clima emocional del aula actúa como un “amortiguador”, y en este clima no solo influye que el alumnado disponga de buenas herramientas emocionales, sino que sienta apoyo o comprensión de su profesorado.

Una influencia positiva

No se trata de responsabilizar al profesorado de lo que ocurre tras las pantallas, sino de reconocer su influencia en el ambiente emocional del aula. En el caso de Ana, un profesor o profesora emocionalmente competente habría detectado cambios en su comportamiento (por ejemplo, menos participación, mayor aislamiento o descenso en el compromiso académico) y habría generado un espacio de conversación privada para preguntarle cómo se encontraba y ofrecer herramientas para intervenir.

Una formación sólida en competencias emocionales facilita la detección temprana y permite ofrecer a víctimas como Ana un entorno seguro que amortigüe el impacto psicológico mientras se ponen en marcha las medidas institucionales y restaurativas necesarias.

Clima emocional y docente

Para que los profesores y profesoras sean percibidos por sus estudiantes como figuras en las que confiar y capaces de construir un clima positivo en el aula, se pueden poner en práctica una serie de comportamientos en el día a día.

Algunas claves pueden ser:

  • Mostrar a chicos y chicas que nos importa cómo se sienten. Iniciar la clase con preguntas como: “¿Qué tal el día?” o “¿Cómo estáis?” puede parecer un gesto sencillo, pero prestar atención a las respuestas, mostrar interés o retomar más tarde algo que hayan comentado ayuda a transmitir que su bienestar importa.

  • Mostrarse accesible y facilitar la comunicación más allá de los contenidos académicos. Por ejemplo, aprovechar los cambios de clase o el inicio para mantener conversaciones informales. Esto puede ayudar a crear un clima de cercanía donde el alumnado se sienta cómodo compartiendo preocupaciones.

  • Validar las emociones del alumnado sin minimizarlas. Por ejemplo, si surge una discusión entre estudiantes en una clase el o la docente puede reconocer primero el enfado o la frustración antes de intervenir para resolver el conflicto. De esta forma se reduce la tensión inicial y el alumnado se siente escuchado, lo que facilita reconducir la situación.

  • Identificar cambios en el comportamiento y generar espacios seguros de conversación. Prestar atención a señales como una menor participación en clase, mayor aislamiento de los compañeros o una caída repentina en el rendimiento académico puede ayudar a detectar situaciones de malestar. Por ejemplo, si una estudiante como Ana que suele participar activamente lleva varias semanas sin hacerlo, puede ser útil buscar un momento tranquilo al final de la clase o en una tutoría para preguntarle cómo se encuentra.




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Estos comportamientos fortalecen el vínculo entre docentes y estudiantes y pueden ayudar a que el profesorado sea percibido como una figura de referencia. Además, prestar atención a las claves emocionales del aula facilita la detección temprana de situaciones de malestar o de posibles dinámicas de acoso o ciberacoso.

Hacia una cultura del respeto

La prevención del ciberacoso es responsabilidad de toda la comunidad educativa. Además de la implicación del profesorado, es necesaria la formación socioemocional y digital del alumnado y el acompañamiento activo de las familias.




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No se trata únicamente de activar protocolos ante un conflicto, sino de sostener una cultura escolar que prevenga el daño antes de que aparezca. Y la prevención eficaz no nace únicamente de normas y sanciones, sino de relaciones personales sólidas y entornos educativos donde el respeto y la empatía forman parte de la experiencia diaria del alumnado. Cuando estas competencias se trabajan de manera sistemática y transversal apostando por la implicación de todos los agentes educativos es cuando se reducen las conductas de riesgo.

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Este trabajo forma parte del proyecto de I+D+i PID2020-117006RB-I00, financiado por MCIN/AEI/10.13039/ 501100011033/ y el Grupo PAIDI CTS-1048 (Junta de Andalucía). Esta investigación también ha sido apoyada por la Universidad de Málaga. Financiación parcial para el cargo de acceso abierto: Universidad de Málaga / CBUA.

Este trabajo deriva parcialmente del apoyo de la Junta de Andalucía bajo el contrato POSTDOC 21 00364.

Jorge Gómez Hombrados recibe fondos del Ministerio de Universidades (FPU21/02323).

Natalio Extremera Pacheco no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ciberacoso: ¿cómo pueden ayudar los docentes? – https://theconversation.com/ciberacoso-como-pueden-ayudar-los-docentes-273936

¿Por qué Europa quiere sacar WhatsApp de los despachos oficiales?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Los sistemas de mensajería instantánea para uso institucional están a punto de dejar de pertenecer a Meta. John Smith / Unsplash. , CC BY-SA

WhatsApp no va a desaparecer de los móviles de los europeos, pero sí está perdiendo terreno en los despachos oficiales. La razón es simple: la Unión Europea y varios gobiernos nacionales quieren separar la comunicación privada de la institucional, y hacerlo con herramientas que estén bajo control europeo, por motivos de soberanía digital, seguridad y protección de datos.

Durante años, WhatsApp se convirtió en una especie de lengua franca digital. Se usa para organizar reuniones, coordinar equipos y, también, para intercambiar mensajes de trabajo.

El problema es que, cuando esa costumbre entra en la administración pública, deja de ser solo una cuestión de comodidad: pasan a circular por una plataforma privada asuntos sensibles, con un riesgo evidente para la confidencialidad y para la trazabilidad de la información.

El peligro del cifrado de extremo a extremo

Muchas veces se piensa que, si una aplicación tiene cifrado de extremo a extremo, ya es suficiente. Pero el debate europeo va mucho más allá. Aunque el contenido del mensaje esté protegido, siguen existiendo los metadatos: quién habla con quién, cuándo, desde dónde y con qué frecuencia. Ese rastro puede ser muy valioso para fines comerciales, pero también para inteligencia o espionaje.

Además, el servicio pertenece a Meta, una empresa estadounidense, y eso abre otra discusión: quién controla la infraestructura, bajo qué jurisdicción opera y qué ocurre cuando entran en juego leyes extraterritoriales. La Unión Europea quiere reducir esa dependencia tecnológica porque la considera un problema estratégico, no solo técnico.

Europa crea sus propias soluciones

La transición no es uniforme, pero sí va en la misma dirección. Francia ha sido uno de los casos más visibles: desarrolló Tchap como plataforma segura para funcionarios y, en 2025, dio un paso más al imponer su uso para comunicaciones oficiales.

En Alemania, el Bundesmessenger se ha consolidado como alternativa institucional; Bélgica ha impulsado BIM. Otros países, como Países Bajos, Luxemburgo y Polonia, también avanzan en soluciones propias.

La Comisión Europea, por su parte, está reforzando su estrategia de soberanía digital. Bruselas insiste en que la autonomía estratégica no significa aislarse, sino controlar mejor las infraestructuras críticas y reducir vulnerabilidades frente a actores externos.

Conflicto inevitable con Meta

El choque con Meta añade un problema adicional. La Comisión Europea ha investigado a la empresa por posibles prácticas abusivas vinculadas a WhatsApp y a la integración de chatbots de inteligencia artificial en la plataforma. En febrero de este año, se informó de que Bruselas estudia obligar a Meta a que retire restricciones que habrían dificultado la entrada de asistentes rivales en WhatsApp.

Ese conflicto importa porque muestra algo más amplio: la UE quiere evitar que una plataforma dominante condicione el mercado digital europeo, usando herramientas más seguras. El debate sobre WhatsApp toca privacidad, competencia y poder económico al mismo tiempo.

Soberanía digital en el sector público

La idea central es que Europa no quiere depender de una aplicación extranjera para comunicaciones oficiales sensibles. Si una administración maneja presupuestos, sanciones, contratos, seguridad o diplomacia por una app comercial, está cediendo parte del control sobre su información y sobre sus canales de trabajo.

Por eso, el movimiento se interpreta como una política de soberanía digital. Se trata de establecer una frontera clara entre la mensajería cotidiana de los ciudadanos y la comunicación institucional de los Estados.

A corto plazo, el cambio parece más probable en el sector público que en la población general, si la UE consolida servicios interoperables, seguros y sencillos. Si las alternativas europeas logran unir privacidad, facilidad de uso y adopción institucional, el abandono de WhatsApp en la administración se convertirá en tendencia irreversible.

Para los ciudadanos, en cambio, WhatsApp sigue siendo muy difícil de reemplazar por el efecto red: lo usa casi todo el mundo y eso hace costoso cambiar de plataforma.

Impactos del cambio

Para las administraciones públicas europeas, este cambio supondrá una transformación profunda en la gestión diaria. Los funcionarios pasarán de depender de una sola app universal a herramientas diseñadas específicamente para entornos institucionales, con protocolos estrictos de auditoría y retención de mensajes. Esto blindaría la confidencialidad y facilitaría el cumplimiento de normativas como el RGPD, además de evitar multas millonarias por fugas accidentales de datos sensibles.

El impacto económico también será notable. Invertir en plataformas propias –como Tchap en Francia o BIM en Bélgica– requerirá presupuestos iniciales elevados, pero a largo plazo generará ahorros al eliminar licencias de servicios extranjeros y reducir riesgos cibernéticos. También impulsará un ecosistema de proveedores europeos, creando empleo en ciberseguridad y desarrollo de software, alineado con la estrategia de autonomía tecnológica de la UE.

Finalmente, desde el punto de vista operativo, se espera una mayor interoperabilidad entre países. Como ejemplo concreto, imaginemos a un diplomático español que se coordina operaciones diplomáticas sensibles con su homólogo alemán sin fricciones técnicas: los sistemas federados permitirían fluidez y seguridad, fortaleciendo la cohesión europea frente a eventuales crisis.

El riesgo principal es una curva de aprendizaje inicial –la resistencia natural al cambio entre usuarios–. Aun así, si la transición avanza al ritmo previsto, el abandono de WhatsApp tenderá a consolidarse en ministerios y agencias a partir de este año.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué Europa quiere sacar WhatsApp de los despachos oficiales? – https://theconversation.com/por-que-europa-quiere-sacar-whatsapp-de-los-despachos-oficiales-282110

Studio Ghibli y la magia de aprender a mirar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis López Vecino, Profesor asociado del Grado en desarrollo de aplicaciones 3D interactivas y videojuegos, Universidad de Salamanca

Imagen de _Mi vecino Totoro_, de Studio Ghibli. Studio Ghibli

El reciente Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades ha recaído en Studio Ghibli “por haber transformado excepcionalmente la creatividad en conocimiento y comunicación”.

El galardón sirve para recordar algo que muchos espectadores ya sabían desde hace años: que sus películas no son solo historias bonitas, sino una forma distinta de mirar el mundo. A lo largo de décadas, el estudio de animación japonés ha creado un imaginario propio que ha marcado a varias generaciones, no tanto por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta.

La fantasía como herramienta

La obra de Hayao Miyazaki, director, cofundador de Ghibli y probablemente su nombre más conocido, es una manera de hacer cine donde la fantasía no es evasión, sino una herramienta para entender mejor la realidad. Sus historias funcionan con una lógica más abierta, más intuitiva. No hace falta entenderlo todo para sentir que ese mundo es real. Una de las claves de ese estilo está en cómo construyen sus mundos.

En Mi vecino Totoro, por ejemplo, la historia de una familia que, en el Japón de la posguerra, comienza a interactuar con una criatura, nadie explica qué o quién es Totoro ni de dónde viene. El personaje es tan ambiguo como real. Aparece, y lo aceptamos, bien sea una deidad sintoísta o una imaginación infantil. Forma parte del paisaje igual que los árboles y la casa familiar. Lo mismo sucede en El viaje de Chihiro, donde la protagonista, en medio de una mudanza, entra en un mundo lleno de normas extrañas que nunca se explican del todo. Y, sin embargo, lo aceptamos. Hay cosas que van más allá de la lógica.

Fotograma de una película de animación en la que un ente gigante con la cara cubierta con una máscara extiende la mano hacia una niña.
Fotograma del filme El viaje de Chihiro.
Studio Ghibli

La magia en Studio Ghibli tampoco funciona como en otras historias. No es un poder para dominar o vencer, sino una forma de relacionarse. En El castillo ambulante, la fortaleza móvil del título, en su inexplicable funcionamiento, sirve de representación física de la inestabilidad emocional y agente transformador de su dueño. En La princesa Mononoke o Nausicaä del Valle del Viento, lo fantástico está profundamente conectado con la naturaleza. Los dioses, los espíritus o los ecosistemas no son decorado: son el centro del conflicto.

Las películas del estudio hablan, una y otra vez, de la relación entre los seres humanos y su entorno. Pero lo hacen sin sermones. No hay discursos directos ni moralejas evidentes. Lo que hay es aprendizaje, personajes que se equivocan, que dudan, que intentan entender.

Por eso es tan importante el tipo de protagonistas que aparecen en estas historias. Muchas veces son niñas o jóvenes en proceso de crecimiento, como Chihiro o las hermanas Satsuki y Mei de Mi vecino Totoro. No son heroínas clásicas que salvan el mundo, sino personas que aprenden a habitarlo. Su fuerza no está en vencer, sino en comprender, en cuidar, en establecer vínculos.

Esa idea conecta con otra de las características más reconocibles del estudio: la importancia de lo cotidiano. En las películas de Ghibli, cocinar, limpiar, trabajar o viajar tienen tanto peso como cualquier elemento fantástico. No son momentos de transición, sino parte esencial de la historia. Gracias a eso, la magia no aparece como algo lejano. Está en los pequeños gestos, en los silencios, en la forma en que los personajes se relacionan con su entorno. Lo extraordinario no rompe lo cotidiano: convive con él.

Fotograma de una película animada en la que dos personajes cocinan en un fuego tradicional.
Cocinando en El castillo ambulante.
Studio Ghibli

El papel de los recuerdos

Pero no se puede hablar de Ghibli sin mencionar también la figura del director Isao Takahata, otro de los cofundadores, que aportaba una mirada muy distinta.

Si Miyazaki explora la realidad a través de la fantasía, Takahata se acercaba más a ella a través de los recuerdos y de la consciencia del pasado. Y lo hacía sin suavizarla. En La tumba de las luciérnagas, la Segunda Guerra Mundial se muestra sin épica ni heroicidad. Es una experiencia dura, cotidiana, que golpea especialmente a los más vulnerables. No hay victimismo, pero tampoco consuelo fácil; solo una mirada honesta sobre lo que la violencia provoca.

Esa sensibilidad aparece también en Recuerdos del ayer, donde Takahata convierte la memoria en el verdadero centro de la narración. La película no necesita grandes conflictos: le basta con observar cómo los recuerdos de la infancia moldean la identidad adulta de Taeko, su protagonista. Algo parecido ocurre en El cuento de la princesa Kaguya, quizá su obra más poética y estéticamente única, donde la belleza de la vida coexiste con la pérdida y la imposibilidad de detener el paso del tiempo.

Fotograma de una película de animación con una mujer arrodillada en una habitación japonesa con una niña arrodillada frente a ella.
Fotograma de El cuento de la princesa Kaguya.
Studio Ghibli

Películas que no se acaban

Esa convivencia entre lo fantástico y lo realista es lo que hace de Studio Ghibli algo único. No es solo un estudio de animación, sino un espacio donde distintas formas de entender el mundo dialogan entre sí.

En el caso de Miyazaki, su cine transmite una sensación de calma que a veces puede engañar. Sus películas son tranquilas, incluso luminosas, pero no necesariamente optimistas. En ellas hay conflictos que no se resuelven del todo, heridas que no desaparecen, como si fuesen un comentario directo a la realidad. Y, sin embargo, ahí está su fuerza. No ofrecen respuestas cerradas, sino formas de mirar, de estar en el mundo. Por eso, con el paso del tiempo, esos filmes no se agotan: siguen acompañando a quienes las ven porque dejan espacio para volver a ellas, para entenderlas de otra manera.

El reconocimiento a Studio Ghibli no premia solo una colección de películas inolvidables. Reconoce una forma de contar historias que apuesta por la sensibilidad, la empatía y la capacidad de asombro. En un momento en el que todo parece necesitar explicación, sus mundos nos recuerdan algo más simple e importante: que a veces basta con aprender a mirar.


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The Conversation

Luis López Vecino no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Studio Ghibli y la magia de aprender a mirar – https://theconversation.com/studio-ghibli-y-la-magia-de-aprender-a-mirar-282327

La lamprea aún vive en el Guadalquivir

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Clavero Pineda, Científico titular CSIC, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

La lamprea marina (Petromyzon marinus) se encuentra en declive en España, donde se considera una especie en peligro crítico de extinción. La situación es especialmente preocupante en los ríos sureños, en los que ha sido registrada muy pocas veces en las últimas décadas, hasta el punto de que prácticamente se la consideraba extinta en el río Guadalquivir. Hasta ahora.

Acabamos de capturar una lamprea adulta de casi un metro de longitud en la Rivera de Huelva, uno de los principales afluentes del Bajo Guadalquivir (posteriormente, fue liberada). El hallazgo pone de manifiesto la importancia de los pocos tramos fluviales que aún conservan la conexión con el mar, fundamentales para estos animales. También pone el foco sobre la necesidad de mejorar nuestro conocimiento sobre peces migradores, uno de los grupos de animales más amenazados en España y en todo el mundo.

Malos tiempos para ser un pez migrador

Los peces anádromos nacen en los ríos y tienen un periodo de crecimiento en el mar, por lo que necesitan moverse libremente entre ambos ambientes. Son particularmente sensibles a la fragmentación de ríos por la construcción de barreras (como presas y azudes), ya que el bloqueo de las rutas migratorias hace que pierdan el acceso a las zonas de reproducción.

En el Guadalquivir, la presa de Alcalá del Río, a pocos kilómetros aguas arriba de Sevilla y en funcionamiento desde 1931, hizo que la mayor parte de la cuenca perdiese la conexión con el mar. La peor parte de los impactos generados se la llevaron peces migradores como el sollo (Acipenser sturio), al que hoy llamamos esturión, y el sábalo (Alosa alosa).

En la década de 1970 la lamprea ya se consideraba una especie rara en el Bajo Guadalquivir. Los registros posteriores se cuentan con los dedos de la mano, el último de ellos en 2014.

Sin embargo, vecinos de Guillena, localidad situada a orillas de la Rivera de Huelva, nos contaron que en torno a 1980 podían pescarse muchas lampreas. Es por tanto probable que la escasez de registros de lamprea se deba, al menos en parte, a la falta de cultura culinaria asociada a la especie en el sur de España. De hecho, nos dijeron que las lampreas se solían coger por el simple gusto de la captura, porque “ese pez tan raro” no lo comían.

En el Bajo Guadiana sí existe una explotación comercial de la lamprea debido a su gran valor en la gastronomía portuguesa. Es por esto que, desde hace años, se dedican importantes esfuerzos a su estudio y monitorización, algo que no se hace en el Guadalquivir. Además, estas pesquerías dirigidas a la especie dan lugar a capturas más frecuentes y trazables.

Aún así, la lamprea también se ha convertido en un animal extraordinariamente escaso en el Bajo Guadiana, hasta el punto de que los pescadores portugueses se quejan de que ya casi no vale la pena salir a pescarla.

Un ciclo complejo

La vida de la lamprea sigue un ciclo fascinante. Los individuos reproductores, como el capturado en la Rivera de Huelva, remontan los ríos buscando lugares apropiados para el desove. Hacen nidos en zonas de arena, en los que eliminan las piedras, moviéndolas con su boca en forma de ventosa.

De las puestas nacen larvas que, rápidamente, se entierran en sedimentos arenosos, donde viven filtrando agua para alimentarse. Cuando acaba esa fase filtradora, que puede durar más de cinco años, las larvas sufren una metamorfosis durante la que, por primera vez, desarrollan ojos funcionales, una boca succionadora repleta de dientes córneos y una lengua raspadora.

Estas lampreas juveniles abandonan la arena y viajan al mar. Allí se alimentan como parásitos de otros peces, a los que se aferran con la ventosa que forma su boca. En el Mediterráneo se les ha visto alimentándose de peces tan grandes como el pez luna (Mola mola) o la manta de espina (Mobula mobular).

Después de entre dos y tres años de vida en el mar, las lampreas dejan de comer y emprenden su regreso a los ríos para reproducirse.

La reproducción de la lamprea nunca se ha descrito en la cuenca del Guadalquivir, pero el tramo en el que ahora la hemos detectado podría tener las condiciones necesarias para albergarla, por sus grandes lechos de arena y aguas permanentes. De hecho, puede haber sido un lugar tradicional de reproducción, pero nadie ha estudiado esta posibilidad. Lo que sí es evidente es que en toda la cuenca del Guadalquivir quedan pocos lugares, si es que queda alguno, tan adecuados para la reproducción de la especie.

Un tramo excepcional y amenazado

El tramo de la Rivera de Huelva que queda aguas abajo del embalse del Gergal, del que se toma el agua que abastece al área metropolitana de Sevilla, es excepcional por ser el principal ecosistema fluvial de la cuenca del Guadalquivir que aún mantiene contacto directo con el estuario y, a través de él, con el mar.

En ese tramo coexisten anguilas, llegadas del mar, y lisas (llamadas albures en la zona), que se mueven entre este, el estuario y el río, con especies típicamente fluviales como el barbo, el camarón de río y hasta tres especies de náyades –grandes y muy amenazadas almejas de agua dulce–.

Este es seguramente el tramo más importante en toda la cuenca del Guadalquivir para la conservación de los peces y otra fauna acuática. Pero las figuras de protección de ríos, como las Reservas Naturales Fluviales, suelen establecerse en zonas de montaña, protegiendo tramos de río de aguas limpias y bien oxigenadas, que recorren bonitos paisajes con pocos impactos. Pero eso no implica que sean los más importantes para la conservación de la biodiversidad.

A pesar de sus indudables valores, el tramo bajo de la Rivera de Huelva enfrenta numerosas amenazas, entre las que destacan una nutrida representación de especies invasoras. Una especialmente preocupante es el siluro (Silurus glanis), capaz de comerse los elementos más valiosos de esta zona, como la anguila y, ahora lo sabemos, la lamprea.

La porción de la Rivera de Huelva que queda accesible a los peces migradores podría no ser suficiente para garantizar su conservación o favorecer su recuperación en la cuenca del Guadalquivir. Lo que vemos hoy es un residuo ínfimo de lo que debía ser una frecuente y abundante presencia en ríos y arroyos, un escenario que ha desaparecido de la memoria colectiva.

El descubrimiento de la lamprea en el Guadalquivir es una buena noticia. Sería todavía mejor si empezáramos a recuperar para los peces migradores parte de la enorme cantidad de hábitat que les hemos quitado.

En la cuenca del Guadalquivir sería fundamental eliminar las barreras que forman las presas de Alcalá del Río y Cantillana, estructuras antiguas, pequeñas, con una exigua producción eléctrica, pero con un impacto gigantesco. Sin esas barreras, el tramo bajo de la Rivera de Huelva no sería tan excepcional y daríamos una oportunidad a varias especies de peces que están a punto de desaparecer, de los ríos y de nuestra memoria.

The Conversation

Miguel Clavero Pineda es investigador principal del proyecto CRAYMAP (PID2020-120026RB-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, en el cuál se enmarca este trabajo

Sergio Bedmar Castillo es miembro del equipo del proyecto CRAYMAP (PID2020-120026RB-I00).

ref. La lamprea aún vive en el Guadalquivir – https://theconversation.com/la-lamprea-aun-vive-en-el-guadalquivir-282091

Detectan atmósfera en un pequeño objeto transneptuniano, más allá de Plutón

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep M. Trigo Rodríguez, Investigador Principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias, Instituto de Ciencias del Espacio (ICE – CSIC)

Ilustración del cuerpo transneptuniano 2002 XV93 ocultando una estrella. / NAOJ / Ko Arimatsu, CC BY

Un pequeño objeto helado, situado más allá de Plutón y de la órbita del planeta Neptuno, ha sorprendido a los astrónomos al revelar, durante la ocultación de una estrella, que posee una tenue atmósfera. El hallazgo, logrado gracias a una campaña internacional liderada desde Japón y apoyada por astrónomos aficionados, desafía las teorías actuales sobre cómo los cuerpos pequeños del sistema solar, mucho más pequeños que Plutón, pueden mantener una envoltura gaseosa.

Cómo se ha encontrado

Profundizar en el conocimiento científico de objetos lejanos requiere estrategias muy originales y quizá inesperadas para el gran público.

Por ejemplo, a veces, los astrónomos observamos cómo una estrella o parte de ella “se oculta” brevemente cuando un planeta, un asteroide u otro objeto lejano del sistema solar pasa por delante de ella. Estos fenómenos reciben el nombre de “ocultaciones”, y los estudiamos mediante campañas internacionales de observación que nos permiten detectar detalles. Por ejemplo, si tienen anillos, satélites o incluso atmósferas, como acaba de ocurrir.

Utilizamos esta técnica desde hace unas décadas para aprender más sobre la forma, tamaño y propiedades de algunos de los cuerpos más alejados de nuestro sistema planetario: los objetos transneptunianos (TNO), aquellos que están más allá de la órbita de Neptuno.

Un nuevo Plutón

Hasta ahora, el único TNO con una atmósfera detectada era Plutón, con un tenue envoltorio cuya presión media se sitúa en torno a 10 microbares (μbar). Es decir, 100 000 veces menor que la de la Tierra. En las investigaciones de otros objetos situados más allá de Neptuno, con más de 500 km de diámetro, no se habían encontrado coberturas de gases, pero había podido calcularse un “límite máximo” para una posible atmósfera. Es decir: si existía, debía de ser extremadamente tenue, con presiones entre 1 y unos cientos de nanobares (nbar).

Se habían encontrado otros casos sin explicación. Por ejemplo, en Makemake, objeto transneptuniano catalogado como (136472). Con un diámetro de 1 430 km, es uno de los TNO de mayor tamaño y parece estar a día de hoy emitiendo metano, aunque el origen de ese envoltorio gaseoso de hidrocarburos sigue siendo incierto. ¿Quizás se debe al criovulcanismo? Sobre todo, brinda un buen ejemplo de los misterios que aún esconden cientos de cuerpos helados almacenados en la distante región transneptuniana, aunque no el último.

Un descubrimiento inesperado

En 2002 se descubrió un objeto transneptuniano con una órbita ligeramente excéntrica, que lo sitúa a distancias del Sol variables entre 34 y 44 unidades astronómicas; es decir, unas 40 veces más lejos del Sol que la Tierra, en promedio. Este lejano cuerpo helado, identificado provisionalmente como (612533) 2002 XV93, tiene un diámetro aproximado de 500 km.

La comunidad científica ha seguido a este objeto desde su descubrimiento, y nunca había revelado un comportamiento anómalo. Sin embargo, el 10 de enero de 2024 se realizó desde Japón una campaña para su seguimiento en un momento en el que se iba a producir una ocultación estelar, y los resultados no pudieron ser más sorprendentes: demostró que se encuentra envuelto en una atmósfera fina.

Los astrónomos, liderados por Ko Arimatsu, del Observatorio Astronómico Nacional de Japón, comprobaron que la estrella no se ocultaba repentinamente detrás del TNO, sino que su luz se atenuaba progresivamente, antes de ocultarse tras su silueta. Este efecto es consecuencia de la presencia de atmósfera alrededor del pequeño objeto. Arimatsu y colaboradores han estimado que dicha atmósfera es tenue pero con una presión superficial entre 100–200 nbar, muy por encima de los límites establecidos para TNO más grandes.

Es un hallazgo relevante porque demuestra que un TNO con un tamaño inferior al que se considera técnicamente un cuerpo planetario (en torno a 1 000 km) puede albergar, al menos de manera transitoria, una atmósfera.

El descubrimiento desafía los escenarios estándar de retención de gases volátiles y plantea muchas preguntas sobre la naturaleza de la atmósfera. ¿Cómo es posible que este pequeño objeto la tenga? Tal vez mantiene una actividad criovolcánica continua. O, quizá, podría ser consecuencia de un impacto reciente con otro objeto helado, similar a un cometa, que habría liberado una nube de material volátil que rodea al cuerpo de forma temporal. Sea cual sea el caso, el descubrimiento incrementa el interés en el estudio de esos objetos distantes.

Hilar fino

La técnica de las ocultaciones de estrellas por TNO no es trivial. Primero hay que predecir con gran precisión astrométrica cuando van a producirse las ocultaciones; después, comprobar si la sombra del objeto sobre la estrella puede observarse desde alguna región del globo terráqueo.

Los astrónomos recurrimos muy a menudo a la colaboración de aficionados, dado que para tener éxito en el seguimiento de estos fenómenos es necesario seguir cada ocultación desde un gran número de observatorios o lugares improvisados para la ocasión, distribuidos lo más homogéneamente posible sobre la superficie terrestre. La clave radica en que puedan trazarse muchas “cuerdas observacionales” que den cuenta si la distancia a ese pequeño astro en concreto enmascara una atmósfera, anillos o, incluso, algún satélite.

Otro aspecto interesante de este descubrimiento es que se ha realizado gracias a una colaboración profesional-amateur. Con excepción de un telescopio profesional, el resto de las observaciones se han obtenido con telescopios portátiles del tamaño más común entre los aficionados, obviamente dotados con cámaras digitales adecuadas para el seguimiento de estos fenómenos súbitos que requieren una gran precisión temporal.

A pesar de que la ocultación estelar fue positiva sólo desde tres lugares diferentes, ejemplifica el papel fundamental que pueden tener los astrónomos aficionados, particularmente en el campo del estudio de los cuerpos menores del sistema solar.

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Josep M. Trigo Rodríguez recibe fondos del proyecto del Plan Nacional de Astronomía y Astrofísica PID2021-128062NB-I00 financiado por el MICINN y la Agencia Estatal de Investigación.

ref. Detectan atmósfera en un pequeño objeto transneptuniano, más allá de Plutón – https://theconversation.com/detectan-atmosfera-en-un-pequeno-objeto-transneptuniano-mas-alla-de-pluton-282352

Vacunas caducadas: qué riesgos existen y cuáles no

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León

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El término “caducado” se asocia de forma inmediata con peligro. En la vida cotidiana, consumir un producto fuera de fecha puede implicar un riesgo, y es lógico que esta idea se traslade a las vacunas. Sin embargo, en el ámbito sanitario no siempre significa lo mismo. Aunque se usan de forma preventiva, las vacunas son también fármacos y, como tales, cuentan con una fecha de caducidad. Pero ¿qué pasa si se administra una inmunización caducada?

No todas las vacunas funcionan igual ni se diseñan de la misma forma: buscan el mismo objetivo –entrenar al sistema inmunitario para reconocer a un patógeno y responder con rapidez si entra en contacto con él–, pero no lo consiguen de la misma manera.

Existen varias estrategias para enseñar a nuestras defensas sin causar la enfermedad, diferencias que son importantes para entender su estabilidad y su conservación.

¿Cómo se diseñan las vacunas?

Algunas vacunas utilizan versiones debilitadas del microorganismo y generan una respuesta muy completa. Otras emplean patógenos inactivados o fragmentos que no pueden replicarse, pero que siguen siendo reconocidos por nuestro cuerpo.

Además, en los últimos años se han desarrollado variedades basadas en material genético, como las de ARN y ADN. Estas no contienen el microorganismo, sino que aportan instrucciones para que nuestras células produzcan una parte de él. Así se activa la respuesta inmunitaria.

Muchas vacunas combinan varios antígenos –la parte del patógeno que reconoce el sistema inmunitario– en una sola dosis. Es el caso de las trivalentes, tetravalentes o hexavalentes, que protegen frente a varias enfermedades a la vez.

Por ejemplo, algunas vacunas infantiles combinan protección frente a difteria, tétanos, tosferina, poliomielitis y hepatitis B. Esto reduce el número de inyecciones y simplifica los calendarios vacunales.

Como el sistema inmunitario puede responder a varios estímulos al mismo tiempo, estas combinaciones no hacen la vacuna más agresiva, pero sí requieren un diseño cuidadoso.

Todas las diferencias señaladas influyen en su eficacia y estabilidad; por eso son clave para entender la caducidad.

¿Qué más contienen las vacunas?

En este aspecto, también es importante saber qué contiene una vacuna. El componente principal es el antígeno, que permite al sistema inmunitario reconocer el patógeno. Muchas incluyen además adyuvantes, sustancias que refuerzan la respuesta inmunitaria y ayudan a que la protección sea más eficaz.

Y, finalmente, las vacunas incorporan estabilizantes y conservantes, cuya función reside en mantener el producto en condiciones adecuadas durante el almacenamiento y el transporte.

Todos estos componentes están diseñados para garantizar la seguridad y eficacia, pero no pueden mantenerse estables de forma indefinida: con el paso del tiempo, algunos pueden degradarse o perder actividad. Este proceso es lento y depende de factores como la temperatura y la luz.

Una interrupción en la cadena de frío puede acelerar la pérdida de estabilidad; de ahí que la conservación en temperaturas adecuadas sea tan importante como el tiempo.

¿Qué pasa si se administra una vacuna caducada?

La fecha límite no indica que una vacuna se vuelva peligrosa de forma inmediata. En la mayoría de los casos, administrar una inmunización caducada no implica un riesgo inmediato para la salud. No se convierte en un producto tóxico ni genera efectos adversos distintos a los habituales.

Lo que indica este límite es hasta cuándo el fabricante puede garantizar que la vacuna mantiene todas sus propiedades. Es decir, a partir de ese momento no se puede asegurar que funcione como se espera. Si ha perdido estabilidad, la respuesta inmunitaria será menor, algo importante porque puede traducirse en una protección insuficiente. Por eso las fechas de caducidad se establecen con criterios muy conservadores: el objetivo es asegurar que cada dosis ofrezca la protección prevista.

¿Cómo se gestionan estos casos en salud pública?

Cuando se detecta la administración de una vacuna caducada se activan protocolos específicos con el objetivo de evaluar cada situación. Entonces se analizan factores como el tipo de vacuna, el tiempo desde su caducidad y las condiciones de conservación. Con esta información, los profesionales deciden si es necesario revacunar o hacer seguimiento.

Estos incidentes también se revisan para detectar posibles fallos en los sistemas de control. Así se mejoran los procedimientos y se reduce la probabilidad de que se repitan. Todo forma parte de los programas de vigilancia farmacológica, cuyo objetivo es garantizar la seguridad y la eficacia.

¿Se han dado casos reales?

Los casos de administración de vacunas caducadas son poco frecuentes, pero ocurren. Cuando se detectan, suelen comunicarse y revisarse los protocolos. Aunque en la mayoría de las situaciones no se producen consecuencias graves, puede ser necesario repetir la dosis para asegurar la protección.

La administración de vacunas caducadas muestra hasta qué punto es importante entender cómo funcionan realmente las intervenciones sanitarias. No todos los riesgos son iguales, ni todas las situaciones deben interpretarse de forma automática.

En este caso, la clave está en distinguir entre seguridad y eficacia. Mientras que el riesgo inmediato para la salud suele ser bajo, una posible pérdida de protección sí puede tener consecuencias si no se detecta y se corrige.

Comprender estos matices permite evaluar mejor este tipo de situaciones y evitar interpretaciones alarmistas. En un contexto en el que estos casos pueden aparecer de forma puntual en los medios, contar con información clara y rigurosa resulta esencial para mantener la confianza en la salud pública.

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Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vacunas caducadas: qué riesgos existen y cuáles no – https://theconversation.com/vacunas-caducadas-que-riesgos-existen-y-cuales-no-278639

Un ‘Benjamin Button hidrológico’: el curioso caso del río Guadiana en las Tablas de Daimiel

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco J. Moreno Díaz del Campo, Profesor de Historia Moderna, Universidad de Castilla-La Mancha

Pasarela en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel (Ciudad Real, España). joserpizarro/Shutterstock

En el 2008, llegó a las carteleras El curioso caso de Benjamin Button, película basada en un breve relato escrito en 1922 por F. Scott Fitzgerald. Su protagonista nace con el aspecto físico de un octogenario que, a medida que pasa el tiempo, ve cómo su cuerpo rejuvenece mientras que sus experiencias son sentidas de una manera “normal”. Button vive la vida al revés, rejuvenece y, en cierto modo, vuelve al origen, pues fallece siendo un niño.

Un efecto similar se ha producido a raíz de las lluvias caídas en los primeros meses de 2026, que han convertido el tramo inicial del Guadiana, en el entorno del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, en un “Benjamin Button hidrológico”. Sus aguas retroceden, discurren río arriba y terminan infiltrándose en la tierra. Aunque el fenómeno no es nuevo, no es tan conocido; en gran medida porque no resulta habitual.

En este enclave de Castilla-La Mancha, las tablas fluviales representan un ecosistema de humedal único en Europa Occidental, caracterizado por el desbordamiento de ríos en tramos llanos con muy poca pendiente y que actúan como grandes encharcamientos en los márgenes de su curso.

En condiciones normales, Las Tablas de Daimiel se formaban por la confluencia de dos ríos. Por un lado, el Cigüela, nacido en las serranías conquenses, que llegaba a Daimiel después de atravesar la llanura manchega. Por otro, el Guadiana, que nacía en los Ojos –hoy secos–, donde recuperaba en superficie el agua sobrante del acuífero subterráneo situado bajo La Mancha para unirla, kilómetros después, a las procedentes del Campo de Montiel, que discurrían por el Azuer, uno de sus afluentes.

Durante siglos, el sistema fluvial de Las Tablas funcionó de manera equilibrada. Agua, clima y suelos dieron lugar a un ecosistema dominado por un bosque mediterráneo progresivamente humanizado. Desde el siglo XIII, la Orden de Calatrava favoreció la roturación de tierras y su conversión en dehesas destinadas al pasto de ganado –generalmente ovino– que, cada invierno, llegaba a la zona procedente de las tierras altas de Castilla.




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Molinos como presas

Agua, bosque y pastos convivieron en Las Tablas en un escenario natural con unas enormes potencialidades económicas. Aquel espacio, conocido entonces como Real Dehesa de Zacatena, gozó de protección, al menos desde que Felipe II dictó unas ordenanzas con el objetivo de regular los aprovechamientos forestales, piscícolas y cinegéticos que, desde entonces, estuvieron vigilados por un guarda mayor.

Uno de los elementos más prototípicos del lugar fueron los molinos de ribera, de enorme importancia en la época preindustrial. Incluso puede decirse que, en una región seca como La Mancha, fueron más numerosos y económicamente más determinantes que los gigantes a los que se enfrentó don Quijote.

Varios de ellos datan de época musulmana. Sin embargo, el sistema de molinos hidráulicos del Alto Guadiana quedó configurado a lo largo del siglo XVI. A mediados de aquella centuria, entre los Ojos del Guadiana y el límite oriental de Zacatena –en un tramo de unos veinticinco kilómetros de río– llegaron a funcionar diez ingenios. Los molinos del Guadiana también actuaron como puentes y pesquerías, así como eficaces presas que retuvieron el agua del río y ampliaron la superficie encharcada.

Aunque su uso y gestión dieron lugar a pleitos y conflictos institucionales, el sistema funcionó con eficacia durante siglos. Cuando las ideas ilustradas propias del setecientos persiguieron aumentar las tierras cultivables y desecar el cauce del Guadiana, se hizo imprescindible derruir algunos de estos molinos y limitar el funcionamiento de otros. El fracaso de aquellos proyectos mantuvo en pie la mayoría de estos ingenios hasta bien entrado el siglo XX, cuando la dictadura franquista recuperó las ideas del siglo XVIII. En aquella ocasión no hubo marcha atrás.




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Un río que busca regresar a su origen

Los trabajos de canalización del Guadiana que se llevaron a cabo a finales de los años 1960, hicieron más profundo el cauce natural del río, alteraron el curso de las aguas, redujeron el encharcamiento de la ribera y limitaron la capacidad de molienda de las piedras que hasta entonces habían sido el motor de la economía local. Las presas fueron inutilizadas y el paisaje cambió radicalmente.

El regadío intensivo y la alteración de la dinámica natural del Guadiana condujeron a una situación insostenible. Las Tablas perdieron su equilibro natural, puesto que las aguas superficiales (cada vez más escasas) dejaron de encontrarse con las subterráneas, que ya no manaban del acuífero por la sobreexplotación a la que se le sometió.

Fue entonces cuando algunos recordaron el efecto regulador de las presas de los molinos, pero el estado de ruina en que se encontraban tras años de inactividad hizo imposible su rehabilitación. Sin embargo, el plan de regeneración hídrica que se puso en marcha en los años ochenta del siglo XX recuperó la esencia de su funcionamiento.

Para salvar Las Tablas se levantaron varias presas. Las dos más importantes fueron la de Puente Navarro y la del Morenillo. La primera se sitúa a la salida del Parque, a escasos metros del antiguo molino de El Navarro, mientras que la segunda se alza allí donde el Cigüela y el Guadiana se encuentran. La misión de ambas es mantener el nivel encharcamiento y asegurar una mínima lámina de agua, algo que, en los últimos años, ni tan siquiera ha sido posible debido, en parte y entre otros factores, a los efectos del cambio climático y la presión antrópica, que han reducido las lluvias y aumentado las extracciones del acuífero que antes alimentaba de manera natural al Guadiana.

La tercera presa es el molino de Molemocho (restaurado en 1998), que hunde sus cimientos en el río y que cierra la superficie encharcada de Las Tablas por su extremo suroriental.

La existencia de estas tres barreras cobra sentido en momentos puntuales, marcados por la abundancia de lluvias, dando lugar a fenómenos como el que ha ocurrido este año o como el acaecido durante el ciclo húmedo que tuvo lugar entre 2009 y 2013, un periodo de lluvias por encima de la media.

Cuando el cielo es generoso, el Cigüela vierte en Las Tablas y la superficie encharcada llega a su límite. Entonces, el agua rebasa la barrera central (presa del Morenillo), sigue su camino y desborda Puente Navarro. Si los niveles de encharcamiento persisten, incluso se hace necesario abrir las compuertas del Molemocho.

Es justo en ese momento cuando, como Button, el Guadiana desafía el orden natural y su corriente remonta el cauce en busca de su origen. El fenómeno no solo es curioso, sino muy positivo porque el agua termina infiltrándose en el subsuelo y contribuye a la recarga del acuífero.

Cierto es que es una situación anómala, temporalmente corta y que suele durar lo que dura la inundación máxima de Las Tablas, pero no es menos verdad que alerta acerca de la necesidad de controlar los niveles de encharcamiento y de lo mucho que la historia de las infraestructuras hidráulicas de aquella comarca puede enseñar a propios y extraños del lugar.

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Francisco J. Moreno Díaz del Campo forma parte del Proyecto de Investigación «PERMASEPI. Percepción y materialidad de los sistemas socio-ecológicos en la Península Ibérica (siglos XIV-XVIII)» (PID2024-155668NA-100) financiado por el MICIU, la AEI y por el FEDER.

ref. Un ‘Benjamin Button hidrológico’: el curioso caso del río Guadiana en las Tablas de Daimiel – https://theconversation.com/un-benjamin-button-hidrologico-el-curioso-caso-del-rio-guadiana-en-las-tablas-de-daimiel-281209

¿Tendremos avispas este verano? Las papeleras, alfareras y asiáticas tienen todo a su favor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josep Maria Bas Lay, Professor i investigador de la UdG, Universitat de Girona

Avispa velutina o asiática. Wirestock Creators/Shutterstock

La primavera y el verano es época de avispas, eso seguro. Molestas, irritantes, muchas veces construyen sus nidos en zonas urbanas, bajo tejados, en jardines y en diversas estructuras. Una situación que genera mucha interacción con los humanos, con riesgo de picaduras y problemas derivados si no tenemos cuidado.

Existen poco más de un centenar de especies de véspidos en toda España. La mayoría son especies solitarias, como las avispas alfareras, que a menudo pasan desapercibidas. Más conocidas son, sin embargo, las avispas sociales, como las papeleras, con sus nidos de celdas hexagonales, que construyen con material vegetal y agua.

A menudo no las aceptamos, pero hay que decir que desempeñan un papel importante en muchas interacciones de la naturaleza, ya sea como depredadoras o como polinizadoras; unos roles estratégicos para la estructura y el equilibrio de las redes de interacción en la naturaleza.

La avispa asiática sale de su refugio en primavera

La mayoría de estas avispas son autóctonas, pero en los últimos años se han añadido especies exóticas que llegan por acción voluntaria o involuntaria de los humanos, como es el caso de la avispa asiática (Vespa velutina).

No ha sido una aparición natural, sino provocada por el movimiento de mercancías desde China, con la primera detección en Francia en 2004. Desde entonces se ha extendido rápidamente por toda Europa, a una media de 50–60 km anuales. Se considera una especie invasora, especialmente por sus impactos demostrados sobre el sector primario de la apicultura.

Las claves de su éxito son que tienen pocos competidores, depredadores y parásitos, y que encuentran los recursos necesarios para aumentar su abundancia y ampliar su distribución.

La avispa asiática presenta un ciclo de vida de un año. Las reinas fecundadas del año anterior, que salen de sus refugios invernales hacia febrero-marzo, construyen por sí solas los nidos embrionarios en lugares protegidos, a poca altura.

¿Cuáles son sus escondites?

En ellos ponen los primeros huevos fecundados, de los que nacen las avispas obreras. A partir de ese momento, la reina ya no sale del nido. Serán las obreras quienes trabajarán e iniciarán la búsqueda de los recursos necesarios (azúcares, proteína, celulosa y agua) para hacer crecer el nido hacia un nido primario.

Más adelante, generalmente construirán un segundo nido más grande, llamado secundario. Lo harán en una zona más elevada, como copas de árboles, cornisas de edificios, salientes de paredes o cuevas en acantilados. Es aquí, ya hacia el otoño, cuando aparecen los machos (de huevos no fecundados) y las reinas vírgenes. Los machos fecundarán a estas reinas, que se prepararán para pasar el invierno en algún lugar resguardado y protegido. El resto de la colonia va muriendo (reina vieja, obreras y machos) al entrar el invierno. Y así se inicia un nuevo ciclo.

Además del efecto social, con casos graves sobre la salud de las personas, el principal impacto demostrado de esta especie es sobre el sector de la apicultura, especialmente cuando los nidos son medianos o grandes en verano y otoño.




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‘Bufé libre’ permanente en los panales

Las avispas visitan las granjas de colmenas para encontrar el “bufé libre” de proteína (la abeja de la miel,Apis mellifera) que necesitan para alimentar a sus larvas. Los visitan de forma periódica y recurrente.

Esto supone que capturan abejas obreras delante de las colonias, con la consiguiente afectación directa de la recolección de néctar y polen, la pérdida de reservas y un debilitamiento general de las colonias de abejas, que las hace más vulnerables a enfermedades y a factores ambientales adversos.

La gran capacidad de dispersión de las nuevas reinas, que pueden volar varios kilómetros en un solo día, contribuye a la rápida expansión y a la presión constante sobre las granjas de colmenas.

Por todos estos motivos que se hace imposible su erradicación en las zonas donde ya ha llegado. Todo juega a su favor.

Mejores opciones para combatirlas

No hay estudios que demuestren que determinadas acciones sean efectivas para minimizar su impacto, como por ejemplo trampear reinas en primavera.




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Ahora bien, sí se puede mejorar el manejo y la gestión de las granjas de colmenas in situ desde el sector de la apicultura, en función de la presencia de esta especie.

Los apicultores realizan trashumancia para evitar su presencia y ajustan temporalmente el movimiento de las colonias, o utilizan distintas herramientas para proteger las colmenas de la abeja de la miel, aunque presentan limitaciones, especialmente en periodos de alta presión.

La opción prioritaria desde el Grupo de Investigación de Biología Animal de la Universidad de Girona son las trampas Koldo adaptadas (KBA), modificadas a partir del diseño original del apicultor Koldo Belasko.

Trampa Koldo Belasko para la avispa velutina.

Esta trampa está diseñada para capturar obreras y reinas de manera selectiva delante de las colmenas sin afectar a las abejas, permitiendo un control más sostenible y aplicable en granjas de distintos tamaños.

Toda la información científica disponible y la que se pueda generar en el futuro sobre la gestión de la avispa asiática es clave como estrategia para establecer protocolos que permitan su control, ya sea para reducir los riesgos para las personas, para otros polinizadores o para la protección de las colonias de abejas de la miel. En este último caso, no se compromete la producción de miel y otros productos apícolas, y se establece un control selectivo y sostenible.

La avispa asiática ha llegado para quedarse.

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Josep Maria Bas Lay no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Tendremos avispas este verano? Las papeleras, alfareras y asiáticas tienen todo a su favor – https://theconversation.com/tendremos-avispas-este-verano-las-papeleras-alfareras-y-asiaticas-tienen-todo-a-su-favor-281942

IA en los hospitales: estos son los derechos que podrían estar en riesgo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María José Parejo Guzmán, Profesora Titular de la Facultad de Derecho, Universidad Pablo de Olavide

frank60/Shutterstock

La inteligencia artificial ya se utiliza en hospitales para priorizar pacientes, apoyar diagnósticos o recomendar tratamientos. Estas herramientas prometen mayor eficiencia y rapidez e, incluso, pueden ayudar a reducir listas de espera.

Sin embargo, junto a estas ventajas surgen preguntas que no son solo técnicas, sino también jurídicas: ¿qué ocurre si un algoritmo ignora las preferencias del paciente? ¿Quién responde cuando una decisión automatizada afecta a derechos fundamentales?

La inteligencia artificial ya está transformando la medicina. Ahora toca preguntarse cómo garantizar que esa transformación respete los derechos de pacientes y profesionales.

Cuando el algoritmo no ve a la persona

La práctica sanitaria nunca ha sido completamente neutral. Las decisiones médicas están atravesadas por valores, creencias y preferencias personales.

Un paciente puede rechazar una transfusión de sangre, solicitar una dieta específica por motivos religiosos o expresar preferencias sobre el final de la vida. Estas decisiones forman parte del ejercicio de la autonomía personal y del derecho a la salud. Sin embargo, muchos sistemas de inteligencia artificial no están diseñados para tener en cuenta esas dimensiones. Funcionan a partir de grandes volúmenes de datos y patrones estadísticos, pero no siempre incorporan variables relacionadas con las convicciones personales o culturales.

Esto puede generar situaciones problemáticas: recomendaciones médicas que no respeten la voluntad del paciente o decisiones automatizadas que, sin pretenderlo, ignoren aspectos esenciales de su identidad.

El riesgo de una discriminación invisible

Otro de los grandes desafíos es el de los sesgos algorítmicos. Si los sistemas de inteligencia artificial se entrenan con datos incompletos o poco representativos, pueden reproducir desigualdades existentes.

Este debate ya está presente en la literatura científica y también en el ámbito divulgativo. En relación al uso de la IA para la prevención de enfermedades, surgen interrogantes sobre privacidad, equidad y control de los datos.

En el ámbito clínico, el problema puede ser aún más delicado. Una herramienta que priorice pacientes o recomiende tratamientos podría perjudicar indirectamente a determinadas minorías, si sus necesidades específicas no están contempladas en los datos de partida.

No se trataría de una discriminación directa, sino de algo más difícil de detectar: una desigualdad incorporada en el propio sistema.

¿Qué ocurre con los profesionales sanitarios?

La introducción de la inteligencia artificial también plantea preguntas para médicos y personal sanitario. ¿Y si un algoritmo recomienda una actuación que entra en conflicto con las convicciones del profesional? ¿Debe seguir la indicación técnica o su propio criterio ético?

Un sistema informático no puede sustituir el juicio clínico ni la responsabilidad profesional. Los sistemas deben entenderse como herramientas de apoyo, no como sustitutos de la decisión humana. De lo contrario, existe el riesgo de desdibujar tanto la responsabilidad como la libertad de conciencia en la práctica médica.

Datos sensibles y decisiones automatizadas

Para que la inteligencia artificial tenga en cuenta las preferencias del paciente, sería necesario incorporar información especialmente sensible, como sus creencias religiosas o convicciones personales.

Aquí aparece otro problema jurídico relevante: la protección de datos. La religión es considerada un dato especialmente protegido por la normativa europea y su uso exige garantías estrictas.

Esto obliga a encontrar un equilibrio complejo: cómo respetar las convicciones del paciente sin comprometer su privacidad.

Investigaciones recientes han subrayado estos desafíos, como un trabajo reciente sobre inteligencia artificial y diversidad religiosa en sanidad publicado en la revista Religions, donde destacamos la necesidad de adaptar el marco jurídico a los entornos sanitarios digitalizados e incorporar garantías frente a posibles vulneraciones de derechos.

Asimismo, otros estudios han señalado la importancia de repensar la gobernanza de la inteligencia artificial en el ámbito del derecho a la salud para evitar que la innovación tecnológica genere nuevas desigualdades o erosione la autonomía del paciente.

¿Qué garantías necesitamos?

Ante estos desafíos, la clave no es frenar la innovación, sino acompañarla de garantías adecuadas. Entre ellas, destacan la supervisión humana de las decisiones automatizadas, la transparencia de los algoritmos, la evaluación de impacto en derechos fundamentales y la incorporación de acomodaciones razonables en entornos digitales.

Esto implica diseñar sistemas capaces de adaptarse a las necesidades reales de los pacientes, incluyendo sus convicciones personales, sin comprometer la equidad del sistema sanitario.

La inteligencia artificial puede mejorar la medicina, hacerla más eficiente y, en muchos casos, más precisa. Pero también puede transformar silenciosamente la forma en que se toman decisiones sobre la salud.

Por eso, el debate no es solo tecnológico. Es, ante todo, un debate sobre derechos. Si los sistemas de inteligencia artificial no se diseñan con estos principios en mente, corremos el riesgo de que decisiones aparentemente neutras terminen afectando a la autonomía del paciente, la igualdad o la libertad de conciencia.

La inteligencia artificial ya está en los hospitales. La verdadera cuestión no es si debemos usarla, sino cómo garantizar que refuerce –y no debilite– los derechos fundamentales que sustentan la atención sanitaria.

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María José Parejo Guzmán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. IA en los hospitales: estos son los derechos que podrían estar en riesgo – https://theconversation.com/ia-en-los-hospitales-estos-son-los-derechos-que-podrian-estar-en-riesgo-279179