Paola Ricaurte, experta en IA: “América Latina está pagando los costos del desarrollo de la IA con sus datos y sus tierras”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrea J. Arratibel, Editor, The Conversation

A principios de este año se celebró la 56ª reunión del Foro Económico Mundial, más conocido como Davos, un encuentro en que la soberanía digital y el futuro de la IA tomaron el protagonismo. Precisamente los campos del conocimiento en los que la mexicana ecuatoriana Paola Ricaurte, doctora en Ciencias del Lenguaje, ha dedicado su trayectoria desde un análisis feminista y anticolonialista.

Profesora del Departamento de Medios y Cultura Digital en la Escuela de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey, e investigadora asociada del Berkman Klein Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard, Ricaurte estudia el impacto de la industria tecnológica en la geopolítica y la sociedad.

Además de coordinar la Red de Investigación Feminista de IA (FAIR), cuyo fin es crear y mantener una agenda de investigación con acción feminista creada por y para mujeres, es autora del Manifiesto de la Inteligencia Artificial Descolonial. Y cofundadora de Tierra Común, una iniciativa académica para la descolonización de los datos.

Forma parte del grupo de expertos en ética de IA sin fronteras de la UNESCO y en el 2025 fue nombrada una de las 100 personas más influyentes del mundo en IA. Sus análisis y cuestionamientos en torno al impacto social de los sistemas tecnológicos hegemónicos la ha posicionado como una de las voces latinoamericanas de la actualidad más destacadas en la materia

Las conversaciones del último Foro Económico Mundial evidenciaron que el debate ya no gira en qué impacto pueden tener las nuevas tecnologías en el mundo sino en cómo lo están configurando.

En la actualidad hay una guerra geopolítica que también atraviesa la dimensión tecnológica, en particular relacionada con la IA. Occidente está en este momento muy fracturado, en una posición de crisis, también en los intentos por controlar la cadena de valor de la IA. Las políticas estadounidenses de los últimos años van encaminadas a lograr ese control e impulsar medidas para fomentar la industria propia, para imponer su infraestructura tecnológica en el resto del mundo. En cuanto a Europa, está viendo amenaza su soberanía frente a Estados Unidos y quiere responder de alguna forma.

¿Y qué papel juegan el resto de regiones en la geopolítica de la IA?

Una vez que una infraestructura tecnológica se impone en un territorio, es posible ejercer presión, tanto física como simbólica. Las regiones que somos fundamentales en la cadena de valor de la IA pero que no la controlamos, como le ocurre a América Latina, tenemos muchos desafíos por delante. En particular, aquellos que tienen que ver con cómo nosotros, sabiendo que estamos en una posición subordinada, podemos generar contrapesos para que dejar de ser simples proveedores de recursos naturales, de datos o de fuerza de trabajo –como hemos sido históricamente–.

¿Está América Latina generando esos contrapesos?

Al estar tan fragmentada en términos políticos, América Latina no ha sido capaz de responder con una visión y una estrategia regionales sobre la IA que permitan generar contrapesos en términos comerciales y negociar mejores condiciones para nuestra inserción en ese mercado.

En lugar de eso, lo que han hecho muchos gobiernos ha sido responder de manera pasiva. O aún peor, muchos han respondido proactivamente en favor de la visión que favorece a las compañías estadounidenses. Esto ha permitido una regulación –o una falta de regulación– que permite a las compañías desplegarse e instalarse, con los máximos beneficios, sin necesidad de retribuir a los territorios donde se están instalando.

¿Qué pasa entonces si algo falla en la cadena de valor de la IA? Si la seguridad o la capacidad operativa de un gobierno está a expensas de una empresa extranjera que le provee software y hardware, conectividad, no puede reaccionar ante un fallo y puede perder el acceso a información crucial para gobernar. Controlar la infraestructura no es solamente una cuestión económica: afecta a la política de un país y, en última instancia, a los procesos democráticos.

México vive en la actualidad un auge de centros de datos impulsado, sobre todo, por la IA, que está atrayendo inversiones masivas. ¿Qué impacto tiene para el país?

Si observamos las políticas de los países con centros de datos, como México o Brasil, normalmente se invita a la inversión extranjera, se les ofrece exención o reducción de impuestos y tierras. Paradójicamente, a las grandes corporaciones no se les exigen ni evaluaciones de impacto ambiental, ni transparencia, ni que contraten personas del país para contribuir a las economías locales donde se instalan los centros de datos. Eso hace que, de alguna manera, los ciudadanos estemos pagando los costos del desarrollo de la IA con nuestros datos y nuestras tierras, con un impacto en el ambiente y en las comunidades que no deberíamos ignorar.

¿Y cuál sería la alternativa?

Podemos encontrar algunas iniciativas que están encaminadas a promover más la soberanía, como cuando Brasil bloqueó a la empresa X, de Elon Musk. Pero son iniciativas aisladas. La cuestión es promover iniciativas más articuladas, desarrollar una política regional que permita mantener una postura en bloque en favor de América Latina, en lugar de beneficiar a Estados Unidos y sus empresas. Se necesita una regulación que exija transparencia y rendición de cuentas a las empresas. Y, por supuesto, que exija también una regulación estricta y una retribución en términos económicos a los territorios. No basta con la inversión que prometen, porque es un dinero que no se queda.

¿Cómo afecta el control de la infraestructura tecnológica global en las políticas sociales de cada país?

Mientras nosotros no tengamos capacidad de gobernanza sobre nuestra infraestructura es imposible tenerla en términos políticos y sociales. La sociedad funciona y opera a través de sistemas tecnológicos, de infraestructuras tecnológicas. Si esas tecnologías no se regulan, entonces las ciudadanas estamos a merced de lo que las corporaciones quieran. Es obligación de los gobiernos ser garantes de los derechos humanos. Y desde la sociedad civil se debe exigir que los gobiernos cumplan con esa función.

Hasta ahora estamos viendo todo lo contrario, que las nuevas tecnologías refuerzan la brecha de desigualdad sistémica

Así es. Es importante que entendamos que las tecnologías no son solo dispositivos o materiales tangibles (cables, computadoras, centros de datos, software, antenas…): hay también una parte simbólica. Nuestras concepciones de lo que nosotros pensamos o deseamos de la tecnología en general, y de la inteligencia artificial en particular, conforman narrativas acerca del mundo que queremos.

La tecnología hegemónica que gobierna hoy lleva incrustada una visión del mundo que no favorece a la mayoría y no la va a favorecer mientras no cambien las lógicas, condiciones y narrativas sobre las que se construye.

¿Por qué no favorece a la mayoría?

Es una tecnología que obedece a intereses orientados a exterminar cualquier tipo de posibilidad de que existan personas y maneras de pensar diversas. Pretende controlar los territorios en términos físicos, pero también los procesos políticos.

Podemos hablar de tecnologías coloniales porque reproducen todos los patrones de la dominación colonial, desde lo material hasta lo simbólico, desde el control de los minerales hasta el control del pensamiento. Y también son imperialistas, porque buscan esa acumulación de poder en un centro; son racistas porque el ideal del ser humano es el blanco; y son patriarcales porque ese ser humano es un hombre. Todas las personas que quedamos fuera de esa concepción estamos sufriendo los efectos de los daños, de las violencias.

Al fin y al cabo, todas las violencias, formas de exclusión y de discriminación van dirigidas hacia las personas que son diferentes a lo hegemónico. Y ese es el modelo del mundo que se está impulsando mediado por esta tecnología y que se quiere imponer para todos.

¿Qué impacto directo supone esa tecnología en las poblaciones?

La tecnología de la IA es un arma con una doble cara, al mismo tiempo un poder duro y uno blando. Vemos en tiempo real cómo se está utilizando la tecnología para matar personas y ejercer violencia de manera masiva. Y a la vez, observamos cómo esta tecnología está embebida en todos los procesos productivos y sociales cotidianos.

Si se instaura un sistema donde tenemos, por una parte, la posibilidad de matar, es decir, el control de la violencia física, y por otra parte, tenemos el control de la violencia simbólica, se entiende por qué es tan importante para las grandes potencias ganar la batalla de la IA. Más allá de lo que implica en términos económicos, sino por lo que implica en términos del control social y del control físico de los territorios.

¿Hacia qué modelos deberíamos transitar para que las nuevas tecnologías favorezcan a una mayoría?

Debemos transitar hacia tecnologías que encarnen la posibilidad de vivir sobre el planeta, porque las que tenemos están hechas para destruirlo. Debemos pensar en un mundo donde haya posibilidad de existencia futura para todas, pero también en unas tecnologías que habiliten las condiciones para que eso sea posible y no lo contrario

Hace unos años creaste una plataforma contra el colonialismo de los datos. ¿Qué tipo de iniciativas se fomentan?

Desde Tierra Común promovemos el desarrollo de inteligencia artificial feminista y anticolonial. Las propuestas que recibimos tienen todas un enraizamiento comunitario, están orientadas a plantar cara a una violencia sistémica desde una comunidad local.

Para nosotras es importante que exista la posibilidad de que las comunidades puedan desarrollar sus propias tecnologías. Y este proyecto trata de crear las condiciones para hacerlo posible. Hacer posible que todas las personas, independientemente del lugar que ocupan en la sociedad, puedan tener la posibilidad de desarrollar las tecnologías que quieren y que necesitan. Y no que venga alguien más a desarrollar algo que no necesitan o que no está diseñado para ellas y que tiene el fin de convertirlas en consumidoras de algo que beneficia a otros. Es una cuestión de soberanía.

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ref. Paola Ricaurte, experta en IA: “América Latina está pagando los costos del desarrollo de la IA con sus datos y sus tierras” – https://theconversation.com/paola-ricaurte-experta-en-ia-america-latina-esta-pagando-los-costos-del-desarrollo-de-la-ia-con-sus-datos-y-sus-tierras-275414

La odontología forense es una herramienta clave para identificar víctimas de catástrofes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Hospital Ribas, Profesora de Odontologia Legal y Forense. Directora Diploma Odontologia Legal y Forense, Universitat Internacional de Catalunya

illustrissima/Shutterstock

Cuando se retiraron las aguas tras el tsunami del océano Índico, ocurrido el 26 de diciembre de 2004, alrededor del 80 % de las decenas de miles de víctimas, sobre todo extranjeras, pudieron ser identificadas gracias a sus datos dentales, ya fuera por métodos exclusivamente odontológicos o en combinación con otros. Sin remontarse tan atrás en el tiempo, este método forense también fue básico para poner nombres y apellidos a las personas que perdieron la vida a consecuencia de la dana de Valencia.

Y es que la identificación odontológica es un procedimiento fundamental en contextos –desastres masivos o casos judiciales en los que los cuerpos están gravemente dañados o descompuestos– donde otras herramientas como el estudio de la huella digital y las partes blandas del cadáver resultan limitados o inviables.

No hay dos dentaduras iguales

La cavidad bucal es “la caja negra del organismo”, tal y como definió el profesor y gran experto español José Manuel Reverte Coma. Presenta características únicas en cada individuo, como la propia forma dental, tratamientos protésicos, ausencias dentarias y alteraciones patológicas. No existen dos dentaduras iguales.

Además, los dientes son estructuras extremadamente resistentes a condiciones adversas –como el calor, la putrefacción o la presión física–, ya que están formados por esmalte, uno de los tejidos más duros del organismo.

Aunque no son los únicos elementos dentro de la cavidad bucal con validez identificativa: también los labios o las arrugas del paladar tienen características individualizadoras. Otra ventaja es que podemos obtener ADN a partir de estructuras dentales en casos donde los registros odontológicos comparativos por sí solos no resultan concluyentes.

Un verdadero DNI dental

Existen dos tipos de identificaciones odontológicas: la reconstructiva y la comparativa. La primera consiste en obtener datos antropométricos de restos esqueléticos como los maxilares y dientes para determinar especie, grupo poblacional, edad, talla…. Por su parte, la identificación comparativa coteja los datos dentales de personas desaparecidas (antemortem) con registros dentales de las víctimas (postmortem). En el caso de desastres de masas como accidentes aéreos, terremotos, incendios, ataques terroristas o siniestros ferroviarios como el de Adamuz se utiliza esta última.

El éxito de una identificación depende de la disponibilidad de buenos registros dentales antemortem (historia clínica, odontogramas, radiografías, fotografías intraorales, modelos dentales…) para poder comparar con los datos postmortem. Sin estos registros, la comparación puede ser imposible o menos fiable, por muy bien que trabajen los equipos DVI (siglas de Disaster Victim Identification).

Por todo ello, una buena práctica odontológica y el mantenimiento de historiales dentales detallados por parte de los odontólogos incrementan enormemente las posibilidades de identificación en situaciones de desastre. De ahí la importancia concienciar a estos profesionales para que obtengan registros dentarios de forma detallada y meticulosa. Hoy en día, tener una ortopantomografía (radiografía panorámica de la dentición) equivale a poseer un documento de identidad, un DNI.

Una disciplina en pleno desarrollo

En los últimos tiempos, los avances tecnológicos han impulsado avances significativos en la odontología forense: la radiografía digital, la tomografía, el escaneo intraoral 3D y los sistemas de gestión electrónica de registros han mejorado la precisión y eficiencia en la comparación de datos antemortem y postmortem. Además, el uso de software especializado para comparar datos dentales, como el sistema PlassData que se utilizó en el tsunami de 2004, mejoró considerablemente la eficiencia del proceso.

De todos modos, también hay que señalar la odontología no siempre se revela como el método más eficaz en los desastres masivos. Por ejemplo, la mayor parte de las víctimas de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid fueron identificadas por dactiloscopia, ya que el análisis de los dientes cobra más protagonismo en aquellos casos en que no es posible comparar huellas dactilares por el mal estado de las manos de las víctimas o por no tener registro de datos antemortem. Y en el caso del vuelo 9525 de Germanwings, que causó 150 muertes en los Alpes franceses en 2015, se utilizaron todos los métodos primarios –odontología, dactiloscopia y ADN–, pero la mayoría de víctimas se identificaron mediante el análisis genético.

En definitiva, la identificación odontológica en catástrofes es una herramienta científica, válida y fiable que ha permitido poner nombre y apellidos a miles de víctimas en desastres de masas o en casos criminales, aunque es importante conocer las limitaciones de cada método. El éxito está en la combinación de todos ellos.

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Ana Hospital Ribas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La odontología forense es una herramienta clave para identificar víctimas de catástrofes – https://theconversation.com/la-odontologia-forense-es-una-herramienta-clave-para-identificar-victimas-de-catastrofes-275635

Por qué todos los docentes deberían entender cómo funciona el cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Katya Martin Requejo, Profesora e investigadora en neuroeducación, Mondragon Unibertsitatea

Imaginemos a Lucas, un alumno de cinco años que no logra quedarse sentado durante la asamblea. El docente A, sin formación en cómo funciona el cerebro, agota su paciencia. Piensa que el niño desafía las normas o que le faltan límites familiares. El docente B, que tiene conocimientos de neuroeducación, respira tranquilo. Sabe que el cuerpo de Lucas necesita moverse para mantener la atención. En lugar de obligarlo a estar quieto, le ofrece un cojín de movimiento para balancearse. O le pide que sea su ayudante para repartir el material.

La diferencia entre ambos profesores no es solo la buena voluntad, sino el conocimiento.

Entender el desarrollo del cerebro cambia la mirada del profesor; permite comprender qué hay detrás de la conducta y el aprendizaje. La neuroeducación nos da información valiosa para todas las edades: ayuda en la infancia con los periodos sensibles o en los cambios emocionales de la adolescencia. Además, nos enseña a ver la diferencia entre lo que es una variabilidad natural y un desafío en el desarrollo.

Impulsar el desarrollo antes de los 6 años

Entre los 0 y 6 años se asientan las bases del aprendizaje futuro. En esta etapa, el cerebro infantil se construye a una velocidad asombrosa.

Los conocimientos sobre el cerebro permiten al docente identificar y estimular los pilares del aprendizaje a tiempo (agilidad con los sonidos, control del cuerpo o de la vista…). Por ejemplo, el maestro sabe que los juegos de lenguaje o el conteo rápido no son simples pasatiempos: son las raíces biológicas de la futura lectura y del cálculo. Si detecta dificultades en estas áreas, actúa de inmediato.

Para ello, utiliza juegos de palabras, de movimiento y sensoriales, lo que blinda al maestro contra la prisa pedagógica. Ya no intenta acelerar procesos para los que el cerebro aún no está preparado. El docente ayuda así a madurar las bases del aprendizaje.




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Esta intervención planificada favorece una inclusión preventiva. Además, ayuda a preparar los cerebros para las futuras exigencias respetando su biología.

De 6 a 12: ajustar la mirada a la maduración funcional

En esta etapa, el cerebro se reorganiza para afrontar aprendizajes culturales como la lectura y las matemáticas, un proceso conocido como reciclaje neuronal.

Aquí entran en juego las funciones ejecutivas, el centro de control para planificar, organizarse y atender. Su desarrollo no sigue una línea recta ni es igual para todos. Esta madurez varía muchísimo entre los alumnos del aula.

A veces, un niño olvida siempre el material, no frena sus impulsos o no espera su turno. Estas conductas se suelen etiquetar como falta de interés o de atención, pero puede ser una simple falta de madurez. El maestro comprende que el centro de control (la corteza prefrontal) puede presentar un desfase madurativo de hasta tres años en algunos niños. Y esto puede ocurrir sin que exista ningún trastorno.

Este conocimiento transforma la gestión del aula. El docente ya no se siente desafiado, comprende que el alumno aún no tiene las herramientas biológicas para responder. Por eso, aplica ayudas visuales o recordatorios que compensan esa falta de madurez temporal.

Trabajar a favor del cerebro adolescente

La adolescencia es una etapa de limpieza y especialización cerebral. El cerebro elimina conexiones en desuso para ganar velocidad y eficiencia. Este proceso se conoce como poda sináptica.

Saber esto permite al docente aliarse con la biología del alumno. Por ejemplo, le permite comprender por qué los jóvenes tardan más en tener sueño, un cambio que altera su descanso. Su baja alerta por la mañana no es una falta de respeto: es una realidad biológica que reduce su rendimiento en las primeras horas.




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Por otro lado, el docente comprende el desequilibrio madurativo del adolescente. Su sistema emocional está muy activo, pero su freno racional aún sigue en obras.

En esta edad, el motor es la relevancia social. Por ello, es vital diseñar retos reales donde trabajen en equipo y tengan autonomía. Se pueden proponer proyectos basados en sus intereses y que ayuden a mejorar su propio barrio o su centro. Así, al vincular el aprendizaje con su identidad, el compromiso sustituye a la rebeldía.

De la retórica a la práctica fundamentada

El conocimiento sobre el cerebro dota al docente de un mapa para navegar la diversidad del aula. La diversidad es la norma neurobiológica, no la excepción. Entender esto permite diseñar entornos que respeten y potencien el ritmo de cada estudiante.




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Además, este saber protege al maestro contra los neuromitos, falsas creencias sin base científica que dañan la educación. La ciencia no quita humanidad a la enseñanza, sino que le da herramientas reales. Así, la inclusión se convierte en una práctica diaria que cuida el potencial de cada estudiante.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué todos los docentes deberían entender cómo funciona el cerebro – https://theconversation.com/por-que-todos-los-docentes-deberian-entender-como-funciona-el-cerebro-279983

Cuanto más ‘pegajosos’ son los estafilococos, mejor nos recuperamos de la infección

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francesc Coll, Científico titular en genómica microbiana, Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV – CSIC)

Representación de una colonia de bacterias _Staphylococcus aureus_. Kateryna Kon/Shutterstock

La diversidad genética es una característica natural de todos los seres vivos. En humanos, nuestros genes influyen en aspectos como los rasgos físicos o la predisposición a desarrollar ciertas enfermedades. Del mismo modo, los microorganismos que causan infecciones presentan también variaciones genéticas, que pueden influir en cómo evoluciona una infección: cuánto dura, qué riesgo de complicaciones tiene, qué antibióticos son eficaces para su tratamiento o qué gravedad puede alcanzar.

Una de las características más importantes de las bacterias infecciosas es su resistencia o susceptibilidad a los antibióticos. La resistencia está codificada en los genes de la bacteria y determina a qué fármaco puede sobrevivir y frente a cuál es vulnerable. Conocer esta información es fundamental para elegir el tratamiento más eficaz y utilizar los antibióticos adecuados en cada infección.

Virulencia, clave en la infección

Sin embargo, dicha resistencia no es el único rasgo bacteriano que influye en la gravedad de una infección. La forma en que la bacteria interactúa con el sistema inmunitario y los tejidos del huésped también desempeña un papel clave.

Estos mecanismos, conocidos como factores de virulencia, son especialmente importantes en las infecciones causadas por Staphylococcus aureus, una bacteria que se encuentra en el 30 % de la población, principalmente en la piel y la nariz. Es inofensiva para la mayoría, aunque puede causar desde infecciones cutáneas leves hasta infecciones graves del torrente sanguíneo, con tasas de mortalidad del 20-40 % en casos severos.

El estafilococo utiliza proteínas de superficie llamadas adhesinas, que actúan como pequeños ganchos y le permiten adherirse a tejidos dañados, vasos sanguíneos o implantes médicos. Además, produce toxinas capaces de dañar células inmunes, como las plaquetas y los neutrófilos, dificultando la defensa frente a la infección.

Tanto la capacidad de adherirse a los tejidos como la de evadir el sistema inmunitario están determinadas por los genes de la bacteria.

El sistema inmune reacciona antes a las bacterias pegajosas

En este sentido, un estudio liderado por el Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y la Universidad de Varsovia ha identificado un nuevo factor que influye en la gravedad de las infecciones sanguíneas causadas por Staphylococcus aureus.

Tras analizar muestras de pacientes de Polonia y Francia, los investigadores observaron que la capacidad de la bacteria para adherirse a proteínas humanas es clave en la respuesta inmunitaria frente a la infección.

El equipo estudió 236 cepas obtenidas de infecciones sanguíneas y evaluó su capacidad para unirse al fibrinógeno y la fibronectina, dos proteínas esenciales para la reparación y organización de los tejidos.

Después, compararon estos datos con el genoma y la capacidad de producción de toxinas de la bacteria, y la evolución clínica de los pacientes.

Los resultados mostraron diferencias entre cepas. Aquellas con mayor capacidad de adhesión, en ausencia de alta toxicidad, provocaban una respuesta inflamatoria más rápida, señal de que el sistema inmunitario detecta antes la infección y activa sus defensas para impedir que la bacteria se multiplique sin control.

Además, los investigadores analizaron los genes del microorganismo en busca de pistas genéticas que expliquen esas diferencias. Según sus resultados, cambios en los genes que codifican las adhesinas son un factor importante que afecta la adhesión. Además, identificaron otros factores de la superficie bacteriana cuya expresión y abundancia interfiere con la eficacia de unión de las adhesinas.

Hacia un tratamiento personalizado de las infecciones

Lo que este y otros estudios precedentes han demostrado es que son múltiples los factores del paciente y de la bacteria que determinan la evolución y gravedad de las infecciones.

Analizar de forma simultánea sus propiedades adhesivas y tóxicas podría ayudar a evaluar mejor el riesgo en casos de bacteriemia por estafilococo, una infección que en España se sitúa entre 20 y 30 casos por cada 100 000 habitantes, con entre 9 000 y 14 000 nuevos casos cada año.

La valiosa ayuda de la secuenciación genética

Los avances en las tecnologías de secuenciación de ADN han permitido durante la última década leer el genoma completo de los seres vivos de forma cada vez más rápida y asequible. En el caso de las bacterias, con un genoma aproximadamente mil veces más pequeño que el humano, secuenciar su genoma tiene un coste relativamente bajo, entre 50 y 100 euros por muestra.

Este desarrollo tecnológico está transformando el estudio y tratamiento de las infecciones bacterianas. A medida que aumenta el conocimiento sobre qué genes y variantes genéticas del microorganismo causan resistencia a antibióticos y su capacidad de causar enfermedad, la secuenciación del genoma bacteriano podría identificar rápidamente estos rasgos en cada infección.

En el futuro, esta información podría incorporarse de forma rutinaria a la práctica clínica para anticipar la gravedad de una enfermedad, predecir posibles complicaciones y seleccionar desde el inicio el tratamiento antibiótico más eficaz para cada paciente.

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Francesc Coll ha recibido fondos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) (referencias PID2023-152061NA-I00 y CNS2023-144312) financiados por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación (MCIN/AEI/10.13039/501100011033) y fondos «NextGenerationEU»/PRTR de la Unión Europea. Este estudio ha sido financiado por el Centro Nacional de Ciencias de Polonia a través de los proyectos de investigación SONATA (2018/31/D/NZ6/02648) y OPUS (2022/47/B/NZ6/03379), ambos condecidos a la Dra. Marta Zapotoczna, colaboradora y coautora en este estudio (DOI: 10.1038/s41467-026-72657-5).

ref. Cuanto más ‘pegajosos’ son los estafilococos, mejor nos recuperamos de la infección – https://theconversation.com/cuanto-mas-pegajosos-son-los-estafilococos-mejor-nos-recuperamos-de-la-infeccion-283611

¿Es la edad o es la historia? El reto de entender por qué cambiamos al envejecer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Caballero García, Profesora titular, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

oneinchpunch/Shutterstock

¿Votamos distinto a los 80 años por habernos hecho mayores o por la generación en la que nacimos? Diferenciar los cambios biológicos (la edad) de los generacionales (la cohorte) y de los hitos históricos (el periodo) es fundamental en sociología. Solo así podremos evitar el edadismo y diseñar políticas públicas basadas en realidades y no en prejuicios estadísticos.

Imaginemos que observamos que las personas de 80 años usan menos las redes sociales que las de 20. La explicación parece obvia: “A los mayores no les interesa la tecnología”. Pero ¿es realmente la edad la que apaga el interés digital o es que esa generación nació en un mundo sin pantallas? Si volvemos a hacer la pregunta dentro de sesenta años, cuando los jóvenes de hoy tengan 80, ¿dejarán de usar las redes sociales?

En la sociología del envejecimiento esta pregunta aparentemente simple esconde lo que llamamos el “trilema de la investigación del ciclo vital”. Separar lo que nos pasa por cumplir años de lo que nos pasa por haber nacido en un año concreto es un reto mayúsculo. Tanto, que los investigadores Andrew Bell y Kelvin Jones lo definieron en 2014 como una búsqueda a veces fútil, pero esencial para entender nuestra sociedad.

Los tres hilos de la trenza: edad, cohorte y periodo

Con el fin de entender cómo envejecemos, los sociólogos debemos aprender a distinguir tres dimensiones que, en la realidad, aparecen trenzadas de forma casi indisoluble:

  1. El efecto de edad (maduración). Es lo que le ocurre al individuo por el simple hecho biológico y psicológico de envejecer. Por ejemplo, la pérdida de masa ósea o el hecho de que nuestras redes de amigos se vuelvan más pequeñas pero más selectivas. Es un proceso interno.

  2. El efecto de cohorte (generación). Se refiere a la mochila que cargamos por haber nacido en un momento determinado. Las mujeres nacidas en la España de los años 40 tienen, de media, menos estudios que las nacidas en los 80. Esto no es un efecto de la edad (no es que al envejecer se olvide lo aprendido), sino un efecto de cohorte: su generación no tuvo el mismo acceso a la universidad ni oportunidades para acceder.

  3. El efecto de periodo (el momento histórico). Son eventos que nos golpean a todos a la vez, tengamos la edad que tengamos. La pandemia de covid-19, la crisis económica de 2008 y la invención de internet cambiaron la vida de niños y ancianos simultáneamente, aunque el impacto fuera distinto para cada uno.

La trampa de las matemáticas

El problema, como advierten Bell y Jones, es que estas tres variables están unidas por una ecuación matemática perfecta:

Edad = Año actual (Periodo) – Año de nacimiento (Cohorte)

Si conocemos dos de estos datos, el tercero queda automáticamente fijado. Esta dependencia crea un punto ciego estadístico. Durante años, muchos investigadores han intentado crear modelos matemáticos sofisticados para separar estos efectos de forma mecánica.

Sin embargo, Bell y Jones lanzan una advertencia seria: confiar ciegamente en el software puede llevarnos a conclusiones erróneas. A veces los resultados que parecen sólidos son solo artefactos matemáticos, espejismos de los datos.

La estadística, por sí sola, no puede decirnos si un octogenario no fuma porque se cuida más al ser mayor (edad), porque las leyes antitabaco han influido en todos (periodo) o porque sus compañeros de generación que fumaban ya han fallecido y solo quedan los no fumadores (un efecto de selección de la cohorte).

De la caja negra a la verosimilitud sociológica

¿Significa esto que debemos rendirnos? Al contrario. La solución que proponen los expertos no es más matemáticas, sino más sociología.

En lugar de tratar los datos como una caja negra, el investigador debe usar el contexto histórico. No basta con introducir el año en una fórmula: hay que introducir eventos reales. Si queremos estudiar el empleo en los mayores no miremos solo su edad. Miremos si esa generación vivió una reforma laboral específica o una crisis industrial en su juventud.

Debemos pasar de la precisión estadística absoluta a la verosimilitud sociológica. La pregunta clave no es solo qué dice el gráfico, sino si ese resultado tiene sentido con lo que sabemos de la historia. ¿Cómo vivió la generación del baby boom la transición democrática? ¿Cómo afectó la posguerra a la salud nutricional de quienes hoy tienen 90 años en España?

Por qué esto nos importa a todos

Entender este trilema no es solo un ejercicio académico. Tiene consecuencias reales en cómo diseñamos hospitales, sistemas de pensiones y ciudades. Si cometemos el error de pensar que un comportamiento es un efecto de edad, cuando en realidad es un efecto de cohorte, estaremos creando soluciones para un problema que desaparecerá con la siguiente generación. O ignorando las raíces históricas de la desigualdad.

Envejecer no es un proceso que ocurra en el vacío. Somos el resultado de nuestra biología, pero también de los tiempos que nos ha tocado vivir y de la generación con la que compartimos el viaje. Para entender la vejez no basta con mirar el calendario. Hay que leer los libros de historia.

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Marta Caballero García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es la edad o es la historia? El reto de entender por qué cambiamos al envejecer – https://theconversation.com/es-la-edad-o-es-la-historia-el-reto-de-entender-por-que-cambiamos-al-envejecer-280406

¿Cómo puede asesorar la ciencia en mitad de una crisis?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eduardo Oliver, Científico Titular, Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB – CSIC)

Sheila Fitzgerald/shutterstock

Cuando estalla una crisis –una pandemia, un incendio forestal, un conflicto geopolítico, una erupción volcánica– la sociedad mira hacia la ciencia en busca de certezas. Pero la ciencia, especialmente en situaciones límite, no funciona a base de certezas, sino de evidencias incompletas, hipótesis revisables y debates razonados. Y esta tensión entre la necesidad de respuestas rápidas y la naturaleza gradual del conocimiento científico es, precisamente, el primer gran obstáculo para un buen asesoramiento público.

La experiencia reciente nos ha mostrado que el reto no es solo generar conocimiento, sino hacerlo útil, hacerlo comprensible y hacerlo legítimo ante los ojos de la ciudadanía y de los decisores políticos. Pero esa capacidad no se improvisa en mitad de una emergencia. Para que la ciencia pueda orientar decisiones públicas en contextos de alta presión, deben existir previamente estructuras, procedimientos y perfiles capaces de conectar el conocimiento disponible con las necesidades reales de quienes toman decisiones.

A partir de estudios internacionales y lecciones aprendidas durante la covid-19, pueden identificarse al menos cinco grandes desafíos.

1. Incertidumbre y urgencia: cuando no hay tiempo y los datos no alcanzan

Las crisis rara vez se gestionan con información completa. Los datos cambian, se corrigen o llegan con retraso. Pese a ello, gobiernos y medios de comunicación reclaman respuestas inmediatas y conclusiones firmes. Esta presión puede llevar a comunicar la ciencia como si fuera más segura de lo que realmente es. O, por el contrario, dar la impresión de que la constante revisión de la evidencia existente es un signo de debilidad.

Pero la incertidumbre no es un error: es el punto de partida de cualquier decisión informada. Comunicarla bien –sin alarmismo, pero sin paternalismo– sigue siendo una de las asignaturas pendientes en la comunicación institucional.

Por eso, una de las funciones más importantes del asesoramiento científico no es prometer certezas, sino ordenar la incertidumbre: distinguir qué se sabe, qué no se sabe todavía, qué opciones existen y qué riesgos implica cada una o qué acciones cabe tomar por parte de gobiernos y ciudadanos.

Además, tal y como recomiendan guías internacionales de comunicación del riesgo, es conveniente comunicar consistente y frecuentemente, usando fuentes y mensajeros de confianza, y explicar claramente que la información va a cambiar rápidamente conforme avance el conocimiento de la situación y cuándo se espera que vuelva a haber información nueva.

2. Polarización y politización: cuando los datos se convierten en munición

En contextos polarizados, cualquier recomendación científica corre el riesgo de interpretarse como un posicionamiento, una toma de partido. La instrumentalización del conocimiento, es decir, usar solo los datos que confirman la posición propia, erosiona la confianza social. No importa tanto si la recomendación es sólida, sino de qué “lado político” parece venir.

Por eso, los asesores científicos se encuentran en un campo minado: deben ser independientes, pero no aislados; deben comunicarse con responsables políticos, pero sin convertirse en actores políticos.

La independencia del asesoramiento no significa distancia absoluta respecto de la política, sino reglas claras para interactuar con ella sin quedar subordinado a intereses partidistas o coyunturales.

Esto exige diferenciar bien los papeles. La ciencia informa, amplía opciones y explicita riesgos. La decisión final corresponde a quienes tienen responsabilidad democrática.

3. Sobrecarga informativa y desinformación: competir contra bulos y ruido mediático

Durante las crisis, la información que circula crece a más velocidad que la capacidad de la ciudadanía para evaluarla. En ese río revuelto, los bulos encuentran un terreno fértil: son simples, emocionales y se propagan con gran velocidad, mientras que el asesoramiento científico es más matizado y requiere contexto.

No basta con “desmentir” noticias falsas. Hace falta anticiparse, construir mensajes claros y consistentes, y cultivar una relación previa de confianza con la ciudadanía. Esa confianza no se activa “por decreto” durante una crisis. Se construye antes, mediante instituciones creíbles, transparencia, comunicación sostenida y una cultura pública que reconozca la evidencia como parte legítima del debate democrático.

4. Tensiones institucionales: expertos y decisores en diálogo imperfecto

Los gobiernos deben tomar decisiones con múltiples dimensiones –económicas, sociales, sanitarias, políticas– y la ciencia es solo una de ellas. Esto genera, inevitablemente, tensiones, discrepancias entre comités científicos, falta de coordinación, estructuras de asesoramiento poco definidas o cambios de criterio difíciles de explicar.

Un buen asesoramiento no depende solo de tener expertos brillantes, sino de diseñar instituciones preparadas para escucharlos y traducir su conocimiento a opciones políticas viables. Asesorar científicamente no es solo pedir la opinión de una persona experta: requiere capacidades específicas de síntesis, mediación y traducción entre comunidades con tiempos, lenguajes y responsabilidades distintas.

5. Dimensión ética y social: decisiones que no afectan por igual a toda la población

Toda recomendación tiene consecuencias desiguales. Medidas de confinamiento, restricciones de movilidad, asignación de recursos o protocolos sanitarios no impactan de la misma forma en todos los grupos sociales. Por eso, el asesoramiento científico no debe limitarse a estimar la eficacia técnica de una medida. También debe ayudar a anticipar sus impactos sociales, territoriales y distributivos, especialmente sobre quienes parten de situaciones de mayor vulnerabilidad.

Los asesores científicos tienen la responsabilidad de identificar estos efectos y de explicarlos con transparencia. Pero aquí surge un dilema clásico: ¿cuánta transparencia es compatible con la necesidad de confidencialidad en situaciones de riesgo?

Estructuras permanentes de asesoramiento y otras medidas

¿Cómo mejorar entonces? Sin duda, conviene preparar las estructuras permanentes de asesoramiento antes de la crisis, no durante ella. Pero también:

● Reconocer y profesionalizar la figura del asesor científico, con funciones, mandatos, y responsabilidades claras.

● Profesionalizar la comunicación científica institucional, integrando expertos en comunicación del riesgo y formatos breves, claros y adaptados a los tiempos de la decisión pública.

● Fomentar la cooperación entre científicos y responsables políticos, con roles claros y reglas de transparencia.

● Proteger la integridad científica frente a presiones políticas o mediáticas, mediante códigos de conducta y mecanismos de independencia técnica.

● Crear canales ágiles para combatir la desinformación, pero también para escuchar las preocupaciones ciudadanas.

La ciencia como infraestructura democrática

La lección es clara: las crisis no crean de la nada la capacidad de asesorar, y las crisis no van a desaparecer. Lo que sí puede mejorar es nuestra capacidad para conectar la evidencia científica con decisiones legítimas y socialmente aceptadas. El asesoramiento científico no es un lujo técnico: es una pieza central del funcionamiento de las democracias modernas.

Durante mucho tiempo, el asesoramiento científico en la toma de decisiones públicas fue fragmentario, reactivo y dependiente de contactos informales o comités ad hoc creados en plena urgencia. Hoy sabemos que esa improvisación tiene un coste elevado. Contar con organismos estables, bien organizados y estructurados en el corazón del poder legislativo y ejecutivo, no solo mejora la calidad de las decisiones, sino que aporta coherencia, continuidad y legitimidad democrática.

La diferencia entre consultar ciencia cuando estalla la crisis y tenerla integrada de forma permanente es, en muchos casos, la diferencia entre reaccionar tarde o estar preparados. En un mundo cada vez más complejo, invertir en ciencia es también invertir en resiliencia social.

The Conversation

Eduardo Oliver es presidente de la asociación Ciencia en el Parlamento. Esta asociación recibe fondos de la convocatoria de Proyectos I+P de FECYT para el fomento del asesoramiento científico (FCT-24-20693).

Emilia Aiello es vicepresidenta de la asociación Ciencia en el Parlamento.

ref. ¿Cómo puede asesorar la ciencia en mitad de una crisis? – https://theconversation.com/como-puede-asesorar-la-ciencia-en-mitad-de-una-crisis-283342

Enfermedades raras: cuando la ciencia se organiza para no dejar a nadie atrás

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pilar López Larrubia, Investigadora científica especializada en resonancia magnética biomédica e imagen preclínica, Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols (IIBM – UAM – CSIC)

Lomb/Shutterstock

Las enfermedades raras (ER) representan uno de los grandes desafíos de la ciencia y de los sistemas sanitarios contemporáneos. Aunque cada una de ellas afecta a un número reducido de personas, en conjunto constituyen un problema de enorme magnitud: más de 7 000 patologías distintas que afectan a unos 300 millones de personas en todo el mundo, cerca del 5 % de la población.

Su impacto va mucho más allá de lo clínico. Las ER son, en muchos casos, crónicas, discapacitantes y potencialmente mortales. Y plantean importantes retos en diagnóstico, tratamiento y atención sociosanitaria. Su complejidad y heterogeneidad han dificultado tradicionalmente su estudio, lo que hace imprescindible apostar por modelos colaborativos que integren conocimiento, recursos y disciplinas.

Cooperación científica para sumar esfuerzos

En respuesta a este desafío global, han surgido diversas iniciativas de cooperación científica a múltiples escalas que buscan coordinar esfuerzos y maximizar el impacto de la investigación. La suma de esfuerzos permite acelerar descubrimientos, mejorar el diagnóstico y abrir nuevas vías terapéuticas para patologías que, de otro modo, quedarían relegadas.

A nivel internacional, el International Rare Diseases Research Consortium (IRDiRC) reúne a organismos financiadores y grupos de investigación de todo el mundo con el objetivo de acelerar el desarrollo de diagnósticos y terapias, promoviendo el intercambio de datos y la armonización de estándares.

En Europa, destacan programas como European Reference Networks (ERNs), que conectan centros clínicos especializados para compartir conocimiento y mejorar la atención a pacientes, así como proyectos impulsados por Horizon Europe, que financian consorcios multidisciplinares y transnacionales.

En América Latina, iniciativas como la Red Latinoamericana de Enfermedades Raras (RELAER) fomentan la colaboración regional, impulsando registros comunes, formación y visibilidad.

A estas se suman otras plataformas globales basadas en datos abiertos y ciencia colaborativa, como Matchmaker Exchange o Orphanet, que facilitan la conexión entre investigadores, clínicos y pacientes. En conjunto, todas estas iniciativas comparten un enfoque basado en redes, interoperabilidad de datos y cooperación interdisciplinar, elementos clave para avanzar en un campo donde el conocimiento disperso solo adquiere verdadero valor cuando se conecta.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es la mayor institución pública de investigación en España, con más de 17 000 profesionales distribuidos en 124 centros agrupados en tres grandes áreas: vida, materia y sociedad. Este potencial científico no solo implica capacidad de generar conocimiento, sino también una responsabilidad: trasladarlo a la sociedad y contribuir a mejorar la vida de las personas. En particular, avanzar hacia una medicina de precisión que tenga en cuenta la singularidad de cada paciente.

En 2024, el CSIC impulsó su Plan de Biomedicina, una estrategia destinada a reforzar y coordinar la investigación en salud dentro del organismo. La amplia experiencia, interdisciplinaridad, multidisciplinariedad y excelencia científica de los grupos de investigación del CSIC, indican que tenemos el potencial para marcar una diferencia significativa en la comprensión y el abordaje de las enfermedades raras en nuestro país.

Una red para conectar conocimiento, pacientes y soluciones

Uno de los ejes estratégicos de este plan fue la creación de la Red de Enfermedades Raras del CSIC (RER-CSIC), destinada a coordinar esfuerzos, compartir recursos y aumentar el impacto científico en este campo.

Para lograrlo, se articula en torno a varias líneas de actuación:

  • Identificar y conectar a los grupos de investigación del CSIC que trabajan en este ámbito.

  • Crear un catálogo de capacidades científicas y tecnológicas aplicables al estudio de las ER.

  • Establecer un vínculo real con pacientes y asociaciones, integrando sus necesidades en la investigación.

  • Incorporar herramientas de inteligencia artificial para mejorar el diagnóstico y la clasificación de pacientes.

  • Impulsar la captación de financiación internacional y privada que refuerce la investigación en este campo.

Más allá de su estructura formal, la red responde a una vocación clara: compartir el conocimiento con la sociedad y escuchar activamente a quienes conviven con estas enfermedades.

Desde su creación, la RER-CSIC ha reunido a 134 grupos de investigación de 32 centros distribuidos en nueve comunidades autónomas. Esta diversidad se organiza en seis grandes áreas: bases moleculares, modelos experimentales, biomarcadores y terapias, tecnologías aplicadas, inteligencia artificial y ciencia de datos, y estudios sociales.

La red no solo impulsa investigación, sino también espacios de encuentro. Ha promovido reuniones científicas, talleres con pacientes y clínicos, y colaboraciones con el sector empresarial. Entre sus iniciativas destacan el itinerario Cicerón “Por un enfoque integral en enfermedades raras: desafíos y oportunidades” y el informe Science4Policy “Enfermedades Raras” sobre los retos de financiación en este ámbito, que analiza las barreras médicas, sociales y regulatorias en España.

Inteligencia artificial para transformar el diagnóstico

Uno de los avances más prometedores en este campo es el uso de inteligencia artificial para mejorar el diagnóstico de las enfermedades raras, un proceso que a menudo se prolonga durante años. En esta línea, la red ha recibido recientemente el apoyo de la Fundación Ramón Areces para desarrollar el proyecto “Inteligencia Artificial para la Transformación del Diagnóstico y Manejo de Enfermedades Raras en la Red RER-CSIC” durante los próximos tres años.

Este impulso permitirá integrar datos clínicos, genómicos y experimentales para avanzar hacia diagnósticos más rápidos y precisos, con un impacto directo en la calidad de vida de los pacientes.

No dejar a nadie atrás

Las enfermedades raras nos recuerdan que la ciencia no solo debe avanzar, sino hacerlo de forma inclusiva. Organizar el conocimiento, conectar disciplinas y escuchar a la sociedad son pasos esenciales para que ninguna patología, por minoritaria que sea, quede fuera del progreso científico.

La investigación pública puede responder a este desafío poniendo la excelencia científica al servicio de quienes más lo necesitan.

The Conversation

Pilar López Larrubia recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas

ref. Enfermedades raras: cuando la ciencia se organiza para no dejar a nadie atrás – https://theconversation.com/enfermedades-raras-cuando-la-ciencia-se-organiza-para-no-dejar-a-nadie-atras-280156

Druidas, naturaleza y mitología: la inspiración celta detrás de ‘World of Warcraft’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Noelia Ramos, Doctoranda en Estudios Ingleses, Universidade de Vigo

Los Haranir son una de las ultimas razas que han aparecido en _World of Warcraft_ y que se inspiran en la mitología céltica. Blizzard Games

La mitología céltica ha servido de fuente de inspiración a los videojuegos, quizá incluso más que a otros medios populares como el cine. Así, en las últimas décadas se han lanzado propuestas que se han acercado a ella tanto desde un punto de vista meramente circunstancial como crucial.

En el primer grupo encontramos títulos como Hellblade: Senua’s Sacrifice (2017) y su secuela de 2024, o The Witcher III (2015), donde las referencias a la cultura celta están presentes en la nomenclatura de lugares y personajes.

En el segundo están Folklore (2007) o Rhiannon: Curse of the Four Branches (2008), que directamente ambientan su mundo (no sin licencias) en un contexto puramente céltico. Y, desde luego, las grandes franquicias de la industria no están exentas de la presencia de esta cultura. Una de estas es, sin lugar a duda, World of Warcraft, un videojuego de rol multijugador masivo en línea desarrollado por Blizzard Entertainment y lanzado en 2004.

WoW se desarrolla en el mundo fantástico de Azeroth, donde miles de jugadores interactúan simultáneamente mediante personajes de distintas razas y clases. La dinámica principal consiste en explorar el mundo, completar misiones, combatir enemigos y colaborar con otros jugadores en actividades cooperativas o competitivas.

Su trayectoria se remonta a 1994, con Orcs & Humans, un juego de estrategia en tiempo real en el que el jugador controlaba una de las dos facciones principales: los humanos o los orcos. El juego introdujo ese conflicto central, así como el mundo fantástico que posteriormente serviría de base para World of Warcraft. Desde entonces, Warcraft ha ido convirtiéndose en un universo con una mezcolanza inabarcable de referencias culturales y estéticas. Entre ellas, se encuentra una de las facetas más reconocibles de la mitología céltica: el druidismo.

Malfurion Tempestira y los ecos del druidismo

En la cultura celta, los druidas actuaban como mediadores entre lo humano, la naturaleza y el mundo espiritual. No existía en ellos una voluntad de dominar la naturaleza, sino de ser parte de ella.

En WoW, el druidismo tiene su mayor exponente en el personaje Malfurion Tempestira. Considerado el primer archidruida mortal, Tempestira sirve, de hecho, como punto de partida para explicar el druidismo en Azeroth.

Dibujo de un hombre rosa, musculado, con cuernos de ciervo y barba larga y verde.
Imagen de Malfurion Tempestira en WoW.
PNG Key

En la expansión Cataclysm (2010), el personaje es escogido como discípulo por el dios del bosque, Cenarius (cuyo nombre y aspecto parece una referencia bastante clara al dios celta Cernunnos). Posteriormente, en Legion (2016), se erige como protector del bosque de la región de Val’sharah, así como esperanza contra “La Pesadilla”, una presencia corrupta que amenaza con adentrarse en el mundo de los mortales gracias a sus poderes de sanación.

Por supuesto, el druidismo arraigado en WoW va de la mano de la metamorfosis física de guardianes como Tempestira, quien puede adoptar la forma de un oso pardo (símbolo de fuerza y protección) y gobernar animales, como se ve en la lucha por el control de la Costa Oscura que se da en Battle for Azeroth (2018).

Estas formas “salvajes” en WoW remiten al druidismo ancestral céltico, donde dichas transformaciones ejemplifican las fuerzas primordiales del bosque. Ejemplos bastante ilustrativos serían el bardo Taliesin, que podía transformarse en pájaro o liebre, o Tuan mac Cairill, que podía transformarse en ciervo, jabalí o águila.

Ysera y El Sueño Esmeralda

Uno de los rasgos más característicos de los mundos mitológicos celtas es que no estaban completamente alejados de la realidad humana. Se consideraban planos superpuestos o paralelos que podían alcanzarse a través de lugares naturales específicos –colinas, lagos, bosques o túmulos– o mediante experiencias visionarias. La isla mítica irlandesa de Tír na nÓg o Annwn, el “otro mundo” de la mitología galesa, se concebían como espacios donde la naturaleza perfecta y eterna se alternaba con sus guardianes sobrenaturales encargados de proteger su equilibrio.

Dibujo de una mujer con piel morada y atuendo guerrero.
Ysera, guardiana del Sueño Esmeralda.
Blizzard Games

En referencia a eso, en WoW viajamos al Sueño Esmeralda, un territorio de naturaleza exuberante, bucólica, donde el avatar del jugador solo puede entrar a través del sueño profundo o trance espiritual. El mundo parece existir en un estado de fertilidad constante: bosques imposiblemente densos, ríos luminosos, árboles colosales y una flora que crece y se transforma continuamente. La zona está caracterizada por una vegetación desbordante y una sensación de vida en perpetua floración. Es aquí donde aparece el personaje de la dragona Ysera.

Como guardiana del Sueño Esmeralda, Ysera actúa como guía para aquellos capaces de entrar en él. Gracias a ella, los druidas de Azeroth acceden a este territorio mediante estados de meditación profunda o sueño ritual.

En Dragonflight (2022), Merithra, hija de Ysera, pide al jugador que se adentre en este plano para traer a la dragona de vuelta y así restablecer el equilibrio.

Grabado de un hombre cazando un ciervo con sus perros.
Pwyll cazando con sus perros.
Wikimedia Commons

La trama tiene ecos del mito galés de Pwyll, que cuenta cómo, estando este personaje en un claro del bosque, perdió de vista a sus compañeros y perros y se quedó solo. En ese momento se encontró con el rey del inframundo, Arawn, quien utilizó la magia para intercambiar sus aspectos físicos. Pwyll adquirió el rostro, la voz y el porte de Arawn. Así, guiado por el rey, quien le explicó cómo cruzar y cómo tenía que comportarse, el mortal pudo entrar en “el otro mundo”. De igual modo, Merithra permite la entrada al mundo sobrenatural, orienta a sus visitantes y establece alianzas con ellos.

Los Haranir

Ya en la expansión The War Within (2024), Blizzard había introducido al personaje de Orweyna. Pero no ha sido hasta ahora, con Midnight (2026), cuando se ha presentado oficialmente a su raza, los Haranir. Descendientes de los trolls, los Haranir se separaron de ellos al honrar culto a la Luna y asentarse en el llamado Pozo de la Eternidad.

El propósito de la raza es proteger las raíces de los árboles del mundo, algo que los pone claramente en sintonía con los druidas. Los Haranir perfectamente pueden verse vinculados a la deidad “Druantia”, considerada como la guardiana de los bosques, además de representar el aspecto de la “Madre Eterna” en el crecimiento de la naturaleza.

Por supuesto, no hay que dejar de lado a los Aos sí, los antiguos dioses de Irlanda que vivían en los sídhe, bajo las raíces, un reino luminoso dónde el tiempo no pasaba y la música nunca cesaba. En WoW esto se ve reforzado con el diseño artístico, ya que los Haranir recurren a un tipo de vestimenta cuyos materiales principales son restos animales, vegetales y elementos fitomórficos.

_Jinetes de los Sidhe_ de John Duncan (1911).
Jinetes de los Sidhe de John Duncan (1911).
McManus Gallery/Wikimedia Commons

Pese a que Blizzard no suele hacer menciones directas a sus influencias culturales y folclóricas, la huella celta impregna una gran parte importante de los elementos que conforman la narrativa del juego (el “lore”). Pero World of Warcraft no es solo un juego: es un mundo donde mitología, magia y cultura se entrelazan.

Desde los druidas que se funden con el bosque hasta los sueños vigilados por dragones milenarios, Azeroth nos recuerda que cada criatura y cada historia de su mundo tiene raíces profundas, muchas de las cuales se remontan a antiguas tradiciones celtas que aún susurran entre los bosques y las leyendas, esperando ser descubiertas.


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Jorge Luis Bueno Alonso recibe fondos del Plan de Axudas para a consolidación e estruturación de grupos de referencia competitiva do Sistema Universitario Galego, Xunta de Galicia (ED431C 2025/4) y del proyecto Shakespeare, Arte y Activismo en el Siglo XXI (SHAKE-ART 21) (PID2022-137873NA-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Agencia Estatal de Investigación (MICIU/AEI /10.13039/501100011033).

Noelia Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Druidas, naturaleza y mitología: la inspiración celta detrás de ‘World of Warcraft’ – https://theconversation.com/druidas-naturaleza-y-mitologia-la-inspiracion-celta-detras-de-world-of-warcraft-277696

Oro, plata, platino: industria, finanzas y volatilidad en la nueva geopolítica del dinero

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rodrigo Martín García, Profesor de Finanzas, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

TSViPhoto/Shutterstock

Los metales preciosos, en particular el oro, han sido, históricamente, un refugio financiero en tiempos de incertidumbre. Esa idea sigue presente hoy y se reactiva cuando sube la preocupación por la inflación, los tipos de interés o la cotización del dólar. Como ocurre hoy.




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¿Qué está pasando con el oro?


Mercado físico versus mercado financiero

Los precios de los metales preciosos se mueven como resultado de dos familias de fuerzas. Por un lado, las derivadas de las tensiones en la industria, los suministros y el mercado físico. Por otro, las derivadas de la demanda de inversión, como valor refugio o con fines especulativos.

La primera familia recoge los efectos fundamentales. Aquí entran la oferta minera, el reciclaje y la demanda física e industrial. La segunda familia tiene que ver con la financiarización. Es decir, el metal se compra y se vende también para diversificar el riesgo en carteras de inversión (fondos, productos cotizados y derivados).

En ese marco, su precio incorpora rápidamente los cambios en las expectativas macro –las previsiones sobre la evolución futura de la inflación, el PIB, el empleo o los tipos de interés que hacen los agentes económicos (empresas, hogares e inversores)–, en el apetito de riesgo –los tipos y la cantidad de riesgo que una organización está dispuesta a aceptar en la búsqueda de valor– y en el posicionamiento de los inversores. Por eso, el precio de los metales puede moverse, incluso sin un cambio en la demanda física.

El precio no refleja solo la oferta y la demanda física

Los principales metales preciosos son el oro, la plata, el platino y el paladio. Sin embargo en sentido más amplio, según el contexto técnico o comercial, a veces también se incluyen el rodio, el iridio, el rutenio y el osmio.

Analizar el comportamiento de los metales preciosos implica estudiar distintas dimensiones. Por un lado, está la demanda física e industrial (joyería, electrónica, industria, medicina, por ejemplo). Por otro, un conjunto de variables macroeconómicas que influyen en la cotización del oro en los mercados: la evolución de los tipos de interés (si son altos, la inversión en oro se hace menos atractiva), la inflación esperada (mientras el valor del dinero cae, el del oro se mantiene) y la cotización del dólar (el oro cotiza en dólares y tienen entre sí una correlación).

La demanda industrial de metales preciosos

En 2025, la demanda física total de oro superó las 5 000 toneladas, por parte de los sectores joyero, industrial y financiero, además de las compras por parte de los bancos centrales de los países por su papel de valor refugio en tiempos de incertidumbre.

En la industria, el oro se utiliza principalmente por tres razones: conduce muy bien la electricidad, no se oxida fácilmente y ofrece contactos eléctricos muy fiables. De ahí su uso en electrónica y telecomunicaciones. También se emplea en aplicaciones aeroespaciales, en recubrimientos reflectantes y en protectores de equipos biomédicos y odontológicos.

La plata y el platino, los otros dos metales preciosos más valiosos, se emplean no solo en joyería sino también en electrónica, robótica, centros de procesamiento y almacenamiento de datos. La infraestructura necesaria para el desarrollo de la inteligencia artificial y la electrificación del transporte (vehículos eléctricos e infraestructura de recarga) han acelerado su demanda. En 2025, la demanda física total de la plata fue de aproximadamente 37 324 toneladas, de las que el 60 % se destinó a uso industrial.

En cuanto al platino, si la demanda mundial en 2025 fue de cerca de 243 toneladas, la oferta se quedó en 209. Pese al déficit estructural, la coyuntura de la guerra en el Golfo ha mejorado los datos en 2026: en el primer trimestre del año, la caída interanual en la demanda fue del 31 %, provocando un superávit de 268 000 onzas (más de 7 toneladas y media).

Los otros factores que intervienen en el mercado

La oferta de metales (tanto preciosos como no preciosos) está ligada a la minería. Y, por tanto, puede verse vinculada a potenciales procesos de explotación de personas y a prácticas medioambientalmente nocivas.

Ello ha impulsado a asociaciones, compañías y países a formar pactos y asociaciones para la gestión ética de los llamados minerales conflictivos (principalmente estaño, tantalio, tungsteno y oro), cuya extracción y comercio financian conflictos armados, trabajo forzado y violaciones de derechos humanos.

Así, si esos minerales son “necesarios para la funcionalidad o producción” de sus productos, se exige a las empresas que realicen un proceso de diligencia debida (una auditoría exhaustiva y preventiva para identificar posibles riesgos financieros, legales, fiscales, operativos, financieros y reputacionales de la gestión de esos minerales). En la UE, el Reglamento (UE) 2017/821 impone estas obligaciones a los importadores de minerales procedentes de zonas en conflicto.

Una gestión ética de los metales preciosos

Las variaciones en los precios de los metales preciosos pueden venir de distintas fuentes: un cambio macro, un giro industrial o los vaivenes del mercado. Entender el mercado de los metales preciosos exige una visión integral del sector: desde la extracción en las minas, el uso industrial y joyero del oro, el platino y la plata, y su empleo como inversiones que mantienen su valor en tiempos de gran incertidumbre.

También está el reto de manejar la oferta y la demanda de unas materias primas valiosas y limitadas, y garantizar una gestión ética de los procesos de extracción (tanto en la gestión del medioambiente, el cumplimiento de los derechos de los trabajadores y que los recursos generados por la minería no sirvan para perpetuar conflictos armados). En definitiva, cumplir con las normativas de control se ha vuelto una prioridad ineludible para operar de manera sostenible y legal en el mercado de los metales preciosos.

The Conversation

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ref. Oro, plata, platino: industria, finanzas y volatilidad en la nueva geopolítica del dinero – https://theconversation.com/oro-plata-platino-industria-finanzas-y-volatilidad-en-la-nueva-geopolitica-del-dinero-274874

‘Magnifica Humanitas’: el papel de Christopher Olah y Anthropic en la encíclica sobre la IA del Papa León XIV

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Federico Peinado, Profesor en el departamento de sofware e IA, Universidad Complutense de Madrid

Fabrizio Maffei/Shutterstock

El Papa León XIV ha publicado, el 25 de abril de 2026, su primera encíclica, Magnifica Humanitas, dedicada a la defensa del ser humano en la era de la inteligencia artificial. Entre los asistentes al acto de presentación estaba Christopher Olah, cofundador de la estadounidense Anthropic. Su intervención dejó una idea provocadora: interactuar debidamente con la IA es una cuestión más humana y religiosa que tecnológica.

¿Qué relación puede tener una tradición espiritual milenaria con la revolución del aprendizaje máquina?

La apuesta humana de la IA

La respuesta se remonta a finales de 2020, cuando los hermanos Dario y Daniela Amodei abandonaron OpenAI junto a quince científicos clave –incluido el propio Olah– para fundar Anthropic. Según explicó el propio Dario Amodei en una entrevista en 2024, no compartían la visión de Sam Altman, CEO de OpenAI, en materia de seguridad. Para ellos, ante la inevitable escala que alcanzarían estos modelos, el verdadero reto no era comercial, sino crucialmente humano: dominar a la IA y ponerla a nuestro servicio.

El primer problema que querían afrontar los fundadores de Anthropic era el del exceso de adulación. Para crear modelos de lenguaje como GPT se requiere una fase de entrenamiento donde se utiliza una técnica de aprendizaje por refuerzo que se basa en la retroalimentación humana. Esto significa que el objetivo de la IA nunca es llegar al fondo de la cuestión o generar la solución perfecta sino conseguir la mejor calificación posible por parte de sus evaluadores humanos. Y es por ello que surge la adulación como estrategia para tener contentos a los usuarios, aunque ello implique inventar o exagerar lo que convenga.

La IA Constitucional de Antrhopic

La solución que desde Anthropic propusieron a esto es la llamada IA Constitucional. Consiste en “inculcar” una serie de principios fijos e inquebrantables, una constitución, en el modelo como base de su entrenamiento, de manera que primen la honestidad y la modestia por encima del espectáculo y la satisfacción del usuario.

Pero de poco sirven las normas o valores éticos si no tenemos garantías de que la IA vaya a respetarlas en la práctica. Por ello el segundo problema que abordaron los creadores de Claude es el de la falta de alineamiento.

Los objetivos de la IA rara vez coinciden con los nuestros y en ocasiones ocurre que esta es capaz de mentir o replicar sesgos cognitivos con tal de darnos una respuesta satisfactoria, aunque en realidad le falte información o incluso tenga constancia de que las cosas no son como nos está diciendo.

Por su naturaleza, una IA casi siempre es capaz de darnos una “explicación” plausible y convincente de los razonamientos que le han llevado hasta su respuesta. Pero ¿cómo podemos saber que internamente la IA está alineada con nuestros objetivos, que busca de forma sincera lo mismo que nosotros?

Un detector de mentiras para la IA

En la tecnológica americana lo han llamado “interpretabilidad mecanicista” y es algo así como una técnica para “leer el pensamiento” de la máquina mediante una especie de detector de mentiras informático. El objetivo es asegurarse de que los valores de esos billones de parámetros de las neuronas artificiales implicadas en el sistema se corresponden con aquello que buscamos, de manera que lo que “diga” la IA coincida con lo que “piensa”.

Este inflexible blindaje ético no ha tardado en generar fricciones geopolíticas. Recientemente, la Administración Trump vetó el uso de Claude en las agencias federales tras la negativa de Anthropic a suavizar las restricciones morales de sus modelos, que impedían al Pentágono usar su tecnología para el desarrollo de armamento autónomo.

Precisamente por el peso de estas decisiones, a finales de marzo de 2026 Anthropic organizó en su sede de San Francisco un inusual seminario donde reunió a 15 destacados líderes y teólogos cristianos junto a sus propios investigadores. Se trataba de buscar asesoramiento externo para el desarrollo del “espíritu”, del comportamiento ético y moral, de sus próximos modelos. Como Olah declaraba en su intervención, el impacto social de la IA ha alcanzado una dimensión tan profunda que exige trascender los límites de la propia tecnología.

Guiar la conciencia de la máquina

En definitiva, el rastro que conecta los pasillos del Vaticano con los supercomputadores de Silicon Valley no es la ingeniería, sino la antiquísima necesidad humana de descifrar y guiar la conciencia. Esta confluencia demuestra que, cuanto más autónomos se vuelven nuestros artefactos, más debemos ahondar en nuestras raíces para humanizarlos.

Esta revolución, como todas las grandes transiciones de la humanidad, nos impulsa, tal como concluye la encíclica papal, a un doble compromiso: “una profundización de la investigación científica; por otra, un ejercicio de discernimiento moral y espiritual”.

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Federico Peinado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Magnifica Humanitas’: el papel de Christopher Olah y Anthropic en la encíclica sobre la IA del Papa León XIV – https://theconversation.com/magnifica-humanitas-el-papel-de-christopher-olah-y-anthropic-en-la-enciclica-sobre-la-ia-del-papa-leon-xiv-283517