Suplemento cultural: del cine al Mundial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation

Imagen de la última adaptación de la _Odisea_, dirigida por Christopher Nolan. Universal Pictures

Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Hace tres años (¡tres años ya!) el fenómeno conocido como Barbenheimer le dio esperanza y alegría a las taquillas cinematográficas, después de una larga temporada de sequía desde la pandemia. Que se estrenasen el mismo fin de semana dos superproducciones como Barbie, de Greta Gerwig, y Oppenheimer, de Christopher Nolan, tan diferentes en sus planteamientos pero con una clara voluntad generalista, no jugó en contra de ninguna de ellas. Al contrario. La audiencia decidió combinar ambas (y eso que combinar algo con las tres horas de Oppenheimer era complicado) y consiguió que, al acabar su ciclo en salas, entre las dos la recaudación ascendiese a más de dos mil millones de dólares.

Hablamos de dinero y no de calidad porque, aunque aquel año Oppenheimer finalmente le dio a Nolan los premios Óscar tanto tiempo ansiados por él y sus seguidores, con el estreno de La Odisea los analistas no han prestado atención (al menos de momento) a la recepción crítica sino al efecto recaudatorio del filme. Nolan siempre ha sido la gran esperanza para las salas y este fin de semana ha firmado su mejor estreno en la taquilla internacional de la historia.

En este caso, no solo nos hemos encomendado a un cineasta británico que ha conseguido aunar sus obsesiones (muchas de ellas relacionadas con el espacio y el tiempo) con el interés popular. También acudimos a quien, hace tres mil años, relató las aventuras de Ulises. La narración de Homero ha estado con nuestra especie milenios y todos, habiéndola leído o no, nos vemos influidos por ella. No solo la vida del héroe del poema es épica, también nuestra existencia en este mundo responde al patrón de la Odisea.

90 años

Si el viernes fue el día de la épica, el sábado se conmemoraron en España los 90 años del inicio de la guerra civil española, un conflicto que ha marcado profundamente la historia del país.

Recibimos la fecha con el tráiler de La bola negra, la última obra de Javier Ambrossi y Javier Calvo, “los Javis”, y premiada en Cannes. Una película sobre la guerra civil. ¿Otra más? Pero… ¿de verdad se han hecho tantas como dicen algunos? ¿Se han hecho suficientes? ¿Comparamos con otros eventos del siglo XX?

Todavía nos queda mucho por explorar del conflicto, como escribe Jaume Claret. Y no solo historiográficamente. Necesitamos saber más sobre la gente de a pie, por ejemplo sobre todos aquellos exiliados. El Archivo Nacional está haciendo una gran labor de recopilación de cartas y documentos de algunos de los grandes personajes de esa emigración, como cuenta Elena Lázaro.

Sin embargo, hay voces que todavía no han llegado tan lejos como deberían. Entre ellas, las de los niños exiliados, una generación en medio de ninguna parte, criada en el extranjero pero con añoranza de la madre patria. Conocer sus obras, su visión del mundo y sus experiencias probablemente ayudaría a muchos otros chavales que hoy en día se ven obligados a huir de su patria sin que nadie les haya preguntado si quieren hacerlo.

España y Argentina

Y el domingo, el verdadero rival de Christopher Nolan en la taquilla fue la final del Mundial de fútbol masculino.

Cuando escuché, el martes 14 de julio, al comentarista del partido decir “y aquí llega la sinfonía de España” en un momento en el que los jugadores españoles se acercaban a la portería francesa, me dio la risa. Justo el día anterior habíamos publicado este tema de Rubén Conde Rubio en el que proponía, precisamente, dejar de utilizar metáforas bélicas en las narraciones del fútbol y cambiarlas a metáforas musicales. ¿Se leyeron en TVE el artículo de The Conversation antes de que empezase el encuentro?

Tal vez leyesen también el nuevo artículo de Conde Rubio y Paula Albitre Lamata, en el que diseccionan, aprovechando que el Hudson pasa por allí, las diferencias en el trato de confianza entre el español de Argentina y el de España. Es decir, ¿por qué yo digo “tú” y mis amigas argentinas me dicen “vos”? Es un recorrido lingüístico apasionante que desemboca en lo de siempre: las diferencias están llenas de curiosidades que nos enriquecen.

En los palcos de encuentros anteriores hemos visto cómo las cámaras apuntaban a grandes futbolistas, actores y actrices, cantantes, banqueros y empresarios, y todos ellos disfrutan del privilegio que el común de los mortales no tiene. Pero esto tampoco lo ha inventado el siglo XX. Ya los antiguos romanos intentaron hacerlo y… digamos que los ciudadanos tuvieron algo que decir.

Con un pie en la arena…

El Suplemento todavía no se va de vacaciones, aunque poco le queda. Antes de eso, dejamos un texto que repasa la historia del veraneo en España, desde aquel momento en el que solo se podían permitir las vacaciones unos pocos (por tiempo y dinero) hasta los logros sociales que hicieron posible descansar del trabajo y, tal vez, hacerlo lejos de casa (aunque fuese en el pueblo).

Y si están buscando libro para llevarse a la playa o a la montaña, las obras de la arqueóloga Marga Sánchez Romero siempre son una lectura apasionante. Mi compañera Lorena Sánchez la entrevistó para analizar esa manía que tenemos de basar el estudio de la historia en los acontecimientos violentos en vez de las resoluciones de conflictos pacíficas que, aviso, han sido muchas más.

The Conversation

– ref. Suplemento cultural: del cine al Mundial – https://theconversation.com/suplemento-cultural-del-cine-al-mundial-287788

¿Las personas inteligentes tienen más éxito en la vida?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier José Pérez Flores, Profesor del área de Psicobiología de la Universidad de La Laguna, Universidad de La Laguna

Andrii Iemelianenko/Shutterstock

Solemos valorar la inteligencia porque la asociamos con la expectativa de que quien es muy inteligente podrá aprender mejor, tomar buenas decisiones y obtener mayores logros.

Pero ¿hasta qué punto está justificada esa creencia?

Qué es la inteligencia y cómo se mide

La inteligencia no es fácil de definir. En general, se refiere a la capacidad para aprender, razonar, resolver problemas, comprender relaciones y adaptarse a situaciones nuevas.

Las pruebas de inteligencia intentan medir una parte de esas capacidades. Una de ellas es el razonamiento verbal, que se refiere a entender palabras, explicar conceptos y usar el lenguaje para pensar. En la vida diaria, esta capacidad se usa al comprender una noticia, explicar una idea o interpretar bien una instrucción.

Otra es el razonamiento perceptivo o visual. Se refiere a la capacidad para detectar patrones, organizar información visual y resolver problemas sin depender tanto del lenguaje. La usamos, por ejemplo, al montar un mueble siguiendo un esquema, orientarnos en un plano o encontrar la lógica de una imagen.

También se evalúa la memoria de trabajo. Esta permite mantener información en la mente y manipularla. La usamos al calcular mentalmente, recordar una dirección mientras caminamos hacia ella o seguir varios pasos de una receta sin mirar continuamente el papel.

Otra capacidad habitual es la velocidad de procesamiento. Se refiere a la rapidez con la que una persona puede percibir información sencilla, compararla y responder con precisión. En la vida cotidiana interviene al buscar un dato en una tabla, revisar documentos o realizar tareas repetitivas con rapidez y pocos errores.

¿Qué predice la inteligencia?

Sabemos que las puntuaciones en estas pruebas se relacionan directamente con el rendimiento académico, el nivel educativo alcanzado, el tipo de trabajo, el rendimiento laboral y los ingresos.

La relación con la escuela es fácil de entender. Muchas tareas académicas exigen comprender textos, resolver problemas y manejar información compleja. Son habilidades cercanas a las que evalúan muchas pruebas de inteligencia.

Por ejemplo, una estudiante con facilidad para entender instrucciones, relacionar ideas y resolver problemas abstractos parte con ventaja en varias asignaturas. Esa ventaja puede ayudarle a aprender más rápido y a rendir mejor en los exámenes.

No es una ventaja para toda la vida

Sin embargo, para que la inteligencia se convierta en buenos resultados también importan otras cosas, como ser constante, organizarse bien, confiar en las propias posibilidades, tener motivación, cuidar la salud mental, saber relacionarse con otras personas y contar con oportunidades reales.

Dos alumnos con capacidades parecidas pueden tener trayectorias muy distintas. Uno puede contar con apoyo familiar, expectativas altas, buenos hábitos y una escuela que detecta sus necesidades. Otro puede vivir inestabilidad, dificultades económicas, baja motivación o problemas emocionales.




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En ambos casos, la capacidad intelectual puede ser similar. Lo que cambia es el contexto en el que esa capacidad se desarrolla.

Los estudios longitudinales muestran bien esta complejidad. En los llamados estudios de Varsovia, la inteligencia medida en la infancia y la adolescencia predijo años después algunos logros objetivos, como el nivel educativo alcanzado, la ocupación y el bienestar material. Sin embargo, no explicó igual de bien el éxito entendido de forma subjetiva. Además, no se pudo separar completamente el efecto de la inteligencia del efecto del entorno de los participantes.

¿Cuanto más listos, más nivel de estudios?

La idea de que la inteligencia siempre “se abre camino” tampoco se sostiene bien cuando miramos la vida adulta.

Un estudio longitudinal realizado en Suecia evaluó a adolescentes con una alta inteligencia hasta la adultez. Los resultados fueron interesantes y contundentes. Por ejemplo, obtener al menos un máster era casi diez veces más frecuente en el grupo de alta inteligencia que en el grupo de inteligencia media. Sin embargo, la proporción de personas con un coeficiente intelectual elevado que consiguieron este título no era alta: el 13 % de las chicas y el 34 % de los chicos.

¿Qué pasaba con el resto de los adolescentes con una inteligencia alta, los que no estudiaron un máster? ¿Y por qué un 20 % no terminó la educación secundaria superior?

Qué ocurre en la vida adulta

En el mundo laboral, la inteligencia se relaciona con algunos indicadores profesionales, pero su efecto no es igual en todas las personas ni en todos los contextos. En general, las capacidades cognitivas predicen mejor el rendimiento en el puesto, el éxito en procesos de formación y, de forma más indirecta, el nivel de ingresos. Sin embargo, su relación con otros aspectos de la trayectoria profesional, como la satisfacción laboral, la permanencia en una empresa, la promoción interna o la calidad de las relaciones en el trabajo, es más débil.

También es necesario preguntarse qué llamamos “éxito”, y si tener cargos directivos o sueldos elevados es la única manera de medirlo. Sobre todo porque el éxito profesional no siempre se traduce en felicidad. Una persona puede tener éxito profesional y sentirse insatisfecha. Otra puede no destacar académicamente y construir una vida estable, útil y valiosa.




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Los modelos de bienestar subjetivo en la vida adulta señalan factores como la salud física y mental (la autonomía, las relaciones, la salud, el propósito y la participación en la comunidad) como mucho más determinantes de una vida exitosa.

La inteligencia no garantiza nada

La conclusión no debería ser que la inteligencia no importa. Tampoco que lo explica todo.

Una trayectoria vital no depende solo de una capacidad. Depende también del contexto, de las oportunidades, de la educación, de la salud, de la personalidad, de las expectativas y de lo que cada sociedad decide premiar.

Ser inteligente puede abrir puertas, pero no decide cuántas puertas hay, quién puede cruzarlas ni qué apoyos recibe para hacerlo. La inteligencia es una ventaja, no un destino.

The Conversation

Javier José Pérez Flores no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Las personas inteligentes tienen más éxito en la vida? – https://theconversation.com/las-personas-inteligentes-tienen-mas-exito-en-la-vida-284399

Si cambiamos nuestro modelo de consumo, no necesitaremos tantos materiales para la transición energética

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emmanuel Aramendia, Research and Teaching Fellow | Climate Change Mitigation and Ecological Economics, University of Leeds

Más de 40 veces: ese es el aumento de la demanda global de litio anual que prevé la Agencia Internacional de la Energía entre 2020 y 2040 para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París de limitar el calentamiento del planeta. Es una de las dificultades claves de la transición energética: las tecnologías de bajas emisiones requieren muchos más materiales (tanto a nivel de diversidad como de cantidades) que los sistemas energéticos a base de combustibles fósiles.

Algunos ejemplos incluyen níquel y cromo para el acero inoxidable de los aerogeneradores; cobalto, litio y níquel para las baterías de los vehículos eléctricos y el cobre para reforzar la red eléctrica y conectar plantas de generación renovables. Por lo tanto, la descarbonización de la economía supondrá en cierta medida un aumento de la demanda de algunos materiales críticos, pero también de materiales de construcción como arena y grava.

La Comisión Europea adoptó en 2023 la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales, que plantea diversificar proveedores de materias primas, incrementar la demanda de materiales cubierta por reciclado y aumentar la extracción y transformación de materiales en suelo europeo. Tal incremento de la demanda y extracción de materiales tendrá impactos ambientales y sociales en las zonas de extracción, hoy en día mayoritariamente deslocalizadas.

Si nos centramos en España, ¿se puede realizar una transición energética compatible con los objetivos climáticos y a su vez reducir la demanda de materiales? Esa es la pregunta que investigamos en un reciente estudio publicado en Progress in Energy.

El caso de España

España es un país relativamente avanzado en el despliegue de tecnologías de bajas emisiones en el sector eléctrico, con un 55 % de la generación eléctrica cubierta por fuentes de energía renovable en 2025. Sin embargo, el consumo de combustibles fósiles en otros sectores (por ejemplo, gas en los sectores residencial e industrial, diésel y gasolina en el transporte y en la industria) aún sigue siendo muy elevado.

La Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo (EDLP), conjuntamente con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), prioriza el despliegue de tecnologías de bajas emisiones y la eficiencia energética, sin modificaciones sustanciales en la esfera socioeconómica.

Sin embargo, creciente evidencia científica indica que el crecimiento económico constante, especialmente en países de alta renta per cápita, podría ser precisamente parte del problema. En otras palabras, además de cómo, el qué, el cuánto y el para qué se produce y consume son parte central del problema.

En nuestra investigación, cuantificamos y analizamos, mediante un modelo de simulación, los requerimientos materiales de la EDLP así como de un escenario alternativo de “suficiencia” en el que se aplican políticas de gestión de la demanda. En este último supuesto, la demanda de bienes y servicios se reduce, aunque manteniendo un nivel de consumo compatible con altos niveles de bienestar.




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La necesidad de una política industrial a largo plazo

Mejorar las tasas de reciclado será clave para reducir la extracción de materiales. En particular, las tecnologías de bajas emisiones (como baterías, aerogeneradores o paneles solares) en final de su vida útil generarán un yacimiento de materiales creciente. Por ejemplo, en el caso del níquel, el reciclado de tecnologías de bajas emisiones podría satisfacer hasta un 60 % de la demanda en 2050 (con tasas de reciclado ideales).

Sin embargo, desplegar capacidades de reciclado para tecnologías tan complejas no es trivial. Requerirá una política industrial a largo plazo que apoye el desarrollo de la reutilización y el reciclado, y que fomente normas de ecodiseño y estandarización que faciliten estos procesos.




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La importancia de apostar por estrategias de suficiencia

La gráfica que sigue a este párrafo muestra un aumento muy significativo de los requerimientos de materiales en la EDLP hasta 2050 (la línea discontinua muestra los requerimientos en 2025), sobre todo para aquellos materiales cuya demanda domina el despliegue de tecnologías de bajas emisiones.

Entre 2025 y 2050, la demanda de cobalto se multiplicaría por 14, la de grafito por 11, la de litio por 6 y la de níquel por 2. Para otros materiales, como el aluminio o el cobre, la demanda aumenta, aunque las tecnologías de bajas emisiones representen una parte minoritaria de la demanda total.

Requerimientos materiales en 2050 comparados al año base 2025 en la estrategia de descarbonización (EDLP) y en el escenario de suficiencia (Suf.).
Requerimientos materiales en 2050 comparados al año base 2025 en la estrategia de descarbonización (EDLP) y en el escenario de suficiencia (Suf.).
Los autores, adaptado del estudio en Progress in Energy, CC BY

El escenario de suficiencia reduce significativamente la demanda de materiales comparado con la EDLP. Esa tendencia se explica por una menor demanda de materiales y energía para la producción de bienes y servicios, y por lo tanto un menor despliegue de tecnologías de bajas emisiones.

La siguiente gráfica muestra la evolución de la huella de materiales, que representa el volumen total de materiales extraídos del medio ambiente, y es un indicador del impacto de la extracción de recursos naturales. En el escenario de suficiencia, se logra reducir en un 55 % la huella de materiales de la economía española respecto a 2025, mientras que aumenta en un 51 % en la EDLP.

Huella de materiales en 2050 comparada con 2025 para la estrategia de descarbonización (EDLP) y el escenario de suficiencia (Suf.).
Huella de materiales en 2050 comparada con 2025 para la estrategia de descarbonización (EDLP) y el escenario de suficiencia (Suf.).
Los autores | Adaptado del estudio en Progress in Energy, CC BY-SA

Así pues, nuestro trabajo sugiere que reducir el consumo de bienes y servicios menos esenciales permitiría conciliar un despliegue de tecnologías de bajas emisiones consistente con los objetivos climáticos y reducir la huella de materiales de la economía española, manteniendo a la vez altos niveles de bienestar.

The Conversation

Emmanuel Aramendia ha recibido financiación de la fundación Leverhulme Trust (RPG-2024-357), y del Research and Innovation Programme de la Unión European a través del proyecto LOCOMOTION (Grant Agreement No. 691287).

Iñigo Capellán-Pérez ha recibido financiación de una ayuda Juan de la Cierva-Incorporación del Ministerio de Economía y Competitividad de España (n.º IJC2020046215-I).

Jaime Nieto Vega ha recibido financiación del Ministerio de Economía y Competitividad a través del proyecto MODESLOW (ECO2017-85110-R).

Óscar Carpintero ha recibido financiación del Ministerio de Economía y Competitividad a través del proyecto MODESLOW (ECO2017-85110-R)

– ref. Si cambiamos nuestro modelo de consumo, no necesitaremos tantos materiales para la transición energética – https://theconversation.com/si-cambiamos-nuestro-modelo-de-consumo-no-necesitaremos-tantos-materiales-para-la-transicion-energetica-283708

Gentrificación, sobreexplotación turística, vivienda escasa: ¿y si no todo fuera culpa de Airbnb?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Ignacio Pulido Fernández, Catedrático de Economía Aplicada (Economía del Turismo), Universidad de Jaén

Señal de protesta contra Airbnb en Montreal, Canadá. BalkansCat/Shutterstock

En muchos destinos, cuando el turismo empieza a incomodar, el debate público encuentra enseguida un culpable reconocible: Airbnb. La plataforma (y, en general, el alquiler turístico de corta duración) concentra buena parte del malestar porque es visible, porque afecta a la vivienda y porque transforma barrios que antes no se sentían turísticos.

No se trata de una preocupación menor. Eurostat estima que, en 2025, se reservaron 951,6 millones de noches en la Unión Europea a través de grandes plataformas de corta estancia. Y hemos visto, además, cómo estos alojamientos pueden contribuir a la presión residencial, la subida de precios y la turistificación de los centros urbanos.

El debate ya no se circunscribe solo a Barcelona, Venecia o Ámsterdam. También aparece fuera de los grandes circuitos turísticos tradicionales. Algunos ejemplos: en Cuenca, ciudad patrimonial ecuatoriana, el crecimiento del alojamiento temporal ha tensionado el mercado inmobiliario de su centro histórico y puesto en evidencia la falta de datos, registro y capacidad de regulación turística de las autoridades locales. En Medellín (Colombia), el auge del turismo ha hecho crecer el mercado de viviendas turísticas, encarecido el alojamiento y generado conflictos de convivencia en algunos barrios. En Tirana y otros destinos urbanos albaneses, la rápida expansión del alquiler de corta estancia empieza a vincularse con la presión sobre el mercado residencial y la dificultad de acceso a alquileres asequibles para la población local.




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Parte del problema (pero no todo)

Que Airbnb forme parte del problema no significa que sea todo el problema. Culpar solo a las plataformas resulta políticamente cómodo, pero analíticamente pobre. Permite señalar un actor concreto, regularlo (a veces tarde, a veces mal) y transmitir la impresión de que se actúa. Sin embargo, muchos conflictos actuales en destinos consolidados y emergentes responden a una cuestión más profunda: durante años se ha gestionado el turismo como si fuera solo promoción, no como una política pública territorial.

El turismo no ocupa un espacio vacío. Utiliza patrimonio, vivienda, transporte, agua, residuos, recursos naturales, comercio, espacio público y tolerancia social. Cuando los flujos crecen más rápido que la capacidad institucional para ordenarlos, aparecen externalidades: congestión, ruido, encarecimiento de la vivienda, pérdida de comercio cotidiano, saturación patrimonial, precarización laboral o rechazo vecinal. La turismofobia rara vez nace del turismo en abstracto; suele nacer de la percepción de que los beneficios se privatizan y los costes se socializan.




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Crecimiento desmedido

El crecimiento turístico global refuerza este diagnóstico. UN Tourism cifró en 1 523 millones las llegadas internacionales de turistas en 2025, superando los niveles previos a la pandemia. La cuestión, por tanto, no es si el turismo crecerá, sino bajo qué reglas, con qué límites y para quién.

La OCDE señala que el sector necesita políticas coordinadas, prospectivas y basadas en evidencia para ser más resiliente, sostenible e inclusivo. Esa es la carencia de muchos destinos: mucha promoción, poca planificación; muchos actores vendiendo el destino, pocos gobernándolo.

El problema se agrava porque el turismo no funciona como una organización única sino como una red de actores con intereses, competencias y objetivos distintos. Hoteles, viviendas turísticas, guías, comercios, restaurantes, plataformas, administraciones, residentes, inversores inmobiliarios, operadores culturales y empresas de movilidad actúan con lógicas distintas. Si no existe una gobernanza clara, cada actor maximiza su interés particular. En economía esto no sorprende: cuando un recurso compartido (el atractivo, el espacio público, la vida en los barrios) se explota sin coordinación, el resultado puede ser ineficiente, aunque cada decisión individual parezca racional.

Esa fragmentación sobrepasa a empresas y residentes, también es frecuente entre las propias instituciones responsables del turismo. Especialmente en las primeras etapas de desarrollo de un destino, administraciones, organismos de promoción y otros actores suelen planificar, generar información e impulsar iniciativas de forma independiente, respondiendo a sus propios objetivos en lugar de a una estrategia compartida. El resultado son esfuerzos duplicados, recursos dispersos y decisiones que reducen la capacidad del destino para actuar de forma coordinada y generar valor colectivo.

Hacia un nuevo modelo

Por eso el debate no debería formularse como “Airbnb sí, Airbnb no”, sino como “qué modelo de destino queremos y con qué instrumentos lo hacemos viable”. Regular los alquileres turísticos puede ser necesario, especialmente en zonas tensionadas. La Unión Europea aprobó un reglamento para mejorar la recogida y el intercambio de datos sobre alquileres de corta duración.

Pero la regulación de una plataforma no sustituye a una política integral de destino. Hace falta zonificación turística, límites de capacidad cuando proceda, gestión de flujos, fiscalidad finalista, protección de la vivienda residencial, datos en tiempo real, escucha vecinal y coordinación entre turismo, urbanismo, movilidad, cultura, seguridad y medio ambiente.

También falta profesionalización. La gestión de destinos no puede depender solo de la intuición, el voluntarismo político o las campañas de comunicación. Requiere perfiles capaces de interpretar datos, negociar con actores privados, diseñar indicadores, evaluar impactos, anticipar conflictos y traducir la estrategia turística en decisiones urbanas. Las investigaciones sobre sobreexplotación turística (overtourism) llevan años señalando que no hay soluciones universales y que la gestión debe adaptarse a cada contexto. Sin equipos técnicos sólidos, los destinos reaccionan cuando el conflicto ya ha estallado.




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Medidores turísticos

Otro error es seguir midiendo el éxito del turismo por volumen: más visitantes, más pernoctaciones, más gasto agregado. Esos indicadores son útiles, pero insuficientes. Un destino puede crecer en llegadas y empobrecer su vida local. Puede aumentar la ocupación y deteriorar la convivencia.

El nuevo marco estadístico internacional para medir la sostenibilidad del turismo y los trabajos recientes sobre indicadores locales apuntan hacia la medición de impactos económicos, sociales y ambientales de forma integrada y a escala territorial, y proponen incorporar explícitamente el bienestar de los residentes en la mira de las políticas turísticas.

Turismo generador de valor

El gran cambio de fondo será pasar del turismo como recuento al turismo como generación de valor:

  • Valor territorial, porque mejora el patrimonio, diversifica la economía, fortalece identidad y distribuye oportunidades.

  • Valor social, porque crea empleo digno, respeta la vivienda, mejora servicios y no expulsa a quienes hacen habitable el lugar.

  • Valor público, porque los ingresos turísticos ayudan a financiar los costes que el propio turismo genera.

Las plataformas de alojamiento como Airbnb no son inocuas en los destinos donde se implantan, aunque tampoco son una explicación suficiente. Constituyen un acelerador de tensiones preexistentes: vivienda escasa, planificación débil, dependencia del crecimiento, falta de datos y gobernanza fragmentada.

Reducir el debate a una plataforma digital es tratar el síntoma pero dejando intacta la enfermedad. La pregunta seria no es cómo recibir más turistas, sino cuántos, dónde, cuándo, en qué condiciones y con qué retorno para la comunidad anfitriona. Ahí empieza la verdadera economía del turismo del siglo XXI.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Gentrificación, sobreexplotación turística, vivienda escasa: ¿y si no todo fuera culpa de Airbnb? – https://theconversation.com/gentrificacion-sobreexplotacion-turistica-vivienda-escasa-y-si-no-todo-fuera-culpa-de-airbnb-287058

Del árbol genealógico al banquillo de los acusados: la nueva era de la investigación criminal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Palomo Díez, Profesora Permanente Laboral, Universidad Complutense de Madrid

CI Photos/Shutterstock

Imagine que un detective encuentra una gota de sangre en la escena de un crimen ocurrido en 1980. El asesino nunca fue fichado, por lo que su perfil de ADN no coincide con nadie en las bases de datos de la policía. Durante décadas, el caso acumula polvo en un sótano. El culpable sigue libre, convencido de que se ha salido con la suya.

Sin embargo, años después, la policía recibe un soplo inesperado. No viene de un testigo ocular, sino del árbol genealógico de una persona corriente que vive a miles de kilómetros y que decidió enviar una muestra de saliva a una empresa privada para saber si tenía antepasados vikingos o descubrir a un primo lejano.
Esto no es el guión de una serie de televisión: es un ejemplo de cómo opera la genealogía genética forense (GGF), una disciplina que está revolucionando la investigación criminal.

Pero ¿cómo funciona exactamente este “milagro” científico capaz de reabrir casos que parecían enterrados para siempre?

Del “código de barras” al mapa de carreteras

La policía lleva décadas usando el ADN para resolver casos, pero de una forma limitada. El sistema tradicional (conocido como CODIS) funciona como un “código de barras”. Analiza unas regiones muy concretas del ADN (llamadas STRs) para ver si la muestra hallada en la escena del crimen coincide al 100 % con un sospechoso ya fichado. Es la misma técnica que se emplea en casos de identificación de víctimas, o personas desaparecidas.

Se trata de unos marcadores genéticos ideales para esta finalidad porque están repartidos por todo el genoma, son muy pequeños –lo que garantiza mayor probabilidad de éxito si la muestra está degradada, algo habitual en contextos forenses– y varían considerablemente entre individuos, lo que posibilita que sean muy específicos de cada persona.

Sin embargo, cuando el “código de barras” del delincuente no se encuentra en la base de datos policial, o bien cuando la víctima es un soldado de la I Guerra Mundial del que ya no quedan familiares cercanos vivos que compartan cierto grado de ese material genético, nos enfrentamos a un importante problema para llevar a cabo las identificaciones.

La genealogía genética forense cambia las reglas del juego porque utiliza un análisis muchísimo más profundo basado en los llamados polimorfismos de nucleótido único (SNPs). En lugar de un simple código de barras, los científicos extraen un “mapa de carreteras” completo del genoma. No se trata de buscar una coincidencia exacta, sino de rastrear la herencia compartida con parientes muy lejanos (como primos terceros o cuartos) a través de todo nuestro árbol familiar.

Aquí entran en juego otro tipo de bases de datos, que no son de carácter policial, sino plataformas abiertas como GEDmatch o FamilyTreeDNA. En ellas, millones de personas normales suben voluntariamente sus datos genéticos con fines recreativos, como buscar sus orígenes o familiares lejanos. De este modo, sin saberlo, están creando una red de conexiones familiares gigantesca.

Rastreando el árbol genealógico

Cuando los investigadores introducen el perfil de SNPs de una muestra sin identificar en estas plataformas civiles, la ciencia no busca al culpable directo, sino a sus familiares. Sobre esta metodología de investigación trata nuestro artículo, publicado en la revista WIREs.

Pongamos un ejemplo real y famoso: el caso de Michelle Martinko, una estudiante asesinada en Iowa en 1979. Casi cuarenta años después, los genetistas subieron el ADN del asesino a una base de datos genealógica. El sistema no encontró al autor del crimen, pero localizó a una mujer que compartía el suficiente material genético con la muestra como para ser su prima hermana.

A partir de ese único hilo conductor, el trabajo de los genetistas y genealogistas se vuelve puramente detectivesco:

  1. Dibujan el árbol a la inversa: rastrean hacia atrás en el tiempo (usando registros de nacimiento, censos y bodas) hasta encontrar a los antepasados comunes de esa familia.

  2. Filtran las ramas: investigan a los descendientes directos de esos antepasados en el presente.

  3. Cruzan datos lógicos: buscan qué miembros masculinos de esa familia tenían la edad adecuada y estaban en el lugar idóneo cuando ocurrió el crimen.

En el caso de Michelle Martinko, este rastreo redujo el misterio a solo tres hermanos. Para el paso final, la policía solo tuvo que vigilar discretamente a uno de ellos (Jerry Burns), recoger una pajita que tiró en un restaurante y comprobar en el laboratorio tradicional si su ADN coincidía con el de la escena del crimen. Tras 39 años, el caso se cerró con una condena.

Esta misma técnica también permitió atrapar en 2018 al Asesino del Golden State, que violó a 50 mujeres y mató al menos a 12 personas en las décadas de los setenta y los ochenta. Desde entonces se usa también con fines humanitarios para identificar restos óseos degradados de soldados o personas desaparecidas.

Justicia frente a derecho a la intimidad

Sin embargo, la velocidad de la ciencia a menudo choca con las leyes. Mientras que en Estados Unidos y algunos países de Europa, como Suecia, se permite el uso de estas bases de datos civiles bajo estrictos criterios, en otros no es así. En España, por ejemplo, la legislación actual vela más por la privacidad y no permite cruzar los datos policiales con plataformas genéticas comerciales.

En casos españoles emblemáticos como el de Eva Blanco, asesinada en 1997, la policía tuvo que recurrir a estrategias alternativas, como analizar el ADN mitocondrial (la línea materna) para descubrir el origen geográfico del sospechoso y realizar cribados locales.

¿Por qué estas restricciones? Porque, aunque la genealogía genética forense no solo puede ser una herramienta maravillosa para el ámbito forense: también revela información privada sobre las personas y sus familiares. Entonces, ¿Debería primar el derecho a la intimidad o el deber de dar respuesta a una familia que lleva décadas esperando justicia? He ahí el dilema.


María Samino Gómez, graduada en Criminología por la Universidad Complutense de Madrid, ha colaborado en la elaboración de este artículo.


The Conversation

Sara Palomo Díez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Del árbol genealógico al banquillo de los acusados: la nueva era de la investigación criminal – https://theconversation.com/del-arbol-genealogico-al-banquillo-de-los-acusados-la-nueva-era-de-la-investigacion-criminal-282299

Humanos y elefantes en el yacimiento paleolítico de Torralba, en Soria: juntos pero no revueltos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Sánchez Romero, Investigadora postdoctoral. Especialista en arqueología espacial y formación de yacimientos, Universidad de Sevilla

Huesos de elefante en el yacimiento paleolítico de Torralba. 1963. F. Clark Howell

En 1888, Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, escuchó a unos trabajadores ferroviaros comentar que, al abrir una zanja para instalar una tubería de agua en la estación de Torralba (Soria), habían encontrado huesos del cráneo de un gran animal. Decidido a desvelar el misterio, organizó las primeras excavaciones en el lugar, entre 1909 y 1913.

Desde entonces, Torralba ha sido un yacimiento clave para la paleoantropología del Pleistoceno Medio –hace aproximadamente entre 781 000 y 126 000 años–. El descubrimiento de numerosos huesos de elefantes y herramientas líticas llevó a su primera interpretación como un sitio de caza.

Sin embargo, nuestro estudio reciente, que analiza la documentación sobre el lugar reunida por el paleoantropólogo estadounidense F. Clark Howell, ha permitido darle la vuelta a esas suposiciones iniciales. Hoy, todo apunta a que el papel de los humanos en Torralba habría sido más oportunista que protagonista.

Documentación exhaustiva

Entre 1961 y 1963, F. Clark Howell (en ese momento en el Departamento de Antropología de la Universidad de Chicago), con el apoyo de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF), lideró la excavación de unos 1026 m², dentro del área estimada de 5 000 m² que ocupa Torralba. Los trabajos recuperaron cientos de huesos de elefantes, bóvidos y otros animales, así como herramientas paleolíticas.

Además, reunió una gran cantidad de documentación, incluyendo mapas, fotografías, secciones estratigráficas, diarios, dibujos y notas.

Vista general de las excavaciones de Torralba, 1963.
F. Clark Howell/HERC/CENIEH

¿Yacimientos gemelos?

El yacimiento de Torralba se encuentra situado en lo que se conoce como Polje de Conquezuela, aproximadamente a 2,5 km de distancia del yacimiento de Ambrona, que también guarda restos de elefantes y herramientas en piedra. Debido a la cercanía de ambos, F. Clark Howell y su equipo pensaron que podían estar relacionados.

Esta idea de “yacimientos gemelos” fue una gran losa a la hora de comprender la génesis de Torralba, ya que por mucho que se intentaran relacionar las estratigrafías de los dos yacimientos, no se conseguía entender por qué no cuadraban. Años más tarde, un equipo español estudió su geología y determinó que pertenecían a dos formaciones diferentes: Torralba era ligeramente más joven que Ambrona.

Carrera por descubrir el inicio de la caza

A pesar de la riqueza del material arqueopaleontológico, Torralba tiene una dificultad enorme: una geología muy compleja debido a las fallas que la recorren. Por aquel entonces, aunque se encontraron una gran cantidad de huesos de elefante y herramientas de piedra, su estratigrafía seguía sin conocerse con detalle.

La estratigrafía nos permite conocer la sucesión de las capas de sedimento que se han ido depositando a lo largo de los años. La composición y características de estas capas nos dan pistas acerca del medio donde se encuentra el sitio arqueológico: si se trataba de un entorno seco, fluvial, con mucha o poca vegetación, etc. Esta información es clave para conocer el entorno y, así, poder reconstruir el contexto en el que estos animales y grupos humanos vivieron.

Sin embargo, como los huesos y las herramientas aparecían en un mismo sitio y parecían relacionadas, las hipótesis acerca de la funcionalidad de Torralba no tardaron en llegar.

A esto se suma que, en el siglo pasado, existía entre la comunidad científica una carrera frenética para ver quién podía demostrar las evidencias más antiguas de caza y, con ellas, la capacidad de los humanos para elaborar sus propias herramientas para capturar animales con los que alimentarse y abandonar el carroñeo.

Bifaces de caliza recuperados en Torralba durante las excavaciones de F. Clark Howell.
F. Clark Howell/HERC/CENIEH

La hipótesis del matadero

Varias publicaciones trataron, entonces, de explicar que Torralba había sido un sitio donde los grupos humanos habían cazado elefantes, relacionando la ubicación espacial de ciertas partes anatómicas de los animales con ciertas herramientas. Se llegó a interpretar el yacimiento como un área organizada de actividad centrada en el procesado de elefantes y otros animales, una especie de matadero primitivo.

Estas interpretaciones generaron un gran debate entre la comunidad científica, mientras varios paleontólogos destacados las ponían en duda. Lewis R. Binford concluyó que la mayoría de los huesos habían sido afectados de manera considerable por agentes naturales, como el pisoteo de elefantes, y que los conjuntos excavados no podían considerarse “suelos habitados”. Por su parte, Richard G. Klein apuntó que muchos de los huesos habían sido identificados incorrectamente. Y Paola Villa argumentó que las interpretaciones se basaban en un número muy bajo de piezas líticas y, por tanto, los análisis estadísticos podían producir resultados engañosos.

Documentación repatriada

Cuando, en el año 2007, F. Clark Howell murió de un cáncer de pulmón, todo el material que había producido sobre Torralba quedó en varios armarios del Human Evolution Research Center (HERC) de la Universidad de California en Berkeley. Fue su deseo que toda esta documentación fuera repatriada a España.

El trabajo para su repatriación comenzó en 2019, en el HERC. Cajas y cajas con anotaciones de campo, mapas, planos, secciones, diarios de campo y diapositivas que no se habían tocado en décadas. Se escanearon durante meses, incluso, con un pase especial de acceso al laboratorio durante la pandemia.

Los mapas con los dibujos de los huesos, las piedras y la ubicación de las herramientas líticas fueron procesados usando Sistemas de Información Geográfica (SIG). Mapa a mapa, se dibujaron y situaron espacialmente 1 541 huesos, 1 678 piedras y 428 herramientas de piedra.

Una vez se tuvo todo digitalizado, empezamos a trabajar en el análisis espacial: calculamos la concentración o dispersión de las distribuciones a través de mapas de densidad, las orientaciones de los huesos y las piedras y las relaciones espaciales estadísticas de todos estos elementos.

Además, estudiamos las secciones estratigráficas y las diapositivas escaneadas, cruzando los resultados obtenidos de los patrones de distribución y orientación de huesos y piedras con lo que se observaba en la estratigrafía.

Hipótesis desmontada

Los patrones de distribución y orientación de huesos y piedras, junto con la información obtenida de la estratigrafía, indican que Torralba muestra una sucesión de eventos que han dado como resultado un puzle muy difícil de descifrar.

El yacimiento se vio claramente afectado por fallas que probablemente influyeron en las primeras interpretaciones de la estratigrafía, lo que dio lugar a una descripción confusa de las unidades y subniveles. En la actualidad, estos solo se han podido esclarecer parcialmente gracias al control espacial basado en los conjuntos de datos originales.

En este contexto, los resultados obtenidos en nuestro nuevo estudio apuntan a que los homínidos no desempeñaron un papel protagonista en el escenario del Pleistoceno de Torralba. Al contrario, la acumulación de huesos y piedras parece responder a agentes naturales y todo indica que la acción de los humanos allí fue, como mucho, oportunista –de carroñeo de animales muertos–.

Esta investigación es un ejemplo de cómo la revisión de materiales y datos recabados en el pasado pueden recibir interpretaciones diferentes y más certeras gracias a técnicas innovadoras. Imaginar cómo eran los escenarios de hace miles de años en nuestro planeta precisa una buena recopilación de datos, su profundo análisis y una rigurosa investigación. Todo ello nos permite trasladarnos a aquellos paisajes y escenarios tan remotos donde nuestros antepasados convivían entre grandes animales, como los elefantes de Torralba.

The Conversation

Este estudio formó parte de la beca postdoctoral Glynn Isaac otorgada a Laura Sánchez-Romero para trabajar en el Human Evolution Research Center (HERC), Universidad de California (Berkeley, California). Actualmente, Laura Sánchez-Romero es investigadora postdoctoral en la Universidad de Sevilla, con un contrato de la Estrategia de Investigación, Desarrollo en Innovación de Andalucía – EIDIA Horizonte 2027, financiado por la Junta de Andalucía/Consejería de Universidad, Investigación e Innovación (CUII) y la European Social Fund Plus (ESF+).

– ref. Humanos y elefantes en el yacimiento paleolítico de Torralba, en Soria: juntos pero no revueltos – https://theconversation.com/humanos-y-elefantes-en-el-yacimiento-paleolitico-de-torralba-en-soria-juntos-pero-no-revueltos-286817

Julian Barnes, el escritor que lleva décadas reflexionando sobre la vejez y la muerte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maricel Oró Piqueras, Profesora de literatura y cultura en inglés a la Univeristat de Lleida, Universitat de Lleida

Julian Barnes en el festival HeadRead, Tallin, Estonia, en 2019. Wandering Trad./Wikimedia Commons, CC BY-SA

Hace tan solo unas semanas Julian Barnes fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras de 2026, justo el año en que anunció la publicación de su último libro, convenientemente titulado Despedidas.

Escritor británico de reconocido prestigio que combina la narrativa experimental con humor e ironía, Barnes empezó su carrera literaria en el año 80, con la publicación de la novela Metrolandia. En ese momento contaba con treinta y cuatro años. Y sin embargo, a pesar de esa juventud, ya en sus primeras novelas –Metrolandia, Antes de conocernos y El loro de Flaubert– el amor, el sentido de la vida y la muerte, mezclados con la poca fiabilidad de la memoria individual –a la que nos solemos aferrar de forma enfermiza–, destacan como temas relevantes.

Una mujer centenaria

De hecho, Mirando al sol, publicada justo después de las tres novelas mencionadas anteriormente, cuando el escritor cumple sus cuarenta, se centra en una protagonista femenina de cien años de edad.

Portada de la novela Mirando al sol, de Julian Barnes.

Anagrama

Con un tono irónico a la vez que melancólico, Barnes nos adentra en la vida de Jean Serjeant, una mujer “ordinaria” a quien le pasan cosas “extraordinarias”, como el mero hecho de vivir hasta los cien años con buena salud. Jean Serjeant confiesa que al llegar a la vejez decidió comportarse como una mujer mayor; no porque ella se sintiera mayor, sino porque era lo que la gente esperaba de ella. A pesar de haber vivido un siglo, Jean llega a la conclusión que “las preguntas serias siempre se mantienen sin respuesta”.

Serjeant, de muy joven, fue testigo de la Segunda Guerra Mundial. Como muchos otros protagonistas de Barnes, se pregunta por el sentido de la vida y llega a la conclusión que este no existiría sin la muerte.

La vejez y el final

Otros dos personajes tienen esa cuestión muy presente también en sus narraciones. Uno es George Braithwaite, el protagonista de El loro de Flaubert, quien, a los sesenta y cinco años y después de su jubilación, se dispone a resolver el misterio del pájaro del título. Y otro es Tony Webster, de El sentido de un final, un hombre en su sesentena y jubilado que recibe una herencia inesperada de la madre de una novia de la universidad. A partir de ello se ve obligado a revisar sus años de juventud para darse cuenta de que su memoria había distorsionado algunas de sus decisiones de aquella época.

En ambos casos, la vejez no aparece como una época tranquila y sosegada, sino como un periodo en el que la poca fiabilidad de la memoria individual y colectiva aflora para presentar nuevos dilemas y corroborar que todo aquello que vivimos es una mera interpretación. Por lo tanto, convivimos con múltiples interpretaciones, tantas como personas existen.

La misma cuestión del sentido de la vida revolotea también sobre La mesa limón, un volumen de cuentos en el que Barnes se centra en la vejez y la muerte. En los once relatos que lo componen, el autor nos deja entrever partes de la existencia de protagonistas masculinos y femeninos mayores y nos cuenta que, incluso cerca del final, los humanos nos comportamos de formas egoístas y excéntricas.

Como en el resto de su obra de ficción, Barnes reivindica reconectar con la muerte, hablar de ella para recordar que somos seres finitos y recordar que solo eso, junto al amor y el arte, es lo que da propósito a nuestra existencia.

Mirar a la cara

La muerte y el duelo son los elementos vertebradores de las dos memorias que Barnes publicó en 2008 y 2013 respectivamente: Nada que temer y Niveles de vida.

En la primera, Barnes mezcla concepciones filosóficas de la muerte, especialmente de Michel de Montaigne y Phillipe Ariès, con el fallecimiento de sus padres y el legado que su familia le deja en relación con el significado de la vida. Tal como confiesa el autor con ironía, el hecho de crecer en una familia agnóstica le lleva a buscar sentido y orden en la literatura. En ella, el autor reconoce haber encontrado más “verdades” que en el periodismo o la religión.

Barnes reivindica, igual que hace en su obra literaria, la necesidad de no ignorar la muerte o hacerla invisible. Cita a Montaigne cuando dice: “ya que no podemos vencer(la), el mejor contraataque es tenerla constantemente en la cabeza”.

En Niveles de vida, Barnes habla del intenso amor que siente y sintió por su esposa durante los treinta años que compartieron. También confiesa que el duelo es todavía más insoportable en una sociedad que no solo ignora y aborrece la muerte, sino que prácticamente la ignora y medicaliza todo aquello que nos recuerda a la pérdida y detalla que “el duelo es una condición humana, no médica”.

Todos estos temas que tratamos están presentes en Despedidas, la novela con la que Barnes dice adiós a su público. En ella, el autor reflexiona sobre todos ellos a partir del reencuentro de unos viejos amigos. Y lo hace con su particular narrativa, en la que destacan los recuerdos que vamos reconstruyendo a lo largo de la vida y, sobre todo, la poca fiabilidad que, en realidad, tiene nuestra memoria.


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Maricel Oró Piqueras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Julian Barnes, el escritor que lleva décadas reflexionando sobre la vejez y la muerte – https://theconversation.com/julian-barnes-el-escritor-que-lleva-decadas-reflexionando-sobre-la-vejez-y-la-muerte-287302

Cien años sin soledad: en la zona azul de la península de Nicoya, envejecer bien no es un plan individual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Antonio Rabadán Sánchez, Profesor de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad de Alicante

Durante estos últimos años he visitado a más de cincuenta personas centenarias en la zona azul de la península de Nicoya y a sus familias. He entrado en sus casas, me he sentado en sus corredores y he conversado largo con ellas. Lo que más llama la atención de esas vidas tan longevas no es lo que comen ni cómo se mueven, sino que siempre disponen de compañía y apoyo. En una mecedora, a la sombra del porche, suele haber un anciano rodeado, un hijo que vuelve del campo, un nieto al que vigilar, una vecina que se acerca al caer la tarde. A los cien años siguen siendo el centro de algo y de alguien.

Las zonas azules son regiones del mundo con una concentración insólita de personas muy longevas. El término, no exento de críticas, lo acuñaron los demógrafos Gianni Pes y Michel Poulain al cartografiar la longevidad de Cerdeña, y el divulgador Dan Buettner las popularizó al describir cinco en el planeta: Cerdeña (Italia), Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Loma Linda (Estados Unidos) y la citada península de Nicoya.

En esta última, la longevidad masculina es excepcional. Los estudios demográficos muestran que un varón de sesenta años natural de esta región costarricense tiene siete veces más probabilidades de llegar a centenario que un japonés. Esa cualidad no aparece en quienes emigran, lo que sugiere que tiene más de entorno que de herencia.

El vínculo no se compra

El factor que se repite no se compra ni se hereda. Es la red de personas que rodea a cada anciano y que no se deshace con la edad.

Esa permanencia apunta a algo de fondo. En la península de Nicoya, la edad social y la cronológica se desacoplan. Una persona puede tener cien años y seguir siendo útil, activa y necesaria. En las sociedades desarrolladas perseguimos un desacople distinto: el de la edad biológica y la cronológica; queremos conservar el cuerpo joven aunque el calendario avance. Su expresión más extrema la encarna Bryan Johnson, el millonario estadounidense que invierte una fortuna en revertir su edad biológica y ha reconocido que su régimen le ha costado relaciones. Optimiza el organismo y descuida el vínculo.

La gerontología ofrece un marco para entender ese vínculo. La teoría del convoy, formulada por la psicóloga estadounidense Toni Antonucci, describe a cada persona avanzando por la vida dentro de un convoy de relaciones. Junto al individuo viajan familiares, amigos y vecinos que le acompañan y sostienen en cada etapa. En la mayoría de las sociedades, ese convoy se va vaciando por viudedad, distancia o mudanzas. En la zona azul de la península de Nicoya parece llegar lleno hasta el final. No es raro encontrar a un centenario rodeado de cuatro generaciones, todavía útil, cuidando a un bisnieto o atendiendo a un hijo dependiente. Ese anciano no envejece tan bien a pesar de su comunidad, sino, como todo apunta, gracias a ella.

El aislamiento puede matar

La importancia de esa compañía no es una intuición. Diversos estudios la respaldan. Hace casi cuatro décadas, un trabajo ya clásico en Science concluyó que el aislamiento social constituye un factor de riesgo de muerte de primer orden. Más tarde, un metaanálisis con más de 300 000 personas estimó que la falta de conexión social se asocia a una mortalidad comparable a la del tabaquismo. Los mecanismos son razonables. Quien tiene a alguien suele cuidarse más, detecta antes una caída o una enfermedad y encuentra un motivo para levantarse.

El problema es que las sociedades desarrolladas han ido desguazando pieza a pieza ese convoy. El sociólogo Zygmunt Bauman describió la modernidad líquida como un tiempo en el que los vínculos se atan sin fuerza para poder soltarlos pronto. La familia, durante siglos el principal sostén, se ha individualizado.

El demógrafo David Reher distinguió entre las sociedades de lazos familiares fuertes, incluidas
las mediterráneas, y las de lazos débiles. Estas últimas son características del norte de Europa y Estados Unidos, donde el individuo prima sobre el grupo. España, como otras sociedades occidentales, transita deprisa del primer modelo al segundo. En una generación, muchos hijos han dejado de envejecer junto a sus padres, y el cuidado de las personas mayores se ha trasladado a residencias e instituciones.

Las cifras lo reflejan. En España, cerca de dos millones de personas mayores viven solas. Entre ellas, 850 000 superan los 80 años y casi ocho de cada diez son mujeres. El número de hogares unipersonales se ha disparado en medio siglo. Una de cada cinco personas mayores de 75 años vive ya en soledad. Lo que era excepción se ha vuelto estructura, y no solo aquí.

Kodokushi o muerte en soledad

En su forma más dura, ese aislamiento termina en lo que en Japón llaman kodokushi: la muerte en soledad, el cuerpo que nadie descubre hasta pasadas semanas o meses. No es una rareza oriental. En las últimas semanas, sin ir más lejos, la prensa española ha recogido varios casos. En un pueblo de Zamora encontraron sin vida a un hombre que vivía solo, tras varios días sin dar señales. En Albacete hallaron los cuerpos de una madre y su hijo a los que nadie veía desde hacía semanas.

Conviene ser prudente con las cifras, porque en España no hay registro oficial de estas muertes. Solo trascienden cuando un vecino se alarma y la noticia llega a un periódico. En el futuro, si nada cambia, el barómetro de la soledad estará en los laboratorios forenses. Algunos, incluso, proponen medir la soledad de un país por el grado de descomposición de los cuerpos al llegar a la autopsia. Porque la corrupción orgánica delata cuánto se tardó en echarlos en falta. Cuesta imaginar una distopía más silenciosa.

Una realidad social, una respuesta comunitaria

Por eso, tratar la soledad como un asunto privado, que cada cual resuelve con voluntad o con una aplicación, resulta insuficiente. Un convoy no se reconstruye en solitario, requiere una comunidad que lo sostenga, y eso es una decisión colectiva.

El propio Gobierno lo ha asumido. Al aprobar en febrero de este año el Marco Estratégico Estatal de Soledades, reconoce que la soledad no es un problema individual, sino una realidad social que exige respuesta comunitaria, con entornos de proximidad, iniciativas intergeneracionales y un urbanismo que acerque. El Reino Unido creó un ministerio de la soledad en 2018, y Japón aprobó en 2024 una ley para combatirla. Cuando varios países desarrollados legislan sobre lo mismo, el problema ha dejado de ser individual.

No conocí en la zona azul de la península de Nicoya a nadie con un plan para llegar a los cien. Conocí a gente con gallinas que alimentar, nietos que educar y vecinos con los que conversar. Ninguno llevaba la cuenta de sus años, solo de sus amistades. En aquellas casas de madera, lejos de Macondo, se puede vivir cien años sin soledad.

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José Antonio Rabadán Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cien años sin soledad: en la zona azul de la península de Nicoya, envejecer bien no es un plan individual – https://theconversation.com/cien-anos-sin-soledad-en-la-zona-azul-de-la-peninsula-de-nicoya-envejecer-bien-no-es-un-plan-individual-285219

Dos millones de votantes, cinco elecciones y solo dos anuncios: así ignoran los partidos al electorado latino

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Rodríguez-Virgili, Profesor de Comunicación Política, Universidad de Navarra

En junio de 2016, una mujer colombiana con doble nacionalidad apareció en un vídeo grabado con el móvil durante un acto del Partido Popular. Se llamaba Martha Inés y pedía el voto en nombre de “los latinos”. Ella no lo sabía, pero ese vídeo –visto por unos cientos de personas– sería uno de los dos únicos momentos en ocho años de campañas nacionales en que un partido español le hablaría directamente al electorado latinoamericano. El otro llegaría en 2023, el último día de campaña, también del PP: un anuncio de mayor calidad, pero de escasa difusión. Entre medias, cinco elecciones generales, 11 389 piezas de comunicación y un silencio casi total.

Según el Instituto Nacional de Estadística, 4,6 millones de personas residentes en España nacieron en América Latina. De ellas, dos millones ya tienen nacionalidad española y, por tanto, derecho a voto en las elecciones generales: el 5,3 % del censo electoral. Su peso demográfico es relevante; su peso político en campaña, casi nulo.

Una paradoja incómoda

En los últimos años, los partidos han demostrado una capacidad creciente para segmentar su mensaje y dirigirse a públicos muy concretos: celíacos, aficionados a la tauromaquia o a la caza, usuarios del aeropuerto de Sevilla o vecinos de una provincia con un escaño en juego recibieron mensajes a medida, sobre todo desde que Meta Ads y Google Ads permiten segmentar audiencias con precisión casi quirúrgica.

Si los partidos pueden segmentar con tanta precisión a nichos mucho más pequeños que el electorado latinoamericano (los celíacos son, según los propios anuncios del PP, el 1 % de la población), su omisión no se explica por falta de medios técnicos. Apunta, más bien, a lo que la filósofa Nancy Fraser describe como exclusión simbólica: un grupo no es perseguido ni discriminado abiertamente, pero tampoco se le reconoce como interlocutor político legítimo, lo que lo relega a una posición de “subordinación de estatus” en la esfera pública.

El vídeo de Martha Inés es modesto, casi casero. Apenas dura un minuto. Habla directamente a cámara y destaca medidas concretas: la supresión de visados para colombianos y peruanos, la promesa de extenderlo a ecuatorianos. Termina con una frase simple: “Yo voto al PP porque mi voto también cuenta”. Se difundió desde las cuentas del partido y de Mariano Rajoy, pero su alcance fue mínimo: menos de 2 000 visualizaciones.

Siete años después, ya con Alberto Núñez Feijóo como candidato, el PP vuelve con un segundo anuncio, protagonizado por una mujer dominicana que narra en primera persona su llegada a España. La producción es de mayor calidad, pero se difundió solo por Meta Ads durante las últimas 24 horas de campaña y segmentado en las comunidades con más población latinoamericana, como Madrid, Andalucía o Cataluña.

Ninguno de los dos anuncios contó con el candidato a la presidencia en persona: fueron gestos puntuales y tácticos, no una estrategia sostenida.

¿Y el PSOE? Tampoco articuló nada parecido. Su acercamiento más explícito fue un vídeo de poco más de 1 000 visualizaciones donde, dentro de un mosaico de minorías y en 20 segundos, la coordinadora del Grupo Latino Socialista prometía eliminar trabas para que “los latinos” votaran con facilidad en las elecciones municipales, no en las generales.

Es uno de los pocos momentos en que un partido reconoce al voto latino como colectivo político diferenciado, aunque no llega a ser una apelación de campaña.
El balance es claro: tras analizar 11 389 piezas (tuits, anuncios en Meta, vídeos en YouTube, TikToks, espacios publicitarios en TVE) en nuestro estudio titulado La exclusión simbólica del voto latino en España: las campañas electorales del PP y PSOE, solo se detectan dos anuncios marginales del PP y un reconocimiento fugaz del PSOE. Ninguno convirtió al voto latino en un destinatario real de su comunicación electoral.

Sin embargo, cuando América Latina aparece en el discurso de los partidos, lo hace de forma instrumental: Venezuela, el chavismo o Bolsonaro se usan como armas en disputas ideológicas internas o espejos donde reflejar miedos, nunca no como puente para movilizar el voto latino.

¿Por qué importa el silencio?

El reconocimiento institucional no es un detalle simbólico. Estudios muestran que la participación depende de sentir que el sistema responde a las propias demandas. Si un colectivo no se siente interpelado, difícilmente percibirá que su voto influye: la invisibilidad alimenta la desmovilización, y esta refuerza, a su vez, la invisibilidad.

Investigaciones de varios autores sobre la representación política de latinoamericanos en España ya apuntaban en esta dirección: sin apelaciones explícitas ni liderazgos visibles de origen latino, el colectivo permanece fragmentado en nacionalidades de origen –colombianos, ecuatorianos, dominicanos…– sin conciencia de grupo compartida.

¿Por qué evitan los partidos nombrar a este electorado en las campañas de las generales? Quizá asuman que ya está integrado y vota como el resto o teman que dirigirse a él de forma explícita se interprete como clientelismo. La pregunta de fondo es más profunda: ¿existe en España una comunidad latina con identidad política propia, como en Estados Unidos, o es una categoría fragmentada sin conciencia compartida? Responderlo exigirá escuchar a los protagonistas: a los votantes de origen latinoamericano y a quienes diseñan las campañas electorales.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Dos millones de votantes, cinco elecciones y solo dos anuncios: así ignoran los partidos al electorado latino – https://theconversation.com/dos-millones-de-votantes-cinco-elecciones-y-solo-dos-anuncios-asi-ignoran-los-partidos-al-electorado-latino-285195

Gibraltar, 2026: el Brexit ha abierto la frontera que prometió cerrar en 2016

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Framalicious/Shutterstock

La apertura del paso terrestre entre Gibraltar y La Línea de la Concepción en la medianoche del 15 de julio inicia la aplicación provisional del acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido respecto de Gibraltar, que reorganiza la movilidad, los controles y la cooperación en torno al Peñón.

Con frontera pero sin verja

La frontera no desaparece, solo cambia de forma y de efectos cotidianos. Según el Consejo de la Unión Europea, los controles físicos sistemáticos se extinguen en el paso terrestre mientras los controles exteriores se concentran en el puerto y el aeropuerto de Gibraltar, con controles gibraltareños o británicos y controles Schengen españoles.

La paradoja política es evidente: el Brexit prometía recuperar los controles fronterizos para las autoridades británicas, pero en Gibraltar el resultado visible es una circulación más fluida con España. El Peñón salió de la UE junto con el Reino Unido pese a que el 95,9 % de los votantes gibraltareños apoyó en 2016 permanecer en la Unión. Diez años después, el nuevo régimen busca corregir esos efectos.

En el plano jurídico, el acuerdo no resuelve la disputa de soberanía. España mantiene su reclamación histórica y el Reino Unido su posición, como recuerda la Cámara de los Comunes. La novedad reside en la gestión funcional –movilidad, aduanas, cooperación policial y vida cotidiana–, que el Parlamento Europeo describe como un régimen complejo de gobernanza entre la UE, el Reino Unido, España y Gibraltar. Una disputa territorial puede seguir abierta mientras se pactan soluciones útiles para ambos lados.

Una frontera vigilada, pero abierta

No conviene imaginar una frontera sin vigilancia. Gibraltar ha anunciado nuevas medidas de seguridad –más cámaras, reconocimiento facial, lectura automática de matrículas y nuevo vallado en zonas sensibles–, dejando abierta solo una franja de unos 150 metros en el paso peatonal habitual.

La clave está en los trabajadores transfronterizos. Según Reuters, hay unos 15 000 cruzan a diario entre España y Gibraltar, para los que la frontera significa colas, retrasos e incertidumbre laboral y familiar. El Gobierno español sostiene que el acuerdo favorecerá a unos 300 000 habitantes del Campo de Gibraltar mediante más conectividad e inversión, expectativas aún pendientes de verificación práctica.

Además de los efectos presentes, también la memoria histórica explica la emoción de la jornada. Durante años, la Verja fue sinónimo de separación familiar, obstáculo laboral y símbolo de presión política. La frontera fue cerrada totalmente por el franquismo en 1969, reabierta para peatones en 1982 y plenamente para el tráfico en 1985.

Un laboratorio de integración

Gibraltar puede leerse así como un pequeño laboratorio de integración fronteriza. Las investigaciones sobre los efectos de las fronteras, muestra que las dificultades de paso (burocráticas y administrativas) reducen el comercio y la movilidad pese a la cercanía territorial. John McCallum formuló esta idea en National Borders Matter, James Anderson y Eric van Wincoop la desarrollaron en Gravity with Gravitas, y John Helliwell en How Much Do National Borders Matter?. Aplicada al Campo de Gibraltar, la conclusión es: una frontera más previsible reduce los costes de coordinación.

La dimensión económica será decisiva: la nueva fluidez fronteriza presumiblemente reducirá costes invisibles pero reales, como colas, retrasos e incertidumbre para las empresas. La OCDE identifica los obstáculos administrativos como una limitación clave para el desarrollo de las zonas fronterizas, sobre todo en cuestiones como el empleo, la seguridad social y el transporte.

Para el Gobierno británico este acuerdo es una garantía del futuro económico de Gibraltar.

Un reto de lado y lado

El reto será convertir esa ventaja en desarrollo equilibrado. El Gobierno español presenta el tratado como oportunidad para los andaluces. El Gobierno británico lo vincula con estabilidad y empleo, y el Consejo de la Unión Europea lo sitúa en la protección del mercado único, Schengen y la unión aduanera. Esa convergencia no elimina las asimetrías. De hecho, Gibraltar parte de una posición económica comparativamente más fuerte que La Línea y buena parte de Andalucía.

Por eso, la apertura terrestre debe acompañarse de políticas que atraigan inversión, mejoren infraestructuras y protejan a los trabajadores transfronterizos, evitando tensiones en vivienda y fiscalidad. La visión británica destaca un modelo aduanero específico, y esa complejidad deberá traducirse en reglas comprensibles.

La verdadera prueba económica no estará en la foto histórica de la Verja, sino en indicadores concretos: menos tiempo de cruce, más empleo estable, mayor actividad empresarial y una capacidad real del Campo de Gibraltar para capturar parte del valor generado por su proximidad al Peñón.

¿Tendrán los gobiernos implicados la voluntad política de convertir esa fluidez en mejoras reales para el pueblo que vive y trabaja a ambos lados de la Verja?

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Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Gibraltar, 2026: el Brexit ha abierto la frontera que prometió cerrar en 2016 – https://theconversation.com/gibraltar-2026-el-brexit-ha-abierto-la-frontera-que-prometio-cerrar-en-2016-287597